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Capítulo 21: Resarcimiento Irasue entró al salón con gesto tranquilo. La ducha matutina la había relajado lo suficiente después de los tristes recuerdos. Su hijo no tenía la culpa de nada y era inevitable que preguntase. Estaba en su derecho y, además, era necesario que supiera esos detalles del pasado, para que así pudiese tener una perspectiva diferente al momento de ejercer su cargo como Lord cardinal. En el lugar ya estaban presentes Sesshomaru y Shirotsume, quienes se pusieron de pie para darle la bienvenida. Ella tomó asiento nuevamente a la derecha de su heredero. —Buenos días Shirotsume, espero que el desayuno sea de tu agrado y que, al finalizar, podamos continuar con la conversación pendiente— dijo ella, amable y diplomática. El gran felino la observó impasible. Se notaba descansado y relajado después de pasar la noche ahí. —Gracias Lady Irasue, estoy de acuerdo— respondió de la misma forma. —Bien, procedamos a desayunar— dijo Sesshomaru, aplaudiendo un par de veces. Los sirvientes entraron al salón con las viandas listas. Los alimentos y las bebidas fueron dispuestos para los tres en la gran mesa. Todos empezaron a comer en silencio. Afuera del lugar, los soldados se mantenían vigilantes, incluyendo al capitán de guardia. En el resto del palacio, se podía sentir un poco de tensión, los habitantes presentían que algo iba a suceder. … El desayuno finalizó. La servidumbre retiró trastes y sobrantes, dejando únicamente agua y dos canastas de fruta, igual que ayer. Una vez que la puerta se cerró, los presentes se miraron entre sí. Lady Irasue fue la primera en hablar. —Shirotsume, todo lo dicho ayer, ha sido una revelación demoledora y muy necesaria, te lo agradezco— se expresó con voz neutral. —Pero sé que no has venido únicamente a eso, así que, ahora, escucharemos lo que te falta por decir. — El aludido mantuvo un gesto prudente. Por mucho rencor que tuviese contra el régimen Inugami, podía darse cuenta que la demonesa y su hijo distaban considerablemente en personalidad y comportamiento del maldito InuTaisho. Por un lado, sabía que Irasue había sido una víctima más de las acciones del anterior Lord. En cuanto a su hijo Sesshomaru, éste todavía era un cachorro, así que tampoco podía culparlo por el simple hecho de ser hijo de quien era. No obstante, Shirotsume estaba aquí por algo muy especial y no daría marcha atrás. —Gracias mi Lady, es grato ver que con usted se puede hablar con claridad, después de todo, él nos hizo el mismo daño, y creo que eso le hará comprender mi solicitud— su mirada azul la contempló fijamente, mientras tomaba un poco de aire y lo soltaba despacio antes de continuar. —Mi pueblo, los integrantes de la casa ToraYoukai, quieren que el daño hecho por su difunto marido, sea resarcido. — Ambos Inugamis escucharon con atención. —Mi Lord, usted preguntó ayer si ahora era el mejor escenario para una sublevación— su atención se clavó en Sesshomaru. —Bien, le puedo confirmar que el escenario está listo, mi raza ha esperado demasiado tiempo una oportunidad así… y ahora la tenemos. — El joven Lord sintió que los nervios comenzaban a recorrerlo, ya se temía algo así. Pero antes de poder hablar, su madre tomó la palabra otra vez. —Están en su completo derecho, pero quisiera saber si en verdad es lo que desean los tigres blancos— la demonesa se mantenía estoica y diplomática a pesar de lo tenso de la situación. —Shirotsume, si tu pueblo se levanta en contra de la casa InuYoukai en éste momento, no será una situación sencilla. — El felino asintió. —Lo sabemos, no será algo tan simple, se trata de una guerra, y eso no se planea en cinco minutos— sonrió un poco. —No creerá que esta idea nació apenas murió su esposo, ¿Verdad? — Irasue meditó sus palabras, obviamente Shirotsume le estaba aclarando que sus planes ya tenían tiempo de haber sido concebidos, pulidos y perfeccionados. Eran una raza de estrategas que protegían una parte importante del territorio Occidental, subestimarlos era un grave error. —Comprendo. Entonces, la casa ToraYoukai, ¿Quiere el poder ahora? — interrogó ella con seriedad. —¿Deseas tomar nuestras cabezas y convertirte en el nuevo señor del Oeste?, ¿Regresarle el dominio de estas tierras a tu raza?, los primeros habitantes de éste lugar. — El youkai tigre entornó la mirada. —Son ideas muy tentadoras, no lo voy a negar, mi padre lo ansiaba y los más viejos de mi pueblo todavía lo anhelan. Sin embargo, el tiempo ha pasado, las cosas han cambiado, y seguirán haciéndolo en el futuro, así que no— exhaló