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Cada paso que daban tenía cierta calma, como si estuvieran reconfortados por estar finalmente en el exterior. Mientras caminaban, recolectaban alguna que otra verdura que veían extraña pero familiar. Brichu intentaba seguirle el rastro a cualquier criatura viva para cazarla y comer bien esta noche, pero no había nada por las cercanías. —¿Acampamos afuera o buscamos una cuevita? —Capo salimos de una cueva hace rato ¿Queres entrar de vuelta? —Yo decía nada más. La planicie en donde estaban era extensa y tenía varios árboles, aunque no muchos. Poco a poco el sol iba ocultándose y la ventisca que sea avecinaba por la noche amenazaba al grupo, que poco a poco había estado recolectando materiales. Decidieron acampar en la intemperie, haciendo una pequeña fogata con ramas secas y la ayuda de Diego, mientras Brichu y Alan se separaban para buscar algo que comer. Una conversación se libró entre los dos presentes a cargo de la fogata. —¿Y Diego? ¿Todo bien? —Acá andamos, tirando. Con los otros dos lejos, el ambiente estaba un poco callado. Los dos, sentados frente al fuego, de vez en cuando tiraban una rama para seguir alimentando la llama. —¿Habrá alguna manera de volver? —No sé, no quisiera pensarlo mucho la verdad. —Siempre es bueno pensar esas cosas. Me ayuda a tener un plan. —No hay duda de por qué tenes esa habilidad —dijo Diego—. Parece que te encanta romperte la cabeza. —¿Qué insinúas? ¿Qué a Alan le gusta comer? Ambos rieron un por un momento. —No sé, si pensamos mucho en como volver vamos a extrañar las cosas que hacíamos allá. —La gente siempre me pareció una terrible mierda. Haciendo cosas innecesarias, sin importancia y defendiéndolas como si tuvieran razón. —O defienden sus intereses como si fuese lo único que tu vieran. —¿Te gustaría volver? —Es difícil. Me gusta estar acá, pero el otro lado tiene sus cosas bellas, pequeñas, pero importantes. —Es una buena manera de verlo. Quizá… Sus compañeros llegaron antes, y estaban visiblemente exaltados. —Tiene que venir acá.[…]
Recorrían el bosque rápidamente siguiendo a sus compañeros por la oscuridad. Salvo Brichu, los demás iban con cierto cuidado de no tropezar en la ahora densa noche que había caído. No demasiado lejos de su campamento, lo escucharon; el inconfundible sonido de metal chocando. Gritos de pelea. Algo pasaba cerca de aquí. Vieron una pequeña carreta volcada, junto con otras pocas aún más ligeras. A su alrededor, hombres con antorchas las rompían como podían e intentaban buscar cosas de valor. Por otro lado, un varón mayor y robusto mantenía a raya a los asaltantes, protegiendo con su escudo pequeño a quien sea que este dentro de la carreta volcada. Otro varón, un tanto más joven comenzaba a ser rodeado no muy lejos del otro, estando en su límite. Y por último, los bandidos estaban rematando a uno en el suelo, golpeándolo múltiples veces, dejándolo cerca de la muerte. Habría poco tiempo para resolver este problema. —Esto es malo, tenemos que hacer algo ¿Alguno tiene un plan? —Pensé en algo, pero no te va a gustar —declaró Brichu. —Sea lo que sea, hagámoslo, más tarde veremos si es o no de mi gusto. —Que no se diga que no avisé. Aquellos aventureros sobrevivientes no podían resistir más. El del escudo cayó al suelo, a lo que los demás saqueadores no dudaron en rodearlo para apalearlo. En ese momento, algo extraño sucedió. El matón que estaba a punto de rematarlo se asustó al ver que sus pies se despegaban del suelo, siendo levantado sobre la cabeza de Brichu, solo para usar su rodilla para romperle la espalda. Su grito alertó a los demás e hizo que su atención se enfocase en él. —¡Hey! ¡Quieto! Brichu solo dejo al tipo en el suelo gritando y