ID de la obra: 1301

A la Sombra del Miedo

Gen
R
Finalizada
1
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44 páginas, 21.529 palabras, 15 capítulos
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Capítulo 13 Más que amigos

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Penélope entró en la sala de descanso con una taza de café en la mano, intentando ignorar el nudo en su estómago. No había dormido bien desde la noche anterior, Al llegar, encontró a JJ y Emily apoyadas en la mesa, hablando en voz baja con Tara. —¿De qué hablan? —preguntó, intentando sonar casual mientras se unía a ellas. JJ la miró con cautela, pero fue Emily quien respondió con franqueza —De Olivia. El nombre por sí solo le hizo apretar la mandíbula—Así que todas saben quién es… —Es difícil no saberlo —Tara suspiró—. Estuvo con Luke por mucho tiempo. Fueron una de esas parejas que parecían perfectas desde afuera. —Hasta que terminaron —añadió JJ, dándole un sorbo a su café—. Y él no quiso hablar demasiado del tema, solo que las cosas no funcionaron. Penélope dejó su taza sobre la mesa con más fuerza de la necesaria —Y ahora está aquí, trabajando con nosotros. Genial. Los días siguientes fueron un torbellino de incomodidad. Olivia parecía moverse con demasiada facilidad en la vida de Luke, hablándole con confianza, tocándole el brazo con familiaridad, llamándolo por un apodo que Penélope no había escuchado antes, no es que estuvieran coqueteando, pero se conocían demasiado bien, con esa familiaridad que solo tienen dos personas que alguna vez compartieron algo más profundo y lo peor era que Luke no hacía nada para detenerlo. Penélope intentó ignorarlo. Se concentró en el caso, en los informes, en cualquier cosa que evitara ese nudo en su estómago cada vez que veía a Olivia y Luke juntos. Hasta que todo explotó. Fue en medio de la oficina, después de horas de tensión acumulada, con el equipo alrededor, fingiendo estar ocupados, pero claramente atentos. —¿Quieres decirme qué demonios te pasa? —soltó Penélope, cruzándose de brazos, su voz firme, pero con un temblor oculto. Luke levantó la vista de los archivos, sorprendido por el tono en su voz—¿De qué estás hablando? —De ella. De cómo te transformas cada vez que está cerca, de cómo te vuelves frío conmigo, como si yo no existiera. —No es cierto —respondió él, pero su tono fue más defensivo que honesto. Penélope soltó una risa sarcástica. —No me mientas, Luke. Si esto no es nada, entonces dime a la cara que su regreso no te afecta. Él apretó la mandíbula, pero no dijo nada y eso fue suficiente para que el dolor explotara dentro de ella —Sabes qué, ya no me importa. Me cansé de esperar a que me dijeras qué somos, de caminar con cuidado para no arruinar esto. Si te cuesta tanto elegir… si te cuesta tanto elegirnos, entonces ya no quiero seguir así. Tara, Emily y JJ intercambiaron miradas tensas. Rossi suspiró, como si hubiera visto esto venir. Luke se quedó inmóvil. Penélope tragó saliva, su corazón latiendo con fuerza —Te amo, Luke. Y si no puedes lidiar con eso, entonces dímelo ahora. El peso de sus palabras llenó la habitación. Nadie se atrevió a moverse. Luke abrió la boca. Cerró los ojos un segundo, como si estuviera debatiéndose internamente. Pero no dijo nada. Y ese silencio fue lo que más dolió. Penélope sintió que el aire en la habitación se volvía demasiado pesado. La sangre le ardía en las venas, pero no era enojo… era tristeza. Se forzó a asentir, aunque su garganta estuviera cerrada por las lágrimas que se negaba a derramar —Lo entiendo —susurró. Y sin esperar respuesta, se dio la vuelta y salió de la oficina. El sonido de la puerta cerrándose detrás de ella retumbó más fuerte que cualquier palabra que Luke hubiera podido decir. Luke no podía reaccionar. No porque no la amara, sino porque su confesión lo había sacudido hasta la médula. Sentía su corazón retumbar con fuerza en su pecho, su mente procesando cada palabra que había salido de los labios de Penélope. Cuando finalmente su cuerpo respondió, la puerta ya se estaba cerrando tras ella. Una descarga de adrenalina recorrió su sistema, y sin pensarlo, salió corriendo tras ella. Llegó a su oficina primero, con la esperanza de encontrarla allí, pero la silla vacía y la ausencia de su característico aroma