despacio. —No tenemos intenciones de pelear por el poder sobre Occidente… a menos que sea necesario. — Madre e hijo se voltearon a ver, sin comprender del todo lo que el visitante decía. Es decir, lo más lógico sería iniciar un conflicto bélico si es que buscaban venganza. Shirotsume pareció leerles la mente. —Efectivamente, suena atractivo declarar la guerra al mandato Inugami, pero la verdad es que, después de tanto tiempo de sometimiento, hemos decidido tomar otro camino— agarró una fruta y la mordió. —Pensar demasiado en la venganza es algo desgastante, además, ya no vale la pena, porque InuTaisho fue asesinado por un humano, o, mejor dicho, por culpa de una humana— soltó una inesperada risita burlona. —Sí, eso fue tan irónico, ¿Pueden imaginar lo interesante que sería, que dichas criaturas, a pesar de su debilidad, fueran las que hicieran caer a la casa InuYoukai? — Irasue alzó una ceja, completamente extrañada por el comentario. Pero no le tomó demasiado razonar el doble sentido de sus palabras. Era probable que los rumores de los deslices de InuTaisho también llegasen a las montañas Occidentales, entonces, igualmente los felinos supieron lo que sucedió con la princesa humana. Ese pequeño gran error que hizo caer al poderoso Inugami. Por su parte, Sesshomaru no se tomó a bien el comentario, recordándole nuevamente su rencor contra la humana y su bastardo. Además, el hecho de mencionar a esas débiles criaturas como una posible amenaza, ¿A qué se refería? —Shirotsume, puedes ser más claro— habló el joven Lord, algo inquieto y receloso. —Si tu pueblo ya no está interesado en buscar venganza contra nosotros, y no están planeando sublevarse debido a que mi padre ya está muerto, entonces, ¿Qué desean?, ¿Y a qué viene la mención de los humanos en todo esto? — El guerrero Tora devoró la fruta en dos bocados, manteniendo su extraña sonrisa. —Nada complicado mi Lord, como dije antes, hemos decidido caminar en otra dirección— su expresión se fue tornando seria, al mismo tiempo que colocaba sobre la mesa la bolsa de piel gris que traía con él desde un principio. —Los tigres blancos ya no deseamos seguir viviendo en el Oeste, pero no por eso vamos a marcharnos a otras tierras. Como dijo Lady Irasue, mis antepasados llegaron primero, pero como no podemos recuperar todo, al menos queremos una parte de lo que siempre nos perteneció. — Sacó unos papiros, algunos viejos y otros nuevos, los cuales empezó a desplegar. Eran cartografías, documentación descriptiva del territorio Occidental y otros escritos más. La demonesa estrechó la mirada, razonando rápidamente lo dicho por Shirotsume, mientras observaba los papeles e intuía hacia dónde se encaminaba el asunto. Pero su hijo Sesshomaru no lo estaba tomando nada bien, y cuando sintió su energía demoníaca inquietándose, supo que esto sería un problema. —¡¿Qué demonios estás insinuando?!— alzó la voz sin ocultar su molestia. —¡¿Qué significan estos mapas?!— El visitante lo miró con frialdad. —Es nuestra “declaración de guerra”, Lord Sesshomaru— explicó, mientras señalaba el mapa que mostraba las cordilleras donde vivían los felinos, así como otros valles y tierras circundantes, todos marcados con tinta roja, señalando una nueva franja fronteriza. —¡Queremos la independencia total del Oeste!, ¡Deseamos la completa potestad sobre estos territorios, sus bosques, los valles aledaños y nuestras montañas!, ¡No más dominio de su parte, no más lealtad a los Inugamis!, ¡Esto es el resarcimiento que exigimos por todo el daño que nos hicieron! — finalizó, enseñando los colmillos con hostilidad. El Lord se puso de pie, haciendo la misma mueca rabiosa, enfureciéndose por semejante petición. —¡Es absurdo! — gruñó, mientras azotaba el puño cerrado sobre la mesa. —¡No tienen ningún derecho a exigir parte de estas tierras, es demasiado! — El guerrero Tora también se levantó y permitió que su energía sobrenatural creciera, desafiando abiertamente al señor del Oeste. —¡Tenemos todo el derecho, mi Lord! — lo señaló acusatoriamente. —¡Su padre ya está muerto, así que usted deberá responder por él, de lo contrario…! — entornó la mirada y su voz se hizo más grave. —¡Los humanos no serán su único problema! — Sesshomaru comenzó a gruñir por lo bajo, su irritación iba en aumento. No podía creer que los tigres blancos estuviesen exigiéndole parte de su territorio y la total independencia de su gobierno. Eso era inadmisible, jamás había pasado algo así con ninguna otra especie que habitase en el Oeste. Y aunque ellos tuvieran la razón para dichas demandas, lo que solicitaban no era fácil de