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Capítulo 15: Shinigami La heredera retocaba lo último de su peinado, ya estaba lista para salir y convivir con el Shinigami. Realmente deseaba poder distraerse con él, es decir, ya no quería preocuparse por todo lo ocurrido y no deseaba pensar más en esa media verdad que dijeron sus padres respecto a los demonios Tora. Respiró profundamente y luego se dirigió a la salida de su habitación. Caminó por el pasillo hasta salir a la terraza. Un poco más y llegó a las escaleras, desde dónde pudo verlo al final de éstas. El último candidato ya la esperaba paciente, con una postura formal y una curiosa expresión en su rostro. Su vestimenta era un traje negro que lo cubría hasta el cuello. Su armadura consistía en petos, brazaletes y faja carmesíes oscuro. No portaba armas y su largo cabello lila permanecía suelto, resaltando notoriamente, así como sus raros ojos violetas. —Ahora que lo pienso, es muy llamativo a la vista— meditó. Bajó lentamente por los peldaños y cuando llegó al final, el Shinigami le hizo una formal reverencia. —Buenos días, señorita Irasue— saludó cortés. —Buen día, Narashinki— sonrió con sutileza. —Espero que esta vez no intentes huir, ni evadir mis preguntas. — El joven demonio hizo un gesto de sorpresa por un segundo y después sonrió sin poder ocultar su vergüenza. Era evidente que ella se refería al encuentro en los jardines, cuando él estaba pasando por un momento de nervios y no fue capaz de reconocerla. —En ese instante, yo no sabía quién era usted, así que deberá perdonarme por favor— pidió él. —No hay problema, pero a cambio, contestarás todas mis dudas— dijo tranquilamente. El Shinigami parpadeó sorprendido, pero de inmediato asintió. —Como usted desee, señorita Irasue. — Ella negó con un gesto de su mano. —No deseo el trato formal de tu parte, por favor, sólo llámame Irasue. — Narashinki hizo una mueca de duda. No estaba seguro de querer dirigirse a ella de dicha manera, siendo que apenas empezaba a conocerla. —Eso sería una falta de respeto de mi parte, no puedo hacerlo— respondió con firmeza. —No es una grosería si yo te lo estoy pidiendo— se cruzó de brazos, sonriendo un poco más. —Vamos, es una solicitud de la heredera del Oeste. — El Shinigami exhaló con resignación y confirmó nuevamente. —Está bien, si eso deseas, eso haré, Irasue. — La Inugami se sintió complacida, había algo agradable en el joven demonio que la hacía sentirse en confianza. Y es que no tenía caso mantener la aburrida etiqueta, porque ya habían hablado de forma directa en los jardines, sin que él la hubiese reconocido. Eso le agradó, que el candidato se dirigiera a ella con naturalidad y no bajo la presión de saber que era la princesa de ese lugar. —Entonces, continuemos. — Él se acercó y le ofreció su brazo en un gesto amable para guiarla. —Esto sonará un poco raro, pero me gustaría que me mostraras los alrededores de tu hogar— señaló el pórtico de salida. —Me encantaría que me enseñaras tu mundo y de paso, yo iré respondiendo a tus preguntas— solicitó en un tono amable. La heredera parpadeó sorprendida por tan extraña petición. No esperaba éste tipo de cortejo, pero sin lugar a dudas, sería más entretenido que quedarse en los jardines detrás de las murallas del palacio. Después de todo, la última cita no tenía que parecerse a las anteriores. Supuso que el Shinigami ya había solicitado el permiso previo de sus padres, así que aceptó. —Interesante lo que pides, está bien, hagamos un recorrido. — … Poco después, caminaban tranquilamente por un sendero cercano a la mansión del Oeste. Evidentemente, no podían alejarse sin vigilancia después de lo ocurrido con Kurotsume. Así que, como era de esperarse, un grupo de guardias del palacio fue asignado para mantenerse a prudente distancia de ellos. De igual manera, algunos sirvientes del Shinigami fueron llamados para cumplir cualquier orden de su amo. Todos llevaban consigo grandes cestas, equipados con lo que pudieran necesitar, por si a la pareja se le antojaba comer al aire libre. Entonces, era momento de curiosear todo acerca de su pretendiente. —Así que eres un Shinigami, y tu estirpe es bastante especial, según escuché— habló la heredera para comenzar a evaluarlo. —Enterarse que mi linaje proviene de otro plano existencial seguramente suena extraño e intimidante— comentó el demonio. —Muchas criaturas temen a los de tu tipo— aclaró ella, manteniendo un paso lento y tranquilo a su lado. —Es común temer a los de mi especie por lo que representamos, pero la verdad es que son un poco exagerados los rumores— hizo una leve sonrisa. —Háblame de tu linaje. — Narashinki asintió con algo de duda, no estaba acostumbrado a revelar información de su familia. Pero era necesario hacerlo, el estar cortejando a la heredera de uno de los territorios más poderosos de ese