ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
Fandom:
Tamaño:
276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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18. Revelaciones IV

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Buen día: Les dejo el dieciochoavo capítulo, donde continuamos con las revelaciones del youkai Tora acerca de los oscuros actos hechos por InuTaisho. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 18: Revelaciones IV El dolor resurgió en el pecho de Irasue. Ese dolor antiguo que le estrujaba el corazón al recordarle lo que pudo ser, y no fue. Una situación que siempre la dejó herida y que, a pesar de conocer la verdad, los detalles más oscuros de dicho suceso apenas se revelaban en éste momento. El demonio Tora estuvo presente en lo acontecido siglos atrás, fue testigo de lo que hizo InuTaisho. —¡Maldita sea! — masculló para sí misma, aferrando con fuerza el medallón que pendía de su cuello, intentando no demostrar el dolor latente de su interior. —¡Contrólate Irasue, no muestres debilidad! — El semblante de la demonesa se endureció todavía más, y ahora se percibía su ira en el aire. Sesshomaru se sorprendió por esto, ya que pocas veces su progenitora perdía la compostura. Esto no era normal. —Madre, ¿Qué sucede?, ¿Por qué te has alterado? — interrogó el joven Lord. La Inugami bajó el rostro, exhalando pesadamente. El rencor se retorcía en su interior con fuerza, lo que la hacía perder el control de sus emociones alteradas. Durante mucho tiempo conservó una careta de frialdad ante los demás, y rara vez manifestaba gestos amables. Porque había aprendido que, mostrarse débil, se pagaba muy caro en éste mundo. Ella no respondió, simplemente se concentró en tomar aire y serenarse. El felino continuaba mirándolos con seriedad. Sabía muy bien porqué Lady Irasue se había puesto así. Su revelación no era cualquier cosa y aún faltaba la parte más turbia de dicho relato. Entonces, Sesshomaru volteó a mirarlo con un gesto de reproche. —Tus palabras han resultado funestas— gruñó por lo bajo. —Y espero que no mientas en nada de lo que has dicho Shirotsume, de lo contrario… — —No lo hago, Lord Sesshomaru— respondió secamente. —Y lo que me falta, quizás inquietará incluso más a su señora madre— tomó una fruta de la canasta cercana y comenzó a devorarla. Dicha acción fue como una pausa que Irasue aprovechó para ponerse de pie y darles la espalda. Ambos se quedaron callados y ella se encaminó al ventanal cercano para observar el horizonte. Estaba al tanto de lo que seguía en la historia de Shirotsume, no porque alguien se lo hubiese dicho, sino porque era la pieza faltante de un rompecabezas de recuerdos dolorosos. Tomó su collar para observar la piedra Meido, la cual pulsaba con un sutil brillo. —Lo sé… es tiempo de hacerle frente a esto… — caviló, al mismo tiempo que una rápida reminiscencia tomaba forma en su mente.

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Una semana después del evento matrimonial. Los padres de Irasue estaban despidiéndose de ella y de Narashinki. Era tiempo de que se marcharan del palacio para irse a vivir a su nueva morada. Algo completamente normal en sus costumbres, dado que la residencia del Oeste era sólo para los gobernantes actuales. Esos últimos días, el joven Shinigami estuvo trabajando junto con el padre de Irasue y el concejo de nobles para empaparse de las actividades y responsabilidades como nuevo Lord, aprendiendo rápidamente a desenvolverse en el ámbito político. Una vez terminada esa rápida “capacitación”, los viejos Inugamis por fin se retiraban. —Bien, nos marchamos ahora, les deseo lo mejor a los dos—dijo el antiguo Lord, abrazando a su hija y luego a su yerno. —Hagan que el Oeste sea más de lo que es hoy, sé que lo lograrán. — Ellos asintieron al unísono. —Estoy orgullosa de ambos— la Inugami mayor también los abrazó en despedida. —Que la fortuna y el cielo los bendigan. — —Gracias, madre, padre, no los defraudaremos— respondió Irasue, manteniendo una expresión tranquila. Esta despedida podría ser dolorosa para muchas criaturas con apego sentimental por sus parientes. No obstante, era lo común entre la mayoría de los youkais. Una generación se retiraba y dejaba las responsabilidades a otra, era el ciclo normal de la vida, y cuando se trataba de demonios con varios siglos de existencia, era necesario. Vivir tanto tiempo implicaba un gran esfuerzo físico y mental. El balance poblacional debía mantenerse equilibrado, por lo tanto, era necesario el alejamiento de los padres. Lo que en pocas palabras se podría traducir como un retiro indefinido y el descanso perpetuo si ellos así lo decidían. Y en el caso de los