Capítulo 3 : Hielo
23 de noviembre de 2025, 16:37
—Habrá un refugio pronto —les aseguró el líder con cierta indiferencia— Antes de que sigan quejándose del frío como dos princesitas.
El viento helado aullaba entre ellos, clavando pequeñas agujas de escarcha en sus rostros. Rynoh sacudió los brazos en un intento de entrar en calor, pero lo único que logró fue que más nieve se colara por el cuello de su ropa. Se estremeció y gruñó cuando, por novena vez, Bash se sacudió torpemente, lanzándole un montón de nieve encima.
—Genial, Zylus. —se exasperó Rynoh, saliendo de entre la nieve con los dientes castañeteando— ¿Ese refugio es real o te lo estás inventando? porque se me están congelando hasta los pensamientos... ¿Tienes idea de a dónde vamos o solo estás caminando por caminar?
El lider battacor, giró la cabeza lo justo para lanzarle una mirada irritada sobre su hombro— ¡Hay una aldea que asaltamos hará unos meses más al norte! —soltó, con un deje de fastidio en la voz.
Bash, que hasta ese momento había estado más concentrado en no resbalar que en la conversación, levantó la cabeza con curiosidad— ¿Y si nos reconocen? —preguntó con genuina preocupación— ¿Y si nos matan a palazos? ¿O peor? ¿Y si no nos dejan entrar y nos morimos aquí afuera?
—Qué optimista eres, cabezota —murmuró Rynoh, cruzándose de brazos.
—Intercambiaremos cosas con ellos por un sitio y una comida... o algo. Si no nos dejan acercarnos, no nos quedará más que seguir caminando. —bufó el líder, y ya un poco más recompuesto de su irritación, continuó con sarcasmo— Pero claro, Rynoh, si te estás quejando seguro es porque tú tienes un mapa secreto que no has querido compartir con nosotros ¿o me equivoco?
—Sí, Zylus, por supuesto. —soltó una risa seca y sarcástica— Llevo un mapa cosido bajo la piel, solo que no me apetecía enseñárselo a un idiota que no admite que estamos perdidos y que no quiere decirnos para no parecer más tonto —tiritó el chico alto, mirándolo con los ojos entrecerrados.
Zylus se detuvo en seco. Por un segundo, solo se escuchó el viento ululando entre las montañas de nieve. Los demás se detuvieron a mirarlo. El líder se giró lentamente hacia Rynoh con una mirada gélida, más fría que el mismísimo hielo que los rodeaba.
—Llámame idiota una vez más... —murmuró con calma inquietante.
Bash, entre dientes, soltó por encima del viento casi huracanado— Si peleamos más, quizá entremos en calor.
—Idiota —dijo Rynoh, sonriendo.
De la nada, Zylus, se lanzó hacia el chico alto pero, en su precipitación, no vio que habían llegado a un sitio parecido a un mar congelado. Cuando sus pies tocaron el hielo resbaladizo, perdió al instante el equilibrio dando una voltereta antes de estamparse de espaldas al suelo con un golpe seco que hizo crujir el hielo.
Rynoh, que había estado hasta entonces cruzado de brazos con expresión desafiante, se detuvo para soltar una sonora carcajada, señalando a Zylus en el suelo. Bash, saliendo de su disociación, sin entender del todo la situación, se soltó a reir también al ver al líder en el suelo pataleando por encontrar la forma de volver a ponerse en pie.
—¿Qué te pasó, Zylus? —se burló Rynoh mirándolo hacia abajo con sorna— ¿de la nada te entraron ganas de echarte sobre el hielo?
—Cállate, Rynoh —le gruñó mientras buscaba reincorporarse con dignidad, o al menos eso intentó, mientras se resbalaba con torpeza continuamente— ¡¿Quieren ayudar o prefieren seguir de inútiles?!
Rynoh y Bash siguieron riendo ante esto, no obstante, ambos se adelantaron para ofrecerle una mano. Al principio, Zylus quiso darles un golpe a ambos, pero al final tomó las manos que se le ofrecían. Rynoh en su derecha, tomando la mano normal del chico, Bash en su izquierda, con su mano grande sostenida por la suya del mismo tamaño. De manera que las fuerzas fueron proporcionales para ambos como cuando jugaban a hacer lucha de brazos.
Esta dualidad les recordó, a los tres a la vez, el porqué eran un equipo. Y el porqué del liderazgo de Zylus. No solo los completaba, sino que él tenía todavía una inteligencia levemente superior a la de ellos. Eso no quería decir que estas situaciones no iba a pasar, pero si dejaba patente que a pesar de todo, nunca se molestarían hasta el punto de odiarse de verdad. Y para su suerte, sus amigos se reían de él, pero de igual forma lo ayudaban hasta el fin.
Cuando Zylus estaba ya de pie, un crujido más fuerte corta la risa de todos.
—Díganme que eso fue el estómago de Bash... —murmuró Rynoh, repentinamente serio y tenso exclamó— ¡Genial, Zylus! ¡No solo te tiraste como un saco de papas, también podrías habernos metido en un problema!
—¡No fue mi culpa! —protestó Zylus.
Pero ahora todos miraron el hielo bajo sus pies con aprensión. Lo último que querían era que el hielo se rompiera y terminaran cayendo al agua fría para después congelarse de verdad. Esa sería una muerte muy desagradable. Sus miradas cayeron un momento en el hielo debajo de los tres cuando una inesperada sombra negra cruzaba por debajo.
—Woo... ¿Vieron eso? —por instinto, Zylus se soltó de sus compañeros para dar unos pasos hacia atrás, aún mirando al suelo— ¿Qué demonios fue eso?
—Yo no quiero averiguarlo, chicos —dijo Rynoh, dando pasos tímidos hacia atrás hasta que regresó a la orilla, donde el hielo era sólido— y será mejor que ustedes hagan lo mismo.
El hielo volvió a crujir. Esta vez, el sonido no se sintió como un simple aviso del terreno frágil. Pareció como el sonido apagado de algo grande moviéndose con lentitud debajo de ellos. Justo debajo del hielo, en el agua fría. Zylus se agachó y pasó la mano por la superficie helada, retirando la capa de nieve y dejando ver la negrura del agua bajo el hielo. Entonces la sombra, más oscura que el agua, pasó de nuevo.
Zylus y Bash dieron un respingo y pasos apresurados hacia atrás a la vez. Ambos se refugiaron en la orilla helada. Los Battacor intercambiaron miradas, sin perder de vista el hielo.
—Bien chicos, no molestemos más a lo que sea que esté ahí. Vámonos, el camino será por la orilla entonces —anunció el líder— El pueblo debe estar más allá. Hagan el favor de callarse y seguirme, llegaremos pronto.