lugar, era algo que no se presentaba todos los días. —Mi madre es una demonesa originaria del plano dimensional conocido como inframundo, su casta se encarga de proteger los portales que llevan a dicho lugar— explicó. Irasue alzó las cejas con asombro. Poco se conocía acerca del inframundo y sus puertas dimensionales. Eran escasos los youkais que manejaban ese tipo de información, la cual permanecía vetada para la mayoría de las criaturas sobrenaturales, tuviesen el nivel que tuviesen, y sin importar su antigüedad. —Eso suena bastante serio, no pensé que fuera real lo de las conexiones entre dimensiones— dijo sorprendida. Ambos avanzaron por una parte del sendero donde existían todo tipo de árboles, arbustos y plantas. Entonces Narashinki comenzó a mirar con mucha atención las llamativas flores de algunos matorrales. —Es real, y es una gran responsabilidad, algo que mi hermano y yo hemos heredado por parte de nuestra estirpe— indicó. Ella también dio un vistazo a las hermosas flores de pétalos amarillos con salpicaduras rojas. Estaban en pleno florecimiento y las abejas rondaban en busca de su polen. —Si es así, entonces por qué estás participando en esto— quiso saber. —Es decir, como Shinigamis, ustedes parecen tener otro nivel de responsabilidad, ajeno a lo que sucede en esta dimensión. — Sin dejar de prestarle atención, él tomó una flor que resaltaba del enorme matorral. La separó de su tallo con delicadeza, acercándola para observarla y olfatearla. —Mi hermano es el mayor, y como heredero principal de la familia, es quien tiene el compromiso de administrar y controlar los portales y todas sus variantes en el inframundo— detalló el Shinigami. —Yo también tengo ciertas responsabilidades, pero en menor grado y, evidentemente, mis padres buscan asegurar alianzas con casas poderosas en éste plano existencial. — Irasue observó sus acciones con más atención. Se le notaba una intensa fascinación en la mirada por el simple hecho de tocar y oler aquella flor. Tal vez en su lugar de origen no existían dichos ejemplares de flora. —Ya veo, me imagino que lo dices por tu padre, él debe pertenecer a la casa Shinigami continental, ¿Verdad? — Él asintió, colocando de nuevo la flor en la misma rama de donde la había tomado. Pero ésta no cayó al suelo, sino que volvió a unirse con el tallo, quedando intacta, como si nunca hubiese sido cortada. Semejante suceso no pasó desapercibido para la joven demonesa. —Mi padre es uno de los principales nobles que integran la corte de la casa Shinigami continental— respondió, reanudando su caminata. —Pero él ya se siente cansado y no desea más responsabilidad, así que tiene planeado delegarme esa tarea, para después irse a vivir con mi madre al inframundo. — Por lo regular, cuando un demonio ha vivido mucho tiempo, opta por retirarse indefinidamente, dejando a cargo a sus descendientes, si es que existe algún tipo de responsabilidad importante. Algo parecido a lo que estaba sucediendo con los señores del Oeste. Llevaban siglos gobernando y ya era tiempo de pasar el poder a otra generación. —En caso de que yo pase a formar parte de la corte, deberé desposar a una hembra de cuna noble— continuó, intercalando su mirada violácea entre ella y el bosque. —Y mi padre decidió adelantarse un poco y aceptar la invitación del Lord Occidental para éste cortejo— le dirigió una sutil sonrisa. De repente, se escuchó el melodioso canto de unos pájaros. Ambos desviaron la vista a un árbol cercano. Se trataba de dos ejemplares de bellos plumajes tornasolados, posados en una rama. Nuevamente Irasue notó que el youkai de cabello lila se quedaba prendado de las aves. Esto comenzó a picar su curiosidad, pues quizás no existían animales de ese tipo en su hogar. —Narashinki— llamó su atención. —Cambiando de tema, podrías explicarme algo que escuché de mis sirvientes acerca de ti. — El Shinigami volteó a mirarla y sus ojos violetas parpadearon rápidamente, demostrando sorpresa, como si hubiese sido descubierto en algo. —Claro que sí, ¿De qué se trata? — preguntó inquieto. —Dicen que te la pasas deambulando por aquí y por allá, curioseando todo a tu alrededor, pero sin interactuar con nadie, y eso los pone muy nerviosos— declaró la heredera. El joven demonio hizo una mueca de vergüenza otra vez. Hasta ese momento, caía en cuenta de que sus paseos y comportamiento resultaban extraños para otros youkais. Tal vez porque no conocían sus motivos. —Yo… es que… lo que trato de decir es… — respiró pausadamente. —Perdón Irasue, no sé cómo explicarlo, pero debes saber que yo… no vivo en esta dimensión… — la Inugami abrió los ojos con asombro. —Es decir, lo que nos rodea ahora, jamás lo he visto antes, todo es nuevo para mí, y desde el primer día, cuando me trajo mi padre, no pude contener mi curiosidad— se sinceró con un gesto nervioso. Ella no podía creerlo. —¿Quieres