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Capítulo 17: Revelaciones III Ya habían pasado algunos días desde que se envió el comunicado a los tigres blancos, y a pesar de que en dicha misiva el nuevo Lord solicitaba una respuesta rápida, ésta no llegaba todavía. Cosa que ponía inquieto a Sesshomaru, dado que eso insinuaba una posible rebelión, sólo esperando el momento adecuado para estallar. Si eso sucedía, el territorio del Oeste ahora sí caería en un verdadero caos, porque los demonios Tora bien podrían convocar a otros youkais a unírseles en una meta en común: Hacer caer a la casa InuYoukai. No eran pocos los demonios que mantenían un rencor virulento contra el difunto InuTaisho. A pesar de que el joven Inugami ya había apaciguado a muchos de ellos, aún existían otros que se reusaban a someterse, huyendo y escondiéndose en el territorio, esperando. Lamentablemente, no se podía hacer nada con ellos por el momento. Por otro lado, los problemas con los humanos no disminuían del todo. Si bien, los habitantes de las aldeas más pequeñas se mantenían en paz, no era lo mismo con las grandes ciudades y los humanos a los que InuTaisho hizo daño personalmente. Los terratenientes y otros feudales continuaban aliándose para incrementar las cacerías de youkais. Entre ellos, los nobles emparentados con la princesa Izayoi, así como los restos de ejércitos, ahora convertidos en ronin, que buscaban venganza por la masacre de sus familias. Y aunque esto no sucedía exclusivamente en la zona Occidental, pues Kiba y Ryujiro también lidiaban con lo mismo, sí eran mucho más evidentes los conflictos a resolver en el territorio a cargo de Sesshomaru. El joven Lord resopló con frustración mientras se frotaba el puente de la nariz. Se encontraba en el despacho junto con el escribano, revisando los pendientes de ese día. —Maldita sea, no sé qué hacer con esos molestos humanos, y tampoco hay noticias de los demonios Tora— gruñó frustrado, luego de leer una carta de sus vigías. La misiva era un reporte donde se especificaba que los ataques por parte de las milicias fieles al difunto Takemaru, y bajo el mandato de nobles aliados, seguían cazando demonios sin parar y sin distinción alguna, adentrándose cada vez más en la zona cardinal. Aunado a esto, los ronin sobrevivientes también andaban en busca de cobrar las deudas de sangre pendientes. Sólo era cuestión de tiempo para que ambos grupos se encontrasen y uniesen en una amalgama de rencor mucho más peligrosa. —Mi señor, no tiene caso estresarse, únicamente queda esperar respecto a los tigres blancos, en cuanto a los humanos… será necesario pensar en algo más— dijo el Kamaitachi, haciendo una pausa para luego acercarle un pergamino. —Aquí está el documento final para el Lord del Sur, sólo necesita firmarlo. — —¿Al fin quedó listo?, porque ya no tengo ganas de corregir por enésima vez los estúpidos acuerdos de Karasu— tomó el documento y le dio una última revisada. —Sí, con eso quedan cubiertas las peticiones del Tengu, lo bueno es que se redujeron bastante cuando reinició el comercio con Lord Ryujiro. Lo que está por firmar, es mucho más equitativo y razonable para ambas zonas cardinales. — El Inugami rodó los ojos y masculló algo para sí mismo, no quería aceptar que el dragón le estaba sacando ventaja en esto de dirigir un territorio. —Bien, entonces envíalo rápido— firmó el documento y se lo regresó al escribano. —¿Por fin es todo? — —Sí mi señor, lo dejo solo— hizo una reverencia y se marchó. Sesshomaru se desperezó un poco y luego salió del lugar, encaminándose al área de los aposentos. Necesitaba pedirle un consejo a su madre. … Irasue se encontraba acomodando algunas cosas en su alcoba, le agradaba hacerlo ella misma, dado que le servía como una actividad de relajación. Todavía no estaba segura cómo trataría el tema con su hijo, pero debía decírselo, dado que mudarse no era algo sencillo. No había tenido la oportunidad de hablar con él, porque los últimos días se la pasó revisando pendientes y estudiando con el viejo escribano. Pero cuando se percató de su presencia acercándose, concluyó que aquel sería un buen momento. —Madre, ¿Puedo pasar?, necesito hablar contigo— solicitó Sesshomaru detrás de la puerta corrediza. —Adelante. — El nuevo señor de Occidente ingresó, encontrándose con su madre sentada sobre unos cojines, mientras acomodaba con cuidado sus finos kimonos en baúles de madera. —¿Qué haces? — quiso saber. —Distraerme un poco, ¿Qué necesitas? — respondió ella, mirándolo