ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
Fandom:
Tamaño:
276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
Notas:
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19. Revelaciones V

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Hola a todos: Les dejo el decimonoveno capítulo, seguimos con las revelaciones acerca de InuTaisho. Los invito a dejarme su opinión en un pequeño comentario, para saber si vale la pena terminar esta historia o ya no. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 19: Revelaciones V El joven Lord tardó en reaccionar. Todo lo que acababa de escuchar se sentía como un golpe a sus emociones internas, las cuales siempre procuraba mantener bien controladas. Pero ahora, con semejante secreto saliendo a la luz, su mente comenzó a generar muchas dudas, negaciones y… decepciones. El guerrero Tora no mentía, ya no podía aferrarse a dicha idea, y menos al ver la vulnerabilidad de su madre, la cual le confirmaba que todo era verdad. Su padre, el gran InuTaisho, tenía un pasado sumamente turbio, un lado oscuro que él jamás consiguió ver, pero que muchos otros sí pudieron experimentar en carne propia. En especial ella. La demonesa tomó asiento a su lado. —Madre… — las palabras se le atoraron, no estaba seguro que preguntar, a pesar de las dudas que ahora tenía en la cabeza. —Sí, hijo, estuve casada con otro youkai… el verdadero señor del Oeste— habló con un matiz doloroso en la voz. —Narashinki, un Shinigami del inframundo, un ser de personalidad totalmente opuesta a su naturaleza demoníaca, de gran poder y corazón amable… que confió en quien no debía— se limpió la lágrima con el dorso de la mano, observando de nuevo al visitante. —Me imagino que aún tienes más por decir, ¿No es así?, porque cuando InuTaisho regresó al palacio para darme esa maldita noticia, él no estaba en buenas condiciones. — El demonio tigre asintió, mirándolos con gravedad, preparándose para seguir revelando más mierda del pasado. —El capitán InuTaisho… él deseaba el poder del Shinigami— tomó el ánfora y se sirvió más agua. —Sin embargo, en sus últimos momentos de vida, aquella criatura no se fue sin pelear… — Bebió un par de tragos, mientras las memorias afloraban.

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Shirotsume pudo sentir que la vida se le escapaba al Shinigami. El engaño perpetrado para atraerlo aquí, la escaramuza para distraerlo, el haberlos revivido a ellos, desgastando su poder considerablemente, y luego ser envenenado por los Inugamis, todo sumado, fue fatal para él. Y ahora, el youkai de llamativos ojos violáceos estaba agonizando, todavía clavado al tronco del árbol. InuTaisho tenía una expresión demencial en el rostro cuando se apartó de Narashinki, mientras buscaba algo entre sus ropajes apresuradamente. —Será mejor que dejes de luchar, eso desgastará la energía vital que te queda— dijo, extrayendo un pedazo irregular de lo que parecía ser una piedra de oscura tonalidad morada. El pequeño demonio Tora seguía con la mirada fija en todo lo que sucedía, apenas recordando que le dolía el cuerpo y tenía algunas contusiones. Los otros niños no estaban lejos, pero uno permanecía inconsciente y el otro lloraba hecho un ovillo. Como fuese, Shirotsume no perdía detalle, observando cómo el Inugami acercaba ese trozo pétreo a la cara del Shinigami. —Ahora, dame tu poder— ordenó, al mismo tiempo que el mineral comenzaba a brillar. El demonio de cabello lila escupió un poco de sangre, sintiendo que la vista se le nublaba. Realmente ya no había nada que pudiera hacer para salvarse, pero, incluso así, no le permitiría a ese maldito perro salirse con la suya. Soltó una larga exhalación e hizo una sonrisa burlona. —¿Q-Quieres… mi p-poder?