ID de la obra: 1301

A la Sombra del Miedo

Gen
R
Finalizada
1
Tamaño:
44 páginas, 21.529 palabras, 15 capítulos
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Capítulo 11 Lo que no quiero admitir

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Se suponía que nada de esto tenía que estar pasando, ella se olvidó hasta de su nombre lo único que deseaba era que él estuviera más cerca. Sentía como su corazón latía tan fuerte que parecía que se iba a salir de su pecho, su estómago experimentaba un vacío que ocasiono que una corriente eléctrica viajara a través de ella. Penélope jadeó contra su boca cuando él la sujetó por la cintura y la atrajo más cerca, eliminando cualquier espacio entre ellos. Su calor la envolvía, su aroma la embriagaba, y la sensación de sus manos deslizándose por su espalda la hacía estremecer. Luke profundizó el beso, moviéndose con una mezcla de urgencia y ternura. Sus dedos se enredaron en su cabello, inclinando su cabeza para tomarla aún más. Penélope respondió con la misma intensidad, aferrándose a sus hombros, dejándose llevar por la sensación de sus labios, su piel, su presencia que la quemaba por dentro. Un leve gemido escapó de su garganta cuando él la empujó suavemente contra la pared, atrapándola entre su cuerpo y el frío de la superficie. El sueve rose de su lengua la hacía enloquecer, las carisias se volvían insoportables, su boca se deslizó de sus labios a su mandíbula, luego a su cuello, dejando un rastro de besos ardientes que hicieron que su piel se erizara. El tiempo pareció detenerse cuando sus labios se separaron. La respiración de Penélope era errática, su corazón latía con fuerza en su pecho. Luke la miró con una mezcla de anhelo y vulnerabilidad, como si estuviera esperando que ella dijera algo, cualquier cosa. Ella parpadeó, tratando de procesar lo que acababa de suceder. Su mente le gritaba que hablara, que pusiera en palabras todo lo que sentía, pero su cuerpo se negaba a moverse. Su piel hormigueaba en cada lugar donde él la había tocado. Luke levantó una mano y, con la yema de sus dedos, acarició suavemente su mejilla. —No voy a disculparme por eso —murmuró con una leve sonrisa, aunque su voz tenía un matiz de inseguridad. Penélope tragó saliva. Quería decirle que tampoco quería que lo hiciera, que ese beso había sido todo lo que nunca supo que necesitaba… pero las palabras se atoraron en su garganta. —Luke… —susurró al fin, su voz apenas un hilo. Él la observó con paciencia, sin apartarse, esperando que ella tomara la siguiente decisión. El peso del pasado, de sus miedos, de los años de incertidumbre, flotaba entre ellos. Y entonces, con un suspiro tembloroso, Penélope hizo lo único que tenía sentido en ese momento: se inclinó y lo besó de nuevo. —Dime que me detenga —susurró Luke contra su piel, su aliento cálido haciéndola temblar. Penélope apenas podía pensar. Sus manos se aferraron a su camisa, tirando de él, obligándolo a volver a besarla con la misma intensidad desesperada. —No lo hagas… —susurró ella, su voz entrecortada por la emoción. Luke sonrió contra sus labios antes de besarla de nuevo, más profundo, más intenso, dejando claro que no pensaba hacerlo, entonces la sujetó con firmeza por las piernas y, con un movimiento seguro, la levantó, haciéndola sentarse sobre la fría superficie de la barra. Penélope jadeó al sentir el contraste de temperaturas en su piel, pero su sorpresa fue sofocada cuando él volvió a besarla con hambre. Sus labios se movieron con una urgencia deliciosa, explorándola, devorándola. Las manos de Luke viajaban sin restricciones por su cuerpo, deslizándose por sus caderas, delineando su cintura antes de aferrarse a sus muslos con una mezcla de ternura y posesión. Penélope sintió un escalofrío recorrerla cuando sus dedos rozaron la piel desnuda bajo el borde de su vestido. Sin romper el contacto, ella se inclinó contra él, enredando los dedos en su cabello, atrayéndolo más cerca, queriendo sentirlo sin barreras. Luke gruñó contra su boca y succionó su labio inferior con un roce provocador, enviando un torrente de calor por todo su