Capítulo 2: celo provocado
27 de octubre de 2025, 14:13
Angel corría desesperado por los pasillos oscuros y laberínticos de Playcare, con el corazón latiéndole en la garganta. En sus brazos cargaba a Poppy, cuya figura ligera de porcelana temblaba sin control. Su largo cabello rojo se había soltado un poco de la coleta alta, y el lazo azul claro se mecía desordenado. El vestido azul pálido estilo lolita, lleno de encaje blanco y delicados moños, se arrugaba contra el pecho de Angel. Sus piernas de porcelana blanca, cubiertas por medias hasta las rodillas y zapatos negros con pequeños lazos, colgaban sin fuerza. Un aroma dulce y embriagador —fresas maduras mezcladas con chocolate negro y un toque cremoso— emanaba de ella con una intensidad alarmante, invadiendo el aire a su paso.
Angel sabía perfectamente lo que significaba ese olor. Un Omega en celo. Y no uno cualquiera: la hija de Elliot. Si algún Alfa lo detectaba, las consecuencias serían catastróficas.
—Tranquila… respira —murmuró Angel con voz urgente, apretándola más contra su pecho—. Voy a encontrar un lugar seguro. No dejaré que te pase nada.
Poppy se aferró a su camisa con sus pequeñas manos de porcelana, los dedos temblando. Sus piernas no la sostendrían si la bajaba al suelo. El aroma del Prototipo aún resonaba en su mente, fuerte, salvaje, como café amargo, menta fresca y algo primitivo que despertaba cada instinto dentro de ella. Nunca había sentido algo así. Su cuerpo reaccionaba sin permiso, enviando oleadas de calor que la dejaban débil y confundida.
Los pasillos parecían más largos que nunca. Tuberías oxidadas goteaban en las esquinas, el eco distante de máquinas resonaba como un pulso metálico y la luz de los fluorescentes parpadeaba, creando sombras que parecían acecharlos.
Al pasar frente a uno de los laboratorios, un científico levantó la cabeza. Sus ojos se dilataron al captar el rastro de feromonas de Poppy. Angel apretó los dientes y aceleró el paso, sintiendo cómo el miedo le subía por la espalda. Sabía que Harley no tardaría en enterarse. Y Harley… Harley era lo peor que podía pasarles.
—¡No! —suplicó Poppy de pronto, con voz débil pero desesperada—. Llévame con Harley… él puede ayudarme…
Angel se detuvo en seco, mirándola con incredulidad y horror.
—¿Harley? —repitió, casi escupiendo el nombre—. Ese hombre es un monstruo, Poppy. Especialmente con Omegas en celo. Yo mismo he… —su voz se quebró un segundo, invadido por recuerdos que prefería olvidar—. He sufrido sus abusos en carne propia. No le importa que seas la hija de Elliot. Para él solo eres una Omega más a la que puede romper.
Angel tragó saliva y reanudó la carrera, sujetándola con más fuerza.
—Sé de alguien que sí nos ayudará. Alguien en quien puedo confiar.
Su propio aroma a sandía dulce y durazno maduro se mezclaba con el sudor del esfuerzo. Su piel blanca estaba perlada de sudor, el cabello rubio ligeramente ondulado se pegaba a su frente y sus ojos verdes brillaban con una mezcla de determinación y miedo.
En otra sección más tranquila de Playcare, Kissy Missy se levantó de la cama, envolviéndose con una sábana que apenas cubría su piel pálida. Frente a ella, Huggy Wuggy ya estaba vestido, observándola con una sonrisa satisfecha y peligrosa.
—Menos mal que este es el último día… —suspiró Kissy con una sonrisa cansada, aunque sus ojos brillaban con picardía—. Eres insoportable, Huggy.
—¿Insoportable? —repitió él con voz grave y seductora, acercándose—. Si no recuerdo mal, eras tú la que rogaba que no parara… y que fuera más rudo.
Huggy deslizó un dedo por el labio inferior de Kissy, provocándole un escalofrío. Ella se sentó en la cama, aún envuelta en la sábana, y comenzó a buscar su ropa.
—Me sorprende que nos hayan dejado hacerlo —comentó Kissy—. Siempre nos obligan a usar supresores.
Huggy soltó una risa baja y oscura.
—No les quedó de otra. O me dejaban estar contigo durante mi rut, o habría más trabajadores muertos. Amenacé con eso.
Kissy hizo un puchero, aunque no podía ocultar el afecto en su mirada.
—Aún no te perdono por lo que les hiciste a esos pobres hombres…
Huggy se inclinó y la besó con intensidad, un beso profundo y posesivo que ella correspondió sin dudar. El momento se rompió cuando alguien golpeó la puerta con urgencia.
—Ve a ver —dijo Kissy, apartándose—. Yo tengo que vestirme.
En el laboratorio principal, Harley Sawyer inhalaba profundamente, saboreando el rastro que aún quedaba en el aire del dulce aroma a fresas y chocolate. Una sonrisa sádica se dibujó en sus labios.
