ID de la obra: 1433

Doble lealtad

Het
R
En progreso
4
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planificada Midi, escritos 137 páginas, 71.131 palabras, 26 capítulos
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Capítulo 14 : Entrenamiento

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Nexus cruzó el umbral, con una viga pesada al hombro que crujía suavemente bajo la presión de su agarre. Había pasado el día reparando el techo una vez más, una tarea repetitiva que comenzaba a tornarse mecánica. La viga, que necesitaba para reforzar una sección débil, quedó apoyada contra la pared cuando recibió el mensaje de que Lokar lo requería. La estaba llevando desde la bodega hasta el cuarto que necesitaba arreglar cuando Marisa lo interceptó.  El maestro lo requería con urgencia en la sala de entrenamiento de nuevo. Nexus solo pudo pensar en Maya y darse cuenta de que seguro que la chica otra vez estaba al límite con una roca casi encima. No tenía tiempo de ir al otro lado del refugio para dejar la viga y luego volver a cruzarlo entero hasta Lokar, para después regresar de nuevo al trabajo. Así que Nexus se dirigió con la viga a cuestas a la sala de entrenamiento, sus pasos resonando por los pasillos. La sala de entrenamiento estaba casi a oscuras, pero no vacía. Un halo de luz, tenue y espectral, caía desde un agujero en el techo, revelando el contorno de Maya. Estaba sentada en posición de loto, inmóvil como una estatua viviente. El aire a su alrededor chispeaba con energía kairu, líneas de luz azul que danzaban erráticamente mientras las dos mitades de la roca flotaban sobre su cabeza. A primera vista, parecía tranquila, pero la intensidad en su rostro delataba un esfuerzo tremendo. Su concentración era absoluta, como si estuviera conectada a algo más allá de la realidad tangible. El ambiente estaba impregnado de una frialdad opresiva que provenía de Lokar. Aunque no se veía su figura, su presencia llenaba el lugar de una manera abrumadora. Las sombras parecían cobrar vida bajo su influencia, como si respondieran a su voluntad. —Supongo que te aburres reparando techos y limpiando el suelo, ¿no es cierto, Nexus? —La voz de Lokar emergió de todas partes a la vez, oscura, burlona, con un eco que hacía vibrar las piedras del lugar. Nexus dio un paso atrás instintivamente, sus músculos tensándose como si estuviera listo para el combate. Aunque llevaba por entero los pocos años de su vida bajo el mando de Lokar, esa voz todavía tenía el poder de desencadenar una reacción instintiva de alerta. —Ahora tendrás la oportunidad de hacer algo diferente. —La declaración flotó en el aire, cargada de intenciones que Nexus no podía descifrar. Frente a él, flotando en un movimiento lento y deliberado, apareció su antiguo X-Reader. La luz blanca del aparato cortó las penumbras al desplegar el carrusel holograma de monstruos y ataques que giraban en el aire. Nexus miró a su alrededor, esperando encontrar a Lokar físicamente, pero el maestro no estaba presente. O, al menos, no como una figura tangible. Lokar no era solo un individuo, a veces parecía un ser de una maldad casi omnipresente, un ente que podía manipular la percepción y retorcer el espacio. A Nexus le costaba comprenderlo incluso después de tanto tiempo bajo su sombra. Con cierta vacilación, Nexus extendió su mano enguantada y tomó el X-Reader. El contacto con el aparato, una reliquia de su tiempo como parte de los Hiverax, le resultó extrañamente familiar y perturbador. La pantalla brilló intensamente mientras las opciones se desplegaban frente a sus ojos. Al centro de la pantalla, apareció Neurax, su monstruo. La negrura absoluta de su piel, veteada por líneas azules. Los ojos eléctricos del avatar parecían mirarlo con vida propia, guiñándole como si le recordaran todas las victorias y traiciones grabadas en su memoria. Nexus sintió un escalofrío recorrer su columna al recordar todo lo que había sido en el pasado. La voz de Lokar resonó de nuevo, envolviendo la sala como un manto de sombras. —¿Quieres ayudar a entrenar a Maya, Nexus? —preguntó con una mezcla de burla y autoridad— Hagamos un trato. Si logras herirla, tendrás un día libre a la semana. El ofrecimiento lo golpeó con fuerza. Su mirada, perdida momentáneamente en la imagen de Neurax, se alzó hacia la penumbra, como si esperara encontrar un rostro en la nada. El concepto de un día libre sonaba extraño. El peso de esa oferta lo golpeó como un martillo. Un día libre... ¿era eso posible?  —¿Lastimarla de verdad? —repitió con incredulidad— ¿Eso no va en contra del código, maestro? Nexus alzó la mirada, intentando descifrar las tinieblas que lo rodeaban. Pero la voz continuó, aún más siniestra— Piensa en un día entero sin trabajo, Nexus. Podrás entrenar por tu cuenta, si es lo que deseas. Pero decide rápido, o puedo asegurarte que ese día se convertirá en veinticuatro horas de trabajo ininterrumpido. El ruido seco de la viga al caer interrumpió el tenso intercambio, como un martillazo en la mente de Nexus. El sonido resonó en la sala vacía, amplificado por la oscuridad, y por un instante el aire pareció cargarse con una expectación pesada. Nexus bajó la vista hacia el objeto inerte, consciente de que lo que habían sido sus ocupaciones hasta ahora —reparar techos, limpiar pisos, cocinar, huir de los Battacor, acatar órdenes sin sentido, soportar una y mil burlas y golpizas diferentes— podía terminarse por un momento a la semana. Maya, ante el sonido de la viga resbalándose al suelo, abrió los ojos. Las rocas sobre su cabeza temblaron oscilantes, pero se mantuvieron flotando— ¿Nexus? —dijo ella, como en un sueño. —Necesito que seas tan duro como eras en las batallas, Nexus. —continuó la voz de Lokar, insistente— Necesito al Hiverax que yo creé... No esto en lo que te está convirtiendo el trabajo domestico. Quiero ver al guerrero que forjé con oscuridad y poder y sé que tú también quieres verlo. Nexus se halló pensándolo detenidamente. Él también quería volver a ser ese monstruo. Y no se refería a Neurax. Él quería volver a ser él mismo. Todo lo que había descubierto era bueno, sus nuevas emociones, las experiencias, los sentidos, pero nada se comparaba al poder de un instante en la piel de Neurax. Esa oscuridad... era suya y podría volver a tenerla, aunque solo fuera por un instante. —Se acabó el tiempo de espera, —Lokar se materializó a su lado, como si emergiera de las sombras mismas. Con un gesto casual, el maestro lanzó las rocas de la cabeza de Maya al otro lado de la sala. El ruido del impacto resonó, como si la sala estuviera celebrando el comienzo de algo inevitable— ¿has decidido? —Si, maestro. Nexus dio un rápido golpe con su mano al holograma que empezó a girar como un carrusel, con las diferentes tarjetas de ataques y de monstruos pasando con rapidez por la pantalla del X-Reader. Neurax resplandeció cuando Nexus lo eligió y su poder lo envolvió en pocos segundos con un resplandor azul oscuro antes de que este lanzase su primer ataque. —Shadow warriors. Una nube de humo negro azulado brotó de sus manos, envolviendo a Maya. Ella gritó, llevándose las manos a la cabeza mientras la oscuridad la consumía. Parecía que mil fantasmas la rodeaban, susurrando palabras que la confundían, robándole energía y claridad mental. Maya cayó de rodillas, jadeando, tratando de recobrar el control.  —¿Qué te sucede? —le gritó, casi asfixiándose— pensé que no nos llevábamos mal... Al disiparse el humo, ella sacó su X-Reader, ante el carrusel de hologramas, la chica escogió su Harrier, el monstruo emplumado verde. Incorporándose, buscó un ataque. Nexus no esperó. —Pensaste mal —respondió él, volviendo a usar su X-Reader— ¡Lokar's Void! Enseguida olas azules de oscuridad envolvieron a Maya alzándola en el aire en un vacío ingrávido que la hizo perder el equilibrio y dar vueltas sin control mientras trataba de escoger un ataque. Esto era un soplo de aire para Nexus, poder usar su poder, el que le había sido negado hacía tanto tiempo, era como volver a respirar. Sin esperar más, invocó todo el poder de su Neurax y el kairu oscuro volvió a adentrarse en él para transformarlo físicamente en el monstruo. —Ataca, Maya, ¿qué estás esperando? —rió Lokar, su tono cargado de burla— ¿No querías que él te ayudara a entrenar? Esto es lo que pediste. Un destello azul oscuro inundó la sala cuando la energía del kairu lo envolvió. El aire se volvió pesado, como si una tormenta estuviera a punto de estallar. Las sombras parecían cobrar vida, retorciéndose hacia él. Nexus sintió cómo el poder de Neurax fluía en su interior, como un río helado que lo llenaba de fuerza y oscuridad al mismo tiempo. Su cuerpo se transformó, cada músculo tensándose, su figura ampliándose hasta que ya no era un humanoide. Ahora, era un monstruo de seis metros, con piel negra como la misma oscuridad y vetas de tinta azul eléctrico, sus ojos brillando como llamas azules, una criatura de pesadilla diseñada para destruir. Cuando Maya cayó al suelo, después de rebotar un poco, se incorporó dolorosamente con un codo en el suelo y miró hacia arriba. Seis metros más arriba, Neurax se alzaba ante ella, como un ser con hambre de destrucción. —Nexus... —murmuró ella, consternada. Ella se esforzó por volver a levantarse. Nexus no respondió. Solo avanzó un paso más, su silueta colosal cubriéndola como una sombra infinita. El monstruo reptiloide siseó con un sonido que reverberaba hasta los huesos. Neurax disfrutaba de volver a ser él, aunque fuera por un momento. En lo alto, Lokar sonreía, sus ojos destellando con satisfacción y crueldad. —Bien, Nexus —dijo Lokar, con una sonrisa maliciosa que resonaba incluso en su tono—. Quizás seas más útil de lo que creí. Maya miró a Lokar y luego a la figura imponente de Neurax frente a ella. La realización la golpeó como una ola de agua helada: este no era un simple entrenamiento. Lokar estaba jugando con ellos, manipulándolos. Este era otro truco de Lokar, otro sádico truco que le ayudaría a sacar su máximo potencial. Pero a las malas. —Así que es esto lo que quieres —gruñó ella entre dientes, dejando que la furia llenara su voz. Sin más preámbulos, invocó a Harrier por completo. Una ola de energía verde y plateada envolvió su cuerpo, transformándola. Un par de majestuosas alas de plumas esmeralda se desplegaron con un sonido seco, casi amenazante, y sus manos comenzaron a alargarse y curvarse en afiladas garras de águila. Su rostro se extendió ligeramente, formando un pico tan afilado como una daga, mientras sus ojos adoptaban un brillo amarillo intenso, como los de un depredador. —¡Banshee Scream! —gritó Maya, extendiendo sus manos hacia Neurax. Un rayo ardiente de fuego anaranjado salió disparado, acompañado de un coro escalofriante de gritos de almas en pena. El sonido resonó en la sala de entrenamiento como un terremoto sónico, haciendo temblar las paredes. Fragmentos de roca y polvo se desprendieron del techo, cayendo al suelo con un estrépito que casi se ahogaba en el clamor. Pero Nexus, o más bien Neurax, no era un adversario fácil. La monstruosidad de seis metros anticipó el ataque. Con movimientos calculados, levantó uno de los trozos de roca antes lanzados por Lokar y lo usó como escudo. El rayo chocó contra él, partiéndose en dos y dejando corrientes de luz anaranjada que se deslizaban a ambos lados de su escudo como si fueran ríos de lava. Neurax dejó escapar una risa baja, gutural, amplificada por la forma monstruosa que había adoptado. Su voz resonaba doble, una mezcla de su tono humano y un gruñido profundo, bestial y oscuro. —¿Eso es todo, Maya? —Neurax lanzó un rugido que hizo eco en toda la sala, mientras su poder parecía crecer aún más, alimentado por la energía oscura del kairu— es realmente decepcionante. Maya apretó los dientes, obligándose a mantenerse firme. Las alas de Harrier se extendieron