y notando que parecía cansado. —Hijo, deberías dormir un poco, no es bueno que te desveles tanto, aunque tu resistencia natural te lo permita. — —Madre— se arrodilló cerca de ella. —Necesito saber qué hacer con los demonios Tora, su mutismo me da un mal presentimiento, no han contestado y no ha llegado ningún heraldo, ¿Eso es normal? — La demonesa terminó de guardar el último kimono y cerró el arcón. —Ellos vendrán, estoy segura— empezó a doblar otras telas cercanas. —Yo también lo ansío, porque tengo el presentimiento de que ellos van a revelarnos algo más acerca de tu padre. — El joven Inugami guardó silencio. Era verdad, el relato de su progenitora no estaba completo, pues ella no supo qué fue de los tigres blancos después de que su abuelo les perdonara la vida y fueran sometidos por su padre. Esa parte de la historia era fundamental para saber qué sucedería con la casa ToraYoukai ahora que Sesshomaru era el nuevo Lord. —Crees que… sea algo oscuro, semejante a lo dicho por Kiba. — Ella asintió y su gesto se tornó sombrío por un instante. —Estoy segura de que así será— su tono fue serio, pero casi de inmediato lo suavizó. —En fin, sólo queda esperar, y ahora, quiero hablarte de algo importante. — Sesshomaru notó el cambio repentino de conversación, pero no pudo hacer nada, así que únicamente asintió. —Hijo, voy a mudarme, ya no deseo vivir aquí. — El desconcierto se reflejó en el rostro del joven Lord. —¿Qué?, ¿Por qué has tomado esa decisión?, ¿Por qué ahora? — preguntó con leve molestia. La demonesa lo miró impasible, sabía que no le agradaría esta noticia. Pero no iba a cambiar de parecer, necesitaba alejarse un tiempo de ese lugar. Nunca tuvo la intención de guardarle luto a InuTaisho y tampoco deseaba seguir recordando todo lo vivido. Y aunque sabía que esto formaba parte del proceso de asimilación de su nueva vida como viuda, cada rincón de aquel palacio aún guardaba algo del difunto, y ya no deseaba continuar soportándolo. —Es una cuestión personal, necesito tiempo para mí misma, alejarme del recuerdo de tu padre— dijo con calma, retomando su actividad con las telas. —¿Estás bien?, yo pensé… es decir… supongo que… — Sesshomaru hizo una pausa y bajó el rostro un instante. Hasta ese momento, no había considerado el sentir de su madre respecto a la muerte de su padre y todo lo que dicho evento suscitó. —Perdón, no me había puesto a pensar en tu dolor personal… imagino que mi padre tampoco fue un marido ejemplar. — Ella sonrió levemente, al menos su heredero no era tan frío como siempre aparentaba. —No te preocupes hijo, yo sé lidiar con esto y tarde o temprano, pasará. — —¿A dónde piensas mudarte? — interrogó, mirándola de nuevo. —El palacio del Oeste siempre ha sido el hogar de los gobernantes, pero no es el único, yo tengo mi propia residencia en los límites del cielo— le dijo, al mismo tiempo que colocaba una mano sobre su hombro. —No te inquietes, no me voy a ir mañana y tampoco te dejaré solo en esto, el reino del Oeste necesita de los dos por ahora. — Sesshomaru asintió. No es que temiera estar solo, pues ya no era un niño. Sin embargo, carecía de la experiencia suficiente para desenvolverse como Lord cardinal. Todavía necesitaba de su progenitora, ya que, la verdad sea dicha, su padre le quedó a deber mucho conocimiento en cuestiones de liderazgo.:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:
Al día siguiente, por la tarde. Alrededores del Palacio del Oeste. Un grupo de tres soldados hacía su recorrido normal de vigilancia, cuando de pronto, sintieron una extraña presencia. El aura del youkai que se acercaba a ellos, con paso tranquilo y postura recta, era imponente, pero poco conocida, dado que muy rara vez un demonio de su especie se dejaba ver por aquellos lares. De inmediato se pusieron en alerta. —¡Maldición, tengan cuidado, es un demonio Tora! — advirtió nervioso el soldado más viejo de ellos. —¿Qué has dicho? — sus compañeros hicieron un gesto de asombro, pues no habían tenido la oportunidad de interactuar con uno. El visitante llegaba solo, y su llamativa estampa no pasaba desapercibida en absoluto. Vestía con armadura roja, de diseños dorados y fajas del mismo color. Portaba una larga katana en el cinto y, por último, traía colgando en el hombro derecho una bolsa de piel grisácea. Su expresión general era seria y, dada su forma humana, parecía ser de mediana edad. A pesar de todo, los soldados, un poco intimidados, pudieron notar que no traía intenciones agresivas. —Buenas