Capítulo 8: Muros de plomo
13 de marzo de 2026, 16:22
Fue una tarde cuando se despertó en una habitación diferente, que Maya entendió que le habían puesto algo a su comida. La cena tuvo que tener algo que la durmió lo suficiente como para no darse cuenta de que la cambiaron de lugar. Las paredes de piedra fría y gris dieron paso a unas de metal platinado que ella no había visto nunca. Aunque había una ventana en lo alto de una de las paredes, la luz era casi inexistente.
Por la misma posición de esa ventana, casi al ras del techo, Maya dedujo que se encontraba en un sótano. No era demasiado bajo, pero seguro que tampoco era fácil de escapar de él. Estaría aún en la guarida de Lokar? ¿Estaría siquiera en el mismo continente helado? No había forma de saberlo a menos que alguien se lo dijese.
Un rápido vistazo más atento le reveló que esa ventana era la única salida. No había puertas de ningún tipo, las paredes estaban vacías al completo de cualquier tipo de picaporte o acceso. Eso produjo una sensación inmediata de claustrofobia en Maya suficiente como para que su respiración se agitara y la frente se le perlara en sudor. ¿Cómo hicieron para meterla ahí? ¿Lo habrían construido a su alrededor?
Maya había pasado muchas horas en la biblioteca del monasterio y había encontrado historias de hacía mucho tiempo, horribles y traumáticas, sobre emparedamientos. En esos registros históricos las personas eran condenadas a morir entre las paredes de una habitación sin salida que construían a su alrededor.
Maya tragó en seco.
Se llevó las manos a las sienes y cubrió sus ojos por unos segundos. "De toda circunstancia hay salida..." pensó, concentrándose en esas palabras, "No importa qué tan difícil se vea, es más que seguro que debe haber una salida a una situación como esta..."
No llevaba ni dos segundos así, cuando un sonido zumbante la puso en alerta. Maya se descubrió la vista para escanear la habitación, en busca del causante del sonido. De pronto, de una esquina de la habitación, unas luces oscuras, como destellos morados de vacío, llamaron la atención de la chica. Al instante desaparecieron por completo y en su lugar apareció el último chico al que ella hubiera querido ver.
—Me gustaba más la otra celda.
Una sonrisa socarrona se extendió por el rostro pálido de Rynoh.
—¿Y quién te ha dicho que esto es una celda? —tomó asiento en una esquina, sobre un pequeño banco de madera— Estás en la mejor habitación de toda la fortaleza, hasta tiene ventana. Deberías ver el armario donde dormimos nosotros ahora, no hay espacio ni para estirarse apropiadamente. Así que no me vengas con críticas, el maestro ha hecho esto por ti de nuevo, ya podrías ser un poco más agradecida.
Maya alzó una ceja, irritada.
—¿Es una nueva fortaleza? ¿Tan peligrosa soy como para que ustedes tengan que buscarse otra grieta en la qué atrincherarme?
Él soltó una risa falsa.
—¿Peligrosa tú? —bufó—. Si fueras tan peligrosa no estarías aquí sentada. Dices muchas tonterías. Seguimos en la torre, solo que te hemos trasladado a otra parte con mayor control —Se puso en pie y se acercó a las paredes, con un puño ladeado golpeó un par de veces haciendo resonar el metal—. Hay un par de capas de plomo en estos muros, además de runas y otras cosas espirituales. Lokar ha sentido la mirada astral de tu maestro, y solo así pudimos aislarte por completo de su alcance.
La mención del maestro Boaddai hizo saltar el corazón de la chica en su pecho. La persona que la había criado y adoptado, quien había sido más abuelo suyo que el biológico, la buscaba. Si Lokar se había sentido en la obligación de trasladar a Maya a esa cueva de ratas, significaba que el maestro estaba cerca. O lo estuvo...
La sola idea de que su abuelo espiritual la estuviera buscando junto a sus amigos, ya hizo bastante al aflojar el nudo que oprimía su garganta. Solo así logró respirar mejor, al darse cuenta de que seguía habiendo esperanza.
