ID de la obra: 1355

La Luz en la oscuridad

Het
R
En progreso
4
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planificada Mini, escritos 44 páginas, 20.371 palabras, 10 capítulos
Descripción:
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Capítulo 7: la primera conversasion

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La tensión que rodeaba el pequeño aula se sentía hasta en el aire. Aunque algunos estudiantes estaban preocupados por las tareas pendientes, otros se concentraban más en las emociones que les provocaba tener frente a ellos al portador de aquel aroma que los había hecho sentir tan extraño e inquieto desde el primer momento. Poppy fue la primera en voltear. Se encontró con el rostro del alfa, que solo prestaba atención al frente, concentrado en lo que decía Delight. Lo observó detenidamente: su cabello oscuro y desordenado, sus ojos rojos intensos como brasas, su piel pálida que contrastaba con la oscuridad de su melena, y sus labios de un color suave, casi rosado. Se sonrojó intensamente, liberando feromonas inconscientemente al verlo, y volteó la mirada hacia su escritorio con rapidez, intentando disimular el rubor que le subía por las mejillas. La clase continuó y ella se esforzó al máximo por concentrarse, intentando ignorar por completo al prototipo. Él, al captar el dulce aroma de sus feromonas –fresas maduras mezcladas con chocolate cremoso–, no pudo evitar girar la cabeza hacia ella. Se sintió fascinado al ver a la omega de cabello rojo brillante y piel blanca como la porcelana, absorta en el libro sobre su pupitre. Sus ojos azules se movían con gracia del libro al pizarrón, mientras sus manos delicadas escribían con precisión en el cuaderno. Su aroma a fresas y chocolate parecía hacer eco perfecto en aquel cabello rojo y ondulado, junto con labios del mismo tono vibrante, pero un poco menos intenso. El prototipo se quedó en silencio, observándola embelesado. La omega se concentraba en la clase con una determinación que lo intrigaba profundamente, como si el mundo exterior no existiera para ella en ese momento. Finalmente, sonó la campana que anunciaba la hora de salir a comer. Todos se pusieron de pie y caminaron hacia la puerta en orden, saliendo uno a uno. Poppy estaba por cruzar el umbral cuando el prototipo se interpuso, a punto de salir también, pero se hizo a un lado con galantería, permitiéndole pasar primero. —Gracias —murmuró Poppy con voz suave y salió con rapidez, sintiendo su corazón latir desbocado. El prototipo salió detrás de ella y se dirigió al comedor, donde los demás estudiantes ya comían animadamente. Él era el único que estaba solo en una mesa apartada, hasta que llegó Layla. Ella se sentó a su lado porque lo deseaba intensamente y, en parte, porque no había más lugares disponibles en las mesas llenas. En ese preciso momento llegó Poppy, quien, sin alternativas, se sentó en la mesa al frente del prototipo, intentando no prestarle atención. Era imposible: su olor a menta fresca y café recién molido le llenaba las fosas nasales por completo, invadiendo sus sentidos. Sus ojos se movían hacia él inconscientemente, viéndolo sin permiso, ya que no podía controlarlos. Era muy extraño, y a él le pasaba exactamente lo mismo, aunque no lo notaba del todo, perdido en sus propios pensamientos. ------------------------------------------------------- —Vaya, Player, me alegra verte. Me dijeron lo que te pasó. Lamento que te enviaran con el prototipo —dijo el beta trabajador que monitoreaba las cámaras de seguridad desde su puesto. —Sí, fue terrible, pero estoy bien. ¿Quieres un poco de comida? Te traje algo por si quieres comer —respondió Player, dejando un pequeño tupper en el escritorio con una sonrisa cansada. —Pero dime, ¿cómo fue? He escuchado que es muy fuerte. Me imagino que te lastimó —insistió el hombre con voz seria y llena de temor—. No me gustaría estar en tu lugar en estos momentos. Se nota que estás muy lastimado —añadió, observando cómo Player se sentaba