tardes— saludó cortés, pero conservando un tono marcial. —Mi nombre es Shirotsume, provengo de las montañas Occidentales y he venido a presentarme ante Lord Sesshomaru— de la bolsa de piel, extrajo un pergamino que extendió hacia el guardia mayor. —Él solicitó una respuesta en su comunicado y aquí estoy. — El viejo soldado levantó una ceja al ver el sello de la casa InuYoukai en el papel, lo que significaba que era un documento oficial, por lo tanto, el youkai Tora decía la verdad. —Bien, pero tendrá que acompañarnos— miró a su compañero. —Ve rápido a notificar su llegada, nosotros lo escoltaremos. — El guardia más joven corrió de inmediato al Palacio. … Sesshomaru e Irasue terminaron de almorzar en ese momento. Salieron del comedor e iban conversando de algún tema, cuando llegó el capitán de guardia con premura. Su gesto parecía nervioso, así que tan pronto se arrodilló ante ellos, dio su mensaje. —Lord Sesshomaru, Lady Irasue, lamento interrumpirlos, pero un vigía acaba de reportarme que hay un visitante fuera de lo común que desea verlo, mi señor. — —¿De quién se trata? — —Es un guerrero Tora, no se trata de un heraldo común— el soldado hizo hincapié en eso. —Su nombre es Shirotsume, además, mostró un pergamino con el sello real, él dijo que fue mandado a llamar por usted… ¿Cómo procedemos, mi señor? — En ese momento, Irasue sintió una punzada en el pecho al escuchar semejante noticia. Por fin, después de tanto tiempo, un youkai Tora venía al palacio del Oeste. Se quedó muda por un par de segundos, esto era algo que los tomaba por sorpresa, ya que ellos habían esperado un mensajero común con una carta, no directamente un soldado de alto rango. Ella volteó hacia su hijo, notando el mismo desconcierto en su semblante. —Déjenlo pasar— por fin habló Sesshomaru, más o menos disimulando su sorpresa. —Llévenlo al gran salón y pon a un grupo de tus hombres en alerta, vigílenlo. — —Sí, mi Lord— confirmó el capitán de guardia, marchándose con premura. Sesshomaru miró a su progenitora. —Creo que ha llegado el momento de averiguar algo más del pasado, ¿No crees, madre? — —Me temo que sí— contestó ella, recuperando la compostura. —Sólo espero poder soportarlo— pensó para sí misma. Ambos se encaminaron al salón principal. … El ambiente se volvió extraño de repente. Sesshomaru estaba sentado a la cabeza de la gran mesa rectangular y su madre permanecía a su derecha. Cerca de ellos, y del lugar designado para el visitante, había vasos, un ánfora con agua fresca y canastas con fruta, todo dispuesto para los participantes de tan inesperada reunión. No había amenaza alguna en el aire, el aura demoníaca del gran felino estaba muy tranquila. Pero cuando vieron entrar al imponente guerrero, escoltado todavía por los soldados, tuvieron la sensación de que éste acontecimiento sería de suma importancia y que tal vez, habría un antes y un después. —¡Por todos los cielos, es idéntico a Kurotsume! — pensó Irasue con asombro y al mismo tiempo con aprensión. Los guardias hicieron una inclinación y salieron del lugar, cerrando las puertas y quedándose afuera para vigilar. Ella lo observó detenidamente, mientras el tigre se aproximaba y hacía una reverencia marcial para ambos. Era alto y fornido, con llamativas rayas negras sobre su piel clara y parte del rostro. Su cabello negro y largo estaba sujetado en una coleta alta, dejando libres algunos mechones pequeños sobre su frente. Sus ojos eran del mismo azul zafiro intenso que ella recordaba en Kurotsume. Por último, la armadura e insignias eran de un alto rango militar. Indudablemente, el recién llegado era idéntico al youkai que alguna vez fuera su cuarto pretendiente en el cortejo. —Saludos, señor del Oeste, mi Lady— dijo el felino con voz profunda. —Mi nombre es Shirotsume, y vengo en representación de la casa ToraYoukai— levantó el rostro, mirándolos con seriedad. —Bienvenido, representante de los tigres blancos— contestó Sesshomaru, con la misma seriedad y estampa que debía demostrar como señor de esas tierras. —Toma asiento, tenemos mucho de qué hablar. — Asintiendo, el demonio Tora se acercó a la mesa, sentándose frente a Sesshomaru. Aunque la distancia era respetable, podían verse y escucharse perfectamente. Sus ojos azules escudriñaron a ambos Inugamis, y aunque su contemplación no era intimidante, sí parecía ocultar algún tipo de sentimiento en su contra. —Entonces, usted es el hijo de InuTaisho— el felino habló sin rodeos, entornando la mirada. —El nuevo señor de la zona Occidental… el