—¿Por qué se aleja? —gruñó el Prototipo desde su silla de contención. Tenía las manos y pies atados con correas reforzadas, y una venda negra cubría sus ojos desparejos—. Ese olor… es tan dulce. Delicioso.
Harley frunció el ceño, molesto por la reacción del enorme Alfa.
—Cállate. Casi matas a una Omega por tu celo descontrolado. Aprende a dominarte —espetó con desprecio—. Si te portas bien, tal vez te traiga un Omega para que te “ayude”. Si no… te haré sufrir durante semanas.
El Prototipo soltó un rugido furioso que hizo vibrar las paredes. Harley simplemente sonrió y salió del laboratorio, dejando atrás los gritos de rabia.
Sus pasos eran decididos. Siguió el rastro del aroma como un depredador, el deseo y la obsesión creciendo con cada segundo. Al llegar a la habitación donde esperaba encontrar a Poppy, la encontró vacía. La furia lo invadió.
—¿Dónde está Poppy? —gruñó, agarrando del cuello de la camisa a una trabajadora Beta que temblaba frente a él.
—E-ella… debe estar en su área de trabajo… —balbuceó la mujer, aterrorizada.
—Encuéntrala. Y no regreses sin ella —ordenó Harley, apretando con más fuerza antes de soltarla—. ¿Entendido?
La trabajadora asintió y salió corriendo.
Harley se quedó solo en la habitación. Sus ojos recorrieron los dibujos infantiles en las paredes, luego encontró una pequeña prenda impregnada con el aroma de Poppy. La tomó, la acercó a su rostro e inhaló profundamente, cerrando los ojos con placer enfermizo. Sus pensamientos se volvieron cada vez más oscuros, más posesivos. Una idea retorcida comenzó a formarse en su mente: no solo quería usarla… quería quebrarla, marcarla, hacerla suya de formas que ni Elliot podría imaginar.
Angel llegó jadeando frente a la puerta de Huggy y Kissy. Su piel blanca estaba perlada de sudor, el cabello rubio ligeramente revuelto y sus ojos verdes brillaban con urgencia. Aún sostenía a Poppy, cuyo vestido azul claro se había arrugado y cuya coleta roja con el lazo azul pendía desordenada.
—¿Qué haces trayendo a una Omega en celo aquí? —preguntó Huggy, cubriéndose la nariz con una mano mientras su propio instinto Alfa reaccionaba al olor.
—Necesito a Kissy —respondió Angel con urgencia—. Íbamos hacia el área de trabajo cuando de repente entró en celo. No era su fecha. Pasamos cerca del laboratorio del Prototipo… creo que olió su aroma.
Kissy abrió la puerta alarmada y, al ver el estado de Poppy, entendió todo.
—Ese maldito Harley ya debe estar buscándola. ¿Podemos esconderla aquí?
Huggy gruñó, pero terminó asintiendo. No podía negarle nada a su Omega.
Entraron rápidamente. Acostaron a Poppy en la cama recién cambiada. La muñeca roja temblaba, con los ojos vidriosos y las mejillas ardiendo. Su vestido lolita azul pálido se extendía sobre las sábanas, y sus zapatos negros con lazos contrastaban con la blancura de sus medias.
—¿Por qué le pasó esto tan de repente? —preguntó Huggy, cruzándose de brazos.
—Sospecho que es un celo provocado —explicó Kissy con voz calmada pero seria—. Sucede cuando un Omega encuentra a su destinado… o huele sus feromonas por primera vez.
Angel abrió mucho los ojos.
—¿Insinúas que Poppy y el Prototipo son… destinados?
Huggy y Kissy intercambiaron una mirada cargada de preocupación.
—Es posible —murmuró Huggy, rascándose la barbilla—. Pero no podemos quedarnos los tres aquí. Levantaría sospechas. Angel, ve a hacer tus tareas normales. Kissy y yo nos quedaremos con ella.
Angel asintió, aunque claramente preocupado, y salió de la habitación para no levantar alertas. Su cabello rubio brillaba bajo las luces tenues del pasillo mientras se alejaba, intentando recuperar la compostura.
Mientras Angel intentaba trabajar con normalidad, fingiendo que nada ocurría, Harley y CatNap aparecieron en el pasillo. Harley lo miró con una intensidad que helaba la sangre. Acarició la mejilla de Angel con un dedo, un gesto que parecía cariñoso pero que estaba cargado de amenaza.
—¿Dónde escondiste a Poppy, Angel? —preguntó con voz baja y venenosa—. Será mejor que hables ahora… o pagarás las consecuencias.
Angel tragó saliva, enfrentando su miedo con toda la determinación que pudo reunir. Su aroma a sandía y durazno se volvió más agrio por el nerviosismo, pero no retrocedió.
—No sé de qué estás hablando —respondió con firmeza, aunque su voz temblaba ligeramente.
Harley apretó los puños, la furia brillando en sus ojos. CatNap, a su lado, o
bservaba la escena en silencio, su expresión distante como siempre.
La cacería acababa de comenzar.