A tiempo
23 de noviembre de 2025, 10:59
Llegó un momento en el que todas, o casi todas, las hadas del país de NeverLand estaban casadas o comprometidas. La situación había cambiado radicalmente, ya que incluso se había intentado con matrimonios de hadas del mismo género. Pero nada resultaba.
Vidia era la más molesta, hacia ya tres años que no habían estaciones. La guerra seguía en su apogeo y el balance se había roto completamente. Las hadas casadas comenzaron a vivir juntas con sus parejas, y las bodas eran prácticamente todos los días.
Esa noche Vidia salía de su árbol de ciruela hacia la biblioteca, en donde un encargado anotaba los nombres de los que se iban a proponer para el matrimonio. Salía a esa hora, porque no quería ser vista por nadie. Era muy orgullosa para dar explicaciones a preguntas tontas.
Se sentía muy molesta, tanto que estaba decidida a hacer todo lo posible por... Porque su matrimonio funcionase. Estaba tan alicaída que apenas y flotaba en el viento, a pesar de la furia que la envenenaba, también sentía un profundo pesar.
La tristeza de tierra firme les afectaba aún a ellos. A pesar de que las hadas luchaban por cumplir sus deberes de cada estación, una bruma color onix se extendía por el cielo de noche y la niebla platinada escondía hasta las figuras más básicas de los árboles día.
Vidia volaba lentamente, cuando por fin llegó a la biblioteca era bien entrada la noche y no había más que dos almas en ese minúsculo edificio. El encargado de escribir los nombres, que se frotaba los ojos cada dos por tres, rasgando monótonamente el papel pergamino y alzando la vista ante la recién llegada, y Terence.
—Esto si que es interesante— medio sonrió el dependiente. —Llegas a tiempo, jovencita.
—En breve amanecerá ¿como es que llegué a tiempo?— alzó una ceja volteando a ver al guardián del polvillo, que le sonrió dulcemente. Ella apartó la mirada inmediatamente, no quería herir a alguien más esta noche con su irrasciva personalidad.
—Pues que éste chico, Terence, viene a anotar su nombre a la cola de las hadas masculinos que buscan pareja. Y casualmente llegas tú.
Vidia parpadeó —¿qué...? ¿quiere decir que me empareja con él?
—¿Algún problema?
Terence estaba enamorado de Thinkerbell desde hace mucho tiempo, eso era sabido en toda la tierra de las hadas, así como que ella se casó con Bobble el día anterior. Para Vidia, Terence era el hada que le entregaba las raciones de polvillo... Y ya. Pero no podía pensar en un mejor compañero de existencia.
El hada era muy atractivo, además de servicial y sabio. Se entenderían aunque, no estaba segura de merecerse tanto. Pero daba igual, se sentía responsable de lo que ocurriera con su raza y estaba dispuesta a poner su granito de arena.
Se vio en la necesidad de saber que pensaba el chico a su lado, que miraba el suelo —¿Qué opinas?
—La tarea es el matrimonio, no importa lo que pensemos de nuestros contrapartes— Ni tan siquiera la miró mientras decía estas palabras, las ha soltado como quien habla del tiempo.
Las cejas, como oscuras esquirlas del cielo nocturno, se arquearon en su frente, pero el resto de su rostro siguió impacible. Ese comentario evidenciaba que para Terence no era realmente un gusto lo que iba a suceder si llegaban a casarse y eso, si era posible, la entristeció aún más.
El encargado bufó un bostezo mientras tachaba el nombre de Terence de la lista de espera y lo inscribía para la boda del día siguiente junto a Vidia. —Voy a necesitar que firmen aquí ambos.
La hada de vuelo veloz retrocedió para cederle el paso a Terence. Él le lanzó una mirada inquisitiva —No me importa ser el segundo en firmar.