nuevo amo al que debería servir mi pueblo— esas últimas palabras fueron afiladas. Irasue comprendió que esto tomaría un matiz peligroso si Sesshomaru no tenía el debido cuidado. Aquel guerrero bien podría traer consigo una declaración de guerra lista para ser anunciada. Después de todo, la muerte de InuTaisho marcaba el fin de la lealtad de los tigres blancos. Miró de soslayo a su heredero, él se mantenía serio, pero pudo olfatear un ligero nerviosismo en su persona. —Antes de que digas otra cosa— habló el joven Lord. —Quiero dejar en claro que, yo no soy como mi padre. — El recién llegado entrecerró aún más los ojos, mientras colocaba los codos encima de la mesa y descansaba su barbilla sobre sus manos entrelazadas. Ese gesto denotaba cierta altanería, pero Sesshomaru estaba dispuesto a tolerarlo, más que nada, porque deseaba saber a qué atenerse con estos youkais. El silencio de algunos segundos fue incómodo antes de su respuesta. —¿Dice que no es como su padre? — sonrió levemente. —Esas palabras insinúan un desligue de responsabilidad respecto a los actos de su predecesor— borró la sonrisa y su mueca se tornó grave. —¿Entonces ahora me va a decir que desconoce el estatus de la casa ToraYoukai y de los tigres blancos en las montañas boscosas? — El Inugami titubeó por un instante, Shirotsume estaba poniéndolo a prueba. No obstante, por más que quisiera evitar el conflicto de intereses, era necesario aceptar la verdad. —Es correcto… mi padre siempre mantuvo una estricta confidencialidad en todo lo relacionado a ustedes— se reacomodó en su lugar. —Sé que tu pueblo mantenía un frágil lazo con la casa InuYoukai, pero los motivos reales de dicha situación nunca me fueron revelados. Tras la muerte de mi padre, me he dado cuenta de que… dejó muchos pendientes por resolver. — De pronto, el gran felino soltó una risa burlona que desconcertó a madre e hijo. —¡Miente! — masculló, enseñando parcialmente los colmillos. Dicha señal fue interpretada como una sutil amenaza por parte del joven Lord, pero no quiso adelantarse a los hechos. Su madre ya le había advertido que habría momentos como éste, en los cuales debía saber cómo manejarse frente a los demás. Pero antes de poder responder, ella se adelantó. —Shirotsume— lo llamó con voz firme y seria. —Estás en tu derecho de indignarte y no creer una sola palabra de lo que digamos, pero puedo asegurarte que mi hijo no miente, él no sabe nada de lo que hizo su padre con ustedes… incluso yo sé muy poco al respecto y eso que InuTaisho era mi compañero. — El demonio Tora la miró fijamente. —Lady Irasue, yo podría creerle, pero me resulta muy difícil pensar que no mantiene cierta lealtad con su difunto marido, después de todo, se casaron y convivieron por mucho tiempo. — El gesto de ella se endureció de pronto, pues odiaba que la asemejaran con InuTaisho y sus turbias conductas. —Voy a dejar algo en claro de una vez— dijo, sosteniéndole la mirada y sin disminuir la seriedad en su tono. —Yo no estuve de acuerdo con todas las ideas de InuTaisho. Sé que cometió muchos errores y sus deudas de sangre son incontables, pero antes de indagar en toda la mierda que dejó, aclaremos algo— su hijo volteó a mirarla, sorprendido por su lenguaje, pero no dijo nada. —¿Puedes decirnos quién eres en realidad? — El tigre blanco siguió contemplándola fijamente, intentando encontrar la mentira en sus ojos ámbar, pero se dio cuenta de que hablaba con la verdad, y con un rencor poco disimulado. Él sonrió de nuevo y bajó las manos a la mesa, tomó un poco de aire y lo soltó, relajando su expresión. Después de todo, el felino sabía algo de ella que sustentaba dichas palabras en contra del fallecido InuTaisho. —Entonces, que así sea— habló por fin. —Supongo que yo le recuerdo a alguien, ¿No es así, Lady Irasue? — —Sí, pero no estoy segura, así que dímelo tú. — Sesshomaru se mantuvo en silencio, éste asunto era de suma importancia. Sabía que su madre se encargaría de hacer las preguntas correctas para obtener la información completa. —Soy el hijo de Kurotsume, el candidato que intentó asesinar a su padre en el cortejo. — Ambos Inugamis se quedaron estupefactos por un instante. Sesshomaru hizo un leve gruñido, dispuesto a reclamar, pero su progenitora lo detuvo, colocando una mano sobre su hombro. —Cálmate hijo, esto apenas es el comienzo, no te precipites, que aún faltan muchas revelaciones y no todas serán gratas— explicó, para luego mirar al tigre nuevamente. —Así que eres el hijo de Kurotsume… me imagino que