ID de la obra: 1301

A la Sombra del Miedo

Gen
R
Finalizada
1
Tamaño:
44 páginas, 21.529 palabras, 15 capítulos
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Capítulo 10 Entre el miedo y la verdad

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Días después, cuando finalmente lograron cerrar el caso en el que habían estado trabajando, el equipo sintió que era el momento perfecto para relajarse y celebrar. Aprovechando que el cumpleaños de Tara estaba cerca, todos se pusieron de acuerdo para organizarle una fiesta sorpresa en casa de Penélope. La casa estaba en calma después de una noche llena de risas, música y celebración. Los últimos invitados se habían ido, dejando tras de sí vasos vacíos y restos de pastel en la mesa del comedor. Penélope recogía algunos platos cuando escuchó pasos detrás de ella. La emoción se sentía en el ambiente mientras planificaban cada detalle. JJ y Rossi se encargaron de la decoración y la comida, asegurándose de que todo estuviera listo antes de la llegada de Tara. Emily se ofreció a distraerla durante el día para que no sospechara nada, mientras que Luke, aunque al principio dudó en participar, terminó aceptando ayudar con la organización junto a Penélope. Cuando la noche llegó, la casa de Penélope estaba lista para la celebración. Globos, luces y una mesa llena de comida y pastel esperaban a la cumpleañera. El equipo se escondió en la sala, conteniendo la risa y la emoción, hasta que la puerta se abrió y Emily entró con Tara, quien al ver la sorpresa se llevó las manos al rostro, totalmente conmovida. —¡Feliz cumpleaños, Tara! —gritaron todos al unísono, aplaudiendo y acercándose a abrazarla. Tara rió emocionada, sin poder creer lo que sus amigos habían preparado para ella —¡No puedo creer que hicieran todo esto! ¡Gracias, de verdad! —dijo conmovida. A medida que la fiesta avanzaba, el equipo comenzó a retirarse poco a poco. JJ y Rossi fueron los primeros en irse, seguidos de Emily y algunos otros compañeros. Al final, solo quedaron Penélope y Luke, en medio del silencio reconfortante que dejó la celebración. Luke miró su reloj y suspiró, preparándose para marcharse. —Creo que es hora de irme —dijo Luke con voz baja. Ella se giró, encontrándolo de pie cerca de la puerta, con las manos en los bolsillos y la mirada esquiva. Penélope sintió un nudo en el estómago. No quería que se fuera. No esta vez. Tenían que hablar de todo lo que había sucedido— Te quieres quedar, no tienes que irte todavía —dijo en voz baja, casi titubeante. Luke la miró, sorprendido—Pen, es tarde. —Lo sé —susurró ella, aferrando un plato con más fuerza de la necesaria—. Pero… quédate un rato más. Luke frunció ligeramente el ceño, como si analizara sus palabras, como si intentara entender qué significaban realmente —¿Por qué? —preguntó, con un deje de cansancio en su voz. Penélope tragó saliva. Había tantas respuestas que podía darle, pero ninguna parecía suficiente. No podía decirle que tenía miedo de que, si se iba, se alejaría aún más. Que desde que había vuelto, lo sentía distante, casi como si estuviera construyendo un muro entre ellos. Así que simplemente respondió con sinceridad—Porque quiero que te quedes, porque tenemos algo pendiente. Luke desvió la mirada, tensando la mandíbula. Algo en su postura se endureció, como si estuviera a punto de rechazar la idea, pero luego dejó escapar un suspiro—No sé si sea buena idea, Pen. —Por favor —susurró ella. Era la primera vez que se atrevía a pedírselo de esa manera. Directa. Sin excusas. Luke la observó por un largo instante y finalmente, asintió —Está bien. Me quedaré un rato más. El alivio la inundó. No sabía qué significaba ese pequeño paso, pero en ese momento, solo le importaba que Luke no se iba. Que aún estaba ahí. Con ella. —Penélope, sé que tengo mucho que explicar… —Luke rompió el silencio, su voz cargada de incertidumbre—. He estado dándole muchas vueltas a lo que pasó con mi desaparición… pero, sobre todo, a la carta que te dejé. El ambiente se tensó al instante. Penélope, sintiendo el peso de sus palabras, intentó evadir la conversación. Se puso de pie y comenzó a recoger los platos, llevándolos al lavadero, como si así pudiera alejarse de lo que estaba por venir. Pero Luke no estaba dispuesto a callar esta vez. —Penélope, quiero pedirte disculpas. Por la forma en la que desaparecí… por cómo te he tratado estos días. No podía dejar de pensar en que pude haber muerto… y en