Tiene que acabar
23 de noviembre de 2025, 11:15
Fue cálido, intenso, y por un instante, el mundo alrededor dejó de existir. No hubo demonios, ni pociones, ni consecuencias, solo ellos dos enredados en algo que apenas empezaban a entender.
Piper, lejos de apartarlo, respondió con la misma fuerza, aferrándose al momento como si fuera un salvavidas en medio de un mar caótico. El beso era profundo, suave y ardiente a la vez, una mezcla perfecta de pasión contenida y devoción absoluta. Cole la sostuvo por la cintura, acercándola más a él, mientras sus dedos se enredaban en el cabello oscuro de Piper, como si no quisiera dejarla ir jamás.
El tiempo pareció diluirse en ese beso, pero cuando finalmente se separaron, sus frentes se quedaron juntas, y ambos jadeaban suavemente, como si hubieran compartido el mismo aliento.
—Aparentas fragilidad, —murmuró Cole, su tono bajo, cargado de una seriedad que hacía que cada palabra pareciera más pesada— pero manejas las cosas con una precisión que no esperaba.
Piper lo miró fijamente, con los labios aún entreabiertos por la respiración agitada. Su mirada era un desafío y, a la vez, una respuesta contenida.—Te dije que sabía cuidarme… Y puedo hacerlo incluso de ti.
Por un momento, Cole no respondió. La sombra de una sonrisa se asomó apenas en sus labios, pero su mirada permanecía fija en ella, intensa y difícil de leer.
—De mí... —repitió, casi como un murmullo, más para sí mismo que para ella.
Entonces, sin aviso, se inclinó hacia adelante y volvió a besarla. Fue un beso más breve, pero igual de profundo, como si en ese contacto pudiera transmitir lo que las palabras no podían. Cuando se separaron de nuevo, su voz era apenas un susurro grave:
—La próxima vez, deja que me encargue yo.
Esta vez, sus labios rozaron los de ella de manera ligera, como pétalos de rosa acariciando la piel. Otro beso, pequeño y juguetón, seguido de uno más, tan delicado que casi pareció un susurro.
Entonces, entre esos besos que parecían robarles el aliento, Cole murmuró con voz rasposa, casi rogándole: ¿Estás segura de querer que esto se termine?
Sus manos, que se habían deslizado hacia su cintura en un gesto casi automático, se detuvieron de golpe al percibir el vientre abultado de Piper. El beso se rompió entonces. Por un momento, el mundo pareció congelarse. El peso del silencio los envolvió, mientras ambos intentaban descifrar lo que ese contacto significaba.
Cole bajó la mirada, atrapado entre la realidad de su situación y la intensidad del deseo que los había acercado hasta ese punto. Su mano, aún descansando sobre el vientre abultado de Piper, parecía temblar ligeramente, como si aquel contacto lo enfrentara a una verdad que no podía ignorar.
Dentro de ella, el bebé también pareció guardar silencio, como si fuera consciente de lo que estaba ocurriendo en el exterior. Ni un solo movimiento perturbó aquel momento suspendido en el tiempo.
Piper respiró hondo, intentando recuperar el control que sentía desvanecerse con cada segundo que pasaba junto a él. La cercanía, la calidez de su mano, el peso de lo que no debía ser… Todo era demasiado. Tragó saliva, su mente dividida entre la culpa y la atracción que la había llevado hasta él. Por fin, levantó la mirada, encontrándose con esos ojos que parecían desnudarla por completo.
—Tiene que acabar —dijo con un hilo de voz, separándose con dificultad.
Apretó los labios, como si ese simple gesto pudiera contener todo lo que sentía. Su mano rozó de forma inconsciente su vientre, recordándose a sí misma por qué debía ser fuerte. Dio un paso hacia atrás, el dolor de la decisión visible en cada movimiento.
Se mordió los labios y suspiró— Volveré mañana.
—Piper... —intentó detenerla, pero ella ya se había ido en un destello de luz blanca.
La casa estaba en penumbras cuando regresó. No era tan tarde, pero Prue siempre se acostaba temprano de forma responsable y madura. Paige seguro estaba de fiesta y Phoebe con su nuevo novio. Eso le daba a Piper la seguridad de poder caminar por la casa en silencio hasta su cuarto en soledad y silencio mientras pensaba en gran medida.
Prue tenía razón y ella no debió meterse en ese asunto de ninguna manera. Pero de verdad que había pensado que esto no se daría.
