ID de la obra: 1399

One-shots/Poppy x El Prototipo

Gen
NC-17
En progreso
2
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Tamaño:
planificada Mini, escritos 72 páginas, 27.136 palabras, 12 capítulos
Descripción:
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Tras el Vidrio Roto

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El joven rubio (el Player, aunque nadie lo llamaba así aquí) apretó los dientes cuando la cadena pesada le rozó la herida abierta en la muñeca. El metal frío le quemaba la piel, pero el dolor era lo único que lo mantenía despierto. El laboratorio abandonado olía a óxido, a sangre vieja y a algo más dulce, casi nauseabundo, que provenía del otro lado del vidrio blindado. La voz del Prototipo resonó otra vez, distorsionada, como si saliera de un altavoz roto en el techo. —Quédate quieto, humano. El espectáculo está a punto de empezar. Él no respondió. Se acercó más al vidrio, las piernas temblando por la pérdida de sangre. La luz roja del círculo central se intensificó, iluminando a Poppy con una precisión cruel. Ella era más alta de lo que recordaba: 1,70 m, casi tan alta como él, con el cuerpo diseñado para ser perfecto pero ahora atado como una ofrenda. El vestido azul estaba rasgado en el dobladillo, sucio de polvo y algo más oscuro. El pelo rojo le caía en mechones desordenados sobre los hombros, enmarcando un rostro que intentaba mantener la dignidad a pesar del miedo. Los ojos azules, grandes y brillantes, estaban bordeados de rojo por lágrimas contenidas. Las cadenas eran gruesas: dos en las muñecas levantadas por encima de la cabeza, una alrededor del cuello que la obligaba a mantener la barbilla alta. Sus piernas temblaban, no de frío, sino de algo más profundo: terror puro, ansiedad que le hacía apretar los labios hasta que se volvían blancos. El Player sintió un nudo en la garganta. La última vez que la vio, ella lo había dejado atrás para escapar. Ahora estaban los dos atrapados. Poppy giró la cabeza despacio, buscando en la oscuridad. Sus ojos se encontraron con los de él a través del vidrio. Él vio el pánico en ellos. Ella vio la sangre en su rostro. Los dos se quedaron congelados. La voz del Prototipo volvió, divertida, escalofriante. —Mirad qué bonito. El héroe y la traidora. Reunidos al fin.— Poppy intentó hablar, pero la cadena del cuello la apretó y solo salió un jadeo. El Player golpeó el vidrio con la mano libre. — ¡Déjala ir! —gritó—. ¡Sea lo que sea que quieras, hazlo conmigo! La risa del Prototipo retumbó. —Oh, humano. Tú ya estás donde quiero. Y ella… ella es el cebo perfecto. La luz se intensificó. Del techo bajaron cables metálicos, finos como venas, que se conectaron a las cadenas de Poppy. Ella gritó cuando una corriente suave la recorrió, no suficiente para matarla, pero sí para hacerla convulsionar. El Player golpeó el vidrio más fuerte. — ¡Para! ¡Para, hijo de puta! Poppy jadeó, el cuerpo temblando, lágrimas cayendo por fin, sus ojos más rojos aún. Él se acercó más a ella y extendió una garra para tocarle el rostro. Sus dedos delgados como agujas acariciaron ese fino y perfecto rostro de porcelana mientras ella jadeaba, aún recuperándose de lo que acababa de pasar. Él la miró fijamente: era perfecta. Sus ojos azules e intensos, su cabello rojo suave y sedoso cayendo en mechones salvajes, esas mejillas delicadas y levemente sonrojadas por el esfuerzo y el miedo. Y esos labios… entreabiertos, temblando, liberando el aire que no podía expulsar por la nariz bloqueada por los sollozos. Sacaba apenas la punta de la lengua rosa mientras respiraba agitada, con la boca abierta en una súplica silenciosa de oxígeno. Realmente le obsesionaba esa imagen de absoluta