cómo el pasado siempre me persigue, siempre termina hiriendo a las personas que quiero. Por eso no podía hablar sobre el contenido de la carta. Penélope se quedó inmóvil por un momento, con las manos apoyadas en el borde del fregadero. Su corazón latía con fuerza, pero no se giró para enfrentarlo. —Sobre tus sentimientos… —La voz de Luke sonó más baja, más vulnerable—. En la carta decías que me amabas. Penélope cerró los ojos con fuerza. Escuchar esas palabras en voz alta, dichas por él, hacía que su pecho se comprimiera. —Esta cobardía me quema por dentro desde hace años… —continuó Luke—. Siento que perdimos el tiempo. Nos ganó el silencio, el miedo a que nuestra relación fuera más que una amistad. Pero, aun así… no puedo callarlo más. Hizo una pausa, respiró hondo y soltó con firmeza: —Te quiero, Penélope. Te amo. Penélope sintió que el aire le faltaba, pero Luke no había terminado. —Aunque aquella cita que tuvimos fue un desastre y decidiste que lo mejor era que fuéramos solo amigos, yo no pude dejar de pensar en ti. No pude dejar de sentir lo que sentía. Cuando Tyler llegó a tu vida, supe que no era el indicado… no porque yo te amara o porque los celos me nublaran el juicio, sino porque sabía que él no era suficiente para ti. Penélope giró lentamente para mirarlo, sus ojos brillaban con emociones contenidas. —No te voy a mentir… —continuó Luke—. Me dolió que pudieras estar con él tan rápido, pero que a mí nunca me dieras la oportunidad. El silencio cayó entre ambos, cargado de todo lo que nunca se habían dicho. —Luke… nunca quise que te sintieras mal. —Penélope tomó aire antes de continuar, su mirada reflejando un torbellino de emociones—. Lo de Tyler… aún no lo comprendo del todo. Pero lo nuestro siempre ha sido diferente. Hizo una pausa, buscando las palabras correctas —Al principio, intenté verte solo como un compañero de trabajo. Después, pasaste a ser mi amigo… y luego mi familia. Tú sabes que me gustas, siempre me has parecido atractivo… y, al mismo tiempo, una completa molestia. Una pequeña sonrisa temblorosa apareció en sus labios, pero desapareció tan rápido como llegó —Pero creo que eso es lo que me atrae de ti. Luke permanecía en silencio, observándola con intensidad. —Creo que es momento de confesarte algo… —Penélope bajó la mirada por un momento, como si le costara admitirlo—. Cuando estabas con Lisa, yo me sentía fuera de lugar. Tragó saliva, sintiendo cómo las palabras se atoraban en su garganta —El día de su primera cita… no llegué ahí por casualidad ni porque el trabajo lo ameritara. Llegué porque estaba celosa. Luke parpadeó sorprendido, pero ella no le dio oportunidad de responder. —Lisa era una gran mujer… y decidí no entrometerme porque sabía que eras feliz con ella. Pero cuando me invitaste a salir… —hizo una pausa, recordando ese momento—. Estaba emocionada, ilusionada… pero todo se sintió tan raro. Su voz se volvió más suave, más vulnerable —Me imaginé cómo podrían ser las cosas si estábamos juntos… o si todo salía mal. Me aterraba la idea de perderte, de que una relación entre nosotros no funcionara. Un silencio cargado de sentimientos no dichos se instaló entre ellos. Luke la miraba con una intensidad que la hacía estremecer. Penélope sintió su corazón latir con fuerza, porque, por primera vez, estaba siendo completamente honesta con él… y consigo misma. Él se acercó, lo suficiente para que Penélope sintiera su aliento cálido rozar su piel. Su corazón latía con fuerza, y aunque quería moverse, sus piernas no respondían. —¿De verdad crees que una relación entre nosotros no podría funcionar? Su voz era un susurro grave, cargado de emoción contenida, Luke la miraba con intensidad, como si intentara grabar cada detalle de su rostro en su memoria. —Si alguien conoce tus manías, tus miedos y tus sueños… soy yo. Te veo en mi presente y en mi futuro. Pero si lo prefieres, puedo fingir que no me importas, que mientras estés lejos solo seré tu amigo. Hizo una pausa, su mirada atrapándola en un torbellino de sentimientos —Pero sabes que estoy loco por ti. Penélope sintió su corazón latir con fuerza, su cuerpo paralizado entre el miedo y el anhelo. —Déjate querer… —susurró él—. ¿Por qué tenemos que esperar hasta mañana? Para mí, siempre fuiste la indicada. De eso nunca tuve duda. El mundo pareció detenerse cuando Luke acortó la distancia y, con delicadeza, pero sin vacilar, la besó.
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