La Luz en la oscuridad

R
En progreso
8
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 27 páginas, 11.270 palabras, 6 capítulos
Descripción:
Notas:
Dedicatoria:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
8 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 5: Sombras que acechan+18

Ajustes
Notas:
Mientras caminaban por los pasillos interminables de Playcare, el bullicio habitual de la fábrica los envolvía como una marea gris y asfixiante. Herramientas chocaban contra metal con sonidos metálicos y fríos, voces daban órdenes secas que cortaban el aire, y pasos apresurados resonaban en el suelo como latidos irregulares. El aire estaba cargado de olor a aceite quemado, sudor viejo y el leve perfume metálico de la maquinaria que nunca dormía. Angel, con el cuerpo aún dolorido y el alma marcada por cicatrices invisibles, volteó instintivamente hacia atrás. Sus ojos captaron una figura que no se dispersaba como los demás trabajadores. Ese hombre mantenía exactamente su ritmo y dirección, sincronizando sus pasos con los de ellos de una manera demasiado precisa, demasiado hambrienta. Las luces fluorescentes parpadeaban sobre sus cabezas, proyectando sombras alargadas y deformes en las paredes metálicas, como dedos acusadores que intentaban atraparlos en la oscuridad. —Tengo que pasar por la habitación de Poppy para… traer algunas cosas para ella —susurró Angel a Kissy, su voz apenas un hilo quebrado en medio del ruido. Kissy asintió de inmediato, sus ojos rosados escaneando los alrededores con una precaución afilada como cuchillo. Se desviaron hacia la guardería, un rincón que aún conservaba un falso colorido en medio del gris industrial: murales descoloridos de juguetes sonrientes y risas infantiles que ahora parecían burlarse cruelmente de la realidad opresiva. Al entrar al espacio diseñado para los niños, ambos se movieron con sigilo felino hacia la habitación de Poppy, el corazón latiéndoles con fuerza desesperada. Pero al cruzar el umbral, Angel se detuvo bruscamente. Su instinto gritó alerta, un frío que le recorrió la columna como hielo. —Kissy… uno de los hombres de Harley nos está siguiendo —susurró con urgencia, el miedo tiñendo su voz como tinta negra derramada—. Quieren saber dónde está Poppy. Tenemos que salir sin ser vistos. Se colocó rápidamente una capucha improvisada con una chaqueta vieja, cubriendo su cabello rubio y parte de su rostro. Kissy hizo lo mismo, ajustándose un pañuelo alrededor de la cabeza y el cuello, ocultando sus rasgos distintivos. El corazón de Angel latía como un tambor de guerra en su pecho; sabía que cualquier error podría condenar no solo a Poppy, sino a todos los que la protegían en este infierno disfrazado de hogar. Salieron de la habitación con cautela, uniéndose a un grupo de niños y trabajadores que se dirigían a la escuela cercana. El flujo constante de pequeños cuerpos y adultos distraídos se convirtió en su camuflaje perfecto. El hombre sospechoso permanecía parado en la puerta de entrada, escaneando cada rostro que pasaba. Cuando Angel y Kissy cruzaron frente a él, Angel mantuvo la cabeza baja, fingiendo ajustar la mochila de un niño cercano. Kissy charló casualmente con una trabajadora para desviar cualquier sospecha. —Qué alivio… creí que no saldríamos con éxito —susurró Kissy una vez que se alejaron lo suficiente, su voz un suspiro tembloroso mientras aceleraban el paso por un pasillo lateral menos transitado. Zigzaguearon entre secciones de la fábrica durante varios minutos, cambiando de rumbo para despistar a cualquier posible perseguidor, hasta que finalmente llegaron a la habitación de Kissy: un espacio modesto con una cama deshecha, un pequeño escritorio lleno de papeles arrugados y una ventana que daba a un patio interno cubierto de maleza salvaje y olvidada. Al