cuerpo. Sus respiraciones eran erráticas cuando él se apartó apenas lo suficiente para quitarse la camisa. Penélope lo observó con los ojos oscurecidos por el deseo, recorriendo con la mirada su pecho firme, la piel caliente y tensada por la anticipación. Sus manos se movieron por instinto, acariciándolo, sintiendo la dureza de sus músculos bajo sus dedos. Luke se inclinó de nuevo sobre ella, besando su cuello con lentitud, dejando un rastro ardiente con su lengua y dientes. Penélope dejó escapar un gemido bajo cuando él mordió suavemente la piel justo debajo de su oído, su punto débil. —Dios… Luke… —susurró entre jadeos. Él sonrió contra su piel, disfrutando de su reacción, y deslizó sus labios hasta su clavícula, bajando cada vez más, pero entonces, de golpe, se detuvo. Penélope sintió la ausencia inmediata de su contacto cuando él dio un paso atrás, pasando una mano por su cabello, respirando profundamente. Sus ojos todavía brillaban con deseo, pero ahora había algo más en ellos… duda. —No podemos seguir —murmuró con la voz aún ronca. Ella lo miró, desconcertada, su pecho subiendo y bajando con rapidez —¿Por qué? —preguntó, su tono más suave de lo que pretendía. Luke exhaló con fuerza, desviando la mirada por un segundo, antes de volver a encontrar la suya —Porque esto… esto no es solo deseo, Penélope. Si seguimos, no habrá vuelta atrás. Y aunque quiero cada parte de ti, no quiero que mañana nos arrepintamos de lo que está a punto de pasar. El silencio entre ellos se cargó de tensión. Penélope sintió su corazón latir con fuerza mientras lo observaba. No era miedo lo que veía en él… era respeto, era amor. Y eso la desarmó más que cualquier beso. Luke estaba dispuesto a esperarla, a asegurarse de que esto no fuera solo un momento impulsivo, sino el inicio de algo real y con ese pensamiento, supo que lo que sentía por él iba mucho más allá de la atracción. El agarro sus cosas y salió de su apartamento. A la mañana siguiente, Penélope no pudo concentrarse en su trabajo. Su mente volvía una y otra vez a lo sucedido con Luke la noche anterior: sus labios, sus caricias, el fuego que los consumía y… la manera en que él se detuvo. Suspiró, sintiendo una mezcla de frustración y ternura, y decidió que no podía quedarse con todo aquello encerrado en su cabeza. Necesitaba hablar con alguien. Así que, con determinación, fue a buscar a Emily, JJ y Tara —Reunión de emergencia en la oficina de Emily —les dijo con voz conspiradora. Las tres se miraron con curiosidad antes de seguirla. Una vez dentro, Penélope cerró la puerta, cruzó los brazos y exhaló con fuerza —Anoche casi me acosté con Luke —soltó de golpe. Hubo un silencio absoluto. —¿Qué? —JJ parpadeó, sorprendida. —Espera, espera —intervino Emily, alzando una mano—. ¿Casi? ¿Qué significa “casi”? Penélope se dejó caer en una de las sillas, enterrando el rostro entre sus manos. —Significa que estábamos en mi casa, que me besó como si fuera el último aire que iba a respirar y después… bueno, la cosa se puso intensa —confesó con las mejillas ardiendo—. Hasta que él se detuvo. —¿Se detuvo? —Tara arqueó una ceja—. ¿Luke? ¿En serio? Penélope asintió con un suspiro —Dijo que no quería que nos arrepintiéramos, que no podíamos seguir porque todavía no sabíamos que éramos. Las chicas se quedaron en silencio por un momento. Luego, Emily sonrió con complicidad—Bueno, eso es interesante. —¿Interesante? —bufó Penélope—. Es frustrante. Yo… yo lo quería, quería que pasara, pero él fue el que puso el freno. —Y eso te molesta —dijo JJ con una sonrisa divertida. —No es que me moleste, es solo que… —Penélope se detuvo, mordiendo su labio—. No sé qué hacer ahora. Nos quedamos en un punto intermedio, y no tengo idea de qué significa, y menos lo que pasa ahora entre nosotros. Emily se cruzó de brazos y la miró con seriedad —¿Y para ti? ¿Qué significa para ti? Penélope abrió la boca para responder, pero las palabras no salieron tan rápido, porque la verdad era que, por primera vez, no quería solo imaginar un “qué pasaría si…”. Quería algo real con Luke.
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