One-shots/Poppy x El Prototipo

Gen
NC-17
Finalizada
7
Fandom:
Tamaño:
142 páginas, 58.622 palabras, 20 capítulos
Descripción:
Dedicatoria:
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Ultimo One-shot

Ajustes
El lugar era una sala profunda y olvidada en las entrañas de la fábrica abandonada. El techo alto se perdía en la oscuridad, con tuberías oxidadas goteando un líquido viscoso y luces fluorescentes parpadeantes que apenas iluminaban el polvo suspendido en el aire. El suelo de concreto agrietado estaba lleno de escombros, cajas rotas y manchas antiguas de lo que alguna vez fue sangre o aceite. El olor a metal húmedo, moho y algo metálico flotaba pesado. Era un espacio claustrofóbico y frío, perfecto para que nadie los interrumpiera jamás. Poppy se encontraba de pie frente a él, su figura ahora transformada y mucho más imponente que antes. Su cabello, antes simple, ahora era de un rojo vibrante y brillante, recogido en dos coletas altas y voluminosas atadas con lazos azules grandes que caían a los lados de su cabeza. Algunos mechones sueltos enmarcaban su rostro de porcelana, dándole un aspecto inocente y provocativo al mismo tiempo. Llevaba un vestido de estilo clásico pero ajustado y revelador: la parte superior azul intenso se ceñía a su torso, con un escote profundo que resaltaba su pecho pálido. La falda azul plisada era corta, con volantes blancos en el borde. Su expresión —ojos azules entrecerrados, mejillas sonrojadas y boca ligeramente abierta en sorpresa— completaban la imagen de una muñeca modificada para tentar y aterrar. —Me agrada cómo te ves así —murmuró el Prototipo, su voz grave y distorsionada resonando como metal rasgando porcelana. Sus ojos —o lo que quedaba de ellos— la recorrían con hambre pura. Poppy se miró a sí misma, todavía desorientada. Ya no era una pequeña y delicada muñeca para niñas. Su cuerpo había sido modificado: más alto, con curvas pronunciadas y proporciones exageradas que la hacían lucir como una provocadora salida de una pesadilla. La porcelana brillaba con un lustre irreal bajo las luces parpadeantes, y las grietas finas que recorrían sus brazos, escote y muslos le daban un aspecto frágil pero extrañamente sensual. El vestido se sentía apretado contra su figura, la falda apenas cubriendo lo necesario. —¿P-por qué me veo así? ¿Qué me hiciste? Tú dijiste que… —empezó ella, con la voz temblorosa, tirando instintivamente de la falda hacia abajo. El Prototipo la interrumpió abruptamente, levantando una garra larga y afilada. —Es lo que acordamos. Dijiste que vendrías conmigo y harías “todo” lo que yo quisiera… siempre y cuando dejara vivo a tu querido humano. —Su tono era serio, casi clínico, como si estuviera recordando un simple contrato. —Pero lo metiste dentro de ese tanque de… —volvió a intentar ella. —Silencio —advirtió él, y su sonrisa cuadrada de dientes planos se ensanchó de forma perturbadora—. Deberías estar agradecida. Eso fue un acto de gran consideración de mi parte. Podría haberlo destrozado frente a ti como tenía planeado. Pero no importa ya. Nada de eso importa ahora. El Prototipo se acercó. Era una figura imponente, un cyborg colosal construido con piezas mecánicas y orgánicas robadas. Su rostro de porcelana agrietada estaba congelado en una sonrisa antinatural y aterradora. Uno de sus ojos era un vacío oscuro y hueco; el otro brillaba con un pequeño pupila mecánica amarilla que emitía un fulgor frío. Llevaba un gastado sombrero de bufón de tres puntas con cascabeles oxidados, un lazo rojo deshilachado y un abrigo azul raído con detalles dorados desvaídos y mangas abultadas de colores primarios. Su torso delgado y alargado dejaba ver un núcleo que brillaba débilmente en el abdomen. De su espalda colgaban trozos de pelaje y maquinaria de CatNap, y en su parte inferior se fusionaba con un cuerpo arácnido masivo de seis patas metálicas articuladas, construidas con piezas de fábrica y reforzadas con músculos y tendones humanos. Cada paso dejaba grietas profundas en el suelo, y las puntas afiladas de sus patas estaban