vulnerabilidad. Deseaba con una urgencia enfermiza probar hasta dónde podía abrirse esa boquita tan suave, cuánto podría recibir antes de que ella se quebrara por completo, ahogada en lágrimas y en él. El Player pareció captar esa lujuria retorcida en los ojos del monstruo, porque redobló su furia: golpeó el vidrio con más violencia, con los puños cerrados, haciendo temblar toda la estructura mientras la sangre de su muñeca salpicaba el cristal como un grito rojo. —¡Aléjate de ella, maldito! —rugió, la voz rota por la impotencia. El Prototipo se inclinó más hacia ella, su figura alta y desgarbada proyectando una sombra distorsionada sobre el cuerpo tembloroso de Poppy. Aquella garra metálica y afilada recorrió lentamente la curva de su mejilla, bajando hasta el borde de sus labios entreabiertos. Ella intentó apartar el rostro, pero la cadena en el cuello la mantuvo fija, forzándola a soportar el contacto frío y preciso. —Tan frágil... tan exquisita —susurró la voz distorsionada, cargada de una hambre que no era solo curiosidad científica—. Esa boquita tuya... abierta así, jadeando por aire. Me pregunto cuánto más podría abrirse. Cuánto podría tragar antes de romperse. Los dedos —más bien las garras que simulaban serlo— del Prototipo presionaron suavemente el labio inferior de Poppy, separándolo un poco más, exponiendo el interior húmedo y rosado. Ella soltó un gemido ahogado, mitad miedo, mitad agotamiento, mientras lágrimas frescas rodaban por sus mejillas sonrojadas. Su lengua, apenas visible, se movió instintivamente al sentir la intrusión, y eso solo pareció excitar más al monstruo. —Shhh... no luches, muñequita. Solo estoy... explorando. Quiero ver hasta dónde llega esa garganta tan delicada. Si podrías tomarme entero sin ahogarte... o si lo harías de todos modos, solo para que pare el dolor. Poppy cerró los ojos con fuerza, el cuerpo convulsionando otra vez cuando una nueva corriente suave la recorrió, esta vez más baja, rozando zonas que la hicieron arquearse contra su voluntad. Un sollozo escapó de su garganta, y el Prototipo soltó una risa baja, gutural. Del otro lado del vidrio, el Player rugía de furia, golpeando con el hombro ahora, la cadena en su muñeca tintineando con cada impacto. La sangre fresca brotaba de la herida, salpicando el cristal. —¡Quítale las manos de encima! ¡Maldito psicópata, aléjate de ella! Pero el Prototipo lo ignoró, demasiado absorto en su juguete nuevo. Su otra garra bajó por el cuello de Poppy, rasgando un poco más el vestido azul ya maltrecho, exponiendo la piel pálida y temblorosa debajo. —Pronto, humano —dijo sin mirarlo—. Pronto verás el espectáculo completo. Cómo la lleno... cómo la hago gritar de formas que ni imaginas. Poppy abrió los ojos de golpe, buscando desesperadamente los del Player a través del vidrio. En ellos había una súplica silenciosa: “Sálvame. Por favor.” Él apretó los puños, el dolor en la muñeca olvidado por la rabia pura. Tenía que encontrar una forma de romper ese vidrio. Tenía que detener esto antes de que el Prototipo cruzara el punto de no retorno. La luz roja parpadeó, y los cables zumbaron de nuevo, prometiendo más. El Prototipo giró lentamente su cabeza hacia el vidrio, hacia donde sabía que el Player observaba, impotente. Quería que viera todo. Quería que grabara en su mente cada segundo de lo que estaba a punto de hacerle a ella. Había tolerado durante demasiado tiempo verla cerca de ese humano insolente, riendo con él, confiando en él. Pero ahora, por fin, Poppy estaba frente a él: vulnerable, expuesta, exactamente como siempre la había deseado en sus fantasías más oscuras. Su polla —aquella abominación palpitante y descomunal— se endureció