Capítulo 7: Error heredado
22 de enero de 2026, 12:23
La oscuridad era casi total en la sala del despacho de Lokar. Siempre se mantenía así, Rynoh lo consideraba normal, pero con el dolor de cabeza que tenía la única luz dentro del centro de esa sala le pareció insufrible. Se cubrió los ojos con una mano antes de hincar una rodilla al suelo para presentar sus respetos a su maestro.
—Tu padre y tú son más parecidos de lo que crees —empezó Lokar, mirando desde su trono al adolescente—, ambos son incompetentes.
Rynoh alzó la vista con sorpresa y luego con dolor la volvió a bajar, sumiso.
—No soy mi padre —murmuró, casi sin darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.
No sabía mucho de su padre, más que el hecho de que era un guerrero kairu de Lokar, que era poderoso, no solo por su manejo con la energía. Fue un lord muy temido en su mundo y su maldad se contaba en leyendas.
También sabía que había desarraigado hasta la muerte a la madre de Maya.
—Maestro, la chica sigue resistiéndose —intentó justificarse apresuradamente—, No es por falta de esfuerzo. He… he entrado varias veces, he forzado puertas, recuerdos… ¡no es fácil!
—¡Silencio! —de un plumazo, Lokar cortó todo su repertorio y Rynoh no tuvo más remedio que tragarse palabra por palabra— solo la has visitado dos veces, mediocre. Piensas que puedes engañarme, pero mis ojos están en cada sombra. Lo estuvieron antes, cuando tu padre y mi hija estaban juntos en esa misma celda. Mi poder ahora es mayor.
Una mano se cerró en la garganta del chico. Fue tan repentino que Rynoh ahogó un grito por la fuerte presión. Él llevó ambas manos hacia su agresor, para intentar destrabar sus dedos de su cuello, pero le fue imposible. Lo obligó a echar hacia atrás la cabeza para mirar a su señor.
No era justo. Rynoh no había hecho nada malo, él no era su padre. No había cometido sus errores.
Lokar sonreía con una crueldad imponente y sanguinaria.
—Mis manos también están en las sombras —al decir esto, Rynoh bajó la vista todo lo que pudo, y vio que lo que lo sostenía era la misma oscuridad de la sala que se había vuelto corpórea—, si no veo que cumples con el propósito que te he dado...
El agarre se intensificó, Rynoh se dio cuenta de que sus pies ya no tocaban el suelo. La mano lo sujetaba con fuerza y la falta de aire le quemaba los pulmones. Boqueó con angustia intentando inhalar de nuevo, con desesperación jadeó una disculpa estrangulada.
—Maes... maestro... —suplicó entre jadeos— lo haré... se... se lo aseguro... solo necesito... necesito... más tiempo... Puedo hacerlo... Sé que puedo...
La mano lo soltó y Rynoh calló de rodillas en el suelo con un golpe patético. El aire regresó a sus pulmones mientras él inhalaba y exhalaba entre toses desesperadas. Se llevó las manos a la garganta, podía sentir aún cada dedo presionando la piel magullada como un tatuaje de sombras.
—Siempre has sido débil e inmaduro —Lokar lo contempló con gran desaprobación desde arriba—, tiempo es lo que te daré. Pero no demasiado. Tu padre me dio excusas parecidas a las tuyas, pero simplemente se trataba de su propia debilidad. Tenía que imponerse, buscar con mayor fuerza, violencia incluso. Mi kairu está en Maya, yo lo sé, es mi sangre la que le ha dado ese potencial oscuro. Y debe regresar a mi, Rynoh... ¿lo has entendido?
La misma mano de sombras tomó por el cabello al chico, obligándolo nuevamente a alzar el rostro a Lokar. Sus ojos, que siempre eran naranjas, ahora habían vuelto a ser amarillos. La palidez que evidenciaba que algo malo ocurría en él.
—¿Entendido?
—Si... maestro... —suspiró por fin, cansado y resignado.
Las sombras lo soltaron con violencia y Rynoh se vio libre de nuevo para irse. Sabía que cuando el maestro estaba en silencio la conversación había terminado. Por lo mismo, con dificultad se puso en pie para salir, humillado y dolorido.
Cuando llegó a su cuarto compartido con sus compañeros, estos no le prestaron atención. Pero Rynoh sabía que había cierta suspicacia en sus miradas. Ni a Bash ni a Zylus les gustaba que ahora él fuese más importante que ellos. Pero a Rynoh no le importaba, solo le importaba darle a Lokar lo que quería.
Las marcas naranjas de dedos en su garganta le demostraban que no solo tenía que hacerlo, sino que necesitaba, por todos los medios, desarraigar a Maya.
Había estado siendo muy suave con la chica porque en el fondo le daba lástima tener que quitarle su kairu. Si a él le robaran el kairu, no sabría nunca qué hacer o cómo sentirse. Además, cierta empatía había florecido en él por Maya. Verla de niña, encontrar cosas en común, verla herirse y luego demostrar de lo que era capaz... no dejaban indiferente a cualquiera.
Pero eso no evitaría que Rynoh cumpliese el objetivo de Lokar. Tenía que arrancarle el kairu, el potencial oscuro. Debía encontrarlo y llevárselo, no importando qué tanto le costase.
Desde su primer encuentro en le refugio espiritual de Maya, Rynoh se dio cuenta de muchas cosas de la chica. Desde el hecho de que su hogar era su lugar seguro, hasta que valoraba mucho su relación con sus amigos y maestro. Esas cosas le irritaban a Rynoh, porque eran diferentes a él y lo hacían sentir menos.
Él, por supuesto, no valoraba a Zylus y Bash como se veía que Maya hacía con Boomer y Ky. La relación que había, paternal y amorosa, entre ella y Baoddai era muy real, muy estrecha. Nada que ver con la relación de esclavo y maestro de Lokar y cualquiera de sus alumnos.
Por eso, poner todo eso en perspectiva, era lo que más le molestaba a Rynoh.
Con fuerza, alzó el cuello de su chaqueta para cubrir las marcas. Sus ojos volvían a ser anaranjado profundo al igual que los moretones. Mientras estuviera bien él, no importaría que Maya muriese.
Había sido demasiado bueno con ella. Le había dado su espacio por varios días mientras pensaba cómo abordarla la siguiente vez. Y mientras él mismo se recuperaba, había que decirlo. La idea de regresar con mayor fuerza lo había ilusionado en algún sentido, pero realmente solo consiguió que Maya se preparase para resistir lo más posible.
La pequeña Maya de cinco y nueve años era en esencia, idéntica a su versión adolescente. Salvo por la sabiduría y control que la Maya actual presentaba, la misma determinación anidaba en ella siempre.
Hasta alguien como Rynoh se daba cuenta de que destruir eso era un delito. Casi un sacrilegio.
Aunque ni en medio la de tortura lo admitiesen, todos los E-teens de Lokar admiraban a Maya y la envidiaban. Todos querían ese poder, ese control, esa sabiduría y esa confianza. Y cuando se le dio a Rynoh la oportunidad de desarraigarla, él se sintió altamente importante y poderoso. No se había dado cuenta de hasta qué punto iba a ser dificil.
Se desplomó en su camastro, ignorando las preguntas tontas de sus compañeros y simplemente dejándose llevar por en inmenso cansancio. El desgaste fisico, mental y de energía era tremendo.
A decir verdad, no sabía cómo iba a resistir. El desarraigo podía de verdad matarlos a ambos.