Desarraigo

Het
PG-13
En progreso
6
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planificada Midi, escritos 26 páginas, 12.760 palabras, 7 capítulos
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Capítulo 6: Heridas del pasado

Ajustes
Su abuelo podía ser muchas cosas, pero no era un maltratador, por lo visto. Maya tenía comida, agua, horas de salida y entrada escoltada por alguno de los adolescentes. Pero generalmente, se quedaba en el sitio que Lokar había destinado para ella, donde Rynoh debía ir a visitarla. El hecho era que Rynoh no aparecía. Después de una semana, el chico se materializó delante de ella una tarde en la que estaba recostada contra la pared mirando al vacío. El respingo que dio le valió un par de burlas por parte del chico alto. —¿A quien esperabas, Maya? ¿A ese presumido de Ky? Ella rodó los ojos y se recompuso, volviendo a su dignidad habitual.  ¿Cuántas veces no había soñado con ser rescatada por su rey Kieran en otros momentos? pero ahora solo quería ser salvada aunque fuese por Ky. Incluso ser ayudada por cualquiera de los adolescentes de los e-teens. Lo miró enfurruñada. —Hasta un resfriado sería mejor recibido que tú y tu espantosa fealdad. El chico torció el gesto, pero no dejó de sonreír. Cruzó la habitación y se detuvo frente a ella, en la zona iluminada cerca de la cama improvisada, hecha de cojines y mantas. —Auch —dijo él, sin perder la sonrisa, dejándose caer de espaldas contra la otra pared cercana a ella—. Vine y ya estás lanzando piropos. Qué vergüenza, Maya, controla tus impulsos. Ella iba a protestar, pero entonces sintió que sus ojos se cerraban y, después de unos segundos de sensaciones raras, Maya volvió a ser absorbida por la influencia de Rynoh.

***

La habitación nueva en la que entró Rynoh esta vez era diferente. En busca del kairu, entraba en una u otra habitación mientras Maya intentaba impedírselo. Sin los X-readers para defenderse, Maya tenía que usar su inteligencia y su fuerza bruta para hacer algo practico. Por eso, al entrar en esa habitación, Maya estaba sobre la espalda de Rynoh, forcejeando para cerrarle el cuello en una llave improvisada, mientras él entraba casi sin problema.  Rynoh avanzó aun así, arrastrándola un par de pasos antes de detenerse. En este nuevo lugar, había una serie de mesas y adornos sencillos en las paredes.  —¿Un comedor? —murmuró él, más decepcionado que sorprendido. Con un movimiento bastante simple, Rynoh se deshizo de Maya, haciéndola caer a un lado. Ella gritó al dar con el suelo, pero para su suerte no hubo dolor ni nada. A veces olvidaba que esta especie de refugio espiritual no era real, aunque lo pareciera. —¿Aquí es donde ustedes… —Rynoh ladeó la cabeza, recorriendo el lugar con la mirada— am... desayunan y eso? Maya se incorporó de inmediato, furiosa y frustrada, sacudiéndose un polvo inexistente antes de ponerse en pie. —Como te habrás dado cuenta, aquí tampoco guardo nada —resopló ella, con los dientes apretados—. Deberías darte por vencido ya... Rynoh avanzó sin escucharla por la sala, observando todo con ojos juzgadores. Una mueca de fastidio y repulsión imperó en su rostro por encima del de su habitual altanería. Sus órbitas anaranjadas pasaban de un lado para otro, escaneando cada objeto. —Subestimas mi terquedad, Maya —dijo al fin, con una sonrisa ladeada. Estaba por tomar un recipiente de flores de un mostrador antes de detenerse al ver a la mini Maya aparecer por entre las mesas —Ah. Mira eso… —señaló con la barbilla—. Eres tú otra vez. Maya se fijó también, la pequeña ella andaba por ahí corriendo con una muñequita de trapo en la mano. Tras ella venían dos niños