decir que has permanecido toda tu vida en el inframundo y que esta es la primera vez que vienes aquí? — Narashinki asintió y exhaló de nuevo. —Mi hermano y yo visitamos las tierras continentales, donde vive mi padre, sólo unas cuantas veces cuando éramos niños, pero siempre hemos habitado en el otro lado, con mi madre. — Ella había escuchado que los Shinigamis rara vez podían ser vistos, pero ahora comprendía que eran mucho más ermitaños que otros demonios. Y esto justificaba su comportamiento, ¿Quién no quisiera ver y tocar todo lo que no conoce? —Me imagino que el inframundo no es como éste plano existencial— dijo con reserva Irasue, sintiendo una extraña sensación al oír su confesión. —¿Allá no hay plantas ni animales? — El Shinigami sonrió. —No pienses mal por favor, el inframundo es muy extenso y no siempre es oscuro y tétrico como lo pintan— levantó una mano hacia el frente, dibujando un círculo en el aire de varios centímetros de diámetro. —Existe flora y fauna, pero no como la que hay aquí, además, no es la misma cantidad de luz ni los mismos entornos, simplemente es… diferente y solitario. — La heredera se quedó atónita al ver que el círculo se convertía en un portal dimensional ante sus ojos. Al otro lado, como si viese a través de una ventana, se podía observar una larga llanura de tonos ocres y marrones, junto con unas montañas negras en el lejano horizonte. También se distinguía un bosque de árboles petrificados, cuyos colores oscilaban en todas las gamas del gris. Por el centro de éste, serpenteaba lo que parecía ser un río de agua muy oscura. La luz ambiental se asemejaba a la del crepúsculo a punto de caer la noche. Sin embargo, no había otros sonidos en ese lugar, solamente se podía percibir el viento silbando tenue. Antes de que se cerrara la increíble ventana, ella pudo ver una parvada de extraños seres voladores, los cuales podrían describirse como aves descarnadas. —¡Es… fascinante! — habló sin disimular su admiración. El demonio negó rotundamente. —No lo es… el inframundo no puede competir con esta dimensión, aquí la vida y el color se desbordan por donde quiera que miro— sus palabras se escucharon serias, mientras observaba el cielo. —Lamento que mi comportamiento excesivamente curioso asustara a tus vasallos, es sólo que… estoy emocionado de estar aquí, de ver todo, de poder tocarlo, olerlo, escucharlo… no sé cómo explicarme… — La heredera sintió un vuelco en el corazón. Ese Shinigami había vivido siempre en otro mundo, un lugar en el que las cosas eran muy diferentes. Ahora comprendía sus motivos al pedirle que le mostrase su entorno. Anhelaba interactuar con lo que jamás existiría en su hogar. —Comprendo— ella sonrió, tomándolo de la mano repentinamente. —Ven, te mostraré algo espectacular. — Narashinki se dejó guiar sin poder evitar cierto nerviosismo. No es que no supiera cómo tratar con otros youkais, simplemente, se sentía inquieto por estar ante una hembra de cuna noble. Por un momento pensó que se estaba equivocando en su trato con ella al revelarle su insólita situación. Pero cuando Irasue le sonrió y sujetó su mano, le dejó en claro que no se sentía incómoda para nada. Caminaron por algunos minutos, acercándose a una zona donde el bosque disminuía y el terreno se abría en extensos campos de cultivo, atendidos por múltiples jardineros. Una parte estaba dedicada a la siembra de comestibles y la otra era para la flora ornamental. La explosión de colores dejaba sin aliento a cualquiera. Las parcelas de brotes pintados se extendían por decenas de metros, y sus tonalidades variaban de acuerdo al tipo de planta. Había rojo, amarillo, azul, rosa, naranja y el verde natural de los tallos y las hojas. El aire estaba impregnado de aromas que provocaban la relajación inmediata. Irasue sonrió ante la expresión del Shinigami. Su pretendiente estaba encantado con el panorama y de inmediato comenzó a recorrer los senderos, examinando todas las flores sembradas. A ella le agradaba éste lugar y lo visitaba continuamente para escoger las plantas que más le gustaban. Caminó junto a él, entreteniéndose con sus reacciones únicas y dejándolo curiosear todos los ejemplares multiformas. —Es hermoso éste lugar— se expresó contento. —Ven, hay una planta que debes mirar— contestó la heredera, señalando un tramo de parcela que parecía tener un cobertizo natural. Los dos se acercaron a un túnel de al menos unos quince metros de largo. Estaba formado por troncos de árboles ya muertos tiempo atrás, pero todos cubiertos por un tipo de planta leñosa en gran parte de las ramas. Sus flores, dispuestas en racimos colgantes, formaban un techo colorido por el cual se colaban los rayos del sol. Conforme avanzaban, los pétalos iban cambiando de tonalidad de acuerdo al espécimen sembrado, empezando con el blanco, pasando por el lila y finalmente, llegando