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Sonidos amortiguados de pasos fuera de su ventana la despertaron. Al principio los tomó por gotas de lluvia, pero en seguida entendió que el sonido crujía más que un goteo. Eran pies rápidos, pesados, sobre la nieve. Así fue como entendió que se encontraba más cerca de la superficie de lo que pensaba, cuando al mirar hacia arriba pudo percibir la sombra de alguien pasando al lado del cristal. A pesar de lo alto que se encontraba la ventana, Maya pudo ver a la perfección que era una persona la que había pasado por ahí. Su primer instinto fue el de gritar, pero se detuvo a tiempo. ¿Qué ganaba con hacer escándalo? seguro que una reprimenda, un castigo o que la desarraigaran más rápido. Pensar en todo ese asunto le trajo un amargo ardor en el estómago, como cuando se pasa hambre por mucho tiempo y el estómago se reciente de cualquier cosa. A decir verdad, desde que supo que manipulaban su comida con drogas, ya no quería seguir consumiendo nada de lo que le dieran. No es que fueran demasiado apetitosas esas comidas, pero era mejor que nada. A su derecha, en el suelo, había un plato con algo de comer indefinido, pero Maya no lo había tocado desde la mañana. El recuerdo del risco le supo mal, lo había enterrado muy abajo de todo, Ky y Boomer le habían ayudado a sobrellevarlo por mucho tiempo. Ahora, sin ellos, afrontar cosas como la culpa y la tristeza eran más difíciles ahora que antes. De ahí, supuso, que venía esa sensación de no querer levantarse en lo absoluto. Aunque también pudo ser el hecho de que se quedó dormida la noche anterior llorando y eso siempre afectaba sus nervios y su estado anímico. Igual no descartaba las sesiones de desarraigo de Rynoh, cuando aparecía era para dejarla agotada tanto mental como fisicamente. Justo estaba pensando en como odiaba a ese chico, tirada sobre el suelo de piedra con esa ridícula manta encima, cuando unos brillos oscuros se perfilaron en una esquina de la habitación. Maya decidió que no iba a moverse desde antes de ver a Rynoh, por lo que cuando él dejó la bolsa en el suelo y tomó el plato, ella siguió fingiendo que no existía. Pero su curiosidad se alertó levemente, lo suficiente como para que al irse el chico alto, ella se incorporase para mirar. Era una bolsa de tela normal, sin mucho chiste. Pero parecía llena, o eso le pareció a Maya. Con cautela se incorporó para acercarse al bulto, lo desenrolló sin problemas y miró en su interior con el mismo cuidado. Alzó las cejas brevemente y luego volteó a ver al sitio vacío por donde se había ido Rynoh. ¿Cómo debía interpretar esto? dentro habían libros.Capítulo 11: La bolsa en la celda
15 de marzo de 2026, 19:08
La ventana estaba semiabierta cuando llegó, por lo que solo tuvo que empujar levemente para abrirla y pasar adentro. El viento helado se coló tras él antes de que pudiera cerrarla del todo, pero no apagó la vela. La habitación, como todo al rededor estaba a oscuras, pero la luz que había dejado en una esquina lo había guiado desde afuera hacia la única ventana abierta en toda la fortaleza. Como un faro diminuto entre la nieve.
Bash sacudió su impermeable con torpeza, se quitó la nieve que sobraba antes de volverse para cerrar la ventana. Estaba casi seguro de que todo había salido bien hasta que una mano lo tocó por la espalda.
—Tienes suerte de que no sea Lokar —dijo una voz baja a su espalda—, porque ahora mismo te fundiría contra esa pared.
Bash dio un respingo que casi lo hace soltar la bolsa. Se dio la vuelta, quitándose de encima la mano de Rynoh con fastidio.
—Me asustaste, imbécil... —le gruñó, sin sonreír pero tampoco auténticamente molesto— pensé que estarías vigilando que nadie anduviera por el pasillo.
Rynoh se llevó un dedo a los labios y le chistó entre dientes.
—Cállate, nos oirán ¿Porqué crees que estoy aquí? —se encogió de hombros, acercándose para ver lo que el rubio traía en su bolsa— ¿Lo conseguiste?
Bash se cruzó de brazos, escondiendo la bolsa entre sus manazas.
—Tres grandes y es tuyo.
—¿Tres? —Rynoh alzó las cejas— acordamos una.
—El trato cambió —replicó Bash, muy serio—. No me dijiste que habrían arañas ahí.
—¿Arañas? —soltó una risa nasal— ¿le temes a bichos de ocho patas, grandote? déjate de tonterías, dijiste una.
—Había arañas enormes, Rynoh. ¡Enormes! —reiteró él, sin ceder ni un ápice. Mostró con los dedos separados el tamaño—. De esas que te miran como si quisieran saltarte a la cara. El peligro bien valdría tres.
Rynoh no parecía impresionado.
—Seguro que sí —se cruzó de brazos él mismo, aburrido de pronto de esa charla infructuosa— ¿esa es tu brillante excusa?
El rubio pensó durante un segundo y luego encontró algo más qué decir.
—Además, tuve que pasar por la vieja despensa —continuó, orgulloso de sí mismo— y nadie entra ahí. ¡Afloja, rápido! puedo arrepentirme y regresar esto donde lo encontré.
Rynoh soltó un gruñido mezcla de fastidio y resignación mientras rebuscaba en su propio bolsillo. Extrajo tres paquetitos de snacks arrugados y se los pasó al grandote. Bash los tomó de buena gana y le lanzó sin contemplaciones su bolsa. Rynoh lo pescó al vuelo, aún con el gesto enfurruñado por la alegría victoriosa de Bash, y echó un vistazo al botín.
—Bien... esto puede que sea suficiente... por ahora.
Bash abrió una de las bolsas de inmediato, como si temiera que Rynoh cambiara de opinión. Se metió un puñado en la boca y habló mientras masticaba dijo:
—Un gracias también hubiera funcionado.
—Regresa al armario que nos dieron y no molestes —le gruñó él, sin levantar la vista del botín—, pero no digas nada de esto a Zylus o los demás.
—¿Tengo cara de soplón? —masculló el otro, retirándose en silencio por la puerta al interior oscuro del refugio.
Rynoh suspiró y se volteó hacia la ventana como había hecho Bash. Revisó los seguros un par de veces y tomó la vela semiderretida para alumbrarse y ver mejor por lo que había cambiado aquellos snacks. En un movimiento rápido, pensó mejor y se movió a un punto ciego de la habitación, donde nadie que viera bajo la puerta podría ver más que el resplandor de la vela.
Mientras sus ojos complejos estudiaban los objetos conseguidos, su mente se volvió a algo diferente. Con una mueca pequeña dejó la bolsa a un lado y sacó de su bolsillo el pergamino de antes. El que estaba lleno de garabatos que no entendía sobre cómo desarraigar el kairu de alguien. Rynoh no entendía muchas cosas, como por ejemplo porqué no le enseñaron a leer ni porqué su padre aceptó estar en las filas de Lokar en un principio.
Maya le había preguntado si eran las notas de su padre, y él había evadido el tema, sin contestar. Pero temía haberle dado la respuesta con su mismo silencio. Ella no era tonta, ella sabía que sus padres se conocieron en malas circunstancias y ahora la misma historia se repetía de forma extraña y dudosa. No podía engañarla y era comprensible que no lo intentara.
A pesar de ello, no eran precisamente notas de su padre, pero si las que él usó en su momento.
Rynoh volvió a suspirar. No le gustaba que la vida se estuviera poniendo tan dificil. Era todo más sencillo cuando todo se resumía a la pelota espacial, pelear por kairu, entrenar, destruir cosas, ser poderoso y divertirse. Ahora nada parecía tener sentido...
Talvez si buscaba la forma de acabar toda esta locura lo antes posible, las cosas volverían a ser como antes... talvez en apariencia.