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Capítulo 20: Amatista Montaña de fuego, esa misma noche. El lugar se mantenía imperturbable, con su típico ambiente sulfuroso y asfixiante. El demonio forjador llevaba siglos viviendo ahí, era su hogar y las altas temperaturas su elemento natural. Permanecía sentado frente a la entrada de su guarida, fundiendo algún material extraño con su aliento de fuego, mientras lo golpeaba con el martillo encima de un yunque. Cuando sintió la presencia de Sesshomaru acercándose en la lejanía, detuvo su actividad y se puso de pie, mirando con cierto recelo la llegada del joven Lord. —Totosai. — —Buenas noches, mi señor Sesshomaru— hizo una inclinación respetuosa. —Ha pasado algo de tiempo desde la última vez que nos vimos. — —¿Por qué no has ido a presentar tus respetos por la muerte de mi padre? — quiso saber el Inugami. El herrero desvió la mirada. No sabía cómo explicarle que Lady Irasue no lo quería ver ni en pintura, por el rencor que aún guardaba hacia él. Además, no era necesario hacer tanto protocolo, Totosai siempre fue fiel a InuTaisho y por obvias razones, su lealtad continuaría con su heredero. A pesar de lo difícil que era tratar con él. —Lo lamento mi señor, creí que no era conveniente, es decir, no soy bienvenido en el palacio del Oeste. — Sesshomaru entornó la mirada, era tiempo de indagar para revelar una nueva verdad. —¿Lo dices por mi padre… o por mi madre? — Totosai continuaba sin mirarlo, exhalando muy despacio. Si el primogénito de InuTaisho estaba aquí y hacía ese tipo de preguntas, era porque andaba en busca de algo. No era normal que el arrogante cachorro se dignase a visitar a los subordinados de su fallecido padre. Tal y como hizo el anterior Lord en vida, el hijo haría lo mismo: Buscarlo únicamente por su habilidad en metalurgia sobrenatural. —Mi Lord, no sé a qué se refiere, dígame si puedo ayudarlo en algo— se hizo el desentendido, mirándolo al fin. —Háblame de la piedra Meido, o, mejor dicho, de la amatista espectral— soltó a bocajarro el Inugami. —¿Qué hizo mi padre?, ¿Por qué te la trajo a ti? — su tono de voz se afiló y sus siguientes palabras se escucharon amenazantes. —Y más te vale no mentir, porque recién acabo de enterarme de cosas terribles acerca de él y no estoy de humor. — El viejo forjador palideció notoriamente y casi por instinto retrocedió unos pasos. Se quedó mudo por un instante y el corazón le brincó en el pecho. No era posible que Sesshomaru estuviese aquí, ordenándole hablar acerca de la amatista espectral. Aquel era un oscuro secreto que jamás debía salir a la luz. —¿C-Cómo… s-sabe acerca de la… a-amatista? — preguntó con miedo. —Su padre… me prohibió tajantemente hablar acerca de eso… a menos que quisiera morir— tragó saliva con dificultad. El joven Lord enseñó los colmillos. —¡Mi padre está muerto, su amenaza ya no tiene valor! — se acercó al herrero y lo tomó de sus vestiduras para sacudirlo. —¡Un demonio Tora ha venido al palacio para revelarnos a mi madre y a mí, toda la porquería que hizo en el pasado!, ¡Así que no juegues conmigo y dime la verdad! — Lo arrojó al suelo con fuerza. Totosai se arrastró hacia atrás, incluso más asustado. Si era verdad lo que Sesshomaru decía, entonces era tiempo de quitarse un peso de encima. Después de todo, él solamente fue un siervo de InuTaisho que estuvo obligado a obedecerle. Los tiempos eran muy diferentes en aquel entonces, y el anterior gobernante jamás creyó que sus viles acciones fuesen descubiertas algún día. Se equivocó. Se incorporó, sacudiéndose el polvo mientras tomaba aire para serenarse. Si no le revelaba la verdad al cachorro, éste lo mataría sin piedad. En eso, era idéntico a su padre. —Lo haré, le diré todo lo que sé— habló por fin, tomando su martillo de trabajo, observándolo con cierta melancolía. —Esto sucedió cuando InuTaisho llegó un día a visitarme de improviso… —:*=*=*=*=*=*=*:
El forjador era un ser ermitaño que rara vez salía fuera de su madriguera, excepto cuando se trataba de ir a entregar encargos metalúrgicos. De lo contrario, siempre se quedaba ahí. Por lo tanto, no se enteraba de todo lo que acontecía en las zonas cardinales. Así que se sorprendió bastante cuando, un par de semanas atrás, escuchó rumores en el pueblo youkai que visitaba para adquirir sus viandas. Los campesinos contaban que el capitán InuTaisho estaba a punto de casarse con la heredera del Oeste. A grandes rasgos, se enteró de que había sido invitado al cortejo de la señorita Irasue y que, aunque no fue elegido al principio, una serie de eventos desafortunados, le dieron la oportunidad de convertirse en el Lord sustituto. Esto resultó sorprendente para Totosai, quien conocía al Inugami, dado que llevaba décadas sirviéndole a su noble familia como forjador personal de armas. Sabía que era un gran guerrero y que su casta había servido fielmente a los antiguos gobernantes. Pero, cuando lo visitó para pedirle un favor especial, la imagen que tenía de él, se distorsionó por completo. Aquel día, se encontraba caminando por el desolado paraje de la montaña volcánica, pues había salido a dar un paseo para distraerse un poco. De pronto, sintió la presencia de InuTaisho acercándose rápidamente. El Inugami llegó volando y descendió cerca del forjador, traía consigo una bolsa desgastada de piel marrón. —Totosai, te busqué en tu cueva y no estabas, ¿Por qué te pierdes tanto? — interrogó, mirándolo con una ceja levantada. —Bienvenido señor InuTaisho— saludó con una reverencia. —Sólo daba un paseo para despejarme un poco, ¿A qué debo el honor de su visita? — —Necesito de tus habilidades metalúrgicas, quiero que hagas un trabajo especial con esto— abrió un poco la bolsa, mostrando su contenido, pero sin tocarlo ni sacarlo. —Sabes lo que es, ¿Verdad? — El viejo demonio abrió los ojos en grande y todo el cuerpo se le erizó al sentir el poder que emanaba el objeto. Se trataba de una amatista espectral, un mineral sobrenatural que podía ser muy peligroso si no se manejaba con cuidado. Dicha piedra tenía la capacidad de absorber la energía vital de cualquier criatura que estuviese a punto de morir y que entrara en contacto directo con su superficie. —¡Mi señor, ¿Dónde consiguió esa cosa?!— retrocedió inquieto ante la sensación que le provocaba, no la piedra, sino lo que contenía. —O, mejor dicho, ¿Qué tipo de criatura tocó semejante mineral? — InuTaisho sonrió de manera extraña. —Un Shinigami— dijo tranquilamente, guardando de nuevo el pedrusco. —Vamos a tu guarida, ahí te diré lo que quiero que hagas. — El forjador palideció al escucharlo, no podía ser cierto lo que decía su señor. Un Shinigami era un tipo de demonio muy extraño de ver por esos lares, y más insólito era el creer que había tocado la amatista espectral voluntariamente. … Una vez que llegaron al enorme esqueleto que fungía como cueva y hogar para Totosai, éste procedió a revisar cauteloso la piedra de oscura tonalidad violeta, ayudado por unas pinzas de hierro y un guante de cuero grueso y tosco. Por alguna razón instintiva, supo que no debía tocarla directamente. —Señor InuTaisho, debo preguntar, ¿Qué contiene esta cosa? — El aludido permanecía sentado cerca y rodó los ojos con fastidio ante la pregunta. —Confórmate con saber que se trata del poder de un Shinigami— respondió tajante. —Pero, eso no es posible, es raro ver un Shinigami en los territorios de éste país, por lo regular ellos… — —¡Cállate y haz tu trabajo, maldita sea! — interrumpió el Inugami, denotando su poca paciencia. —Totosai, ya te he dicho que me molestan los cuestionamientos, así que enfócate en hacer que la amatista me sirva como arma, el poder que alberga es increíble y lo quiero para mí. — El herrero tragó saliva con nervios. La actitud de su señor era inquietante, y más cuando se trataba de conseguir algo que le diera poder. InuTaisho era un guerrero poderoso, pero muy ambicioso. A pesar de tener una peligrosa espada que no pertenecía a éste plano existencial, eso no era suficiente para él, y siempre andaba en busca de algo más. —Entiendo, señor— exhaló con resignación el viejo youkai—Pero debo decirle que no será fácil trabajar con un mineral de éste tipo. Requerirá de tiempo y de un metal especial para contenerlo, además, la cantidad es poca, así que no podré fraguarlo en un arma. — El Inugami asintió. —Si no puedes hacer una espada, entonces crea cualquier objeto, no me importa realmente la forma que tenga— se puso de pie. —Dime cuál metal necesitas y lo conseguiré de inmediato. — —Creo que