Shinigamis, era lo mismo. El padre del nuevo Lord se había jubilado de su puesto en la corte Shinigami para irse a vivir con su compañera al inframundo, dejando sus responsabilidades al hijo mayor, dado que el menor, ahora era el señor del Oeste. Entonces, a partir de éste momento, Narashinki e Irasue, eran los únicos en la cima del poder en las tierras Occidentales. Pero, gobernar un territorio así, no era tan fácil. Aunque el régimen InuYoukai tenía la lealtad de las demás casas nobles, siempre existían integrantes en sus filas que no estaban de acuerdo con la distribución del poder. Y es que la codicia y la envidia eran padecimientos latentes que podían surgir en cualquier reino, pueblo o nación. Irasue no lo vio venir, no supo darse cuenta en aquel entonces. … Un par de días después, cuando ella y Narashinki continuaban adaptándose a sus responsabilidades, sucedió algo extraño, una noticia que ninguno de los dos esperaba. Un día antes de la partida de sus padres, la heredera escuchó los comentarios de los guardias acerca de que InuTaisho por fin se había marchado con los tigres blancos rumbo a las montañas. El capitán canino se mantuvo cerca del palacio todo ese tiempo, en espera de que el viejo Inugami le diera la autorización para llevarse a los demonios Tora y así aplicarles el castigo correspondiente por su “insurrección”. Narashinki e Irasue no pudieron decir nada al respecto, puesto que la orden era inapelable y sólo les quedaba esperar el momento adecuado. Después de todo, ellos aún albergaban la esperanza de poder hablar con los líderes de la casa ToraYoukai, para intentar cambiar las cosas y darle una solución al conflicto entre especies. Pero ahora, la extraña noticia que traía InuTaisho, los dejó desconcertados. —¿Está seguro de lo que dice, capitán? — interrogó el nuevo Lord. —Sí, mi señor— confirmó el Inugami, postrado con una rodilla al suelo. —Ya estando cerca de las montañas Occidentales, decidí adelantarme para hablar con los líderes de los tigres blancos y explicarles lo acontecido en el cortejo— hizo una pausa y exhaló despacio. —Yo no me lo esperaba, pero un numeroso grupo de guerreros Tora apareció de la nada, salvando a los prisioneros y tomando de rehenes a todos mis hombres. — La pareja escuchaba con atención, dicho escenario era muy probable que sucediera. —Ellos no quisieron oír nada de lo que sucedió con Kurotsume y la decisión del anterior Lord de permitirles quedarse en el Oeste, a pesar de su traición. En cambio, me amenazaron de muerte si no volvía al palacio para entregar éste mensaje— extendió un pergamino hacia Narashinki. El aroma del papiro dejaba en claro que estaba escrito con tinta negra mezclada con sangre de youkai Tora, lo que significaba de manera implícita, que se trataba de un mensaje desafiante y sin miras a la negociación. El Shinigami leyó la nota, la cual exigía una pronta reunión con él, directamente y sin la intervención del concejo de nobles. En caso de no atender dicha demanda antes del día de mañana, ejecutarían a los soldados presos y se levantarían en armas, ahora sí, contra la casa InuYoukai. Irasue también leyó el mensaje, y aunque la situación se le hizo un poco extraña, no dijo nada. Ella estaba segura de que los líderes Tora eran bastante razonables, o al menos los más viejos. Pero podría estar equivocada, y quizás los tigres ya habían alcanzado su límite de tolerancia. Así que no se opuso demasiado cuando su esposo tomó aquella decisión. —Iré a dialogar con ellos. — Ella volteó a mirarlo preocupada. —¿Piensas ir directamente a sus dominios?, ¿Tú solo?, ¿No sería más conveniente debatirlo antes con el concejo y los generales, para luego tomar un camino de acción? — El Shinigami hizo una leve negación, mirándola sereno. —Estoy de acuerdo contigo Irasue, eso sería lo más adecuado en tiempos de calma, pero si es verdad que los felinos están a un paso de la sublevación, no deseo avivar su rencor contra nosotros— explicó en un tono diplomático. —Esta podría ser una oportunidad para limar asperezas, si me muestro abierto al diálogo y sin intermediarios, podría conseguir que desistan y lograr la paz entre ambas especies— dijo con total seguridad. —Además, no tenemos tiempo para reunir al concejo— miró de nuevo a InuTaisho— Capitán, necesito que me guie a las montañas de los demonios Tora. — El mencionado asintió con rapidez. —Como usted ordene, si partimos ahora mismo, llegaremos al anochecer. — … Cuando los vio marcharse, Irasue tuvo una sensación extraña de nuevo. Su intuición le susurraba que algo no estaba bien en todo esto, pero creyó que eran sólo sus nervios debido a la tensa situación. Tristemente, aquella fue la última vez que vio a Narashinki.

