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Pequeño Resumen: InuTaisho ha muerto, e Irasue debe lidiar con todo lo que eso implica. Al mismo tiempo que su pasado se hace presente en recuerdos felices y tristes, ella intentará guiar a un hijo inestable que busca venganza y que no sabe cómo manejar su responsabilidad como nuevo señor del Oeste. Hará lo que esté en sus manos para moderar los conflictos bélicos con los humanos, que han comenzado a declararle la guerra a los youkais. Asimismo, deberá ser mediadora en las tensas reuniones políticas con los otros Lores cardinales, quienes no dejarán pasar la oportunidad para reclamar las deudas de sangre dejadas por InuTaisho, cuyos actos crueles en el pasado, empiezan a cobrar factura al Oeste. Las memorias de Irasue, complementadas por las revelaciones de otros que conocieron el lado oscuro de InuTaisho, irán mostrando la verdadera personalidad de quien fuera el más poderoso youkai de Japón, hiriendo las creencias de unos, liberando la conciencia de otros y justificando las acciones de algunos más. Nadie es lo que parece, y el difunto Lord era un ser de muchos claro-oscuros. Capítulo 16: Matrimonio Palacio del Oeste, medio día. Irasue estaba en la terraza principal, sentada en su diván de colores magenta. Frente a ella había una pequeña mesa de trabajo, en la cual el escribano se apoyaba para redactar las notas y correcciones pertinentes que la demonesa dictaba. —“Y como acotación final, Lord Ryujiro, le hago la invitación correspondiente para la próxima reunión de Lores, la cual será la siguiente luna llena en el palacio del Oeste; atentamente Lady Irasue” — leyó la comadreja. —Sí, con eso queda listo— la Inugami soltó un suspiro y se frotó el puente de la nariz en un gesto de cansancio. —Ese fue el último acuerdo que mandó el señor del Este, así que sólo queda esperar su firma también. — —Así es mi Lady, veo que el hermano del espíritu dragón tiene bastantes conocimientos políticos y administrativos para dirigir su zona cardinal— reconoció el viejo youkai, mientras enrollaba el pergamino y lo sellaba para ser enviado lo más pronto posible. —Al principio, cuando lo vi por primera vez, pensé que únicamente era un poderoso guerrero a cargo de la milicia de Oriente. — Ella asintió y sonrió. —Creo que ese dragón tiene bastantes sorpresas guardadas, por eso Ryukotsusei nunca habló de él. Aparte de mantenerlo protegido de sus enemigos, se encargó de instruirlo y entrenarlo adecuadamente para esto, quizás sabiendo que nunca tendría un descendiente de sangre. — —No comprendo mi señora, tengo entendido que existen muchas hembras dragón en el territorio Este y en las tierras continentales, ¿Por qué el anterior Lord jamás se casó? — quiso saber el escribano. Irasue meditó su pregunta por un momento. Era cierto, Ryukotsusei había sido al menos unos 200 años más viejo que cualquiera de los otros Lores cardinales, y muy pocas veces se le vio acompañado por alguna hembra. Se sabe que tuvo varias relaciones, pero nunca llegó a formalizar alguna de ellas. Quizás porque el dragón siempre estaba ocupado con la administración de su territorio. No por nada el Este siempre fue bastante próspero, incluso a veces llegando a rebasar la bonanza de Occidente. —Me imagino que él nunca encontró a alguien adecuado para compartir el poder— habló por fin la demonesa. —Alguna vez me hizo cierta confesión— su sonrisa se amplió. —Él dijo que había conocido a muchas hembras, pero que ninguna tenía el carácter y la fuerza suficiente para ser su compañera… y que la única que cumplía con dichas condiciones, ya estaba casada. — El Kamaitachi alzó las cejas y luego sonrió también, la insinuación dicha por Irasue era muy clara. —Comprendo lo que dice mi Lady, Ryukotsusei en verdad parecía tener más que aprecio por usted, pero él siempre supo mantener la distancia y el respeto necesario, sabiendo que no sería posible algo más que amistad entre ambos. — —Así es, el dragón era muy maduro en su forma de pensar y actuar, además de que me tenía confianza para los temas de gobierno, pero yo jamás podría haberlo visto de otra manera, y menos con InuTaisho a mi lado— rodó los ojos y exhaló. —A decir verdad, ni siquiera mi “querido” esposo supo valorar el compañerismo que le ofrecía, él era una persona bastante… extraña. — —Perdone el atrevimiento mi señora, pero con todo el tiempo que llevo sirviéndolos, me quedó en claro que su unión fue un convenio, y que siempre trabajaron juntos para levantar éste reino, pero, incluso así… ¿Jamás llegó a sentir algo por el fallecido Lord? — preguntó en voz baja el escribano, manteniendo un tono de respeto. La demonesa lo miró por algunos segundos, su interrogante no le molestaba, y el Kamaitachi era de los pocos youkais de verdadera confianza que le quedaban, así que no tenía inconveniente en sincerarse con él. —No, jamás pude sentir algo más que un sencillo aprecio por InuTaisho— explicó con lentitud y desviando la mirada hacia la nada. —Como te dije, él fue alguien extraño, un manipulador que sólo usaba a los demás para su