al violeta azulado. —Son del color de tu cabello— señaló ella. Efectivamente, las flores intermedias tenían el mismo matiz que el cabello lila de Narashinki, quien sonrió con algo de vergüenza debido al, para nada, sutil comentario. —No sé qué decir, es precioso éste campo. De donde provengo, no existen semejantes plantas, ni tan brillantes colores— acarició los pétalos que pendían más cerca de él. A Irasue le agradaban sus expresiones, era como ver la emoción de un niño ante algo nuevo. No sabía por qué, pero a ella también se le contagiaba esa sensación. Quizás porque muy pocas veces tenía la oportunidad de pasear y tomarse un momento para disfrutar de lo que la rodeaba. —Aún hay más que ver— reinició su marcha, invitándolo a seguirla. Salieron del túnel, pasando junto a un grupo de youkais campesinos, quienes los saludaron con una inclinación. Ella pudo notar el ligero nerviosismo de los trabajadores, a pesar de ir junto a él. Pero decidió dejarlo pasar, en éste momento, le interesaba seguir mostrándole más cosas al Shinigami. —Anteriormente, noté tu distracción con las aves, así que debo suponer que las criaturas del inframundo no son como las de aquí— habló ella. —Es correcto, la fauna es bastante diferente y muy peligrosa, son seres adaptados a esos entornos, y la mayoría son depredadores. — La Inugami señaló un riachuelo que se veía más adelante. —Aquí también hay muchos animales peligrosos, incluyendo youkais primitivos y otras entidades, pero también existen especies inofensivas. — Lo llevó hasta una parte donde el agua formaba una piscina natural poco profunda. En ese momento, había un par de sirvientas pescando con una redecilla. Al verlos acercarse, detuvieron su actividad y saludaron. —Quiero que atrapes un pez y me lo muestres en una de tus ollas— solicitó Irasue a una de ellas. De inmediato una de las youkais se acercó a otra parte de la orilla, donde estaban sus enseres de pesca y algunas cosas para cocinar. Tomó un contenedor de tamaño mediano, mientras su compañera liberaba una de las presas que aún se agitaba enérgicamente en la malla. Después de llenar la olla con la misma agua del río y echar al animal, se acercó a la pareja. El Shinigami observó con atención el movimiento de la pequeña criatura de vistoso color. El pececillo iba y venía de un lado a otro, inquieto y saltarín. —Son peces, y éste en específico, es una carpa roja— explicó ella. —Realmente son deliciosos, tanto crudos, como preparados con especias. — El Shinigami sonrió encantado. —Creo que, por ahora, sólo me gustaría mirarlo nadar, no deseo comerlo. — Irasue liberó una sutil risita y con un gesto de su mano, le indicó a la sierva que dejara su olla con ellos. La youkai hizo una reverencia y luego regresó con su compañera para seguir pescando un poco más allá. —¿Te parece bien si tomamos un descanso bajo la sombra? — preguntó él. —Aún estoy en proceso de adaptación respecto a la luz del sol. — La heredera asintió. —Tienes razón, es mejor que no estés bajo los rayos por mucho tiempo, allá es un buen lugar— señaló un gran árbol a unos cuantos metros de la orilla. Entonces Narashinki volteó hacia sus siervos y chasqueó los dedos en la misma dirección. De inmediato los youkais se ocuparon de adecuar todo lo necesario para que ambos estuvieran cómodamente instalados al respaldo del frondoso follaje. —Me imagino que ese pez te ha fascinado, no has dejado de mirarlo— señaló ella. La olla con el animal acuático estaba junto a ellos, y al parecer, el joven demonio no tenía deseos de regresarlo al río. —Perdóname, no ha sido mi intención distraerme— se disculpó avergonzado de nuevo. —No hay problema, y ahora, creo que es tu turno para preguntar. — El Shinigami asintió. Después de todo, esta cita era para conocerse mejor y tratar de ganar el favor de la heredera. Sin embargo, no sabía qué preguntar, así que optó por el tema que ahora los tenía reunidos. —Bien, me gustaría saber cuál es tu opinión respecto a todo esto del cortejo. — Irasue rodó los ojos sin ocultar su molestia. —Es… frustrante— se quejó, sin importarle lo directo de sus palabras. —Yo no esperaba que mis padres quisieran que me casara tan pronto… simplemente, me hubiera gustado poder hacer otras cosas y viajar fuera del territorio. — Los ojos violáceos del Shinigami la miraron con detenimiento por unos segundos. Podía notar el malestar reflejado en sus palabras y no le fue difícil vislumbrar que ella no estaba contenta con el cortejo. Muy probablemente había sido obligada a llevar a cabo el proceso de matrimonio para hacer el cambio de poder en el Oeste. Algo común en la alta sociedad youkai. —Supongo que todo esto es difícil para ti— dijo comprensivo. —En cierta forma, entiendo lo que dices, en mi mundo, las restricciones para las hembras de cuna noble son casi las mismas que aquí. — —¿Así que las