con una erección grotesca solo de contemplarla así, indefensa. No era algo natural, ni siquiera accidental. Cuando lo crearon en las profundidades más retorcidas del laboratorio, los científicos que lo ensamblaron —aquellos monstruos con batas blancas y almas negras— habían reciclado partes de los empleados caídos, de experimentos fallidos, de cuerpos que ya no necesitaban su humanidad. Tomaron lo más íntimo de un hombre: su órgano sexual, aún fresco de algún pobre desgraciado que había suplicado piedad antes de ser desmembrado. Lo trasplantaron, lo fusionaron con cables reforzados, placas metálicas y tejido sintético hinchado, pervirtiéndolo hasta hacerlo irreconocible: más grande, más grueso, más duro de lo que cualquier humano podría soportar. Una parodia cruel de la virilidad, diseñada no para placer, sino para destrucción absoluta. Para humillar, para desgarrar, parecia que lo dejaron como una burla a él mismo. Era su herramienta favorita de dominación, un recordatorio de que él no solo superaba a los humanos... los devoraba y los profanaba desde dentro. Se acercó más, y la luz roja del círculo central reveló por completo su figura monstruosa: enorme, desproporcionada, con esas patas articuladas y segmentadas que recordaban a una araña gigante, terminadas en puntas afiladas que arañaban el suelo con un chirrido metálico. Sus manos —o mejor dicho, garras metálicas diseñadas para desgarrar y destruir— brillaban con un fulgor siniestro. El rostro era una pesadilla viva: una calavera distorsionada, mezcla de carne putrefacta, placas de metal soldadas y hueso expuesto, con esos ojos rojos que ardían como brasas infernales, capaces de helar la sangre de cualquiera que osara mirarlos directamente. Poppy tembló con violencia al verlo avanzar, su cuerpo perfecto ahora reducido a un manojo de nervios y terror. Quería escapar, quería gritarle que se detuviera, suplicar, cualquier cosa… pero la cadena alrededor de su cuello se tensó cruelmente al menor movimiento, estrangulando cualquier sonido. En su lugar, solo pudo temblar más intensamente, los sollozos mudos sacudiendo su pecho mientras lágrimas calientes rodaban sin control por sus mejillas. Sus piernas apenas la sostenían; las rodillas flaquearon, y si no fuera por las cadenas que la mantenían erguida, se habría derrumbado. El Prototipo extendió una de esas garras hacia abajo, rozando deliberadamente el borde rasgado de su vestido azul. Con un movimiento lento y deliberado, tiró de la tela, desgarrándola más, exponiendo la curva suave de su vientre y el inicio de sus muslos pálidos. El aire frío del laboratorio golpeó su piel expuesta, haciendo que se erizara y que un nuevo escalofrío de pánico la recorriera. —Vas a ser mía por completo, muñequita —susurró con esa voz distorsionada y gutural, cargada de una lujuria enfermiza—. Me construyeron con esto para ti... para romperte como nadie más podría. Te voy a abrir... te voy a llenar hasta que no quede espacio para nada más que para mí. Y él —señaló con un gesto vago hacia el vidrio— va a mirar cómo te destrozo, cómo te hago gritar hasta que olvides su nombre. Poppy negó débilmente con la cabeza, los ojos desorbitados de horror absoluto, pero no pudo emitir ni un sonido coherente. Solo un gemido ahogado, roto, escapó de su garganta oprimida mientras sentía el roce cálido y pulsante de esa cosa grotesca contra su muslo interno. Del otro lado, el Player embistió el vidrio con todo su peso, el hombro chocando con un impacto sordo que hizo crujir la estructura. La sangre corría ahora por su brazo entero, pero no sentía el dolor. Solo rabia. Pura, cegadora rabia. —¡No la toques! ¡NO LA TOQUES, MALDITO MONSTRUO! ¡Eres una puta