retrocedió, adentrándose en la ahora nueva niebla que cubría todo el lugar. Los bandidos quisieron tomar de rehén al aventurero, pero ya no estaba; habia desaparecido. Se amontonaron unos con otros, tratando de cubrir sus espaldas mientras el afectado de la es palda aun lloraba en el suelo. Sus ojos no eran los únicos que comenzaban a desbordar en lágrimas, puesto esa niebla no era lo que parecía. Algunos parpadeaban con fuerza y rapidez para intentar seguir atentos, pero simplemente era demasiado. Pan comido para Brichu, que aprovechó la debilidad y saltó sobre ellos, usando solo sus puños, de un gancho lanzó a uno de ellos y pateó a otro, volviendo a meterse en la niebla. —¡Muéstrate! Poco a poco comenzaban a quebrarse. Con sus espadas cortas en alto intentaban ver algo entre la niebla. Brichu se apresuró, y de un solo puñetazo rápido rompió todas las espadas, haciendo que tiemblen de miedo. Más de uno se habrá orinado. —Ya está Brichu, terminé —Peace aparecía, habiéndose mostrado ante ahora los aterrorizados sin querer—. Ah, mal momento. Cuando se distrajeron, Brichu los noqueó por la espalda. —Arruinas todo Lee. —Si si, encárgate de la niebla. Brichu dio unos pasos hacia atrás y lanzó una patada giratoria con la fuerza suficiente como para generar una onda de aire que disiparía la niebla en un instante. —¿Enserio era necesario usar los ajíes? Los estaba guardando para un guiso —Alan se quejaba, puesto habían usado un recurso que habían recolectado esta tarde. —Ya vas a encontrar más por ahí. —¡Chicos! —llamaba Diego—. ¡Vengan rápido! Fueron al encuentro con velocidad, y se reunieron con su amigo. Uno de los sobrevivientes estaba muy maltrecho, peligrosamente malherido. —¿Cómo hacemos? —Hmm ¿Brichu? —llamó Peace—. ¿Alguna idea? —¿Qué queres que haga? —¿No estudiaste para farmacéutico? —¿Y qué queres, que le recete un paracetamol pedazo de animal? —contestó Alan. —Bueno, supongo que depende de mí y de Diego. Posó sus ojos sobre el sujeto y habló. —[Análisis] Comenzó a analizar la naturaleza de sus heridas. Severa contusión en la cabeza, mandíbula destrozada, huesos rotos y heridas profundas. De puro milagro estaba respirando. —Esto es serio… —¿Qué pensas? —Creo que puedo intentarlo —posó una mano sobre el pecho del varón— [Laplace]«La magia de este mundo tiene bases lógicas. Incluso si se refiere a física avanzada o mecánica cuántica, no parece presentar fallas en su composición. Si bien Diego es el único que puede crear hechizos con esta condición, la manipulación de la energía vital conocida como maná no está ligada solamente a él. Todo aquel que tiene maná puede controlarlo ligeramente, ya que los demás también son capaces frente a su poca habilidad en la magia. La magia interactúa de manera directa con el universo, puede usar cosas de su entorno e incluso generarlas en su ausencia.»
Ahora, desde la mano que tenía en el pecho comenzó a formar pequeños cordeles con el slime, tanto que eran imperceptibles para la vista, y esos mismos cordeles se introducían en las heridas. —¿Qué fue eso? No podía decirles lo que había hecho, que había replicado las células de una persona en ese mismo momento para acelerar su recuperación. La ropa slime de Peace comenzó a temblar, al punto de que perdía los colores y comenzaba a derretirse, como si el slime estuviese cansado. —Mierda. —¿Y eso? —Maná supongo. Necesito tiempo para restablecerlo. El sonido de ciertas pisadas hizo que todos desviasen la mi rada a la fuente de las mismas. Un hombre, el sobreviviente del escudo, se tambaleaba, pero con la ayuda de los árboles cerca nos se mantenía de pie. —¿Quiénes…Quienes son ustedes? —Solo estábamos de paso. Podemos ayudarlos, pero más tarde discutiremos nuestra tarifa. —¿Creen…Que pueden