ID de la obra: 1402

La cura para el amor

Het
R
Finalizada
3
Tamaño:
78 páginas, 40.191 palabras, 25 capítulos
Descripción:
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El ático

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Cole entreabrió los ojos cuando sintió la presencia de la mujer que no dejaba de invadir sus pensamientos. Piper estaba acercándose con lentitud al pie del colchón, apenas una figura difusa en la oscuridad, y lo miraba con ojos de disculpa. —¿Te desperté? —preguntó en voz baja, aunque ya sabía la respuesta. —No duermo del todo desde hace semanas —murmuró él, sentándose con suavidad—. Ven, acércate. Piper subió al colchón con él, con movimientos lentos y cuidados. Su vientre abultado le impedía muchas cosas, desde moverse con soltura hasta ser mínimamente rápida. Por lo que le llevó algunos segundos estar recostada a su lado. Ambos se recostaron con suavidad mientras buscaban una posición más cercana el uno del otro. Cuando por fin Piper se acomodó, soltó un suspiro cargado de extenuación. Pero en cuanto Cole la rodeó con los brazos, sus hombros se relajaron y todo pareció detenerse y apagarse. —No se supone que esto esté pasando —murmuró Piper, más para sí que para él—. Se suponía que todo debía estar bien. Lo estaba. —Nada ha estado bien desde que yo volví. —admitió Cole, sin adornos— Nunca debía acercarme, debí soportar desde lejos en vez de exigirte respuestas como un cobarde. Piper tragó en seco. Ese día no había sido hace mucho y Piper recordaba ese primer beso como si hubiera sido un sueño. Recordó el despertar, el pánico inicial, la rabia ante sus palabras y el desenlace que tambaleó todo su mundo hasta ese momento controlado. —Ese día te comportaste como un idiota. —sonrió y Cole enarcó las cejas con sorna. —¿En serio? —murmuró con humor— creo recordar que me besaste con mucho gusto ese día tan pronto te lo pedí. Así que puede decirse que soy un idiota con suerte. Piper le dio un ligero golpe en el hombro, pero no había nada de molestia en su acto. Solo una ligera tristeza que se mostraba junto al humor. —Agradezco los momentos que hemos vivido hasta ahora. —le confesó, con extrema suavidad— Todos, hasta las peleas... Así que no te culpo por lo que hiciste ese día. Puede que en tu situación yo no hubiera hecho eso, pero eso no quiere decir que te juzgue. Cole pareció pensárselo unos momentos antes de responder— Entonces valió la pena... sea quien sea que lo haya hecho, puedo asegurarte que el tiro le salió por la culata. Porque los mejores momentos hasta este instante, los he pasado contigo. Piper sintió que el corazón no le cabía en el pecho y solo atinó a esconder su rostro en el hueco entre el cuello y el hombro de Cole. Se apretó más a su costado y aspiró con cuidado su aroma. Si esto se terminaba pronto, no quería olvidar nunca cómo se sentía y lo agradable que era hasta el último instante. No quería olvidarse de Cole. —Piper... —murmuró él, casi en un ronroneo— Será mejor que regreses a tu cuarto... Había tristeza en esa afirmación. Tanta, que Piper sintió un hueco en el estómago. No quería separarse de él, no cuando estaban tan cerca de separarse. Hasta ahora, podía descartar todos los sentimientos que había tenido por otros hombres, nunca había sentido algo tan fuerte y avasallador por nadie como lo sentía por ese demonio. —¿Qué problema hay en que me quede? —bisbiseó, aferrándose a él— ¿Qué caso tiene? Cole suspiró— Sería hipócrita e incoherente que yo intente darte las razones del porqué no deberías permanecer aquí, pero... Puedo decirte que, talvez después... nos arrepentiremos. Sin embargo, una de las manos masculinas tiró de la manta para arroparlos a ambos. El caldero hervía suavemente más allá, sobre el mechero. Piper trató de recordar que debía echar los asfódelos antes del amanecer para evitar más retrasos en la poción.  —Si en algún momento llego a arrepentirme... —pensó en voz alta— recordaré esto. Este instante y los demás. Entonces espero no ser tan aguafiestas como para desestimar lo que estamos viviendo. El demonio no dijo nada ante esto, pero Piper sintió que se removió para acomodar su cuerpo al suyo. No había nada malo aquí, quizá nunca lo hubo. Antes o después solo había esto que sentían. Y Piper sintió que era cierto, que buscaban destruirlos con esto, pero ella se sentía más fuerte que nunca. Sentía que era capaz de todo ahora.  El bebé en su vientre pateó una vez, con suavidad, y Piper tomó la mano de Cole para llevarla a ese punto. Él se dejó hacer, sorprendido, pero al sentir la pequeña presión del movimiento neonatal, se quedó quieto.  —Él está muy despierto esta noche. —le dijo ella, con una sonrisa pequeña— Y es poderoso... —Como tú... —murmuró Cole, acariciando el área del vientre donde el bebé seguía moviéndose enérgicamente— Y... como su padre... La atmosfera de la noche se tornó fría de la nada. Una incomodidad creciente se formó entre ambos, separándolos de golpe. Piper soltó la mano masculina y, con lentitud, se incorporó en el colchón. Se sintió más mal que nunca, traidora y sucia. Su mirada se clavó en la oscuridad por encima del hombro de Cole, pero su voz fue clara: —¿Quién crees que nos quiere muertos? Cole siguió en silencio. No le había pasado inadvertido el cambio de atmosfera ni de actitud de Piper. Por lo que él, incómodo, se incorporó de nuevo hasta quedarse sentado a su lado. Dándole su espacio, pero manteniéndose cerca. Luego sonrió con esa amargura que siempre arrastraba bajo la piel. —La lista sería más corta si preguntaras quién no lo quiere. Piper rodó los ojos suavemente, cansada— ¿Siempre tienes que ser tan dramático? —Solo cuando la situación lo amerita —respondió él, con un deje de ironía. —¿La Fuente del Mal? —Ella lo miró entonces, directo a los ojos. No estaba bromeando. No esa vez— ¿Barbas otra vez? ¿la Hermandad del Espino o el Triádico?  —No te olvides de los Espectros de la Venganza —sugirió él con resignación— o Masselin o Shax... Hay tantos... tantos hijos de perra que amarían tener mi cabeza en su muro. Piper resopló por lo bajo— No soy la Haliwell más poderosa... puede que quieran al bebé, por eso buscaban lastimarlo a él a través de mi... pero aún así no tiene sentido... No se le ocurría quien de todos tendría tales planes. Esto no se parecía a nada de lo que antes hubieran visto. Ningún demonio, por perverso que fuera, actuaba de esta forma. Parecía un plan bastante extraño para ser concebido por un demonio normal. Incluso para la fuente de todo mal era impensable. Cole se acercó de nuevo. No con las intenciones que había reflejado en otras ocasiones. Esta vez solo había ternura cuando sus manos encontraron sus hombros. Empezó a masajearla con paciencia, encontrándola tan tensa como se había imaginado que estaba. —No lo pienses por ahora... —le aconsejó— No es la mejor idea. Creo que... lo mejor será terminar esa condenada poción de una vez por todas... así, el bebé nacerá a salvo y tú podrás mirar a los ojos a Leo sin problemas. Sus manos se cerraron convulsamente ante esta idea. No por rabia, sino con ansiedad. —Hablando del bebé... ¿la poción será segura para él? ¿no sería mejor esperar a que nazca para beberla? —quiso concentrarse en los movimientos de Cole en sus músculos tensos. Él se detuvo entonces y permaneció así unos segundos, masajeando con la fuerza suficiente para relajarla sin lastimarla. Discretamente, bajó la mirada al vientre abultado. Muchas veces se había detenido a mirarlo, pensar en la situación que pasaban lo confundía mucho, pero no tanto como el hecho de encontrar atractiva a una mujer en el estado de Piper. Lo que sentía estaba a medio camino entre la ternura y la pasión, pero aún no entendía cómo era eso posible. —Está pronto a nacer ¿verdad? —Ya debería de haber llegado, a decir verdad. En respuesta, el pequeño nonato pateó de nuevo. Parecía estar escuchando toda la conversación. Eso le produjo una sensación bastante rara a Piper. ¿Qué diría su hijo de esta situación? del hecho de que su madre estuviera en una cama con un hombre que no era su padre. De toda esta enrevesada situación. —No sé si podamos esperarlo... —dijo él, dubitativo.  —Pero tampoco podemos arriesgarnos a lastimarlo... no sabemos qué puede hacerle una poción de desamor a él... Cole bajó las manos entonces, esta vez por voluntad propia. Pero lo hizo muy lento, como pidiendo permiso, esperando que Piper no se molestase. Pero ella intuyó sus intenciones y se quedó quieta, permitiéndole el acceso al bebé. Cole acarició el vientre y, de alguna forma, al pequeño. —Terminemos la poción. —dijo con firmeza— Aún podremos reservarla para cuando sea el momento... Démosle tiempo al pequeño ángel. Piper se volvió a él, Cole la abrazaba por la espalda y la sostenía contra si de una forma intima y acogedora. Piper no se resistió a buscar un beso suyo entonces, para sellar ese pequeño acuerdo que ambos habían hecho casi sin proponerlo. Entonces, un brillo de luces blancas se materializó en medio de la oscuridad y Piper observó de nuevo a su esposo después de mucho tiempo. —Leo... —Parece que soy inoportuno...
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