con cuidado en la silla a su lado, haciendo una mueca de dolor. —Por si eso te parece mucho, no sé qué pensarás si te digo que Harley me fue a molestar aún más anoche —dijo Player molesto, sin querer revivir lo sucedido—. De verdad lo odio —agregó, hablando con total libertad porque le tenía confianza a su amigo. Además, en el lugar no había nadie más que ellos dos. Las grabaciones eran solo de las áreas de cargamento, donde guardaban los juguetes que aún no se vendían y materiales importantes como algodón, lana, hilos y telas de diversos colores. —Sí, pero no podemos hacer nada en su contra. Mejor ven, veamos qué hay de interesante en las cámaras —propuso el amigo para distraerlo. En ese momento, en una de las cámaras vieron a dos trabajadores entrar a una habitación apartada: una mujer y un hombre. Al cerrar la puerta, ambos se empezaron a besar apasionadamente, dejando sorprendidos a Player y a su amigo. —¿Qué? ¿Esa mujer no tiene pareja? —preguntó Player con confusión. La había visto en anteriores ocasiones, cuando su pareja llegaba a dejarle comida al trabajo con cariño. —Sí, mira la otra cámara —indicó su amigo rápidamente. En la cámara que mostraba el pasillo de la habitación, se veía a la pareja de esa mujer preguntando dónde estaba. Le señalaron la puerta con gestos nerviosos. Se dirigió allí a toda prisa y abrió de golpe, quedándose petrificado al ver a la mujer con el otro hombre. Empezó a agredirlos con furia, gritos y empujones. —No puede ser. Esto no se ve bien —dijo Player, conteniendo una risa—. ¿Le avisaré al jefe? No me gustaría que haya problemas más grandes —añadió, caminando hacia la puerta. Al salir, lo primero que pensó fue ir a la oficina de Elliot sin demora. Caminó varios minutos por los pasillos laberínticos de la fábrica hasta llegar y le explicó la situación con detalle. Elliot rápidamente le pidió que lo llevara donde ocurría todo. Al llegar, vieron al trabajador que estaba con aquella mujer discutiendo acaloradamente. Luego, la mujer intentaba justificar lo pasado diciendo que había sido un “accidente” absurdo. En ese momento, su pareja le arrojó la comida al suelo con rabia. —Bueno, bueno, vamos a calmarnos —dijo Elliot con voz autoritaria y firme—. Ustedes dos tienen muchas cosas que explicar —señaló a la mujer y a su compañero—. Y tú —miró a Player, quien lo observó serio—. G-gracias por avisarme —agregó Elliot, poniéndose un poco nervioso sin razón aparente. —No es nada, jefe. Lo hago por conservar la paz en la fábrica —respondió Player, sonrojándose al notar el nerviosismo en la voz de su jefe. Player siempre había tenido una gran admiración y cariño hacia Elliot. Aparte de sus sentimientos románticos por él, que ocultaba celosamente porque sabía que estaba casado, era algo inevitable que lo hacía suspirar en silencio. Player regresó a su lugar de trabajo, pasando a despedirse de su amigo, que por cierto se llamaba Luke. El trabajo fue pesado y agotador, pero afortunadamente terminó rápido, aunque se sentía exhausto hasta los huesos. Elliot despidió a los dos trabajadores por cometer esas indiscreciones durante horas de trabajo, y más en las instalaciones de la fábrica, además de ocasionar una discusión violenta que podía escalar. Los dos se sintieron profundamente avergonzados y ni siquiera protestaron. Simplemente tomaron su último pago y salieron del lugar con la cabeza gacha. Elliot no podía evitar pensar en Player y en qué era bueno tener un trabajador tan atento, que reportaba rápido los problemas para mantener un ambiente tranquilo y productivo. Le parecía alguien muy interesante: llevaba años trabajando en la fábrica e incluso había permitido que lo usaran para experimentos riesgosos sin miedo a perder la vida, demostrando una lealtad inquebrantable. —Es interesante, ¿no lo crees? —le preguntó a Harley, que entraba a su oficina en ese momento—. Simplemente no puedo evitar preguntarme qué pasará por su mente. Me resulta algo intrigante —dijo, dejando sorprendido a Harley