… lo tendrás… pero j-jamás… podrás u-usarlo… — masculló con frialdad. InuTaisho no se inmutó ante sus palabras. —Eso lo veremos, esta amatista espectral tiene la capacidad de absorber la energía vital de un ser moribundo, para conservarla y usarla más adelante— explicó, al mismo tiempo que unas gotas de sangre caían sobre la piedra. Ésta comenzó a resplandecer con más intensidad, “absorbiendo” un halo de energía que había comenzado a desprenderse del Shinigami. En pocas palabras, se trataba del robo de su esencia vital, la cual incluía su poder sobrenatural. A pesar de eso, la víctima no dejó de sonreír con burla en los últimos segundos de vida, hasta que sus ojos se cerraron y su cuerpo se aflojó por completo. Finalmente, había muerto. La amatista espectral terminó de absorber todo hálito de su existencia, hasta el último resquicio, dejando únicamente restos mortales que poco a poco se fueron desintegrando en un polvo gris que la tenue brisa se llevó. Shirotsume sollozó con dolor, sintiendo una inmensa tristeza. El Shinigami, el nuevo señor del Oeste, había sido asesinado, y muy probablemente, nadie haría pagar al perpetrador. No obstante, lo que sucedió a continuación con InuTaisho, fue estremecedor de ver. Quizás una consecuencia de sus actos. El capitán sostenía entre sus manos el mineral saturado con aquel formidable poder, el cual pulsaba una y otra vez. Pero, por algún extraño motivo, éste no parecía “estabilizarse” dentro de la amatista. —¡Maldita sea, su esencia ya debería estar inerte!, ¡¿Por qué sigue latiendo de esta manera?! — gruñó molesto, cuando de repente, un intenso vértigo lo invadió. —¡¿Qué demonios?! — El pequeño felino abrió los ojos demasiado cuando vio el rostro de InuTaisho con más atención, éste había comenzado a envejecer súbitamente. Su cabello se tornó gris y su piel palideció, las manchas cutáneas aparecieron por todos lados, para luego arrugarse vertiginosas, creando grietas que empezaron a sangrar. El Inugami se quejó de dolor ante semejante degradación física. Todo fue a peor cuando su cuerpo se debilitó, encorvándose notoriamente, mientras que, de su boca, escurrió una saliva teñida de rojo. Al mismo tiempo, múltiples piezas dentales, incluyendo sus colmillos, se desprendieron de las encías, precipitándose al suelo. —¡¿Pero qué mierda?!— gritó furioso al sentir que el daño corporal se aceleraba. Hizo una repentina mueca de terror cuando se miró las manos. Sus garras comenzaron a desprenderse y la carne a desecarse con rapidez. Los huesos se hicieron perceptibles bajo el pellejo acartonado de su piel. Instintivamente arrojó la amatista lejos, antes de que el desgaste vital continuase. Cayó al suelo, postrado sobre sus rodillas y manos, respirando agitadamente, sangrando todavía de las múltiples fisuras dérmicas. Ahora le quedaba en claro las últimas palabras del Shinigami: Jamás podría usar su poder, al menos no sin arriesgar la vida. —¡No puede ser!, ¡Maldita sea! — bramó nuevamente, sin dejar de observar sus dedos corroídos, el daño se había detenido. El hijo de Kurotsume contuvo la respiración, todavía estupefacto por lo que presenciaba. De pronto, escuchó pasos rápidos aproximándose a donde estaban. En cuestión de segundos, un grupo de soldados Inugami apareció, los mismos que habían preparado y ejecutado la emboscada. —¡Señor InuTaisho, ¿Se encuentra bien?!— preguntó uno de ellos, acercándose para auxiliarlo. Dos escoltas lo ayudaron a levantarse. El capitán se estabilizaba muy lento, y el agotamiento físico le impedía respirar bien. Escupió un par de maldiciones, permitiendo que sus hombres lo ayudaran, puesto que él no podía sostenerse por sí mismo. —¡Regresemos al campamento! — ordenó, mientras señalaba la amatista. —Tráiganla, pero no la toquen directamente, usen algo para envolverla, y también llévense a los mocosos. — Le dirigió una mirada gélida a Shirotsume, quien, en ese momento, pensó que tal vez los asesinaría de nuevo más adelante. … Al día siguiente en el campamento. Los escoltas caninos se habían pasado el resto de la noche desmontando las trampas y borrando todo rastro de lo que sucedió en el pantano. Los tres cachorros fueron regresados a la jaula con nuevos grilletes. InuTaisho estuvo reposando todo ese tiempo, y cuando por fin se sintió mejor, a eso del mediodía, fue a verlos. —Muéstrenme sus gargantas— ordenó con expresión severa. Ya había recuperado algo de su apariencia normal, pero todavía se notaba demasiado agotado físicamente. Además, las heridas continuaban presentes en su rostro, cuello y manos, como si éstas no pudiesen sanar