aún más, el plumaje brillando con una luz iridiscente. —Se ve que lo disfrutas ¿no es cierto, Nexus? —sus alas la elevaron por encima de Neurax, alzándola hasta casi tocar el alto techo de roca, rozando las sombras con su silueta. Su mente trabajaba frenéticamente, buscando una estrategia. No podía permitirse fallar, no ahora. La debilidad de Nexus eran los ataques de cualquier color menos el azul, debía recordarlo. —Hay viejos vicios que nunca se superan —siseó él, y su tono vibraba de emoción, como si la batalla misma lo alimentara. Cada fibra de su cuerpo parecía estar hecha para ese momento. Maya, con el cuerpo tensado y las alas extendidas como un escudo viviente, respondió con rapidez— ¡Anti-Matter Saw! —De sus manos surgió una hoja reluciente, girando a una velocidad vertiginosa mientras se lanzaba directo hacia Neurax. Pero Nexus no se quedó atrás—¡Terror-eyes! —Con un rugido gutural, abrió su hocico reptiliano y desató una lluvia de flechas brillantes, cada una con forma de ojos azules. El choque de ambos ataques iluminó la sala con una explosión de luces verdes y azules, como una tormenta contenida. El impacto sacudió el espacio, pero mientras las flechas atravesaban el aire, algunas impactaron a Harrier. Maya sintió su fuerza disminuir al instante. Lo peor vino cuando la sierra metálica, desviada por el ataque de Neurax, regresó hacia ella. Maya apenas pudo esquivarla, y aun así, un corte limpio atravesó una de sus alas y rozó su costado. Con un grito ahogado, perdió el equilibrio y cayó como un peso muerto. El impacto contra el suelo fue brutal. Maya apretó los dientes para no gritar más, su cuerpo palpitando de dolor. El ala herida colgaba sin fuerza, con una flecha aún incrustada en el hombro contrario, del costado manaba un hilo de sangre. Y aunque el resto de su cuerpo quería rendirse, su mente no se lo permitió. —Ríndete —siseó Neurax con su voz antinatural, cada palabra reverberando como un eco— Ríndete o no me dejarás más opción que seguirte lastimando hasta destruirte. Maya, jadeante, se levantó con esfuerzo. Un brillo desafiante cruzó sus ojos amarillos— ¡Sonic Slap! Un rayo verde salió disparado, golpeando el pecho de Neurax y empujándolo varios metros hacia atrás hasta hacerlo chocar contra la pared de roca contraria. Fue suficiente para darle un momento, un respiro para replantear su estrategia. Pero Nexus no se detuvo. Con una sonrisa maligna, esquivó el siguiente ataque como si fuera un juego y el siguiente ataque ni siquiera estuvo cerca de impactarlo. —¿Eso es todo? —se burló mientras avanzaba con pasos pesados, cada vez más cerca. Maya lo intentó de nuevo, una y otra vez— ¡Laser Claw! —Pero su adversario detenía sus ataques lanzando otros con una facilidad insultante. Nexus incluso comenzó a reír, primero bajo y luego con fuerza, su voz mezclándose con la carcajada gutural de Lokar desde las sombras. Maya lanzó por tercera vez el ataque, antes de ser frenada por Nexus que levantó su mano, apuntando directo a Maya— ¡Neural Blast! Un líquido azul oscuro salió disparado, envolviendo las piernas de Maya como una trampa viscosa. Forcejeó con desesperación, pero la sustancia no cedía. La voz de Nexus resonó con un tono helado— Te lo advertí... ¡Vampiric Nightmare! Una nube oscura, cargada de energía kairu, la rodeó. Maya sintió cómo su fuerza se drenaba con brutalidad, como si su propia esencia estuviera siendo arrebatada. Su cuerpo cayó al suelo, sin energía para levantarse, mientras Harrier desaparecía en un destello verdoso. Un corte, muy real, mellaba la piel de su costado y brazo izquierdo, donde su propio disco cortó al pasar y la flecha que había impactado en su hombro. Estaba viva, porque los ataques kairu no mataban, pero si podían herir, como ahora. Nexus cayó de rodillas cuando Neurax se desvaneció en un fulgor azul eléctrico. Su respiración era pesada, sus manos temblaban. La adrenalina lo mantenía en pie, pero su mente estaba dividida. Había usado ese poder contra la única persona que alguna vez confió en él. Y aunque parte de él se regocijaba en la gloria del combate, otra parte sentía el peso de la culpa. El poder había sido maravilloso y lo había extrañado por mucho tiempo. Casi se podía decir que el kairu oscuro lo extrañaba a él de alguna forma. Neurax lo había estado esperando para darle su poder y para acompañarlo de nuevo en combate. Pero cuando el kairu oscuro regresó al X-Reader y su forma volvió a ser la de siempre, Nexus entendió lo mala que era realmente la oscuridad. Lokar se materializó junto a Nexus, envuelto en su aura de oscuridad. Su risa aún resonaba, un eco inquietante que parecía impregnarse en el aire, como un zumbido de fondo que erizaba la piel. —Todavía tiene mucho que aprender… sigue siendo una niña. —murmuró mientras observaba el cuerpo inerte de Maya en el suelo. Sus palabras llevaban un matiz de orgullo perverso— Pero debo admitir que se defendió mejor de lo que esperaba. Lokar giró la cabeza hacia Nexus, sus ojos brillantes escrutándolo con intensidad. Los mismos ojos que Maya, pensó Nexus, ahora que lo veía bien, le era evidente el parecido familiar, aunque fuese tan diluido. Pero Maya no era como él, ella era buena a pesar de todo y seguiría siéndolo después de esto. —Tú tampoco lo hiciste mal, Nexus. El chico apenas respondió. Sus ojos estaban clavados en su X-Reader, el dispositivo ahora descargado tras la intensidad de la batalla. En su holograma, la imagen de Neurax aún flotaba, tenue y parpadeante. El monstruo que había sido un regalo de su maestro, su posesión más valiosa luego del chip que lo conectaba a sus hermanos. Le había prestado su oscuridad una vez más... quizá la última. Con manos temblorosas, Nexus entregó el X-Reader a su maestro. No pronunció palabra. El aparato flotó desde sus manos hasta las de Lokar, quien lo tomó con cuidado, como si estuviera reclamando un trofeo. Su sonrisa de suficiencia no dejaba duda: todo había salido como lo planeó. —Un trato es un trato, Nexus. —Lokar sonrió con crueldad—. Mañana estarás exento de tus labores. Pero no creas que me engañaste… sé que no diste el cien por ciento en esta batalla. Pudiste haberla destruido por completo, y te contuviste. Nexus mantuvo la mirada fija en el suelo, sin dignarse a responder. No había sido lo suficientemente duro, no como antes, aunque estuviera dominado por el kairu oscuro, aun su raciocinio seguía siendo el del chico que ahora era. El chico ciborg que había cambiado. Y era este chico, el Nexus actual, el que se incorporó con dificultad, presa aun del cansancio y el desaliento de haber lastimado a Maya. En silencio, caminó hacia la viga que había abandonado al entrar, levantándola al hombro con esfuerzo. Ahora volvía a ser un sirviente, y la "transformación" fue tan inmediata que Lokar apenas pudo contener una carcajada. —Recuerda esto, Nexus: para ella no eres más que un juguete. —Lokar se acercó, inclinando la cabeza con un tono venenoso—. Dejaste de ser un verdadero guerrero cuando nos deshonraste. Que no se te olvide. El joven asintió lentamente y realizó una reverencia. Sus ojos vacíos ocultaban el torbellino de emociones que bullían dentro de él. Antes de salir, lanzó una última mirada a Maya. Allí estaba, en el suelo, inconsciente y vulnerable, sangrando. Lokar se inclinó sobre ella, canalizando su kairu oscuro para cerrar sus heridas superficiales. La chica estaría bien, pero quien sabe si podría perdonarlo. Mientras la veía, Nexus sintió el peso de la culpa perforándole el pecho. Se preguntó, por un instante, si había sido demasiado cruel al herirla con tal saña. Pero su lado más pragmático lo frenó. No, había hecho lo necesario, no más ni menos. Aprovecharía este día libre para planificar la venganza y ayudar a Maya al robo del kairu. En algún momento, ella lo entendería. Ella se lo agradecería... en algún momento.
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