estafarnos? Dicho esto último, se desmayó. Peace se propuso a organizar sus ideas. —Bien, lo importante sería revisar si hay heridos, contarlos y chequear si hay algo en la carreta. —Chino —llamó Diego, mientras no despegaba la mirada del cielo. —¿Qué? Todos miraron al cielo. Lo que vieron fue sorprendente, tanto que se quedaron en silencio un momento. Había dos lunas llenas iluminando la noche. —Es…Hermosamente sorprendente. —Si… Aquella escena formaba en sus corazones distintas emociones. Principalmente, ahora sería más oficial que nunca que estaban en un lugar completamente desconocido. El miedo de no saber, y la emoción de descubrir se unían y formaban una especie de ansiedad tan dulce como aterradora. —¿Estaremos en otro planeta? —preguntó Diego—. Marte tiene dos lunas también. —Lo dudo mucho —refutó Peace—. Hay tantas variables que afectan que podría llenar una lista. Por ahora solo mantengamos oficial que no es nuestra Tierra. —Volviendo al tema ¿Qué hacemos? Cierto sonido los alertó. A sus espaldas, no muy lejos, la puerta de la carreta grande volcada se abrió, y una figura un tanto encorvada y lenta salió de ella. Al divisarlos, se desplazó hacia el grupo con su peculiar manera de andar, tan lenta que parecía débil. Con la luz de la luna pudieron ver de qué se trataba. —Disculpe ¿Es la dueña de esta caravana? —¿Ah? —la señora fruncia el rostro, quizá para poder ver mejor en la noche—. ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué les hicieron a mis escoltas? —Los salvamos, eso hicimos. Estaban siendo asaltados— replicó Peace. —¡Ni piensen que los voy a recompensar! ¡Estafadores! —¿Qué? —Ahh vamonos, que trague ñonga —declaró Brichu. —¡¿Qué dijiste?! —la señora no parecía querer razonar. —Usted cállese señora —y Brichu no iba a callarse. —¿Señora? ¡¿Señora?! ¡Señorita! ¡Nunca me casé! —Pff se nota. El grupo comenzó a retirarse mientras los gritos de la demente anciana cada vez se hacían más lejanos. Antes de irse, Brichu le arrancó una rueda a una carreta y la arrojó lo más lejos que pudo, eso mientras la dueña de la misma ardía en colera.[…]
—Pinche anciana loca. —Si, que paja. Peace estuvo callado durante el camino. No podía llegar a la conclusión del problema ¿En que fallaron? ¿Acaso era extraño ayudar a los demás en ese mundo? ¿Debían presentarse antes? ¿La anciana estaba loca? No iba a llegar a una respuesta, al menos no a la que quería. —Tengo hambre we. —No comimos una mierda por ir a ayudar a esos nabos. —De todos modos no tenemos nada. Ni ollas ni cuchillos. Se sentaron en el pasto, y poco a poco se iban acomodando, casi en circulo, quizá con el pensamiento de dormir. —Que incomodo que es esto. —No hay de otra. —Andas muy callado ¿Qué onda? —Nada. Pensaba que la gente es una mierda. —Y…Así es en todos lados. No importa donde estemos, gente de mierda hay por todos lados. —No importa cuantas lunas haya, o que si haya magia. No cambiamos…Lo más molesto es que todavía me preocupa si se van a morir o no en la noche. —Ahora que lo decís, andamos re tranquilos para ser un bosque desconocido. —Que venga lo que quiera. Si viene algo, lo matamos y lo comemos. Corta. Aquello hizo gracia, la suficiente como para borrar esos pensamientos tan pesimistas. —Nos vemos mañana. Ojalá encontremos algo mejor en donde dormir. —¿Una cueva? —Y dale con eso. Poco a poco fueron cerrando sus ojos. Lo último que veían era como esas dos lunas estaban en el cielo, iluminando un mundo inexplorado, nuevo y único. Con sus cuerpos cansados y sus estómagos casi vacíos, durmieron plácidamente.[…]
