Capítulo 16 : Pergaminos y armas
23 de noviembre de 2025, 23:40
La biblioteca del refugio era un lugar opresivo, profundo y frío. Según contaba Lokar, había pasado mucho tiempo allí en una época diferente de su vida. Maya había tenido la oportunidad de hablar con él, y el líder parecía sentirse reconfortado al compartir sus pensamientos con alguien que consideraba a su nivel intelectual. Esto lo llevó a revelarle fragmentos de su pasado.
Al parecer, este refugio era un antiguo monasterio, similar al que en su momento dio cobijo a Maya. Lokar lo habitó durante varios años mientras se preparaba para ser maestro del kairu: Un Redakai. Antes de trasladarse aquí, había dejado atrás el otro refugio, aquella torre solitaria en un páramo congelado. El monasterio abandonado resultó ser más adecuado, pues tenía espacio suficiente para alojar a sus secuaces, sirvientes y pertenencias.
La biblioteca se suponía que estaba tal y como la habían dejado los monjes que lo abandonaron. Maya, después de explorar el lugar, terminó cubierta de polvo hasta en la ropa interior y con telarañas en el cabello cuando finalmente se sentó en un rincón que Nexus había preparado para ella. Era un espacio anexo a la biblioteca, con un tragaluz en el techo subterráneo que permitía que la luz natural iluminara los viejos pergaminos.
Nexus apareció a las dos de la mañana, en completo silencio, cargando una caja grande entre sus brazos. Su entrada, bañada por la tenue luz de las velas, resultó extrañamente reconfortante para Maya después de tantas horas con la única compañía de los pergaminos y el polvo.
—¿Qué traes ahí? —preguntó ella, tras recibir apenas un saludo de su compañero.
Él dejó la caja en el centro de la sala y la miró con seriedad— Tienes una araña en el pelo. —Maya reaccionó al instante, soltando un grito ahogado mientras se sacudía la cabeza y lanzaba al pequeño intruso hacia un rincón con brusquedad.
—¿No estás... molesta por lo de ayer? —preguntó Nexus, su tono neutro apenas ocultando el rastro de preocupación en su voz.
Maya dejó caer la mano de su pecho, finalmente recuperada del susto de la araña, y lo miró con una mezcla de incredulidad y diversión—. ¿Por qué habría de estarlo? Fue necesario, ¿no? Lokar me explicó que hizo un trato contigo y que cumpliste a la perfección. —Se cruzó de brazos y añadió con una sonrisa— Estuviste increíble, a decir verdad. Ya había olvidado lo duro que puedes ser en combate.
—Eso no significa que estuviera bien —replicó Nexus, su voz ahora cargada de seriedad—. Te herí, Maya. No solo un poco, no fue algo superficial... vi cómo te derribé. Y lo peor es que... —hizo una pausa, evitando mirarla— lo disfruté. La energía del kairu oscuro... me hace algo. Me alimenta de una manera que no puedo describir, pero también me consume.
Maya observó su expresión, entendiendo de inmediato el conflicto interno que lo atormentaba. Se inclinó hacia él, suavizando su tono— Es comprensible, fuiste creado con kairu oscuro. Seguro que tu esencia tiende aún a la maldad... —murmuró ella, pensativa— Me derribaste porque así debía ser, Nexus. Esto no fue personal, fue estrategia. Y sí, me lastimaste, pero estoy aquí, de pie, y estoy bien. Lokar tiene razón: cumpliste a la perfección. Eso no me enfada... de hecho, me impresiona.
—¿Te impresiona? —preguntó Nexus, alzando una ceja, incrédulo.
Maya asintió lentamente, su expresión cambiando a seriedad— Por supuesto... Tu Neurax es un monstruo increíble. Ky, Boomer y yo solíamos temer mucho cuando ustedes se transformaban. —Ladeó una sonrisa nerviosa, como si el recuerdo aún le provocara un leve escalofrío— La verdad, los tres eran aterradores, pero el tuyo... —hizo una pausa, mirándolo directamente—, el tuyo tiene algo diferente. No sé si sea porque estaba en el medio de los tres en la fusión Hydrax. Pero de verdad es como si... no tuviera límites.
Nexus frunció ligeramente el ceño, evitando su mirada por un momento mientras cruzaba los brazos— No tiene nada de especial, solo soy yo controlándolo. Tal vez deberías temerme a mí, no a Neurax.
