ID de la obra: 1433

Doble lealtad

Het
R
En progreso
4
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planificada Midi, escritos 137 páginas, 71.131 palabras, 26 capítulos
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Capítulo 4 : Desconfianza

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Las mazmorras eran oscuras y estaban más llenas de personas de lo que podría imaginarse, estaban los padres de los Imperiaz, por ejemplo. Muchas personas en muchas y diferentes celdas. Nexus caminó hasta la más alejada, una celda cerrada de confinamiento solitario, como si esto se tratase de alguna especie de prisión de otra época, cuando el mundo era diferente. Cuando llegó frente a la celda de Maya, Nexus se detuvo, sintiendo el peso como si fuera mucho más que simples alimentos. Se detuvo, observando la pesada puerta de acero frente a él. Enfrentarse a una vieja enemiga a la que antes le había causado tanto daño, como se encontraba, no era para él plato de buen gusto. Pero por supuesto, no tenía otra alternativa que entrar y cumplir con las ordenes de su creador. Respiró hondo antes de alzar la mano para tocar suavemente. Su mente trataba de enfocarse, de no dejarse dominar por el resentimiento que le carcomía las entrañas y que seguía latiendo, insidioso, junto a sus circuitos dañados y el dolor sordo que venía y se iba para volver con renovadas fuerzas. Desde el otro lado de la puerta, una voz tranquila y firme rompió el silencio. —Adelante. Era Maya. Su tono, aunque suave, llevaba consigo una certeza que desarmaba. Nexus empujó la puerta con el hombro, entrando con cuidado. La habitación estaba oscura, iluminada solo por una tenue luz blanca en el techo. Las paredes, vacías de todo adorno, eran de piedra gris totalmente y un camastro de metal se hallaba en un rincón alejado, del otro lado, un rudimentario baño. Alguien tenía una existencia tanto o más miserable que la suya y eso a Nexus lo hizo sentirse levemente mejor. Maya estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. Su cabello azul, brillante incluso bajo la luz tenue, contrastaba con la suavidad oscura de su piel. Era un detalle que siempre había captado su atención, aunque jamás lo admitiría. Alrededor de sus muñecas, las marcas de la cuerda habían desaparecido, pero en sus mejillas persistían esas líneas azules, profundas como grietas, que la marcaban como lo que era: un alma destinada a la misma maldad que su abuelo, Lokar. Parecía completamente ajena a su entrada, como si su meditación fuera un escudo que la protegía del caos más allá de esas paredes. Pero Nexus sabía que era todo menos vulnerable. —Has tardado —dijo sin abrir los ojos, su voz carente de reproche, pero cargada de una calma que era casi irritante. Nexus dejó la bandeja en una pequeña mesa cercana y se obligó a no responder con sarcasmo. Su sistema de enfriamiento emitió un leve zumbido cuando intentó relajar los músculos tensos. Un reflejo de su frustración contenida. —Tu cena —dijo simplemente, sin añadir más. Maya abrió los ojos y lo miró con atención, como si pudiera ver más allá de su fachada fría y herida. Sus ojos dorados tenían una luz peculiar, una chispa que lo hizo sentirse vulnerable, como si estuviera bajo el escrutinio de algo mucho más grande que él mismo. Eso lo molestó y apartó la mirada con el ceño fruncido mientras daba la vuelta para irse. —Nexus ¿verdad? —preguntó deteniéndolo. Él se detuvo en el umbral, se giró ligeramente, pero no respondió— Casi no te reconocí con esa ropa tan... bueno, normal ¿porqué eres tú el que trae la comida? ¿no debería hacerlo un sirviente? Eso le sentó a él como un puñetazo al que resopló con dolor. —Si tanto quieres saberlo —masculló, girándose lo suficiente para mirarla por encima del hombro—, me degradaron hace dos meses. Después de la última vez que luché contra ustedes. —Cuando intentaste matar a Ky —agregó ella en voz baja, con un matiz de algo que no era reproche ni lástima, sino comprensión—. Lo recuerdo. Desde entonces, Dexus, el chico de ojos amarillos, ha estado haciéndonos la vida imposible en tu lugar. Su estilo de lucha es... diferente al tuyo. Más sádico. Nos ha robado todo el kairu cada vez que nos cruzamos con él. Si había