con la auto regeneración propia de los youkais, manteniéndose ulceradas. Los tres chiquillos temblaron con aprensión, pero obedecieron de inmediato, descubriendo sus cuellos. InuTaisho entornó la mirada al ver las cicatrices, todas iguales, indicando el lugar donde su esbirro los había degollado. Pero ahora estaban cerradas y curadas, quedando sólo como marcas permanentes. Asimismo, los infantes parecían estar bien físicamente. Los soldados les habían curado las heridas superficiales, y en general, se notaban bien tras ser revividos. —Así que su poder es perfecto— soltó una risita complacida. —Revivir a los muertos es muy útil, aunque a mí me interesa más su habilidad para los portales al inframundo— clavó su mirada en Shirotsume. —Tú, mocoso, acércate. — Aunque tenía miedo, el joven felino lo hizo, quedando cerca de los barrotes. —Dado que eres el más resiliente de los tres, me serás bastante útil en el futuro— comenzó a explicar. —No los mataré si obedecen mis órdenes al pie de la letra, pero que les quede claro, lo que pasó aquí, jamás saldrá de sus bocas, a menos que quieran que les corte la lengua— dijo con malicia. —Regresarán a las montañas Occidentales, y yo me encargaré de hablar con sus líderes para que entiendan las nuevas reglas del juego. — Los tres niños comprendieron en ese momento que sus vidas, y las de todos los demonios Tora, ahora le pertenecían a InuTaisho. No dijo más, simplemente dio la media vuelta y se alejó de la carreta, dejándolos con un gran desasosiego. —Capitán InuTaisho— un soldado lo alcanzó más adelante, llevando un envoltorio oscuro entre sus manos. —¿Qué hará con la amatista?, es decir, parece muy inestable en su forma natural. — El Inugami lo meditó por un momento. —La llevaré con un forjador especializado— sonrió fríamente. —Es tiempo de hacerle una visita a mi viejo amigo Totosai… —

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Shirotsume exhaló cansado, haciendo una pausa para beber. Irasue y Sesshomaru permanecían en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos, resintiendo emocionalmente el conocer la verdad. —Después de eso, jamás volví a ver la amatista espectral… hasta ahora— sus ojos viajaron hacia Irasue y luego al collar que pendía de su cuello. —Que ironías de la vida— susurró. Sesshomaru sintió un escalofrío bajar por su nuca al girar despacio la vista para ver el medallón de su madre. No podía ser cierto lo que mencionaba el guerrero Tora, dicha situación era tan inverosímil. Pero, cuando nuevamente olfateó el aroma salado de las lágrimas, el estómago se le contrajo sin querer. Levantó la mirada, encontrándose una vez más con el sufrimiento de su madre, tan crudo y real, que simplemente no había posibilidad de negar los hechos. Un par de lágrimas escurrían por las mejillas de la demonesa. Su estoico rostro permanecía serio, sin revelar demasiadas emociones. Pero sus ojos ambarinos, esos, no podían ocultar el amargo dolor. El joven Lord no supo que decir. Sabía que aquella extraña gema ya la tenía su madre mucho antes de que él naciera. Entonces, eso sólo podía significar una cosa. —Hijo, Shirotsume, deberán disculparme— habló por fin. —Ya no me siento capaz de seguir con esta conversación— se levantó despacio, sin limpiar su rostro y apenas soportando el nudo de su garganta. —Encárgate de que nuestro invitado reciba una habitación adecuada, y atiéndanlo apropiadamente— dijo, mirando a su vástago. Visitante y Lord se pusieron de pie en señal respetuosa, mientras Irasue abandonaba el salón, encaminándose a sus aposentos. Tan pronto la puerta se cerró, ambos tomaron asiento de nuevo. El silencio se volvió pesado y estresante. Esta conversación aún no terminaba, pero Sesshomaru no estaba seguro de querer saber más, a pesar de que era necesario. —¿Dices la verdad respecto a esa amatista? — inquirió el Inugami. —Sí, es la verdad— respondió el tigre, alcanzando una nueva fruta para comer. —Es la misma piedra, no importa que haya sido tallada y engarzada, a pesar del tiempo trascurrido, aún puedo sentir su esencia, es la misma de aquel Shinigami, el mismo poder que me revivió. — Sesshomaru tragó saliva despacio, era