ID de la obra: 1355

La Luz en la oscuridad

Het
R
En progreso
4
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 44 páginas, 20.371 palabras, 10 capítulos
Descripción:
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Dedicatoria:
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Capítulo 8: la primera noche Juntos

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Al llegar a la habitación de Mommy, esta se alegró enormemente al verla y le dio un abrazo fuerte y protector, envolviéndola en su aroma cálido a vainilla y hierbas frescas que siempre transmitía seguridad a las omegas bajo su cuidado. —Me alegra que estés bien. Estaba preocupada al no saber nada de ti —dijo Mommy, su voz temblando ligeramente por el alivio, mientras palpaba los hombros de Poppy como si verificara que no hubiera heridas ocultas. —Yo también me siento feliz de verte. Afortunadamente, Player me ayudó y Kissy también —respondió Poppy con una sonrisa sincera, aunque sus ojos azules aún reflejaban el agotamiento del día—. Mi celo se adelantó y ellos me ocultaron para que el doctor Sawyer no me haga daño —añadió, y un escalofrío la recorrió al imaginar lo que habría sufrido: las inyecciones, los experimentos, el control absoluto de Harley sobre su cuerpo. Mommy soltó un suspiro profundo, sus feromonas alfa protectoras intensificándose hasta llenar la pequeña habitación con una barrera invisible de calidez maternal. —Me alegra mucho que te ayudaran, pero ahora tienes que tener cuidado. Ellos no estarán siempre para protegerte en caso de que ese desalmado quiera hacerte algo —advirtió con seriedad, sus ojos rosados fijos en los de Poppy. Esta solo asintió, consciente de que la fábrica era un laberinto de peligros donde un paso en falso podía costar todo. —Tendré mucho cuidado, no te preocupes —prometió Poppy con una sonrisa más firme, volviendo a abrazar a Mommy. El contacto la reconfortaba, como un ancla en medio de la tormenta que era su vida diaria. Se quedaron así un momento, respirando al unísono, antes de que Poppy se separara con reticencia. —Cuéntame más sobre tu día, niña. Ese prototipo... su aroma está pegado a ti como una sombra —comentó Mommy, alzando una ceja con curiosidad protectora. Poppy se sonrojó, liberando involuntariamente una leve oleada de fresas y chocolate que hizo que Mommy sonriera con complicidad—. Ah, ya veo. Ten cuidado con él también. Los alfas como ese no son naturales; sus instintos son... amplificados. Poppy asintió de nuevo, pero no quiso profundizar. El recuerdo del pasillo —la voz grave del prototipo, su sonrisa lobuna, el tirón magnético de su aroma a menta y café— la inquietaba de una forma que no podía explicar. Se despidió con otro abrazo rápido y salió rumbo a su propia habitación, los pasillos sombríos pareciendo más largos que nunca bajo la luz parpadeante de las emergencias. ------------------------------------------------------- Player estaba apagando algunas luces y máquinas en la fábrica. Ya era bastante tarde; el eco de sus pasos resonaba en los pasillos vacíos, y el aire cargado de olores industriales —metal, aceite y desinfectante— le pesaba en los pulmones. Se dio prisa para poder ir a descansar; el cuerpo aún le dolía por los golpes del prototipo y la tensión acumulada de los últimos días. En ese momento, se acercó su jefe, Elliot, que al parecer ya iba a irse a su casa. Llevaba el abrigo colgado del brazo y una expresión cansada, pero sus ojos beta se iluminaron con una calidez genuina al verlo. —Player, es bueno verte. Quería hablar contigo —dijo con una sonrisa amable—. Gracias por reportar el problema de hoy. Fue de mucha ayuda, y ya me encargué de esos dos —añadió, mirándolo directamente a los ojos. —No fue nada, señor. Solo cumplí con mi trabajo. Había ido a ver a un amigo en la sala de grabaciones de las cámaras y al ver eso, pensé en reportarlo —respondió Player, un poco avergonzado. El cumplido de Elliot siempre lo ponía nervioso; su aroma beta —suave, como madera recién cortada con un toque de cítricos frescos— lo envolvía de una forma que lo