a vainilla le confirmo que ya se había ido. Maldijo en voz baja y se apresuró al estacionamiento. Entonces la vio. Su auto se alejaba rápidamente y, sin perder un segundo, se subió al suyo y arrancó tras ella. Mientras conducía, marcó su número una y otra vez, pero cada vez que el tono sonaba y saltaba al buzón de voz, la desesperación lo consumía más. Cuando finalmente llegó a su apartamento, la vio apresurándose hacia la puerta, con las llaves temblando entre sus dedos en su intento de entrar lo más rápido posible. Luke apenas frenó antes de bajarse del auto y corrió hacia ella. Justo cuando estaba por cerrar la puerta, él puso la mano y la detuvo con firmeza. —Espera, por favor —su voz era un ruego entrecortado por la carrera y la desesperación—. Analiza y escucha lo que tengo que decir. Penélope mantuvo la mirada fija en el suelo, su respiración agitada y los hombros tensos. —Si supieras cuánto yo a ti te amo… —continuó Luke, su voz quebrándose levemente—. Estar contigo es lo que me hace feliz. Ella no es nada, solo es un triste pasado. Tú eres mi presente, mi futuro… Penélope apretó los labios, pero no dijo nada. Luke dio un paso más, acercándose con cautela, con temor de que ella se apartara. —No entiendo por qué no puedes creerme —su tono era una mezcla de frustración y súplica—. Sabes que soy un hombre de una sola mujer y que esa mujer siempre fuiste tú. Te lo he demostrado de mil maneras, en cada gesto, en cada momento…… no dejemos que muera el amor y que el fuego se apague entre nosotros. Luke levantó una mano y la deslizó suavemente por su mejilla, obligándola a mirarlo. —Sé que te dolió que no pudiera responderte antes… pero fue porque no podía creerlo. He soñado con este momento por tanto tiempo que nunca imaginé que fuera posible. Se inclinó un poco, su frente casi rozando la de ella. —Por favor, perdóname… y sé mi novia. El silencio que siguió fue insoportable. Penélope lo miró con los ojos llenos de emoción contenida, su pecho subiendo y bajando con rapidez. Luke no sabía si iba a rechazarlo o si, por fin, ella también se atrevería a saltar. Penélope cerró los ojos con fuerza. —No quiero salir lastimada, Luke… —Yo jamás te haría daño —aseguró con firmeza Penélope lo miró a los ojos, buscando algo, cualquier señal de duda, pero no la encontró. Todo lo que vio en su mirada fue amor, anhelo y una verdad tan pura que le quitó el aliento. Su corazón latía con fuerza, y por primera vez en mucho tiempo, dejó de lado el miedo. No importaba el pasado, no importaban las dudas. Solo importaba lo que sentía en ese instante. Dio un paso al frente y, sin pensarlo más, se aferró a su camisa y lo besó. El impacto fue inmediato, Luke tardó un segundo en reaccionar antes de corresponderle con la misma pasión, enredando sus brazos alrededor de su cintura y atrayéndola contra su cuerpo. Sus labios se movieron con desesperación, como si estuvieran compensando todo el tiempo perdido, como si hubieran estado esperando ese momento desde siempre. Cuando se separaron, apenas podían respirar. Luke apoyó su frente contra la de ella y sonrió, con el corazón aún desbocado. —¿Eso fue un sí? —preguntó con voz ronca. Penélope mordió su labio y asintió, con una pequeña sonrisa curvando sus labios —Sí, Luke. Él soltó una carcajada baja antes de volver a besarla, esta vez con más ternura, con la certeza de que finalmente la tenía en sus brazos y que ella no iba a alejarse. Pero el momento se vio interrumpido cuando sus teléfonos comenzaron a sonar al mismo tiempo. Luke gruñó y apoyó la frente en su hombro, mientras Penélope reía suavemente. —No paran —murmuró él, sacando su celular y viendo el nombre de Rossi en la pantalla. —Debe ser el equipo —dijo Penélope, mirando también su teléfono. JJ. Suspiró antes de contestar —JJ, tranquila, todo está bien… —hizo una pausa, sonriendo de lado cuando Luke la rodeó con los brazos desde atrás—. Estoy con Luke… Sí, sí, nos vemos después. Cuando colgó, Luke la miró con diversión —¿Y ahora? Penélope deslizó sus manos por su pecho y luego tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de él —Ahora, entremos. Luke no necesitó más. Con una sonrisa traviesa, la siguió al interior del departamento, cerrando la puerta tras ellos.
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