—Además —continuó hablando ese chico raro frente a ella, cruzado de brazos—, no veo que te hayas quejado tampoco de haber dormido tan bien. ¿Sabes que el maestro quería que te amordazáramos y trajésemos hasta aquí aunque fuera jalándote del cabello? Al menos no te arrastramos por el suelo. Yo dije que no hacía falta. Bueno… no exactamente así, pero… ya me entiendes.
—Y supongo que fue tu brillante idea sedarme ¿no? —Maya bajó ligeramente el mentón, con la mirada fija y amenazante. No soportaba a Rynoh, mucho menos ahora.
Los ojos anaranjados titilaron levemente antes de que una media sonrisa se perfilara en su rostro.
—Bueno ¿Qué me dices de tres días ininterrumpidos de sueño? ¿no es mejor que una mordaza y cuerdas en las muñecas?
La mandíbula se le pudo haber caído al suelo, de no haber estado bien sujeta a su rostro. Se quedó boquiabierta un segundo antes de tratar de disimular, pero no fue lo suficientemente rápida. Rynoh cazó al vuelo esa reacción y no perdió la oportunidad de mofarse de ello.
—Ah, si... tres días enteros, por cierto. Nada mal para alguien como tú, Maya —le sonrió con sorna y una marcada señal de burla—. Creo que de ahora en delante podremos llamarte la bella durmiente. Solo te hace falta lo de bella, por supuesto.
Maya cerró la boca lentamente y recuperó la compostura.
—¿Tres días? —repitió con frialdad—. Vaya… parece que tu maestro estaba más preocupado de lo que quiere admitir.
—Yo no diría que preocupado, pero...
—¿Sabes qué? —le cortó con una movimiento rápido, apartando la mirada, ofendida— me cansa oírte hablar sin sentido. ¿Porqué no haces lo que debes hacer ya?
Él resopló con dramatismo, negando suavemente.
—De verdad que eres super aburrida —se levantó con pereza y extrajo de su bolsillo el pergamino estrujado y arrugado—, le quitas lo divertido a la vida. Ya veo porqué no tienes más amigos que aquellos dos idiotas.
—¡Hey! —Maya apretó entre sus manos la tela de sus jeans, su mirada se endureció— No te permito que hables de mis amigos. ¿Cuántas veces han pateado tu trasero, Rynoh?
—Ahora eres tú la que me estás cansando —suspiró el chico, sus ojos anaranjados sin pupila seguían en el pergamino, forzándose a entender—, ¿Te han hablado alguna vez del concepto de cerrar el pico? porque parece que no. Voy paso a paso, hay cosas que aún no capto de esto... Ay, esto... está dificil... Bueno, ¿Qué más da?
Maya no había sentido curiosidad hasta ahora por lo que sea que dijera el pergamino. Cuando Rynoh se acercó a la luz de la ventana para ver mejor, parte de lo escrito se transparentó al otro lado del papel, haciendo visibles algunos de los garabatos.
—¿Qué son? ¿líneas y circulos? —murmuró ella, con cierto desprecio.
El chico apartó el pergamino, aplastándolo contra su pecho con cierta urgencia. En sus ojos abiertos se mostró cierto pánico.
—¿No te han enseñado que espiar es de mala educación?
—¿Son las notas de tu padre? —quiso saber ella, aún atenta a lo que se transparentaba a la luz— ¿Lo que ayudó a desarraigar a mi... a mi madre?
Por un momento Rynoh no dijo nada, pero no pudo ocultar que había escuchado, el temblor de sus manos y un incremento en el parpadeo que antes no tenía, lo delataban al completo. Aún así, frunció levemente el ceño, buscando concentrarse más antes de volver, por enésima vez, a frustrarse y a meter de nuevo el pergamino en su bolsillo.
—Si esto funciona, talvez pueda enviarte al sitio donde están los dos. Podrías preguntarles de mi parte.
En el chispazo de luz y cierto dolor, Maya se quedó con el pensamiento penetrante de la verdad. La verdad que ella necesitaba: su madre y el padre de Rynoh compartieron el mismo destino. Y muy probablemente, ella y el mismo Rynoh terminarían en el mismo sitio en breve.