conceder. —Y por si no entiende a lo que me refiero, se lo explico— prosiguió Shirotsume. —Nosotros, a diferencia de los demás youkais, hemos sabido tratar con humanos desde hace mucho tiempo— Sesshomaru se enfureció incluso más. —Exactamente mi Lord, esas débiles criaturas solamente lo son físicamente, pero su inteligencia es maravillosa, y su rencor es similar al nuestro— sonrió con fría satisfacción al notar la cólera del Inugami. —Sólo tenemos que negociar con ellos para crear una interesante alianza, la cual, será complementada con las criaturas del Oeste que fueron subyugadas por su padre. Como puede ver, hemos pensado en todo. — El hijo de Irasue sintió que el estómago le burbujeaba de la ira. No podía creer que el guerrero Tora y su pueblo hubiesen elaborado un plan tan complejo. Le quedaba en claro que esto ya llevaba tiempo cociéndose a fuego lento, y todo era a consecuencia de los actos de su padre. Los felinos deseaban una parte del Oeste y su independencia como indemnización. Pero, si se les negaba, iniciarían una guerra interna contra la casa InuYoukai, apoyada tanto por humanos, como por demonios rebeldes. Una situación bastante compleja que lo estaba rebasando por mucho. —¡Maldita sea!, ¡Tú no puedes…! — quiso reclamar. —¡Es suficiente Sesshomaru! — intervino Irasue con voz fuerte y severa, levantándose de su lugar y caminando hacia la mitad de la mesa, quedando como intermediaria. —¡Escúchenme los dos! — Ambos youkais la miraron con atención. Su vástago con molestia por imponerse sobre él, y el tigre blanco con respeto a pesar de todo. Dejaron de gruñirse y escucharon en silencio. —Me queda en claro que esto no se resolverá aquí y ahora, no es tan fácil, pero haremos el intento de buscar un equilibrio— miró al felino. —Estoy de acuerdo con tus peticiones, pero antes de tomar cualquier decisión, necesitamos tiempo para analizarlas. Déjame tus mapas y tus declaraciones para revisar todo a detalle. — —¡Pero madre! — reclamó su vástago. —Hijo, contrólate, esto no es un juego y no puedes reaccionar de manera tan estúpida— lo reprendió con una mirada gélida. —Estamos en una situación muy delicada, te guste o no, el imbécil de tu padre nos dejó una loza muy pesada sobre los hombros. No pienso arriesgar el reino si podemos buscar una solución por la vía pacífica. — Sesshomaru rumió con frustración, desviando la mirada hacia otro lado. —Entonces, Shirotsume, ¿Nos darás tiempo? — observó de nuevo al visitante. —¿Puedo contar con tu palabra de que respetarás el mandato Inugami si cumplimos con tus peticiones? — El youkai Tora asintió con solemnidad, haciendo una reverencia para Irasue. —Sí, mi Lady, tendrán tiempo para evaluar todo, dos semanas es lo máximo que puedo concederles, y le juro por mi vida que, cumpliré mi palabra si ustedes cumplen con su parte. — —Gracias, haremos todo lo posible para resolver esto— suspiró cansada. —Estoy harta del conflicto entre nuestras especies, tantos siglos desperdiciados. Ya no deseo que esto continúe. — —Yo tampoco, mi señora— confirmó el felino, mirándola ahora con una expresión más tranquila y sincera. —Igual que usted, también estoy cansado de ello. Ojalá su verdadero marido hubiera permanecido a su lado, las cosas habrían sido muy diferentes. — Irasue hizo una sonrisa triste. Pero era verdad, con Narashinki todo hubiera sido diferente. —El “hubiera” no existe, pero te prometo que haré lo que esté en mis manos para que el pasado no se repita. — Shirotsume asintió, tomando su bolsa de piel vacía, en un claro ademán que indicaba su pronta partida. El joven Lord se quedó en silencio, presenciando aquella interacción con cierta molestia. Quizás su orgullo no lo dejaba ver las cosas claramente, pero no podía evitar sentir frustración por lo que estaba sucediendo. Él era el nuevo gobernante del Oeste, pero no sabía cómo lidiar con esto. —Me marcho entonces, mi Lady, mi Lord— hizo otra reverencia respetuosa para ambos. —En dos semanas estaré de regreso, esperando que las peticiones de mi pueblo obtengan su beneplácito. — —Buen viaje— dijo ella, aplaudiendo una vez. Los vigías de la entrada abrieron la puerta y saludaron. —Acompañen a nuestro invitado a la salida— miró al capitán de guardia. —Él volverá dentro de dos semanas, así que trátenlo bien la próxima vez. — Los soldados asintieron, escoltando al demonio Tora. La puerta se cerró. Irasue miró a su vástago con reproche. —A pesar de escuchar todo lo que dijo y confirmar lo que reveló acerca de tu padre, ¿Te atreves a reaccionar de esa manera? — —¡Pero madre, es una locura lo que piden!, ¡¿Entregarles