Algo le decía que él la estaba retando a hacerlo, le estaba diciendo: si te vas a echar para atrás mejor hazlo ahora antes de que yo haga el ridículo firmando antes. Ella tomó la pluma y firmó con trazos rápidos y llenos de florituras y suspiró, sacándose de encima el momento e intentando volver a ser invisible. Terence firmó en la línea contigua con un trazo menos agresivo y casi leve, pero se tardó mucho más en dejar la pluma, como si luchara contra el impulso de tachar la firma recién hecha.
—Muy bien. La boda es al amanecer.
Vidia miró el cielo que comenzaba a esclarecer —¿Cómo? ¿Ahora?
—¿Tan pronto?
El mero hecho de que no era la única en estar preocupada, le hacía sentir un poco mejor.
—No, en media hora. Las hadas de la luz distribuyen con menos eficiencia los rayos solares últimamente. Pero les sugiero a ambos que se apresuren a vestirse con algo decente, a la reina no le agradará verlos en traje de trabajo.
Esa fue la primera vez en que Vidia vio en Terence algo más que la simple vista del guardián del polvillo. En las próximas horas, se convertiría en su esposo.
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—Iridessa, hazme un lugar ¿quieres?
—Oh, sí... Mil perdones, Fawn. Es que realmente creí que no vendrías.
—No importa, yo tampoco quería asistir a otra boda que de nada está sirviendo. Pero ¿a que no sabes quien contraerá nupcias esta mañana?
—Todos los que conozco lo hicieron hace tiempo, incluso tú... No sé me ocurre nadie más.
—¿No lo adivinas? Es Vidia ¡Vidia! La de vuelo veloz.
—Eso no lo creería ni en un millón de estaciones— rió la hada —pero espera, ya comienza. Si es real, me gustaría saber quien fue el pobre que aceptó a Vidia por esposa.
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Esto era de lo más aterrador y ridículo. Nunca en su vida de hada se había puesto un vestido como éste, pero ahora la ocasión lo ameritaba y fue Thinkerbell la que se tomó la molestia de coser inmediatamente uno para ella. Plumas color lila decoraban sus curvas y resaltaban sus atributos. Vidia no había consentido en soltarse el cabello, ya que era tan largo que lo arrastraría por el suelo y no había tiempo para un corte. Pero una nueva banda color oro decoraba su coleta alta esta mañana.
No estaba nerviosa, se sentía muy bien, pero estaba aterrada por lo que vendría después, que sería mudarse con Terence y...
El hada del polvillo vestía un traje idéntico al de siempre, solo que de alguna forma él también había logrado que Thinkerbell le hiciera los arreglos correctos. Ambos, novio y novia se veían espléndidos e igual de serios.
Era fácil asegurar, con sólo ver, que este iba a ser uno de los matrimonios que menos funcionaría... O quizá no...
Las palabras que había que decir eran un antiguo hechizo, que los forzaba a unir más que sus vidas sus almas enteras. Vidia creyó haber pronunciado mal una o dos sílabas, pero de igual forma las chispas saltaron y una corriente de aire los envolvió. El toque de las manos de Terence era frívolo y expresaba resignación, pero era el más amable que ella había recibido nunca.
Como en las otras ocasiones, los enormes lazos de luz dorada y morada los envolvieron, llegando a crear una esfera a su alrededor. Esta esfera estalló bañándolos a ambos con una lluvia de hermosas plumas moradas con reflejos dorados.
Vidia seguía contemplando el espectáculo que caía sobre ambos cuando Terence la besó. No era el primer beso de ninguno de los dos, pero era el que ambos dieron con más torpeza y a la vez más sentimiento, sus bocas chocaron y ya. Se apartó un momento para mirarla a los ojos, Vidia no sabía porque pero ahora fue ella quien se inclinó hacia esos labios sonrosados y lo volvió a besar, mientras él con sus manos le acariciaban el brazo por encima del codo y la espalda olvidándose un instante de que estaban siendo partícipes de la unión más luminosa de todas.