ID de la obra: 1433

Doble lealtad

Het
R
En progreso
2
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planificada Midi, escritos 137 páginas, 71.131 palabras, 26 capítulos
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Capítulo 18 : Reencuentro

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Lokar sostenía una roca en una mano, sopesándola como si pudiera desentrañar sus secretos a través del contacto. Sus ojos dorados destellaban con una intensidad fría mientras estudiaba la textura, cada línea y grieta parecían contarle historias que solo él podía escuchar. Al otro lado de la sala, Maya luchaba por mantener dos mitades de la roca flotando en el aire sobre otra nueva igual de enorme. Sus músculos temblaban bajo la tensión, para este punto ya había aprendido a soportar más. Lokar, sin embargo, no estaba impresionado. —Vuelve a la biblioteca —le dijo con un murmullo de desaprobación— No has estudiado lo suficiente. Maya dejó escapar un suspiro, pero no replicó. Sabía que discutir con Lokar solo alargaría su humillación. Con un último empuje, movió las piedras hacia un rincón donde no estorbaran, liberando por fin el peso que parecía haber estado aplastándola. Lokar se desvaneció entre las sombras, dejándola sola en el frío y cavernoso salón de entrenamiento. Esperó unos segundos para asegurarse de que no regresaría, y luego corrió hacia su habitación. Su corazón latía con fuerza, no por el esfuerzo físico, sino por la urgencia de su próximo movimiento. Abrió la puerta con cuidado, su mirada recorriendo el espacio vacío antes de lanzarse hacia el cajón donde había escondido el X-Comm. —¿Ky? —susurró con ansiedad, su voz apenas audible mientras activaba el dispositivo—. Ky, Boomer, respondan. Probó un par de veces más, tratando de establecer comunicación, girando las pequeñas perillas para poderlo poner en funcionamiento. La respuesta llegó después de un breve silencio, rompiendo la tensión con una chispa de emoción. —¿Maya? —era la voz inconfundible de Boomer, llena de alegría y alivio—. ¡Wooo! ¡Qué gusto escucharte! ¿Por qué has tardado tanto? No sabes lo preocupados que están ahora todos, el equipo Tiro no deja de preguntar por ti y Ky está más apagado y mudo que un pedazo de pan blanco sin sal. La risa de Maya escapó en un susurro, cálida y relajada después de días de tensión—Tranquilo, Boom. —Sonrió, bajando la voz, pero contagiada de la revitalizante energía del chico que consideraba como a su hermano— Tengo mucho que contarles a ti y a Ky, pero necesito que vengan ¡Les enviaré las coordenadas! Deben llegar por la noche, y ahí podré explicarles todo. —¡Claro que sí! —respondió Boomer, su entusiasmo apenas contenido— Envíanos los datos, iremos a ayudarte tan pronto Ky despierte de su siesta de oso hivernador. Desde que te fuiste no deja de dormir y pasársela solo ¡No sabes cómo se pondrá al saber que no solo estás bien sino que tienes todo un plan para una próxima aventura! ¡Ah, y el maestro Boaddai! Lleva algo gruñón más días de los que te puedes imaginar. —Yo también los extraño... a todos —murmuró Maya, su voz teñida de una alegría melancólica— Pero no puedo hablar más ahora, Boom. Les contaré todo cuando nos veamos. —Entendido, Maya —habló con la emoción esta vez más reprimida, pero sin ocultar la sonrisa de sus palabras— Yo también te extrañé, que quede claro ¡Hasta luego, entonces! —Adiós, Boom —respondió Maya, dejando escapar una sonrisa mientras cerraba la comunicación. Por un momento, el silencio de la habitación la envolvió de nuevo. El alivio y la esperanza se mezclaban en su pecho mientras se preparaba para el siguiente paso en su plan.      