por el tono casi admirativo de sus palabras. —Disculpe, pero suena como si estuviera interesado en él de otra forma —respondió Harley con tono serio y cortante. Por algún motivo inexplicable, se sentía molesto e irritado—. Es un trabajador atento y siempre hace bien su trabajo —añadió, manteniendo ese tono serio y pesado, como si defendiera un territorio. —No me malentiendas. Sabes que estoy casado y respeto a mi esposa a pesar de todo —intentó explicar Elliot, tratando de no sonar mal—. Pero simplemente no puedo evitar sentirme interesado en él, no de forma romántica, sino profesional —dijo, ocultando la mentira evidente en sus palabras. Algo le atraía irresistiblemente de ese omega que no podía ignorar, un tirón sutil en sus instintos beta. ------------------------------------------------------- Catnap caminaba con nerviosismo hacia la casa de Dogday. Al llegar, tocó la puerta con timidez. Dogday salió a ver quién era, abriendo con una sonrisa cálida. —Oh, hola, Catnap. ¿Qué se te ofrece? —dijo con voz alegre. Catnap solo extendió el ramo de rosas rojas hacia él, temblando ligeramente. —¿Son para mí? —preguntó Dogday, sorprendido, y Catnap asintió con la cabeza, orejas bajas. —Yo quería invitarte a desayunar conmigo, solamente si quieres. Si no, no insistiré —dijo el alfa con orejas agachadas, como si lo hubieran regañado severamente. —Claro que sí, me gustaría mucho —respondió Dogday sonriendo ampliamente. Catnap también sonrió, aliviado. Lo llevó al lugar apartado donde sus amigos ya habían dejado todo listo: una manta en el suelo, frutas frescas, panecillos y jugo. Se habían ido para dejarlos hablar a solas, respetando el momento. —Es todo muy lindo —dijo Dogday con un ligero sonrojo en las mejillas, oliendo las rosas—. Pero ¿a qué se debe todo esto? —preguntó, sabiendo que respondería que era por su amistad, pero esperando algo más. —Yo solo quería pasar tiempo contigo, nada más —dijo el alfa con una sonrisa tímida, feromonas alfa calmantes liberándose para reconfortar. —Pues gracias. A mí también me alegra pasar tiempo contigo —respondió mirando al suelo, sintiéndose feliz y nervioso—. Yo tengo algo que quiero decirte —logró captar toda la atención de Catnap—. He tenido miedo de decirte esto, pero he tenido sentimientos que van más allá de la amistad hacia ti. Había tenido miedo de decírtelo, pero ahora que tengo la oportunidad, quiero que lo sepas —dijo con una sonrisa valiente, sus feromonas omega dulces intensificándose. Catnap no supo qué contestar. Se sentía eufórico, pero repentinamente no pudo pronunciar palabra. El pánico lo invadió, se sintió avergonzado por su silencio, y salió corriendo, dejando al pobre omega solo y confundido por lo sucedido, pero a la vez triste, pensando que era su forma de rechazarlo rotundamente. ------------------------------------------------------- Las siguientes clases transcurrieron con aparente normalidad hasta que finalmente terminaron. Después, Poppy se fue a su lugar de trabajo, atendiendo a algunos niños en el área de juegos y cuidándolos con paciencia, jugando a las escondidas y contándoles cuentos para distraerlos del encierro. Ese había sido sin duda el día más cansado y largo que había vivido, y solo era el primero de muchos más en esa rutina opresiva. La noche invadió la fábrica una vez más; el sol se ocultaba lentamente y la oscuridad empezaba a inundar el mundo exterior, filtrándose por las ventanas altas. —De verdad que tuve un día muy cansado —suspiró Poppy, desatándose su cabello rojo y rizado para entrar a bañarse. Dejó que el agua fría mojara su piel, sintiéndose un poco más tranquila y refrescada. Deseaba bañarse con agua caliente como lo hacía en su casa antes de todo esto, pero se había acostumbrado a regañadientes, ya que en ese lugar solo les daban acceso al agua fría, sin importar si hacía un frío de mierda que calaba los huesos. Al terminar, se vistió con una pijama blanca cómoda que tenía dibujos de flores rojas delicadas. —Me gustaría ir a ver a