hacía sentir expuesto y vulnerable. —Justo por eso quería verte. ¿Te gustaría ser ascendido? El nuevo puesto no implica cosas muy grandes: solo vigilar las cámaras de seguridad con los demás y reportar problemas como el de hoy —explicó Elliot, inclinándose ligeramente hacia él con interés profesional. —No, muchas gracias. Me siento bien con mi trabajo, además... —Player se quedó en silencio de repente. Un calor repentino invadió su cuerpo, subiendo desde el vientre hasta el pecho como una ola ardiente. Se asustó al reconocerlo de inmediato: su celo, adelantado por el estrés acumulado, los experimentos y el olvido total de su ciclo. —Tengo que irme, lo siento —murmuró, a punto de darse la vuelta, pero Elliot lo detuvo tomándolo del brazo con firmeza. —¿Qué sucede? ¿Algún problema? —preguntó Elliot, su agarre cálido pero insistente, sus ojos beta escaneando el rostro de Player con preocupación. Player intentó soltarse con desesperación, pero fue inútil; el contacto solo intensificaba el calor. En ese instante, su aroma a sandía madura y durazno dulce explotó en el aire, incontrolable y dulce, llenando el pasillo desierto. Elliot inhaló profundamente, sus pupilas dilatándose ligeramente. —¿Entonces es así? Estás en celo —dijo con una sonrisa que mezclaba sorpresa y algo más profundo, acercando más a Player—. Permíteme ayudarte con eso —susurró, intensificando el agarre, su voz bajando a un tono ronco que traicionaba sus instintos alfa. Player, con un esfuerzo sobrehumano nacido del pánico, se soltó de golpe y empezó a correr, dejando a Elliot solo en el pasillo. Su corazón latía desbocado, y el aroma de su celo lo perseguía como una nube dulce e irresistible. Sabía que Elliot no se detendría tan fácil —estaba hipnotizado por aquel olor a sandía y durazno que lo llamaba como nada antes—, pero Player no miró atrás. Era bien sabido que Elliot estaba casado, pero no enlazado; un alfa no podía marcar a otro alfa, aunque fueran de géneros diferentes, y su matrimonio era más una formalidad que un vínculo real. Player se maldecía por dentro mientras corría. “¿Cómo olvidé la fecha?” Con su trabajo agotador, los incidentes con el prototipo y las visitas de Harley, su ciclo se había descontrolado por completo. Corrió lo más rápido que pudo por los pasillos laberínticos hasta llegar a su habitación. Una vez allí, intentó abrir la puerta sin mucho éxito; las manos le temblaban violentamente, y su temperatura corporal seguía aumentando, el slick ya empapando sus ropa interior y haciendo que cada movimiento fuera una tortura de sensibilidad. ------------------------------------------------------- —Bien, al parecer mejoraste mucho en los últimos días y eso me parece excelente —dijo Harley mientras revisaba algunos documentos que tenía en sus manos, sus ojos fríos y calculadores escaneando gráficos de niveles hormonales y respuestas instintivas. El laboratorio estaba iluminado por luces fluorescentes frías, y el aire olía a antiséptico y metal. —Ya estoy cansado, papá. No quiero más experimentos, ni medicamentos, ni esas revisiones. Solo quiero volver a casa —dijo con seriedad aquel alfa de cabello verde y ojos grises, Ollie, cruzado de brazos con impaciencia. Su aroma a pino fresco y tierra húmeda contrastaba con el entorno estéril, recordando bosques lejanos que nunca había pisado. —Esta es tu casa ahora, hijo. Y no te preocupes: mi querido Ollie, aquí aprenderás mucho. Yo te enseñaré poco a poco para que llegues a ser como yo —respondió Harley con una sonrisa orgullosa y posesiva, posando una mano en el hombro de su creación—. Juntos les mostraremos a esos omegas y betas cuál es su lugar, y sobre todo dejaremos a Elliot en la ruina —añadió con una sonrisa siniestra que revelaba colmillos afilados y ambición desmedida. —Si ese es tu plan, yo lo apoyo sin importar qué —dijo Ollie con una sonrisa idéntica, sus ojos grises brillando con lealtad programada y un toque de emoción genuina—. Ahora solo quiero descansar —agregó, girando hacia la salida del laboratorio para dirigirse a su dormitorio, sus pasos ecoando