Un plan a oscuras y peleas de espadas
2 de enero de 2026, 0:37
Su mirada azabache se alzó en el instante mismo en el que sol salió de entre las montañas oscuras. Inmediatamente bajó la vista a las raíces del árbol que lo mantenían pegado al tronco, literalmente a una palabra de Alicia, estás habían crecido alrededor de él atrapándolo para que ella pudiese descansar tranquila.
—Salimos en un instante, Steyn.— El mañanero sonido matinal de la rubia no le resultó grato en absoluto, todo lo contrario, lo llenó de rabia. —¿Dormiste bien?
La sota de corazones rió amarga y colericamente —Vagarás por Infratierra, sin descanso ni paz— gritó citando las palabras de la reina blanca. Pero terminó murmurando —No he dormido una sola noche completa desde hace eras...
Alicia bajó por el árbol, daba la impresión que no lo había oído, o simplemente fingía hacerlo. Sonreía y su vestido blanco lucía mil veces más luminoso aunque su collar y zapatillas habían desaparecido y sus cabellos dorados caían como una cascada de oro bruñido contrastando con su marmórea piel. Pero no dijo absolutamente nada, quizá ese saludo no iba referido a él, y era más que probable. Muy a lo mejor se trataba de algún ser que había jugueteado con ella en sus sueños y ahora su recuerdo la hacía resplandecer.
Eso era en parte bueno, representaba una oportunidad para él. Quizá si se mantenía en silencio ella se olvidaría de que seguía a su lado. Steyn se sonrió ante la idea de consumar su venganza tal y como había pensado en un principio. Pero, tan pronto como imaginó esta dulce y maligna idea, a Alicia se le ocurrió una alocada y muchosa idea. El arbol desató sus zarcillos del desgraciado caballero y le entregó su daga.
Steyn la miró, pero no antes de haber aferrado sus dedos alrededor de la arma blanca. —¿Te has vuelto loca, niña? eres perfectamente sabedora de que mi único deseo en esta vida es matarte.— rechinó sus dientes en ansias por usar esa afilada arma, no era una espada, pero era suficiente para lo que su negro corazón deseaba hacer. La rubia rió con más intensidad y verdadera felicidad. Era una graciosa situación, porque simplemente no producía lo que realmente deseaba hacer, que era el ser la razón por la que esa niña tonta se echara para atrás y temblase acobardada, como tantas veces él mismo se había visto reducido, a un simple ser indefenso. Eso era lo que quería, y claro, no sucedió.
Alicia era una estrella brillando en ese lugar de oscuridad y a su lado resplandecía como el sol mismo. Ella empuñaba un simple trozo de rama, pero la blandió hacia Steyn como si fuese de real metal y eso lo hizo retroceder a la sota que se enredó entre sus largas piernas y terminó precipitándose al estanque de las joyivispulas, las cuales huyeron muertas de risa de igual forma que Alicia. Esta última recuperó su daga, que había volado por los aires en el instante del accidente para irse a clavar en la madera del árbol. Lo apuntó con esta radiante de jubilo en el momento en el que Steyn se hubo fuera del agua.
Humillado, así se sentía. Pero Alicia había dejado de reír para recuperar la postura que la envalentonaba tras matar al Yaverwoky hace más de diez años. —En marcha.
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Esto era irreal, completamente surrealista, pero no había otra opción según se veía. Pero no era tan malo como creía al principio, la gran mayoría de las criaturas le tenía un respeto inigualable a la joven mujer. Y eso, aunque se crea poco, lo libraba de tener que volver a escapar de cualquier ser de Infratierra. La maldición de la reina Blanca había sido explicita y cumplida al pie de la letra, ningún ser que se encontrase pensaba más que en ignorarlo o destruirlo. Miró por encima de su hombro, Ella charlaba ampliamente con un pequeño ser multicolor que flotaba ingrávido frente a ella.
Inconscientemente sonrió, ¿Porqué? no tenía idea. Toda ella inspiraba a sonreír. Pero aún la odiaba, con cada fibra de su ser. La odiaba, la odiaba, la odiaba, la... ¿la odiaba?
—Steyn— hubo un respingo de su parte antes de detenerse. Aún poseía, la daga, por lo que solo restaba hacer lo que ella mandase —¿Es cierto?
Él la miró, estudiándola a espera de que le revelara más detalles. Porque él no era un genio para saber que demonios ocurría en esa cabeza infantil. Sin embargo, intuía a lo que se refería. —¿Que?— le respondió perdiendo la paciencia y tomando una roca como asiento. Necesitaba descansar sus piernas, habían estado caminando sin descanso por más de ocho horas y la fuerza de voluntad que movía a Alicia no parecía flaquear en absoluto, todo lo contrario, se veía más fuerte que nunca. Pero se sentó frente a él.
La rubia alzó su daga para observar el filo a la tenue luz de la tarde —Que ha surgido un nuevo rey.
La sota de corazones no se había equivocado, había oído a seres de todo tipo murmurar cosas como esas, pero no lo tenía exactamente claro. Todo lo contrario, era totalmente ajeno a ese supuesto rey que según se decía estaba apropiándose de todo cuanto existía en Infratierra. Se volvió hacia la niña con mirada fría —Si lo supiese, ¿crees que te lo diría a ti?
Ella sonrió de lado —Sabía que te negarías a decírmelo.— Se puso en pie y, con una seña, lo obligó a imitarle tras dar un traspiés rápido —Me llevarás con él luego de arribar Marmorreal.
Steyn quiso protestar, pero la punta de la daga se apoyó un segundo en su espalda, indicándole que no estaba autorizado a contradecir sus palabras. Sin más, el camino delante de ellos se fue volviendo lentamente más escarpado.
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Bufó de cansancio cuando la rubia le permitió descansar por fin en un resquicio oscuro de la enorme montaña que habían estado escalando gran parte de la noche. Parecerá sorprendente, pero una infeliz hada de las rocas le obsequió a Alicia una joya que le permitía controlar muchos tipos de roca. De esa forma, consiguió inmovilizar a la sota de corazones, que esta vez no se quejó más que un poco. Estaba eternamente agradecido por poder descansar por lo menos sus piernas. El dolor era punzante y lo que menos quería era moverse de nuevo. Lo esperaban unas dos horas más de oscuridad que no iba a desaprovechar.
Pensó en esa insufrible rubia que resollaba suavemente apoyada en una roca en la pared contigua a la que él usaba como recinto o celda. Solo su cabeza se veía apenas con tantas rocas alrededor, pero aún así era capaz de mirar hacia afuera, hacia donde Alicia estaba.
La mañana siguiente llegarían por fin a las ruinas del castillo de la destronada reina roja y de ahí a Marmoreal no era un trecho muy largo. Y más tarde en busca de ese tal Rey nuevo para que la niña volviese a jugar a ser la heroína y matase otra dragón. Ideó un plan, a oscuras ahí encerrado, se uniría al Rey y mataría a Alicia. y luego... luego ya vería si seguía vagando por Infratierra o si se quedaba con el nuevo monarca.
Sea como fuere, destruir a la joven mujer era su nuevo propósito.