el oro puro podría ser útil— dijo Totosai, acercando la amatista a su rostro para examinarla mejor. —Es muy irregular, tendré que recortar las puntas y pulir todo… ¿Qué son estas manchas rojas? — Súbitamente, el mineral violáceo comenzó a brillar con intensidad, tomando por sorpresa a los dos youkais. Totosai quiso apartar la mirada, pero un mal movimiento provocó que la piedra se le resbalara del guante. Por mera reacción mecánica, su otra mano se movió rápido, atrapando la amatista sin querer. —¡No la toques! — gritó InuTaisho demasiado tarde. El resplandor aumentó, y en ese breve instante, cuando el fragmento entró en contacto con el forjador, un fenómeno sumamente extraño sucedió en la mente de éste. Imágenes rápidas y en secuencia cronológica se presentaron sólo para él, integrándose a sus pensamientos… revelándole los sucesos acontecidos con Narashinki e InuTaisho. Todo fue tan rápido que, para cuando el Inugami se apresuró a retirar el mineral con otro guante, Totosai ya gritaba horrorizado ante lo que había visto. —¡Eres un idiota! — gruñó molesto, zarandeando un poco al viejo demonio, pero sorprendiéndose también al ver que no había sufrido daño alguno. Al menos no uno parecido al que él vivió. El herrero se soltó de su agarre, alejándose de InuTaisho, completamente asustado. —¡¿Qué ha hecho mi señor?!— lo señaló acusatoriamente. —¡El nuevo Lord… era un Shinigami!… ¡¿Por qué lo atacó?! … ¡Esto está mal, muy mal!… ¡Usted lo asesinó!, ¡El concejo de guerra lo decapitará! — De pronto, vio que la mirada del Inugami se afilaba peligrosamente, a la vez que sus iris dorados transmutaban al azul metalizado y se rodeaban de un intenso color escarlata. Enseñó los colmillos, y en un parpadeo, ya lo tenía sujetado por el cuello, estrellándolo bruscamente contra la pared del lugar. —¡¿Cómo rayos sabes eso?! — bramó furioso. El viejo youkai escupió saliva torpemente, luchando por recuperar el aliento. Aquel golpe no fue mortal, pero sí lo había lastimado en parte. —¡La amatista me lo mostró!… ¡El engaño, la emboscada en el pantano!… ¡Esos cachorros, el asesinato del Shinigami!… ¡Y el hurto de su poder sobrenatural! — tragó con dificultad, temiendo por su vida. —¡Mi señor, su crimen es imperdonable! — El demonio canino entornó la mirada. No entendía cómo es que la piedra había hecho semejante cosa o, mejor dicho, la esencia que guardaba en su interior. No sabía cómo, pero por alguna extraña razón, tuvo la sensación de que Narashinki aún no se rendía, a pesar de que ya estaba muerto. —¡Estupideces! — se negó a creer que fuera real. —¡No sé cómo rayos te enteraste, pero…! — apuntó las garras de su otra mano, directo al rostro del forjador, en una clara amenaza de muerte. —¡Te lo advierto, nada de esto debe salir de tu boca, a menos que desees morir en éste momento! — El herrero comprendió que su señor no mentía, él lo mataría sin piedad alguna. —¡Lo que usted diga mi señor!, ¡No me mate, le juró por mi vida que jamás diré lo que vi! — —¡Más te vale que así sea! — sonrió con malicia. —Me eres demasiado útil forjador, asesinarte sería un desperdicio lamentable. — Acto seguido, lo dejó caer al suelo, mirándolo con desprecio. Posteriormente, se marchó del lugar sin decir nada más.:*=*=*=*=*=*=*:
Totosai finalizó su relato, sintiendo un temblor en todo el cuerpo. Era increíble que, a pesar del tiempo transcurrido, aún sintiese miedo de dicha amenaza. Suspiró largamente, regresando su mirada al Inugami. —Su padre volvió al día siguiente con el oro que necesitaba. Para ese momento, yo ya tenía avanzado el proceso de tallado de la amatista, pues trabajé toda la noche y parte del día con tal de terminar tan terrible tarea. Sin embargo, a pesar de que me cubrí las manos, las imágenes seguían ahí, jamás se fueron de mi cabeza. — —¡Y nunca dijiste nada al respecto! — masculló Sesshomaru con molestia. —¡No podía hacerlo, InuTaisho no me dio opción!, ¡Él me obligó! — se llevó las manos a la cabeza, rascándose nervioso. —¡Usted jamás comprenderá lo siniestro que podía llegar a ser su padre! — El joven Inugami se quedó en silencio. El forjador tenía razón, él jamás llegó a conocer totalmente a su progenitor. Resopló con fastidio, ya deseaba marcharse de ahí, pero necesitaba hacer una última pregunta. —El