ID de la obra: 1431

No necesitamos a Lokar

Gen
G
Finalizada
2
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
27 páginas, 13.772 palabras, 12 capítulos
Etiquetas:
AU
Descripción:
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Capítulo 11 : Una trampa

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Zylus llegó hasta ellos pocos segundos después. Los tomó a ambos por los hombros y los atrajo hacia sí en un abrazo sin cuidado, casi tumbándolos de nuevo. Todos rieron a modo de celebración, cansados y doloridos, pero victoriosos. —¿Alguien dudaba que los Battacor aún tenían el toque? —exclamó entre carcajadas, orgulloso— ¿Alguien? ¿No? ¡Claro que no!  —¿Escucharon eso, latas oxidadas? —gritó Rynoh, levantando los brazos y flexionando los puños— ¡Los Battacor los han vencido! Bash, agotado, apenas pudo esbozar una sonrisa boba mientras alzaba el puño hacia la montaña de hielo. Zylus seguía riendo y, con aire triunfal, los soltó adoptando una postura altiva. —Claro que, yo estaba a punto de intervenir para salvarlos —dijo, aclarándose la garganta mientras les daba la espalda con un gesto exagerado. Rynoh puso los brazos en jarras y lo miró con una ceja enarcada. —No empieces, Zylus. Te pasaste toda la batalla en la banca. Si no fuera por Bash, ahora estaríamos nosotros bajo esa montaña de hielo. —Sí, sí, claro... —respondió Zylus, quitándole importancia con un gesto de la mano— Pero permíteme recordarte que fui yo quien les dio la idea de usar ataques físicos. —Se señaló la sien con una sonrisa autosatisfecha— ¡Fue mi brillante ingenio el que los salvó! Antes de que Rynoh pudiera retrucarle, un crujido estremecedor cortó el momento. Los tres se giraron justo a tiempo para ver cómo la montaña de escombros comenzaba a temblar. Trozos de hielo se despeñaron hacia los lados y, de pronto, un rayo oscuro de energía fue disparado al cielo con violencia. De entre el humo y los fragmentos emergió la silueta furiosa de Hydrax, envuelta en una explosión de ira. La onda expansiva los arrojó hacia atrás, haciendo que cayeran de espaldas como fichas de dominó. Desde el suelo, miraron boquiabiertos este nuevo giro de los acontecimientos. Era evidente que una batalla contra sus reemplazos no podía ser tan fácil... —¿Se están divirtiendo sin nosotros, chicos? —rugió la cabeza de Neurax, sonriendo con malignidad como el resto de sus hermanos— No es la mejor táctica de batalla celebrar antes de que acabe. Los Battacor se pusieron trabajosamente de pie, serios de pronto. Los tres miraban al Hiverax, que simplemente saltó del montículo como si no hubiera sido nada, riendo como si todo hubiera sido un grandioso chiste.  —Tendrán que hacer algo mejor si quieren destruirnos ¡Inútiles! —la voz de los tres al mismo tiempo era perturbadora, pero sus palabras eran además desalentadoras. —Es por esto que Lokar los echó ¿no es cierto? —habló esta vez solo el rojo, el que correspondía a Wrendax— Porque no sabían cuando detenerse en sus juegos estúpidos.  —Era cuestión de tiempo para que terminaran fuera. —añadió el verde Wrendrax. —No han hecho más que bajar nuestra temperatura, la pelea con los Stax nos había dejado acalorados —sonrió Neurax, y el Hydrax completo se sacudió el resto de la nieve mientras volvía a acercarse. —Ya que tú eres la mente maestra, Zylus... —Rynoh estaba diciendo cuando la tierra entera tembló con las pisadas rápidas del Hydrax, desestabilizándolos. —Maldición, Rynoh ¡No más regaños ahora! —gritó el líder, mientras los jalaba para que empezaran a correr— ¡Vámonos! Bash se deslizó un poco al levantarse, pero pronto los tres estaban corriendo de nuevo. Estaban cansados. No solo por la batalla, sino porque realmente nunca tuvieron tiempo de descansar después de la larga caminata de antes. Esto era excesivo, pronto colapsarían si seguían así. Zylus apretaba los dientes mientras pensaba atropelladamente. Él era el líder, a él le correspondía sacar a sus amigos de esta situación. Era claro que los estúpidos robots psicópatas Hiverax la habían tomado contra ellos, lo mejor era vencerlos de una vez. Pero los X-readers de Rynoh y Bash estaban sobrecargados y encima sin energía. Ni qué decir del suyo, que ya no funcionaba. Corriendo, se adelantó a sus dos compañeros por unos metros mientras seguía barajando sus ideas. Antes, habían funcionado los ataques físicos, con estrategia. Si tan solo pudiera atacarlos de esa forma de nuevo... justo entonces, sus pies patinaron en el hielo, haciéndolo perder el equilibrio al salir deslizado hacia adelante. Se tropezó y cayó hacia adelante, quedando a cuatro patas por unos segundos. Con la respiración agitada y el cansancio a flor de piel, observó el hielo bajo sus manos y el agua oscura que se veía debajo. Y tuvo la idea de su vida.  Miró por encima de su hombro, y vio a Rynoh y a Bash, pero el Hydrax estaba más atrás que se había perdido de vista entre las colinas de nieve. Tenía algo de tiempo, si hacía las cosas rápido. Como pudo, se incorporó y se puso en pie para recibir a sus compañeros que venía llegando a la parte del hielo también.  —¡Alto! ¡Ya sé qué hacer! —alzó la voz y los dos frenaron a trompicones, cayendo Bash cuan largo era al tropezar con Rynoh— ¡Ya sé qué hacer, chicos!  Tras ellos, los Hiverax se acercaban, rabiando de ira. Esto ya no era un reto normal, esto se había vuelto personal en gran medida. En su sala mental, los robots iban planeando los ataques que usarían y se reían de lo imbéciles que eran los Battacor al haberse entrometido en su reto kairu con los Stax. Lokar estaría orgulloso si ellos les quitaban los X-readers robados y encima les daban una paliza. Por eso se estaban tomando su tiempo, para prolongar la satisfacción que todo esto les produciría al concretarse. Mientras tanto, Zylus golpeaba la superficie. Su puño verde era perfecto para eso: un ligero impacto bastaba para generar un daño considerable. Estaba justo en el centro del lago y, si no se equivocaba, las grietas ya se habrían extendido lo suficiente como para que el peso de Hydrax bastara para quebrarlo todo. Rynoh y Bash se habían desviado, regresando por los costados para servir de señuelos. Zylus podía verlos al mirar por encima del hombro. Estaban haciendo un buen trabajo atrayendo al maldito monstruo. En poco tiempo, las pisadas rápidas y poderosas de Hydrax resonaban por todo el lago congelado. Fue entonces cuando Rynoh y Bash aparecieron desde un flanco, patinando y resbalando de forma poco elegante mientras huían a gritos del monstruo. —¡Ahí viene, ahí viene, ahí viene! —chillaba Bash, agitando los brazos como un molino descompuesto— ¡Zylus! —¡Sigan corriendo, latas! —resoplaba Rynoh, jadeando mientras corría a su lado— ¡Justo a donde los queremos! Hydrax no dudó ni un segundo. Al verlos huir, rugió con su triple garganta y se lanzó a la carga, aplastando el hielo con cada paso. No tenía idea de que estaba corriendo directo a una trampa. De pronto, soltó un Dark Earth. La nieve y el hielo se volvieron negros a su paso mientras el monstruo se detenía de golpe. Rynoh y Bash no tuvieron tiempo de reaccionar. El ataque los alcanzó en plena carrera, y quedaron pegados al suelo por una sustancia pegajosa y oscura. Ambos gritaron, forcejeando con la sustancia, pero Hydrax los ignoró por completo. Esta vez, iba por el líder. Cegado por la ira, dio un paso en falso. Sus patas gigantescas patinaron y se cruzaron torpemente al encontrar el hielo agrietado. Zylus se giró justo a tiempo para verlo llegar. —¡Ven aquí, estúpido monstruo! —gritó, y saltó hacia un lado mientras Hydrax pisaba el centro del lago— ¡Ya no son tan valientes en el hielo, ¿verdad, Hiverax?! El crujido fue inmediato. Las grietas que Zylus había provocado se conectaron en una telaraña inmensa bajo los pies del monstruo. Por un segundo, todo quedó en silencio. Pero el monstruo bajó sus tres cabezas al hielo y sus ojos de reptil miraron a Zylus después. Las pupilas verticales dilatándose y achicándose hasta hacerse una delicada línea negra en sus orbitas. —¿Por quién nos tomas, Zylus? ¿Por ignorantes? —sonrió Neurax. —¿De verdad creíste que caeríamos en un truco tan patético? —carcajeó Wrendrax. Zylus trastabilló, perdiendo el equilibrio. Cayó de lado, apoyado en el codo izquierdo. No había tenido en cuenta cuán inteligentes eran esos malditos robots. Maldición. Si tan solo lo hubiera previsto... —Lokar tomó la decisión correcta al expulsarlos. —siseó Fangrax, venenoso. —Serán un error que no volverá a molestarlo. —añadió Neurax, adelantando una de sus patas para romper el hielo frente a él— Le haremos un favor al hundirte en este lago helado. —No más Battacor. —declaró el Hydrax entero, sus tres voces superpuestas, seguidas de una risa suave y perversa. Zylus se incorporó, alzando su X-Reader. Logró ponerse de pie, firme, sin dejarse intimidar ni un milímetro. —¡Eso es de cobardes! —les gritó— ¿Tan difícil es terminar el reto para ustedes? ¡Aún tengo mi X-Reader, idiotas! ¡Sigo en el juego! Y para sorpresa de todos, la pantalla del X-Reader se encendió. Un resplandor azul lo envolvió, su cuerpo vibró como una batería recargada, y una descarga de energía lo sacudió de pies a cabeza. Una sonrisa confiada se dibujó en su rostro y las sonrisas de los Hiverax se desvanecieron. —¡Tomen esto! ¡EARTH QUAKE FINISHER! Con un movimiento envolvente, Zylus invocó un pulso de energía kairu que descendió hacia el interior del hielo. El ataque pasó a través de la superficie sin dañarla y se perdió en las profundidades oscuras. Un segundo después, el hielo estalló en una explosión de agua gélida que los empapó a todos. Un colosal monstruo marino emergió de la nada, algo como una serpiente marina o una gigantesca anguila, atrapando a Hydrax con sus fauces antes de sumergirse de nuevo en un estruendo helado. Zylus se quedó ahí, donde había estado cuando el monstruo apareció. Se pasó la mano por la cara mojada y suspiró. —Eso es lo que opino de nuestro reemplazo, Lokar.
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