ID de la obra: 1301

A la Sombra del Miedo

Gen
R
Finalizada
1
Tamaño:
44 páginas, 21.529 palabras, 15 capítulos
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Capítulo 12 El corazón no se calla

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Luke estaba en la sala de descanso, removiendo el café en su taza sin mucho interés, cuando Rossi entró y se apoyó en la mesa frente a él con los brazos cruzados. —Déjame adivinar… —dijo Rossi con su tono experimentado—. No dormiste bien anoche. Luke dejó escapar un suspiro y pasó una mano por su rostro —No. —Y tiene que ver con una rubia en particular, ¿cierto? Luke lo miró de reojo y chasqueó la lengua —¿Soy tan obvio? —Por supuesto. Tienes la misma cara que ponen los hombres cuando se dan cuenta de que están enamorados y no saben qué hacer al respecto. Luke resopló, removiendo su café otra vez —No es tan sencillo, Rossi —Lo es, en realidad. Solo que a los hombres nos encanta complicarlo todo. Luke dejó la cucharilla a un lado y se apoyó en la mesa, mirando a su amigo con seriedad —Anoche casi me acosté con Penélope. Rossi alzó una ceja, pero no parecía sorprendido —¿Y qué pasó? —Me detuve. —Ajá… —Rossi inclinó la cabeza—. ¿Por qué? Luke exhaló con frustración —Porque no quiero que sea solo un momento de pasión. Quiero que sea real. Pero no sé si ella quiere lo mismo. Rossi sonrió con cierta diversión. —Déjame preguntarte algo, Luke… ¿alguna vez te has lanzado de un avión? —No. —Pues esto es igual. No puedes quedarte en la puerta, mirando hacia abajo y esperando saber si el paracaídas funcionará o no. Solo tienes que saltar. Luke frunció el ceño —¿Estás comparando mi relación con Penélope con un salto en paracaídas? —Exactamente —afirmó Rossi—. Si te preocupa lo que ella siente, invítala a cenar, háblale claro. Dile lo que quieres y deja que ella decida si quiere saltar contigo o no. Luke se quedó en silencio, considerando sus palabras —¿Y si dice que no? Rossi sonrió y le dio una palmada en el hombro—Bueno, entonces al menos sabrás que hiciste todo lo posible. Pero, sinceramente, no creo que lo haga. Luke bajó la mirada a su café y dejó escapar un suspiro, tal vez Rossi tenía razón. Tal vez era hora de dejar de analizarlo todo y simplemente… dar el salto. La oficina estaba más tranquila de lo habitual. Con el caso cerrado y el papeleo casi terminado, la mayoría del equipo había decidido irse temprano. Pero Luke aún tenía algo pendiente. Se detuvo frente a la puerta de la oficina de Penélope y tomó aire antes de asomarse. Ella estaba concentrada en la pantalla, sus dedos moviéndose con rapidez sobre el teclado. —Hey, ¿todavía aquí? —preguntó con suavidad. Penélope levantó la vista y sonrió un poco, aunque su expresión mostraba el cansancio del día —Todavía queda papeleo por hacer. No todos podemos irnos temprano como Rossi. Luke sonrió de lado y se apoyó en el marco de la puerta—En ese caso, ¿quieres cenar conmigo? La pregunta la tomó por sorpresa. Parpadeó varias veces y dejó de teclear—¿Ahora? —Sí. Pero dado que estamos atrapados en la oficina, podemos pedir algo y comer aquí. Penélope ladeó la cabeza y lo miró con curiosidad —¿Es por cortesía o hay alguna otra razón? Luke dejó escapar una pequeña risa—Digamos que hay algo de lo que quiero hablar contigo. Ella lo observó por un momento, luego suspiró y asintió—Está bien. Pero yo elijo la comida. Minutos después, estaban sentados en una de las mesas de la sala de descanso con dos cajas de comida china delante de ellos. El ambiente era denso, cargado de palabras no dichas. Ninguno de los dos hablaba, solo se escuchaba el ruido de los palillos chocando contra los envases de cartón. Hasta que Luke rompió el silencio—Sobre anoche… Penélope dejó de comer y bajó la mirada—Sabía que ibas a traerlo a la mesa. —Es necesario. Ella exhaló y apoyó los codos en la mesa, jugando con los palillos en su mano—Luke, yo… —Hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Tengo miedo. Él frunció el ceño y dejó su comida a un lado —¿De qué? —De que lo arruinemos. De que lo que sentimos se vuelva algo que no podamos manejar. —Su voz era