ID de la obra: 1405

El peligro del matrimonio

Het
NC-17
En progreso
1
Tamaño:
planificada Mini, escritos 56 páginas, 26.603 palabras, 23 capítulos
Descripción:
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Una frontera insalvable

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Llegaron riendo y jadeando hasta la pequeña casa que compartían, con los cabellos algo despeinados por la carrera y las mejillas encendidas. Vidia intentó recuperar la compostura, pero la intensidad de los besos robados en el camino aún la tenía algo alterada, y al notar la mirada cálida de Terence sobre ella, no pudo evitar sonreír. Sin decir una palabra, Terence se acercó a ella y la atrajo hacia sí, apoyándola suavemente contra el marco de la puerta. Vidia lo miró con un brillo desafiante en los ojos, pero esta vez, no lo apartó. Él, incapaz de contenerse, se inclinó hacia ella y la besó profundamente, sus labios encontrándose en un beso que fue mucho más intenso, más urgente que los anteriores. La mano de Terence, que había comenzado en su cintura, se deslizó lentamente hacia su espalda y luego más abajo, rozándola de una manera que hizo que Vidia contuviera el aliento. Ella sintió cómo un fuego suave y persistente crecía en su pecho, y sin resistir más, levantó una pierna para envolver la cadera de Terence, acercándolo más hacia ella. Él suspiró entre sus labios, dejando que sus manos recorrieran cada parte de ella, subiendo por su cuello, bajando por sus brazos y volviendo a posarse en su cintura. Los besos se volvieron más intensos, y Vidia movió ligeramente sus alas, inundando el aire con una delicada fragancia a flores. Terence sonrió, rozando sus labios con la lengua en un movimiento suave y tentativo. Vidia le respondió con un mordisco juguetón, acariciando sus labios con picardía y deseo. Ambos parecían reír entre besos, dejando que sus labios y sus caricias hablaran por ellos mientras el tiempo y el mundo se desvanecían a su alrededor. Terence no podía precisar lo que sentía, solo sabía que deseaba estar más cerca de ella, que quería perderse en el calor y la suavidad de cada beso. Sus manos no dejaban de explorar su silueta, deteniéndose en la curva de sus muslos, en la delicadeza de sus brazos, en la firmeza de su cintura. El roce de sus lenguas comenzó siendo tímido, pero pronto se entrelazaron con más confianza, dando paso a un beso profundo y sincero que dejaba poco espacio entre ellos. Vidia sentía algo apretado contra su vientre. Y eso la hizo sonreír aun más si era posible, sintiéndose orgullosa de lo que estaba provocando en el hada del polvillo. Podía sentir su calor, sus ansias y su urgencia. Él también quería esto Justo cuando Terence comenzó a acariciar ese muslo que se envolvía en él, sus dedos se movieron con una ternura que contrastaba con la pasión y el deseo del beso. Él descendió suavemente, bajando por el muslo interior hasta casi rozar entre sus piernas. Esto sorprendió gratamente a Vidia; nunca habría creído que Terence fuera capaz de algo así. Cuando sus dedos alcanzaron su punto sensible, ella inhaló con fuerza soltándose del beso con un chasquido, un suspiro entrecortado que resonó en el aire. Vidia sonrió, sus ojos brillando con sorpresa— Eso fue… diferente a todo lo que he sentido hasta ahora —murmuró, todavía sintiendo la electricidad en sus labios. Terence sonrió de vuelta, incapaz de contener su felicidad— Definitivamente... quiero más —respondió, consciente de que habían cruzado un umbral que los uniría. Pero mientras sus bocas volvían a encontrarse, él comenzó a retirar con prisa la ropa que le estorbaba. Quería tocarla de verdad, sentirla de verdad. La emoción lo invadía, y sin embargo, en medio de la intensidad, una sombra de duda comenzó a instalarse en su mente, creciendo como un murmullo imposible de ignorar. ¿Estaba listo para dar este paso con Vidia? ¿Era este el camino correcto, o solo un refugio pasajero? Sintiendo el cambio en su energía, Vidia se apartó un poco, frunciendo el ceño al ver el conflicto en los ojos de Terence. —¿Te encuentras bien? —preguntó, con precaución. No estaba acostumbrada a ver esa vulnerabilidad en él, y eso la inquietaba. Terence, aún con la respiración entrecortada, asintió lentamente, como si tratara de convencerse a sí mismo tanto como a ella. —Sí, es solo que… —dudó, sintiendo su pecho comprimirse mientras elegía sus palabras—. No quiero apresurarnos. No quiero que esto… —hizo una pausa, bajando la mirada—… termine siendo solo un impulso, como lo que tuve con Tinkerbell. Las palabras se estrellaron entre ellos, cargadas de un peso inesperado. Vidia se quedó inmóvil, sintiendo cómo un frío penetrante reemplazaba el calor que había estado compartiendo con él. Frunció el ceño, sintiéndose herida y traicionada. —¿En serio? ¿Estás pensando en ella justo ahora? —Su voz era baja, contenida, pero la herida en sus palabras era clara. Terence sintió un nudo formarse en su estómago, entendiendo de inmediato el error que había cometido. Las emociones, tan fuertes y mezcladas, parecían haberse desbordado en el peor momento. —No, no es eso… Es que esto, lo que estamos compartiendo, es diferente. Y no quiero arruinarlo. —Su voz sonaba casi suplicante, como si tratara de reparar la grieta que se había formado. Vidia se incorporó, su expresión cambiando de sorpresa a frustración. Al apartarse, sentía como si una barrera invisible se hubiese levantado entre ellos, y su orgullo, tan intrínseco en ella, empezaba a imponerse. —¿Entonces qué? —preguntó en un susurro, sus ojos oscuros y fieros—. ¿Te estás deteniendo porque tienes miedo de lo que pueda ser entre nosotros? Terence tomó aire y, con un gesto de rendición, levantó las manos. —No. Estoy tratando de proteger lo que siento —dijo en voz baja, su sinceridad palpable—. Nunca quise que esto se sintiera como un desliz. Quiero que signifique algo, para ti y para mí. Por un momento, Vidia se quedó en silencio. Había pasado tanto tiempo protegiéndose a sí misma que la idea de bajar la guardia ante él, de arriesgarse a algo real, le resultaba tan temible como irresistible. —¿Y crees que yo no quiero eso? —murmuró, con una fragilidad que rara vez dejaba asomar—. Creí que ambos estábamos en la misma página, que estábamos dispuestos a dejar atrás el pasado y… —Lo estamos —interrumpió Terence, acercándose a ella en un intento de aliviar la distancia—. Pero a veces es difícil no pensar en lo que hemos dejado atrás, en todo lo que pudo haber sido diferente… y en lo que aún puede ser. El aire entre ellos se volvió espeso y silencioso, como si cada palabra y cada respiro pesaran tanto que ninguno podía sostenerlo por mucho más tiempo. Vidia sintió que la tensión entre su deseo y el miedo a lo desconocido amenazaba con desbordarla, forzándola a mirar hacia otro lado. Finalmente, con un suspiro cargado de cansancio, dio un paso atrás, buscando espacio para recuperar la calma. —Tal vez necesitamos un momento para aclarar lo que realmente queremos —dijo, intentando mantener la compostura aunque sus emociones la traicionaban. Terence la miró durante un largo instante antes de asentir, consciente de que el brillo de su conexión se desvanecía, reemplazado por una incertidumbre incómoda. Sabía que habían estado a punto de cruzar un umbral que los uniría para siempre, pero ahora quedaban expuestos, vulnerables ante el miedo que cada uno había traído consigo.
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