demonesas en el inframundo también están limitadas? — quiso saber. Él asintió, mientras llamaba a un sirviente con un gesto de la mano. —Principalmente en el tema de emparejamiento y procreación. Las hembras deben casarse y tener cachorros, es obligatorio, dado nuestro bajo número poblacional, pero ellas son libres de elegir a su pareja. — La heredera alzó una ceja y luego hizo una mueca desanimada. —Al menos pueden escoger… aquí no se puede hacer eso— suspiró. El sirviente se aproximó, trayendo una mesita con algunos tentempiés y una jarra llena de algún tipo de jugo. Narashinki la invitó a probar. —¿Has pensado en plantearles tu opinión a tus padres? — Irasue negó despacio, al mismo tiempo que degustaba el bocadillo. —Ellos llevan demasiado tiempo en el poder, mi padre ya está cansado y desea heredar el territorio… pero no a su propia hija— gruñó por lo bajo. —Y jamás ha pasado por su cabeza la idea de que yo pueda anhelar otra cosa que no fuese el matrimonio, es decir, me convertiré en la señora del Oeste, ¿Qué más podría desear? — Su tono fue irónico, evidenciando su renuencia a las leyes de la aristocracia. Él asintió, manteniéndose en silencio y escuchándola con atención. Sirvió un poco de jugo en dos vasos y después se lo ofreció. —La casa InuYoukai es la más poderosa, el Oeste se encuentra en un periodo de paz y abundancia, los demás nobles contribuyen en la administración y la economía, pero sin dejar de lado sus ambiciones y conveniencias para ellos y sus familias— hizo una pausa para beber. —Así que, es muy poco probable que las viejas tradiciones cambien… si yo me opusiera a todo esto, me ganaría el desprecio de mis padres. — Narashinki bebió un par de tragos y luego habló. —Tal vez puedas cambiar esas costumbres cuando te cases, ¿Has pensado en eso? — tomó un bocadillo. —Es decir, no porque te conviertas en la esposa del nuevo señor de Occidente, quiere decir que vas a quedar relegada en segundo plano. Tengo entendido que muchas hembras nobles cuentan con bastante poder. — Ella lo miró sorprendida por su comentario. Jamás pensó conocer a un macho que le recomendara cambiar algo que llevaba siglos de existencia y que, por default, beneficiaba al género masculino. Eso iba en contra de las ideas patriarcales por las que se regían todas las zonas cardinales, e incluso, las tierras que estaban más allá del mar. —Es raro escuchar a un macho hablar en contra de esos temas. Por lo regular, a los demonios les encanta tener el control de todo y mantenernos a nosotras sólo como un bonito “adorno”, o bien, como hembras de crianza, obligadas a parir herederos— reprochó ella. El Shinigami se mantuvo tranquilo, despreocupado de sus palabras. —No creas que todos pensamos así, o que estamos de acuerdo con esas tradiciones. Después de todo, tampoco me agrada la idea de que me obliguen a casarme con alguien a quien no he podido conocer adecuadamente, y sobre todo porque se trata de un compromiso de por vida— se expresó con naturalidad, a la vez que bebía otro sorbo. La joven demonesa lo observó con asombro. Su respuesta fue muy sincera, tal vez demasiado. No obstante, percibió que no mentía por conveniencia, así que quiso asegurarse poniéndolo a prueba. —Me agrada saber qué piensas diferente, pero… ¿Qué harías si yo te eligiera en éste momento? — lo miró con los ojos entrecerrados, midiendo su reacción. Narashinki se atragantó de repente y su mueca fue de total desconcierto. La contestación que le había dado a la heredera fue muy directa, sin razonar bien sus palabras, así que quizá su respuesta se escuchó como algo grosero que la había ofendido. Entonces, se aclaró la garganta e inclinó el rostro, disculpándose. —¡Yo no quise decir eso, no me mal interpretes!, ¡Me refiero a que quizás no te conozca lo suficiente, pero si tú me eligieras!… — se quedó en silencio por un segundo y luego levantó la mirada hacia ella. —Yo… trataría de conocerte un poco más, de ganarme tu confianza y respeto… yo no podría obligarte a aceptarme como marido de inmediato, no sería justo para ninguno de los dos, y creo que entiendes a lo que me refiero. — Irasue se quedó perpleja ante su respuesta. El Shinigami tenía una manera de pensar muy diferente a otros demonios que había conocido. Al parecer, el último pretendiente era una caja de sorpresas y eso le estaba haciendo ganar puntos con ella. —Entiendo perfectamente de que hablas Narashinki— lo miró a los ojos. —Sé que esto también debe ser una presión para ti y en verdad agradezco tu empatía, no fue mi intención incomodarte con esa pregunta. — Él negó con firmeza. —Estamos en las mismas circunstancias y es mejor ser francos desde el principio, yo no voy a mentir ni ser convenenciero, no estoy buscando el poder de tu reino y no deseo fingir ser algo que no soy— habló con seriedad. —Así que, siéntete libre de evaluarme como