beneficio. Sí, hizo muchas cosas buenas por el Oeste, pero todas para su conveniencia, para alimentar su sed de poder, su megalomanía— tomó un poco de aire y lo soltó. —A final de cuentas, yo también fui un peldaño en la escalera que siempre pisó para alcanzar la cima. — La comadreja guardó silencio, era muy raro que la poderosa señora del Oeste tuviese estos momentos de franqueza. Pero le quedaba en claro que ahora era libre de expresarse como quisiese de su marido. Él ya no estaba aquí, y todo lo que dijese ella, era verdad, pues el señor InuTaisho fue un individuo bastante oscuro. —Entiendo mi Lady— hizo una reverencia. —Muchos fuimos marionetas de él, si lo sabré yo. — Irasue regresó su mirada al escribano. —Bueno, eso se acabó, ahora que mi hijo tiene el poder, muchas cosas van a cambiar— se puso de pie. —Y espero contar con tu discreción, no es necesario que Sesshomaru se entere de los decretos y leyes absurdas que InuTaisho te obligó a escribir, no deseo que se estrese por el momento, ya arreglaremos dichos asuntos más adelante y con calma, por ahora, encárgate de seguir asesorándolo, por favor. — —Por supuesto mi señora. — La demonesa se retiró, quería tomar una ducha y relajarse un poco. … Más tarde. Irasue permanecía sumergida en el agua tibia. Estaba sola en el área de termas, acariciando la joya de su medallón. El suave destello violáceo continuaba removiendo los recuerdos enterrados de su pasado.:*=*=*=*=*=*=*:
El periodo de cortejo estaba por finalizar. Todos los pretendientes tuvieron su oportunidad, y aunque uno la desperdició, otro la rechazó y uno más solamente simuló, esto debía continuar adelante. Eliminando a Kurotsume, porque ya había sido ejecutado, quitando a Gakinmaru, porque no le interesaba el asunto, y descartando a Arashimaru, por la promesa que hicieron, la heredera sólo podía escoger entre dos candidatos: InuTaisho y Narashinki. El Inugami era una excelente opción. De su misma especie, de linaje sobresaliente, con un historial destacado, popular entre los demás demonios de la nobleza y con un objetivo claro respecto al Oeste. El Shinigami también era una magnífica elección. De estirpe poderosa, con un comportamiento educado y amable, cuya forma de pensar era muy abierta. Quizás no tenía un historial en sociedad y apenas estaba conociendo éste mundo, pero Narashinki se había mostrado como un youkai bastante empático y sincero. No era tan difícil elegir. … El día terminó. Narashinki estaba despidiéndose de la heredera al pie de las escaleras. —Buenas noches Irasue, fue un gusto convivir contigo, estoy muy agradecido— dijo él, haciendo una reverencia elegante. —El gusto fue mío, en verdad disfruté mucho éste día, además, te agradezco lo que hiciste por ese cachorro— le sonrió ampliamente. —Eres alguien muy noble. — El Shinigami se sonrojó de pronto. —No digas eso… yo no merezco tal reconocimiento… — —Lo mereces— ella acercó su mano y le hizo una sutil caricia en la mejilla. —Pocos son capaces de valorar la vida de otro ser vivo, y eso es algo muy significativo para mí. — El joven demonio se quedó quieto y sorprendido por el gesto. Es decir, si alguien estuviese viéndolos ahorita mismo, eso podría ser juzgado como algo atrevido por parte de la heredera. Lo cual sería mal visto, ya que ellos no tenían ninguna relación formal todavía. No obstante, a ella no parecía importarle. Él asintió con una leve sonrisa. —Que descanses Irasue— hizo otra inclinación y luego se marchó a sus habitaciones. Ella lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista, no pudiendo evitar soltar un suspiro. En verdad éste candidato había resultado ser toda una caja de sorpresas, no se había equivocado, dejó lo mejor para el final. Levantó la vista al cielo, ya se acercaba la noche y las estrellas comenzaban a brillar, lo que de cierta manera la hizo sonreír nuevamente. Quizás el matrimonio arreglado no sería tan malo. Se dio la media vuelta y comenzó a subir los peldaños. De pronto, tuvo la sensación de estar siendo observada. Revisó su entorno detenidamente, pero no vio ni olfateó nada. Se le hizo un poco extraño, ya que las puertas del palacio estaban cerradas y todo el tiempo ambos estuvieron bajo la vigilancia de los guardias. No debería haber motivo alguno para inquietarse, es decir, los demonios Tora estaban encerrados. Pero, incluso así, la Inugami se quedó con esa extraña impresión. … Al día siguiente, por la mañana. Irasue había tomado su decisión y debía comunicarla a sus padres. Ahora se encontraba frente a ellos, desayunando tranquilamente. Ambos gobernantes se notaban ansiosos por saber la opinión acerca del último candidato, así como la decisión final que tomaría su hija. —Entonces, ¿Qué tal estuvo tu cita? — preguntó la madre primero. La heredera se tomó un momento para responder, en lo que bebía un sorbo de té y luego sonreía sutilmente. —Muy bien, el Shinigami resultó ser alguien muy agradable y educado, me explicó que él provenía de… — comenzó a platicar los pormenores de su convivencia y lo bien que la había pasado. Los gobernantes escucharon