más, Rynoh reconoció al mayor como cierto chico piel verde que todos odiaban. Ahi se dio cuenta de que la expresión hosca la traía de fabrica, incluso de pequeño Zane pasaba enfurruñado todo el tiempo. Unos pasos tras los dos niños, casi escondido en su propia sombra, un Ky infantil, más bajo y más tímido de lo que jamás lo había visto. Los tres iban vestidos como alumnos aún y los tres parecían muy amigos. —Lo que me faltaba, otro patético recuerdo infantil —masculló con desprecio el chico alto mientras alzaba una ceja y resoplaba. Una vena palpitó en la sien de Maya al tiempo que apretaba los dientes y puños. —Por lo menos mi infancia fue buena —casi le gritó, dándole un empujón en un antebrazo—, a ti probablemente te hicieron en una probeta de laboratorio o algo así. Seguro te criaron en una cámara de aislamiento y por eso les saliste defectuoso. Rynoh no se movió ni siquiera un poco con eso, pero respondió regresándole el empujón, haciendo tambalearse a la chica. Maya trastabilló un paso hacia atrás, pero se dio cuenta de que la acción de Rynoh no pretendía lastimarla de verdad, porque si hubiera querido lo habría hecho. —Dices que soy yo el exasperante —él dejó caer las manos a los lados mientras se volteaba hacia ella—, pero es claro que tú nunca creciste tampoco. Mírate ahora y mira a esa niña, siguen siendo igual de obstinadas. La mini Maya parecía mandona, trazando planes para ir a por el objetivo que el maestro Baoddai les había dejado en el entrenamiento. Alzaba las manos y señalaba a ambos chicos para darles ordenes expresas. Zane se irritaba ante esto, trataba de imponerse a ella y le sacaba errores a sus planes todo el tiempo. Pero Ky solo sonreía silencioso y algo retraído y apartado de la conversación. —Estás loca —repetía Zane, cruzado de brazos y sacudiendo la cabeza de cabellos celestes—, es imposible. Te crees mejor que nosotros. Maya se puso en pie en su asiento y colocó ambas manos en la mesa con una determinación que ninguno de los chicos tenía. Sus ojos dorados brillaban con un fulgor casi mágico. —Eres un gallina, que tú no puedas hacerlo no significa que sea imposible. —¿Gallina? —Zane abrió mucho los ojos negros y la fulminó con la mirada mientras imitaba su postura y se ponía en pie en su banca— ¡Hazlo entonces tú sola! Ky y yo te miraremos desde aquí ¿verdad Ky? El chico que los había estado mirando sin intervenir se vio de pronto en apuros.  Maya identificó el sentimiento que la embargaba como ternura. Eso era lo que sentía por sus versiones más pequeñas. Una pequeña Maya, huérfana, marcada por un poder que le dieron desde su concepción, con el deseo de demostrar todo su potencial. Tanta energía y aún mucho qué aprender, le encogían el estómago a Maya de nostalgia y, para qué negarlo, también algo de tristeza. —No deberías estar viendo esto —gruñó, incapaz de sacar a Rynoh de su mente pero aún hambrienta de los recuerdos olvidados—. ¡Deberías largarte de una vez! ¿No entiendes que esto es privado? —Oye —repentinamente una sonrisa de travesura apareció en los rasgos del chico— ¿Crees que si le doy a este pequeño Zane en la cabeza con algo, el de nuestro presente desaparecerá? Maya se dio una palmada en la frente, más cansada que indignada. —No puedo creer lo tonto que eres. —Tú tampoco eres una maravilla, Maya —entrecerró los ojos él, señalando con desgana a la mini Maya—, estás haciendo equilibrio en las patas de ese banco, en cualquier momento te romperás el cuello y con un poco de suerte, tú también desaparecerás del presente. —Estos son re-cu-er-dos —silabeó ella, girándose hacia él con los dientes apretados—. Lo que pasó no se puede alterar ¿lo ves? Maya posó una mano sobre el florero que Rynoh quería tomar antes. Intentó agarrarlo una, dos veces, cerrando los dedos con insistencia, pero su mano solo atravesó el objeto. Parecía como si metiese los dedos entre humo de colores o una proyección de luces. Rynoh la observó intentarlo, primero con interés genuino y luego con una mueca de fastidio. Finalmente, soltó el aire por la nariz y se echó un poco hacia atrás. —Qué lastima —El chico alto suspiró con decepción—. Habría sido muy divertido cobrarme todas las que Zane me ha hecho con su versión vulnerable de nueve años.  —No juzgo a Zane por tomarla contra ti —masculló por lo bajo ella, mirándolo con desdén. Rynoh bufó largo y tendido. —¿Quieres callarte? —la miró de forma acusadora— me estoy perdiendo el chisme, déjame por lo menos ver si logran conseguir el kairu. —Te daré un spoiler —ella rodó los ojos—, no conseguimos nada. Aquí tuve mi primer hueso roto y Ky un esguince que nos incapacitó por unos meses ¿contento? Las cejas del chico alto se alzaron ante la risa que lo invadió de golpe. —Solo me lo imaginé y me hizo mucha gracia —admitió—. ¡Veámoslo! Casi como si hubiera dicho "acción" en un rodaje de una pelicula, ante su grito entusiasta, el pequeño y hosco Zane se hartó de la mini Maya. Cuando la niña lo estaba señalando con un dedo acusador, Zane pateó las patas del banco donde ella estaba. El efecto fue inmediato, el banco se tambaleó peligrosamente hacia adelante y atrás mientras Maya gritaba presa del miedo al no poder mantener el equilibrio. Entonces, Ky quiso hizo su primer acción valiente y la tomó de la mano cuando ella caía hacia atrás. Pero su pequeño acto valeroso se vio recompensado con un tirón fuerte que Maya le dio para tratar de estabilizarse. Ambos se fueron hacia atrás con todo y el banco. La Maya adolescente cerró los ojos y volteó hacia otra parte antes de oir la estruendosa caída. Se acordaba del dolor de cabeza y del codo al dar con el suelo, y de las risas de Zane y su triunfo al haber callado a la pequeña niña escandalosa.  Esperaba oír algo parecido de Rynoh, alguna burla o algún comentario hiriente, por lo que se preparó inconscientemente para responder. Pero al mirarlo, solo vio algo parecido a la consternación en su expresión naranja.   —Pareció doloroso —dijo él al fin, observando a los niños en el suelo. Luego, con un gesto rápido y casi involuntario, echó un vistazo al brazo de la Maya del presente. Al comprobar que estaba ileso, ladeó la cabeza—. ¿Cuánto… cuánto tardaste en sanar? Maya se quedó de piedra un segundo, esperaba de todo menos eso. Rynoh no la miraba, sino a la pequeña Maya incorporándose con lágrimas de dolor en los ojos, sosteniendo su pequeño codo con la otra mano.  —Por eso este recuerdo es importante... supongo —dijo ella, un poco más calmada, o mejor dicho confundida, por la inesperada reacción de Rynoh—. Sigue mirando. Zane, consciente de lo que había hecho, no se arrepentía. Se reía de ambos y los señalaba con tremenda diversión. Ky tenía un chichón en la frente y una hinchazón incipiente en el tobillo con el que aterrizó.  