—No, no es solo cansancio. Te conozco. —Emily lo miró con seriedad—. ¿De qué se trata?
Luke suspiró y se frotó el rostro. —me dejo vivir. Emily lo miró con seriedad. —Era un sádico, Luke. Disfrutaba hacer sufrir a sus víctimas hasta el último momento. No iba a dejarte morir rápido, no sin disfrutarlo primero. Luke negó con la cabeza, su expresión conflictuada. —Lo sé, Emily, pero… yo era su víctima final. Había dejado de lado su usual juego retorcido. Estaba dispuesto a matarme en ese instante y luego acabar consigo mismo. Emily frunció el ceño —¿Cómo puedes estar tan seguro? Luke soltó una risa amarga —Porque lo vi en sus ojos. No había emoción, solo determinación. Como si hubiera aceptado que todo debía terminar esa noche. Emily lo miró con preocupación —Si realmente quería matarte, ¿por qué no lo hizo? Luke bajó la mirada, sus dedos se cerraron en un puño sobre su pierna —No lo sé… Quizá porque quería que entendiera algo antes de morir. —¿Qué cosa? —insistió Emily, su tono más suave, intentando comprender lo que le atormentaba. Luke tragó saliva y levantó la vista. Su mirada estaba cargada de sombras—Que todas las decisiones que he tomado han afectado a alguien que quiero... e indirectamente a personas inocentes. Que no puedo escapar del pasado, aunque quiera —dijo con dificultad, como si cada palabra fuera una herida abierta. Emily se acercó un poco, suavizando su tono—En este trabajo, eso siempre pasa. No podemos evitarlo. Las decisiones que tomamos afectan a los demás, de una forma u otra. Nosotros hacemos lo mejor que podemos para que se haga justicia, pero no podemos controlar lo que sucede alrededor —pausó por un momento, mirando al suelo como si sus palabras tuvieran más peso que lo que podía decir—. A veces, preferimos la soledad porque es más fácil proteger a los que queremos. Es el precio de este trabajo, pero eso no significa que estemos solos. Hizo una pausa, su mirada se perdió en el suelo. —Aun así, no puedo olvidar sus palabras… Emily colocó una mano en su hombro, apretándolo con suavidad —Lo único que te puedo decir es que te centres en el presente. Nosotros somos tu familia —dijo con firmeza, dejando que esas palabras se impregnaran en el aire—. Y estamos aquí para lo que necesites. No importa el peligro, no importa lo que haya pasado. Siempre estaremos aquí. Pero hay algo más... hay alguien con quien debes hablar. Alguien que ha estado muy preocupada por ti. Luke la miró, sintiendo el peso de sus palabras y, a la vez, el alivio de saber que no estaba solo. La idea de hablar con esa persona parecía un reto, pero sabía que era lo correcto. Sin embargo, antes de dar ese paso, necesitaba calmar las tormentas en su interior. Penélope dejó escapar un suspiro. Desde que Luke había regresado, no había podido hablar con él. No como quería. No sobre lo que realmente importaba. Sentada frente a sus ordenadores removía distraídamente el café en su taza mientras Tara y JJ la observaban con los brazos cruzados, desde la puerta. —Entonces, ¿vas a seguir así o vas a hacer algo al respecto? —preguntó Tara, alzando una ceja. —¿Así cómo? —intentó evadir Penélope, llevándose la taza a los labios. JJ resopló, impaciente —Así como una niña en negación. —No estoy en negación —gruñó Penélope. Tara y JJ intercambiaron una mirada. —Mira, Pen —dijo Tara, acercándose—. Desde que Luke volvió, ha estado más insoportable que nunca, sí. Pero tú también has estado rara. Estás distante, callada… diferente. Penélope desvió la mirada, incómoda —Es solo que… no sé cómo hablar con él. JJ se inclinó hacia adelante —No me digas que aún no le has dicho nada, después de todo el tiempo que pasaron juntos en el hospital. —No es tan simple —murmuró, jugueteando con la cucharita de su café. —¿No es tan simple? —JJ puso los ojos en blanco—. El hombre casi se muere, Pen. Lo viste inconsciente en el hospital. No me digas que eso no cambió las cosas para ti. Penélope apretó los labios. Claro que las había cambiado—Sí —admitió finalmente, con voz baja—Me di cuenta de que… de que lo quiero. Tara y JJ se quedaron en silencio por un momento. —Bueno, ya era hora de que lo dijeras en voz alta —dijo Tara con una sonrisa. Penélope negó con la cabeza, su expresión sombría —Pero ahora no sé si él sigue sintiendo lo mismo. Antes de todo esto… había señales. Pero desde que volvió, apenas me mira. Me trata con frialdad, con distancia. Es como si… como si le diera igual. JJ apoyó una mano en su hombro —Tal vez está lidiando con algo que no nos ha contado. Tal vez está asustado. —¿Asustado? —Penélope frunció el ceño—. ¿De qué? —De lo mismo que tú —intervino Tara—. De que las cosas