todo con atención, asintiendo gustosos al oírla. Esto resultaba algo adecuado, puesto que dicho pretendiente les agradaba mucho para su hija, sin mencionar que, un Shinigami en la familia, significaría algo sumamente benéfico en términos de poder. —Vaya, pensé que ese muchacho se pondría nervioso contigo— dijo el señor del Oeste. —Ayer, cuando me pidió permiso temprano para permitirles salir a los alrededores del palacio, se veía algo temeroso. Pobre de él, se nota que no tiene mucha práctica tratando con hembras de cuna noble— se rio ligeramente. —Pero lo que sí me sorprendió, fue lo que hizo con el Tanuki, ¿En verdad no le importó salvarlo, a pesar de que podría recibir un castigo? — —¿Un castigo? — preguntó sorprendida Irasue. —Yo espero que no existan repercusiones, Narashinki sólo se apiadó del dolor de la madre, no creo que eso merezca una sanción. — —Tienes razón hija, un buen líder debe saber apreciar a sus siervos y respetarlos— reconoció la madre. —Y por todo lo que has comentado y por la forma en que te expresas de él, supongo que ya has escogido a tu futuro marido. — La joven Inugami tomó aire y lo soltó despacio. Sin dejar de mirar a sus progenitores, hizo un gesto de confirmación y les comunicó su decisión. —Padre, madre, mi elección final es el candidato de la casa Shinigami continental— sonrió de nuevo. —Considero que Narashinki reúne las características necesarias para ser el próximo Lord del Oeste, además de que, la alianza con una de las familias del inframundo, traerá muchos beneficios a éste reino— finalizó. Sus padres se miraron entre sí, y haciendo el mismo gesto complacido, asintieron al unísono. Ahora su primogénita se casaría y de esta manera, al fin se realizaría la transición del poder en el Oeste. … Ese mismo día por la noche. Se tenía planeado hacer una gran celebración para anunciar al candidato elegido, pero debido al atentado que sufrieron por parte de Kurotsume, se decidió cancelar dicho evento. Así que sólo se realizaría una cena y un brindis en el salón principal, únicamente con algunos invitados escogidos, y siempre bajo la vigilancia de los soldados del palacio. El ambiente era relajado y tranquilo, con los bufones entreteniendo a los comensales. Los sirvientes alistaron todo en la gran mesa. La comida y bebida fueron servidas en abundancia para los cuatro candidatos, sus familiares cercanos y alguno que otro noble de su comitiva. Los señores del Oeste y su hija estaban ubicados en otro espacio, sobre un estrado, presidiendo la cena. El viejo Lord se levantó y todos guardaron silencio. —Estimados amigos, es para mí un honor haber contado con su presencia en el cortejo— habló en voz alta. —Como sabrán, estos últimos días fueron esenciales para que mi hija Irasue eligiese a su futuro compañero, con lo cual, dará inicio el cambio de poder y nuestro posterior retiro. — Los youkais escuchaban atentamente. La mayoría se mostraban ansiosos, pero manteniendo cierta reserva en sus comportamientos, ya que eran conscientes de que la elección de la heredera regocijaría sólo a una casa noble. Y aunque los candidatos descartados y sus familias no perdían absolutamente nada, puesto que su presencia en la sociedad del Oeste se mantendría, era inevitable que la envidia los corroyera. —Sin importar la elección que ella tome, espero de antemano seguir contando con el valioso apoyo de todas las casas nobles— prosiguió el Inugami mayor. —Ustedes saben que el territorio Occidental es lo que es gracias al trabajo en conjunto que todos hemos llevado a cabo a lo largo de estos siglos. Eso no cambiará, seguiremos adelante, continuaremos creciendo y prosperando. — Un aplauso general se escuchó por todo el salón, el viejo Lord siempre sabía cómo dar un discurso. —Y ahora, mi hija dará a conocer su elección— le tendió la mano para que se pusiera de pie. La joven demonesa hizo un saludo para su padre y después una inclinación para todos los invitados, luego alzó el rostro, y con voz firme, habló. —Les agradezco a todos su asistencia— miró a sus cuatro pretendientes. —Y también agradezco sus muestras de respeto y esfuerzo para ganarse mi favor, me complace haber convivido con cada uno de ustedes—hizo una pausa y tomó un poco de aire. —Ahora, diré el nombre del youkai que he designado para ser mi compañero y futuro Lord del Oeste. — Silencio total. —Narashinki— lo miró directo a los ojos. —Te escojo a ti. — Inesperadamente, se desató una serie de murmullos y gestos de asombro por todos lados, los cuales fueron suprimidos casi de inmediato por el elevado coro de aplausos que el padre de Narashinki y un par de sus subordinados iniciaron. Casi nadie se esperaba que el Shinigami fuese el elegido. Muchos en ese salón no lo dirían abiertamente, pero varios pensaron que el ganador sería el capitán InuTaisho, o en su defecto, el Nekomata Arashimaru. Pero eso no importaba ahora. El joven demonio tenía un gesto de asombro plasmado en la cara, y no pudo disimular su ligera vergüenza al sentir todas las miradas sobre él. No obstante, supo controlar el nerviosismo, y