Ky estaba dolorido, pero dejó de quejarse cuando vio a Maya llorando. —No pasa nada —mintió él, tratando de sonreír—. Solo… solo dolió un poco. Maya negó con la cabeza, las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas, dejando rastros plateados sobre las marcas azules de su rostro. —Siempre hace lo mismo —susurró—. Siempre gana. —Miren a la gallina, llorando como una cobarde —se burló Zane desde su posición aún sobre el banco. El estruendo atrajo al maestro Boaddai, que se veía aún bastante joven que en el presente, pero algo más cansado. El maestro estaba por entrar cuando Maya se puso en pie de un salto. De su sombra empezó a surgir una voluta de energía oscura, el kairu oscuro se alzó y golpeó con fuerza a Zane, lanzándolo de su banco y estampándolo contra la pared de golpe. El esfuerzo fue demasiado para la niña, que se derrumbó hacia atrás, a tiempo para que Ky la atrapase e impidiese que se hiriese más. Solo entonces entró el maestro a la sala para arrodillarse primero al lado de los niños. Con paternal ternura tomó en brazos a la niña y se detuvo a mirar al pequeño Ky y al Zane inconsciente. —¿Maestro, qué fue lo que pasó? —murmuró Ky, aturdido y asustado— ¿Qué le hizo y porqué ella también se desmayó? —Después contestaremos todas esas preguntas, pequeño Stax —lo apaciguó Baoddai con un gesto suave—. Lleva a Zane a la enfermería y trata de reconciliarte con él. —¡Pero él nos lastimó! —protestó el pequeño. —Pero ustedes tres son amigos, Ky —le recordó el maestro—, y son un equipo. En batalla se tendrán solo ustedes tres, un error como este no puede destruir su amistad. Ky asintió, aún molesto, sin comprender pero con obediencia. Fue hacia el niño de piel verde, tomándolo del brazo para ayudarlo a levantarse y llevarlo a la enfermería. Cuando ambos desaparecieron, Baoddai miró a la pequeña niña en sus brazos con marcada preocupación. Antes de irse también, el maestro volteó hacia la pared donde Zane había aterrizado. Una grieta marcaba el lugar. El recuerdo se desvaneció como lo había hecho el primero, de pronto Rynoh y Maya estaban solos en la habitación.

***

Maya cayó de nuevo, esta vez el dolor fue muy real. Se quedó unos segundos con la sensación de confusión que estos viajes traían, mirando el suelo de asfalto en el que caían sus gotas de sudor. Estaba a gatas, apoyada en las manos, el frío del piso en sus palmas le hacía sentir ardor en los nervios, pero le confirmó que habían salido de su refugio mental o espiritual. Rynoh, una vez más, estaba sentado más allá, con expresión cansada, jadeando y sudando como ella.  —¿Porqué lo haces tan difícil? —le regañó él, apenas con un hilo de voz— luchas tanto que no me dejas hacer mi trabajo... Maya supo que lo que el chico decía era cierto. Maya había intentando sacar a Rynoh de su mente en todo momento, y casi lo había conseguido. Aunque en apariencia no lo hubiese demostrado dentro de el refugio espiritual.  —No dejaré que lo consigas —siseó ella, impertérrita, con la mirada aguda y rencorosa—. No descansaré... —¡Pues yo tampoco! —contraatacó él, poniéndose en pie demasiado rápido. Se desplomó de lado como un saco de papas. Maya abrió grandes los ojos al ver a Rynoh más pálido de lo normal. El chico quedó semi recostado de lado, apoyado en un codo, con la frente contra el suelo. El desgaste energético había sido brutal, el chico parecía grave aunque siguiera resistiéndose. —Terminarás matándote antes —sentenció Maya, ocultando la preocupación que se disparó en su interior al verlo tan mal—. ¿No ves que esto es innecesario? Solo puedes acceder a una habitación a la vez y nunca sin mi ayuda. Hay más de veinte habitaciones en el monasterio, sin contar los claustros y jardines... ¿piensas que sobrevivirás a todas? Rynoh consiguió levantarse, manteniendo los ojos cerrados porque el mundo giraba demasiado para su gusto si los mantenía abiertos. Maya observó cómo el profundo anaranjado de sus orbes sin pupila palidecía hasta un amarillo cenizo al separar los párpados. No obstante, la misma determinación seguía en él al devolverle la mirada. —Veremos quien de los dos sobrevive al último, Maya.
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