desees, todas mi respuestas y reacciones serán sinceras. — La demonesa sonrió de nuevo. —Me gusta tu honestidad— se puso de pie. —¿Quieres continuar el paseo por el bosque? — El Shinigami asintió de inmediato sin disimular su emoción. —Por supuesto, enséñame más de tu mundo. — Ambos empezaron a caminar por la orilla del río, adentrándose de nuevo en la floresta para evitar el sol. La escolta de soldados reanudó su marcha a prudente distancia detrás de ellos, mientras los sirvientes se encargaban de recoger todo y, por supuesto, de llevar consigo la carpa roja en su improvisada pecera. … Un par de horas después. La joven demonesa estaba contenta. El recorrido continuaba siendo entretenido y la conversación con el Shinigami era agradable. Se expresaba correctamente y preguntaba con asombro genuino por cada cosa que veía moverse por ahí, que olisqueaba un poco más allá y que tocaba cuando atraía demasiado su atención. Ella contestó a sus dudas lo mejor que pudo. Realmente no podía imaginar cómo sería vivir todo el tiempo en el inframundo, donde la vida no se parece en nada a la que existe en éste plano dimensional. Pero, sin lugar a dudas, era un sitio al que muy pocos les gustaría visitar. Finalmente, llegó la hora de comer y la oportunidad de profundizar más en la evaluación del pretendiente final. Después de que los sirvientes instalaron todo para que estuvieran cómodos, ambos permanecían sentados en unos taburetes, a la sombra de otro árbol y con la vista panorámica del valle frente a ellos. —Bien, creo que para ti ha sido muy novedoso todo lo que has visto aquí, ¿No es así? — cuestionó Irasue, mientras probaba un bocado de la comida recién preparada. —Así es, y agradezco mucho tu paciencia respecto a mi curiosidad— contestó el Shinigami, a la vez que servía un poco de sake. —No hay problema, a decir verdad, también me ha resultado entretenido el paseo, pocas veces tengo tiempo para disfrutar una distracción como esta. — —Me imagino que tus obligaciones como hija de los gobernantes son tediosas— dijo condescendiente. Irasue rodó los ojos y suspiró, dándole la razón. —A veces es aburrido, pero no puedo negar que me ha gustado aprender y estudiar de todo un poco, excepto la fastidiosa etiqueta de la nobleza— contestó indiferente. —Dime algo Narashinki, ¿Ustedes también reciben algún tipo de instrucción parecida? — El demonio sonrió abiertamente y asintió mientras comía con calma. —Nosotros también recibimos clases de comportamiento, pero en menor grado. Nos educan más en las costumbres militares, en temas políticos, y si la familia noble tiene algún tipo de cargo heredado, también nos preparan para continuar con ese legado— detalló. —Claro, formación para líderes— sonrió, rodando los ojos de nuevo. —Pero ningún tema relacionado a la familia, al pueblo, ni a la empatía por otros. — El Shinigami la miró detenidamente, sabía que lo estaba evaluando. —Tienes razón, no nos enseñan eso, pero no creas que soy indiferente o ignorante al respecto— aclaró sin dejar su expresión relajada. —Como Shinigamis, debemos ser capaces de valorar a otras criaturas, sin juzgarlas sólo por las primeras impresiones, después de todo, manejamos la vida y la muerte… y eso no es algo que se tome a la ligera en mi especie. — —Hablando de eso, ¿Tú sabes lo que sucede con las almas de los que mueren? — preguntó curiosa, después de beber un poco de sake. La expresión del joven demonio se volvió seria y sus ojos violetas reflejaron duda. Ese tipo de temas no eran para tratarse con cualquiera. —Escucha Irasue, no puedo hablar abiertamente sobre esas cuestiones, pero te diré lo básico— al ver que ella asentía, continuó su explicación. —Mi familia no se ocupa de eso directamente, tenemos el poder para abrir portales a nuestro mundo y para manipular la muerte, pero son otros los Shinigamis quienes se encargan de las almas de todas las criaturas que fallecen y pasan al otro lado. — La heredera no disimulaba su asombro. —Entiendo, tú no tienes que ver con eso, y según recuerdo, me dijiste que sólo se encargan de vigilar los portales al inframundo, ¿Existen muchos aquí? — —Afortunadamente no, eso sería muy peligroso— respondió él, mientras le ofrecía una fruta de curiosa forma. —Existen algunas “puertas” físicas, debidamente ocultas y protegidas, distribuidas a lo largo del mundo, y otras más, que son parte de la naturaleza de algunos demonios, como las aves fénix y los felinos Nekomata. — La Inugami tuvo un sobresalto. —¿Los Nekomata son “puertas” al inframundo? — —No se puede decir que lo sean— negó Narashinki, dando un mordisco a su propia fruta. —Son capaces de “conectar” con el otro lado por medio de sus habilidades sobrenaturales, pero sólo los Nekomata más viejos y con mucha experiencia pueden hacerlo, mediante la manipulación de almas. — Irasue dio un mordisco al fruto. —El único Nekomata