aunque tragó saliva con dificultad, le sostuvo la mirada a Irasue, notando que ella le sonreía con sutileza. De pronto, sintió la mano de su padre sobre su hombro, instándolo a levantarse. —Felicidades hijo— habló el Shinigami mayor con voz seria, pero sin ocultar la satisfacción de semejante noticia. —Esto es grandioso y debes sentirte orgulloso, ahora ve con ella, recibirás la bendición de los señores de Occidente. — —S-Sí, padre… — Narashinki se encaminó hacia donde estaba Irasue, notando que todos lo observaban. Algunos hablaban con asombro, otros mascullaban con resignación, y unos más, susurraban con evidente frustración. Pero dichas palabras ni siquiera provenían de los otros candidatos, sino de sus respectivas familias y comitivas. Era obvio lo que significaba no haber sido elegido, y el joven demonio tuvo el presentimiento de que esto apenas era el comienzo de una situación más complicada. Llegó al estrado y subió, acercándose a la heredera. Hizo una solemne reverencia para ella y los señores del Oeste, que ahora estaban de pie a su lado. —Me siento sumamente honrado, señorita Irasue— mantuvo agachado el rostro, pues no estaba seguro del protocolo a seguir. —Mírame Narashinki— pidió ella, tendiéndole la mano para que la tomase. El Shinigami lo hizo, intentando no evidenciar su nerviosismo. Ella se acercó y quedó a su lado, ahora escucharían las palabras de sus padres. —Muchacho— habló el Lord. —Me complace que seas el elegido, tu noble casa y la nuestra formarán una poderosa alianza, asimismo, te hago entrega de la mano de mi hija— se acercó a ellos y rodeó las manos de ambos con las suyas. —Les deseo un matrimonio estable, lleno de abundancia y bendiciones para ustedes, para el reino Occidental y todo su pueblo. Éste es el comienzo de una nueva era— sonrió afable, para luego apartarse. Entonces, la madre de la heredera se aproximó e hizo lo mismo, rodear las manos de la pareja con las propias. —Me siento feliz por ustedes, que el cielo bendiga su unión y que les traiga prosperidad en todos los sentidos— sonrió ampliamente para ambos. —Que esta nueva etapa sea motivo de felicidad para todos. — De inmediato comenzaron los aplausos en general por parte de todos los presentes. Independientemente de que no hubiesen recibido la oportunidad de emparentar con la casa InuYoukai, todos los demonios debían mostrar respeto y aceptación ante las decisiones de la familia real y, reconocer a su próximo gobernante. Después de la elección del pretendiente y la bendición por parte de los señores del Oeste, todos los invitados procedieron a cenar y convivir. La joven Irasue se sentía contenta, no sólo porque sus padres estaban felices con la decisión tomada, sino porque Narashinki también parecía compartir dicha emoción. Durante la cena, ambos permanecían sentados juntos, en la misma mesa que los gobernantes puesto que, a partir de ahora, su compromiso era formal. Los padres de ella cenaban y departían alegremente con los otros invitados. En especial con el Shinigami mayor, debido a que ahora no sólo se trataba del parentesco que los uniría, sino también por la poderosa alianza que se establecería entre ambas casas nobles. Sin lugar a dudas, tenían varias ideas que compartir antes de ceder el poder a sus herederos. Por su lado, la pareja conversaba. —¿Estás bien? — preguntó ella, mirándolo con curiosidad, mientras tomaban los alimentos. —Estoy… nervioso— suspiró el Shinigami, demostrando su sinceridad. —No me malinterpretes por favor, es sólo que, esto ha resultado toda una sorpresa, todo continúa siendo nuevo para mí, ¿Lo recuerdas? — Ella asintió y colocó su mano disimuladamente sobre la de él. —Yo estoy igual que tú— su rostro adquirió un ligero matiz de vergüenza. —No sé si hice lo correcto, es decir, tú me pareces la mejor opción, sin embargo, siento que podría estar obligándote a… — hizo una pausa y no pudo continuar. —Di lo que tengas que decir, no te juzgaré por eso, el que tú me hayas escogido no es una ofensa para mí, por el contrario, me has dado una oportunidad única para conocer tu mundo— le sonrió amable. Entonces, tomó su mano entre las suyas y depositó un pequeño beso en el dorso, demostrando respeto y galantería al mismo tiempo. La heredera notó una sensación agradable en su pecho, el Shinigami era muy cordial, y con sus palabras le dejaba en claro que podía confiar en él. —Gracias Narashinki, sé que ninguno es libre para tomar sus propias decisiones, pero en verdad deseo que podamos con semejante compromiso, no te voy a mentir, tengo miedo… — —Ya somos dos— mantuvo su sonrisa. —Pero estoy seguro que podremos hacerlo juntos, serás una excelente señora del Oeste y yo… deberé aprender de ti para ser un buen Lord. — No fue necesario decir más, Irasue comprendió que había escogido al youkai correcto. La cena continuó, mientras compartían sus puntos de vista sobre diferentes temas. La celebración siguió su curso, el brindis se llevaría a cabo al finalizar, y en ese momento, se anunciaría la fecha de la boda, la cual no tardaría más de unos cuantos días. Pero, en