en el suelo pulido. —Descansa, hijo. Yo también tengo un asunto que atender: encargarme de una omega que se ha estado ocultando de mí. Pero hoy no tendrá escapatoria. Poppy, será mejor que estés lista para lo que se aproxima —murmuró Harley con una sonrisa cruel y anticipatoria, sin darse cuenta de que sus palabras estaban siendo escuchadas por alguien oculto en las sombras del pasillo adyacente. La figura se retiró en silencio, con aquellas palabras grabadas en la mente y un plan formándose en la oscuridad. ------------------------------------------------------- Dogday estaba en su casa, acostado en su cama, llorando en silencio mientras se sentía tonto por haber declarado su amor a Catnap y creer que él le correspondería. Las lágrimas mojaban la almohada, y él se maldecía a sí mismo por lo que había pasado, sintiéndose culpable por la reacción de Catnap, el cual había salido corriendo sin darle una respuesta o una última mirada. Su aroma omega a miel cálida y flores suaves estaba teñido de tristeza, llenando la pequeña habitación con un dulzor amargo. Estaba sumido en su dolor cuando de repente empezó a escuchar un ruido en la ventana: golpecitos suaves, insistentes. Se acercó con cautela, secándose las lágrimas, y vio a Catnap afuera, haciéndole señas para que saliera. Su corazón dio un vuelco. Dogday no lo pensó mucho y rápidamente fue a abrir la puerta. Allí estaba Catnap, parado frente a él con expresión arrepentida. —Catnap... —dijo Dogday, secándose las lágrimas restantes con las manos, su voz quebrada. —Lo siento mucho, Dogday —dijo Catnap con tristeza, orejas agachadas y feromonas alfa calmantes liberándose involuntariamente para reconfortar—. No era mi intención que te pusieras así. Salí sin decir nada y no sé por qué; simplemente me sentí extraño —explicó, su aroma a lavanda y lluvia fresca envolviendo el umbral. —No te preocupes. Entiendo lo que sucede. Sé que tal vez no sientes lo mismo por mí y no es necesario que te disculpes. Yo te entiendo perfectamente —respondió Dogday con un nudo en la garganta, luchando por que sus lágrimas no salieran de nuevo, aunque su cuerpo omega traicionaba su dolor con un leve temblor. —No, no es así. Es que simplemente no sabía qué responder, pero ahora me siento listo. Y es que yo también pensaba decirte sobre lo que siento por ti, pero no supe qué decir; simplemente mi voz no salió. Por vergüenza, lo primero que hice fue salir corriendo y me sentí tonto por eso. Pero ahora ya siento que puedo decirte que te amo desde hace ya mucho, pero que tenía temor de decirlo y que me rechazaras. Ahora que sé lo que sientes por mí, quiero que me des una oportunidad, si se puede, claro —dijo Catnap con una voz dulce que reflejaba la sinceridad absoluta de sus palabras, sus ojos fijos en los de Dogday con vulnerabilidad alfa. —Yo de verdad no esperaba que tú sintieras lo mismo, pero me hace muy feliz que me digas lo que sientes. Estoy dispuesto a darte esa oportunidad —respondió Dogday con una sonrisa radiante que iluminó su rostro, para después darle un abrazo fuerte y cálido. Catnap correspondió el abrazo de inmediato y le dio un pequeño beso en la frente, tierno y protector. —A mí también me hace feliz que sientas lo mismo que yo —susurró con una sonrisa, mientras seguían en aquel abrazo reconfortante—. Pero me tengo que ir; no quiero seguir molestándote más. Tú tienes que descansar —añadió, separándose con reticencia. —¿No quieres quedarte conmigo? —preguntó Dogday, sonrojado—. Pero no me malinterpretes; solo que quisiera tener más de tu compañía —le dijo con una sonrisa tímida. —Está bien. Yo también quiero pasar más tiempo contigo —respondió Catnap sonriendo ampliamente. Dogday lo tomó de la mano con gentileza, y luego de que entraron, cerró la puerta con cuidado. Se dirigieron a la cama y se acostaron abrazados, sus cuerpos encajando perfectamente, aromas mezclándose en una armonía de lavanda, lluvia, miel y flores. Por primera vez en mucho tiempo, la noche se sintió segura y llena de promesas.
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