parte del territorio?! — gruñó frustrado. —Entiendo que quieran su independencia y exijan una retribución por la opresión que sufrieron, pero esas tierras… — —¡Esas tierras no nos pertenecían! — lo interrumpió con dureza. —Te recuerdo, hijo, que el linaje Inugami siempre ha sido ambicioso, y desde que tenemos el poder, comenzamos a expandir las fronteras de Occidente. Algunas veces negociamos con los habitantes originales, pero en muchos casos, lo hicimos por la fuerza, arrebatando y sometiendo. Nuestra raza, no es nada inocente. — Sesshomaru resopló enojado. —¿Las montañas Occidentales y los valles circundantes no pertenecían a la zona cardinal? — Irasue hizo una lenta negación, frotándose el puente de la nariz. —Eran tierras de nadie hace unos milenios, infestadas con bestias ferales y limitadas en recursos— declaró con paciencia. —Pero, en algún momento, un antepasado nuestro decidió que se verían “lindas” en la cartografía del Oeste. Así que, como parte de las malas prácticas ejercidas en contra de la casa ToraYoukai, decidió mandarlos allá, para que se hicieran cargo de limpiar, proteger y sobrevivir en tan agrestes cordilleras. — —Maldición— refunfuñó el Lord. Esto no sería nada fácil de resolver. Sesshomaru no estaba seguro de cómo lo manejarían, en especial con los nobles del concejo, con los habitantes del Oeste, e incluso, con los otros Lores cardinales. —Deja de quejarte, encontraremos la mejor alternativa, pero que te quede en claro— la demonesa lo miró fijamente. —Las peticiones del pueblo Tora deberán ser aceptadas. — —¿Y qué haremos con el concejo y los otros Lores? — preguntó molesto. —Los límites de esas montañas llegan a la zona Norte, gobernada por Kiba, ¿Crees que aceptará perder parte de su frontera? — Irasue se sirvió un poco de agua, sin perder un sólo momento su temple. Bebió un par de tragos, mientras meditaba la pregunta de su heredero. Él tenía razón, parte de las cordilleras estaban en los dominios del lobo blanco. —La próxima reunión de Lores será dentro de unos días, ahí plantearemos nuestra situación, y de ser necesario, pediremos apoyo a Kiba y a Ryujiro. — —¡¿Qué?!— el joven Lord restregó las garras en la mesa, evidenciando su frustración. —¡Me niego!, ¡Esto es un asunto interno del Oeste! — Entonces, una bofetada resonó por todo el lugar. El rostro del Inugami quedó volteado y con una mano marcada con fuerza en su mejilla. —¡Maldita sea Sesshomaru, aplaca tu estúpido orgullo! — gruñó ella, perdiendo la paciencia. —¡Ya no eres un niño, deja tus caprichos para otra ocasión! — él regresó a mirarla, pero ahora manteniendo una mueca desconcertada. —¡Escucha con atención, vamos a resolver el problema de los demonios Tora como sea!, ¡Con tal de saldar esta deuda de sangre, no me importa perder parte del territorio! — Su hijo se sobó el golpe, asintiendo con resignación. Aunque no quisiera aceptarlo, era la única manera de librarse de una guerra interna que podría hacerles perder el poder. —Está bien— murmuró frustrado. Ella inhaló profundamente, serenándose también. —Yo me encargaré de hablar con los Lores, y tú lo harás con los nobles del concejo, ya es tiempo de que ejerzas tu autoridad sobre ellos. Son pocos los que quedan, así que no se opondrán si les explicas la verdad, y las posibles consecuencias de negarse a las peticiones de los Tora. — —¿Y qué haremos con los humanos? — —Ya pensaremos en eso más tarde, quizás en la reunión podamos encontrar una solución para ellos. Después de todo, si los tigres blancos se apartan, los humanos podrían no ser tan complicados de manejar. — Sesshomaru exhaló despacio, como siempre, su madre continuaba siendo el pilar de todo esto, y a él no le quedaba más que aprender y mejorar. —Bien, entonces me retiro, necesito un respiro— hizo una reverencia y se marchó del salón. Ella tomó asiento de nuevo. Se sirvió otro poco de agua y se quedó un rato más, meditando todo lo acontecido y lo que haría más adelante.:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:
Tres días después. Casi era medio día cuando Irasue terminó de revisar aquellos viejos pergaminos junto con el escribano. Ahí se plasmaban los decretos acerca de las tierras del Oeste, donde se hacía mención de la potestad sobre dichas regiones. Es decir, a quién le pertenecían, cómo se administraban, quienes vivían ahí, cuanto debían pagar de tributo, etc. Todo con el objetivo de buscar una solución equilibrada respecto a lo solicitado por los tigres blancos. El viejo Kamaitachi ya estaba enterado de la visita de Shirotsume, e incluso ya había revisado varias veces las peticiones escritas y los mapas que dejó. Realmente se sorprendió por el “atrevimiento” de los demonios Tora al pedir semejante cosa. Pero, por otro lado, reconoció que, políticamente hablando, ellos estaban procediendo por el camino correcto. Nadie quería una guerra, y menos en éste momento. Así que se enfocó en analizar a detalle todo el tema, para poder ayudar a su señora y al nuevo Lord a capotear esta situación. Si bien, exigir parte del Oeste era muy ambicioso, ya revisando a detalle la cartografía marcada por los felinos, no era tan amplio lo que pedían. Al menos no para decir que se perdería notablemente la extensión de la zona cardinal. —Lady Irasue, le informo que ya terminé de cotejar los datos— habló el escribano, acercando el mapa a la mesa donde estaba ella. —Tal y como se muestra aquí, le puedo confirmar que esos valles no son tan importantes, además, tienen pocos habitantes. — —¿Estás seguro? — interrogó, observando la línea fronteriza en color rojo. —Tengo entendido que es complicado vivir en las montañas Occidentales, pero en los valles circundantes, ¿No sucede lo mismo? — La comadreja negó, señalando de nuevo cada comarca solicitada por el pueblo Tora. —De aquí, hasta acá, son bosques poco habitados, pero de amplia flora y fauna. Esta zona es una pradera extensa, que colinda con una pequeña área de barrancos. Luego tenemos una parte de pantano, algo más de selva y, finalmente, la frontera con el territorio Norte de Lord Kiba. Como puede ver, la extensión kilométrica no es tan inmensa. — La demonesa suspiró largamente. Quizás no era tan grande la zona, pero sin lugar a dudas, Kiba haría preguntas, y no estaba segura de que quisiera ceder parte de su región cardinal. —Bien, entonces procederemos, aquí están los decretos acerca de los límites territoriales, empieza a reescribirlos con las nuevas divisiones geográficas— pidió Irasue, entregándole unos documentos. —No quiero dejar nada al aire, esto se hará siguiendo el mismo protocolo que escribió InuTaisho— sonrió un poco. —Quién diría que su propia ley nos serviría para resolver esto. — Dicho comentario hacía referencia a un antiguo dictado del fallecido Inugami, donde se indicaba que: “Los señores del Oeste son dueños absolutos de las tierras que pisan, y pueden disponer de sus recursos naturales, límites geográficos y todas sus características generales, según sea su voluntad, sin que nadie pueda protestar por ello”. —Efectivamente mi Lady, dicho mandato es más que suficiente para justificar las peticiones de los tigres blancos— asintió con gesto cómplice el escribano. —Después de todo, usted sigue siendo la señora del Oeste, y su hijo también estará de acuerdo en que, “dispondrán de esos valles, según sea su voluntad”— Y la voluntad de ella era conceder dichas tierras a los miembros de la casa ToraYoukai. Legalmente hablando, nadie podía protestar por ello, ya que los pocos habitantes de esas zonas, serían reubicados en otra parte del Oeste por órdenes reales. Aquellos youkais no se negarían, a menos claro que, quisiesen vivir con los tigres blancos. Eso ya era su decisión e Irasue no se opondría. —Muy bien, avísame cuando quede listo. En cuanto a Kiba, yo hablaré con él y lo convenceré en la próxima reunión— se puso de pie, encaminándose a la salida del despacho. —Voy a ver a mi hijo, a esta hora, ya debería haber terminado de hablar con el concejo. — —Entendido, mi señora— la comadreja se quedó trabajando. … Sesshomaru permanecía sentado en su lugar frente a la mesa, en el salón principal. La puerta se abrió y su madre hizo acto de presencia. El joven Lord ya estaba solo, únicamente sobándose las sienes después de la problemática reunión. No estaba de buen humor, dado que, algunos viejos youkais se habían opuesto a la decisión tomada por la señora del Oeste y apoyada por él. El heredero tuvo que ponerse un poco amenazante con ellos. —¿Cómo te fue?, pude sentir que los ánimos se alteraron— interrogó la demonesa, tomando asiento. —Fue necesario dejarles en claro que mi padre ya no está presente y que ahora me deben obediencia a mí— respondió Sesshomaru, resoplando aburrido. —Aunque no estoy muy de acuerdo, y le he dado varias vueltas al asunto, me queda en claro que es la única manera de saldar éste problema. — —Supongo que fueron los más viejos quienes se opusieron, ¿Verdad? — ella rodó los ojos. —Esos imbéciles son los únicos sobrevivientes del concejo restructurado por tu padre, sus lamebotas personales. — El joven Inugami confirmó. —Me lo imaginé cuando empezaron a despotricar abiertamente al enterarse que un demonio Tora