medio del barullo, los pensamientos oscuros ya se formaban en la cabeza de alguien. … Al día siguiente, a media mañana. El cortejo había finalizado, era tiempo de que los invitados se marchasen. Los candidatos y sus comitivas iniciaron el regreso a sus respectivos hogares, pero no sin antes despedirse de los señores del Oeste y ofrecer sus respetos a la nueva pareja. Todos estaban en la terraza principal, los gobernantes sentados en un diván más allá, e Irasue y Narashinki de pie, cerca de las escaleras. Gakinmaru, de la nobleza Lepidóptera, fue el primero en marcharse, así que luego de agradecer al viejo Lord por la invitación, se despidió de la heredera. —Fue un honor señorita Irasue, me alegra que su elección fuese la correcta— le sonrió, y luego miró a Narashinki. —Mi señor, seguramente la casa Shinigami continental se sentirá honrada cuando sepan la buena nueva, les deseo lo mejor— hizo una elegante reverencia, marchándose después con sus subordinados. —Mi padre conoce a esos demonios y la abundancia de sus colmenas— mencionó el joven Shinigami. —Sería conveniente establecer con ellos un trato más cercano, después de todo, les gusta comerciar. — La heredera asintió y sonrió, viendo con agrado que él comenzase a asimilar la idea de lo que era ser un gobernante cardinal y pensar en el futuro de estas tierras. Momentos después, el capitán InuTaisho se acercó a ellos. —Princesa Irasue, señor Narashinki, me despido, tengo asuntos que atender— explicó luego de hacer una leve inclinación. —Fue un placer convivir con usted, señorita, les deseo prosperidad y ojalá podamos trabajar juntos una vez que reciban el liderato de la casa InuYoukai— dijo lo último mirando al Shinigami. —Estaré complacido de mantener mi lealtad para que el Oeste siga creciendo. — —Así será capitán— respondió Narashinki. —Pero quiero hacerle unas preguntas antes de que se marche, ¿Qué harán con los miembros de la casa ToraYoukai?, ¿Hay posibilidad de que su castigo no sea tan severo?, es decir, tengo entendido que son parte importante del territorio Occidental. — Irasue se sorprendió al escuchar esto, no esperaba que su futuro compañero estuviera interesado en el tema de los demonios Tora, es decir, él vio lo que sucedió y también salvó a su padre. Lo que significaba que el joven Shinigami estaba atento a todos los asuntos sensibles. Y, a decir verdad, ella también deseaba conocer que sucedería con los tigres. Miró a InuTaisho atentamente, quien mantuvo una expresión impasible. —Ya hablé con el señor del Oeste, él me ha dado indicaciones para encargarme de ellos, serán regresados a las montañas en unos días, y se les dará una reprimenda para que no vuelvan a demostrar insurrección ante el mandato Inugami— explicó. —Comprendo, quizás más adelante podamos hablar con sus líderes, tal vez exista una manera de suavizar la tensa relación que parece existir entre especies— comentó Narashinki con la mejor intención. El capitán sólo asintió, no parecía convencido, pero no lo demostró abiertamente, así que hizo una reverencia y después se alejó, seguido por sus escoltas. La joven demonesa tuvo una sensación extraña con las palabras de InuTaisho, pues la idea de que los demonios Tora continuaban siendo víctimas de la injusticia aún rondaba por su cabeza. Al menos la declaración de Narashinki la motivaba a pensar que dicho tema podría solucionarse una vez que tomaran el poder. —¡Oye Irasue, que linda te ves hoy! — se escuchó una voz a unos cuantos metros de ellos. La inapropiada frase hubiera resultado muy ofensiva para ella si proviniese de cualquier otro youkai, y más teniendo en cuenta que su futuro esposo estaba a su lado. Pero resultaba que quien dijo esas palabras, fue su buen amigo y casi hermano, Arashimaru. El Nekomata se aproximó a ellos con una expresión alegre, importándole muy poco el protocolo que debía seguir ante la nueva pareja. —Arashimaru, compórtate— lo reprendió con una ceja levantada. —Ya no puedes dirigirte a mí de esa manera, ¿Qué va a pensar Narashinki? — El mencionado sonrió con tranquilidad. —Concuerdo con él, te vez muy bonita esta mañana. — Irasue se sonrojó sutilmente, sin saber qué decir, aquella reacción por parte de él la tomó por sorpresa. El Nekomata mantuvo su simpático comportamiento, pero al mismo tiempo, demostrando respeto al hacer una reverencia cortés para los dos. —Perdón Irasue, ya sabes como soy— entonces miró al Shinigami. —Señor Narashinki, es grato saber que una nueva alianza se forjará en el Oeste, el gran Oyakata estará encantado de trabajar en cooperación con usted y su noble casa. — —Gracias Arashimaru, yo también confío en ello, los Nekomata son excelentes intermediarios y espero contar con su apoyo para las futuras negociaciones con otras especies— respondió el youkai de cabello lila. —Claro que sí— el Nekomata se agachó otra vez en despedida. —Irasue, me encantó verte de nuevo, te deseo lo mejor, y ahora me retiro, me espera mi futura esposa. — —Cuídate Arashimaru, y esperamos la invitación a tu boda— le sonrió. El felino se marchó, todavía despidiéndose con