ID de la obra: 1405

El peligro del matrimonio

Het
NC-17
En progreso
1
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planificada Mini, escritos 56 páginas, 26.603 palabras, 23 capítulos
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¿Cómo yo?

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Vidia, oculta tras unas cajas, observaba a la reina moverse consternada de aquí para allá en la habitación. Había accedido a hablar con ella solamente porque habían pasado ya tres meses en los que a diario la visitaba y esta era la primera vez que la recibiría. Su intuición mágica no le fallaba y esta chica muy a lo mejor solo traería problemas igual o más grandes que los que Thinkerbell orquestaba.    —¿Entrarás, Vidia?    La susodicha se animó a pasar lentamente a la bella habitación de la reina Clarion. —Esta es la vez número cuarenta y ocho en la que pides una audiencia, Vidia.— Ella asintió, con ojos apremiantes —y siempre es con la misma duda ¿no es cierto? —Su alteza es muy benévola al recibirme— alcanzó a decir coherentemente antes de que el barullo de palabras saliera de sus labios morados sin ningún tipo de filtro —Su señoría, han pasado meses y se han realizado otras bodas. Pero no hay rastro de que esté funcionando realmente, mi reina. Y si esto no funciona no habrá otoño este año tampoco y en ese caso yo...  La reina alzó los brazos suavemente para calmarla —Sé lo que se dice. No es un rumor que el matrimonio no es tan fácil como pensabamos.  —No sólo eso, su alteza— gimoteó ella con amargura pero a la vez su típica seriedad —muchos incluso desean separarse.  La reina apretó los puños y por un instante, el polvillo de su vestido y alas perdió el brillo y casi se volvió gris por completo ante los ojos de Vidia. Pero tras unas inhalaciones recuperó su color anterior, pero había que decir que ya no era la cascada dorada y magnifica que antes daba vida a sus rasgos.   —Esta es la razón por la que no recibo a nadie, Vidia.— expresó en un suspiro. Y la hada de vuelo veloz la vio tan cansada como nunca —El matrimonio no funciona porque falta algo, una chispa de... humanidad y hasta... me atrevería a decir que... también se trata de algo de imperfección.    Vidia alzó una ceja y se llevó una mano a la nuca —En ese caso... ¿que haremos?   La reina hizo contacto visual por primera vez desde que su polvillo había palidecido —Unir a toda la tierra de las hadas en matrimonio si es necesario. ************************************ —¡En vista de los recientes acontecimientos!— anunció el heraldo con su trompeta de flor a los artesanos reunidos —La Reina Clarion ordena que todas y cada una de las hadas que existen todavía, se comprometan en matrimonio. Se les dará un plazo de siete días para encontrar una pareja y presentarse para ser anotados, de lo contrario, serán emparejados al hazar... ¡He dicho!    La trompeta sonó una vez más y el heraldo desapareció tal y como lo hace la reina cuando acaba de hablar. Thinkerbell, abajo del todo y dentro de una máquina hecha de engranes de madera y cosas perdidas, reflexionaba en lo que podría llegar a pasar si alguien, como ella, no contribuía.  —Está serio el asunto ¿no es cierto, Think?    La voz de Bobble resonó en el interior de la máquina y Think necesitó taparse los oídos por la acústica que tenía ese reducido espacio. Este nuevo dispositivo ayudaría a Terence con la distribución del polvillo, a embasar y empaquetar la cantidad justa para cada quien y ya no sería el mismo dolor de cabeza para las hadas guardianes del polvillo.  —La reina ha estado perdiendo su brillo— comentó ella ajustando un tornillo.  —¿Tú también lo notaste?— preguntó resignado pegando su frente a la máquina desde afuera al tiempo que Think hacía lo mismo desde dentro. —¿A quien buscarás, Thinkerbell?  Ella se quedó en silencio. Tenía muchos amigos, pero... —¿Tú a quien buscarás?  —Hay un par de chicas... Pero son de diferentes talentos.  —¿Habrá problemas en ese sentido?— quiso saber ella haciendo acopio de todas sus fuerzas para salir de la máquina mientras hablaba —Rosetta se casó ya hace más de tres meses con un hada de la escarcha y no veo que nadie les impidiese hacerlo.    —Lo sé, pero de igual manera ese es un gran ejemplo— afirmó ayudando a Think a salir de su encierro en el interior de la máquina —Sled tiene un trabajo pesado en su lado de la tierra de las hadas como Rosetta aquí. Si supieras que ambos pueden estar juntos una vez en cada estación pensarías más las cosas.  Thinkerbell siguió reflexionando sobre esto, ahora fuera de la máquina. —Entonces ¿sería más conveniente el matrimonio con un hada de tu mismo talento?  —¡Exacto! Busco una hada de mi mismo talento.  —¿Como yo?— Las burbujas en los lentes de Bobble estallaron —Oh, lo siento, Bobble. No quise ser tan directa, pero... Pienso que quizá sería mejor el matrimonio entre personas que se llevan bien sin importar tanto sus talentos... Como nosotros.  Al silencio incómodo que siguió, Bobble sonrió nervioso sacando otras dos gotas de reemplazo para sus gafas —Para un artesano como yo, sería un honor. Y tomando en cuenta que éste artesano te ama desde hace muchas primaveras...  La hada sonrió ante el rubor de Bobble por su osadía al confesarle tan tajantemente sus sentimientos. —Y si yo te dijera que también te amo... ¿Aceptarías casarte conmigo, Bobble?  Las burbujas explotaron de nuevo y Thinkerbell se inclinó hacia él y quitándole los aros de las gafas lo besó breve pero dulcemente. Él se estremeció en su agarre como una hoja ante un frío viento, muy a pesar de que éste toque era cálido y dulce, y un rubor color carmesí inundó sus mejillas.  —¿Qué opinas?  Fue Bobble el que se inclinó hacia ella esta vez mientras murmuraba una débil, pero firuesta.  —Me encantaría, Bellabell.
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