tú ya estabas presente cuando él fue convocado a mi cortejo, ¿Verdad? — Shirotsume asintió. —Yo tenía cinco años cuando mi padre fue mandado a llamar por los líderes de la casa ToraYoukai— comenzó a explicar. —Siendo quien era, fue elegido para responder a la solicitud del antiguo Lord, quien invitaba a los tigres blancos a postular un candidato para el cortejo de la heredera, usted, en aquel entonces— hizo una pausa, tomando el ánfora y sirviéndose un poco de agua. —Él no pudo negarse, dado que, aunque me tenía bajo su cuidado, era viudo, pues mi madre había muerto en batalla un año atrás, así que era un buen postulante. — Irasue meditó dicha información. Tenía lógica, ya que Kurotsume era el más maduro de los cinco candidatos. Pero no comprendía porqué, en aquel entonces, hizo lo que hizo, si tenía un cachorro que cuidar. El tigre tomó un par de tragos y continuó. —Mi padre fue educado como todos los demás, con las historias antiguas de nuestro pueblo y el rencor latente contra la casa InuYoukai por lo acontecido con nuestros antepasados. Los líderes vieron una inmensa oportunidad en el cortejo para recuperar el poder del territorio Occidental, haciendo bien las cosas. Así que, trabajaron en una estrategia para ganar el favor de usted, Lady Irasue, pero… eligieron al youkai equivocado. — Los Inugamis no perdían detalle de la conversación, ahora se revelaban poco a poco más detalles del pasado. —Él tenía bastante rencor contra el antiguo Lord, debido a que éste, no respondió a las solicitudes de apoyo para los tigres blancos. Por aquella época, un grupo de monstruos primitivos, venidos del reino de Joseon, alcanzaron el territorio, dispuestos a infiltrarse por las montañas. Mis padres lideraron la defensa, y aunque lograron repelerlos, muchos guerreros Tora murieron. Mi madre fue asesinada en una emboscada, lo que provocó que mi padre casi enloqueciera. — Irasue no estaba al tanto de dicha información. En algún momento, ella sospechó de las malas prácticas que el linaje Inugami ejecutaba en contra de los demonios Tora, pero ahora podía confirmar que fueron verdad. Sus padres jamás dijeron algo que los comprometiera, pero era obvio que situaciones de éste tipo, se daban constantemente. Todas bajo el agua y de las cuales muy pocos estaban enterados. Por lo tanto, el rencor de la casa ToraYoukai estaba justificado, y el atentado que sufrió su padre en el cortejo, también. Evidentemente, Kurotsume no hizo mención de su compañera asesinada, sólo bastaba con recordarle al antiguo Lord que los demonios caninos eran unos malditos bastardos. —Kurotsume quiso vengarse— interrumpió la demonesa. —Comprendo su rencor, pero lo que hizo fue demasiado arriesgado, mi padre era muy poco tolerante a las traiciones. — —Lo sé, mi Lady— Shirotsume volvió a beber agua y prosiguió. —Mi progenitor cometió un grave error, guiado por el rencor y el dolor de la pérdida. Sin embargo, el que InuTaisho interviniera para evitar nuestra expulsión del Oeste… nos condenó incluso más. — Madre e hijo se miraron entre sí, ahora venía la parte de la historia que involucraba a InuTaisho. El youkai tigre bajó levemente la mirada y su rostro adquirió un aire melancólico. —El día que Kurotsume fue ejecutado… yo estaba ahí… yo vi cómo rodó la cabeza de mi padre… —:*=*=*=*=*=*=*:
La katana dio su golpe mortal y una vida se extinguió. Los rugidos de impotencia de los demás tigres blancos opacaron el llanto del cachorro, que ahora quedaba completamente huérfano. El niño dejó de percibir su entorno y ya nada más le importó, él sólo quería correr hacia donde estaba el cadáver de su padre, quería abrazarlo por última vez. Pero los grilletes se lo impidieron. A pesar de ser sólo un niño, Shirotsume fue encadenado con los demás felinos, pasando desapercibido al estar junto con otros infantes en el centro del grupo de prisioneros. En total habían asistido 25 youkais Tora al cortejo, incluyendo a Kurotsume y su sicario. Los que restaban eran: 11 soldados, 6 sirvientas, 3 ministros y 3 cachorros. Todos fueron aprisionados y arrojados a las celdas del palacio. De haber sabido que algo así sucedería, no hubiese insistido tanto a su padre para acompañarlo a ese lugar. Debió quedarse en casa, con su nana y esperarlo. Lamentablemente, ya no había marcha atrás. … Los mantuvieron encerrados un par de semanas, alimentándolos con sobrantes de comida y agua sucia. El Lord del Oeste no volvió a presentarse ante ellos. Sólo les llegaban rumores soltados por los guardias del