la mano. La heredera sintió felicidad por él, después de todo, había conocido a alguien y se había enamorado. Algo que no estaba segura si ella podría experimentar. Volteó a ver a Narashinki, quien la miraba con curiosidad, y por un instante pensó que tal vez habría una oportunidad si las circunstancias lo permitían. —Veo que tienes un gran aprecio por él. — —Sí, es el hermano que nunca tuve— comentó ella. —Es un youkai amable y los clanes leopardo son muy fieles a la casa InuYoukai. — —Es bueno saberlo, la lealtad de los que siguen a un líder siempre debe respetarse y valorarse— dijo el Shinigami, suspirando levemente. —Sólo espero que los demás nobles del territorio me acepten, sé que no será fácil por ser un Shinigami, pero haré mi mejor esfuerzo. — Ella sonrió un poco más. —A un líder sólo puedes seguirlo de dos maneras: O le tienes miedo, o le tienes respeto— colocó una mano sobre su hombro. —Demuestra que puedes ser un gran Lord sin importar el linaje del que provengas, gánate su reconocimiento con acciones y hechos. — Narashinki asintió, comprendiendo de inmediato que Irasue no era sólo una demonesa de cuna noble, sino una mujer sagaz y con una visión muy amplia de todo. —Hijo— se oyó de repente una voz profunda acercándose a ellos. Ambos voltearon, encontrándose con el Shinigami mayor, quien los miraba con una amplia sonrisa. El youkai también tenía el cabello lila, pero de un tono más pálido debido a la edad, y en el rostro ya se le notaba el peso de los siglos. Su presencia, aunque imponente, se podía percibir como amable y tranquila. —Padre, ¿Ya te marchas? — —Así es, ya sabes que mis compromisos nunca terminan en la corte, así que no puedo retrasar más mi regreso, pero no te preocupes, estaré presente el día de la ceremonia— entonces miró a Irasue. —Jovencita, es un honor emparentar con ustedes y también te doy la bienvenida a nuestra familia— hizo una inclinación a modo de saludo cortés. —Espero que tú y mi hijo puedan entenderse y sean capaces de manejar esta gran responsabilidad. — La Inugami hizo la misma inclinación respetuosa, sorprendiéndose un poco por su cortesía, ya que normalmente una hembra no recibía reconocimiento en una sociedad patriarcal. —Agradezco sus palabras señor, le aseguro que pondré todo de mi parte y sé que Narashinki también lo hará— declaró con seguridad. El youkai mayor asintió. —Bien, entonces me retiro— miró por última vez a su vástago. —Yo le daré la buena nueva a tu madre y a tu hermano, nos vemos en unos días— se despidió, comenzando a descender los peldaños. —Hasta pronto, padre— lo siguió con la mirada hasta que se perdió en el pórtico de salida, entonces liberó otro largo suspiro. —¿Sucede algo? — interrogó ella al notar una sutil aprensión en él. —Mi padre está muy complacido con esto, es una gran oportunidad para mejorar las relaciones político-sociales de la casa Shinigami con los demás youkais— explicó Narashinki. —Lo que significa una gran presión para mí en cierta forma, pues temo no saber cómo afrontarlo y decepcionarlo. — Irasue sabía perfectamente a que se refería. Para ella, esto del matrimonio arreglado era un verdadero peso sobre sus hombros. No obstante, tenía las nociones básicas para empezar a manejarlo, el conocimiento requerido para conseguirlo y el carácter suficiente para sobrellevarlo. Pero Narashinki era un joven demonio que apenas había salido de su dimensión a conocer una nueva realidad de la que sabía muy poco, y eso aplicaba en todos los aspectos. Era comprensible su temor. —Tal y como dijiste ayer, ya somos dos— le sonrió condescendiente. —No eres el único que teme equivocarse, después de todo, parte de la responsabilidad del Oeste también recae sobre mí, así que no temas y demostrémosles a todos que podemos ser excelentes gobernantes. — De nuevo, el Shinigami sintió el apoyo de la heredera, su carácter firme y elocuente le agradaba cada vez más. Asintió con un movimiento de cabeza y la tomó de la mano, demostrándole la misma confianza. … El tiempo avanzó. Los siguientes tres días estuvieron dedicados a los preparativos para la ceremonia de casamiento. Pero todo eso corría a cargo de los señores del Oeste y el organizador de dicho evento, el Kitsune presentador. La boda sería un poco más privada y con gente escogida, dado que también se trataba del cambio de poder en el Oeste, así que esto debía planearse con cuidado. En cuanto a la pareja, ellos únicamente debían seguir tratándose y conociéndose un poco más. Lo que resultó una gran ventaja para ambos, así que esos días los dedicaron a pasear nuevamente por los alrededores y visitar algunas comarcas cercanas, para que Narashinki se familiarizara con todo. Así mismo, los rumores de la naturaleza amable del Shinigami se extendieron rápido, debido a lo acontecido con el cachorro Tanuki. Ahora la mayoría de los habitantes del palacio lo miraban con respeto, y más al verlo tan cercano y atento con la heredera. Y aunque siempre eran escoltados por los guardias, eso no impidió que su convivencia facilitase rápidamente la confianza en su relación. El