ID de la obra: 1362

Una Nueva Temporada

Slash
NC-17
En progreso
5
autor
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 47 páginas, 19.960 palabras, 6 capítulos
Descripción:
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Capítulo 5

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Kyle avanzaba por el bosque tan nervioso que cada vez que pisaba una hoja, el crujido le parecía más fuerte de lo que realmente era. Pero, en realidad, se movía con extremo sigilo, como la presa más cautelosa, porque eso era ahora. Sin un clan, nunca había sido tan vulnerable en toda su vida. Cuando encontró la cueva de la que Karen le había hablado, sintió alivio y apartó las enredaderas espinosas que cubrían la entrada para poder entrar. La cueva era más pequeña de lo que había imaginado. Habiendo sido usada antes por Kevin y su familia, había supuesto que sería más grande. Aun así, para una sola persona era perfectamente espaciosa. Más importante aún: era refugio, y eso era todo lo que necesitaba. Una vez se aseguró de que la cueva estaba vacía y era segura, dejó su saco de viaje en el suelo. Se arrodilló y empezó a desempacar. Primero sacó sus herramientas para encender un pequeño fuego, luego algo de comida para un refrigerio rápido antes de dormir, y finalmente su manta de lana. Cuando la sacó, sonrió. La acercó a su rostro y respiró hondo. Aún olía a hierbas y al polvo de su choza, como a hogar. Había cargado con esa cosa voluminosa porque no habría podido dejarla atrás. Habría sido como abandonar a su familia. Después, con todo desempacado, el estómago lleno y las brasas cálidas junto a él, el silencio de la cueva se apoderó del lugar. Se recostó sobre su manta y miró el techo. Su intención era dormir y descansar para lo que venía, pero el sueño lo eludía, y sin poder evitarlo, un sollozo seco se le escapó, luego otro. Hundió el rostro en la lana, con los hombros temblando. Lloró por su padre y su madre, por el hogar que había perdido, por la tribu que nunca lo había querido y, cuando el rostro de Stan apareció en su mente, lloró por su primer amor también perdido. Encontrarse con Stan en el bosque, verlo sonreírle y mirarlo como si valiera algo, había sido lo peor que pudo pasarle. No por el exilio, sino porque, por un momento, pensó que podía tener algo, cuando en realidad nunca lo tendría. Lloró hasta que su cuerpo no pudo más, y el cansancio lo arrastró al sueño. Libre por fin de su habitación, lo primero que pensó Stan fue en salir de la tribu por la puerta principal, pero enseguida comprendió que era imposible. Dos guardias custodiaban la entrada todo el tiempo. Lo detendrían, le preguntarían por qué intentaba irse estando herido, y entonces su padre sabría que había salido de su habitación. En cuestión de minutos lo arrastraría de vuelta a su casa antes de siquiera empezar la búsqueda. Se apoyó en la pared rugosa de su choza, ocultándose en su sombra para pensar cómo encontrar a Kyle. Si él fuera Kyle, tampoco saldría por la entrada principal. Seguramente lo habría hecho por la zona sin guardias más cercana a su choza, así que decidió ir allí primero. Desde ese punto podría seguir un rastro; quizá, con suerte, podría captar el olor de Kyle mientras seguía su pista. Tomó el camino largo para evitar ser descubierto, bordeando los senderos interiores de la tribu que llevaban a las afueras. Sin embargo, lo descubrieron. —¿Stan? Se quedó helado. Wendy y Bebe estaban a unos pasos, el cesto de Bebe lleno de materiales para tejer. Lo miraron con los ojos abiertos de preocupación y curiosidad. —Por los Dioses, ¿qué haces fuera de la enfermería? —preguntó Wendy, con ese tono familiar que ahora le resultaba sofocante. —No es nada. No se preocupen—murmuró, intentando rodearlas. —¿Cómo que no? ¿Por qué estás fuera de la cama? ¿El sanador te dejó levantarte? —Wendy —dijo Stan, haciendo un gesto conciliador para que bajara la voz—. Estoy vbien. Me dejaron salir. —No lo creo —replicó Wendy, frunciendo el ceño mientras miraba sus heridas. Intentó tomarle el brazo para examinarlo, pero Bebe la detuvo y le dedicó a Stan una sonrisa suave, compasiva. —Debes cuidarte, Stan. Todos estamos muy agradecidos por todo tu trabajo para proteger la tribu —su mirada se deslizó brevemente hacia su pierna y su brazo—. Por favor, no pienses que todos somos tan malagradecidos como Wendy... o tan imprudentes como Kyle. Wendy resopló, y Stan frunció el ceño. No le molestó tanto la ofensa hacia Wendy como el desprecio casual con el que Bebe hablaba de Kyle. —Kyle no fue imprudente —dijo en voz baja pero firme—. Me ayudó. Su exilio fue una injusticia. Wendy y Bebe parpadearon, confundidas. —Eso no fue lo que escuchamos —respondió Bebe a la defensiva—. Dijeron que lo exiliaron porque atrajo a un lobo a nuestras tierras. —Eso no es cierto —gruñó Stan—. No hizo más que ayudarme a luchar contra ese lobo. Lo que digan, quien sea que lo diga, está mintiendo. Le habría gustado quedarse y defender la inocencia de Kyle, pero por encima de los hombros de las chicas vio a un grupo de cazadores —los hombres de su tío— doblando una choza cercana. Tenía que huir si no quería que lo atraparan, así que se dio media vuelta y se fue tan rápido como pudo, dejando a las dos chicas desconcertadas. Cuando por fin llegó a la choza de Kyle, la puerta estaba entreabierta. Al entrar, lo invadió una sensación extraña. La habitación principal aún estaba llena de las cosas que Kyle no había podido llevarse, y aun así, parecía desierta, como si su alma se hubiera ido. Sus ojos recorrieron las pertenencias de Kyle hasta detenerse en el mostrador junto a las ollas, donde había varios frascos con su famosa mermelada, abandonados. La garganta se le cerró. Kyle se había ido de verdad. Por un momento, la desesperación amenazó con dominarlo. Luego se obligó a concentrarse, cerrando los ojos y dejando a un lado el olor a polvo y bayas secas para buscar el único aroma que necesitaba: el de Kyle. Inspiró hondo y finalmente lo captó, débil pero inconfundible: el olor a menta fresca y fruta silvestre. El alivio lo inundó. La época de apareamiento tenía sus sentidos agudizados, y agradeció por ello. Normalmente, esa temporada era una maldición que lo volvía imprudente y ansioso, pero ahora era una bendición. Salió de la choza, siguiendo el rastro lejos de la tribu y hacia lo profundo del bosque. A la mañana siguiente, Kyle despertó entumecido, pero no quería perder tiempo. Ignorando el vacío en su pecho, se puso a trabajar. Cuanto antes estuviera listo para partir, antes comenzaría su viaje hacia un nuevo hogar. Primero afiló su cuchillo sobre una piedra plana, el sonido rítmico llenando la cueva. Luego desempacó y volvió a empacar su saco, organizando sus cosas por prioridad y haciendo una lista mental de lo que aún necesitaba: agua fresca, hierbas medicinales, comida duradera y suministros para construir refugio si debía dormir al aire libre. Salió de la cueva con cuidado. Aunque estaba lejos de las zonas por donde la tribu solía pasar, eso no significaba que no siguiera en su territorio. Si alguien lo encontraba allí, lo expulsarían. Esa parte del bosque le resultaba desconocida, pero tenía una idea general de dónde crecían ciertas hierbas, así que, tras una larga búsqueda entre la maleza, por fin halló un parche de hierba de las heridas. Recolectó las hojas y las metió en su bolsa hasta que el estómago le gruñó, recordándole lo escasos que eran sus víveres. Vio un conejo e invirtió más tiempo intentando atraparlo, pero el animal fue más rápido, desapareciendo en su madriguera y dejándolo con las manos vacías. Suspiró, maldiciendo no haber aprendido nunca a cazar, y esperando que la carne seca en la cueva le alcanzara hasta mejorar sus habilidades. Al incorporarse, notó que el gris suave del cielo se oscurecía hasta volverse negro y amenazante. Se avecinaba una tormenta. Suspirando, emprendió el camino de vuelta. No podía permitirse mojarse y enfermar. Caminaba con pasos pesados, frustrado porque el día había sido menos productivo de lo esperado, y reescribía mentalmente su plan de supervivencia cuando un sonido lo sobresaltó entre los árboles, a su derecha, en el terreno un poco más alto. Se giró, apretando el cuchillo, asustado al principio, pero confundido cuando los arbustos se apartaron y Stan salió rodando, cayendo pesadamente al barro a sus pies. Stan había seguido el tenue aroma a menta y fruta silvestre durante horas, contento porque el rastro de Kyle no estaba bien oculto. Una rama rota aquí y una marca débil allá, cada señal reavivaba su esperanza y lo mantenía en movimiento pese al dolor. No se había abierto los puntos, pero su carne se tensaba a cada paso. La piel le ardía y se inflamaba, pero siguió avanzando, sintiéndose esperanzado hasta que las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer. —No. Ahora no —murmuró. Si la lluvia arreciaba, borraría por completo el olor de Kyle. Lo perdería. Y entonces, como si los dioses estuvieran de su lado, apartó una hilera de helechos y allí lo vio. A Kyle, a salvo y con vida, en el terreno bajo. El alivio lo abrumó. Intentó llamarlo, pero antes de poder hablar dio un mal paso, pisó barro y resbaló, deslizándose cuesta abajo hasta caer dolorosamente a los pies de Kyle. Por un instante, se quedaron mirándose. El rostro de Stan, cubierto de barro, se iluminó con una sonrisa dolorida pero genuina al mirar hacia Kyle. Kyle bajó la vista hacia sus pies, hacia Stan. Su expresión pasó de la confusión al reconocimiento y luego a la ira. Sus orejas se aplastaron y su cola se erizó. Sin decir palabra, se dio la vuelta. —¡Espera! —Stan estiró su mano derecha agarrando aire antes de que su mano izquierda, con la cual se apoyaba, también resbalara y él terminara con la cara en el barro. Su gemido de dolor hizo que Kyle dudara, y ese momento bastó para que Stan se arrastrara hacia adelante y sujetara el tobillo de Kyle. —Suéltame —gruñó Kyle, tensando el cuerpo. —No, solo espera… —jadeó Stan. —¡Suéltame, Stan! ¿Qué haces aquí? —la voz de Kyle cortó el viento. —Vine a buscarte. Te fuiste. Es peligroso aquí fuera. No podía dejarte solo. —¡Claro que me fui! ¡Fui exiliado… por tu culpa! —las palabras fueron afiladas—. ¡Me culpaste para salvar tu estatus, y funcionó! ¡Así que aléjate de mí! La lluvia por fin empezó a caer, empapándolos lentamente a ambos. —¡No fui yo! —dijo Stan, horrorizado al darse cuenta de que Kyle realmente creía que él era la razón de su exilio—. ¡Mi padre inventó la historia mientras yo estaba inconsciente! ¡Jamás te habría culpado! —¿Por qué debería creerte? —exigió Kyle—. ¡Estabas tan preocupado por tu imagen y tu estatus! —Lo estaba —admitió Stan, con voz desesperada—. Tenía miedo. Pero no tanto como para dejar que tú cargaras con la culpa. No soy como mi padre, Kyle. Nunca haría eso. No a ti. Stan miró a Kyle, realmente asustado ante la idea de que no le creyera, y eso hizo que la ira de Kyle vacilara. Al mirarlo a los ojos, vio al chico que una vez lo había defendido de los omegas mayores cuando a nadie le importaba él; al alfa del que se había enamorado. —Eres un tonto —dijo Kyle, ahora cansado—. Incluso si lo que dices es cierto, ¿por qué venir tras de mí? Vas a abrirte los puntos. —¡No me importa! —respondió Stan rápidamente—. Tenía que encontrarte. No podría vivir conmigo mismo si algo te pasara. Kyle vio la sinceridad en la cara de Stan, en esa misma bondad obstinada que desde siempre fue su debilidad. —Esto es tan innecesario —murmuró y se arrodilló a su lado—. ¿Me ves? Estoy bien. Así que vuelve. Stan miró a los ojos de Kyle, esos perfectos y claros pozos verdes que siempre le habían resultado tan atractivos, ahora llenas de tristeza. —Ven conmigo —pidió. —No —dijo Kyle con voz firme pero resignada. Miró más allá de Stan, hacia el bosque denso y azotado por la lluvia—. No voy a volver. Nunca. —Tienes que hacerlo. Es peligroso aquí. —No me importa. —Por favor —suplicó Stan—. Te exiliaron, pero fue un error. Lo corregirán. Haré que lo hagan, lo juro. Kyle alzó una ceja escéptica. —Ni siquiera puedes cuidarte a ti mismo —frunció el ceño, notando, ahora que el agua lavaba el barro de los brazos y piernas de Stan, sus heridas. Se veían bastante inflamadas—. ¿De verdad crees que puedes convencer al consejo? No seas ingenuo. —Puedo no saber cuidar de mi —declaró Stan, su voz recuperando un hilo de su antigua fuerza—. Pero sé que puedo lograr que te pidan disculpas. Kyle negó con la cabeza y, por un instante, pensó en levantarse y simplemente dejar a Stan atrás. No tenía por qué someterse a esa conversación. Sin embargo, no podía dejarlo ahí. Nunca podría ser tan cruel, no con la lluvia empapándolos. —Eres realmente ingenuo… y una carga. Pero al parecer eres mi carga. Vamos. Nos enfermaremos aquí afuera. Lo ayudó a ponerse de pie. Esta vez les fue más fácil caminar, primero porque Stan no estaba tan herido como la vez anterior, y segundo porque ahora sabían cómo rodearse con los brazos. Stan incluso apoyó brevemente su cabeza contra la sien de Kyle mientras caminaban hacia la cueva, y Kyle, aunque sintió un escalofrío, no se apartó. Stan, por su parte, estaba en un estado de dicha, sintiendo el calor del cuerpo de Kyle y oliéndolo, casi ronroneando porque había alcanzado su objetivo. Una vez dentro de la cueva, Kyle trabajó en silencio. Limpió el brazo y la pierna de Stan, trituró hierba de sanación y la aplicó en sus heridas antes de atarlas con un nuevo vendaje. —Estas eran mis provisiones —murmuró—. Para mi viaje. Ahora las estoy usando contigo. —Conseguirás más —dijo Stan con firmeza—. Cuando volvamos. Kyle se quedó inmóvil. —No voy a volver, Stan. —Tienes que hacerlo. No es seguro para un omega solo. Kyle habló con amargura. —¿Y era seguro allí? ¿Siendo tratado como una maldición? Esto no es un castigo. Es libertad. Por primera vez, puedo ir a un lugar donde me quieran. —¡Yo te quiero! —Stan dijo de inmediato Las palabras quedaron suspendidas en el aire. Kyle lo miró con los ojos muy abiertos, confundido, y eso hizo que Stan retrocediera de inmediato. Se dio cuenta de que estaba siendo no solo imprudente y presuntuoso, sino que no estaba leyendo la situación. Kyle había sido exiliado recientemente por su culpa; no podía simplemente decirle que quizá se había enamorado de él “a primera vista”. —Te quiero allí. Es decir, eres mi amigo… no quiero perder a un amigo, y necesito arreglar esto —corrigió. —Entonces te sientes culpable —dijo Kyle en voz baja—. Eso es todo... —No, no, eso no es —negó Stan con la cabeza—. No se trata de mí. Se trata de justicia. Hablaré con el consejo. Haré que entiendan. —Tu padre me exilió —suspiró Kyle—. ¿Crees que tus palabras cambiarán eso? Siempre