Capítulo 14 Siempre fuiste tú
25 de diciembre de 2025, 14:21
El silencio en la habitación estaba cargado de algo nuevo, algo que los envolvía como un hilo invisible, tensando el aire entre ellos. Penélope y Luke se miraban, aún con la respiración entrecortada tras el último beso. No era la primera vez que estaban tan cerca, pero esta vez era diferente. Esta vez no había marcha atrás.
Luke levantó una mano y rozó su mejilla con suavidad, sus dedos temblorosos deslizándose por su piel como si quisiera memorizar cada detalle—¿Estás segura? —susurró, con la voz grave y llena de emoción contenida.
Penélope asintió lentamente, sin apartar la mirada de él —Nunca he estado más segura de algo —respondió, su voz apenas un murmullo.
La sonrisa de Luke fue un reflejo de la suya. No había prisa en sus movimientos cuando inclinó el rostro y volvió a besarla, con un cuidado reverente que le erizó la piel. Sus labios se movieron con una ternura que contrastaba con la intensidad del deseo que crecía entre ellos.
Luke la tomó por la cintura, atrayéndola hacia él con una firmeza que la hizo jadear. Su boca se apoderó de la suya, y Penélope se aferró a sus hombros y lo acercó más, supo que no había vuelta atrás, sintiendo el calor irradiar de su piel. Su aroma la envolvía, una mezcla de su perfume y algo puramente masculino que la hacía perder el control.
Con movimientos seguros, la levantó en brazos y la llevó hasta la cama, su cuerpo encajando perfectamente contra el suyo. Sus labios se deslizaron por su cuello, dejando un rastro de besos ardientes hasta su clavícula, mientras sus manos recorrían cada curva de su silueta con una lentitud exasperante.
Penélope contuvo el aliento cuando sintió sus dedos deslizarse por la cremallera de su vestido, bajándola centímetro a centímetro, su aliento cálido rozó su cuello cuando susurró su nombre, y una descarga recorrió el cuerpo de Penélope, haciéndola estremecer de pies a cabeza, mientras dejaba un beso leve en sus labios, cuando la tela cayó suavemente por su cuerpo, dejando su piel expuesta a la brisa cálida de la habitación. Un escalofrío la recorrió al notar la intensidad con la que él la miraba, su deseo reflejado en sus ojos oscuros.
Luke se tomó su tiempo, arrodillándose frente a ella mientras con delicadeza retiraba las medias lentamente dejando que sus dedos rozaran su muslo en un toque electrizante que la recorrió por completo, cuando la última prenda cayó, Luke dejó un beso en la cara interna de su muslo, haciéndola gemir de anticipación.
—Eres preciosa —murmuró contra su piel antes de besarla de nuevo, esta vez con una urgencia que la hizo gemir.
Él deslizó lentamente su propia camisa por sus hombros, dejándola caer al suelo sin apartar sus ojos de ella, dejo al descubierto su pecho firme. Penélope no pudo evitar recorrerlo con las yemas de los dedos, sintiendo cómo sus músculos se contraían bajo su tacto. Se inclinó y besó su abdomen, provocando un gruñido bajo en su garganta, entonces se irguió para quitarse el cinturón, los pantalones y los calzoncillos. Penélope lo observó de arriba abajo, grabando cada detalle en su memoria, mientras se mordía el labio al admirarlo, su piel ardiente, sus músculos tensos por el deseo contenido.
Él se estremeció con el contacto, y ella sonrió antes de posar su mano sobre su pecho, guiándolo hacia la cama para que tomara su lugar. Se inclinó sobre él, besándolo con una mezcla de deseo y ternura, antes de llevar sus manos a la espalda y soltar su sujetador. Al sentir el rubor en sus mejillas, apartó la mirada un instante, pero la forma en que Luke la observaba la hizo sentirse segura. Con un último suspiro, dejó caer la última prenda que la cubría.
Luke se incorporó, acariciando su rostro antes de besarla con dulzura, su tacto transmitiendo más que palabras. La recostó con cuidado, antes de deslizarse a su lado, atrapando su boca en un beso profundo mientras su mano recorría su cuerpo con hambre, dejando un beso en su cuello, luego en su clavícula, descendiendo con lentitud hasta su pecho, un jadeo escapó de sus labios, despertando sensaciones que la hicieron arquearse contra él.
Luke tomó su tiempo en explorarla con su boca, su lengua trazando círculos alrededor de su pezón antes de atrapar su pecho entre sus labios. Su otra mano se aventuró más abajo, deslizándose entre sus muslos hasta encontrar su centro húmedo y caliente.
Penélope se aferró a sus hombros con fuerza, su cuerpo temblando con cada caricia. Sus gemidos llenaron la habitación cuando él la llevó al borde del placer con movimientos expertos, su lengua y sus dedos jugando con cada uno de sus puntos más sensible hasta que la ola de éxtasis la arrastró.
Su respiración se volvió entrecortada cuando él continuó su recorrido, explorando cada rincón de su cuerpo con devoción. Su lengua trazó un sendero ardiente hasta el centro de su feminidad, arrancándole gemidos que llenaron la habitación. El deseo se acumuló entre ellos como una ola a punto de romper. Cuando Penélope se arqueó en el clímax, él la sostuvo con firmeza, besando su abdomen mientras la observaba con admiración.