tiempo lo distribuyeron entre paseos, pláticas, intercambio de opiniones y planeaciones futuras para algunos temas del Oeste. Pero también para expresar su sentir y su forma de ver la vida. Irasue empezó a notar que el Shinigami congeniaba con ella en muchos aspectos y eso fue algo que la sorprendió. Por lo que comenzó a albergar la esperanza de que esta unión podría ser mucho mejor de lo que llegó a imaginar en un principio. … Día de la ceremonia matrimonial, y sucesión del poder en el Oeste. La fecha había llegado y ambos jóvenes estaban nerviosos. Pero sabían perfectamente que no había marcha atrás, estuvieran o no de acuerdo, esto se llevaría a cabo. Una tradición y un compromiso ineludibles, fundamentados en costumbres viejas y convenios de poder, decretados desde los tiempos antiguos, cuando sus antepasados se establecieron en las tierras del Oeste. Su unión no sólo representaba un acuerdo entre familias, también significaba una fuerte alianza entre youkais poderosos de sangre noble y linaje privilegiado. Todo para mantener a la casa InuYoukai en la punta piramidal del poder. Irasue era perfectamente consciente de ello y no tenía más opción que aceptar su destino. Y su futuro esposo estaba en las mismas circunstancias. Por fortuna, Narashinki era un youkai bastante parecido a ella en su forma de pensar y ver las cosas. Por ese lado, ambos estaban equilibrados, y de una u otra forma, harían funcionar su matrimonio arreglado. En el evento únicamente estaban presentes, aparte de los contrayentes, los padres de Irasue, el Shinigami mayor, los principales nobles del territorio Occidental, entre ellos el gran Oyakata, todos los generales militares, exceptuando al que representaba a los tigres blancos, por obvias razones, y finalmente, el Kitsune presentador. Dado que la madre y el hermano de Narashinki vivían en el inframundo, sus responsabilidades les impidieron asistir a la ceremonia. Cosa que realmente no le molestaba al Shinigami, puesto que él siempre podría abrir un portal e ir a visitarlos con facilidad. Además, el apego familiar entre los demonios de su especie, no era muy demostrativo ni evidente. Cuando Irasue se enteró de esto, no se le hizo extraño, ya que también su familia era así. En el momento en que los demonios alcanzaban la mayoría de edad, los padres se desentendían de ellos poco a poco, dejándolos ocuparse de su vida y responsabilidades. Eso era lo normal y natural en la sociedad youkai. Pero, en el caso de la heredera, su matrimonio también significaba el retiro definitivo de sus progenitores. Tan pronto los viejos Inugamis transfiriesen el poder a la nueva pareja, se irían a vivir a un lugar distante, dejando el mando del territorio cardinal, y todo el peso de lo que ello significaba, sobre los hombros de los nuevos gobernantes. Esto generaba cierta melancolía en Irasue, pero no había nada que hacer al respecto. En su educación y preparación desde joven, siempre le dejaron en claro que así eran las cosas y no había espacio para los sentimientos ni el apego, más allá de lo necesario, entre los Inugamis. Entonces, esto continuaría su marcha. La pareja, con elegantes vestimentas ceremoniales, permanecía sentada sobre mullidos cojines frente a una mesa ceremonial, donde el sake consagrado reposaba en un recipiente decorado. Del otro lado, el viejo Kitsune leía un antiquísimo pergamino con los preceptos a seguir. Los dos prestaban atención, dirigiéndose miradas sencillas de vez en cuando, reservándose sus pensamientos. —Y ahora, escucharemos los votos de la pareja, tómense de las manos— pidió el ministro. Ambos lo hicieron y el Kitsune rodeó sus muñecas con un lazo entretejido con hilos rojos y dorados, que simbolizaba su unión perpetua. Luego miró a Narashinki. —Primero el novio. — El youkai de ojos violetas tomó un poco de aire, y manteniendo un tono firme y calmado, expresó su promesa para la heredera. —Yo, Narashinki, te juro lealtad y respeto a ti, Irasue, como mi esposa en éste matrimonio, y como mi compañera en el compromiso que implica ser el nuevo Lord cardinal— hizo una inclinación respetuosa con el rostro. —Ahora usted, señorita Irasue— indicó el zorro. —Yo, Irasue, te juro lealtad y respeto a ti, Narashinki, como mi esposo en éste matrimonio, y como mi compañero en el compromiso que implica ser la consorte del nuevo Lord— hizo la misma inclinación para él. Entonces el Kitsune les entregó el recipiente con el sake consagrado. Haciendo una perfecta coordinación, ambos sujetaron el contenedor con las manos y bebieron todo el vino en tragos intercalados, primero él y después ella. Una vez vacío el cuenco, fue regresado al ministro y éste finalizó el rito matrimonial con unas cuantas palabras más, retirando el cordón de sus muñecas. El aplauso general de los invitados se dejó escuchar. Aparentemente, todos estaban alegres con dicha alianza, y si existía alguien que no estuviese de acuerdo, se reservó sus comentarios. Los señores del Oeste se acercaron y el zorro se apartó, cediéndoles el espacio para hablar con la pareja. Irasue y Narashinki