entrar, cerraron la puerta con llave y fueron directamente al compartimiento secreto en el techo. Subieron por la escalera plegable con cuidado, el aire allí arriba más cálido y cargado con el dulce aroma a fresas y chocolate de Poppy, aunque ahora atenuado por su estado febril. La joven de cabello rojo rizado en dos coletas altas con lazos azules estaba acostada en la cama improvisada, cubierta con sábanas limpias. Su vestido azul oscuro con el gran lazo en el pecho se arrugaba ligeramente contra las mantas. Su altura, la de una joven adulta, hacía que su figura llegara aproximadamente hasta los hombros del Prototipo. Su rostro tenía una belleza extraña y etérea, con ojos grandes y expresivos que ahora brillaban con más claridad, aunque su temperatura aún era alta, un recordatorio persistente del celo provocado que aún latía en sus venas como fuego lento. Angel se acercó a la cama y se sentó con cuidado en una silla de madera que crujió bajo su peso. Intentó disimular un gesto de dolor al inclinarse, pero Poppy lo notó de inmediato. A pesar de que se había bañado exhaustivamente esa mañana, un leve aroma persistente del Prototipo —una mezcla sutil de café fuerte y menta fresca— aún se adhería a su ropa y piel, imposible de borrar por completo. Poppy inhaló instintivamente, su nariz sensible captando el olor extraño. Frunció el ceño por un momento, pero lo descartó rápidamente. —Hueles… extraño —dijo con voz suave, su tono cargado de inocencia—. Como a algo intenso… pero no sé qué. Angel se tensó ligeramente, pero forzó una sonrisa cálida y protectora. —Es solo el olor de la fábrica, Poppy. Aceite, sudor y quién sabe qué más. Nada de qué preocuparse. Se levantó de la silla con un movimiento fluido, aunque un punzante dolor en su espalda lo hizo apretar los dientes por un segundo. Se apoyó brevemente en el borde de la cama para estabilizarse. —Angel… ¿puedes hablar con mi padre? —pidió Poppy con voz temblorosa, sus manos apretando la sábana mientras luchaba por mantener la compostura—. Quiero que le digas mi situación… y sobre el doctor Harley Sawyer. —Ya hablé con él sobre esto —explicó Angel, volviendo a sentarse con más cuidado—, pero Harley estaba presente, así que no pudo decir nada más. —¿Estás bien? —preguntó Poppy con genuina preocupación, incorporándose un poco en la cama a pesar de su debilidad—. ¿Te duele algo? Kissy, de pie junto a la puerta secreta, solo negó con la cabeza, intentando desviar la atención. Pero la verdad flotaba en el aire como humo espeso. Angel intentó sonreír de nuevo, pero el dolor en su cuerpo era un fuego sordo que no se apagaba. Kissy intervino para cambiar el tema, ofreciéndole a Poppy un poco de agua fresca y un paño húmedo para la frente. —Descansa, Poppy. Angel y yo nos encargaremos de todo. Huggy vendrá más tarde con más suministros. Angel asintió, levantándose definitivamente de la silla y ayudando a ajustar las sábanas con manos temblorosas antes de bajar por la escalera. Asegurándose de que Poppy estuviera cómoda, descendió con el corazón pesado, dejando atrás el dulce aroma que aún flotaba en el escondite como una promesa frágil de esperanza en medio de la oscuridad. En otra zona de Playcare, CatNap observaba a DogDay desde la distancia. El perro-juguete sonreía y convivía con sus amigos en el área de recreación improvisada: un rincón con bancos oxidados y un balón desinflado que rodaba perezosamente. La alegría genuina en el rostro de DogDay, con su pelaje naranja brillando bajo la luz tenue que se filtraba por las ventanas rotas, hacía que el corazón de CatNap se acelerara con una ternura dolorosa. Se sentía feliz de verlo tan alegre; solo podía pensar en él día y noche. Simplemente verlo era el mejor bálsamo en medio del caos de Playcare, un rayo de sol en un lugar donde la luz parecía prohibida. —¿Por