palacio de lo que acontecía con la heredera y su futuro matrimonio. Shirotsume estaba sentado y reclinado contra la pared de una esquina, adormilado por el hambre y la debilidad. Lo habían colocado en la misma celda que a las siervas, probablemente para que lo cuidaran junto con los otros dos jóvenes tigres que también habían acompañado a sus padres. Ellas lo hicieron, puesto que era el hijo de su señor caído, sin embargo, los recursos no eran suficientes. Los adultos no morirían de hambre, dada su resistencia sobrenatural, pero los chiquillos corrían peligro de inanición. —Resiste pequeño— se acercó una sirvienta, ofreciéndole un mendrugo de pan. —Come por favor. — Él lo hizo con lentitud, y aunque le costó trabajo, logró terminárselo. De pronto, se escuchó que las rejas de hierro de la puerta principal se abrían, luego, múltiples pasos acercándose. Algunas sirvientas sisearon en un gesto de desconfianza y rencor. Del otro lado del pasillo, en la celda donde tenían a los ministros y soldados, igualmente se escucharon gruñidos de irritación al sentir la presencia de quien se aproximaba, escoltado por un grupo de guerreros Inugami. El visitante se detuvo a medio pasillo, de tal manera que todos los prisioneros podían verlo y escucharlo. —Presten atención demonios Tora, a partir de ahora, están a mi cargo y su vida depende de mí— habló InuTaisho con voz fuerte y engreída. —El señor del Oeste me ha dado vía libre para encargarme de ustedes y darles un escarmiento por lo que hizo Kurotsume— miró hacia ambas celdas y sonrió burlón. —No se preocupen, por el momento no morirán si se portan bien y siguen mis órdenes. — Shirotsume observaba fijamente al Inugami. Lo odiaba por haber ejecutado a su padre, pero por alguna extraña razón, tuvo el presentimiento de que el capitán canino aún no mostraba sus verdaderas intenciones. De repente, sin saber bien porqué lo hizo, tomó un desgastado cuenco con orines y caminó hacia la reja. Antes de que alguien se percatara y lo detuviera, el cachorro arrojó el contenido a los pies de InuTaisho. Los tigres blancos contuvieron el aliento tan pronto comprendieron lo que había hecho el jovencito. —¡Estúpido niño!, ¡Cómo te atreves! — gritó uno de los escoltas, apuntando su alabarda contra él. Un par de sirvientas quisieron apartarlo de la reja para protegerlo, pero Shirotsume se aferró con fuerza y gritó furioso. —¡Maldito seas InuTaisho, un día vengaré la muerte de mi padre! — El mencionado clavó su mirada dorada sobre él, e hizo un gesto al soldado para que no lo atacara. Sin importarle la suciedad que ahora humedecía sus pies y armadura, se acercó a los barrotes y se acuclilló frente a Shirotsume. La sonrisa que hizo fue lo suficientemente tétrica como para provocarle un sobresalto al niño. —Así que eres el hijo de Kurotsume… que interesante— con un rápido movimiento atrapó uno de sus brazos y lo jaló lo suficiente para obligar al cachorro a pegarse contra la reja, enseñándole los colmillos de forma amenazante. —Me serás muy útil, así como tus demás compañeros. — El pequeño tigre no pudo decir nada más, InuTaisho tenía un aire bastante intimidante. No lo estaba lastimando con su agarre, pero bastó con esas palabras para dejarlo asustado. A él y a todos los demás felinos. … Después de eso, los prisioneros fueron reunidos y encerrados en jaulas para ser transportados en carretas rumbo a las montañas boscosas. Siempre encadenados y sometidos por los escoltas que acompañaron a InuTaisho en tan “divertida” misión. Los niños fueron colocados en un transporte separado, apartándolos de sus padres y de las sirvientas. Obviamente el capitán canino tenía planes para ellos, después de todo, dos eran hijos de ministros, y el tercero, el vástago de un traidor al mandato Inugami. … Pasó únicamente un día, antes de que arribaran a un extraño lugar. No estaban ni remotamente cerca de las montañas Occidentales y eso era sospechoso. Shirotsume observaba con atención lo que ocurría en su entorno, pues su padre le había enseñado a ser precavido y analizar todo. La zona era un pantano y habían llegado a un claro semi despejado. Los ministros y soldados fueron llevados a otro sitio, dejando sólo a las sirvientas y jóvenes bajo vigilancia. Pasó un largo rato y cuando el chiquillo vio nuevamente a los adultos, éstos tenían en sus rostros una expresión de desolación. Todos fueron regresados a sus jaulas, y el silencio que reinó entre ellos fue absoluto. Shirotsume no supo qué les dijo InuTaisho, pero sospechó que