Una bola de papel salió disparada desde el suelo y golpeó a Nexus en la sien con una precisión insultante. La sorpresa casi lo hizo caer del techo. Con una mano enguantada, llena de polvo y astillas, se tocó la cabeza mientras lanzaba una mirada molesta hacia abajo. Allí abajo estaba Diara, con los brazos cruzados y un ceño lo suficientemente afilado como para cortar la madera que Nexus estaba clavando. —¡Te estoy hablando! ¿Aun no terminas, lata inservible? —le chilló, recriminatoriamente, con un pie marcando el paso por el estrés— Llevas en eso días ya ¡Días! Nexus suspiró con exasperación, su voz impregnada de sarcasmo mientras se encogía de hombros. —Ayer no pude continuar, tenía el día libre. —Hizo una pausa teatral, clavando un clavo como si fuera lo más importante del mundo—. Puedo hacerlo más rápido, princesa, pero no garantizo que quede perfecto como usted lo desea, su majestad. Diara apretó los puños con fuerza, el rostro encendiéndose como si estuviera a punto de explotar— ¡Insolente! Te he dicho que lo termines lo antes posible, ¡y de la mejor manera posible! —gritó, subiendo el volumen hasta que una paloma que descansaba cerca de Nexus salió volando alarmada— ¡No pienso pasar otra noche con frío por tu culpa, pedazo de juguete mal engrasado! Nexus dejó caer el martillo sobre el tejado con un sonoro golpe, girándose hacia ella con una expresión de cansancio y diversión— ¿Sabes qué es gracioso? Que un "juguete mal engrasado" esté reparando tu techo mientras tú estás abajo lanzándome papeles. ¿Quieres subir y hacerlo tú, princesa? —¡Créeme que lo haría mejor que tú! —espetó Diara, lanzándole otra bola de papel con una puntería casi sobrenatural atinándole en un ojo con toda la intención de ser un puñetazo.  —Sí, claro. Porque clavar clavos con uñas perfectas y llenas de joyas es justo lo que harías bien. —Nexus dejó escapar un resoplido mientras volvía a trabajar, murmurando entre dientes— Estoy seguro de que este tejado podría sobrevivir a un huracán... pero no a tus infantiles berrinches. Diara abrió la boca para responder, pero Nexus la interrumpió con una mirada rápida y un gesto con la mano— Shh, silencio. Estoy en una misión crítica para salvar tu reino del inminente desastre de... —levantó un clavo—... un agujero en el techo y unos pies fríos. Un trabajo de proporciones épicas. Ella bufó, pero esta vez no respondió. Nexus volvió su atención a las vigas, golpeando los clavos con más fuerza de la necesaria para liberar algo de frustración. El olor a madera fresca y el aire puro del tejado eran su único respiro en medio del caos, lo despejaban del estrés del trabajo. Sin embargo, el sonido de Diara moviéndose abajo lo mantenía alerta, como si estuviera esperando otro ataque sorpresa.  No estaba capacitado para soportar más interrupciones, más dolores de cabeza y más ordenes absurdas. Él había sido un guerrero, no había sido hecho para esto. Tener a Diara o a cualquier otro de los adolescentes molestándolo era peor que seguir soportando las burlas de Zane y Koz, o las palizas de los Battacor. —No veo la hora de vengarme de todos... —murmuró para sí mismo, clavando el martillo con un golpe final antes de añadir con un suspiro— Adolescente molesta número tres del día. Y todavía falta la tarde... Diara, que aún estaba abajo, gritó con una mezcla de indignación y diversión. —¡Te escuché, lata vieja! ¡Más te vale que ese techo sea digno de una princesa o haré que te reparen a ti! Nexus sonrió de medio lado, pero no respondió. Su paciencia estaba al límite, pero al menos tenía la satisfacción de saber que, si bien no podía ganar la discusión, siempre podía dejar clavos mal puestos estratégicamente.  Justo entonces, un pitido agudo resonó en la cabeza de Nexus, interrumpiendo su concentración de golpe. El martillo se le resbaló de la mano y cayó al suelo, apenas a unos centímetros de Diara, quien soltó un grito tan exagerado que podría haber roto cristales. —¡¿Pero qué te pasa, pedazo de chatarra oxidada?! —chilló, dando un salto hacia atrás mientras señalaba el martillo como si fuera un arma mortal— ¡Casi me matas! Nexus cerró los ojos y se agarró las sienes con fuerza, intentando procesar lo que estaba ocurriendo. Era como si un destornillador invisible estuviera girando dentro de su cráneo a la vez que un pitido general se extendía hasta el último de sus sentidos, haciéndolo estremecerse. La presencia familiar de Hexus empezó a abrirse paso en su mente al lado de la de Vexus. —¿Hermanos? —siseó entre dientes, tratando de contener el dolor que pulsaba en su cabeza. Diara lo miró, frunciendo el ceño, rechinando los dientes de rabia— ¿Qué dices? ¡Claro que no somos hermanos! Si acaso, tú eres un sirviente robótico mal diseñado. ¡Ahora recoge ese martillo antes de que...! —¡Silencio! —le espetó Nexus, sin siquiera mirarla, mientras trataba de lidiar con la caótica invasión de sus pensamientos. Dentro de su mente, la voz de Vexus resonó con un tono de disculpa pero también algo de diversión— Oh... espera, ¿tenías puesto el chip? Ups, mi culpa... —su voz resonando en la cabeza de Nexus con ese tono calculador que usaba cuando sabía que había hecho algo molesto— Olvidé decirte que estaba estableciendo el enlace con el de Hexus. Tal vez debí advertirte antes de que lo reinstalaras. —¿"Tal vez"? —gimió Nexus, apretando los dientes mientras el dolor se aliviaba ligeramente, tratando de calmar la oleada de emociones ajenas que empezaban a filtrarse— ¡Ahora me lo dices! Este maldito zumbido... —Dramático. —murmuró Vexus con una risa apenas perceptible, con una tenue punzada de culpa— Hermano, es solo un pequeño ajuste. Has cambiado tanto que pareces humano ahora, ya hasta te quejas como los demás adolescentes. Lentamente, una corriente de emociones comenzó a invadir la mente de Nexus. No eran suyas; eran ecos opacos y grisáceos que pronto adquirieron una textura más definida. La frialdad de Hexus era como un filo helado que le arañaba la conciencia, mientras la inquietud de Vexus oscilaba como un eco persistente. Ambos eran tan diferentes, y sin embargo, estaban allí, entrelazados con sus pensamientos. De la misma forma, la sorpresa de Hexus ante la nueva variedad de nuevas emociones de Nexus fue llenando el espacio de la conciencia de los otros dos. Una chispa de algo inesperado que retumbó en el vacío mental compartido. —Hola... hermano. —murmuró Hexus, su tono pausado y afilado. A través del enlace, la sombra de su desconfianza se extendió como un velo helado, mientras analizaba las emociones de Nexus con pausas marcadas— Has cambiado... mucho. Nexus sintió un escalofrío recorrer su columna, aunque lo disimuló con una risa seca—Eso me han dicho —replicó, aunque sus pensamientos estaban teñidos de una ligera inquietud. —Ya lo sé todo —continuó Hexus, descartando su sorpresa para dejar paso a una concentración gélida. La intensidad de su presencia mental era abrumadora, casi como un cuchillo presionando contra la piel— ¿Qué es exactamente lo que estás planeando, Nexus? ¿Otra degradación futura? Nexus bufó, tratando de ignorar el peso creciente de las sospechas de su hermano—Nada que deba preocuparte. —¿Preocuparme? —la voz de Hexus cortó sus propias palabras, y la sensación de desconfianza se intensificó, llenando el espacio compartido con una energía pesada— Eso es lo que dices... pero tus emociones dicen otra cosa. Ni siquiera sé cómo llamar a todo lo que hay aquí dentro. Vexus intervino entonces, su presencia más inquieta pero también menos frívola en comparación con la de Hexus— Basta. Hemos hablado de esto —dijo, su conciencia vibrando con un matiz de irritación— Estamos aquí para ayudar a Nexus, no para entrar en una nueva contienda. —Ayudarlo... sí —murmuró Hexus, aunque la frialdad no se disipó del todo. El enlace se sentía más denso con cada segundo. Nexus podía notar que sus propios pensamientos eran examinados con minuciosidad, como si cada emoción fuera desmenuzada por Hexus, quien buscaba algo que confirmara sus sospechas. Vexus, por otro lado, trataba de mantener la conversación en un equilibrio precario, aunque su propia preocupación se filtraba como una corriente persistente. —¿Se lo dijiste, Vexus? —repitió Nexus, poniéndose en pie y mirando al cielo— ¿todo?  —He logrado que Hexus esté de nuestro lado, hermano, pero ha sido más dificil de lo que te imaginas... —explicó el de ojos verdes, su conciencia mostrando el picor insistente de la inquietud, Nexus pudo percibir que se arrepentía— Solo así tendremos alguna oportunidad, hay que estar unidos, somos hermanos después de todo... Pero, volviendo al tema: Hexus ya está integrado en la red mental mediante este chip, el entrelazamiento ha sido dificil de codificar, ahora nosotros dos tenemos dos chips, tú y Dexus tienen uno solo. Estaremos saltando a este espacio para hablar contigo levantando barreras para que Dexus no se entere de esta fuga de conciencia momentánea. Solo intenta no hacer tantos movimientos bruscos hasta que te acostumbres... El enlace aún es frágil. —¿Bruscos? —Nexus miró de reojo a Diara, quien seguía bufando como un toro furioso— ¿Cómo el de dejar caer un martillo casi en la cabeza de alguien? —¡Eso no fue gracioso! —protestó Diara, recogiendo el martillo del suelo y lanzándoselo de vuelta con un giro torpe que Nexus pudo esquivar, para su mayor suerte— Y más te vale arreglar este techo antes de que se te ocurra volver a conectar tu... lo que sea que tienes en esa lata que llamas cabeza. —Mejor me quedo aquí arriba —murmuró Nexus, suspirando y volviendo a enfocar su atención en las vigas— Si me dejaran en paz, tal vez podría acabar este trabajo sin... —¿Te estás quejando? —lo interrumpió Hexus, con un deje de falsa sorpresa— Eso sí que es nuevo ¿Qué será lo próximo? ¿Pedir ayuda para asesinar a Ky de nuevo? —Suficiente —gruñó Nexus, frotándose las sienes— No tengo tiempo para sus chistes baratos. Solo digan lo que tengan que decir y déjenme trabajar. —Oh, pero si ya lo hemos dicho. —contestó Hexus, su tono gélido perforando la mente de Nexus como una aguja de desconfianza— Ahora, termina tu tarea. Y hazlo bien... aunque sabemos que no será perfecto. —No es el momento, Hex... —gruñó Vexus, con fastidio— Nos reuniremos mentalmente después, necesito que estés preparado. El zumbido cesó, dejando a Nexus con un leve eco en la cabeza. Las conciencias de sus hermanos volvían a estar ahí como en los viejos tiempos, solo que ahora eran mucho más opacas de lo que recordaba. Aunque sabía que solo era su percepción ahora más expandida, no dejaba de sentir la frialdad y oscuridad en la que estaban sus hermanos. Él había estado inmerso en ese kairu oscuro, con la maldad de Lokar teniéndolo del cuello. Ahora, después de percibir tantas cosas nuevas y darse cuenta de que había más de lo que se imaginaba, cuando veía cómo estaban sus hermanos y comparaba, ya no estaba seguro de querer renunciar a todo. Podía ser que la convivencia fuera dificil, que Hexus se rehusara al principio, pero si había oportunidad, los salvaría. Bueno, talvez Maya podría. Soltó un suspiro aliviado, aunque su irritación seguía palpable. Desde el suelo, Diara lo miraba con las manos en las caderas, completamente ajena a la conversación mental. —¿Ya terminaste tu show? —dijo, frunciendo el ceño— Porque aquí abajo aún hay una princesa que exige su techo reparado, ¿sabes? Aunque retomó su tarea, no pudo evitar pensar en sus hermanos. Lo sabían, ambos. ¿Eso representaba una ventaja o otra preocupación? no tenía verdadera forma de saber si sus hermanos estaban con Dexus y a su vez con Lokar. Pero a decir verdad, lo único que quería era poder volver a confiar en ellos.
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