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El recuerdo lastimaba demasiado a la soberana. La punzada de dolor en su pecho iba en aumento, y llegaría a un punto en el cual ya no podría contenerlo por más tiempo. Sin embargo, era inevitable enfrentar la verdad, aunque ésta la destrozara. —Shirotsume, continúa por favor— pidió sin voltear. El felino terminó de comerse la fruta y exhaló con pesadez. —Lady Irasue, lo poco que supe de quien me salvó, fue gracias al cortejo y a los rumores que escuché cuando nos encerraron en los calabozos. Debido a su poder, es que estoy aquí— hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas. —Ahora comprendo la gran pérdida que significó para usted… y quizás para todos nosotros en el Oeste. — Ella no respondió, permaneciendo en el mismo lugar frente al ventanal, sólo tomó aire para amortiguar un sollozo que se negaba a dejar escapar. Por su parte, Sesshomaru hizo un gesto de incomprensión, aquellas palabras se referían a alguien que él no conocía. Pero su madre sí, y eso parecía alterarla un poco más conforme el tigre relataba su verdad. —Sentir la muerte acariciando tu nuca no es algo agradable— prosiguió Shirotsume, conservando un matiz de seriedad y amargura, mientras los recuerdos fluían vívidos en su memoria. —Yo fui el primero en abrir los ojos nuevamente… él me miraba con gentileza… —

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El frío momentáneo que sintió el cachorro empezó a retroceder y el calor de la vida lo envolvió de nuevo. No entendía lo que estaba sucediendo, porque se sentía demasiado aturdido. Sus ojos se encontraron lentamente con una mirada de extraña tonalidad violácea que expresaba amabilidad y confianza. El infante lo reconoció, era uno de los otros candidatos del cortejo. —No te muevas pequeño, estás muy débil por la pérdida de sangre— dijo el youkai que lo sostenía con cuidado. Shirotsume sintió que le ardía la garganta, donde había recibido la herida mortal. Pero a pesar de eso, ya no sangraba y ahora podía respirar otra vez. Su corazón latía de nuevo con fuerza y el aire llenaba su pecho con grandes esfuerzos. Aunque se sentía adormilado, logró percatarse de lo que acontecía a su alrededor. —Quédate aquí, respira lento— el demonio se apartó de él, acercándose a los otros infantes. —Maldita sea, ¿Por qué lastimaron a estos niños de semejante forma? — inquirió al aire. De inmediato se agachó y colocó sus manos sobre el pecho de uno de ellos, manifestando una resplandeciente luz violeta. Shirotsume abrió los ojos en grande al ver lo que sucedía: El cuerpo del otro cachorro se sacudió y unos segundos después, comenzó a reaccionar… volviendo a la vida. El asombro se reflejó en su infantil rostro al ver tan inverosímil escena. —Mensajeros, les ordeno que se alejen— masculló por lo bajo el youkai, mientras repetía el mismo proceso con el chiquillo faltante. —Vamos pequeño, vuelve— la energía sobrenatural de sus palmas se desplegó con más intensidad. Los escalofríos recorrieron al joven felino. No tanto por el miedo de presenciar la resurrección de sus congéneres, sino por la sensación que le provocaba sentir el poder de aquella criatura… un Shinigami. El tercer pretendiente en presentarse ante la heredera del Oeste, y quien impidió el asesinato del viejo Lord. Shirotsume intentaba hilar sus pensamientos para comprender todos los eventos, pero su pequeña mente aún era muy joven, y sólo el instinto de supervivencia era lo que lo mantenía en alerta. Entonces escuchó un gimoteo, y cuando volteó, vio al segundo niño revivido comenzar a llorar, al mismo tiempo que hacía un gesto de pánico absoluto. Siguió su mirada y el temor también lo recorrió cuando, de entre los árboles, vio aparecer al mismísimo InuTaisho, seguido