se pusieron de pie, era momento del proceso final. —Felicidades, me complace verlos unidos por fin, sellando con esto el inicio de una nueva alianza que traerá abundancia y prosperidad para ambas casas nobles y para el Oeste— dijo el Lord con una gran sonrisa. —Ahora, es tiempo de hacer el cambio de poder. — Los padres de la heredera iban vestidos con distinguidos atuendos, pero por encima de estos, resaltaban las coronas Mianguan sobre sus cabezas. Piezas ricamente decoradas con cadenas de joyas que se usaban en eventos especiales y que simbolizaban su jerarquía. Dichos objetos eran una alegoría del poder que traspasarían a la nueva pareja. El viejo Inugami procedió a retirar su corona con ambas manos y la extendió hacia el Shinigami. —Narashinki, te hago entrega del título: Lord del Oeste— dijo con seriedad. —Recíbelo con el orgullo, la seriedad y el compromiso que eso implica. — El Shinigami recibió el adorno con una reverencia y luego procedió a colocárselo en la cabeza. —Así será, señor. — La demonesa mayor imitó la misma acción, quitándose su propia corona y cediéndosela a su heredera. —Hija mía, te hago entrega del título: Señora del Oeste— se expresó con elegancia y una sutil sonrisa. —Recíbelo con gratitud, moderación y seriedad. — Irasue también agradeció con la respectiva inclinación, para después, colocársela. —Así será, madre. — Una nueva tanda de aplausos estalló entre los invitados, el cambio de poder ahora estaba completo. La pareja se tomó de las manos y caminaron a la salida del gran salón, dirigiéndose a la terraza principal, pues ahora debían saludar a sus súbditos. Tan pronto quedaron a la vista, todos los habitantes del palacio y algunos visitantes de las comarcas cercanas, ovacionaron eufóricos, aplaudiendo sonoramente, demostrando su respeto y alegría al contemplar a los nuevos gobernantes del territorio Occidental. A Irasue le era un poco indiferente dicha muestra de sumisión, no porque no le gustase, sino porque estaba demasiado acostumbrada a recibirla. Pero Narashinki se notaba emocionado y algo nervioso, quizás tomaría un tiempo para que él se acostumbrase a la vida en esta dimensión, adaptándose poco a poco a convivir con todo tipo de youkais. Ella soltó un suspiro, ahora estaba casada y era la nueva señora del Oeste, su vida cambiaría a partir de éste momento. … La celebración posterior fue un evento similar al primer día del cortejo. En el patio principal del palacio se hizo una gran comida para los youkais más importantes del territorio y algunos visitantes locales. Los ministros y generales se quedaron en la terraza principal, platicando con los viejos Inugamis y el Shinigami mayor, mientras disfrutaban del banquete dispuesto para ellos. En cuanto a la pareja, ésta permanecía un poco más apartada, en su propio espacio, conversando entre ellos. —Vaya, esto sabe delicioso— se expresó asombrado Narashinki. —Me alegra que te guste— ella le sonrió, divirtiéndose con sus expresiones sinceras. —¿Y cómo te sientes? — Él la miró detenidamente y luego le regresó la sonrisa. —Contento, ansioso, preocupado— tomó la mano de ella con las suyas. —La verdad, es que son muchas emociones, pero te soy sincero, me siento tranquilo si estás a mi lado. — La joven demonesa se sonrojó, aquellos ojos violáceos eran muy sinceros. Le agradaba mucho la forma en que se expresaba, así que le sonrió afable y continuaron departiendo tranquilamente. … El evento prosiguió a lo largo de la noche y durante dos días más, en los cuales se hicieron festejos variados, abundantes comidas, recepción de regalos, presentación de promesas y lealtades por parte de los invitados, convivencias generales con los demás nobles, etc. Hasta que todo finalizó.:*=*=*=*=*=*=*:
Irasue suspiró largamente. Ese momento en especial, cuando eligió a Narashinki, fue uno de los más felices que podía recordar, puesto que en verdad había hecho una correcta elección. El Shinigami, aunque preocupado al principio, demostró ser alguien muy comprometido y respetuoso, comportándose a la altura de la situación. En aquel entonces, tal y como le había dicho en el cortejo, él comenzó a tratarla para ir conociéndola mejor, y así empezar a construir su relación. Algo que inició muy bien y que podría haberse convertido en algo mucho mejor. Desgraciadamente, el destino se torció. —Y tú fuiste el culpable… maldito— gruñó por lo bajo. La frustración llenaba su pecho nuevamente, obligándola a lidiar con los sentimientos de dolor que había logrado bloquear a lo largo de las décadas, pero que ahora, salían a flote sin control. Soltó el medallón y levantó la mirada, observando todo a su alrededor: El agua, las mamparas decoradas, las paredes, la vegetación, el techo, etc. Todo en ese lugar estaba resultando ser demasiado desagradable ahora mismo. —Ya no soporto estar aquí— se levantó y salió del agua, tomando una yukata para vestirse. —Tendré que hablar con Sesshomaru— exhaló con resignación.***
Continuará… Muchas gracias por leer hasta aquí. Espero me dejen sus comentarios, los cuales me hacen muy feliz. 30/Enero/2022