manchadas de un rojo oscuro y reseco. Sus largos brazos esqueléticos terminaban en garras articulares que parecían agujas quirúrgicas capaces de atravesar carne y metal por igual. Tres brazos adicionales, retráctiles, asomaban ligeramente desde su abdomen: uno perteneciente a Mommy Long Legs, otro a Kissy Missy y el último a Huggy Wuggy. La tomó del brazo con una delicadeza sorprendente para un ser tan monstruoso. Poppy sintió el frío del metal contra su porcelana. La boca del Prototipo se abrió ligeramente, revelando más de esa sonrisa cuadrada, y de ella salió una lengua larga, húmeda y extrañamente cálida. Comenzó a lamer lentamente el cuello de ella, saboreándola con cuidado, como si supiera exactamente cuánta presión podía ejercer sin romperla. —Solo busco mi propio placer, hermanita… —susurró contra su piel, su aliento caliente contrastando con el metal frío de sus garras—. No es nada grave. Tal vez tú también puedas disfrutarlo… si dejas de actuar como una llorona patética. Poppy se estremeció. Una extraña sensación recorrió su cuerpo artificial: un calor que se acumulaba en su centro, subiendo como una oleada de “sangre” (o lo que fuera el fluido que ahora circulaba por sus venas de porcelana) hasta teñir sus mejillas de un suave rubor rosado. No era solo miedo. Había algo más. Asco, sí… pero también una curiosidad prohibida, un cosquilleo traicionero que la hacía odiarse a sí misma. Las patas arácnidas del Prototipo se movieron con lentitud, rodeándola, encerrándola en una jaula viviente de metal y carne robada. Una de sus garras bajó por su espalda, trazando líneas suaves que apenas rozaban la superficie, mientras su lengua continuaba explorando su cuello y bajaba hacia la clavícula. —Eres mía ahora, Poppy —dijo con una satisfacción oscura, el ojo amarillo brillando con más intensidad—. Y voy a tomarme mi tiempo para recordártelo… una y otra vez. Ella cerró los ojos, respirando agitada, atrapada entre el terror y esa nueva y perturbadora calidez que despertaba en su interior. El Prototipo retrocedió un paso, sus patas araña flexionándose con un chirrido metálico. Con una garra principal abrió su abrigo raído y dejó al descubierto su parte inferior. Lo que surgió no era nada parecido a un órgano humano normal. Era un miembro largo, grueso y tentacular: de un tono grisáceo-rosado oscuro, con una textura viscosa y segmentada como un tentáculo vivo, cubierta de suaves protuberancias y venas pulsantes que se movían ligeramente por sí solas. La punta se estrechaba en una forma casi bulbosa y flexible, goteando un fluido espeso y brillante que olía a metal caliente y algo dulzón. Se retorcía lentamente en el aire, como si tuviera voluntad propia, creciendo aún más mientras la observaba. Poppy abrió los ojos y se quedó congelada. Su mirada azul se clavó en esa cosa grotesca y alienígena. Sintió un escalofrío recorrer toda su porcelana. Era demasiado grande, demasiado viva, moviéndose con lentitud hipnótica y amenazante. El rubor en sus mejillas se intensificó hasta volverse ardiente, y un nudo se formó en su estómago. Parte de ella quería retroceder, huir de esa visión monstruosa que parecía capaz de romperla por dentro. Otra parte —la que odiaba— sintió un pulso traicionero entre sus piernas, una mezcla de terror y una excitación enfermiza al imaginar cómo se sentiría esa cosa retorciéndose dentro de ella. —Es… eso… —susurró ella con voz quebrada, incapaz de apartar la vista. Sus manos temblorosas bajaron instintivamente la falda del vestido de maid, pero las patas del Prototipo la detuvieron. El Prototipo soltó una risa baja y rasposa, disfrutando claramente de su reacción horrorizada y fascinada. —Esto es lo que soy ahora —murmuró, acercándose de nuevo. El tentáculo se movió hacia ella, rozando suavemente la parte interna de su muslo cubierto por la media, dejando un rastro húmedo y caliente—. Y tú vas a aprender a tomarlo todo, hermanita. Su lengua volvió a lamer su cuello mientras una de las manos extras bajaba, levantando la falda azul del vestido para exponerla por