Mommy. Huggy dijo que estaba preocupada por mí. Después de todo, la última vez que la vi fue antes de que todo esto pasara —murmuró para sí misma. Salió de la habitación y se dirigió a la de Mommy, que estaba alejada intencionalmente, ya que los omegas tenían su propio espacio para dormir, lejos de donde se encontraban los alfas para evitar incidentes. Caminó por los pasillos sombríos de las habitaciones, sintiendo un temor creciente de que algo pasara, aún más porque la habitación de Harley estaba peligrosamente cerca. —¿Qué haces aquí? —dijo una voz aguda que reconoció al instante: Layla. —Solo voy a ver a Mommy. ¿Tú por qué estás aquí? —preguntó Poppy con seriedad—. Este no es lugar para que estés a esta hora. Sabes que el doctor Harley Sawyer te puede ver, ¿verdad? —añadió en un tono más serio y protector. —Mi alfa está dormido aquí —dijo Layla señalando la habitación frente a ellas con orgullo—. Siempre que esté cerca, nadie me puede hacer daño, menos el doctor —agregó con una sonrisa vanidosa al ver a Poppy confundida y dolida. El aroma a menta y café que provenía de esa habitación era inconfundible para ella, y se sintió extraña, como si un pinchazo de celos le doliera en el pecho al escuchar a Layla decir eso con tanta posesividad. No dijo nada, se quedó en silencio mientras Layla parloteaba sobre él, hasta que la puerta de esa habitación se abrió de golpe y salió el mismo chico al que había visto en la escuela ese día: el prototipo. El prototipo abrió la puerta molesto al ver a Layla allí parada, pero se sintió repentinamente sorprendido al ver también a aquella omega de cabello rojo que lo había intrigado todo el día. No le prestó mucha atención a Layla y se concentró en lo que quería decir, su voz ronca cortando el aire. —Te seré claro, Layla. Ya te he dicho mil veces que no me gustas. No soy tu alfa solo por haberme acostado contigo. Harley también lo ha hecho y, hasta donde sé, no ha dicho que seas su omega ni te ha marcado. Yo tampoco lo he hecho y no lo haré —dijo con un tono frío y cortante que casi hizo llorar a la omega de cabello amarillo. Ella bajó la cabeza, se disculpó entre sollozos y se fue corriendo, culpando sin razón alguna a Poppy por su rechazo. —En cuanto a ti —dijo el prototipo mirando directamente a Poppy. Ella sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo al escucharlo hablarle por primera vez, su voz grave resonando en sus oídos—. No es seguro que estés aquí tan tarde. En este lugar existen muchos monstruos sin corazón que te pueden hacer daño sin importar qué —agregó con voz seria, pero mostrando un poco de contención en sus instintos alfa—. Eres débil y en este lugar se comen a los débiles —concluyó con una sonrisa lobuna que revelaba colmillos sutiles. —No soy débil y nadie puede dañarme sin pagar por ello —intentó sonar seria y desafiante, pero él solo rio, encontrándola absolutamente adorable en su intento de bravura. Poppy tiró su cabello rojo hacia atrás con un gesto elegante, intentando calmarse para no golpearlo en el acto por su arrogancia. Él la miró, quedándose mudo y sorprendido con ese simple acto que ella hizo. Era perfecta, era hermosa y poseía un aroma exquisito a fresas y chocolate que para él la hacía ver como un ángel —solo vengo a buscar a mi amiga para decirle que estoy bien— dijo logrando sacar al prototipo de sus pensamientos pero sin saber qué responder. El pasillo estaba envuelto en una penumbra opresiva, iluminado apenas por las luces de emergencia que parpadeaban intermitentemente, proyectando sombras alargadas en las paredes metálicas frías. El aire estaba cargado de feromonas residuales: el enojo amargo de Layla que aún flotaba, el dominio alfa intenso del prototipo —conocido en los laboratorios como el experimento 1006— que hacía que el espacio se sintiera más pequeño, y, por supuesto, el dulzor irresistible de fresas y chocolate de Poppy que se intensificaba con su nerviosismo y atracción involuntaria. Ella dio un paso atrás instintivamente, no