por el soldado canino que los ejecutó. El capitán lo miró directo a los ojos y sonrió de una manera increíblemente perturbadora. El niño se quedó perplejo y su corazón dio un vuelco al ver que, en su mano derecha, portaba una llamativa espada que poseía una resplandeciente gema púrpura al final de la empuñadura. La hoja estaba manchada de rojo goteante. De inmediato pudo reconocer el olor de la sustancia, era la sangre de los guerreros y ministros Tora. —Por fin lo alcanzo, Lord Narashinki— habló InuTaisho, tan pronto desvió la mirada hacia el Shinigami. —Le informo que todos los felinos agresores han sido eliminados, éste es uno de mis hombres que logró escapar de ellos— señaló al otro Inugami, quien hizo una rápida reverencia. Narashinki se puso de pie, dejando sentado al último cachorro una vez que éste reaccionó. Pero ahora su rostro se notaba visiblemente pálido y su respiración muy agitada, como si hubiese hecho un gran esfuerzo. —Necesito saber qué está sucediendo exactamente, los demonios que nos emboscaron eran los mismos que tú escoltabas de regreso a las montañas— habló con seriedad, quedando frente al Inugami. —Aunque su aroma estaba disfrazado y la neblina no me dejó ver con claridad, pude percibir que eran ellos, ¿Por qué estaban en esta zona pantanosa? — InuTaisho hizo una leve inclinación. —Lo desconozco por completo, yo le aseguro que los llevé hasta las montañas, donde nos atacaron los otros guerreros Tora— respondió impasible, para luego mirarlo detenidamente. —¿Se encuentra bien?, parece debilitado. — Era verdad, el Shinigami no podía disimular la extenuación que ahora lo invadía por completo. Hace poco habían llegado a esa parte del territorio, después de unas horas de viaje, siguiendo un “atajo” por el pantano. Según lo dicho por InuTaisho, esto les ayudaría a llegar más rápido a las montañas Occidentales. Dado que Narashinki aún no conocía toda la geografía de la zona cardinal, confió en el Inugami para guiarlo. Sin esperárselo, y llegando a ese sitio de complicado acceso, un ataque los tomó por sorpresa a los dos. Un grupo de guerreros agazapados en los árboles, comenzó a agredirlos sin miramientos, desplegando múltiples trampas cuidadosamente plantadas por toda el área. El Shinigami tardó en reaccionar, dado que no estaba acostumbrado a pelear. El enfrentamiento fue un poco arduo, y aunque el capitán InuTaisho lo ayudó, había quedado cansado al desplegar su poder de manera improvisada para contrarrestar los ataques, dado que no portaba armas. A continuación, el Inugami se alejó un momento, persiguiendo a un par de “enemigos” que huían. Y en ese preciso instante, el Shinigami olfateó la sangre fresca. Corrió de inmediato al lugar y lo que vio, lo dejó atónito: Tres cachorros degollados. No lo pensó, y de inmediato usó su habilidad sobrenatural para resucitar a los pequeños felinos, lo que terminó por dejarlo aún más exhausto. Revivir a otro ser no era tan simple, tenía su nivel de complejidad y requería de mucho poder para hacerlo. Traer de regreso a tres niños simultáneamente, tuvo consecuencias inmediatas. —¿Por qué hay crías de tigre aquí?, ¿Quién los asesinó de esa manera? — preguntó una vez más, sin prestar atención a su estado. —Esto es muy extraño, hay algo que no cuadra. — En ese instante, Shirotsume vio que el subalterno de InuTaisho, el cual se había apartado un poco de ambos, sacaba una cerbatana disimuladamente de su armadura y la apuntaba hacia la nuca del Shinigami. En menos de un segundo, comprendió lo que iba a suceder, y por más que quiso reaccionar para emitir una alerta, la pesadez de su cuerpo recién sanado se lo impidió. Narashinki no se percató de nada hasta que sintió el pinchazo en su cuello. —¡Pero qué…! — gruñó, al mismo tiempo que