qué no te animas a hablarle? —preguntó Bubba con una mirada seria, cruzando los brazos mientras se paraba a su lado. El elefante azul, con su complexión robusta y aroma a tierra fresca, nunca se andaba con rodeos—. ¿Acaso no te gusta? CatNap fingió confusión, aunque en el fondo sabía que la respuesta era obvia. —¿Por qué dices eso? —Es obvio que estás enamorado de DogDay y simplemente no quieres decírselo —insistió Bubba—. Pero será mejor que te apresures. Recuerda que hay muchos Alfas buscando Omegas y podrían interponerse en el camino. CatNap bajó las orejas ligeramente, nervioso. —Es que no sé cómo decírselo… No quiero arruinar nuestra amistad. Solo quiero estar junto a él y hacerlo feliz. En ese momento, DogDay volteó hacia ellos y los saludó con un entusiasta movimiento de mano, su cola meneándose con energía pura. El sol del atardecer pintaba todo de tonos dorados, creando un raro momento de paz en la fábrica. Bubba suspiró y dio un paso adelante. —No me conviene a mí, pero lo haré. Ven, acompáñame. CatNap lo siguió, la mente convertida en un torbellino de nervios y esperanza tierna. La noche cayó sobre la fábrica como un manto pesado y asfixiante, envolviendo todo en una oscuridad densa interrumpida solo por las luces de emergencia que parpadeaban como ojos cansados y moribundos. Los trabajadores se retiraban en grupos hacia las salidas, caminando con los hombros caídos por el cansancio acumulado. Otros, como Harley, se quedaban atrapados en sus obsesiones dentro del laboratorio subterráneo, rodeados de tubos burbujeantes y monitores que brillaban con datos fríos e impersonales. Angel llegó a su habitación exhausto, el cuerpo adolorido y el alma pesada como plomo. Pensaba en Poppy, aliviado de que su celo estuviera menguando poco a poco. Colocó su GrabPack en el soporte metálico junto a la cama y se dirigió al baño pequeño, con azulejos agrietados y agua que tardaba en calentarse. Se quedó bajo el chorro caliente durante largos minutos, frotando su piel con jabón hasta que el agua se llevó el sudor, la sangre seca y los olores residuales. Salió envuelto en una toalla raída, el vapor llenando la habitación como un velo protector. —Realmente necesitaba ese baño… —susurró, soltando un suspiro profundo mientras se sentaba en la cama. La luz estaba apagada para ahorrar energía, por lo que no notó de inmediato la presencia oculta en las sombras del rincón. —Sí, te ves mucho mejor así de limpio —dijo Harley desde la oscuridad, su voz grave rompiendo el silencio como un cuchillo afilado. Angel se levantó de un salto, apretando la toalla contra su cuerpo. —¿Qué haces aquí? Harley se levantó lentamente de la silla, caminando hacia él con pasos deliberados, como un depredador que disfruta la cacería. —Me sentía aburrido y pensé en venir aquí. —Que te aburras no es mi maldito problema. Solo lárgate de mi habitación —replicó Angel, retrocediendo hasta que su espalda chocó contra la pared fría. —No, mi pequeño Omega —susurró Harley, tomándolo del rostro con fuerza y pasando la lengua sobre sus labios de una forma que era excitante a nivel instintivo, pero profundamente desagradable por la coerción—. Esta noche tú me vas a atender a mí, ya que no quisiste entregarme a Poppy. —Eres una mierda —escupió Angel, empujándolo con rabia—. Lo único que te importa es tomar su pureza por tu estúpido orgullo. Harley escondió el rostro en el cuello de Angel, inhalando su aroma a sandía y durazno con avidez posesiva. —Por favor… no lo hagas. Me siento cansado y me duele el cuerpo —suplicó Angel, la voz quebrándose ligeramente. —Shhh… tranquilo, mi dulce Angel —murmuró Harley contra su cuello, casi con cariño, mientras sus labios rozaban la piel temblorosa. Mordió su hombro con lentitud deliberada, saboreando el momento en que la carne cedía y la sangre caliente