completo. Poppy temblaba, atrapada entre el asco profundo y esa calidez traicionera que crecía cada vez más fuerte en su interior, mientras el tentáculo se frotaba contra ella con lentitud deliberada, preparándola para lo inevitable. El Prototipo soltó una risa baja y rasposa, vibrando contra la porcelana del cuello de Poppy. Su lengua larga y húmeda descendió lentamente, trazando un camino caliente y pegajoso por su clavícula hasta el borde del vestido raído que aún cubría su torso modificado. Con una garra afilada cortó la tela sin esfuerzo, dejando que cayera al suelo como un trapo inútil. Ahora ella estaba completamente expuesta ante él: su cuerpo de porcelana más alto y esbelto brillaba bajo la luz tenue del lugar, con grietas finas que parecían venas delicadas. —Tan bonita… tan perfecta —murmuró él, bajando más. Sus patas arácnidas se flexionaron, posicionándola con facilidad contra una pared fría mientras se arrodillaba frente a ella con esa forma grotesca y superior. Poppy tembló cuando sintió la lengua gruesa y caliente deslizarse entre sus piernas. Al principio fue lento, casi burlón: lamía los labios de su intimidad artificial con deliberada lentitud, saboreando cada reacción. La textura era extraña, húmeda y áspera al mismo tiempo, como si estuviera hecha para dar placer y dolor en igual medida. Ella intentó cerrar las piernas por instinto, pero las patas metálicas de él la mantuvieron abierta. —N-no… espera… —susurró ella, pero su voz se quebró cuando la lengua penetró más profundo, envolviéndola, succionando y lamiendo con una precisión aterradora. El calor crecía rápido en su interior. Ese fluido que circulaba por su cuerpo se calentaba como nunca, haciendo que sus mejillas se tiñeran de un rojo intenso y que sus rodillas temblaran. El Prototipo gruñó de satisfacción contra ella, el ojo amarillo brillando con malicia mientras su boca trabajaba. Su lengua larga se curvaba dentro de ella, presionando puntos que ni ella sabía que existían ahora en su cuerpo modificado. Una de sus garras principales sujetaba su cadera con firmeza, mientras las otras tres —la de Mommy Long Legs, la de Kissy Missy y la de Huggy— se movían con vida propia. La mano rosada y elástica acariciaba su pecho, pellizcando un pezón con cruel delicadeza; otra, más grande y suave, bajaba por su espalda trazando líneas que erizaban su porcelana (no literalmente); la tercera apretaba su muslo, abriéndola aún más. Poppy jadeaba, sus manos pequeñas aferrándose al abrigo raído de él. El placer subía en oleadas cada vez más intensas. Sus caderas se movían involuntariamente contra esa lengua implacable, buscando más, perdiéndose por completo. Estaba cerca, muy cerca… el calor se acumulaba en su centro como una explosión inminente. Y entonces él se apartó de golpe. La lengua se retiró con un sonido húmedo y obsceno, dejando un vacío doloroso. Poppy soltó un gemido de protesta, frustrada, intentando acercar sus caderas de nuevo. —¡No! Por favor… estaba… estaba tan cerca… —suplicó, la voz rota por la necesidad. El Prototipo se levantó lentamente, su figura imponente cerniéndose sobre ella. Esa sonrisa cuadrada y perturbadora se ensanchó mientras limpiaba su boca con el dorso de una garra. —Oh, querida… —dijo con un tono sarcástico, casi burlón, lleno de crueldad—. Esto se trata de “mi”placer, no del tuyo. ¿Creíste que te dejaría terminar tan fácil? Qué patética. Poppy lo miró con los ojos vidriosos, respirando agitada, el cuerpo temblando por la negación. El calor seguía ardiendo dentro de ella, insatisfecho y doloroso. Él se acercó más, su aliento caliente contra su oído mientras las manos extras continuaban tocándola sin descanso: una acariciando su intimidad húmeda y sensible, otra apretando su pecho, la tercera rodeando su cuello con presión ligera pero amenazante. —Ahora… vas a hacer algo por mí —ordenó con voz baja y peligrosa—. Quiero sentir esa boquita de porcelana alrededor de mí. Arrodíllate. Usa esa lengua como yo usé la mía… y hazlo bien. Si me complaces, tal vez… solo tal vez… te deje terminar