objeto que creaste… ¿Era el collar de mi madre? — Totosai agachó el rostro. —No hice un collar, sólo forjé la amatista espectral hasta darle la forma de una gema, engarzándola en un anillo de oro puro. Era la única manera en que podía ser tocada por InuTaisho sin que ésta… lo dañara directamente. — En base a lo narrado por Shirotsume, el joven Lord comprendió a qué se refería. El daño físico que sufrió InuTaisho, las heridas y la degeneración de su cuerpo, fue una especie de castigo por parte del Shinigami. Un escarmiento que se repetiría una y otra vez si hacía el intento de tomar la amatista entre sus manos. —Pero, si no me equivoco, su padre fue incapaz de usar el mineral. A pesar de todos sus esfuerzos, el poder encerrado continuaba vivo y quería matarlo— mencionó el viejo youkai. —Así que, al no conseguir lo que deseaba, incluso después de un año de intentos, optó por regalarle la joya a Lady Irasue… en forma de un collar. — Dicha revelación le estrujó de nuevo el estómago a Sesshomaru. Si todo era verdad, eso quería decir que su madre había soportado demasiado en silencio. —Maldita sea… ¿Por qué lo hiciste, padre? — pensó con frustración. Chasqueó la lengua con fastidio, giró sobre sus talones y caminó algunos metros. Con un ligero salto, inició el vuelo, alejándose rápidamente, transmutando a su forma canina para regresar más pronto al palacio. —Lo siento tanto cachorro, sé que te duele— suspiró con melancolía Totosai. —Pero quizás el saberlo, te haga una mejor persona, el Oeste lo necesita— murmuró, regresando a su actividad con el martillo y el yunque.:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:
Palacio del Oeste. Al día siguiente. Temprano por la mañana, Sesshomaru se encaminó a los aposentos de su madre. No quería aceptarlo, pero su curiosidad era demasiada, tenía que confirmar con ella lo dicho por Shirotsume y lo revelado por Totosai. —Buen día madre, ¿Puedo pasar? — llamó a la puerta de la habitación. —Adelante. — El Lord entró con lentitud, encontrando a su progenitora ocupada de nuevo en la misma actividad de acomodar sus pertenencias en baúles. Él sabía que se marcharía en cualquier momento, y no podía culparla por querer alejarse de ese lugar, y del recuerdo de su padre. Se acercó, para luego sentarse frente a ella. —Madre, lamento ser tan insistente, pero deseo que resuelvas mis dudas antes de que hablemos nuevamente con Shirotsume. — La demonesa lo miró impasible. Comprendía su incertidumbre, pues ella misma le había dicho que aún faltaban más verdades dolorosas. Debía continuar con esto, por muy difícil que fuese. —¿Qué deseas saber? — preguntó, sin dejar de guardar sus cosas. —¿Mi padre te obligó a casarte con él? — La soberana sonrió con amargura e hizo una lenta negación. —InuTaisho no me obligó, fueron las leyes antiguas y la presión del concejo— suspiró despacio, desviando la mirada. —Tu padre se portó amable a pesar de todo, así que empezó a cortejarme de nuevo una vez que los nobles lo eligieron para que fuese el nuevo Lord. — —Pero, tu autoridad y tu sentir, no fueron respetados— reclamó Sesshomaru. —Hijo, en nuestro mundo, no se tienen opciones. Estamos en la jerarquía más alta, y nuestra obligación es acoplarnos al sistema implantado desde hace siglos. Todo con el único objetivo de mantener el poder y el estatus de la casa InuYoukai en el territorio Occidental— regresó a mirarlo. —Siempre ha sido así, y eso no cambiará pronto. — —Comprendo… — —Tu padre fue un maldito, es verdad, pero conmigo… digamos que me necesitaba de su lado, así que hizo todo lo posible por ganarme— explicó Irasue.:*=*=*=*=*=*=*:
La noticia había volado como el viento, el asesinato de un Lord cardinal no era algo que pudiera mantenerse en secreto. Por lo tanto, el vacío de poder debía ser llenado con prontitud, ya que Irasue no tenía la suficiente potestad para gobernar ella sola. El concejo del Oeste ya lo había decidido, la joven heredera no podía quedarse viuda. Maldijo su suerte una y otra vez, sintiendo la frustración de saberse poderosa, pero limitada. Además, sus padres ya no estaban presentes y tampoco podía contar con ellos. Ya que, cuando los youkais viejos se retiraban y pasaban sus responsabilidades a su descendencia, éstos ya no volvían a hacerse presentes para nada. Y lo peor de todo, tener que lidiar con esto a la par del sufrimiento provocado por el asesinato de Narashinki. Los viejos youkais, leales a su padre y a las antiguas tradiciones, simplemente decidieron por ella, sin darle la oportunidad de buscar otra alternativa, y mucho menos otorgarle tiempo para superar su dolor. Tan pronto InuTaisho regresó de su misión con los demonios Tora, fue convocado e informado de su nuevo papel y propósito para con el Oeste. Irasue no pudo hacer nada al respecto. … Ese día, el clima era agradable y la tarde fresca. La heredera estaba en los jardines, sentada en la banca de piedra, frente al estanque de peces moteados. Miraba fijamente el ir y venir de un animal en especial: La carpa roja que el Shinigami había adoptado. Después de su cita en el cortejo, se le permitió a Narashinki quedarse con el pequeño pez. A él le agradaba mucho esa criatura marina, así que después del matrimonio, le pidió a Irasue permiso para mantenerla en el reservorio. Ahora la carpa vivía junto con las demás, adaptándose sin problema alguno a los cuidados que le proferían los sirvientes. Quedando como un recuerdo más del Shinigami. —Narashinki— susurró con tristeza, mientras los ojos se le humedecían. No estaba de humor para nada, se sentía débil emocionalmente, vulnerable. Por lo que, cuando InuTaisho hizo su aparición para convivir un poco, la heredera permaneció ausente. El Inugami se acercó y se postró con una rodilla en el suelo frente a ella. —Lo lamento mi Lady— mencionó con tono reservado y respetuoso. —Desearía poder haber hecho algo más, incluso dar mi vida por él, si con eso hubiese logrado salvarlo. — Irasue no dijo nada, tenía la mirada perdida. —Yo sé que esto es difícil, y no soy nadie para decirlo, pero… — se levantó y tomó asiento en la banca de piedra, manteniendo una distancia respetable. —Quiero que sepa que cuenta conmigo para lo que sea. — —Gracias— murmuró desanimada. El malestar se retorció con más fuerza dentro de ella, dándose cuenta que, de un momento a otro, sintió una inesperada aversión hacia InuTaisho. No comprendía el porqué de dicha reacción, después de todo, él sólo cumplía con las órdenes del concejo. A pesar de pertenecer a la nobleza Inugami, aún debía someterse en jerarquía a ellos. La joven demonesa tomó aire y lo soltó despacio, intentando controlar el sentimiento de hostilidad. No tenía pruebas para acusarlo de la muerte de Narashinki, por muy sospechoso que fuera. Su versión de los hechos carecía de fallas y nadie dudaba de él, ya que era sumamente respetado en el Oeste. Además, la casa ToraYoukai había demostrado traición en un inicio, “justificando” la tragedia. Las lágrimas escaparon y no pudo contener el momento de debilidad, cosa que InuTaisho aprovechó. —Llorar es lo mejor— le ofreció un pañuelo de seda. —Es la única manera de liberar el dolor. — Irasue tomó la fina tela mecánicamente, sin prestar mucha atención. Se limpió la humedad y continuó sollozando débilmente, perdida en sus pensamientos. Por lo que no se dio cuenta en qué momento el capitán ya estaba a su lado, ofreciéndole su hombro para desahogarse, mirándola con sus impasibles ojos dorados. Esos ojos que ocultaban algo. Lamentablemente, ella se sentía demasiado frágil. Un lento abrazo la rodeó, ofreciéndole algo de calor y consuelo. Ella no pudo rechazarlo, así que lo aceptó sin importarle realmente si sus intenciones eran sinceras o no. El capitán se quedó en silencio, dándole tiempo para soltar el sentimiento que tuviera guardado, esperando con suma paciencia. … El tiempo avanzó a lo largo de una semana. Únicamente esos días le fueron concedidos a la pareja para tratarse, pues las responsabilidades del Oeste no podían esperar. Aunque Irasue no lo aceptó al principio, tuvo que tolerar y convivir con InuTaisho. Él mantuvo su papel de pretendiente cordial, haciendo varios esfuerzos para ganarse su confianza, demostrándole que podía ser un buen compañero y líder de la casa InuYoukai. Era innegable que el soldado canino estaba hecho para gobernar y esgrimir el poder de un territorio. A la heredera no le quedó más remedio que aceptarlo, así que, al final de dicho periodo, su nuevo matrimonio se llevó a cabo. El mismo protocolo: El viejo