ID de la obra: 1433

Doble lealtad

Het
R
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2
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planificada Midi, escritos 137 páginas, 71.131 palabras, 26 capítulos
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Capítulo 9 : Arrepentimiento

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La cena transcurrió con una calma extraña, casi impropia del refugio. Nexus se movía con la fluidez de quien desea ser invisible, especialmente cuando notó a los Battacor entrar renqueando a la sala. Por dentro, disfrutó del leve placer de verlos humillados, pero reprimió su sonrisa antes de que alguien pudiera notarla. Con discreción, tomó su bandeja y salió de la sala, apenas cruzándose con Marisa, quien, percibiendo su plan, se adelantó para cubrirlo sirviendo a los demás. Se dirigió hacia la celda de Maya, empujó la puerta y la encontró en el suelo, encogida en una posición que le pareció inquietante. —¿Maya? —preguntó, dubitativo, acercándose. Su tono fue un tenue susurro de preocupación y prudencia. Ella alzó ligeramente la cabeza, sin mucho interés en mirarlo directamente— Estoy bien, si es eso lo que ibas preguntar —le dijo ella, aun en la misma posición. No era convincente. Sus palabras parecían más para sí misma que para él. Nexus frunció los labios, evaluándola de cerca. —¿Precisas ayuda inmediata? —insistió, esta vez con más firmeza. Ladeó la cabeza, tratando de captar mejor su rostro bajo la tenue luz— Si te mueres aquí, ¿sabes el lío que me causaría? Soy el único, además del maestro Lokar, que tiene permiso para entrar a tu celda. Maya soltó una risa ligera, seca, como si el comentario le pareciera absurdamente cruel pero no del todo inapropiado. —No fue un chiste —frunció ligeramente el ceño con irritación. Dejó la bandeja sobre la pequeña mesa de madera desvencijada y se inclinó hacia ella, tendiéndole una mano— ¿Me haces el favor de levantarte? Ella lo miró por un instante, evaluando si aceptar la ayuda o rechazarla por orgullo. Finalmente, extendió su mano y dejó que él la levantara. El contacto fue breve, pero Nexus notó la tibieza de su piel y la fragilidad que ocultaba bajo su fachada altiva. La ayudó a sentarse junto a la mesa, donde ella apoyó la cabeza entre las manos, como si el esfuerzo de moverse hubiera sido demasiado. —Deberías comer algo. —Empujó la bandeja hacia ella, su voz más baja ahora, casi susurrante—. No resolverá todo, pero al menos evitará que caigas del todo. Maya lo miró de reojo, su mirada opaca pero cargada de cierta apreciación contenida. —Eres más blando de lo que aparentas, Nexus. Él se encogió de hombros, apartando la mirada hacia la puerta. —No te confundas. No soy yo quien tendría que responder por tu estado si algo te pasara... ¿Segura que estás bien? —insistió Nexus, estudiándola con una mirada más aguda, como si intentara descifrar un acertijo complejo— ¿te caíste o algo? —No, es que... —Maya evitó su mirada por un momento, su tono más bajo— ¿Sabes? vi a tus hermanos salvándote hoy. Me alegra que ellos pudieran intervenir. Zylus es un imbécil a veces pudieron haberte lastimado peor que la vez anterior. Nexus se tensó. Sus labios se curvaron hacia abajo mientras su postura se cerraba ligeramente, como si hubiera recibido un golpe inesperado— ¿Cómo viste eso? —su expresión se endureció y su voz adquirió un filo defensivo— además, estás intentando desviar mi atención de lo que te estoy preguntando. ¿Qué te pasó? —Al menos yo contesto, tú a veces ni eso haces. —le lanzó una sonrisa ligera, algo fastidiada por su insistencia— Fue Lokar ¿contento? él me hizo caer al lanzarme su sombra hoy. Le imprime mayor fuerza cada vez. No me he levantado desde después de que me trajeras el almuerzo. —Lokar viene más seguido ahora —comentó Nexus, más para sí mismo, aunque su tono era sombrío. —Lo sé —asintió Maya, jugueteando con la cuchara antes de tomar un sorbo de sopa— Quiere asegurarse de que soy digna de confianza... otra vez. —Es necesario —respondió él tras un largo silencio, cruzando los brazos con rigidez— El maestro necesita saber que puede contar contigo de verdad. No como las veces anteriores en las que te libraste de él. Ella lo observó, percibiendo la dureza de sus palabras y el trasfondo de resignación en ellas. Maya asintió, tomando una cucharada de la sopa y soplándola suavemente— Para que decida dejarme salir, lo sé... Parece que he traicionado su confianza demasiadas veces antes. Nexus suspiró, sentándose en el borde de la cama. Siempre con ese gesto serio que lo caracterizaba, gravedad y cansancio— No es malo ser malo, Maya. —dijo de repente sin mirarla, sus palabras casi un murmullo. Un eco de algo aprendido, no cuestionado— te acostumbrarás. Maya lo observó en silencio, con la cuchara entre los labios. Tomó otro sorbo mientras pensaba— ¿Qué hay de tus recuerdos? —preguntó suavemente, rompiendo el momento. Le ofreció la cuchara como si intentara tender un puente— ¿solo recuerdas que te crearon y que debías hacer lo que Lokar te dijera? Nexus se encogió de hombros, una sombra cruzando sus facciones, colocando un codo sobre la mesa y descansando su mentón sobre la palma— Temo decepcionarte. No hay mucho que decir. —Su tono era seco, casi mecánico— Lokar nos diseñó con precisión. Nos dio su energía, su maldad, su objetivo... y nada más. No hubo ni hay nada antes de eso. Maya dejó la cuchara con cuidado, sus dedos temblando levemente. —No estoy tan segura de eso —murmuró, su voz apenas un susurro— Creo que hay más en ti de lo que él planeó... Nexus la miró de reojo, con sus ojos azules suspicaces, la expresión inmutable, pero algo en la forma en que su respiración se hizo más lenta delataba que esas palabras lo habían tocado. Ella siguió hablando, como si cada frase fuera una pequeña victoria contra el muro de apatía que él había construido—. Dices que no hay nada más, que no hubo nada antes... Pero puede haber algo más después... La celda se llenó con una pesadez incómoda. Nexus, quien apenas había tomado tres cucharadas de su sopa, dejó la cuchara de lado. El vapor de la comida ascendía perezoso entre ambos, y él no evitó que su mirada se perdiera en esa visión mientras pensaba. Recordó a Vexus, mirándolo con curiosidad y juicio, y a Hexus con una desaprobación que aún le hacía sentir pequeño. Repentinamente perdió el hambre. Hasta la curiosidad por la comida se le pasó de inmediato ante la sensación de tristeza nostálgica que lo embargó. —Comprobarás que servir a Lokar no es tan malo —concluyó suspirando, enderezándose para mirar el techo— Sus ideales son lógicos y comprensibles. Maya lo observó con detenimiento, sus ojos clavándose en los de él como si pudiera ver más allá de la máscara de resignación. —¿Sabes que no me convencerás así, no es cierto? Nexus resopló, volviendo a recostarse con un gesto casi teatral. A pesar de su aparente indiferencia, sus pensamientos giraban frenéticamente. —¿Porqué estás aquí si estás mintiendo? —le dijo lanzándole una mirada profunda. Algo en sus palabras sonaba más a un desafío que a una acusación. —¿Porqué no me has denunciado con él ya? —contraatacó ella, con una seriedad parecida a la suya, mientras sorbía otra cucharada de sopa con una serenidad que desmentía el peligro implícito en sus palabras. Nexus sonrió, pero la curva en sus labios era más un acto reflejo que una expresión genuina. Sosteniéndole la mirada, desafiándola— ¿Qué te hace pensar que no lo hice ya y es por eso que Lokar imprime más fuerza a la sombra?  —No intentes engañarme, Nexus. —Ella alzó una ceja, inclinándose ligeramente hacia él. La luz tenue de la celda dibujaba sombras largas en su rostro, acentuando la seriedad de su expresión— Tus ojos azules, aunque sigan siendo los mismos de siempre, ya no son tan impenetrables como antes. El chico retrocedió ante esto y su sonrisa se esfumó ¿Realmente había cambiado tanto como las miradas de sus hermanos le hicieron sentir? Su atención cayó sobre sus manos desnudas, sin aquellos guantes que por tanto tiempo usó, con aquellos bonitos remaches en los nudillos que hacían que sus puñetazos hirieran como garras. Ahora estaban expuestas, desprovistas de su antigua armadura. Su piel ahora levemente más viva le confirmó que las cosas nunca serían como antes. —No debiste curarme —murmuró— Me destruiste. —No, Nexus —una delicada mano de piel oscura se asió a una de las suyas dándole un apretón cálido y firme— Habrías muerto de no haberte sanado... Y no me arrepiento. Él la miró con intensidad, aunque su gesto siguiera siendo serio, luego bajó sus ojos robóticos de nuevo a la mano de la chica que seguía aferrada a su diestra. Su contacto era reconfortante, pero también lo aterraba. Nexus retiró su mano lentamente. Su mandíbula se tensó, y desvió la mirada hacia un rincón de la celda— No necesito tu lástima —dijo con voz grave, casi un susurro, mientras se levantaba de la cama con movimientos rígidos. —No es lástima, Nexus —respondió ella al fin, con un tono sereno pero firme—. Es esperanza. Y sé que no sabes qué hacer con eso, pero deberías intentarlo. Él negó, su expresión era inescrutable, pero el brillo de sus ojos azules parecía vacilar, como si dentro de él se librara una lucha— No deberías esperar nada de mí —contestó finalmente—. Yo no quise que esto pasara... yo no quería que las cosas cambiaran. Créeme que yo solo quería asesinar a Ky y terminarle las molestias al maestro de una vez por todas. Él nos había dado la libertad de hacer cuanto pudiéramos para detenerlos. Pensé que si lo llevaba a sus ultimas consecuencias, sería más fácil todo. No creí que se me castigaría de esta forma y que sería rechazado por mis hermanos. No quería tu ayuda cuando me sanaste ni tu compañía ni eso de la amistad... Ahora he cambiado más que nunca y... Sus ojos vagaron por los detalles de sus manos y frunció el ceño en gran medida— Este kairu bueno... ha terminado de arruinar las cosas. Ahora siento más que antes, ahora... Ya no siento que deba vengarme como antes... y eso era lo único que me quedaba. Vengarme, regresar con mis hermanos, demostrar que todavía soy uno de ellos. Pero ahora... ya no me ven igual. Maya guardó silencio por un instante, dejando que sus palabras se asentaran. Entonces, con voz firme, pero cargada de calidez, dijo: —No quise incomodarte... —la sinceridad palpable en su voz, su mirada era suave, pero no vacilante— Sé lo que hiciste, yo estuve ahí. Pero también vi lo que pasó por la mañana, cuando Zylus se quiso pasar de listo otra vez. Vi como protegiste a la señora de la cocina. Y antes vi como tenías el valor de tratar de repararte con un bisturí y una especie de soldador... esas cosas no las hace cualquiera... Si hiciste eso, yo estoy segura de que el kairu bueno no te ha traído más que beneficios. Ella olvidó por completo la sopa y se levantó de la silla para sentarse junto a él en la cama para mirarlo a los ojos directamente. No obstante, esta vez no volvió a tocarlo, no quería incomodarlo de más. —No me arrepiento de haberte salvado. Y creo que lo que eres ahora es mil veces mejor que nunca... ¿No te ha gustado poder probar la comida? ¿O la risa? Hasta se podría decir que lo que ocurrió con Ky fue bueno, si te trajo hasta donde estás ahora. Y seguirás aprendiendo a vivir, Nexus. Solo es cuestión de tiempo. El chico resopló casi imperceptiblemente. Esta chica lo agotaba tal y cómo Lokar decía que ella hacía con todos. Sus palabras eran precisas y cargadas de significado. Si se descuidaba, hasta podía convencerlo. Aun así, para este momento estaba tan vacío de respuestas que prefirió quedarse callado de nuevo. Respirar, únicamente. —Creo que deberías pensar en todo esto.. no quiero agobiarte —le murmuró ella— ...solo quiero agradecerte por hacerme compañía... no sabes lo sola que se está aquí. —Pero puedes salir, —recuperó su voz por unos segundos— incluso ver más allá con tu mente. Sigo sin entender porqué sigues aquí. —Bueno, no es por tu cara bonita, si es lo que piensas. El sarcasmo en su respuesta lo tomó por sorpresa. Nexus dejó escapar una carcajada baja, apenas un eco de lo que podría haber sido una risa plena, pero lo suficiente para cambiar su expresión completamente. —Qué mal chiste, Maya. —Pero te hizo reír. —respondió ella triunfante, cruzándose de brazos. Su sonrisa era ligera, pero cálida— Eso ya me hace sentir mejor. El sonido metálico de la puerta al abrirse rompió la calma del momento. Nexus giró la cabeza rápidamente, y Maya se tensó instintivamente. La figura de Lokar apareció en el umbral, su imponente presencia equivalía a la de cinco personas entrando a la vez en la celda. Primero los miró a ambos con sorpresa, luego esbozó una sonrisa que no alcanzó a sus ojos. —Espero no interrumpir.
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