fue algo muy malo. Momentos después, vio al susodicho acercarse, para luego dirigirse a todos los prisioneros en general. —Bien, ahora que están informados, sólo tienen hasta el anochecer para decidir— dijo con voz fría. —Si quieren sobrevivir, deberán elegir correctamente, de lo contrario, no volverán a sus montañas. — Los felinos se removieron inquietos. —¡Lo que pide es muy arriesgado!, ¡Y más si se trata de un youkai de ese tipo! — dijo nervioso uno de los ministros. —Lo sé, por eso deben atenerse al plan que les dije, si fracasan, morirán— gruñó InuTaisho amenazante. —Si todo sale bien, regresarán a su hogar y le explicarán lo que sucedió a sus líderes, es decir, la versión correcta de la historia. — —¡Por favor no lo haga, esto podría afectar al Lord del Oeste y a nosotros también!, ¡Ya le dije que no sabíamos lo que planeaba Kurotsume! — reprochó el magistrado. —¡No es justo que todos paguemos por ello! — El demonio canino se aproximó a la carreta donde estaba el prisionero. —¡Escucha mis palabras, y los demás también! — alzó la voz. —¡El viejo líder de la casa InuYoukai quería ejecutarlos en su patio hace pocos días!, ¡A él no le importa si tuvieron algo que ver o no en el atentado!, ¡Así que, háganse a la idea de que ahora todos los demonios Tora son una escoria para el Oeste!, ¡Sin mí, no lograrán permanecer aquí! — De cierta manera InuTaisho tenía razón, el viejo Lord ahora los odiaba un poco más y estaba dispuesto a expulsarlos de Occidente. Sin embargo, el capitán parecía muy seguro de sí mismo con lo que tramaba. Y es que, a pesar de no haber sido elegido por la heredera, su noble familia tenía mucha influencia en el territorio. —¡Sólo hagan lo que les ordeno, y yo me encargaré de que sigan teniendo un hogar! — sonrió con malicia. —¡De lo contrario, convenceré a todas las casas nobles de ir en contra de ustedes! — Los felinos guardaron silencio. Estaban entre la espada y la pared, ya que no había posibilidad de negarse al Inugami. La casa ToraYoukai había sido bastante respetada a pesar de que siempre estuvo relegada en las montañas. Pero, debido al atentado, eso había cambiado abruptamente. InuTaisho tenía la confianza del anterior gobernante, y muy probablemente, también la del nuevo Lord, así como de varios nobles. Por lo tanto, no les quedaba más que obedecer. —¿Algo más? — preguntó el capitán, mirándolos con frialdad. Un soldado Tora se acercó a los barrotes. —Lo que planea requiere de mucha precisión para no dejar cabos sueltos, además, necesita un cebo adecuado… ¿Cómo piensa hacerlo? — interrogó con seriedad y sin disimular su frustración. La expresión de InuTaisho se tornó siniestra. No dijo nada, simplemente volteó a mirar la jaula donde estaban los tres pequeños felinos. … Un día más pasó, en el cual, los tigres prepararon el lugar siguiendo las órdenes del Inugami. Shirotsume y los otros niños recibieron alimentos para mantenerlos en un mejor estado de salud, pero todo el tiempo, encerrados. Las sirvientas fueron usadas por turnos para encargarse de las actividades en el campamento, siempre bajo el dominio de sus captores. A su corta edad, el pequeño tigre comprendía más o menos lo que sucedía: Estaban planeando una especie de emboscada para alguien. Debido a su encierro, no podía darse cuenta de todo, pero bastaba con ver de vez en cuando las miradas sombrías de algunos adultos para entender que algo funesto acontecería. Y no se equivocaba, esa misma noche, el plan se ejecutó. Las sirvientas fueron encadenadas para luego ser llevadas a otro lugar desconocido. En cuanto a los ministros y soldados, éstos fueron armados con caretas, escudos y alabardas, ubicados en puntos estratégicos del pantano. Los escoltas Inugami se mantenían cerca, indicándoles qué hacer, siguiendo órdenes dadas con anticipación. InuTaisho no estaba presente, él se había marchado varias horas antes. Shirotsume sintió el miedo arrastrarse por su nuca cuando uno de los caninos se aproximó a la jaula con katana en mano. —¡Abajo mocosos! — ordenó, después de abrir la reja. —¡Caminen en esa dirección! — Los grilletes les pesaban a los niños, pero aun así bajaron torpemente de la carreta y obedecieron. Ya no había nadie a la vista en el campamento, y aunque olfatearon el aire para buscar a los demás, descubrieron que todos los aromas estaban ocultos, incluso el del sujeto que los llevaba. La noche era oscura dado que no había luna, y a pesar de su excelente visión nocturna, los jóvenes tigres no podían ver con claridad debido