Lo primero que reconoció y lo sacó de su descanso fue el sonido de algo que no podía distinguir. Al abrir sus ojos pudo ver como el sol se filtraba entre la espesura de los árboles y se frotó los ojos para ver mejor. Vio a sus compañeros, y faltaba Alan. Buscando con sus ojos por el lugar, lo encontró, no muy lejos, sentado. Se estaba esforzando por comer una papa cruda. Al chocar mirada se detuvo, pero luego siguió como si no le importase. —Que asco hermano. —Capo, no comemos desde ayer. Algo tengo que comer. Peace se levantó del suelo, sacudiéndose la tierra y deshaciéndose de las hormigas que caminaban sobre su ropa. —¿Buscamos algo para comer? —Bueno. Brichu, aun acostado sobre el suelo, abrió los ojos abruptamente, como si algo lo sacase de su sueño. Se sentó rápidamente y alertó a los demás. —Algo está viniendo. Eso paralizó a los que estaban despiertos ¿Qué era lo que venía? ¿Qué tan lejos estaba? El suelo comenzó a temblar, despertando a Diego. —¿Qué? ¿Qué pasa? A la mierda ¿Qué está pasando? —No sé ¿Terremoto? —Las bolas, algo viene. Y es muy rápido. Se pusieron en circulo, cubriendo sus espaldas. Miraban por doquier y no sabían, hasta que escucharon a Brichu. —¡Ahí! Entre los árboles, algo los estaba embistiendo mientras corría hacia la dirección del grupo. Era el cangrejo gigante de minerales. —¡CORRAN! Los chicos comenzaron a correr, mientras en sus mentes se arrepentían de no haberlo rematado cuando estaba indefenso. —¡¿Cómo nos encontró?! —¡Qué se yo! —¿Los cangrejos tienen nariz? —preguntó Alan. —¡Que van a tener nariz! ¡De seguro es porque Brichu tiene ese huevo! —¡¿Y que tiene, GPS para que nos encuentre?! —respondió el acusado. —¡Se está acercando! —¡Sepárense! Al dividirse, el cangrejo comenzó a seguir a Peace. —¡¿Por qué a mí?! ¡Yo no le hice nada! —¡Y asi andabas acusando! ¡A ver si revisas tus bolsillos! Aquel comentario de parte de Brichu fue extraño. Hizo caso, y al meter su mano en el bolsillo trasero de su pantalón, encontró algo asqueroso. —¡Brichu y la puta madre que te parió! Al parecer, alguien había guardado allí el ojo del cangrejo que Brichu había arrancado. Mientras corría, tiró el ojo por el camino, pero eso no bastó para dejar de ser perseguido. —¡Hagan algo! —¡Okey! Los tres comenzaron a separarse aún más, dejándolo correr solo. —¡HAGAN ALGO PARA JODER AL CANGREJO, NO PARA SALVARSE! —¡Seguí corriendo pa, se me ocurrió algo! El cangrejo comenzaba a cerrar distancia. —¡Putamadreputamadreputamadre! ¡Interfaz de usuario! —la pantalla holográfica se mostró frente a sus ojos—. ¡Tiene que haber algo que sirva ahora! Con prisa, buscaba una habilidad para subir con los últimos puntos que le quedaban. Esa es. Sin duda, esta habilidad será útil.«Peace ha aprendido [Voluntad Pétrea]»
—¡Ahora sí! [Voluntad Pétrea] Dejó de correr y le plantó cara. Al activar su habilidad, su defensa aumentó drásticamente. Cuando el cangrejo lo golpeó, lo mandó a volar, estrellándolo contra los árboles. Ante esto, se levantó ileso. —¡Si! ¡No sentí nada! El cangrejo saltó desde donde había estado antes y cayó con furia, aplastándolo y enterrándolo en el suelo. —Ok, eso sí lo sentí… El gigantesco crustáceo estaba a punto de partirlo en dos con sus pinzas, hasta que su único ojo se giró, y luego rotó todo su cuerpo hacia atrás, mirando a su nueva presa. —¡Eh, surimi! ¡Tengo algo tuyo! —Brichu, subido en un árbol grande, sostenía el huevo robado sobre su cabeza—. ¿Lo quieres? Ven por él. El cangrejo cerró sus pinzas con fuerza, mostrando su enojo y partió encolerizado hacia Brichu. Este corría, y aunque le sacaba bastante ventaja, el monstruo era rápido. Entonces ideó una mejor manera de desplazarse en el bosque; con la ayuda del slime, creó un gancho con cuerda, que lanzaba hacia las ramas y tiraba de ellas, impulsándose y pudiendo desplazarse con agilidad y destreza. A su vez, Alan los seguía a la distancia, buscando de qué manera podría molestar al