Capítulo 5 : Prepotente
23 de noviembre de 2025, 16:39
—Ya que estamos en estos interrogatorios —recuperó el equilibrio Rynoh— Dinos tú, Zylus. ¿Qué demonios haces aquí?
El líder se mordió la mejilla interior mientras desviaba la mirada— Am... No hay mucho qué decir. —Los otros dos lo miraron con diversión, intercambiando miradas de cierta burla.
—¡Oh, vamos! —se exasperó Rynoh, cruzándose de brazos mientras lo miraba con el ceño fruncido— Siempre hay algo que decir, literalmente venimos los tres de planetas diferentes... Además, tú iniciaste la ronda de preguntas incómodas y ya te hemos respondido, muy en contra de nuestra voluntad... ¿Nos preguntas a nosotros y tú no dirás nada? ¡Eso es injusto!
—Si. Es estúpido. —agregó Bash.
El chico de ojos anaranjados asintió sonriendo— Por fin dices algo útil ¡Ya era hora, Bash! —El aludido soltó una carcajada tonta, encantado consigo mismo— Rápido, Zylus, no tenemos toda la noche, hombre. No te hagas del rogar.
El líder rodó los ojos— Ustedes dos son una patada en el trasero a veces ¿se los han dicho? —se levantó para caminar por el interior de la tienda, hurgando en los despojos que dejó el ultimo inquilino.
—Una que otra vez, puede ser —se encogió de hombros Rynoh, sonriendo como si los hubiesen alagado— Pero decirnos piropos no hará que te libres de nuestra curiosidad. Empieza a hablar.
—Necesitamos algo de entretenimiento —asintió Bash, riendo entre dientes, masticando un trozo grueso de la piel semi quemada de su pez.
—Está bien. —resopló el líder, rindiéndose— A diferencia de ustedes, que por lo visto tenían vidas diferentes en sus planetas de las que llevan ahora... yo si nací para esto.
No los miró directamente, pero su tono estaba cargado de esa arrogancia característica, como si lo que iba a decir fuera la historia de un verdadero campeón.
—Creo que ya todos estamos hartos de escuchar que Zane viene de la región más peligrosa de la galaxia. Pero es claro que no sabe de donde vengo yo. —continuó, con un deje de orgullo— Mi planeta crea a los mejores guerreros de la galaxia para ir a luchar al planeta de Zane. A todos se nos entrena duramente desde el nacimiento. Aprendemos supervivencia, caza, pelea. Y yo nací mejor que todos los demás. Más fuerte, más rápido, más listo. Y más apuesto, cabe resaltar. Desde niño supe que algún día comandaría mi propio equipo, que la gente me seguiría sin dudar. Y no me equivoqué.
Apartó con el pie un trozo de tela vieja y resopló, como si la idea de haber estado bajo las órdenes de Lokar le resultara casi cómica.
—No tenía por qué unirme a ese viejo loco de la capa ridícula ¿saben? Podría haber tomado otro camino, cualquiera, y aun así habría terminado en la cima. —se detuvo a mirarse un instante las manos dispares para luego seguir adelante con sus movimientos distraídos— Pero vi la oportunidad y la tomé. Porque así es como se sobrevive: siendo el mejor, el más listo. No puedes esperar a que alguien te dé poder. Tienes que arrebatarlo.
Apretó los labios un instante, los ojos clavados en un objeto que no tenía importancia. Luego se encogió de hombros y se enderezó— Así que aquí estoy. Sin Lokar. Sin nadie que me diga qué hacer. Y aún sigo en la cima.
Se quedó en silencio un momento, los labios ligeramente tensos, como si tuviera algo más que decir pero hubiera decidido tragárselo. Luego sonrió de lado y los miró de reojo.
—Ahora que lo pienso… tal vez me busque mi propio equipo. —Bash rió fuerte y Rynoh chasqueó la lengua con fastidio, pero Zylus solo volvió a su juego de hacer como que no le importaba nada— Pero uno mejor que ustedes, claro.
—Oh si, porque estás en capacidad para hacerlo. —resopló Rynoh, el ceño fruncido con desdén.
El chico de los ojos anaranjados lo fulminó con la mirada desde su sitio frente al fuego. Nunca pudo soportar la actitud prepotente de su líder. Y ahora que literalmente habían fracasado como guerreros y que sus oportunidades de seguir siendo útiles se habían ido a la borda, lo que menos quería era que este chico se pusiera a decir esta clase de estupideces.
—Idiota, todos estamos en la misma situación de pordioseros —le gruñó— ¡No te sientas mejor que nosotros! No te veo sobreviviendo a lo grande ni tampoco siendo mejor que nosotros en cuanto a aprovechar la situación... ¿Sabes qué creo? que exageras para ocultar tu propia miseria que, por si no te has dado cuenta, es igual a la nuestra.
Zylus dejó de hurgar entre los despojos por un segundo, apretando los labios con algo que casi parecía molestia, pero enseguida sonrió de lado con esa misma arrogancia de siempre. Se giró lentamente hacia Rynoh, con una expresión de falsa sorpresa.
—¿Y quién te dijo que yo soy igual que ustedes? —preguntó, con ese tono de suficiencia que hacía rechinar los dientes.
Rynoh resopló, apretando los puños sobre sus rodillas— Mira a tu alrededor, líder —espetó, con veneno en la voz, resaltando esa última palabra con sarcasmo—. No eres más que otro fracasado con hambre, como nosotros. A ti también te degradó Lokar. A ti también te machacaron los Stax y a ti también te quitaron el titulo de guerrero.
Zylus entrecerró los ojos, su sonrisa no desapareció del todo, pero por un momento se notó tensa, como si la estuviera forzando. Volvió a girarse sin decir nada, removiendo entre las cosas del suelo con más brusquedad de la necesaria.
—Tch, qué dramático. ¿Siempre te tomas tan en serio las cosas, Rynoh? —se burló, aunque no lo miró— Se llama tener ambición. Por eso soy mejor. Por eso siempre seré mejor.
El fuego crepitó en el silencio incómodo que siguió. Bash observaba la escena con una mezcla de incomprensión y fastidio, como si la discusión le pareciera innecesaria y tonta hasta para él. Rynoh gruñó con impaciencia y desvió la mirada hacia las llamas, con los ojos nublados por algo más que enojo.
—Sí, claro —murmuró— Sigue diciéndotelo, Zylus.
Los dos chicos se distanciaron, dándose la espalda y, a partes iguales, sintiéndose igual de miserables. Bash los miraba alternativamente y, sin que nadie lo supiera, comprendía que lo que hacían ambos era buscar una tonta excusa para no concentrarse en sus propias estupideces. Se preguntó si debía o no decirles que realmente no todo estaba perdido.