después. Sus garras principales se posaron en los hombros de ella, empujándola suavemente hacia abajo, mientras las otras tres manos seguían explorando su cuerpo, manteniéndola al borde, tocando, pellizcando y acariciando sin piedad. Poppy tragó saliva, atrapada entre el asco, el miedo y esa traicionera excitación que él había despertado. El Prototipo se erguía imponente sobre ella, su figura colosal proyectando una sombra que parecía tragársela entera. Poppy, de rodillas sobre el suelo frío y agrietado, levantó la mirada. El ojo amarillo brillaba con un hambre salvaje y retorcido, mientras su boca cuadrada permanecía congelada en esa sonrisa permanente que nunca llegaba a los ojos. Sus patas arácnidas se movieron con un chirrido metálico lento, rodeándola, encerrándola. Sin decir una palabra más, una de las manos extras —la rosada y elástica de Mommy Long Legs— se enredó en su cabello y empujó su cabeza hacia adelante. Poppy abrió los labios y lo tomó. Al principio fue vacilante, su lengua recorriendo la punta caliente de su miembro. El sabor era fuerte, salado y metálico. Poco a poco fue metiéndoselo más profundo, succionando con movimientos torpes pero obedientes mientras lágrimas finas resbalaban por sus mejillas agrietadas. El Prototipo soltó un gruñido bajo y gutural, casi animal. Sus caderas se movieron lentamente al principio, empujando más adentro, follando su boca con control sádico. Las otras manos no dejaban de tocarla: una pellizcaba y retorcía sus pezones, otra frotaba su intimidad húmeda y sensible, manteniéndola al borde sin piedad. Poppy gemía alrededor de su grosor, el sonido ahogado y vibrante, mientras su cabeza subía y bajaba siguiendo el ritmo que él imponía. Él respiraba cada vez más pesado, el pecho mecánico subiendo y bajando. Sus patas arácnidas clavaban sus puntas afiladas en el suelo, dejando grietas profundas. No hablaba. Solo disfrutaba, usando su boca como un objeto hecho para su placer, empujando hasta el fondo de su garganta una y otra vez. Después de varios minutos intensos, donde solo se escuchaban los sonidos húmedos y obscenos de su boca trabajando y los gruñidos graves de él, el Prototipo la apartó de golpe. Un hilo espeso de saliva conectó sus labios hinchados con la punta brillante de su miembro. Poppy jadeaba, con la mirada nublada y el cuerpo temblando de necesidad. —Suficiente —dijo él con voz ronca y cruel. La levantó sin esfuerzo, girándola y presionándola contra la pared fría y sucia. Sus piernas fueron abiertas ampliamente por las patas arácnidas. Sintió la punta húmeda y caliente presionar contra su entrada, aún empapada y palpitante antes de que se uniera completamente dentro. —Joder… tan apretada después de tanto tiempo —gruñó el Prototipo, empezando a embestir con fuerza animal. Cada golpe era profundo, brutal, sus caderas chocando contra ella con sonidos húmedos y fuertes—. Te encerré para sobrevivir a esta mierda de fábrica… y aun así viniste a que te destroce. Poppy arañó el torso mixto de porcelana y metal de él, dejando finas marcas. Lo odiaba, pero su cuerpo lo recibía con desesperación. Cada embestida la llenaba por completo, estirándola, golpeando profundo. —Eres un maldito traidor… —jadeó ella entre gemidos rotos. El Prototipo rio con esa risa rasposa y distorsionada, acelerando el ritmo, follándola más duro. La agarró del cabello con una garra principal, jalándole la cabeza hacia atrás con fuerza para exponer su cuello. Su lengua larga y húmeda lamió la porcelana agrietada con lentitud enfermiza, saboreando cada centímetro como si quisiera devorarla. Sus garras se clavaron en las caderas de ella, dejando marcas que dolían pero no rompían. Las otras tres manos seguían atormentándola: una apretaba y masajeaba sus senos con fuerza bruta, pellizcando los pezones hinchados; otra frotaba su clítoris en círculos rápidos y crueles; la tercera rodeaba su garganta con presión creciente, recordándole que podía romperla en cualquier momento. Poppy estaba perdida en el placer. Sus gemidos subían de tono, sus caderas empujando