volteaba. El escolta sonreía con sorna, mientras dejaba caer el bambú. Antes de que el nuevo Lord pudiera decir algo, un súbito malestar se hizo presente, naciendo desde su nuca y extendiéndose hacia su torso, afectándole la respiración bruscamente. Su sobresalto fue mayor cuando el cuerpo comenzó a temblarle. —Lo lamento Lord Narashinki, el veneno de mi especie suele ser muy doloroso— habló InuTaisho con frialdad, a la vez que apuntaba la katana contra él. El aludido regresó a mirarlo, demostrando una creciente furia en su expresión al verse amenazado de esa manera, comprendiendo al fin, que todo había sido una trampa. —¡¿Qué está haciendo capitán?!— reclamó, enseñando por primera vez los colmillos, mientras se llevaba la mano a la nuca, arrancándose el dardo envenenado que aún supuraba la mortal sustancia. —¡¿Cómo se atreve a atacarme?! — El hijo de Kurotsume estaba conmocionado, pero, aun así, logró sentir un nuevo escalofrío cuando el aura demoníaca del Shinigami creció amenazante, a pesar de la herida. Los Inugamis también se inquietaron y más cuando Narashinki dirigió un brazo hacia el escolta. Sin necesidad de voltear, hizo un ademán con la mano, invocando un portal dimensional que se tragó al soldado desde el suelo, sin darle tiempo de siquiera gritar. —¡Fascinante! — sonrió eufórico InuTaisho. —¡Es increíble ese poder, el poder de un Shinigami! — retrocedió de un ágil salto para ponerse a salvo y atacar. —¡Justamente lo que deseo!, ¡Entrégame tu poder! — Sin darle tiempo de nada al nuevo Lord, el capitán balanceó con fuerza la espada en sus manos. La gema de la empuñadura resplandeció intensamente, generando una poderosa ráfaga, a la vez que su poder se manifestaba en oscuras sombras serpenteantes. Arrojó el ataque sin consideración alguna, importándole muy poco los daños colaterales. Sin embargo, el youkai de mirada violácea no se inmutó en absoluto, recibiendo de lleno la acometida. En un parpadeo, la energía demoníaca del arma comenzó a ser absorbida por un diminuto vórtice, creado en la palma de su mano. Desafortunadamente, la onda de choque inicial arrasó con todo lo que estuviera cerca, lanzando también a los cachorros Tora contra los árboles adyacentes. Shirotsume sintió un terrible dolor en su costado por los golpes y las ramas arañándolo. No obstante, su instinto de supervivencia lo hizo ignorar brevemente el daño físico para incorporarse y tratar de ver lo que sucedía en la pelea. Se quedó pasmado ante la escena: Narashinki había anulado por completo el ataque de InuTaisho. —¡Una espada… del inframundo!, ¡¿A quién… se la has robado?! — resolló pesadamente, estremeciéndose de nuevo por los espasmos del veneno. —¡No importa!… ¡Eso no te servirá contra mí! — El Inugami escupió una maldición, pero casi de inmediato volvió a sonreír cuando notó la sudoración y palidez del Shinigami. La sucia trampa perpetrada en su contra había sido perfecta, sólo debía cuidarse de no caer en sus portales del inframundo. —Soy consciente de ello mi Lord, sé que jamás podría vencerte en una pelea mano a mano— dijo, preparando un nuevo ataque, mientras se movía lateralmente. —Por eso decidí recurrir al veneno, a una pequeña mentira, y a la piedad que demuestras a los demás… ¡Tu naturaleza amable es tu punto débil! — se expresó burlón, dando un breve vistazo a donde habían quedado los niños. —¡Ser tan confiado y empático con todos, es una verdadera estupidez! — La gema de la katana resplandeció, expulsando un ataque mucho más poderoso, pero que esta vez, fue dirigido hacia los indefensos cachorros. Narashinki apenas pudo reaccionar, lanzándose velozmente en la misma dirección. Shirotsume se quedó congelado, pensando que sería desintegrado por el poder demoníaco de tan extraña espada. Súbitamente, el Shinigami apareció a escasos par de metros cerca de él, recibiendo todo el impacto. Su nuevo vórtice logró absorber la mayor parte del ataque, sin embargo, los intensos dolores del envenenamiento afectaron gravemente su concentración. Una fracción de la energía logró golpearlo, destrozando parte de su armadura y lanzándolo contra un árbol cercano, abriéndole numerosas heridas. InuTaisho no perdió el tiempo, así que, usando su velocidad sobrenatural, se arrojó en su contra. Narashinki lo vio venir, pero el aturdimiento de todo su cuerpo le impidió reaccionar. El filo mortal le atravesó el pecho limpiamente, incrustándose en el tronco. La katana pulsó una vez más, provocando que la energía demoníaca dañara a su víctima. La sangre comenzó a brotar de su boca y heridas. —¡¿P-Por… qué…?! — susurró entrecortado. El capitán se acercó a su oído y con fría voz le respondió. —Poder… la vida es un juego cruel, y sólo quien tiene poder, consigue ganarlo— enterró un poco más la espada, disfrutando de la agonía del Shinigami. Shirotsume observaba impotente. En ese instante, aunque estaba muy aterrado, comprendió que aquel Inugami era una completa amenaza para ellos, los demonios Tora, y para todos aquellos que se interpusieran en su camino.

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El demonio tigre hizo una pausa. Recordar todo aquello no era fácil, pero era muy probable que para Sesshomaru e Irasue, esto resultase mucho más difícil de aceptar. Miró el rostro del joven Lord y pudo darse cuenta que un dolor emocional estaba retorciéndose dentro de él. Por otro lado, la demonesa aún no volteaba ni decía absolutamente nada, pero el sollozo ahogado en su garganta era más notorio ahora. —No… puedo creer… lo que has dicho— murmuró el joven Inugami. —No es posible que mi padre… él no pudo… haber hecho eso… — Sesshomaru se quedó en silencio, desviando la mirada. La forma en que se expresó el guerrero Tora fue tan seria y directa, que era imposible dudar de sus palabras. Además, la cicatriz en su cuello confirmaba los hechos. Entonces, notó la cercanía de su madre, al mismo tiempo que olfateaba un aroma salado. Cuando alzó la vista para verla, se quedó atónito. Una solitaria lágrima se deslizaba por una de sus mejillas. —Es… sumamente doloroso recordar— dijo ella con voz temblorosa, pero fría. —Y lo es más el conocer por fin la verdad— miró a su vástago, sin importarle que éste la viese vulnerable por primera vez en mucho tiempo. —Lamento que sea de esta manera, hijo, pero es necesario que lo aceptes, tu padre fue un maldito bastardo. — Shirotsume guardó silencio, dejándolos asimilar la oscura realidad de quién fue en verdad InuTaisho. Sin embargo, esto aún no terminaba.

***

Continuará… Gracias por leer hasta aquí, y espero que se entienda el contexto de los eventos: Irasue quedó sola en toda esta situación porque ya no contaba con sus padres, dado que éstos simplemente se desentienden de sus hijos y se apartan de sus vidas, tal y como sucede con los animales. Cuando digo, “retiro indefinido” y “descanso perpetuo”, es una referencia a la muerte. Pero también se puede entender como un letargo muy prolongado por parte de youkais muy viejos, al grado de no volver a saberse nada de ellos. En cuanto al asesinato de Narashinki, esto sucedió principalmente porque era un demonio de personalidad amable y confiada. Recuerden que él no tenía experiencia viviendo en el mundo normal, y evidentemente, no sabía que no siempre se puede confiar en los que te rodean. Además, los Shinigamis siguen siendo seres vivos que pueden morir a pesar de su gran poder. Lamento haberlo asesinado, me agradó mucho la forma en como lo describí. Hasta la próxima. 12/Febrero/2022
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