Capítulo 2 : La gran revelación
23 de noviembre de 2025, 23:08
Ella llevaba unos minutos despierta cuando la oscuridad a su alrededor pareció apretarse, volverse más pesada. El aire se volvió más frío de la nada y el repentino escalofrío la puso alerta. A solo unos palmos de su rostro, los ojos crueles de Lokar se abrieron paso entre las sombras.
—Tu madre dormía mucho menos —La sonrisa de Lokar era como un corte: delgada, afilada, carente de afecto verdadero—. Tu sangre está tan diluida que tienes poco de mí. Duermes, sientes y piensas como los humanos. Tu padre dejó una huella lamentablemente fuerte en todas tus acciones y necesidades. pero esas marcas en tu piel me confirman que eres de mi estirpe, son inconfundibles. La herencia Kairu no miente.
Era la guarida de Lokar lo que la rodeaba. Ya había estado ahí en otras ocasiones, pero una sola bastaba para que se te quedara grabada en la piel la sensación de su frío. Maya creía que nunca olvidaría el olor de humedad, metal oxidado y desesperanza que se anidaba en esa cueva de serpientes.
—No soy nada tuyo… —murmuró. Su voz sonaba más firme de lo que se sentía.
Lokar entrecerró los ojos y rió entre dientes, casi con ternura burlona.
—Puedes repetirlo cuanto quieras pero la verdad está escrita bajo tu piel. Parte de tu sangre es mía aunque no lo quieras así. —siguió Lokar, aún estudiando a su nieta desde cerca— En cada pulso de Kairu que corre por tus venas. Te guste o no llevas mi legado.
Maya apretó los dientes— Si es un legado de odio y destrucción, puedes quedártelo.
Lokar rió, bajo, como si le divirtiera su desafío.
—Oh, Maya… todo lo que podrías haber sido si te hubieras unido a mí desde el principio. El potencial estaba ahí y puedo asegurarte que sigue ahí. Pero ya no estamos en tiempos de ofrecer elecciones.
Maya, aún tambaleante, frunció el ceño al recordar algo que Rynoh había dicho. Sus palabras no dejaban de martillarle la cabeza: “Lokar ya se cansó de repetir lo mismo. Esta vez no viene a pedirte nada. Esta vez, va a tomar lo que le pertenece y dárselo a alguien que realmente lo merece.”
¿Qué significaba eso?
—¿Qué quieres de mí?
La sonrisa de Lokar se extendió lentamente, como una grieta en un muro antiguo. Sin romper el contacto visual, alzó una de esas manos que siempre ocultaba bajo la capa. Era pálida, nudosa y más grande de lo que parecía, con dedos largos como arañas. Avanzó con ella hacia el rostro de su nieta con una lentitud que helaba.
Apenas rozó las marcas azules de sus mejillas con las yemas, y el frío de ese contacto le atravesó la piel como agujas.
—Quiero tu poder… —susurró, con ternura retorcida.
Maya se apartó de golpe, como si hubiera tocado una brasa. Su aliento se aceleró. Pero Lokar solo rió. Una risa profunda, vieja, proveniente desde algún abismo remoto del que él mismo había salido arrastrándose.
—¿De verdad pensaste que seguiría pidiéndotelo? —murmuró. Ahora su tono era más bajo, más peligroso— ¿Qué seguiría suplicando por lo que me pertenece?
Avanzó un paso, su sombra cubriéndola.
—No, niña. Esto no es una negociación. No más advertencias, no más propuestas generosas. Lo que llevas en tu sangre es mío. Un legado que jamás debió corromperse con humanidad.
Sus ojos brillaron con un fuego turbio.
—Y esta noche… lo voy a arrancar de ti.
Maya retrocedió hasta chocar con la pared, el corazón latiéndole en las sienes. Aquello no podía estar ocurriendo. Era demasiado retorcido, incluso para Lokar. Nunca pidió ese don oscuro, pero la idea de verlo en manos del mismísimo Lokar era peor que cualquier pesadilla.
—Bueno, no precisamente esta noche —interrumpió una voz cargada de sarcasmo desde las sombras—. Y no precisamente usted, si se me permite decirlo, maestro.
Rynoh emergió con paso relajado desde uno de los pasillos, los brazos cruzados y la espalda apoyada en la pared como si estuviera aburrido en una sala de espera. Su sonrisa era una curva apenas contenida, y sus ojos anaranjados, sin pupilas, brillaban como si disfrutara de toda la tensión del momento. Maya se sintió aliviada de que no se encontraba sola con su abuelo. Aunque quien estuviese ahí de más fuese ese chico.