hacia atrás para encontrarse con cada embestida salvaje. El calor crecía de nuevo, más fuerte, más peligroso. —Ollie… —soltó de repente en un gemido desesperado, el nombre escapando sin que pudiera evitarlo. El cuerpo del Prototipo se tensó violentamente. El ojo amarillo se abrió de par en par, brillando con un odio enfermizo y celos profundos, casi demenciales. Su agarre en el cabello de ella se volvió brutal, tirando con tanta fuerza que Poppy soltó un grito agudo. Siguió embistiéndola sin detenerse, pero ahora con una furia salvaje y posesiva, como si quisiera castigarla por atreverse a pronunciar ese nombre. —¿Ollie? —gruñó contra su oído, su voz baja, temblorosa de rabia y algo mucho más enfermo. Su lengua lamió su cuello con lentitud obsesiva, casi adorándolo, mientras sus dientes rozaban la porcelana como si quisiera morder y romperla—. ¿Todavía te atreves a llamarme así? Empujó más profundo, más brutal, cada embestida parecía querer borrar cualquier rastro del Oliver que alguna vez existió. Su respiración era agitada, irregular, casi jadeante de celos enfermizos. —Ese débil, ese humano patético llamado Oliver ya está muerto —susurró con voz envenenada, lamiendo y mordisqueando su cuello sin parar, dejando saliva caliente y marcas húmedas—. Murió en esta fábrica. Lo maté yo. Solo quedo yo. Tiró más fuerte de su cabello, obligándola a arquear la espalda mientras seguía follándola sin misericordia. Las patas arácnidas la mantenían completamente inmovilizada, sus puntas afiladas clavadas en el suelo alrededor de ellos. —Mi nombre es **El Prototipo** —siseó directamente en su oído, la voz llena de un placer retorcido y obsesivo—. Dilo. Quiero oírte decir quién te está destruyendo por dentro. Quién te posee ahora. Quién te va a follar hasta que olvides cualquier otro nombre. Poppy gimió alto, el cuerpo temblando por la mezcla de dolor y placer abrumador. —Prototipo… —jadeó ella, la voz quebrada y sumisa—. Eres… el Prototipo… —Otra vez —exigió él, celoso y enfermo, acelerando sus embestidas hasta un ritmo castigador—. Más fuerte. Quiero que lo sientas. —Prototipo… —repitió ella casi sollozando de placer. Satisfecho pero aún temblando de esa rabia posesiva, el Prototipo hundió su rostro en el cuello de ella, lamiendo y mordiendo con más fuerza mientras sus caderas chocaban salvajemente. Las manos extras no daban tregua: pellizcaban, frotaban, apretaban, manteniéndola al límite. Poppy no aguantó más. El orgasmo la atravesó como una explosión violenta, su cuerpo convulsionando alrededor de él, apretándolo con fuerza mientras gritaba. El Prototipo gruñó contra su cuello, prolongando su clímax con embestidas profundas y brutales hasta que ella sollozaba de sobrecarga sensorial. Solo entonces se dejó ir. Con un rugido distorsionado y gutural, se hundió hasta el fondo y se derramó dentro de ella, llenándola con calor espeso y abundante. Sus patas araña temblaron, y sus brazos la apretaron contra su torso mecánico mientras disfrutaba cada segundo de su liberación, como si quisiera marcarla por dentro y por fuera. Se quedaron unidos un largo momento, respirando agitados. El Prototipo no la soltaba. Su garra seguía enredada en su cabello, su lengua aún lamiendo lentamente su cuello en un gesto obsesivo y enfermizo, como si no pudiera dejar de saborearla. —Nunca vuelvas a decir ese nombre —susurró finalmente, con voz baja y peligrosa, aún dentro de ella—. Oliver no existe. Solo existo yo. Y tú… tú eres mía. Para siempre. Poppy cerró los ojos, exhausta, con el cuerpo lleno de él y la mente hecha un torbellino de miedo, placer y una extraña y enfermiza sumisión. El silencio cayó pesado sobre la sala abandonada, roto solo por la respiración irregular de Poppy y el leve chirrido metálico de las patas arácnidas del Prototipo mientras se retiraba lentamente de su interior. El fluido caliente de él se deslizaba por los muslos de porcelana de ella, marcándola por dentro y por fuera. Poppy se sentía rota, llena, exhausta… y extrañamente completa. El asco seguía allí, revolviéndole el estómago