cambiaron. De que no sabe qué hacer con lo que siente. Penélope bajó la mirada —¿Y si ya no me quiere? JJ sonrió con ternura —Pen, si después de todo esto aún no te quiere, entonces es un idiota. Tara soltó una carcajada y Penélope sonrió débilmente. —Tal vez deberías dejar de darle vueltas y simplemente hablar con él —sugirió Tara. Penélope asintió, aunque la incertidumbre seguía pesando sobre su pecho. Hablar con Luke. Sonaba fácil, pero últimamente se había hecho imposible. Luke salió de la oficina con Emily a su lado, se toparon de frente con las chicas, quienes estaban sentadas en el escritorio de Rossi, conversando. Al verlos, se acercaron para conversar, el ambiente se volvió tenso entre, las chicas notaron la atmósfera incómoda, decidieron levantarse y salir sin decir palabra alguna, dejando a Luke y a Rossi solos. Luke se quedó de pie, mirando a las chicas irse, su rostro aún serio y cargado de pensamientos. Rossi, que se había quedado tras las demás, lo observó en silencio. Luego de un rato, Luke rompió el silencio, su voz grave y decidida. —Tengo que hablar contigo sobre algo, Rossi. He estado pensando en mis sentimientos hacia Penélope —dijo, sin mirarla directamente, como si estuviera tomando una decisión importante. Rossi lo observó con atención, no sorprendida, pero sí cautelosa, esperando que siguiera hablando. El silencio entre ellos era pesado. —Desde todo lo que pasó, todo lo que vivimos… Creo que es el momento de ser honesto conmigo mismo y con ella —sus palabras salieron lentamente, como si costaran más de lo que imaginaba—. No sé qué pensar, ni cómo actuar. Cada vez que la miro, me encuentro en este dilema entre lo que siento por ella y lo que temo que pueda pasar. Rossi lo escuchó atentamente, con los brazos cruzados, dándole espacio para que hablara. Cuando Luke terminó con una mirada tranquila, le dio su consejo—Luke, no puedes seguir corriendo de lo que sientes. Tienes que enfrentar esas emociones, por más difíciles que sean. La vida no te va a esperar. No puedes dejar que el miedo te frene. El amor debe vivirse intensamente porque no sabes cuanto tiempo puedes tener con esa persona, te lo digo por experiencia. Luke la miró, frunciendo ligeramente el ceño, como si las palabras de Rossi lo golpearan con fuerza. No era algo que no supiera, pero escucharla en voz alta le hizo darse cuenta de que estaba postergando lo inevitable. —Sé que el miedo a lo que podría pasar te paraliza, pero no puedes seguir viviendo en las sombras de lo que pudo haber sido o no. Tienes que enfrentarlo. Si realmente la quieres, actúa en consecuencia. Pero, si no lo haces, vas a perderla —continuó Rossi, con una voz llena de sinceridad. —Gracias, Rossi —dijo finalmente, con una leve sonrisa, aunque todavía inseguro de lo que el futuro le deparaba.Capítulo 9 ¿Por qué se siente diferente?
25 de diciembre de 2025, 14:01
Días después, Luke fue dado de alta del hospital. A pesar de las advertencias médicas de que debía descansar, decidió presentarse a trabajar de inmediato. No soportaba la idea de quedarse en casa, atrapado en sus pensamientos.
Cuando entró a la oficina, el murmullo de sus compañeros se apagó por un instante. Todos lo miraron con una mezcla de alivio y cautela. Había sobrevivido, pero algo en él era diferente.
—¡Luke! —Tara fue la primera en acercarse con una sonrisa—. Es bueno verte de vuelta.
—Sí, qué bueno que ya estás aquí —agregó Rossi, dándole una palmada en el hombro.
Luke apenas asintió —Gracias —respondió en un tono seco, sin rastro de emoción.
El equipo lo notó.
Penélope, que estaba sentada a su lado observó la escena en silencio. Durante los días en el hospital, había notado algo extraño en él, pero ahora era evidente: Luke estaba molesto. No solo distante, sino irritado, como si algo lo carcomiera por dentro.
Después de presentar el caso, cada uno de ellos tomaron camino al avión, por lo que ella no pudo evitar seguirlo antes de que saliera de la oficina.
—Luke… —lo llamó mientras iba detrás de él.
Él se detuvo, pero no se giró del todo —¿Qué? —Su voz sonó cortante, impersonal.
Penélope frunció el ceño —¿Podemos hablar? Tenemos un asunto pendiente
Luke soltó un suspiro pesado, pasó una mano por su cabello y asintió con desgana —Ahora no, tenemos trabajo que hacer.
Se alejó sin decir nada más, dejando a Penélope con una sensación amarga en el pecho.
El caso fue todo un éxito, pero durante todo ese tiempo el mal carácter de Luke era más evidente, cuando regresaron Emily lo llamo a su oficina.
—Luke, has estado distante y molesto —comentó Emily, estando ellos solos en la oficina.
Él solo sacudió la cabeza—Solo cansado.