—No seas ridículo —se rió ella, restándole importancia, Nexus levantó la vista, encontrándose con los ojos sinceros de Maya. Ella esbozó una pequeña sonrisa— Así como lo disfrutaste tú, yo también lo hice, Nexus. Tranquilo, de verdad. Hará tiempo que no salía de esa celda ni tenía un verdadero enfrentamiento, y a decir verdad, esa batalla sería algo que desearía con fuerza repetir.
Nexus no pudo evitar una ligera sonrisa al escuchar eso, aunque no respondió. En cambio, simplemente asintió, sintiendo un poco menos de peso sobre sus hombros.
—¿Te crees capaz de soportar mis ataques de nuevo? —le sonrió, irónico.
Maya lo miró con desafío— Lo verdadera pregunta es ¿estás tú listo para todo el potencial que alcanzaré cuando Lokar termine de entrenarme?
Nexus soltó un leve resoplido, pero su sonrisa permaneció— Ya veremos, Maya. Ya veremos. —su gesto se ensombreció levemente— ¿Entonces de verdad no estás molesta?
—Ay, Nexus —se soltó a reir ella, rodando los ojos— Dejémoslo así ¿quieres? Me hiciste un favor. Además, ahora tengo dos cicatrices más para enseñárselas a mis amigos al regresar.
Mientras hablaba, levantó la camiseta y dejó al descubierto su costado, mostrando las marcas de los ataques de kairu. La luz de las velas resaltaba la suavidad de su piel oscura y tersa, donde dos líneas blancas surcaban con timidez su superficie, obligando a Nexus a tragar en seco antes de apartar la mirada.
—Supongo que estamos a mano —murmuró, concentrándose en la caja—. Ocupé mi día libre consiguiendo esto. Te será de mucha ayuda.
Maya bajó la camiseta y lo observó con curiosidad— ¿Qué es?
Nexus se inclinó, abrió la tapa de la caja y dejó al descubierto un conjunto de dispositivos brillantes, fragmentos de tecnología avanzada. Algunos tenían marcas militares, claramente extraídos de un arsenal.
—Cuando estaba con los Hiverax, Lokar nos envió a robar un hangar en un país lejano —empezó a explicar Nexus mientras sacaba uno de los dispositivos—. Usaban kairu para alimentar armas de acción nuclear.
Maya frunció el ceño y se cruzó de brazos— ¿Lograron quedarse con todo el kairu?
Nexus negó con la cabeza— No todo. Esa misión sigue en pie, de hecho. Mis hermanos aún están trabajando en ello, robando grandes cantidades poco a poco. Pero no es fácil. Los humanos han desarrollado armas bastante peligrosas.
—¿Qué clase de armas podrían representar una amenaza para los Hiverax? —preguntó ella, con genuina curiosidad.
—Te sorprenderías. Tenían bazucas kairu de una potencia tremenda y granadas eléctricas que paralizan incluso a los más fuertes. Pero esto... —alzó un pequeño control plateado que brillaba bajo la luz tenue—, esto fue lo que me llamó más la atención. Según entendí, crea firmas kairu falsas. Lo usaban para confundir a sus enemigos, haciéndoles creer que el kairu estaba en un lugar diferente.
Maya lo miró con los ojos entrecerrados— ¿Y para qué trajiste esas cosas aquí?
Nexus alzó una ceja, como si la respuesta fuera obvia— Para ayudarte a completar tu plan. Cuando tus amigos lleguen a los depósitos de kairu, podrán usar esto. Primero, para borrar sus propias firmas y asegurarse de que Lokar no los detecte. Segundo, para dejar rastros falsos que apunten a los Battacor como los culpables.
Ella lo observó en silencio durante un momento, procesando la información— Eso... eso podría funcionar. Pero tendríamos que asegurarnos de que nadie detecte que los rastros son falsos. Si Lokar sospecha de alguna manipulación...
—Por eso traje esto también —añadió Nexus, señalando un par de dispositivos más grandes en la caja—. Son inhibidores. Bloquean las ondas kairu en un radio limitado. Úsalos para cubrir su escape.
Maya lo miró con ojos grandes, impresionada— Parece que ya lo tienes todo pensado.
Nexus esbozó una ligera sonrisa, casi arrogante— Pero tendrás que hacer que ellos lo hagan todo ¿entiendes? tendrás que aprender a usarlos para luego mostrárselos a ellos. La noche del robo, deberás estar con Lokar, o cerca de él, para poder salir indemne. Yo tendré que crear una coartada propia, mantenerme siempre cercano para que tampoco sospechen de mi.
Maya lo observó, más seria ahora— Espero que tengas razón, Nexus. Si esto falla, Lokar no se lo tomará bien. Y yo no quiero ver a mis amigos pagar las consecuencias.
—Confía en mí —respondió él, con una seriedad inquebrantable que hizo que Maya se detuviera a escuchar cada palabra—. Funcionará. Pero tienen que ser rápidos y precisos. Lo mejor será atacar de noche, cuando la vigilancia sea mínima. Todavía estoy averiguando los horarios de los guardias y las rutas de patrulla. Tan pronto lo sepa, te lo haré saber. Además —añadió mientras examinaba uno de los dispositivos en sus manos—, planeo dejar rastros de los Battacor, no solo firmas de kairu, sino evidencias físicas que no puedan negar.
Maya lo observó en silencio, cada vez más impresionada por el nivel de detalle en su plan. Mientras Nexus continuaba sacando los aparatos de la caja, su determinación parecía casi palpable, como si este robo fuera algo personal para él.
Por un momento, no supo qué decir. Finalmente, rompió el silencio—. ¿Cómo llevaré esto a mi cuarto sin levantar sospechas? —preguntó con un tono práctico, aunque su voz delataba un toque de preocupación. No solo la caja era pesada, sino voluminosa, saltaba a la vista en medio de la habitación.
Nexus resopló, casi divertido por la pregunta— Sería muy irresponsable... y poco inteligente. Los sirvientes entramos y salimos de las habitaciones de los E-Teens todo el tiempo. Te divertiría saber todo lo que he descubierto a base solo de caminatas por los pasillos de noche, o de pequeñas irrupciones en sus cuartos. Si alguien encuentra la caja, nos delatarían.
Maya apretó los labios, frustrada consigo misma—. Tienes razón. Entonces ¿Dónde lo escondemos?
Él hizo una pausa, evaluando sus opciones antes de hablar—. Hay un árbol grande al final del bosque, antes del páramo que conduce a las montañas, dejaré una marca ahí, justo en el límite donde nadie se molesta en patrullar. Enterraremos la caja ahí abajo y ese será nuestro punto de reunión. Es un lugar seguro. Te lo mostraré cuando tengamos una oportunidad. Por cierto, ¿tienes forma de contactar a tus amigos?
Ella negó con la cabeza— No. Los Hiverax me quitaron el comunicador cuando llegué.
Nexus frunció el ceño —. Entonces tendrás que conseguirlo de nuevo.
Maya sonrió con un toque de emoción en su mirada— No te preocupes, puedo encargarme de eso. Con mis exploraciones mentales, he dado con él... solo que está en la habitación de tus hermanos...
—¿Aún así quieres conseguirlo sola? —la miró pensativo.
—Tú ya has hecho suficiente y yo también quiero divertirme —su sonrisa se volvió desafiante y con una traviesa superioridad.
Él levantó la vista, encontrando en sus ojos dorados un entusiasmo que no esperaba. La intensidad de su compromiso lo sorprendió, aunque no lo dejó ver. En cambio, ladeó una media sonrisa antes de señalar los pergaminos apilados a un lado de la habitación.
—Por ahora, será mejor que estudies. —Su tono era firme pero no severo, una advertencia disfrazada de consejo— Si Lokar sospecha que algo no cuadra, no dudará en castigarnos... A ti o a mí en mayor medida.
Maya respiró hondo, captando el doble filo de sus palabras. Con un asentimiento, tomó uno de los pergaminos, mientras Nexus se enderezaba y guardaba los dispositivos restantes en la caja. La tensión en el aire era tangible, pero por primera vez, Maya sintió que tenía un verdadero aliado.
Se quedó inmóvil, su mente llena de pensamientos entremezclados. Por un lado, la sensación persistente de que Nexus había hecho demasiado por ella ya, y por otro, la urgencia de demostrar que podía manejarse sola. Aunque no dejaba de pensar que el chico solo se cubría las espaldas y trataba de encaminar todo a una venganza magistral, Maya aun sentía que debía ahorrarle trabajo. No podía dejárselo todo a él, además, eso sería muy poco amable de su parte.
Por eso, al irse Nexus con la caja, ella se frotó los ojos mientras guardaba los pergaminos y apagaba las velas a su paso, regresando a su cuarto. En su camino, iba calculando cómo conseguir el comunicador que necesitaba sin despertar sospechas. “Nexus ya no es como ellos”, pensó. Era un pensamiento recurrente. Los otros Hiverax eran cínicos, casi mecánicos, y su sola presencia le daba escalofríos. En cambio, Nexus... él era diferente. Hasta parecía irradiar cierto calor humano que sus hermanos carecían.
Sus reflexiones se vieron interrumpidas por un leve chirrido en el pasillo, un sonido que la hizo detenerse en seco. ¿Una puerta mal ajustada? La luz plateada de la luna atravesaba los ventanales, proyectando sombras largas y cambiantes sobre el suelo de piedra. Maya entrecerró los ojos y giró lentamente la cabeza hacia el origen del ruido. Frente a ella, una figura surgía desde una puerta entreabierta en el corredor.
Su corazón dio un vuelco al reconocer la piel verdosa y el cabello celeste. Zane. Era inconfundible. Su complexión musculosa y las marcas oscuras alrededor de sus ojos le daban esa apariencia depredadora, inquietante incluso en reposo. El chico estaba vestido apenas con unos bóxers y el cabello desordenado, como si acabara de levantarse de una noche pesada. O, en este caso, de algo más. Considerando que casi era el amanecer, era comprensible su expresión.
Maya se escabulló entre las sombras, buscando no ser vista, justo a tiempo para notar otra figura emergiendo de la misma habitación. Sus ojos se abrieron como platos cuando reconoció a Teeny, la chica de piel aceitunada y cabello corto, blanco como debía estar de pálida Maya por la sorpresa. Teeny estaba vestida de manera similar: apenas un conjunto negro de ropa interior que contrastaba con su piel y resaltaba bajo la tenue luz.
La escena frente a Maya era desconcertante. La chica peliblanca se acercó a Zane y le abrazó por la espalda, rodeando su torso, mientras inclinaba el rostro, depositando un beso lento y prolongado en el cuello de Zane en lo que pareció una despedida cargada de intimidad.
Zane cerró los ojos por un momento, disfrutando del contacto. Cuando Teeny finalmente se separó, Maya notó cómo él la observaba mientras ella caminaba por el pasillo contrario. No se movió hasta que escuchó el eco de una puerta cerrándose en la distancia. Solo entonces, Zane giró y tomó el camino hacia su propio cuarto, con paso lento, seguro.
Maya, aún oculta, no pudo evitar cubrirse la boca para ahogar una risa. La imagen de Zane, tan calculador y frío, hasta psicótico por momentos, envuelto en un momento de vulnerabilidad tan humano, le resultaba irónica.
¡Como se divertiría contándoles a sus amigos todo esto cuando regresase! Seguro que ellos no la creerían, pero eso lo hacía aún más divertido.
El pasillo volvía a quedar en calma, el eco de los pasos de Zane ya desvanecido. Maya suspiró, lista para continuar su camino, cuando otro sonido rompió el silencio de la madrugada: algo metálico, sordo, como un compás resonando en la distancia. Maya detuvo el aliento, su cuerpo poniéndose alerta de manera instintiva. Fue entonces cuando lo sintió: una oleada familiar y escalofriante recorriéndole la piel.
Había olvidado que podía percibir las firmas de kairu de cada adolescente en el refugio. Ahora, con claridad alarmante, captaba aquellas presencias densas, oscuras y poderosas que regresaban al refugio como una marea amenazante. Los Hiverax estaban de vuelta.
Notas:
Algo que me divierte mucho es escribir estas pequeñas situaciones de Zane y Teeny. Creo que es el shippeo menos esperado, y eso quizá lo hace aun más divertido. Cuando veía la serie, me hacía gracia pensar que estas situaciones sucederían si todos los E-teens convivían en el mismo refugio. Es decir, que los menos compatibles se emparejaran en secreto.
De ahí la idea de crear esta idea de todos los E-Teens en un mismo refugio, grande, amplio, con niveles y lugares para cada uno, en la que pusieran juntos a todos en un mismo sitio, para reírme un poco con algunas de estas situaciones tontas.