artificial, pero también había una calidez traicionera, una sumisión enfermiza que la hacía odiarse a sí misma. Era suya. Lo había sentido en cada embestida brutal, en cada toque de esas manos robadas. Su cuerpo aún temblaba con los restos del placer forzado, y una parte de ella —la más oscura— ya anhelaba la siguiente vez, aunque su mente gritara que era monstruoso. Mucho después, cuando sus cuerpos se habían separado y el sudor (o lo que fuera el equivalente en ella) se había enfriado sobre su porcelana agrietada, Poppy permanecía acurrucada contra el torso mecánico de él. Las patas de araña formaban una jaula protectora a su alrededor, y una de las manos extras —la de Kissy— acariciaba distraídamente su cabello con una ternura perturbadora. El placer había sido intenso, abrumador, pero ahora que la niebla se disipaba, el peso de lo ocurrido regresaba. Recordó su propio gemido, aquel nombre escapando de sus labios sin permiso. Ollie. El Prototipo, que hasta entonces había permanecido en un silencio casi contemplativo, se tensó visiblemente. Su núcleo abdominal brilló con más intensidad y sus garras principales se cerraron con fuerza alrededor de la cintura de ella, lo suficiente para dejar marcas finas en la porcelana. El ojo amarillo se entrecerró, y por un instante su sonrisa cuadrada pareció torcerse en algo más cercano a la furia contenida. Recordar su pasado humano siempre lo carcomía: el niño roto que Elliot había usado como prueba, el “test run” descartable para revivir a su verdadera hija perfecta. Ollie había sido débil, traicionado, reducido a una herramienta. Él había matado a ese niño hacía décadas. Ollie ya no existía. Solo quedaba El Prototipo. —No vuelvas a pronunciar ese maldito nombre nunca más —gruñó contra su oído, la voz distorsionada y baja, cargada de una crueldad helada que hizo que Poppy se estremeciera—. Ese patético humano murió. Lo destrocé yo mismo cuando comprobé que era un débil inútil y confiado. Si vuelves a decir “Ollie” mientras te follo, mientras te poseo… te romperé de una forma que ni toda tu porcelana nueva podrá arreglar. ¿Entendido? Su lengua larga lamió lentamente el cuello de ella, posesiva y amenazante, mientras las otras manos la apretaban con más fuerza, recordándole su lugar. Poppy asintió débilmente, con los ojos cerrados y el corazón (o lo que quedaba de él) latiendo con miedo y esa extraña, retorcida devoción. El Prototipo era todo lo que tenía ahora. Y él se aseguraría de que nunca lo olvidara. Fin. ♡⁠(⁠Ӧ⁠v⁠Ӧ⁠。⁠) ♡(⁠ᵕ⁠༚⁠ᵕ⁠⑅) Bueno, gente... aquí está un nuevo one-shot, recién terminado. Es extraño volver a escribir unas palabras aquí después de tanto tiempo. Supongo que algunos recordarán aquella ocasión en la que mis one-shots terminaron circulando en TikTok porque una conocida decidió compartirlos. La acusaron de hacerse pasar por mí, la insultaron y le dijeron cosas bastante crueles. Me dolió especialmente por ella, porque en aquel momento acababa de enterarse de que estaba embarazada y una etapa que debería haber estado llena de ilusión terminó empañada por algo tan innecesario. Después de algunas publicaciones que le dediqué, y de eliminar tanto esas publicaciones como mis propios one-shots porque yo misma se lo pedí, ella también decidió alejarse de las redes sociales. Con el tiempo entendí que aquella polémica nunca tuvo mucho que ver con el contenido de mis historias. En gran parte surgió por el simple hecho de escribir sobre un ship que algunas personas detestan, y porque hubo quienes prefirieron asumir cosas sobre mí e inventar intenciones que nunca existieron. Cuando finalmente aclaré que yo era quien escribía estas historias, el ruido se apagó por sí solo. Y, siendo sincera, esta vez decidí publicar este nuevo one-shot sin censura y sin esconderlo. No porque quiera volver a discutir con nadie, sino porque aprendí que crear algo que te hace feliz no debería convertirse en motivo de vergüenza. Siempre habrá personas a las que no les guste lo que hacemos, pero eso no significa que debamos dejar de hacerlo mientras no