monstruo. Dijo lo primero que se le ocurrió. —¡A tu mamá se la comieron con pimienta recién molida! Dicho esto, el cangrejo no solo lo ignoró, sino que mientras corría rompía arboles a su alrededor, usándolos también como proyectiles. Uno le cayó a Alan. Brichu saltaba, enganchaba y esquivaba árboles, tenazas y pisotones. —¿Y Diego? ¡Me estoy haciendo viejo! —¡Pará boludo, tengo que concentrarme! —decía Diego, mientras flotaba a una distancia un tanto segura y los seguía—. ¡A la montaña, llevalo a montaña! —¡No me compliques padre, eso queda re lejos! —¡Diego! —gritaba Peace, que se había recuperado y los estaba alcanzando—. ¿Qué planean? —¡Brichu quiere que haga vapor para ablandar al bicho! —gritaba desde el cielo. —¿Qué? —por la distancia, se escuchaba bastante mal. —¡Que Brichu quiere vapor! ¡Vapor para ablandar al bicho! —¡No va a servir! ¡Solo calentalo! ¡Subile la temperatura y enfríala de golpe! ¡La piedra se rompe por choque térmico! —¿Y para qué crees que era el vapor, mamon? —respondía Brichu mientras seguía escapando. Brichu se estaba cansando. En un último movimiento, aprovechó que monstruo quiso aplastarlo con sus tenazas y se subió sobre él, parándose sobre el caparazón y haciendo equilibrio para no caerse. El cangrejo comenzó a girar a gran velocidad, intentando sacarse a Brichu de encima. Éste alcanzó a tirar unos cuantos ganchos para sujetarse de la piedra de su coraza, aunque se sentía como en una montaña rusa, en cualquier momento podría vomitar. —¡Hagan algo pajas! Diego cerró sus ojos y comenzó a imaginar su hechizo. El monstruo gigante paró, e intentaba alcanzar a Brichu con sus pinzas, pero este retrocedía para evadirlas, aun enganchado al caparazón. Peace rápidamente duplicó los ganchos con cuerda de Brichu, y desde abajo los lanzó, para dejarlo lo más quieto que podía. Brichu no tardó en leer el plan y hacer lo mismo pero del lado contrario, tirando con toda su fuerza. En el cielo, donde Diego estaba ahora, comenzó a formarse una esfera naranja, ígnea; un cumulo de energía que se iba haciendo más grande mientras más tiempo pasaba. Como si fuera una Genkidama, la lanzó hacia el caparazón, impactándolo y reduciéndolo al suelo, llevándolo casi al rojo vivo. Rápida mente, creó agua en grandes cantidades y tambien lo vertió sobre la coraza de minerales. Todo pasó muy rápido. Tanto que cuando el cangrejo explotó, la onda de la explosión fue tan fuerte que causó un daño impresionante en los alrededores. Entre la humareda de la explosión, poco a poco salieron los que habían mantenido al cangrejo bajo control. Con el cabello todo enmarañado y con tanta suciedad de la tierra encima, parecían irreconocibles. Diego se acercó a ellos. —¡Epaaa! ¿Qué pasó? —Te fuiste a la mierda, eso pasó. —Buena Diego, te luciste. —Igual, como que ando más cansado que gordo subiendo escaleras. Hablando de gordos ¿Y Alan? El humo se estaba disipando un poco. Volvieron a la zona donde el cangrejo habia explotado. —¿Y ese olor? —Mirá todos esos minerales. Llevémonos todo. De la nada, Alan salió. —¿Y qué onda? ¿Salió bien? —¿Dónde estabas? —Iba a ayudar pero me crucé con esto —mostró su mano, y se veían unas cuantas pequeñas bolitas negras—. Y me vienen como anillo al dedo ahora. De entre las rocas y minerales tirados, habia ciertas partes del cangrejo que si tenían carne. —Quién lo diría, si es comestible. —Hora de usar la pimienta recién molida. Poco a poco fueron reuniendo recursos. Tenian tantos minerales que no podían contarlos, y finalmente pudieron comer algo luego de tener un tiempo de hambruna. El que más disfrutó de esto fue Alan. Lo que no sabían es que el humo de la explosión fue tal de que reveló la ubicación de donde estaban, y alguien se daría cuenta muy pronto…