vino a palacio— tomó un poco de agua que tenía cerca. —No se esperaban eso, y mucho menos sus peticiones— hizo una pausa meditabunda. —Si no me equivoco, dos de ellos formaban parte de la escolta original de mi padre. Pude notar su recelo cuando revelé algunas cosas dichas por Shirotsume. — Ella entornó la mirada y asintió despacio con una mueca severa. —Hijo, como te mencioné antes, tu padre eliminó a quienes no le convenían, y eso incluía a los integrantes del concejo original del Oeste— se sirvió un poco de agua. —Cuando InuTaisho tomó el poder y comenzaron los cambios, algunos de los nobles que lo apoyaron al principio, se opusieron más adelante al ver sus métodos poco ortodoxos. Así que, él los asesinó, y puso en su lugar a otros que le obedecieron ciegamente. — —Entonces, ahora yo debería… — Sesshomaru dudó en preguntar. —Sí, así es, deberás eliminarlos— confirmó Irasue con frialdad. —Esas lacras no te serán útiles, ya sabes lo que hicieron, no necesitas escuchar sus palabras hipócritas, y menos ahora que hemos comenzado a corregir los errores de tu padre. Así que no demores en deshacerte de ellos, es necesario hacerlo si queremos que esto funcione— sentenció. Su hijo asintió, manteniendo un gesto serio. Ser Lord no era cosa fácil, y parte de manejar el poder sobre un territorio, implicaba eliminar obstáculos problemáticos. —Madre, hablando de los errores de mi padre, quisiera preguntarte algo. — —Dime, ¿Qué quieres saber? — Irasue lo miró impasible. —Comprendo que mi padre logró engañar a todos respecto al crimen que cometió, pero… ¿Qué sucedió con la casa Shinigami?, ¿Ellos no hicieron nada? — La demonesa se quedó en silencio por un momento. En el pasado, ella había temido un conflicto con los Shinigamis por el asesinato de Narashinki. No obstante, lo que sucedió, fue muy distinto. —En relación a eso, se puede decir que tu padre supo mantener la mentira— dijo, mientras su mente se remontaba al pasado.:*=*=*=*=*=*=*:
Palacio del Oeste. Dos semanas después del matrimonio de Irasue e InuTaisho. La casa Shinigami continental tardó en enterarse del asesinato de Narashinki. Principalmente porque el concejo del Oeste no permitió que se enviara un mensajero con un aviso formal acerca del crimen. No lo hicieron hasta varios días después de que InuTaisho se convirtió en el nuevo Lord tras casarse con Irasue. Para ese momento, él, los nobles y los generales, ya tenían planeado cómo manejar la situación para no crear tensiones. Después de todo, la alianza no se pudo concretar porque, a pesar del matrimonio entre la heredera y el Shinigami, el tiempo de su reinado fue muy corto. Aunado a esto, el padre de Narashinki ya se había retirado al inframundo con su esposa y ambos habían iniciado un periodo de letargo indefinido, puesto que, al igual que los padres de Irasue, ellos ya eran youkais viejos y estaban cansados de su longevidad. Por lo tanto, ni siquiera se enteraron del asesinato de su segundo vástago. Pero quedaba alguien más: El hermano mayor de Narashinki. … La tensión en el gran salón era notoria. Sentados alrededor de la mesa rectangular, estaban presentes tres Shinigamis, de los cuales, el principal era Shishinki. Un youkai del inframundo encargado del control y la administración de los portales a dicha dimensión. Su particular aura llamaba la atención de InuTaisho y lo ponía sutilmente nervioso. Esto no pasó desapercibido para Irasue, quien se ubicaba a su derecha. Después de mandar el comunicado a la casa Shinigami, el trío se hizo presente de inmediato a las puertas del palacio, abriendo un enorme portal que asustó a todo el mundo debido a la energía que desprendía. Los visitantes se notaban molestos y su aura sobrenatural era bastante tenebrosa. La heredera pudo distinguir perfectamente una familiaridad en Shishinki, provocándole un sentimiento doloroso. El Shinigami era muy parecido a Narashinki en el color de ojos, piel y cabello, pero su expresión general era mucho más fría y severa. Su atuendo era del mismo tipo que usó el mencionado, excepto que poseía un par de adornos extra y un báculo dorado, cuyo extremo era un anillo con una luna menguante en el centro. Sin lugar a dudas, era el hermano mayor de su difunto marido. —Entonces, ¿Quieres que crea que mi hermano fue asesinado por un grupo de gatos? — masculló Shishinki con seriedad, omitiendo por completo el protocolo de respeto hacia InuTaisho. —No miento, es la verdad, yo sobreviví a duras penas. Esos malditos felinos planearon una elaborada trampa, todo con miras a levantarse contra la casa InuYoukai— explicó el Inugami, hablando