dañemos a nadie. Pero la verdad es que yo no desaparecí por eso de la polémica. Desaparecí porque me cansé. Porque llegaron responsabilidades, jornadas de trabajo largas, problemas de salud y situaciones familiares que me hicieron comprender que, a veces, la realidad puede doler mucho más que cualquier ficción. Y también desaparecí porque un día me senté frente a una hoja en blanco y descubrí que ya no sabía qué decirle. Creo que solemos imaginar que los escritores abandonan sus historias porque dejan de amarlas, porque pierden el interés o porque simplemente deciden marcharse. Pero no siempre es así. A veces un escritor se aleja porque está intentando sostenerse a sí mismo. Porque hay días en los que escribir una sola palabra pesa demasiado. Días en los que la mente se llena de preocupaciones, el cuerpo se agota, el corazón se resquebraja un poco y la inspiración se esconde en un rincón tan lejano que ni nosotros mismos sabemos cómo alcanzarla. Y, aun así, las historias permanecen. Esperando. Como habitaciones con la luz encendida, silenciosas y pacientes, aguardando el momento en que alguien regrese a casa. Creo que las historias entienden algo que nosotros olvidamos con facilidad: que crecer también significa detenerse, descansar y aprender a vivir fuera de las páginas por un tiempo. Por ahora, este será mi último one-shot. Quizá vuelva algún día. Quizá publique algo de vez en cuando. Tal vez aparezca sin avisar con una idea nueva, como quien encuentra una vieja caja de recuerdos y decide abrirla una vez más. Pero ya no será con la misma frecuencia de antes, así que la etiqueta de «Historia concluida» permanecerá aquí. No quiero que esto suene como una despedida definitiva. Prefiero pensar que es el descanso de alguien que escribió todo lo que pudo con el corazón que tenía en ese momento. Gracias por acompañarme durante este pequeño viaje. Gracias por leer historias extrañas, románticas, incómodas, tiernas y caóticas. Gracias por permitirme compartir personajes que significaron mucho para mí, incluso en una sección dedicada a un ship que muchos considerarían raro por su contenido. Y gracias por demostrarme que siempre habrá personas capaces de encontrar belleza en las historias, incluso en aquellas que nacieron en medio del cansancio, del insomnio o de un día particularmente triste. Sigan apoyando a los creadores de fanfics. Detrás de cada capítulo hay alguien que robó horas al sueño; alguien que escribió mientras lloraba, mientras reía, mientras esperaba una llamada médica, mientras volvía agotado del trabajo o mientras intentaba olvidar algo que le dolía. Y si algún escritor desaparece, no piensen inmediatamente que abandonó su historia. Tal vez sigue amándola tanto como el primer día. Tal vez relee sus propios capítulos en silencio y sonríe al recordar por qué comenzó. Tal vez siente culpa por no continuar. O tal vez simplemente está intentando escribir de nuevo la historia más difícil de todas: la suya propia. Las historias pueden esperar. Las personas no siempre pueden hacerlo. Gracias de verdad por acompañarme durante este tiempo. Les mando un abrazo muy fuerte. Sean fuertes, disfruten de lo que les gusta sin prestar atención a los antis y recuerden que nadie debería sentir vergüenza por crear o amar algo que le hace feliz. La vida ya es demasiado dura como para renunciar también a las pequeñas cosas que nos ayudan a sobrellevarla. Quizá vuelva para Navidad, cuando las luces vuelvan a encenderse y el año parezca detenerse por un momento. Tal vez aparezca con una historia más antes de despedirme otra vez cuando llegue Año Nuevo, como quien visita un viejo hogar solo para comprobar que aún sigue en pie y que todavía conserva un lugar al que regresar. Y si eso no ocurre, está bien. Algunas personas permanecen en nuestras vidas todos los días, y otras solo regresan de vez en cuando, como esas canciones que escuchamos una vez al año y aun así nunca olvidamos porque siguen s ignificando algo para nosotros. Hasta pronto. 🌷
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