Desarraigo

Het
PG-13
En progreso
6
Fandom:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 47 páginas, 21.280 palabras, 13 capítulos
Descripción:
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Capítulo 10: El borde del risco

Ajustes
Maya no recordaba haber gritado aquel día, por eso cuando escuchó ese pequeño alarido de su yo más pequeña sintió un tirón fuerte en el estómago. Se quedó paralizada ahí observando el polvo moverse en el aire y al pequeño Zane caer de rodillas por el esfuerzo prolongado. La Maya actual y Rynoh, que habían permanecido aparte, se movieron por instinto para ver por el borde. Bueno, en realidad fue Rynoh el que se movió y arrastró a Maya con él para saciar su curiosidad. Por el borde, a pocos metros de la caída libre, Ky sostenía por una mano a Boomer y este a Maya por un pie. De los tres niños, el moreno ya no estaba y el pelirrojo tenía un corte en la sien mientras que la pelinegra tenía raspones en brazos y piernas. Ambos eran sostenidos por Maya, que tenía ambas manos ocupadas. Rynoh no dijo nada, sus ojos anaranjados habían seguido la caída de los niños mientras el silencio se volvía pesado. Pero ahora parecía igual de inquieto que Ky, por mantenerse sosteniendo a todos. Ky estaba usando el kairu control, para mantener a todos en esa pausa de la caída. —No puedo aguantar más —gruñó en un jadeo—, los que puedan suban trepando. Boomer quiso levantar a Maya pero los brazos le temblaron. —Maya ¿estás bien? —¡Si! ¡Si, estoy bien! —sollozó ella—, ¡Pero Tarek ha caído, o no sé donde está! ¡Y Silenz está inconsciente y Malorm no contesta cuando le hablo! ¡Necesitamos ayuda, chicos! ¡¡Ahora!! —Tranquila, Maya, saldremos de aquí —dijo Ky, más para tratar de calmarse a si mismo—. Malorm debe estar en shock ¿recuerdas que leímos sobre eso en la biblioteca? —También recuerdo haber leído sobre caídas libres —comentó Boomer con desgana— y no creas que es de mucha ayuda recordar las consecuencias. —Necesitamos un plan, chicos —sollozó la pequeña Maya—, ahora no me siento tan poderosa. Ella seguía llamando a gritos a los dos niños que sostenía, que aunque eran menores pesaban demasiado. Sentía que no iba a poder seguir así, a pesar del entrenamiento que los mantenía fuertes, ella no lo era demasiado. —¡Pronto, Ky! ¡Los soltaré en cualquier momento! —Tranquila, Maya, tranquila —intentó Boomer—, vamos a pensar con claridad ahora... vamos a ... Dios... ¿Zane sigue allá arriba, Ky? —No lo sé, no lo veo desde aquí. —Maldición... —masculló Boomer, pensando atropelladamente. Entonces recordó el comunicador de la muñeca. Era el brazo que Ky le sostenía, así que fue dificil hablar a gritos por el comunicador— ¡Maestro Baoddai! ¡Estamos en el risco, nos caímos por el borde! ¡Necesitamos ayuda! Pero nadie contestó. El comunicador solo funcionaba cuando se presionaba un botón para encender la línea de comunicación. —¡Maldición! —gimió con voz lastimera— ¿Maya, sigues ahí? A la chica le dolían todos los músculos, se notaba por la forma en la que le temblaban los brazos. Las manos estaban blancas del esfuerzo y el sudor le corría a mares al igual que las lágrimas. —¿Quiénes son estos niños —intervino en un murmullo Rynoh—, no los conozco? A Maya se le había olvidado que él estaba ahí al lado de ella. Por un momento se había limitado a vivir el recuerdo a todos colores mientras sufría con su versión más pequeña. Podía ser que hubiera pasado el tiempo, pero Maya solo tuvo que buscar un momento en las profundidades de su mente para encontrar los nombre correctos. —Eran el Equipo Kryos —el recuerdo le supo amargo, doloroso y dificil de tragar, pero se obligó a continuar—. El mayor que cayó al fondo del risco, de piel morena y cabello largo que parecía el líder se llamaba Tarek. El pelirrojo de la trenza es Malorm. Y... y la niña pelinegra de ojos verdes, la autentica líder, era Silenz. —¿Era? —preguntó Rynoh, volteando a mirar a Maya con sorpresa reflejada en sus ojos sin pupila, sorprendentemente abiertos. —Vámonos —respondió Maya, tironeando de nuevo. —Espera, quiero saber cómo saliste de esta situación. Aunque volvía a estar la ausencia de burla o de sarcasmo, Maya tomó ese comentario con ira. —¿No entiendes que es doloroso para mi? —su puño se movió por instinto y golpeó con fuerza en el hombro de Rynoh— ¡Eres igual que Lokar, cruel y sin más corazón que alma! Entonces un segundo grito rasgó el aire, era suyo, de la garganta de su yo más joven. Maya no tuve necesidad de ver para saber que se le había caído la pequeña pelinegra. Las manos le habían cedido después de varios minutos y no pudo sostenerla por más tiempo. Lo recordaba tal como ese día, el trauma seguía nítido en su mente. Solo entonces Rynoh consintió en que se alejaran del borde y regresaran a terreno seguro más allá. Dejando atrás a Zane, que se había desmayado en su posición. Ambos vieron al maestro Atoch y a Baoddai venir corriendo hasta el borde por fin. Pero se alejaron definitivamente antes de que ocurriera el rescate. Maya no pudo más. Se dejó caer sobre el suelo de piedra para dejarse llevar por el dolor. Sus lágrimas eran muchas, su dolor también lo era. No supo exactamente cuando fue que regresó a la realidad y las cuatro paredes de piedra gris de su celda la volvieron a encontrar. Solo supo que de pronto Rynoh estaba a su lado, sin decir nada, solo acompañándola. —Solo éramos niños... —sollozó ella, con más suavidad pero igual dolor— no sabíamos que a veces las cosas si puede acabar mal... Maya se había quedado de rodillas en el suelo, con el rostro entre las manos mientras lloraba a mares sin ningún reparo. Todo en ella se había quebrado en ese momento, todo hasta la más mínima barrera y ahora solo lloraba por sentirse culpable. Ella había roto las reglas primero y las consecuencias vinieron una a una. Era su culpa por no haber resistido más. Rynoh volvió a quedarse callado, solo la escuchó con atención. Parte de su mutismo se debía al dreno de energía que representaba penetrar en el refugio mental ajeno. Pero una buena parte era a causa del recuerdo del risco. Ahora, una vez más, veía a Maya de una forma diferente. Parecía que con cada recuerdo se despertaba una faceta nueva que le era imposible mantener donde estaba. Y cada nuevo aspecto que iba descubriendo le hacia acercarse más a la joven guerrera que tenía al lado, muy a su pesar. —¿Qué fue de Malorm? —preguntó por fin, después de varios minutos de silencio. Maya se había quedado sin lágrimas para ese momento, pero no vacía de culpa ni tristeza. —Era hermano de Silenz —la voz le salió ronca y anodina, rasposa como papel de lija—, su perdida lo marcó por mucho tiempo. Se pasó al lado oscuro por un tiempo, pero no estuvo con Lokar, sino con otro guerrero kairu oscuro. Luego... creo recordar que recapacitó, solo con sus pensamientos. Aún no nos perdona. Sigue entrenando con el maestro Atoch, pero ya no sale a misiones. Es... inestable... —No fue tu culpa. Se incorporó para quedarse sentada en el suelo. Lo miró directo a los ojos y vio sinceridad en él. De alguna forma, esto no era una burla más o una pulla con la qué molestarla. Lo decía de verdad. —¿Eso piensas? Rynoh desvió la vista, sintiéndose inmerecedor de saber lo que ahora sabía. —No fue tu culpa... Zane hizo la mayor parte. Me sorprende que no lo hubieran expulsado ahí mismo. —El maestro Atoch conocía a sus alumnos —dijo ella, sin pensarlo mucho—, los tres eran chicos problemáticos. Él sabía que lo que pasó fue producido más que nada por ellos, pero... si hubiera podido sostenerlos un poco más... —Tenías menos de doce —le recordó él, sin dureza, con un tono que ella nunca le había escuchado. Con la mirada perdida en la piedra gris bajo su cuerpo, fría como la soledad que sentía y el abandono, se abrazó a si misma con suavidad. —Algunos recuerdos son dolorosos, Rynoh... —volvió a hablar, esta vez con una renovada dureza en la voz y una mirada afilada dirigida al chico— ¿Ahora ves porqué no quiero enseñarte todo? El chico de ojos anaranjados no asintió, no dijo nada, solo la miró con atención por unos instantes manteniendo ese contacto visual. Luego, de la nada, luces oscuras lo rodearon y un momento después Rynoh ya no estaba. La habitación oscura se quedó vacía y Maya lanzó un suspiro, tanto de alivio como de dolor. Había cosas que nunca se superarían. Cosas que la perseguirían el resto de sus días. Cosas que nunca hablaba con nadie y que buscaba desesperadamente olvidar. No había tratado el tema con Ky ni con Boomer nunca después de eso, así que, a pesar de todo, sintió con si fuera un chivo expiatorio habérselo mostrado a Rynoh. Se sintió comprendida aunque el chico no hubiera dicho nada. La hizo sentirse menos mal que alguien supiera su pecado y no la juzgara.
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