empezaba a brotar. Su voz seguía suave, baja y aterciopelada, como si estuviera confesando un secreto íntimo—: Voy a follarte despacio… muy despacio. Voy a disfrutar cada centímetro de tu interior mientras te deshaces debajo de mí. Voy a hacer que sientas tanto placer mezclado con dolor que no sabrás si rogás por más o por piedad. Y cuando estés llorando, roto y lleno de mí… entonces me dirás exactamente dónde está Poppy. Harley lamió la sangre de la mordida con ternura enfermiza antes de continuar en el mismo tono susurrante y casi romántico: —Si no lo haces… te seguiré abriendo hasta que no quede nada que salvar. Te desangrarás lentamente mientras yo te miro a los ojos, sonriendo. Y aun así, seguiré follándote hasta el final. Porque te quiero así… completamente mío. Angel empujó a Harley con toda su fuerza, cubriéndose el hombro herido. La sangre caliente corría por su piel. Harley sonrió antes de darle una fuerte bofetada que hizo girar la cabeza de Angel. Luego lo tomó de los hombros y lo obligó a arrodillarse en el suelo frío y duro. Desabrochó su pantalón y sacó su miembro, dejándolo frente al rostro del Omega. —Abre la boca… y no te atrevas a usar los dientes o te los quitaré uno a uno. Angel, con lágrimas resbalando por sus mejillas, obedeció. Harley sujetó su cabello con una mano casi cariñosa y empujó lentamente dentro de su boca, disfrutando cada centímetro que entraba. El Omega sintió arcadas violentas, pero Harley no se detuvo; lo usó con una mezcla de rudeza y control preciso, como si estuviera saboreando una delicada obra de arte. Cuando estuvo a punto de correrse, se retiró y eyaculó sobre el rostro de Angel con un gemido bajo y satisfecho, marcando su piel pálida con gruesos hilos calientes. —Qué hermoso te ves así… —murmuró Harley con voz ronca y suave, pasando el pulgar por los labios temblorosos de Angel para extender su sem.. como si fuera una caricia—. No creas que esto ha terminado, mi dulce. Apenas estoy empezando. Se quitó el pantalón con movimientos tranquilos, casi elegantes, y señaló la cama con una sonrisa serena. Angel obedeció, temblando, el cuerpo adolorido y la mente al borde del colapso. Harley se posicionó detrás de él, acariciando lentamente su espalda antes de sujetarlo firmemente por las caderas. Entró de una sola estocada brutal, profunda y despiadada. El dolor fue cegador. Angel gritó contra las sábanas, las uñas clavándose en la tela mientras su cuerpo se tensaba. Harley no aceleró. Se quedó quieto un momento, enterrado hasta el fondo, y comenzó a moverse con embestidas lentas pero poderosas, casi sensuales. Su voz sonaba baja, íntima, como un amante susurrando promesas en la oscuridad: —Eres mío, Angel… tan frágil y tan perfecto. —Mordió su nuca con una ternura brutal, lamiendo después la marca que había dejado—. Siente cómo tu cuerpo me aprieta, cómo me reconoce aunque tu mente se resista. Esto es lo que mereces… lo que necesitas. Cada embestida era profunda y controlada, dolorosa pero deliberadamente lenta, como si quisiera que Angel sintiera cada segundo. Harley pasó una mano por su cabello rubio, casi con cariño, mientras seguía susurrándole al oído: —Dime dónde está Poppy… y te trataré como mi Omega favorito. Te cuidaré, te protegeré… te daré placer hasta que olvides todo el dolor. Solo dime… y todo este sufrimiento terminará. Entre el dolor lacerante y la humillación, Angel sintió un retorcido nudo en el pecho: la voz suave y posesiva de Harley, sus caricias mezcladas con violencia, creaban una oscuridad casi romántica que lo enfermaba aún más. El Alfa lo follaba como si realmente lo amara de la forma más retorcida po sible. Angel solo pudo llorar en silencio, el cuerpo traicionándolo una vez más mientras la noche los envolvía.
8 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección