ID de la obra: 1433

Doble lealtad

Het
R
En progreso
2
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planificada Midi, escritos 137 páginas, 71.131 palabras, 26 capítulos
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Capítulo 10 : Juguete Nexus

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—Maestro —saludó Nexus, poniéndose rápidamente de pie, su cuerpo rígido y alerta, mientras realizaba una torpe reverencia. Lokar lo ignoró por completo, sus ojos fríos e indiferentes clavándose en Maya como un verdugo estudiando a su víctima. Con esa particularidad suya de avanzar como si flotara, el anciano cruzó el umbral de la celda, y la puerta se cerró tras él con un eco que reverberó en el espacio reducido. —¿Qué pretendías esta vez, Maya? —preguntó, su tono casi aburrido, pero con un filo cortante que puso en tensión el ambiente— con este robot degradado tan cómodo en tu cama. Nexus sintió inmediatamente el deseo de defenderse, él no estaba en su cama como tal, él solo estaba sentado en el borde. No estaba pasando nada malo, él podía jurarlo. Maya alzó la mirada, su sonrisa llena de una astuta picardía que no se esperaba de alguien como ella— Me ha descubierto seduciendo a su sirviente, maestro —respondió, cada palabra impregnada de una malicia tan perfectamente ensayada que habría convencido a cualquiera menos a Nexus. El ciborg giró hacia ella con los ojos muy abiertos, como si le hubiera gritado una acusación imperdonable— ¿Qué? ¡No! —Con ojos asustados se volvió a su maestro para negar ante esto, su voz cortante y su expresión llena de indignación y miedo— No la escuche, mi señor. Yo solo estaba trayéndole los alimentos. Maya no perdió la compostura. Su sonrisa se amplió, una expresión de una dulzura venenosa mientras cruzaba las piernas con desdén estudiado. —Oh, Nexus, ¿así es como me pagas? —preguntó, con fingida sorpresa—. Después de todas esas dulces palabras de lealtad... ¿Ahora intentas traicionarme? Nexus sintió que su mente tambaleaba bajo el peso de las contradicciones. ¿Cómo podía esa misma chica, la que lo había salvado, convertirse ahora en la ejecutora de su humillación?  —¡No estoy traicionando a nadie! —Nexus parecía al borde de perder la compostura, sus gestos nerviosos lo evidenciaban. Maya sintió cómo el calor de sus mejillas la delataba, pero no podía permitirse vacilar. "Es por la misión" se recordó "y por mí. Si esto es lo que hace falta para conseguir ganarme su confianza, entonces no tengo elección." —¿No es cierto? —su tono se volvió más bajo, casi seductor, pero con un deje de hielo—. Yo te tenía justo donde quería. Lokar ladeó la cabeza, evaluando la escena, y un destello de satisfacción cruzó su mirada mientras alzaba una ceja— Vaya, parece que finalmente empiezas a entender lo que significa sobrevivir en este mundo. Pero, dime, ¿es esto una chispa de malicia genuina o simplemente un acto para entretenerme? ¿Te has conseguido un juguete, Maya? —preguntó, su tono cargado de algo así como un orgullo velado, mientras una sonrisa pérfida se extendía por su rostro. Nexus apretó los dientes, sus puños cerrándose al escuchar la humillación implícita en aquellas palabras. Estaba listo para defenderse, para gritar su inocencia si era necesario, pero el aire se congeló cuando sintió los brazos de Maya rodear su torso desde atrás. El contacto lo hizo tensarse, un escalofrío recorriendo su espina dorsal como si alguno de sus cable eléctricos hubiera sido expuesto. El inesperado calor de su boca y su aliento rozó su cuello en un gesto tan calculado como el veneno, y antes de que él pudiera apartarse, Maya ya se había deslizado a su lado, presionando la mejilla contra su brazo en una muestra exagerada de coquetería. —Compréndame, maestro... —dijo Maya con un tono meloso y sumiso— usted no me ha dejado salir. Lokar, contrario a lo que Nexus había presenciado hasta entonces, esbozó una sonrisa distinta, cargada de indulgencia y una complicidad que jamás habría imaginado. Había algo perturbadoramente íntimo en aquella expresión, como si compartiera un secreto que solo él y Maya entendían. —Tienes razón, has pasado casi mes y medio aquí encerrada. —dijo Lokar, su voz impregnada de una extraña calidez— Es comprensible que tu mente manipuladora y malvada buscara divertirse. Me recuerdas mucho a tu abuela y a mi a tu edad —Hizo una pausa, su mirada fija en ella mientras su sonrisa de aprobación se ensanchaba— No solo tienes sus ojos, sino una maldad tan deliciosa como la suya. Nexus, que todavía luchaba por procesar lo que sucedía, torció el gesto. ¿Qué era esta sensación que le embargaba? Era nueva. No la entendía, en ningún sentido, pero se sentía mal, desagradable. Y supuso que era esa que los chicos decían que era el asco. Si, Nexus sintió asco por Lokar, solo así podría describirlo. Por el contrario, no estaba seguro de querer que Maya se apartara y, para su mayor sorpresa, no sentía como desagradables sus manos sobre su cuerpo. El asco hacia Lokar era claro como el metal que componía internamente su cuerpo, pero lo que sentía por Maya era un rompecabezas que no sabía cómo resolver. Era una sensación cálida como la de la guiso en la boca ¿Era gratitud? ¿Confusión?  —Aun así —continuó Lokar, la calidez en su voz era una ilusión peligrosa, un filo cubierto de terciopelo que podía desgarrar con la misma facilidad con que acariciaba—, debes comprender que este juguete no fue diseñado para ese tipo de juegos. —Sus ojos se posaron en Nexus con desdén—. Pero si no me decepcionas, te prometo que crearé uno especialmente para ti. Nexus volvió a bajar la vista, cohibido ¿Acaso era tan insignificante? La idea de ser "modificado" para esos fines tan bajos lo llenó de un miedo primitivo, algo que no había sentido antes: la vulnerabilidad de no ser dueño de su propio cuerpo. Maya soltó a Nexus de manera abrupta, empujándolo hacia un lado como si fuera un objeto descartable, antes de inclinarse en una reverencia perfecta frente a su abuelo. Nexus se dio cuenta entonces que se acostumbró al calor de su cuerpo contra el suyo tanto que, cuando ella se retiró, sintió el frío de la celda insoportable. —Es usted muy generoso con su alumna, maestro. —la gratitud perfecta para hacer que Lokar soltase una risa de autocomplacencia.  Maya sentía la mirada de Nexus clavada en ella, pero no podía permitir que dudaran de su actuación. Cualquier error, por mínimo que fuera, podría costarle todo. Ella se daba cuenta de lo que estaba haciendo con Nexus, pero no podía detenerse ahora. Lokar tenía que creerle. —Lo he pensado mucho. Y esto ha reforzado la conclusión a la que ya había llegado —asintió, confirmándolo— tu maldad es por fin como debía ser. Mañana podrás salir si así lo quieres. Tomarás el mando de los Radikor de nuevo. Los ojos de Maya brillaron— Gracias, maestro. Me alegra haber recuperado su confianza —ella se inclinó ante su abuelo, mostrándose agradecida. Nexus no podía dejar de notar la chispa de victoria en su mirada. Lokar miró entonces a Nexus, que estaba en el momento de mayor confusión de su existencia. Cuando él percibió la mirada sobre él, se irguió de nuevo ante su maestro, tragándose sus palabras. —Quizá podría modificar esta unidad para que te sirva después —comentó Lokar con indiferencia, como si hablara de un simple objeto y no de un ser consciente. Nexus abrió la boca, su voz cargada de protesta— Maestro, si se me permite… —Lokar alzó una mano, sus dedos largos y nudosos acariciando el aire como si moldeara una idea, su sombra alargándose grotescamente contra la pared de la celda. Silenciando a Nexus al instante. —Te quedarás el tiempo que ella lo quiera. Esas son mis ordenes. Antes de que Nexus pudiera responder, Lokar volvió su atención a Maya. Deslizó su mano con una inusual delicadeza sobre la coronilla de su nieta, en un gesto que parecía una caricia de aprobación, aunque cargado de una extraña solemnidad. No como un gesto de ternura, sino como si estuviera marcándola, reclamándola como parte de su legado oscuro. —Tengo grandes planes para ti, Maya. —dijo en un tono grave que apenas ocultaba el orgullo— Tú serás más grande que yo, eso te lo aseguro. Haré de ti lo que yo nunca pude ser. Con eso, Lokar se deslizó hacia la puerta, su movimiento tan silencioso como escalofriante. Antes de salir, lanzó una última mirada burlona hacia Nexus, que lo atravesó como una hoja helada. Nexus bajó los ojos, sintiéndose más pequeño y más miserable que nunca.  Pasados unos segundos, Maya miró a Nexus con aprensión— Lo siento —le murmuró, sus ojos buscando los de Nexus— cómo tú lo dijiste, era necesario. Nexus se aclaró la garganta y desvió la mirada hacia un rincón vacío de la celda—Quiero irme. —dijo, su tono carente de emoción, aunque la rigidez en su postura revelaba su incomodidad— ¿Me lo permites? Maya bajó ligeramente la cabeza, uniendo las manos a la altura del estómago— No te molestes, por favor... —suplicó, su voz cargada de un cansancio que no era solo físico—tienes que entender que debía portarme como él quiere. Aunque fuera de esa forma tan... detestable. Llevo todo este tiempo fingiendo... y, en parte, te lo agradezco. —Hizo una pausa, sus palabras vacilando mientras trataba de medir su impacto—. Sin saberlo, me ayudaste a mostrarle lo que él esperaba de mí, y gracias a eso... por fin accedió a sacarme de aquí. Él asintió, sin mirarla, pero no pudo evitar notar el temblor en su voz. No sabía si lo que decía Maya era sincero arrepentimiento o simplemente otra de sus máscaras— Podías haberme avisado... ¿Puedo salir? Maya se mordió el labio— No tienes que pedirme permiso... —murmuró ella, triste ante su reacción, sabiendo que había metido la pata— De verdad lo siento, no quería que esto pasara, pero vi una oportunidad para demostrarle que no mentía cuando le decía que era como él. Solo así podría dejarme salir, Nexus... Lo siento, llevo haciéndote sentir incómodo dos veces en el mismo día. Nexus no respondió, simplemente enfiló a la puerta con rapidez, saliendo para escapar de todo lo que había pasado hasta el momento. Maya se quedó allí, inmóvil, preguntándose si podría redimirse ante él.     Si algo le habían enseñado las emociones y sensaciones, era que eran cada vez más extrañas y difíciles de entender. Se había sentado en el suelo, con su cama como respaldo, con la vista algo perdida. Con las piernas cruzadas en el suelo, sus dedos tamborileaban contra la piedra, un gesto que no podía controlar. Su mente reviviendo los acontecimientos recientes. La comida y las risas eran sensaciones agradables pero, lo que Maya había desencadenado en su cuerpo con unos toques lo había dejado completamente boquiabierto. No sabía si quería regresar a la compañía de esa chica. Lokar no había mentido, era más peligrosa de lo que aparentaba. Más todavía de lo que se hubiera imaginado. Y ahora se suponía que andaría suelta por los pasillos, fingiendo ser mala. No sabía qué lo molestaba más: la frialdad con la que había sido tratado como un objeto, o el hecho de que, en el fondo, no estaba seguro de si Maya realmente lo había traicionado de esa forma tan rastrera. Su postura había sido perfecta, su voz cargada de la sumisión que Lokar exigía.  Aun así, no había dejado de disculparse después, con un arrepentimiento que confundía mucho más a Nexus. Había cambiado de faceta muy rápido, de ser tranquila y espiritualmente sabia a perversa y coqueta, una maldad que no encajaba con ella. Nexus ya no era el de antes, evidentemente, porque de haberlo sido, le habría hablado de eso al maestro sin esperar. Si no tuviera aun respeto por él. No obstante, Maya lo había manejado mejor de lo que él se manejaba a si mismo. Y eso lo había perturbado. Y luego estaba la forma de Lokar de decir que consideraría modificarlo, como si fuera solamente un objeto... Apretó los puños, un calor desconocido ascendiendo desde su pecho. Un deseo de probarles que estaban equivocados, que no podían simplemente usarlo y desecharlo. No podía cambiar quién era, pero podía decidir cómo actuar a partir de ahora. Y aunque no sabía exactamente qué significaba eso, estaba seguro de una cosa: no permitiría que lo manipularan tan fácilmente otra vez. De la nada, alguien tocó a su puerta y Nexus se puso alerta inmediatamente. Empezó a levantarse con lentitud para acercarse a la puerta. Si era Zylus de nuevo, esta vez él no se retendría, si Lokar debía saber de él de nuevo sería por dejar incapacitado a uno de sus guerreros. Sin embargo, al acercarse a la puerta maltrecha, sintió la firma del kairu de Vexus. Su hermano. La sensación familiar lo tranquilizó para después inquietarlo. Abrió y lo miró con sorpresa. El chico, que antaño fue su reflejo, con la salvedad de los ojos verdes y el brillo helado que los distinguía a los trillizos Hiverax. Entró al cuartucho a la vez que Nexus cerraba tras de él. Se miraron por unos segundos, y por un momento ambos se quedaron inmóviles, evaluándose como si el tiempo no hubiera pasado. Vexus rompió el silencio primero, extendiendo el chip que sostenía entre los dedos, el que los conectaba telepáticamente. —Póntelo. —¿Por qué? —Nexus no pudo evitar la respuesta automática, aunque su mano ya estaba tomando el pequeño dispositivo. —Porque te lo digo yo. —El tono de Vexus era cortante, casi despectivo, pero había una nota de urgencia apenas perceptible— Y no discutas. Nexus extrañaba escuchar ese eco de su misma voz, la reconfortante sensación de estar nuevamente en hermandad lo volvió a envalentonar. El chico buscó en el nacimiento de su cabello, en la sien izquierda, la ranura de entrada al cerebro positrónico, sintiendo el leve tirón de la piel al deslizar el chip en su lugar. Al insertar el chip, sintió un golpe de sonido en los oídos internos, una sensación de apertura que lo conectó al eco conocido de la conciencia de Vexus. El espacio vacío que había dejado su hermano, llenándose con su presencia oscura y sin embargo considerablemente más blanda que la de Hexus y la suya. Solo entonces, Nexus fue consciente de cuanto extrañaba a su hermano y de cuanto él lo había extrañado a su vez. Pudo sentir sus sentimientos, su añoranza por su hermandad destruida y por el pasado, su frustración y una considerable cantidad de preocupación. Y aún así, Nexus percibió que eran sensaciones muy superficiales, muy básicas, como tonos de grises con apenas unos ligeros matices de color. Ahora que él había desarrollado verdaderas emociones, haciendo la comparación con lo que él había llegado a experimentar, conectarse a la mente de su hermano le supo diferente. Vexus abrió los ojos ante, seguramente, la nueva variedad que su hermano tenía. Su mente era ahora un despilfarro de vida que antes no estaba y que lo dejaba atónito. Nexus se llevó una mano a la sien, Vexus por su parte, no esperó a que Nexus terminara de ajustar sus pensamientos. No tardó en escuchar la voz precipitada de su hermano en su cabeza, clara, directa y sin preámbulos: —Modifiqué este chip para que tú y yo hablemos cuando sea necesario. —los ojos verdes de Vexus, más intensos en la penumbra, lo atravesaron como si esperaran una reacción— Solo tú y yo podemos usarlo. Nadie más. Ni Hexus ni Dexus saben que existe, y espero que no seas tan idiota como para decírselo. Vexus cruzó los brazos, apoyándose contra la pared con la misma seguridad que siempre había tenido, aunque ahora parecía más forzada. —¿Porqué haces esto? —preguntó Nexus, su tono mental seco pero con un matiz de genuina curiosidad— hace menos de veinticuatro horas me ignorabas como los demás. Vexus alzó una ceja, su mirada verde brillando con un destello calculador— Como podrás adivinar, algo ha cambiado... Tú.  Nexus frunció el ceño, desconfiado— Eso es evidente, pero ¿porqué es tan importante como para que amerite esta comunicación? —Porque has hecho enojar a los Battacor. —Vexus inclinó ligeramente la cabeza, su voz mental se volvió más grave— No son el equipo favorito de Lokar y harán todo lo posible por ascender. Ahora la han tomado contra ti, hermano. Buscan destruirte. Nexus dio un paso atrás, su expresión endureciéndose— ¿Y qué te hace pensar que eso me sorprende? —No se trata de sorprenderte, sino de prevenirte. —Vexus se separó de la pared y avanzó un paso hacia él— Cuando vimos tu sangre en los puños de Bash la noche en que apareció Maya… supe que esto iba más allá de una simple amenaza. —¿Cómo supiste que era mi sangre? —Nexus entrecerró los ojos. —Ellos mismos vinieron a nosotros a decirnos que si podían hacerlo contigo, lo harían con nosotros también. —Vexus le sostuvo la mirada, su voz ahora cargada de una franqueza poco usual— Hexus y Dexus los ignoraron. Dijeron que te regenerarías, que no valía la pena intervenir. Pero yo… Nexus interrumpió, su tono cortante— ¿Tú qué? —Yo sé que esto solo es el principio. —Vexus volvió a cruzar los brazos, pero esta vez su postura parecía más para contenerse que para mostrarse confiado— No fuimos precisamente buenos con ellos cuando les quitamos el kairu y de paso les dábamos una paliza. Sabía que se vengarían hasta las últimas consecuencias. Así que les insté a Hexus y Dexus a buscarte, a hablar contigo, pero ellos prefirieron mirar hacia otro lado. —Claro. —Nexus bufó, aunque su voz dejó entrever cierta amargura— Por supuesto que lo hicieron. Al final, ahora soy más prescindible para ellos que un sirviente... Vexus negó con la cabeza, sus ojos verdes reflejando algo parecido a la culpa— No para mí... Seguimos siendo hermanos. Por un momento, Nexus no respondió, pero los sentimientos de gratitud y nostalgia hablaron por él. Vexus sonrió suavemente, percibiéndolo y aceptándolo, por raro que se sintiese. Fue, de alguna forma, el primer abrazo que se dieron como hermanos. Finalmente, Nexus habló, con cautela— Entonces dime... ¿Qué es lo que está pasando?
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