El Bosque prohibido
23 de noviembre de 2025, 11:05
Harry sintió el escalofrío de su vida— ¿quieres decir tu cuerpo petrificado?
Ella asintió— para el asunto es lo mismo. Pero si te hace sentir más cómodo, pues si, mi cuerpo petrificado.
—¿Cómo sabes que está ahí?
—Cuando morí, mis padres recibieron mi cuerpo petrificado en su vieja casa de Suiza. —empezó a explicar ella— Eran muggles, no entendían lo que pasaba, el director Dippet tuvo que hacerlos ver la situación en la que se encontraban y... les dio una indemnización monetaria para que no dijeran nada de lo que ocurrió a los medios o a las autoridades del Ministerio de Magia. Pusieron mi cuerpo petrificado en mi vieja habitación, en el segundo piso. No cerca de la ventana, porque los vecinos sospecharían. Tiempo después esa habitación fue cerrada, la puerta y la ventana fueron tapiadas y mi cuerpo quedó dentro, junto a todas mis cosas. Visité por algún tiempo después de eso a mi familia, no era difícil, solo pensaba en ellos y me encontraba en la casa de mi infancia. Nunca me dijeron porqué cerraron mi cuarto, pero cuando ellos dormían siempre me escondía ahí para fingir que nada había ocurrido. Al principio pasé mucho tiempo ahí, luego entendí que les causaba mucho dolor a mis padres verme de esa forma, eternamente niña, incorpórea, muerta... y fue que empecé a perseguir a esa desagradable Olive Hornby. Quería hacerla pagar a ella por todas sus burlas y todas las humillaciones que me hizo pasar.
Harry se imaginó toda la escena, los padres de Myrtle teniendo que convivir con el fantasma de su hija. Era hasta cierto punto bastante comprensible. Harry asintió ante las palabras del espectro. Ahora las cosas parecían ponerse aun más complicadas que nunca.
Debían rondar las dos de la mañana, quizá un poco más, Harry no se atrevía a encender su varita para ver la hora de su reloj. Algo le decía que debía ser prudente con sus movimientos. Draco estaba a un lado, apoyaba la espalda contra un árbol, los brazos cruzados y la barbilla reposando sobre el pecho. Harry no quería perderlo de vista, no confiaba en él ni por asomo y menos ahora que los dos estaban solos esperando a la parejita de animagos y a Luna. Casi hasta habría preferido la compañía de la fantasma, si eso no implicase escucharla parlotear en busca de atención. Que si bien Myrtle había cambiado mucho para bien al tener contacto con amigos buenos que buscaban su bienestar, al tener esa esperanza de que todo iba a mejorar, aún así conservaba ciertos resquicios de su anterior personalidad, como hablar hasta por los codos.
Harry miró otra vez a Draco, el que aún no se había movido ni tampoco le había dirigido la palabra en la media hora que habían permanecido juntos. Y sinceramente, eso le parecía mejor, no tenía ganas de hablar por compromiso. No había dejado de sostener su varita con leve fuerza, debía serenarse antes de cometer alguna locura, pero estaba emocionado por la aventura cercana.
—Harry... —el niño que vivió se volteó ante la débil voz que venía de cerca de sus talones. Una zorrita marrón con negro lo miraba desde el suelo.
—¿Hermione?
—Ya era hora. —refunfuñó el slidering— Estaba harto del silencio opresivo de Potter. No podía soportar un instante más su insípida compañía.
—No es como si tú fueras muy conversador, cabeza de hongo amarillo.
—Luego habrá tiempo para que se arranquen la piel el uno al otro —regañó la zorrita transformándose en la chica de siempre, con el pelo algo más enmarañado que de costumbre— evidentemente se perdieron... ahora debemos buscar la forma de...
—¿Luna está contigo? —Draco buscaba tras de ella, pero la rubia no apareció— me dijo que vendría también.
—Ella está escondida, acabo de dejarla. Vamos, ella nos llevará, pero está en el claro de los centauros y debemos ser cautelosos. Ahora más que nunca.
—Los centauros son nuestros amigos ¿porqué tendríamos que evitarlos? —preguntó Harry siguiendo a Hermione ya en su forma de zorro otra vez, con Draco a su lado.