demasiado turbio lo que insinuaba el visitante. Sin embargo, no deseaba indagar en más detalles, no sin su madre presente, así que cambiaría el tema de la conversación. —Por hoy, dejaremos dicho asunto de lado— tomó una fruta de la canasta cercana y dio un mordisco. —Ahora, quiero saber que te hizo mi padre y que sucedió con los tigres blancos en general, ¿En qué consistía la lealtad que les obligó a profesarle? — El guerrero Tora lo miró impasible, pero estaba dispuesto a entrar en detalles. Quería dejar las cosas en claro, para que más adelante, cuando revelara el motivo principal de su visita, el nuevo Lord no se extrañase de sus peticiones. —InuTaisho volvió al palacio, me imagino que habló con Lady Irasue, contándole una mentira acerca de la muerte de su esposo, culpándonos a los tigres blancos de ello— expresó amargamente. —Tiempo después, a mí y a los otros niños, nos llevó de regreso a las montañas, junto con un gran batallón de soldados bajo sus órdenes. Obviamente, iba con la intención de imponerse sobre mi pueblo. Las sirvientas, que habían sido apartadas de la emboscada en el pantano, también fueron regresadas, pero… — Hizo una pausa, terminando de masticar la fruta. —Una vez que estuvo ante el concejo de los viejos líderes Tora, el capitán las asesinó frente a ellos para intimidarlos. Igualmente, amenazó con decapitarnos a nosotros también y a todos los cachorros de mi gente si no obedecíamos sus mandatos de ahora en adelante. — El joven Lord no dijo nada, aquello era lo que un maldito tirano haría para someter a otros. Y su padre lo hizo. —No pudimos hacer nada, todo estaba en nuestra contra. Él extendió rumores y medias verdades entre los nobles y generales de la milicia, por lo tanto, la alta jerarquía del Oeste expresó su total desprecio contra nosotros. Si no fuimos expulsados del territorio, fue porque InuTaisho dio la orden de no “tocarnos”, debido a que únicamente estaríamos a su servicio personal. — Otra pausa, un poco de agua y prosiguió. —A grandes rasgos, su padre se hizo con el control de Occidente en base a sus relaciones políticas, sociales y militares. Su buena reputación entre los youkais de alto rango lo precedía, así que les habló con lengua dulce para obtener su apoyo y conseguir el poder de la zona cardinal. Su señora madre, al quedar viuda, fue obligada a casarse con él… — Sesshomaru entornó la mirada, enterarse de eso le provocó un enorme malestar. —Desconozco los pormenores de cómo sucedió dicho escenario, así que eso deberá preguntárselo a Lady Irasue personalmente— exhaló impasible. —En cuanto a mí y los otros niños revividos, nuestra vida fue dura. Yo quedé huérfano por completo, así que uno de los líderes me tomó bajo su protección. Mis compañeros aún tenían a sus madres, pero el trauma de lo vivido les pasó factura. Ahora son guerreros poderosos que comandan a muchos más, pero su personalidad es retraída y oscura… sólo esperan el momento para vengarse. — Los ojos azul zafiro se clavaron en los iris ambarinos, y por un breve instante, Sesshomaru comprendió que una rebelión de los youkai Tora estaba a nada de ser declarada. Tragó saliva despacio, pensando con cuidado sus siguientes palabras. —Y están en todo su derecho, lo entiendo perfectamente. — El tigre sonrió de medio lado y volvió a beber más agua. No hablaría de dicho tema por ahora. —Yo fui entrenado igual que Kurotsume, preparado para dirigir al ejército Tora— su mirada se desvió a la nada. —En los años que transcurrieron después de que InuTaisho tomó el poder del Oeste, mi pueblo pudo seguir viviendo con relativa tranquilidad, a pesar del aislamiento obligado. Así que continuamos con la protección de las cordilleras y sus bosques. Pero, cuando llegaba un comunicado de su padre, nosotros sabíamos perfectamente que nos mancharíamos las manos con sangre inocente. — El joven Inugami escuchó con atención. Dicha declaración se relacionaba mucho con lo revelado por Lord Kiba y lo explicado por su madre acerca del Nekomata Arashimaru. En ambos casos, se hacía mención de las crueles estrategias empleadas por su padre para obtener lo que deseaba. El semblante del youkai Tora se tornó incluso más