con moderación. —¿Qué sucedió con ellos? — interrogó otro de los visitantes. Se trataba de un demonio de apariencia joven y lacónica, con ojos y cabello escarlatas. Era el representante de la corte Shinigami en las tierras continentales, el que tomó el lugar del padre de Narashinki una vez que éste se retiró. Y también era el encargado de ser el contacto principal en la alianza comercial con el Oeste. La cual, ya no se llevaría a cabo. —Fueron debidamente castigados— respondió el nuevo Lord. —Se les dio un escarmiento con algunas ejecuciones y una clara advertencia— entrelazó los dedos de las manos en un gesto arrogante. —Han sido degradados en la jerarquía social, ahora son sólo escoria repudiada por todos. — —¿Por qué no se ejecutó a todo el clan? — Shishinki entornó su mirada incisiva. —Asesinaron no sólo a mi hermano, sino también a su gobernante legítimo, lo cual, es un crimen imperdonable. — InuTaisho no se inmutó. —Comprendo su punto de vista, pero los necesitamos. Sus capacidades como guerreros los hacen excepcionales en la protección de las montañas Occidentales, un área vulnerable para éste territorio. — Entonces, se oyó un resoplido molesto que casi lo interrumpió. El tercer demonio visitante llamó la atención de todos. —Escucha, Inugami—habló con voz grave, también faltando al protocolo de respeto para el nuevo gobernante. —La raza de los demonios Tora es tan antigua como tu especie, y nosotros lo somos un poco más, así que no creas que no conocemos sus capacidades físicas y sobrenaturales. Ellos no podrían haber derrotado tan fácilmente a un Shinigami como Narashinki… ¿Qué te falta por contarnos? — De apariencia madura y gesto severo, con oscuro cabello ébano y ojos grises, éste youkai también formaba parte de la corte, y su trabajo administrativo estaba relacionado con el control de almas. El tono que usó, indicaba que no creía en las palabras de InuTaisho. Pero éste se mantuvo firme con su mentira. —No hay nada más que contar, ignoro cómo lo hicieron. Yo quedé inconsciente bajo su ataque, y cuando desperté, me encontraba solo y herido— bajó las manos a la mesa, tomando una postura más diplomática. —No puedo obligarlos a creerme, y comprendo que no estén satisfechos con mis palabras, pero es todo lo que hay. Y lo único que el Oeste puede ofrecerles, aparte de un sentido pésame, es nuestra disposición a mantener una alianza que nos beneficie mutuamente, sin la necesidad de un lazo creado entre linajes. — El Shinigami mayor soltó una risita ácida. —Que estupidez, eso no es posible— miró al nuevo Lord fijamente. —Nosotros como especie, tenemos una responsabilidad demasiado grande, que está muy por encima de lo que hacen comúnmente las demás razas y criaturas de éste mundo— desvió sus ojos grises hacia Irasue. —El acuerdo con el padre de la heredera se aceptó sólo para ver si era factible abrirnos a la convivencia con otros. Pero creo que fue una pésima idea. — La joven demonesa se sintió incómoda con el escrutinio, pero se dio cuenta que el comentario y el reproche implícito no eran para ella. El Shinigami tenía razón en eso, el matrimonio arreglado no era un juego. Si se hacía de esta manera, era porque ambas partes tratantes ganarían un beneficio mutuo. Y eso únicamente era posible si se mantenía el vínculo entre linajes y se perpetuaba con herederos. Cosa que no sucedió. —Mi Lady, si no me equivoco, sus padres le explicaron eso, ¿Verdad? — prosiguió el Shinigami de oscura melena. —El acuerdo matrimonial entre usted y Narashinki era muy particular, y con una serie de parámetros a cumplir. Lamentablemente, eso ya no será posible, ¿Comprende lo que estoy diciendo? — Ella asintió despacio, ignorando la extraña mirada de InuTaisho, quien directamente fue excluido de la conversación, dado que era ajeno a los acuerdos que habían hecho los Shinigamis con los anteriores señores del Oeste. —Sí, lo comprendo muy bien— respondió con serenidad. —Esta lamentable tragedia trunca por completo la alianza, no hay más que decir al respecto, y comprenderé si ya no desean tener trato alguno con la casa InuYoukai. — Los tres visitantes asintieron al mismo tiempo. Quedaba en claro que, después del asesinato de Narashinki, ya no tenía caso mantener algún tipo de trato con Occidente. Los Shinigamis eran una especie ermitaña y reticente a la interacción con otros, debido a sus actividades sobrenaturales con la vida y la muerte. Por lo tanto, era mejor conservar el distanciamiento que siempre los había caracterizado. —Pero señores— intervino InuTaisho de repente, necio a querer renunciar tan fácil a