por miedo puro, sino porque su cuerpo omega reaccionaba al alfa frente a ella de maneras primitivas que no podía controlar del todo. Su corazón latía como un tambor desbocado, y un calor sutil subía por su cuello hasta teñir sus mejillas de rojo. El prototipo luchaba internamente contra sus propios instintos diseñados. Sus feromonas alfa eran más potentes y controladoras que las de cualquier alfa natural, engineered para dominar, someter y proteger a toda costa. Pero con esta omega en particular, no sentía el impulso de dominar; quería algo más profundo, más genuino. Protegerla, sí, pero también acercársele, oler más de cerca ese aroma a fresas y chocolate que lo volvía loco, tocar esa piel blanca que parecía brillar bajo la luz tenue. Sacudió la cabeza ligeramente, intentando aclarar sus pensamientos revueltos y programados. —No deberías andar sola por estos pasillos a esta hora —repitió, esta vez con voz más suave, casi un gruñido bajo y ronco que vibraba en el pecho de Poppy—. Harley no es el único peligro acechando. Hay guardias corruptos, otros alfas en rut que pierden el control, y experimentos fallidos que deambulan sin cadena... te devorarían sin pensarlo dos veces. Poppy levantó la barbilla con desafío, sus ojos azules brillando con determinación omega. —He sobrevivido en esta fábrica mucho tiempo antes de que tú aparecieras. No necesito que un alfa desconocido y arrogante me diga qué hacer o cómo protegerme. Puedo cuidarme sola. Sus palabras lo hicieron sonreír de nuevo, esta vez con una genuina diversión que suavizaba sus rasgos duros. —¿Desconocido, eh? En la clase de Delight, me mirabas como si ya me hubieras catalogado por completo. Tus feromonas a fresas y chocolate no mienten, pequeña tentación. Ella se sonrojó aún más intensamente, sus feromonas liberándose en una oleada dulce y cremosa que hizo que los ojos rojos del prototipo se oscurecieran con deseo contenido. —¡Eso no es cierto! Solo... tu olor es abrumador. Molesto. Invade todo —replicó, cruzando los brazos para ocultar el temblor en sus manos. —Menta y café fuerte, ¿verdad? —dijo él, acercándose un paso más, no de manera invasiva, pero suficiente para que ella inhalara profundamente su esencia, sintiendo cómo se mezclaba con la suya en el aire, creando una combinación adictiva—. El tuyo es fresas con chocolate derretido, dulce como un postre prohibido. Adictivo. Me hace querer... morder. Poppy tragó saliva con dificultad. Nadie le había hablado así antes, con esa crudeza honesta teñida de instinto Omegaverse. En la fábrica, los alfas la veían como presa fácil, como una omega para usar en experimentos o para satisfacer ruts inducidos químicamente. Pero este prototipo... este la miraba como si fuera algo precioso, valioso, una pareja potencial digna de cortejo. —Tengo que irme ahora mismo —murmuró, dando un paso lateral hacia la puerta de Mommy, su voz apenas un susurro. —Espera un segundo —dijo él, extendiendo una mano grande pero sin tocarla, respetando su espacio por ahora—. Al menos dime tu nombre completo. Para no ser "desconocidos" la próxima vez que nuestras feromonas choquen en el comedor o en clase. —Poppy. Solo Poppy —respondió ella antes de poder pensarlo dos veces, su instinto omega traicionándola—. Y tú eres... el prototipo. O el experimento 1006. Todos en esta maldita fábrica hablan de ti como si fueras un dios o un monstruo. —El prototipo para todos, sí. O 1006 en los informes de Harley —dijo con un guiño juguetón que la desarmó por completo, haciendo que su corazón diera un vuelco. Poppy no esperó más. Con un último vistazo a esos ojos rojos que parecían perforar su alma, giró sobre sus talones y corrió hacia la habitación de Mommy, dejando al prototipo solo en el pasillo, su aroma a fresas y chocolate flotando como una promesa en el aire cargado. El silencio que siguió fue pesado, roto solo por el eco distante de pasos y el zumbido constante de la fábrica que nunca dormía.
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