más antiguo que existe aquí, es el señor Oyakata, líder de los clanes leopardo— reveló con un gesto de asombro. —Vaya, no sabía que él podía manipular almas. — El joven demonio confirmó y explicó. —Lo conozco, es un nigromante con un par de siglos de experiencia y puede manejar algunas cuestiones en referencia a la muerte, no obstante, tiene prohibido hacerlo a menos que sea muy necesario. — Ella lo miró suspicaz. —Y tú, por ser un Shinigami, ¿Puedes usar tus habilidades sin limitaciones? — interrogó curiosa. —Es decir, la flor que cortaste hace rato, debía marchitarse después de que la tomaste de su tallo, no creas que no me di cuenta. — Narashinki sonrió un poco y antes de contestar bebió más sake. —Fue para evitar que muriera, porque aún no era su tiempo, yo no tenía derecho a cortarla, así que lo hice para corregir mi imprudencia— exhaló despacio. —Pero eso no quiere decir que pueda ejercer mi poder como me plazca. — —Muchos envidian a los Shinigamis por esa sobrenatural habilidad— recalcó Irasue. Él mantuvo su expresión serena. —No hay razón para ello, somos como cualquier otro ser vivo y también podemos morir, no estamos exentos, ni siquiera los que provenimos del inframundo— aclaró. Ella terminó la fruta y asintió, el tema era interesante, pero también debía indagar en otros aspectos de su forma de pensar. —Bueno, será mejor dejar dicha plática para otro momento— entonces señaló a lo lejos, hacia el resto del valle que se extendía hasta donde la vista alcanzaba. —Ahora dime, ¿Cómo gobernarías un territorio como éste? — Narashinki dio un rápido vistazo a todo el valle y luego miró de nuevo a la heredera. Exhaló despacio antes de responder. —No tengo la experiencia necesaria para dirigir un reino como éste— soltó las palabras con total honestidad. Irasue levantó una ceja, pero no dijo nada. No porque los candidatos proviniesen de familias nobles, quería decir que estaban completamente instruidos y preparados para tomar un título de Lord cardinal. Era lógico que tendrían que aprender y sobre la marcha mejorar. Pero jamás esperó que alguno de ellos admitiese su ignorancia. Por lo regular, los machos no se ponen en situaciones desventajosas que los hagan parecer débiles. —Pertenezco a una familia noble, es cierto, pero no tenemos tantos súbditos como para decir que tengo experiencia gobernando sobre todo un pueblo, territorio o nación— continuó explicando el Shinigami. —Antes de venir aquí, estudié un poco sobre estas tierras y sus líderes, así que estoy al tanto de que un Lord cardinal tiene una gran responsabilidad cuando toma el poder. — Hizo una pausa, meditando sus siguientes palabras. —Seré honesto contigo Irasue, si por alguna razón tú me eligieses, yo pondría toda mi confianza en ti. — Ella contuvo por un instante la respiración, pasmada por todo lo que escuchaba. —Explícate por favor— pidió. Narashinki terminó de comer y la miró detenidamente una vez más. —Eres la heredera del Oeste, ¿Quién mejor que tú para gobernar? — le sonrió con sinceridad. —Conoces estas tierras, a sus habitantes y lo que necesitan… ¿Qué haría yo si me convirtiera en el nuevo Lord?, pediría tu consejo todo el tiempo. — La joven demonesa guardó silencio por un instante, asimilando sus palabras. Su respuesta, tan simple como era, implicaba un gran compromiso y respeto hacia ella. El Shinigami le estaba dando el lugar que se merecía. Lamentablemente, las leyes patriarcales no reconocerían a una hembra como soberana. Necesitaba estar casada con un macho de noble linaje. Para el matrimonio, debía elegir entre cinco posibles candidatos, y el último de ellos, estaba cerca de ganar ese mérito. Irasue dejó escapar un tenue suspiro antes de hablar otra vez. —Narashinki, en verdad has resultado ser una agradable sorpresa— se levantó del taburete. —Qué te parece si regresamos ahora, no quisiera que mis padres se inquietaran al no vernos. — Sin disimular su expresión alegre por lo que ella dijo, él se puso de pie también, ofreciéndole su brazo. —Tienes razón, volvamos. — … El día estaba por terminar. Los dos permanecían reclinados en el barandal de la terraza sur, el sitio que tenía la mejor vista del valle. La tarde comenzaba a pardear y los colores ya pintaban el entorno. Todo parecía tranquilo, y después de platicar algunas cosas más acerca del Oeste, la heredera tenía la sensación de que el youkai de cabello lila era el mejor candidato. —Sabes, después de pasar estos días en tu palacio— dijo Narashinki. —Definitivamente ya no podré olvidarme de esta dimensión y tendré que venir a visitarla de vez en cuando. — Ella lo miró de reojo. —Si tomas el lugar de tu padre en la corte Shinigami, podrás vivir en las tierras continentales, allá también existen bellos lugares para admirar, según tengo entendido. — El demonio asintió y sonrió de nuevo, esa idea le gustaba