grave. —Nos usó como simples instrumentos de guerra— clavó la mirada en su anfitrión. —Cuando pretendía apoderarse de un territorio, nos enviaba como grupo de choque para desestabilizar. Cuando deseaba asesinar a un dirigente, mandaba a uno de nosotros tres para hacerlo sigilosamente y sin dejar rastros. Cuando necesitaba secuestrar a alguien para chantajear a otro, empleaba a nuestros niños como cebo. Cuando necesitaba distraer a otros nobles como él, usaba a nuestras mujeres para ello. Y cuando se trataba de cazar o controlar a criaturas ferales, sacrificaba a nuestros ancianos. — El rencor podía notarse en el aire y Sesshomaru ya empezaba a sentirse abrumado con semejantes revelaciones. Shirotsume y su pueblo tenían perfectamente justificado su odio contra los Inugamis y el deseo de hacer caer a la casa InuYoukai. —¡Simples instrumentos desechables! — gruñó con frustración. —InuTaisho no se tentó el corazón para usarnos a su atojo, y a nadie le importó. A nadie le interesaba conocer lo que sucedía con los tigres blancos. Sólo se sabía que nosotros protegíamos las montañas Occidentales, pero ningún youkai quería saber si los recursos nos alcanzaban, si estábamos bien en número y salud, o si ya nos habíamos extinguido. — Tras escuchar esto, Sesshomaru no pudo evitar hacer la pregunta. —¿Por qué jamás intentaron rebelarse antes? — El visitante sonrió con amargura. —El poder de su padre era demasiado, no sólo por su naturaleza Inugami, si no por todo el control que ejercía sobre los demás nobles y habitantes del Oeste. Incluso los otros Lores cardinales no podían opinar respecto a lo que él hacía en sus dominios. Además, nuestro número comenzó a reducirse al paso de los años. Simplemente, el escenario no era el mejor para engendrar crías, y mucho menos para intentar una sublevación. — Lo sombrío de sus palabras le dejó en claro al joven gobernante que debía formular una pregunta más. —Entonces, ¿Ahora sí es el mejor escenario? — El guerrero Tora lo contempló con frialdad y mostró levemente los colmillos en un gesto irónico. —¿Usted qué cree, mi Lord? — —No quiero adelantarme a los hechos— dijo Sesshomaru, haciendo acopio de su mejor cara política, tal y como le había enseñado el Kamaitachi. —Pero estoy dispuesto a escuchar todo lo que tengas que decir al respecto, sólo que antes quisiera pedirte un favor. — El felino alzó una ceja. —¿Cuál? — —Espera al día de mañana— tomó un poco de aire y lo soltó despacio, cuidando el tono de su voz. —Mi madre, siendo todavía la señora del Oeste, debe estar presente y escucharte también. Ambos debemos hacerlo, para valorar todo lo que desees declarar, es lo menos que mereces por todo lo que mi padre les hizo. — Shirotsume continuó observándolo por largos segundos, decidiendo si valía la pena esperar, o era mejor revelar sus planes de una vez. —Veo que usted en verdad es distinto a su padre— asintió despacio con el rostro. —Bien, esperaré hasta el día de mañana. — —Gracias— entonces el Inugami aplaudió dos veces para llamar a la servidumbre. —En un momento te llevarán a tu habitación, se te dará de cenar, podrás asearte y descansar, cualquier cosa que necesites, házmelo saber. — El visitante confirmó en silencio. Entonces, la puerta se abrió y tres sirvientes entraron, haciendo una reverencia. —Atiendan a nuestro invitado, pasará la noche aquí— ordenó, mientras se ponía de pie. —Debo retirarme, necesito hablar con mi madre— le dio una última mirada, encaminándose a la salida.

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Irasue no deseaba llorar, pero no podía evitarlo. Después de retirarse del salón, se encerró en su alcoba, y ahora permanecía sentada en un pequeño diván, semi agachada y con el rostro entre las manos. El dolor en su pecho era tan intenso, que por un instante pensó que se le desgarraría. —Narashinki… — susurró con tristeza. Al fin conocía la verdad completa, una que ya había intuido desde hace mucho tiempo atrás. Ella supo que su primer esposo había sido asesinado, pero jamás se tragó la “verdad” que le dijo InuTaisho aquella vez. Un par de lágrimas escaparon nuevamente de sus ojos al traer de regreso el triste recuerdo.