Kitsune los casó, acompañados por el concejo y todos los nobles del Oeste. Las mismas promesas, bendiciones, felicitaciones y alabanzas por parte de quienes los rodeaban y por todos los siervos del lugar. Pero, a pesar de lo bien que pudiese sonar todo, el descontento se hizo presente. Se rumoreaba por lo bajo que varios habitantes del palacio vieron con tristeza dicha unión. En la clase obrera y media, sucedió lo mismo, en especial con los youkais que conocieron de cerca al Shinigami y su amabilidad. En cuanto a los militares, uno que otro miró con recelo a InuTaisho, dado que no se sabía lo suficiente de su pasado y su familia. Pero a otros no les importó, debido a sus méritos recientes de conquista y compromiso con Occidente. En la clase alta, sólo el líder de los clanes leopardo demostró su descontento abiertamente, ya que los demás se guardaron sus palabras por si las dudas. Oyakata era de los pocos youkais de alto nivel que no se tragaba el cuento de lo sucedido con el Shinigami y los tigres blancos. Sin embargo, no había nada que pudiera hacer, así que dobló las manos, pues le debía lealtad a la casa InuYoukai. Todo esto a InuTaisho le tuvo sin cuidado, el poder ya estaba en sus manos, ahora era el nuevo Lord del Oeste.:*=*=*=*=*=*=*:
Irasue suspiró con lentitud, no era agradable recordar eso. Su hijo escuchó atento, haciendo sutiles gestos de desagrado, pero sin decir nada, esperando a que finalizara. —Después de casarnos, inmediatamente tu padre comenzó a realizar cambios en la corte, en las leyes, en la milicia, etc. Todo con el objetivo de empezar una nueva era en el Oeste— prosiguió la demonesa. —Mantuvo a quienes le convenían, quitó a los que no— rodó los ojos con indiferencia. —A mí, me dio mi lugar como señora del Oeste y respetó mis opiniones, a pesar de que no siempre estaba de acuerdo con él. — Sesshomaru asintió, comprendiendo muy bien que su padre fue un demonio de claros-oscuros muy marcados. Había muchas razones para juzgarlo y condenarlo, lo mismo que motivos para alabarlo y reconocerlo como un excelente líder, que encumbró las tierras del Oeste. —Madre… tengo una duda más— tragó saliva, dificultándosele hablar. —Anoche… le hice una visita a Totosai… me confirmó lo dicho por Shirotsume… acerca de la gema de tu collar… — La demonesa desvió la mirada y su expresión se endureció de pronto. —¡Ese idiota escupe fuego! — masculló molesta, sujetando el medallón. —Éste collar me lo dio InuTaisho en nuestro primer aniversario, como un regalo, ¡El desgraciado no tuvo reparo en hacerlo! — gruñó con rabia. —Pero en aquel entonces, yo no sabía nada de la amatista espectral. Tiempo después, conocí a Totosai cuando vino a visitar a tu padre, él sabía lo que pasó con Narashinki y nunca dijo nada a nadie— hizo una pausa, soltando la gema y apretando con fuerza los puños. —Pero a mí, me reveló en secreto que la joya guardaba una oscura verdad, y que tuviese cuidado cuando la descubriera. — Sesshomaru abrió los ojos en grande, desconcertado por lo que escuchaba. No podía creer lo maldito que fue su padre al haberle hecho esto a su madre. —Entonces… ¿Ya sabías todo acerca del asesinato de Narashinki? — interrogó pasmado. Ella no volteó a mirarlo, simplemente permitió que una solitaria lágrima corriera por su mejilla, mientras hacía un leve gesto de negación. —No, no estaba al tanto de todo. La amatista sólo se despidió de mí, no me reveló nada más y me dolió en el alma no poder confirmar lo que sucedió, hasta que el día de ayer, Shirotsume nos dijo la verdad— su voz titubeó. —Desgraciadamente, aunque lo hubiese sabido en aquel entonces, no hubiera podido hacer nada, ya no tenía caso, era imposible. — El joven Lord quiso decir algo más, pero no lo consiguió. No había manera de reconfortar a su madre, el pasado no podía ser cambiado. Entonces Irasue volteó a mirarlo, se secó la lágrima, y manteniendo su expresión seria, finalizó la conversación. —Es todo lo que diré acerca del collar, no hay más y no vuelvas a preguntar nada de él— se puso de pie, dirigiéndose a la habitación de aguas termales. —Me alistaré para desayunar con nuestro invitado, te veo en el salón. — Su vástago se quedó en silencio, aceptando la orden. Eso era lo mejor. … Área de termas. Irasue meditaba lo que le había dicho a su hijo hace unos momentos, mientras se relajaba en las cálidas aguas. La tristeza aún se retorcía en su pecho, y aunque no quisiera, sabía que era la única manera de purgar su dolor. Era necesario recordar, aceptar, y dejar ir. Su mente viajó al pasado una vez más.:*=*=*=*=*=*=*:
Aquel día se cumplió un año del matrimonio entre Irasue e InuTaisho. El Lord se mostró bastante amable y espléndido, haciendo una celebración a lo grande. Cumpliendo cabalmente con su rol de marido y gobernante a los ojos de la nobleza youkai y del pueblo en general. Todo parecía estar bien e Irasue disfrutó del evento, celebrando y actuando como la señora del Oeste. Desempeñando su propio papel en éste teatro que implicaba el poder. Una perfecta careta para mantener la paz. Pero por dentro, ella continuaba lastimada de sus sentimientos. Aún le dolía la muerte de Narashinki. … Soltó un largo suspiro mientras contemplaba la lejanía, apoyada en la baranda de su terraza favorita. La fiesta ya había terminado, así que salió a tomar un poco de aire. Estaba harta del barullo y de soportar la hipocresía de todos, en especial la de InuTaisho. Su marido era bastante insoportable cuando tenía demasiado alcohol en la sangre y se ponía a presumir sus logros. Su ego era inmenso y le encantaba recibir adulaciones de sus lamebotas. La demonesa se aburría muy rápido de eso, así que prefería apartarse e ignorarlo por completo. Pero, extrañamente, en aquella ocasión, él salió a buscarla. —Irasue, tengo algo para ti— dijo impasible, a pesar de oírse tomado y tener la mirada vidriosa. Ella ladeó un poco el rostro, sin querer prestarle demasiada atención. Pero cuando vio que traía consigo un pequeño cofre de madera, alzó una ceja con leve sorpresa. —¿Qué es eso? — preguntó. —Un regalo de aniversario— el Lord hizo una sonrisa extraña, abriendo lentamente la tapa. —Es un collar especial… — La soberana observó el objeto: Una gema de color violeta oscuro, engarzada en un anillo dorado y sujetada por un collar de brillantes perlas. Un obsequio muy hermoso, que desprendía un extraño brillo. —Es precioso— hizo una tenue sonrisa, girándose para tomarlo. —¿Cómo se llama la joya? — InuTaisho entornó la mirada al ver que su esposa tocaba la amatista con toda confianza y luego se la colocaba en el cuello. Su mutismo duró más de lo esperado al ver eso, y no reaccionó hasta que sintió sus ojos sobre él. —Se llama… — dudó, como si tratase de buscar un nombre adecuado. —Piedra Meido. — Piedra del camino oscuro. Era un nombre extraño para una joya, pero Irasue no le dio importancia. Después de todo, era la primera vez que él le hacía un regalo de ese tipo. Dicho collar era demasiado ostentoso para su gusto, pero no se lo diría. —Gracias— tomó entre sus manos el engarzado, observando con curiosidad aquel resplandor. —Lamento no poder darte un presente en éste momento, pero… — —No es necesario que lo hagas— la interrumpió el Lord, observándola tocar la amatista con suavidad. —Me alegra que te guste. — No dijo nada más, parecía pensativo, y por un segundo, Irasue pudo ver un atisbo de molestia en sus ojos dorados, el cual disimuló casi de inmediato. Soltó un resoplido y giró sobre sus talones, marchándose al interior del salón, dejándola sola otra vez. Ella no le dio importancia, pues InuTaisho tenía comportamientos extraños a veces. Se quedó por largo rato en la terraza, admirando la joya, sonriendo ante su refulgencia, sin saber bien porqué. … Un mes después. Un visitante extraño hizo acto de presencia en el palacio. Se trataba de un viejo youkai de la especie de los respiradores de fuego. Una criatura que sabía manejar la metalurgia sobrenatural y que había ido a visitar al Lord del Oeste. Después de las presentaciones protocolares, Irasue se enteró de que el demonio se llamaba Totosai, y que le servía a InuTaisho como proveedor de armas para sus soldados. Ambos estuvieron platicando en la terraza principal por un par de horas, acerca de temas del Oeste y algo de unas incursiones que el Lord haría en tierras continentales. Por lo que también se negoció la forja de nuevas katanas. La joven demonesa, por su lado, estuvo ocupada revisando asuntos de comercio para el territorio, sin prestarles atención. Así que, cuando InuTaisho desapareció por algunos minutos para ir a buscar el adelanto que le daría al viejo herrero, éste se acercó al diván donde ella permanecía. —Mi señora… — hizo una reverencia formal. —Lamento interrumpirla, pero… me gustaría decirle algo— sus ojos se clavaron en el collar con la piedra Meido. —Es en relación a esa joya… — su voz disminuyó considerablemente, volviéndose un susurro. Ella parpadeó extrañada, pero asintió con un movimiento de cabeza. —¿Qué cosa? — Totosai tragó saliva, notándose ligeramente nervioso y sin dejar de mirar fijamente la gema. —Esa amatista… guarda un secreto muy oscuro— musitó. —¿A qué te refieres? — inquirió ella, sin comprender. —No puedo decir más, perdóneme mi Lady— agachó el rostro con notable pesar. —Sólo tenga mucho cuidado cuando lo descubra— hizo otra reverencia en despedida, regresando de inmediato a su lugar. Irasue guardó silencio, sorprendida por semejante comentario. El forjador retomó su actitud serena y despistada tan pronto InuTaisho regresó con el pago. Los dos platicaron un poco más acerca del pedido de armas y para cuándo sería la entrega. Posteriormente, Totosai se despidió como si nada, marchándose casi con prisa. … Esa misma noche. La señora del Oeste se quedó pensativa toda la tarde, lo dicho por el viejo youkai la dejó bastante inquieta. Se encontraba sola en los aposentos, pues InuTaisho había salido, así que aprovechó para revisar con calma el collar. Sentada en un diván, examinaba las grandes perlas, las cuales eran muy hermosas. El anillo dorado estaba forjado con oro puro y la gema violácea… no sabía exactamente lo que era. —El herrero mencionó que era una amatista— la acarició con lentitud. —¿Qué secreto guardas? — se preguntó. Entonces, la gema comenzó a resplandecer con intensidad, encandilando su mirada. Sin siquiera darse cuenta, cayó en una especie de trance, mientras observaba fijamente el brillo violáceo. Todo desapareció a su alrededor y una tenue oscuridad la rodeó. Sin embargo, la Inugami no sintió temor. Por el contrario, la sensación que la invadió la hizo sobresaltarse, ya que, de un momento a otro, distinguió una presencia muy familiar. —Irasue… — una voz le susurró al oído. Ella lo reconoció de inmediato. —¿N-Narashinki? — Efectivamente, era la voz del Shinigami, sin embargo, éste no se hizo presente de ninguna forma. —No estés triste… — murmuró de nuevo. —¿Dónde estás?, ¿Qué sucedió?, ¿Por qué tú…? — se le hizo un nudo en la garganta. —¡¿Por qué…?! — las lágrimas humedecieron sus ojos ámbar. —Debes continuar adelante… — respondió con suavidad, pero sin resolver sus dudas. —¡Por favor… no me pidas eso… yo no puedo…! — no logró decir algo más, el llanto la rebasó. —Siempre estaré contigo… — Aquellas fueron sus últimas palabras. Irasue volvió a la realidad, percatándose de que continuaba en la habitación, sentada en el diván, sosteniendo la gema entre sus manos, llorando amargamente. La amatista ahora resplandecía con suavidad, como si latiera, permitiéndole sentir la esencia del Shinigami que permanecía en su interior. —Narashinki… — susurró con dolor, llevando la joya hacia su pecho, comprendiendo lo que aquello significaba. Lloró por largo rato hasta quedarse dormida. Después de ese día, su rencor contra InuTaisho se intensificó. Y aunque no podía hacer nada contra él, jamás le revelaría lo que descubrió de la amatista tiempo después.:*=*=*=*=*=*=*:
Otra lágrima solitaria descendió por su mejilla. Inhaló profundo y liberó el aire despacio, serenándose poco a poco, mientras tocaba la joya. Nunca se quitaba el collar, siempre lo tenía con ella, debido al enorme valor sentimental que representaba. Y también, por el gran poder que albergaba. Uno que, InuTaisho jamás logró obtener. Terminó de asearse y se preparó para ir al salón principal. Era momento de continuar hablando con el guerrero Tora y escuchar lo que tenía que decir.***
Continuará… El significado de “Piedra Meido” lo copié de la Wiki de InuYasha. Así es como yo imagino que Irasue recibió la joya de InuTaisho. Y aunque Sesshomaru sabía que su madre tenía la piedra Meido, él desconocía por completo el poder que albergaba. Ese conocimiento se lo guardó ella para sí misma, pero eso lo veremos en otro capítulo. Gracias por leer. 26/Febrero/2022