bastante. Independientemente de toda esta situación del cortejo, ahora tenía en mente recorrer éste mundo y conocer otras cosas más. En definitiva, el paseo que le dio Irasue, había despertado una gran emoción en él. Estaba a punto de contestarle, cuando de pronto, se escuchó un grito en el patio contiguo y después todo un alboroto. Una mujer comenzó a llorar frenéticamente, llamando a alguien por su nombre. Los dos se voltearon a ver extrañados, así que decidieron averiguar qué ocurría. Al llegar al lugar, una zona de graneros donde se almacenaban semillas, observaron a un grupo de campesinos en torno a la entrada de uno de los cobertizos. Al parecer, había ocurrido un accidente. La pareja se aproximó y todos les abrieron paso, al mismo tiempo que saludaban. Un par de hembras Tanuki estaban llorando. Una de ellas sostenía en brazos a un cachorro pequeño, el cual no se movía en absoluto. —¿Qué sucedió? — preguntó Irasue. La hembra mayor, madre de la otra y abuela del cachorro, se sorprendió de verlos ahí. —¡Princesa! — dijo entre llantos, intentando saludar con torpeza. —¡Mi… nieto estaba… jugando en el interior, mientras nosotras acomodábamos los bultos de semillas!, ¡Sólo fue un instante cuando se nos perdió de vista y…! — la garganta se le cerró. Otro de los youkais cercanos tomó la palabra para terminar de explicar. —El cachorro subió a la parte más alta y, al parecer… no se percató de la orilla… se rompió el cuello en el acto… no hay nada que hacer. — La madre abrazó con más fuerza el cuerpo de su hijo y su llanto empeoró. Las crías de los youkais pueden llegar a ser muy frágiles a pesar de ser criaturas sobrenaturales. Son vulnerables en los primeros años de vida y necesitan el cuidado de sus padres para sobrevivir, dado que no adquieren la capacidad de regenerar heridas graves hasta que pasan de la adolescencia. Irasue sintió un hueco en el estómago. Sabía que muchos de los sirvientes en palacio a veces traían consigo a sus hijos para cuidarlos, al mismo tiempo que desempeñaban sus actividades. Simplemente fue un descuido y esto a veces pasaba, pero no dejaba de ser triste. El silencio se hizo pesado por un par de segundos. De repente, el Shinigami se acercó a las siervas. —¿Puedo? — preguntó amable. Ellas no supieron que decir, pero la madre descubrió al cachorro frente a él. Era una cría muy joven, y por lógica no sobreviviría a semejante caída. Narashinki frunció el entrecejo, podía ver claramente cómo la vida casi había abandonado al pequeño Tanuki, así como a los mensajeros de la muerte, esperando por su alma. Entonces lo tomó en brazos y se agachó sobre el suelo, depositándolo con cuidado y colocando su cabeza en posición correcta. La heredera no perdía detalle de lo que hacía, y en ese momento, percibió cómo su aura sobrenatural creció de golpe, estresando el ambiente. Todos los youkais presentes se asustaron y la piel se les erizó con fuerza, pero contuvieron el aliento cuando vieron al joven demonio colocar su mano sobre el pecho del niño. Una resplandeciente luz violácea se manifestó de su palma y abarcó todo el cuerpo del cachorro. Los mensajeros de la muerte gruñeron molestos hacia el Shinigami, pero entendieron su orden implícita y obedecieron de inmediato, regresando al otro mundo sin llevarse nada. —Todavía no es tu tiempo, pequeño— murmuró en voz baja. Entonces se levantó, mientras los demás youkais mantenían la mirada clavada en el Tanuki. Un instante después, comenzó a mover las orejitas, luego abrió los ojos, sentándose con lentitud, mirando a su alrededor con gesto adormilado. La madre rompió a llorar todavía más cuando lo abrazó contra su pecho. Inmediatamente ambas mujeres se arrodillaron frente a él. —¡M-Muchas gracias, mi señor! — dijo la abuela, apenas conteniendo la emoción. Los demás sirvientes se agacharon también, en muestra de respeto y asombro por lo que había hecho. Irasue se quedó sin palabras, y en ese momento lo supo. La forma de ser del Shinigami y su sinceridad, le habían agradado bastante, asimismo, conforme avanzó su cita, pudo darse cuenta de que Narashinki era la mejor opción. Y ahora, esto era la prueba final que necesitaba, ser testigo de su verdadera naturaleza para con los demás. Su decisión había sido tomada.:*=*=*=*=*=*=*:
Una sonrisa triste se dibujó en el rostro de la demonesa. Soltó el medallón y liberó un largo suspiro. El recuerdo del Shinigami era inevitable, lo llevaría por siempre con ella, así como el pensamiento de qué hubiera pasado si él continuara aquí. Se alejó de la ventana, dirigiéndose al lecho para descansar. No era momento de entristecerse, aún tenía asuntos que resolver, y la próxima reunión de Lores estaba acercándose. Además, la respuesta de los tigres blancos llegaría en estos días. Por lo tanto, ella y Sesshomaru debían prepararse.***
Continuará… Muchas gracias por leer. 28/Junio/2019