El siseo que salió de la garganta de Lokar fue tan helado que Maya sintió cómo le bajaba la temperatura corporal.
—Maya ¿sabes algo de la raza de Rynoh? —recuperó su voz baja y amenazante.
Ella lo miró de reojo y luego giró hacia el chico, que jugaba con un guante sin apurarse. A decir verdad, no sabía nada sobre él, su planeta de origen o su raza, pero la verdad es que poco o nada le interesaba. Con saber que el chico era de los malos le parecía suficiente.
—¿Por qué no se lo dices tú mismo? —dijo Lokar con sorna.
Él se encogió un poco de hombros, como si estuviera incómodo con el momento, aunque su tono seguía cargado de esa arrogancia de siempre.
—Tsk, está bien. Supongo que el momento de la gran revelación llegó… —alzando un dedo como si estuviera narrando una historia épica, continuó con tono burlón— Podemos absorber energía. No toda, claro. Pero sí la suficiente para hacer cosas bastante impresionantes. Y bastante desagradables, dependiendo del humor del día.
—Recluto a mis estudiantes entre los que tienen el talento apropiado para sentir el kairu y poder movilizarlo al plano fisico. —añadió Lokar con voz gélida, ignorando el sarcasmo de su pupilo—. Los encuentro mentalmente y los atraigo a mi de todos los rincones de la galaxia. Los E-teens que han visto no son ni mucho menos los mejores guerreros que trabajan para mi. Tardé algunos años en darme cuenta pero cuando lo hice, supe que Rynoh era más valioso que cualquiera de los Battacor. No necesita un X-Reader, solo acceso a una fuente de energía.
—O una invitación formal, una cerveza bien fría y un poco de música ambiental —interrumpió Rynoh, chasqueando los dedos—. Pero sí, más o menos.
Maya le clavó la mirada, furiosa.
—¿Es por eso que me trajiste?
Rynoh levantó las cejas como si la pregunta le sorprendiera. Luego se encogió de hombros, despreocupado.
—No, te traje porque me aburría y necesitaba algo más entretenido que Zylus hablando de sí mismo. Pero sí, también por eso.
—¿Tu parte es destruirme? —le escupió ella, con rabia desbordante.
Él la miró, y por un segundo pareció dudar. Luego sonrió de nuevo, con esa arrogancia que lo definía.
—Solo si me dejas sin opciones. Aunque admito que sería bastante épico.
—¡Silencio! —tronó Lokar, con una autoridad que heló la sangre. Ambos adolescentes callaron al instante—. Estás aquí porque Rynoh va a extraer de ti el kairu oscuro que nunca supiste manejar. Me harté de atraer a esta habitación tu indecisión, Maya. De tus negativas, de tus “principios”. Ya no habrá más súplicas… ¡Te arrancaré el potencial oscuro con mis propias manos si es necesario, y se lo daré a quienes realmente lo merecen!
Un sonido sordo retumbó entre las paredes de roca. De las sombras, comenzaron a avanzar otras figuras.
Maya se tensó. No los había notado antes, se sobresaltó al ver qué tan llena estaba la habitación desde un inicio, aunque habían estado ahí desde el inicio.
Zane fue el primero en salir a la luz, su sonrisa torcida más arrogante que nunca. A su lado, Zylus soltó una risa de victoria, mientras Diara caminaba con paso elegante, la barbilla alta, como si todo esto fuese una coronación. Los tres se ubicaron detrás de Rynoh, formando una barrera sólida de amenaza.
Y tras ellos, las sombras se siguieron llenando. Techris y Zair, cruzados de brazos; Koz y Teeny, intercambiando una mirada ansiosa; Bash, el último Battacor, se limitó a observar sin expresión. Hasta los Hiverax aparecieron, mezclándose entre los demás.
Maya tragó en seco, se sintió agobiada. Era demasiada energía oscura junta, demasiadas miradas enemigas clavadas sobre ella. No había forma de salir por la fuerza sin el X-Reader o sin un plan.
Lokar pareció sentirse el presentador de una función perturbadora en la que él era el avasallado y aplaudido.
—Voy a repartir tu kairu oscuro entre los líderes de cada equipo de élite. ¿Qué te parece, Maya? —preguntó con teatralidad—. Un regalo para los que sí saben obedecer. Mis nuevos nietos.