aberración creada por locos! El Prototipo soltó una risa grave, vibrante, que resonó en todo el laboratorio como un trueno lejano. Ignorándolo por completo, presionó más cerca, rozando deliberadamente esa abominación reciclada y mejorada contra ella, haciendo que Poppy se arqueara en un espasmo de puro terror. La luz roja se intensificó aún más, los cables zumbaron con energía renovada, y el aire se cargó de una promesa oscura: esto apenas estaba comenzando. Poppy cerró los ojos con fuerza cuando una nueva descarga eléctrica la atravesó, un latigazo sutil que le recorrió la espina dorsal y la hizo arquearse contra las cadenas. El dolor se mezcló con el agotamiento, con el miedo, con algo más que no quería nombrar. Cuando los abrió de nuevo, sus ojos azules, anegados en lágrimas, se clavaron en el Player un segundo… y luego, inevitablemente, bajaron hacia esa abominación que el Prototipo presionaba contra ella. Él se acercó más, su figura colosal bloqueando toda la luz roja. Esa polla grotesca —caliente, palpitante, venosa y reforzada con metal— rozó el interior de su muslo, dejando un rastro húmedo y ardiente. Poppy tembló violentamente, las piernas flojas, el aliento entrecortado. Una parte de ella gritaba que se alejara, que luchara, que escupiera, que mordiera… pero otra parte, la que el terror y las descargas habían debilitado, parecía hipnotizada por el tamaño imposible, por el calor antinatural, por la promesa de algo que sabía que la destruiría. El Prototipo, percibiendo esa rendición mínima, soltó un gruñido bajo de satisfacción. Con una garra sujetó la cadena del cuello de Poppy, aflojándola apenas lo suficiente para que pudiera respirar… y hablar, si quisiera. Con la otra, guió su miembro hasta los labios temblorosos de ella. —Ábrelos más, muñequita —susurró, la voz distorsionada rozando su oído como un cuchillo—. Quiero sentir esa lengua suave alrededor de mí. Quiero que me muestres cuánto puedes tragar antes de que las lágrimas te ahoguen. Poppy jadeó, los labios entreabiertos ya por el agotamiento. La punta caliente y pesada rozó su labio inferior, dejando un rastro viscoso. Su boca se abrió un poco más… casi por instinto, casi como si su cuerpo, traicionado por el miedo y la electricidad residual, buscara complacer para que el dolor parara. La lengua rozó apenas la piel tensa, un contacto mínimo, involuntario, y el Prototipo soltó un siseo de placer que resonó en todo el laboratorio. Del otro lado del vidrio, el Player se quedó helado un segundo, el puño en alto, los ojos desorbitados de incredulidad y horror. —¡Poppy! ¡No! ¡Mírame, maldita sea! ¡No le des eso a él! —gritó con la voz quebrada, golpeando el cristal hasta que la sangre salpicó como lluvia roja—. ¡Soy yo! ¡Estoy aquí! ¡Lucha, por favor! Pero ella no parecía oírlo. O si lo oía, el terror la había desconectado de todo lo que no fuera el monstruo frente a ella. Sus ojos vidriosos estaban fijos en esa cosa grotesca que ahora presionaba contra su boca, abriéndola lentamente, forzando la entrada centímetro a centímetro. Un gemido ahogado escapó de su garganta cuando la cabeza hinchada pasó sus labios, estirándolos hasta el límite, llenándola de un sabor metálico y salado que le provocó náuseas. El Prototipo inclinó la cabeza hacia el vidrio, sus ojos rojos brillando con malicia pura. —Escucha cómo grita tu héroe, muñequita —susurró, empujando un poco más profundo, haciendo que las mejillas de Poppy se hincharan y que lágrimas frescas cayeran—. Pero tú ya no lo oyes, ¿verdad? Solo me sientes a mí. Solo me quieres a mí dentro. Empujó otro centímetro. Poppy soltó un sollozo amortiguado alrededor de él, las manos encadenadas temblando en el aire, los ojos