seré una maldición para ellos. —Mi padre y el consejo son unos estúpidos viejos. La tormenta rugía afuera. Kyle se dio la vuelta, agotado. Entonces sintió calor envolviéndolo. Era el calor de Stan. Lo estaba abrazando por detrás. Stan vio a Kyle darse la vuelta y sintió un pánico repentino al darse cuenta de que Kyle estaba decidido a no regresar a la aldea. La idea de que se lastimara lo aterraba tanto como la de no volver a verlo. No podía comprender del todo por qué se sentía tan atraído por él tan rápido, pero al mismo tiempo tenía perfecto sentido.Kyle no era solo un hermoso exterior; también era igual de cautivador por dentro, y además olía delicioso. Si no podía convencer a Kyle de regresar, entonces no podía dejarlo ir solo ni separarse de él. No tenía otra opción más que acompañarlo. —Por favor —murmuró Stan—. Si no cambian de opinión, iré contigo. Kyle se quedó inmóvil. Cada nervio le ardía. —No seas estúpido, tienes una vida ahí —dijo Kyle débilmente, porque Stan lo estaba abrazando. Stan le estaba diciendo que iría con él. Era un sueño hecho realidad, pero no, no era verdad. Stan solo estaba atrapado en la idea de desafiar a su padre y al consejo, de pagar una deuda con él—. No me debes nada. —No en un lugar que hace esto —dijo Stan, apretando su abrazo—. Y ya lo dije: no se trata de deuda. Se trata de justicia. El omega no respondió, y Stan lo abrazó más fuerte. Kyle tenía razón. Dejar la aldea era una tontería para alguien como Stan. Allí lo tenía todo; en cualquier otro lugar tendría que empezar desde cero y ganarse su sitio. Pero lo haría por Kyle. Lo haría por Kyle. Sonaba tan perfecto, tan romántico. Sin embargo, Kyle lo había llamado una tontería por querer seguirlo. ¿Acaso Kyle quería que lo acompañara? Stan estaba allí, abrazándolo, pero Kyle se había marchado de la aldea sin dudar. Estaba claro que no quería—ni siquiera pensaba—en Stan del mismo modo en que Stan pensaba en él. Stan tenía—no, necesitaba—hacer que Kyle lo viera de otra manera, que lo valorara igual. Entonces se le ocurrió la idea. La época de apareamiento se acercaba; podría cortejar a Kyle y demostrarle lo bien que encajaban. Cuando llegara la reunión de tribus, podrían elegirse el uno al otro y convertirse en pareja. Y si, incluso después de que Stan lograra demostrar a todos que Kyle no era lo que los demás decían, Kyle aún quería marcharse, entonces podrían irse juntos. Viajarían con las tribus visitantes de la reunión, de aldea en aldea, yendo tan lejos como pudieran—juntos. Kyle podría ir a la tribu de su madre, y Stan por fin podría ver el mundo lleno de todas esas historias que siempre lo habían fascinado tanto. —Por favor, solo espera hasta la reunión de tribus —dijo Stan—. Cuando lleguen las otras tribus, iremos con una de ellas. Será más seguro. Encontraremos un lugar al que pertenezcas. Kyle quiso resistirse, insistir en que nunca volvería a la tribu. Pero si Stan realmente podía convencer al consejo, entonces su idea tenía sentido. Además, si Stan iba con él, quizá empezaría a verlo como algo más que un amigo. Podía sentir el frenético latir del corazón de Stan contra su espalda, igualando el suyo. Kyle sonrió ante la idea. Dejar la tribu con Stan. Aunque no podía hacerle eso. Arrastrar al alfa a un viaje peligroso lejos de su vida perfecta, aprovechándose del hecho de que Stan se sentía culpable… no podía hacerlo. —Tengo que pensarlo. Se recostó ligeramente hacia atrás, dejando que su peso descansara sobre el pecho de Stan. Al sentir su movimiento, Stan dejó de insistir y solo lo abrazó más fuerte mientras los truenos retumbaban fuera de la cueva.
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