los beneficios que implicaba el tener tratos con aquel tipo de youkais. —Por favor, reconsideren su decisión, el Oeste puede acoplarse a nuevos parámetros, ¿No sería un desperdicio dejar de lado una alianza? — Shishinki continuaba mirándolo con desagrado y ya no moderó sus palabras. —¡Mi hermano está muerto, no hay más alianza! — gruñó irritado. —¡¿Qué te hace pensar que nos interesaría mantener tratos con alguien que no es capaz de resolver el magnicidio de su gobernante?! — InuTaisho se mantuvo en silencio, sosteniéndole la mirada. —Dime, Inugami, ¿Serías capaz de encontrar a los culpables y entregármelos? — Irasue observó de reojo a su nuevo marido, notando un titubeo en su expresión. El Shinigami estaba exigiendo justicia, y pedir la cabeza de los “culpables”, era lo más lógico. Pero, teniendo en cuenta como estaban las cosas ahora, ella sabía perfectamente que esto no sucedería. —Los culpables ya fueron ejecutados, sus cráneos todavía adornan la entrada al pueblo de los demonios Tora— respondió el Lord. —¡No te creo! — volvió a gruñir, revelando los colmillos mientras se levantaba de golpe. Los otros Shinigamis reaccionaron rápido, sujetándolo de ambos brazos. Ellos comprendían su frustración por la muerte de su hermano, pero no iban a permitir que esto se convirtiese en un conflicto mayor. Su responsabilidad como criaturas que administran la muerte pesaba demasiado. Ellos simplemente no podían rebajarse al nivel de los demás youkais. —Tranquilízate Shishinki, no hay nada que podamos hacer, el Inugami ya dio su versión de los hechos— dijo el demonio de cabello escarlata. —Así que será mejor marcharnos ahora. — El aludido bufó con molestia, aceptando de mala gana. Los tres se apartaron de la mesa, encaminándose a la salida del lugar, sin decir o esperar algo más de la pareja. Los guardias abrieron la puerta para permitirles el paso, pero antes de abandonar el lugar, el hermano de Narashinki los miró de reojo y soltó una advertencia. —La justicia y la venganza son dos caras de la misma moneda, tarde o temprano, una de las dos llegará. — En ese momento, Irasue comprendió que aquel Shinigami no se quedaría tan tranquilo.:*=*=*=*=*=*=*:
Sesshomaru entornó la mirada. Lo narrado por su madre le dejaba en claro que su progenitor le había heredado demasiados problemas. La miró suspirar desanimada, evidenciando que aún le dolía recordar aquellos eventos. —Los Shinigamis se marcharon y no se supo más de ellos— prosiguió la demonesa. —Tu padre no dijo nada, pero su frustración fue inmensa en aquel momento. Supongo que él deseaba sacar provecho si los convencía, pero ellos simplemente lo despreciaron, como si hubiesen intuido la verdad de lo que hizo. — Bebió un poco más de agua y luego masajeó sus sienes. —Y ese Shinigami, el hermano de Narashinki, ¿Hizo algo al respecto? — interrogó el joven Lord. —No estoy segura, los Shinigamis no se dejaron ver de nuevo, pero tengo el presentimiento de que algo sucedió con Shishinki y tu padre. Desafortunadamente, no tengo esa información y quizás lo mejor sea dejar el tema de lado. Si existe una deuda pendiente, como la de Toran y los clanes leopardo, se presentará en el futuro para ser cobrada. — A pesar de lo acontecido con los Shinigamis, InuTaisho nunca dejó de buscar el poder de éstos. Irasue desconocía los detalles, pero sabía muy bien que él y Shishinki se enfrentaron en algún momento, con fatídicas consecuencias. Después de todo, cuando su marido le mostró la espada Colmillo Sagrado por primera vez, ella pudo sentir una esencia familiar en el interior del arma. No fue necesario razonar demasiado para vislumbrar la nueva atrocidad que había cometido el difunto Lord. Sin embargo, no podía revelar esos detalles, ya no tenía caso, y menos con el destino que tenían fijado ambas katanas para con los descendientes del poderoso Inugami. —Comprendo— dijo Sesshomaru con resignación. —Entonces, ¿Qué sigue ahora? — —Prepararnos para la siguiente reunión de Lores. —***
Continuará… Supongo que algunos ya lo intuían, Narashinki era el hermano menor de Shishinki, y aquí hago una sutil mención del enfrentamiento entre InuTaisho y el Shinigami. No puedo escribir algo referente a dicha pelea, porque no tengo un “testigo” que pueda narrarlo, dado que sólo Myoga fue quien lo presenció. Y en éste momento, la pulga se encuentra con Izayoi e InuYasha (para más referencias, lean La Fuerza de una Princesa). Pero sí hago la mención de la katana Colmillo Sagrado y cuando el fallecido Lord la presentó por primera vez ante Irasue (Capítulo 9: Herencia). Gracias por leer. 11/Marzo/2022