cerrándose con fuerza mientras su cuerpo se convulsionaba entre el asco y una respuesta traicionera que las descargas eléctricas habían forzado. El Player rugió como un animal herido, embistiendo el vidrio una y otra vez, el hombro dislocándose con un crujido audible que ignoró por completo. —¡Te voy a matar! ¡Te voy a arrancar esa cosa y hacértela tragar a ti, hijo de puta! Pero el Prototipo solo rio, bajo y gutural, mientras empezaba a moverse lentamente dentro de la boca de Poppy, disfrutando cada lágrima, cada gemido ahogado, cada segundo de la humillación absoluta que le estaba infligiendo a ambos. La luz roja pulsaba como un corazón enfermo, los cables zumbaban listos para más castigo… o más placer forzado. Y el laboratorio entero parecía contener la respiración, esperando el momento en que Poppy se quebrara del todo. El Prototipo empujó más profundo, invadiendo la boca de Poppy con un ritmo lento y cruel, forzando cada centímetro de esa abominación reciclada hasta que sus labios se estiraron al máximo, rozando el límite del dolor. Ella soltó un gemido ahogado, amortiguado por la intrusión, que vibró a lo largo de él como una caricia involuntaria. Lágrimas calientes rodaban por sus mejillas sonrojadas, mezclándose con la saliva que goteaba por su barbilla, mientras su lengua, traicionada por el instinto, se movía débilmente contra la piel venosa y metálica. El sabor era abrumador: salado, metálico, con un regusto a muerte y corrupción que le provocaba arcadas, pero no podía parar. No podía cerrar la boca. Solo podía tragar, o ahogarse. —Así, muñequita... traga más profundo —gruñó el Prototipo, su voz distorsionada temblando de placer enfermizo—. Siente cómo te lleno la garganta. Cómo te estiro hasta que no quede espacio para nada más. ¿Sientes lo duro que estoy por ti? Lo hicieron así... para romperte por dentro. Poppy convulsionó, los ojos cerrados con fuerza mientras su mente se fragmentaba. Al principio, era puro terror: el asco la consumía, el dolor en la mandíbula ardía como fuego. Quería morder, quería gritar, quería morir. Pero las descargas eléctricas previas habían dejado un rastro en su cuerpo —un hormigueo traicionero que convertía el dolor en algo más confuso, más caliente. Su cuerpo respondía contra su voluntad: un calor húmedo se acumulaba entre sus muslos, traicionándola, haciendo que sus caderas se movieran apenas, como si buscara fricción. “No”, pensó ella, horrorizada. “No quiero esto. No lo quiero a él.” Pero la voz en su cabeza se debilitaba, ahogada por los empujones rítmicos. Cada embestida la llenaba más, la hacía sentir más pequeña, más rota. “Tal vez si lo complazco... pare. Tal vez si cedo... sobrevivo.” Las lágrimas seguían cayendo, pero ahora había un sollozo roto que sonaba casi como placer forzado. El Prototipo soltó una risa gutural, sintiendo el cambio en ella. Extendió una garra hacia abajo, rasgando por completo el vestido azul ya maltrecho, exponiendo sus pechos perfectos, temblorosos con cada jadeo. Sus dedos afilados pellizcaron un pezón, retorciéndolo con precisión cruel, enviando una oleada de dolor mezclado con electricidad que la hizo arquearse. Poppy gimió alrededor de él, el sonido vibrando más fuerte, y eso solo lo excitó más. Sacó su miembro de su boca por un segundo, dejando que ella tosiera y escupiera, el hilo de saliva conectándolos aún. —Mírame, preciosa. Dime que lo quieres. Dime que soy mejor que él —susurró, frotando la punta húmeda contra sus labios hinchados, esparciendo el fluido por su rostro como una marca. Poppy negó con la cabeza débilmente, pero sus ojos —azules, rotos— se clavaron en esa cosa grotesca. “Es enorme... me va a destrozar... pero... quizás