—No es seguro molestarlos hoy especialmente, están en una fiesta de conjunción celeste, bastante solemne por cierto. Luna ya intentó antes persuadirlos para que nos dejen consultar sus pergaminos, pero ellos no han querido darnos acceso.
—¿Han probado usar la fuerza? —ironizó venenosamente el slidering, alzando una ceja.
—¿Tú has probado cerrar la boca?
—Harry —gruñó Hermione.
—¿Qué pasa, Potter? ¿Te sientes amenazado por mis palabras? —Había un tilde de superioridad en esas cuestiones, pero Harry prefirió no hacer enojar a Hermione, no sabía si podía morderlo en esa forma.
—No, Draco, no es prudente usar la fuerza con los centauros. Solo un tonto mediría fuerzas con un ser tan poderoso como un centauro del bosque prohibido —la zorrita olisqueó el aire— pero es necesario entrar a su biblioteca.
—¿Qué más información necesitamos para este momento? —murmuró Harry, se acababa de tropezar con una raíz que pareció alzarse de la nada— pensé que aún Viktor no ha terminado de rebuscar en la biblioteca de Durmstrang. Aun podemos encontrar el antídoto ahí.
—Si hubieras puesto atención sabrías que no bastará con un antídoto —escupió Draco mirándolo con irritación.
—Hace falta varios hechizos —asintió Hermione— pero si, aun no conseguimos toda la información de las bibliotecas de Durmstrang. Pero no vamos a la de los centauros por eso. Resulta que estos hechizos son delicados, más delicados de lo que me gustaría admitir. Tan delicados que incluso podría estar en juego nuestras vidas.
—¿Qué tiene que ver eso con los centauros? —a Harry le estaba dando dolor de cabeza tantas vueltas.
Encendieron las varitas entonces. La oscuridad a su alrededor parecía cada vez más sólida, sólo los ojos de Hermione brillaban de vez en cuando al voltearse a ellos, devolviéndoles destellos de la luz mágica de sus varitas.
—Se dice que ellos tenían chamanes en otras épocas, cuando no se concentraban enteramente en la visión de los cielos y las estrellas. Hacían sus ritos y sus hechizos en lugares específicos, puntos de poder. Son círculos de roca posicionados en las líneas ley que magnifican los hechizos y prácticamente cualquier acto mágico que se desarrolle en esos sitios.
Harry entendió entonces— planeas hacer ahí el hechizo para despetrificar a Myrtle.
La zorrita no lo escuchó, porque aceleró el paso entonces— Pronto, ya casi llegamos.
El bosque entonces se abrió ante ellos y las estrellas aparecieron sobre sus cabezas. Harry instintivamente alzó la vista y vio a Draco hacer lo propio antes de bajar lentamente su varita. Ya no era necesaria la luz de las varitas, la luna iluminaba lo suficiente como para que pudieran ver por donde iban. La figura oscura que era Hermione en ese momento se puso en pie al transformarse en humana de nuevo, Luna salió del otro extremo del bosque, más allá del claro, y les hizo señas para que se acercaran.
Cuando estuvieron todos juntos, Viktor apareció tras ella y todos estuvieron juntos, prácticamente. Faltaba Ron, pero él estaba ocupado con su nueva novia como para molestarse en ayudar. En parte, Harry pensaba que era para vengarse de Hermione, pero como a ella no le importaba, realmente no valía la pena mencionarlo.
—Conseguimos preparar una dosis para cada uno —se adelantó el búlgaro sacando el frasco oblongo. Un líquido parduzco y sospechosamente burbujeante se agitaba en su interior. Él lo sostenía triunfante hacia Hermione, esperando su aprobación.
—Perfecto. Vamos, chicos, necesito que ahora den todos un trago a la botella.
Harry esperó a que los demás lo hubiesen bebido antes de hacerlo él mismo. El sabor era indescriptiblemente malo, pero pasable. Inmediatamente un súbito calor se extendió en su interior, desde el centro de su estómago hacia el resto de sus miembros. Solo después de haberlo ingerido se preguntó para qué era.
—Si queremos ir al lugar protegido de los centauros debemos ser invisibles a ellos por olor, oído, vista y magia. —le explicó Luna— este brebaje anula nuestra realidad para ellos, pero no por mucho tiempo...