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Habían pasado dos días desde que Narashinki se había ido con InuTaisho. Por lo que, al tercer día, cuando Irasue vio llegar al capitán sin su marido, tuvo un mal presentimiento. Para ese momento, el concejo de los nobles del Oeste y algunos generales de la milicia, ya estaban reunidos en el palacio por orden de ella. Los había mandado a llamar para poner sobre la mesa de discusión una posible solución que sanara la fracturada relación con la casa ToraYoukai. Lamentablemente, sus planes se vinieron abajo cuando el Inugami se presentó como si fuese el sobreviviente de una terrible batalla. Iba acompañado de algunos de sus escoltas, los cuales traían consigo las cabezas de los demonios Tora, exhibiéndolas como si fueran trofeos. En cuanto a él, su aspecto era sumamente inquietante: Parecía haber sido herido de tal forma, que aún tenía cicatrices ulceradas en el rostro, cuello y manos. Además de eso, también se veía bastante agotado. Irasue no podía creer que una pelea contra los guerreros Tora lo hubiese dejado en ese estado. No obstante, se reservó sus comentarios. —Mi señora, he regresado… y lamento ser el portador de terribles noticias— dijo el capitán con voz grave. —¿Qué sucedió?, ¿Por qué el señor del Oeste no te acompaña? — quiso saber ella y el concejo de youkais. —Fue una trampa… los demonios Tora nos atacaron y… — InuTaisho narró lo acontecido desde su perspectiva, con todos los detalles necesarios y acomodados convenientemente. Logrando que la historia quedase a su favor y en contra de los tigres blancos. Dejándolos como una escoria traidora que había asesinado al nuevo señor de Occidente, en represalia por lo acontecido en el cortejo, y por el largo historial de conflictos entre especies. En cambio, él se plasmó como un fiel acompañante que peleó junto a Narashinki, pero que fue víctima de un ataque en conjunto que lo dejó en ese lamentable estado, imposibilitado para salvar a su señor. No explicó los pormenores, debido a que “perdió la consciencia” y no supo más de sí mismo. Pero hizo hincapié en que los demonios Tora estaban organizándose para revelarse en contra de la casa InuYoukai. Por lo tanto, era urgente tomar medidas al respecto. Se hizo un gran alboroto por parte de los nobles y militares. Ellos se tragaron de inmediato lo dicho por InuTaisho, y aunque algunos se mantuvieron en reserva, era evidente que algo se debía hacer con los tigres blancos. Todos voltearon hacia Irasue, esperando su respuesta, dado que ahora el poder recaía en ella. —Eso es todo, mi Lady— dijo InuTaisho, manteniendo una expresión lacónica. —Lamento lo ocurrido, le ofrezco mi más sentido pésame. — Sin embargo, la heredera ya no escuchaba nada de lo que sucedía en el salón. Su mente se perdió por varios segundos, en los que intentó asimilar tan horrible noticia: Narashinki había sido asesinado. Sintió que su mundo se caía a pedazos. Ella y el Shinigami apenas estaban iniciando su reinado, y de pronto, se vio completamente sola, en medio de una situación tensa en contra de una especie que había sido acosada por su propia raza desde hace siglos y que, “aparentemente”, habían atentado en contra de su mandato. No sabía qué hacer, no tenía cabeza para tomar una decisión en éste momento. —¿Mi señora? — llamó uno de los generales. —Necesitamos saber qué piensa hacer y que nos diga cómo proceder, esto no puede quedarse así. — —Yo no… puedo… pensar en algo— musitó la heredera, sintiendo una contracción en el pecho debido a las emociones descontroladas que sentía. —Déjenla sola, necesita un descanso para asimilar tan funesta noticia— interrumpió una voz mayor, algo cansada, pero con la suficiente autoridad. —Éste espantoso acontecimiento debe ser revisado puntualmente señores, por favor, denle tiempo. — Irasue agradeció la intervención del viejo Kitsune. El respetable youkai aún permanecía a su servicio a pesar de su avanzada edad, y su lugar en el concejo tenía el suficiente peso para hablar de esa manera a los demás. Los otros demonios asintieron, comenzando a retirarse, murmurando entre ellos, cuestionando a InuTaisho por más información. Todos salieron del recinto, dejando a la señora del Oeste sola. El silencio reinó por un instante, para luego ser roto por los sollozos de la Inugami. —Mi Lady… — el zorro, quien aún no se marchaba, se acercó y la tomó de la mano respetuosamente. —Lo siento tanto… el señor Narashinki es una pérdida irreparable para nuestro reino. — la voz le tembló, mostrándose empático con ella. La joven demonesa no pudo más y se dejó caer emocionalmente. El viejo Kitsune la abrazó paternal, tratando de consolarla. Él era el único que podía tomarse semejante atribución debido a los siglos de servicio a la familia real. Así