Mientras ella recuperaba el aliento, Luke se posicionó sobre ella, abriéndose paso con suavidad entre sus piernas, sus miradas encontrándose en un instante cargado de deseo y entrega. Penélope lo miró a los ojos y lo atrajo hacia sí, besándolo con desesperación.
Él no esperó más. Con un movimiento lento y controlado, la penetró, provocando que ambos soltaran un gemido profundo al sentir la calidez envolviéndolos por completo. Luke se quedó quieto por un momento, disfrutando la sensación de estar dentro de ella, antes de comenzar a moverse con un ritmo pausado y provocador.
Él aceleró el ritmo cuando sintió que ella se aferraba a él con más fuerza, lo guio con las manos, exigiendo más, él no pudo contenerse, cuando sus uñas marcaron su espalda y sus caderas moviéndose al compás de las suyas. Los gemidos de Penélope lo enloquecían, lo empujaban a llevarla más alto, a darle todo de sí.
Cada embestida los hacía gemir al unísono, el placer acumulándose hasta volverse insoportable. Sus cuerpos se movían en perfecta sincronía, el calor entre ellos aumentando con cada roce, cada beso, cada jadeo contenido.
Cuando finalmente alcanzaron el clímax juntos, sus cuerpos se tensaron, estremeciéndose con la intensidad del placer. Sus respiraciones eran erráticas, sus corazones latiendo al unísono mientras se desplomaban el uno contra el otro, agotados y satisfechos todavía temblando por la oleada de sensaciones.
Sus respiraciones eran profundas, acompasadas, y Luke la envolvió en sus brazos con fuerza, enterrando su rostro en su cuello mientras dejaba un último beso en su piel húmeda, deslizando los dedos por su espalda, explorando con delicadeza, como si quisiera grabarse en la memoria cada estremecimiento de su piel bajo su toque.
Penélope se acurrucó contra su pecho, sonriendo contra su piel sintiendo su calor, su seguridad, el peso de lo que significaban el uno para el otro, sabiendo que, sin importar lo que pasara después, ese momento les pertenecía solo a ellos.
Nunca imaginé que el contacto de su piel contra la mía pudiera sentirse tan… correcto. Cada roce de sus manos no solo encendía el deseo, sino que también era una promesa silenciosa, una que hablaba de amor más que de pasión—pensaba ella.
La he deseado por tanto tiempo… y ahora, finalmente, está aquí, conmigo. No como un sueño, sino como una realidad palpable —pensaba él.
A la mañana siguiente, cuando Penélope despertó, notó que el lado de la cama donde Luke había dormido estaba vacío. El sonido del agua corriendo en la ducha le indicó dónde estaba, así que se levantó con una sonrisa y decidió preparar el desayuno.
Mientras batía los huevos y ponía el café a calentar, escuchó el timbre de la puerta. Extrañada, se secó las manos y fue a abrir.
—¡Buenos días, dormilona! —saludó JJ con una sonrisa traviesa al verla en pijama—. Solo vine a ver cómo estabas… y a decirte que tenemos un nuevo caso.
Penélope sintió un ligero nerviosismo, pero intentó disimularlo —Eh… sí, claro. Solo dame unos minutos.
Justo en ese momento, Luke apareció en la sala, con el cabello húmedo y la toalla colgada alrededor del cuello. Al ver a JJ en la puerta, arqueó una ceja con diversión.
—¿Interrumpo algo? —preguntó JJ con una sonrisita maliciosa, cruzándose de brazos.
Penélope rodó los ojos, mientras Luke simplemente negó con la cabeza con una sonrisa de lado.
—Nos vemos en la oficina —dijo JJ antes de dar media vuelta, pero antes de irse, no pudo evitar lanzar una última broma—. Ah, y, por cierto, no olviden llegar descansados.
Penélope sintió cómo el calor subía a sus mejillas, y Luke soltó una risa divertida mientras cerraba la puerta.
—No va a dejarnos en paz, ¿verdad? —murmuró ella, escondiendo el rostro en sus manos.
—Ni en un millón de años —respondió Luke, acercándose a ella y dándole un beso en la sien—. Pero por ahora, tenemos unos minutos antes de que el mundo real nos alcance.
Cuando Penélope y Luke entraron en la sala de juntas, el murmullo entre sus compañeros se hizo evidente. JJ miró de reojo a Emily y Tara, intercambiando una sonrisa de complicidad. Rossi, sentado con su café en mano, levantó una ceja con diversión.
—Bueno, bueno… —dijo Emily, apoyando los codos en la mesa—. Parece que hay algo que quieran compartir con la clase.
Tara soltó una risita, mientras Rossi bebía su café con una expresión de completa satisfacción, como si ya lo hubiera visto venir.
Penélope sintió que el calor subía a su rostro, pero antes de que pudiera decir algo, Luke decidió tomar el toro por los cuernos.
—Sí, estamos juntos —dijo con seguridad, mirando a cada uno de ellos—. Somos pareja.
Por un instante, hubo un breve silencio, hasta que JJ sonrió ampliamente y dijo—Bueno, ya era hora.
Rossi soltó una carcajada—Finalmente.
—¡Sabía que iba a pasar tarde o temprano! —comento Tara
Penélope suspiró, resignada pero sonriente —¿Van a hacer muchas preguntas o podemos trabajar?
—Podemos hacer ambas cosas —dijo Rossi con diversión—. Aunque quizás después del caso.
Todos rieron y finalmente dejaron el tema de lado, listos para comenzar la reunión, aunque Penélope aún podía notar las sonrisas cómplices de sus amigos de vez en cuando.