algo peor que ser degradado, era saber que tu reemplazo superaba tus "méritos" en los ojos de quienes te juzgaban. El dolor y la rabia hicieron que Nexus se tensara, apretando los puños hasta que sus articulaciones crujieron. Se volvió a ella para encararla. Sus ojos azules lanzando chispas tanto metafóricamente como literal. Se había roto un cable principal dentro de él que lanzaba pulsos eléctricos al resto de su cuerpo. Ni siquiera él mismo se daba cuenta de qué tan mal estaba en realidad. —No quiero saberlo —murmuró finalmente, sus palabras saliendo entre dientes apretados. Su mandíbula estaba tan tensa que las venas de su cuello se marcaron, junto con una pulsante en su sien. Maya permaneció mirándolo sorprendida pero en calma. Sus ojos volvían a pasar por él en un calmado estudio que volvió a poner incómodo a Nexus. Este se forzó a calmarse, debía repararse cuanto antes, se sentía peor a cada instante y se le notaba. Trató de recomponerse, pero la incomodidad de ser escrutado era peor que cualquier otro dolor. —¿Quién te hizo eso? —preguntó ella, rompiendo el silencio de una forma inesperada. La pregunta lo tomó desprevenido. No era su tono habitual, ni tampoco el lugar para preocuparse por él. Era irónico, incluso desconcertante, que ella, una prisionera, mostrara más humanidad que la mayoría de las personas libres en ese lugar. Nexus se enderezó, ignorando el dolor que aún sentía en el costado. —Eso no importa —replicó con sequedad, intentando mantener su fachada fría— Disfruta tu comida, puede que sea la última. Según cómo le parezca a Lokar tenerte ahí, puede que mañana ya no necesite traerte más de comer. Maya asintió, como si la respuesta le hubiera dicho más de lo que él pretendía. Nexus se dio la vuelta bruscamente, dispuesto a marcharse, pero la voz de Maya lo detuvo antes de que diera el primer paso. —Gracias por la cena —dijo, con una sinceridad que lo desarmó aún más que su mirada. Nexus apretó los puños, sin saber cómo responder. Finalmente, salió de la celda sin decir nada más, cerrando la puerta detrás de él. Mientras caminaba de regreso por el pasillo, la chispa de rabia que antes había sentido seguía ahí, mezclada con toda la humillación que ahora lo carcomía. Nexus esperó pacientemente a que la segunda planta estuviera despejada, observando las cámaras de vigilancia que Lokar había instalado en cada pasillo. El laboratorio de su maestro era un lugar prohibido para todos los demás, incluso para él y los demás sirvientes. Sin embargo, no podía dejar que ese detalle lo detuviera. Cuando la oportunidad llegó, Nexus se movió con sigilo. Una vez dentro del laboratorio, la puerta se cerró con un leve chasquido. Era frío, como la mayoría de las salas que Lokar frecuentaba. Este sitio parecía no haber sido tocado desde que Dexus salió de ahí. Nexus lo encontró como lo recordaba del día en que despertó por primera vez. La luz azulada de las pantallas iluminaba los estantes llenos de herramientas, las mesas de metal, los estantes, los frascos con materiales vivos agitándose dentro, líquidos bioluminiscentes, y partes de repuesto que Lokar había usado para ellos en el pasado. La cápsula de Kairu oscuro que oscilaba en su interior. Había algo de solemnidad en el lugar, a pesar del frío. Nexus comenzó a buscar. Cuando era aun parte de los Hiverax y podía salir a misiones con ellos, a veces regresaban con heridas superficiales—Hablamos de raspones y leves magulladuras porque ellos eran tan poderosos que no podían ser dañados más que a medias—Lokar los traía ahí. Les pedía información al respecto del equipo Stax, de Ky y especialmente de Maya mientras los reparaba. Eran sus favoritos, por eso se tomaba el tiempo para considerar toda información que ellos pudieran ofrecerle y para ponerlos en condiciones para el siguiente enfrentamiento lo antes posible. Las heridas pequeñas se limpiaban y se les aplicaba el gel regenerativo. Nunca había tenido un daño como este, así que realmente no sabía cómo arreglar su propia maquinaria. Su mente positrónica procesaba cada componente, asignándole posibles usos y descartando lo que no serviría para su reparación inmediata. Mientras caminaba por ahí, iba desempolvando algunos recuerdos en esas zonas, con sus hermanos y con su maestro. Recuerdos que lo llenaban de una añoranza dolorosa. Encontró un frasco que reconoció como el "Gel regenerativo". Lo destapó y observó cómo el líquido viscoso reaccionaba al contacto con el aire, emitiendo un tenue resplandor azul.  Nexus se puso manos a la obra con lentitud, buscando partes y más herramientas, tenía toda la noche para repararse, pero no se podía dar ese lujo. Debía ser preciso y terminar pronto. Debía preocuparse por dormir, desconectarse para recargar baterías era de sus actividades favoritas ultimamente. Lo ayudaba a olvidarse del mundo por unas horas. Para las partes mecánicas, encontró un pequeño soldador de precisión, un aparato que reconoció como una herramienta multiusos con capacidad para reparar circuitos complejos. Sus dedos recorrieron los bordes afilados del dispositivo mientras lo activaba, observando la delgada línea de calor que emitía. Con los materiales en mano, Nexus se sentó sobre una de las mesas metálicas. Activó el modo de diagnóstico interno y, con un suspiro casi humano, usó un bisturí de cirujano para cortar y retiró la delgada capa translúcida que cubría su costado. Era piel viva, a pesar de todo y el dolor era tanto o más real de lo que le sería a un ser vivo biológico al completo. Nexus exhaló entre dientes, contemplando la herida expuesta: un entramado de cables dañados y una placa metálica doblada que protegía componentes internos. Debajo de esto, en las áreas donde Lokar había utilizado tejido vivo para mejorar su rendimiento, la sangre se había colado en varios sitios. —Maldito Bash —gruñó. Resolvió nunca más permitirle a esos tres encontrarlo solo. O en su defecto, dejarse golpear por alguno de sus puños. Un poco más y de verdad hubiera muerto. Aplicó el gel regenerativo con cuidado, observando cómo la sustancia se infiltraba en los tejidos dañados, estimulando la regeneración celular. El dolor, sordo y frío, era un recordatorio incómodo de su naturaleza mitad biológica. Se encontró a si mismo dándose ánimos para continuar su reparación, empezando a trabajar con los cables y las pinzas. Mientras tanto, con la otra mano, trabajaba en la placa metálica, utilizando el soldador para repararla lo mejor posible. Las abolladuras tenían la forma que les dejaron los puños de Bash y algún que otro golpe del brazo desproporcionado de Zylus.  Cada movimiento era torpe pero determinado. No podía replicar la precisión de Lokar, pero la necesidad de seguir funcionando lo impulsaba. Cuando finalmente terminó, no estaba completamente reparado. Tuvo que coserse la herida y ahora una sutura poco profesional recorría su costado, y algunas conexiones aún mostraban señales de daño interno. Sin embargo, podía moverse mejor que antes. El sangrado y sus órganos internos habían dejado de preocuparle, pero temía en gran medida que las heridas volvieran a abrirse con el trabajo pesado que debería continuar al día siguiente. Nexus se levantó de la mesa, sintiendo cómo la piel artificial alrededor de su sutura tiraba dolorosamente. El gel regenerativo dentro de su sistema emitía un calor constante, como si bullera bajo su superficie. Había sido una reparación improvisada, más funcional que elegante, y él lo sabía. Pero no tenía tiempo ni recursos para más. Guardó las herramientas y el gel en su lugar original, dejando el laboratorio tal como lo había encontrado. Al avanzar por el pasillo, sus sensores captaron un leve movimiento. Sus circuitos se tensaron, activando un protocolo defensivo automático. Entonces la vio: Maya. De pie en medio del pasillo, como si no tuviera nada que temer, su silueta recortada por la tenue iluminación. Nexus se detuvo en seco, los músculos tensos, cuando ella se llevó un dedo a los labios para indicarle que guardara silencio. —¿Qué haces fuera de tu celda? —gruñó él en un susurro, su voz mezclando sorpresa con irritación. —Vine a ayudarte —Maya dio un paso hacia él, su expresión tan serena que casi parecía fuera de lugar en aquel entorno sombrío. —¿Ayudarme? —preguntó con incredulidad, dando un paso atrás con desconfianza— ¿porqué querría tu ayuda? ¿y porqué querrías tú ayudarme? Además, no respondiste a mi pregunta. Maya suspiró, su calma imperturbable parecía irritarlo aún más. —Escucha, baja la voz —le aconsejó ella— puedo ayudarte, en serio. —Ya me reparé yo mismo —desvió la mirada brevemente antes de mirarla de nuevo de forma desafiante— y sigues sin responderme. ¿Qué pasaría si le hablo a Lokar de esto? —Me dijiste que fuiste denigrado —murmuró ella, sin perder su seguridad— y vi lo que te hicieron. Es claro que ahora no estás en buenos términos con tu maestro y lo menos que quieres es seguir aquí ¿no es cierto? ¿porqué querrías más que venganza y no perdón? Nexus no dijo nada, pero un acceso de dolor lo hizo llevarse la mano al vientre de nuevo. Podía ser que su reparación hubiera sido un poco menos de lo suficiente. Un leve quejido se escapó de su boca como un lamento breve.  —Nexus —murmuró ella de forma suave y reconfortante— yo regresaré a mi celda como si nada hubiera ocurrido ¿me entiendes? permíteme ayudarte ahora y nadie lo sabrá. El orgullo del ciborg era grande, pero después de tantas humillaciones y malos ratos, se encontró de verdad considerando lo que la chica de pelo azul le decía. Suspiró y la enfrentó de nuevo. —Mira, no tenemos tiempo para esto, sigues mal. ¿Quieres mi ayuda o no? —replicó ella, su tono firme, pero bajo para evitar llamar la atención. Nexus entrecerró los ojos. ¿Qué estaba tramando? Esa calma, esa seguridad... Era desconcertante. ¿Porqué era buena con él cuando él había tratado de matar al líder de su equipo? Cualquiera, al encontrar a su enemigo vulnerable y herido, buscaría la forma de destruirlo sin contemplaciones. Él mismo lo haría y lo había intentado hacer con Ky. Cuando Maya avanzó otro paso, él levantó una mano en advertencia. —Quédate ahí. —su tono era cortante, casi amenazante— Todavía no confío en ti. Maya alzó una ceja, ligeramente divertida, como si su actitud le resultara predecible. —No necesito que confíes en mí, Nexus. Solo necesito que te quedes quieto. —¿Y qué podrías hacer tú que no haya hecho yo? —Esto —volvió a murmurar dando un paso hacia él. Como pidiendo permiso, ella alzó la mano hacia él. Nexus instintivamente dio un paso hacia atrás, mirándola atentamente, alerta, pero cediendo ante la suavidad de su voz. No parecía tener malas intenciones, no de verdad, por lo menos. Nexus no podía dejar de mirar sus ojos dorados y su mano extendida hacia él, insistiendo. Suspiró, y al fin asintió a regañadientes, dando un paso hacia adelante. Maya sonrió y cerró los ojos. En un movimiento fluido, levantó ambas manos, y la energía del kairu comenzó a fluir de sus palmas. El aire alrededor de ella pareció vibrar, iluminándose con un resplandor azul que era a la vez cálido y abrumador. Nexus quiso retroceder, pero el dolor lo mantuvo en su lugar. Sus ojos azules reflejaron la luz del kairu, su rostro tenía una expresión que oscilaba entre el asombro y el recelo. —¿Qué estás haciendo? —gruñó, aunque su voz era débil. —Lo que tú no pudiste hacer solo. —La voz de Maya era suave, casi un susurro. La energía lo envolvió, como un manto de calor reconfortante. Nexus sintió cómo el dolor se disipaba gradualmente, reemplazado por una sensación de alivio que lo dejó sin palabras. El kairu sanador fluyó por sus circuitos dañados, reparándolos con una precisión casi quirúrgica. Por un momento, se permitió cerrar los ojos, dejando que el poder lo envolviera por completo. Cuando abrió los ojos, Maya lo miraba, su expresión todavía tranquila, pero con un brillo de cansancio en sus ojos dorados. —Eso debería bastar —dijo ella, bajando las manos lentamente. Nexus la observó en silencio, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Finalmente, respiró hondo, enderezándose. —¿Por qué...? —comenzó, pero no terminó la pregunta. —Digamos que no eres el único que quiere algo de Lokar. —respondió Maya, su tono más seria esta vez, pero después de decir eso, se fue por donde vino y Nexus supo, de alguna forma, que de verdad volvía a su celda. Ella le dedicó una última mirada antes de darse la vuelta para regresar por donde había venido, sus movimientos tan silenciosos como su llegada. Nexus se quedó en el pasillo, sus pensamientos un torbellino. Maya no era la prisionera sumisa que todos asumían.
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