eso sea lo que merezco.” La traición de su propio cuerpo la quebró más que cualquier cadena. Sollozó, pero su boca se abrió de nuevo, casi voluntariamente esta vez, y lamió apenas la punta, un acto de rendición que la hizo odiarse a sí misma. “Soy una traidora... lo dejé atrás... y ahora... ahora esto.” Su mente se hundió en la oscuridad: ya no era Poppy, la perfecta, la digna. Era solo una muñeca rota, un juguete para este monstruo. Lágrimas frescas cayeron mientras él empujaba de nuevo, más profundo, follándole la boca con un ritmo que la hacía jadear entre sollozos. Del otro lado del vidrio, el Player se quedó congelado por un momento, el puño en alto, el corazón latiéndole como un tambor de guerra. La vio ceder, vio cómo su boca se abría, cómo su lengua se movía... y algo dentro de él se rompió. “¿Por qué no puedo salvarla?” Pensó, la rabia mezclándose con una culpa que no entendía del todo. No la conocía tanto —solo habían compartido unos momentos fugaces en ese infierno, risas nerviosas, miradas de complicidad mientras planeaban y luego el abandonó a él y a Kissi la cuál estaba sola en esos momentos. Pero algo en él la veía vulnerable, inocente, alguien que no merecía esto. ‘Es una traidora, pero... ¿y qué? Nadie merece ser rota así.” Se sentía un tonto, un idiota impotente, encadenado como un perro mientras el monstruo la devoraba viva. Golpeó el vidrio con más furia, el hombro dislocándose con un crujido, pero el cristal no cedía. “Soy un fracaso. No puedo ni salvar a una chica que apenas conozco... ¿qué clase de héroe soy?” —¡Poppy! ¡No lo hagas! ¡Lucha, maldita sea! ¡Soy yo, estoy aquí! —rugió, la voz quebrada por la impotencia, lágrimas de rabia quemándole los ojos—. ¡No dejes que te quiebre! Pero ella no lo oía. O si lo oía, ya no importaba. El Prototipo aceleró, follándole la garganta con embestidas brutales, sus garras sujetando su cabeza para que no pudiera escapar. Poppy se convulsionó, arcadas mezcladas con gemidos rotos, su cuerpo traicionándola por completo: los muslos temblando, un calor húmedo filtrándose entre ellos mientras el placer forzado la invadía. Se quebró mentalmente en ese momento —la dignidad se evaporó, dejando solo sumisión. “Soy suya... soy nada... déjame ser nada.” Sollozó alrededor de él, pero no luchó más. El Prototipo gruñó de triunfo, sintiendo su rendición. Con un último empujón profundo, se corrió en su boca, llenándola con un fluido caliente y viscoso que la obligó a tragar o ahogarse —si era semen no me preguntes cómo es posible, un hechizero lo hizo XD.— Ella lo hizo, tosiendo, llorando, quebrada por completo. Sacó su miembro, aún goteando, y la miró con ojos rojos brillantes. —Buena chica —susurró, acariciándole el cabello rojo como si fuera una mascota—. Ahora eres mía. Para siempre. El Player embistió el vidrio una última vez, pero era tarde. Los cables del techo zumbaron, y una descarga eléctrica masiva recorrió la habitación del Player, electrocutándolo en el lugar. Cayó al suelo, convulsionando, los ojos fijos en Poppy a través del cristal intacto. “Fallé... soy un tonto…” Fue su último pensamiento antes de que la oscuridad lo reclamara. El Prototipo rio, levantando a Poppy como una muñeca rota, sus garras explorando su cuerpo tembloroso para el siguiente acto. Ella no resistió. Solo lloró en silencio, su mente hecha pedazos, mientras el laboratorio se sumía en una luz roja eterna. El monstruo había ganado. (Y continuará) Discúlpenme pero es que la historia ya se estaba alargando mucho más pero quería dar algunos detalles de más, además déjame decirles que tal vez haya segunda parte pero será más cortita que está.
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