Tanto la había estado tentando todo el día que cuando por fin Cole la besó, ella se dejó llevar como el día anterior cuando se besaron en su cuarto. Se dio cuenta de que realmente lo había estado esperando todo ese tiempo.
Se llevó una mano al vientre y con la otra agarró el pasamanos para subir las escaleras. Subir y bajar escaleras en su estado era de verdad un trabajo arduo, a decir verdad. Era otra de las cosas que le habían sorprendido cuando su vientre empezó a crecer tanto, que habían cosas que no podía hacer o que se le empezaron a dificultar muy pronto.
Prue estaba sentada en su cama cuando ella llegó. No le pareció extraño, todo lo contrario, pero no evitó suspirar al verla ahí. Estaba cruzada de brazos y su expresión era de seriedad absoluta.
—¿Cómo te las has pasado hoy? —trató de sonar inocente después del saludo inicial.
Su hermana mayor negó un par de veces antes de responder— No mejor que tú, por lo visto.
Ella chasqueó la lengua suavemente— Si, puede ser... Yo...
—No digas nada al respecto —le cortó con rudeza poniendose en pie para acercarse a ella y guiarla a su cama— Confío en que esto se acabe de verdad cuando tengan la poción. Pero me asusta lo que pueda pasar en el proceso. Sabes que es un demonio y por tanto no tiene la capacidad de amar como se debe o de corresponder como se debe a una mujer como tú. Por eso se encapricharon tanto él y Phoebe, porque eran almas amenas guiadas por el deseo nada más.
Piper se subió a la cama con ayuda de Prue, y empezó a desvestirse con ayuda de ella. Ahora que, por salud propia y del bebé, había dejado el trabajo en el club, se sentía más cansada que nunca aunque casi no hiciera nada diariamente. Por eso se acostaba más temprano ahora.
—Lo sé, Prue... pero yo...
—Sé que tomaste la decisión de ayudarlo porque tú también sientes algo por él—sentenció la mayor— pero sus asuntos con sus enemigos no te conciernen. Pudiste haber salido herida o herir al bebé...
Piper suspiró y tomó el pequeño plato hondo con las gachas de avena que su hermana le ofrecía para cenar antes de dormir. Con tanto jaleo había olvidado que no había cenado. Sus nervios estaban de punta por culpa de ese demonio.
—¿Phoebe no sabe nada? —indagó con aprensión, llevándose una cucharada de avena a la boca.
—No, y es mejor que no sepa nada... ni ella ni Paige —cerró el asunto ella— de hecho, me asusta la idea de que en algún momento se llegue a saber de verdad. Eso sería una tragedia.
—Oye, tantos novios que ella me ha robado —dijo por lo bajo Piper tragando suavemente y tomando otra cucharada— y este literal ya no es suyo y si estamos a estas, nunca lo fue.
—Eso no quiere decir que no haya sido importante para ella. El hombre fue impulsivo y ella también, las cosas así son cuando se es así de inmaduro en ambos casos... —hizo un gesto de restar importancia— Por eso temo que estés frecuentándolo, que te hayas involucrado en esto es peor de lo que crees. El primer día se enfrentan juntos a un demonio y se besan en plena sala. ¿Que será mañana? ¿Se acostarán en la cocina?
Piper se atragantó con la avena y desvió la mirada, tosiendo. Prue le alcanzó el agua y le dio las palmaditas en la espalda mientras ella seguía tratando de mantenerse respirando. Piper no quería ni siquiera imaginarse semejante cosa porque después no haría otra cosa que seguirlo imaginando hasta que sucediera.
—Eres muy cruel —le murmuró con voz ronca— sabes que amo a Leo.
—Pero también sé lo mucho que te atrae Cole —contraatacó ella con media sonrisa— y tienes que entender que el amor y el sexo no son lo mismo. Tampoco el besarse con un chico que te gusta mucho. El amor es lo que Leo y tú tienen.
—Quisiera que estuviera aquí —suspiró ella con pesar— sería todo más sencillo si él no priorizara los asuntos de los ancianos...
—Olvídalo, no lo pienses demasiado o te amargarás —le aconsejó mientras se llevaba el plato vacío y el vaso— mañana debes avanzar todo lo posible con esa poción, y no desconcentrarte.
—Fácil decir... —murmuró Piper— no sabes cómo busca mi atención, como se pasea a mi alrededor como si se estuviera vendiendo. Y fue él quien me besó además...
—Si, pero tú correspondiste...
Se miraron a los ojos, Prue con una sonrisa de lado que demostraba que la comprendía y Piper con tristeza, pero agradecimiento.