suave, pero cargada de vulnerabilidad—. Nuestra amistad es una de las cosas más importantes en mi vida. No quiero perderte. Luke la miró en silencio por unos segundos antes de hablar —¿Y si en lugar de pensar en lo que podríamos perder, pensamos en lo que podríamos ganar? Penélope alzó la vista y encontró su mirada, intensa pero serena. —Rossi me dio un consejo. Me dijo que, si estaba preocupado por lo que sientes debería hablar claro, dejar de darle tantas vueltas y simplemente… saltar. El silencio que siguió fue espeso. Ambos se miraron, ninguno seguro de qué decir a continuación. Finalmente, Penélope esbozó una pequeña sonrisa, nerviosa pero sincera—¿Y qué pasa si me asusta saltar? Luke sostuvo su mirada y se inclinó un poco hacia ella —Entonces, podemos saltar juntos. Penélope sintió su corazón acelerarse y apartó la mirada por un momento, procesando sus palabras, el miedo aún estaba ahí, pero también lo estaba la posibilidad de algo real. Algo que ambos habían evitado por tanto tiempo y en ese momento, la idea de saltar no parecía tan aterradora. Penélope levantó la vista y encontró a Luke observándola con esa mezcla de ansiedad y esperanza contenida. —Está bien —dijo al fin, su voz más firme de lo que esperaba—. Probemos. Tengamos citas, veamos qué pasa… Luke parpadeó, como si no creyera haber escuchado bien—¿De verdad? Penélope dejó escapar una risa suave, nerviosa—No me hagas arrepentirme. Luke levantó una mano y le acarició la mejilla con suavidad, su pulgar trazando un camino ligero sobre su piel. Penélope sintió un escalofrío recorrerle la espalda. —Si en algún momento quieres detenerte, dime —susurró él, su aliento cálido contra sus labios. Ella negó con la cabeza y entonces, Luke cerró la distancia entre ellos, el beso fue lento al principio, pero la tensión acumulada durante años de negación se desbordó rápidamente. Luke deslizó una mano hasta la curva de su cintura, atrayéndola más cerca, mientras que los dedos de Penélope se enredaban en su nuca, aferrándose a él como si temiera que se desvaneciera. Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban entrecortadamente. Luke apoyó su frente contra la de ella, sus labios curvándose en una sonrisa —Definitivamente vamos a intentarlo. Penélope soltó una risa suave, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que estaba exactamente donde debía estar. Los días juntos habían sido como un respiro después de tanto caos. Penélope y Luke se permitieron disfrutar sin presiones, saliendo en citas discretas después del trabajo, compartiendo risas momentos robados en la oficina, encontrando excusas para tocarse sutilmente cuando nadie miraba y compartiendo conversaciones que se prolongaban hasta la madrugada. No habían puesto etiquetas a lo que tenían, simplemente dejaron que todo fluyera. El equipo lo notó. JJ sonreía cada vez que los veía compartir miradas, Tara lanzaba comentarios casuales y Rossi, con su sabiduría de siempre, solo les recordaba que "las cosas buenas no se esconden para siempre". Pero ninguno intervino. Todo parecía ir bien… hasta que el equipo fue asignado a una investigación que requería apoyo externo, era un caso complicado, lleno de cabos sueltos y presión. Luke y Penélope comenzaron a chocar, más por frustración que por otra cosa. Él se volvió más distante y ella más tensa. Pero todo empeoro cuando la puerta de la sala de reuniones se abrió, y ella entró, el aire pareció espesarse. La agente especial Olivia Carter. el apoyo externo del buro. Rubia, de movimientos seguros y mirada afilada, con un porte impecable y una confianza que indicaba que sabía exactamente el efecto que causaba. Su uniforme negro ceñía su figura esbelta, y sus botas resonaban con cada paso. Pero lo peor no era su presencia. Era la forma en la que Luke la miró. —Es un placer trabajar con ustedes —dijo Olivia con una sonrisa profesional, recorriendo con la mirada a cada miembro del equipo… hasta detenerse en Luke—. Es bueno verte de nuevo. Luke le devolvió la mirada con algo tenso en su expresión. —Igualmente.
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