que por largo rato la acompañó, permitiéndole llorar amargamente hasta desahogarse. … Dos días después. La presión del concejo se hizo más intensa. Irasue ya no podía evadir su responsabilidad a pesar del malestar que sentía en el corazón. Sus deberes como soberana continuaban, y uno de ellos era tomar represalias en contra de los asesinos del Lord cardinal. No obstante, se rehusaba a ejecutar una masacre sin confirmar que en verdad los demonios Tora fueron los culpables. Desafortunadamente, los demás nobles no daban muestras de querer corroborar el asunto más allá de lo dicho por InuTaisho. Ellos deseaban castigar a los felinos y expulsarlos de inmediato. Entonces, el capitán intervino una vez más. —Señores, por favor, piensen bien sus palabras— explicó en voz alta, llamando la atención de todos. —Las hordas de criaturas provenientes del continente no han cesado en sus intentos de invadir nuestras tierras. Sin los demonios Tora como vigías, corremos peligro, así que no podemos expulsarlos, ni asesinarlos a todos. — —¿Qué propone, capitán? — interrogó Irasue, manteniendo una máscara estoica a pesar del dolor. —Yo no deseo que los conflictos entre nuestras especies aumenten, además, tengo el presentimiento de que los guerreros Tora no pretenden sublevarse del todo. — Murmullos inconformes se escucharon por todos lados, incluso algunas risillas mal disimuladas. Muchos de los que conformaban el concejo, eran youkais viejos de ideas retrógradas, y aunque no lo demostraban abiertamente, ellos creían que una hembra no servía para gobernar. —Pero mi señora, asesinaron al nuevo Lord, su esposo— habló uno de los generales. —No podemos dejar esto impune, y también debemos recordar que la casa Shinigami continental aún no se entera del crimen. — Los comentarios de preocupación aumentaron. Era verdad, los Shinigamis todavía estaban en espera de una futura reunión para empezar a tratar formalmente con el Oeste, lo cual, ya no sería posible. La poderosa alianza entre linajes había quedado anulada por completo debido al magnicidio. Irasue no quería ni pensar en lo que iba a suceder cuando aquellas criaturas se enterasen. —Señores, mi Lady, yo propongo lo siguiente— una vez más, InuTaisho ganó toda la atención. —Permitamos a los miembros de la casa ToraYoukai seguir viviendo en el Oeste, que continúen siendo los vigías de las cordilleras. Pero antes, démosles un castigo ejemplar, quizás algunas ejecuciones y una amenaza clara e irrefutable sobre lo que les sucederá si se atreven siquiera a levantar la mirada hacia el régimen Inugami. — Algunos nobles, los más cercanos al capitán, aceptaron rápidamente dicha propuesta. Otros la evaluaban, y algunos más, se reservaron sus comentarios. Pero la heredera pudo notar que, en general, todos parecían estar de acuerdo con InuTaisho. Entonces el viejo Kitsune, que estaba al lado derecho de Irasue, tomó la palabra. —Bien, asumiendo que esto es una situación delicada— observó al Inugami. —Capitán, encárguese de todo, vaya al territorio de los tigres blancos y aplique un escarmiento ejemplar. Todas las casas nobles aportarán un grupo de sus mejores guerreros, irá preparado con un batallón para someterlos. — La heredera volteó a mirarlo, sorprendida porque había pasado sobre su autoridad. —Pero… eso es un poco precipitado. — —Mi señora— el zorro la contempló serio. —Comprendo sus dudas respecto a los tigres blancos, pero ya no podemos permitir que éste asunto se extienda más de lo necesario. Además, hay otra cuestión que la involucra a usted… su viudez, no puede perdurar. — Y de pronto, el silencio se volvió inquietante. Las miradas de todos se posaron sobre ella, el viejo ministro había tocado un tema que no le pasó antes por la cabeza: Ahora era viuda. Dicha situación no estaba permitida en una sociedad patriarcal, y mucho menos si se trataba de la gobernante del Oeste. —¿A qué se refiere?… Narashinki no tiene ni una semana de muerto y usted me está diciendo que… — su voz titubeó. El Kitsune hizo una inclinación respetuosa. —Lo sé mi Lady, es injusto traer a colación dicho tema, pero es la ley, usted no puede regir en solitario las tierras Occidentales— sentenció con un dejo de severidad. Irasue sintió un espasmo en el estómago, no podía creer que esto estuviese pasando. Pero era verdad, según las antiguas costumbres, una hembra no podía gobernar sola, necesitaba estar casada con un youkai de noble linaje. Por lo tanto, era necesario buscar un nuevo Lord. En ese instante, la heredera sintió una mirada extraña sobre ella, así como la misma sensación incómoda que experimentó en otras ocasiones durante el periodo de cortejo. Observó a su alrededor sin decir absolutamente nada, pero cuando se encontró con los ojos dorados de InuTaisho, lo comprendió todo.

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Exhaló con cansancio, limpiándose las lágrimas. Tomó el medallón entre sus manos y acarició la piedra Meido con cierta ternura. —Siempre supe que él fue tu asesino, desgraciadamente, nunca pude hacer nada al respecto— susurró, como si le hablase a la amatista. —Bueno, excepto aprender a manejar tu poder— hizo una sonrisa triste. Entonces, escuchó pasos en el corredor, ya sabía que su hijo Sesshomaru iría a buscarla. Era evidente que tenía más dudas de las que el visitante podía resolverle. Tomó aire y lo liberó despacio, intentando serenarse. —Madre, ¿Puedo pasar? — —Adelante. — El joven Lord entró a la habitación, y tras cerrar la puerta, se acercó a su progenitora, arrodillándose frente a ella. Contemplar su expresión triste le dolió más de lo que imaginó. Pero era necesario que le aclarase un par de cosas, dado lo complicado de la situación que se avecinaba con los tigres blancos. —Madre, todo lo mencionado por Shirotsume es difícil de creer, pero imposible de negar— resopló, frotándose el puente de la nariz. —Lo último que me dijo, justifica totalmente su odio hacia nosotros y la casa InuYoukai. Mi padre fue un tirano con ellos, los esclavizó para convertirlos en sus ejecutores personales, sacrificándolos como carne de cañón en todo tipo de misiones, asedios, extorciones, asesinatos, y eventos relacionados con el control del poder. Temo que el día de mañana, haga su declaración de guerra. — La demonesa lo contempló impasible. Ella sabía muy bien que todo lo dicho por el guerrero Tora era verdad, por lo tanto, era inevitable que algo así sucediese. La muerte de InuTaisho significaba la completa libertad para los tigres blancos, y su oportunidad de cobrar venganza. —Hijo, debemos prepararnos para cualquier cosa. Pero toma en cuenta que Shirotsume ha venido solo, lo que puede significar más de una cosa— habló con seriedad, colocando una mano sobre el hombro de Sesshomaru. —Mañana, bien podría declararnos la guerra, o tal vez, desea otra cosa totalmente diferente. — —Pero… ¿Tú crees que sea así? — —Piénsalo bien, no crees que, si la casa ToraYoukai quisiera iniciar un conflicto bélico, ya lo habría hecho inmediatamente después de la muerte de tu padre, justo cuando estábamos más vulnerables. — Sesshomaru meditó sus palabras. Había lógica en ellas, aunque la inquietud no lo dejaba en paz. —Supongo que tienes razón, no debo adelantarme. — Ella asintió y le acarició la mejilla con suavidad. —Será mejor descansar un poco, lo necesitamos después de todo— exhaló por lo bajo. —Sé que tienes más dudas en relación a tu padre, pero ya no me siento con ánimos de rememorar dichas situaciones, así que, espera hasta mañana. — El joven Lord aceptó en silencio, su madre necesitaba estar sola y él respetaría eso. Hizo una inclinación y después se retiró de la alcoba. Pero, en vez de dirigirse a sus aposentos, se encaminó a la salida del palacio. Debía hacerle una visita a cierto herrero.

***

Continuará… Bien, esta es mi versión de lo que es la piedra Meido y a qué se debe su poder. Como recordarán, en el cortejo hubo momentos en que Irasue se sintió observada cuando convivía con sus pretendientes. Se trataba de InuTaisho, quien desde ese momento ya planeaba hacerse con el poder del Oeste. Desafortunadamente, ella no pudo prever todo lo que sucedería. Muchas gracias por leer. 20/Febrero/2022
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