a la bruma cotidiana del pantano. —¿A dónde nos llevan? — inquirió el hijo de Kurotsume. —No hagas preguntas niño, sólo hazte a la idea de que serás testigo de algo fascinante— masculló el Inugami. Llegaron a un sitio donde la vegetación era densa y los árboles dificultaban el libre paso. Se les ordenó detenerse y arrodillarse en un punto específico. Shirotsume prestó completa atención a su entorno. Entonces vio que el escolta olfateaba el aire y movía ligeramente las orejas, buscando algo. Su mirada se clavó en una dirección y los niños hicieron lo mismo, porque en ese preciso momento, se escucharon gritos y un gran alboroto. Los rugidos de sus congéneres felinos fueron completamente distinguibles, pero a los pocos segundos, dichos sonidos pasaron del frenesí inicial, al pánico absoluto. Súbitamente, un aura extraña y pesada se hizo notar, estresando el ambiente. Hubo un resplandor violáceo que iluminó el lugar de donde provenía el alboroto. El guardia y los niños se erizaron ante la alerta de su instinto, el cual les avisaba de algo inquietante, que no podían ver por la niebla y los árboles, pero que se aproximaba hacia ellos. —Bien, es su turno niños— dijo fríamente el soldado. Apenas terminó la frase, un quejido ahogado se escuchó a la derecha de Shirotsume. Cuando giró la vista, vio que uno de los otros niños caía de bruces al suelo, escupiendo sangre de la boca. Su garganta estaba abierta de lado a lado, desangrándose copiosamente. El pequeño tigre se quedó mudo ante dicha imagen y no pudo moverse. El demonio canino dejó la katana manchada de rojo a un lado y quitó rápidamente los grilletes del infante caído. El otro cachorro que estaba cerca, empezó a gritar desaforado y se arrastró por el suelo para huir. El asesino tomó su arma de nuevo, y con un sólo movimiento, lo degolló, para de inmediato quitarle las cadenas también. Shirotsume estaba en shock, apenas comprendiendo que iba a morir. —Si todo sale bien, nos volveremos a ver— sonrió con demencia el escolta, acercando el filo al pequeño cuello. Aquello sucedió en menos de un parpadeo. El cachorro sintió un ligero dolor, luego la sangre tibia corriendo y finalmente, el frío de la noche. Su mirada se apagó por completo y todo quedó en silencio.:*=*=*=*=*=*=*:
El ambiente en el gran salón se volvió terriblemente pesado. El youkai tigre ahora tenía la mirada clavada en la mesa y su aura sobrenatural se había alterado un poco, expresando cierto grado de ira contenida. Semejante anécdota era inquietante por todo lo que revelaba, y lo que todavía permanecía poco disimulado. —Estás… estás mintiendo— dijo Sesshomaru, rompiendo el silencio con su inseguro comentario. —No estarías aquí si hubieras sido asesinado… mi padre no pudo haber hecho eso— quiso aparentar seriedad. El guerrero Tora los miró de nuevo con sus intensos ojos azul zafiro. Ahora su expresión era una mezcla de emociones, donde se percibía la ira, la tristeza y la frustración. —¡No estoy mintiendo! — siseó, exponiendo de nuevo los colmillos. —¡Y lo puedo demostrar! — Se llevó las manos al pecho, desmontando la parte frontal del peto de su armadura. Dicha pieza estaba compuesta por una serie de placas pequeñas que hacían la función de protección en torno al cuello. Su piel quedó expuesta, revelando una grotesca cicatriz que rodeaba la mayor parte de su garganta, la cual resaltaba a pesar de las rayas negras que la cubrían parcialmente. Ambos Inugamis se quedaron fríos al verla. Un youkai adulto siempre puede regenerar sus heridas sin que le queden cicatrices. Pero esta habilidad sólo se desarrolla después de alcanzar cierta madurez. Un cachorro no tiene dicha ventaja, si sufre algún daño que provoque una marca en su cuerpo, ésta permanecerá para siempre como una estría cutánea. Inesperadamente, Sesshomaru sintió que el aura demoníaca de su madre se alteraba de golpe. Cuando volteó a mirarla, pudo sentir su furia creciendo sin motivo aparente. Quiso decir algo, pero ella se adelantó. —¡¿Cómo sobreviviste?! — inquirió con gélido tono. Sin inmutarse en lo más mínimo, Shirotsume entendió que la demonesa no estaba furiosa con él por las revelaciones, sino por lo que éstas insinuaban. —No sobreviví… —reveló sombríamente. —Fui revivido. — Irasue sintió que una garra invisible le estrujaba el estómago al comprender las palabras del felino. Él había sido asesinado, y en aquel entonces, sólo un youkai era capaz de traerlo a la vida nuevamente.***
Continuará… Por favor, háganme saber su opinión. 5/Febrero/2022