Capitulo XXVIII. Cuando el pasado se repite parte III final.
15 de septiembre de 2025, 0:28
Notas:
⚠️Advertencias⚠️
🐈⬛Este capitulo es largo.
🐈⬛Este capitulo contiene temas bastante delicados que pueden dañar la sensibilidad del lector, proceder con precaución.
🐈⬛Esta historia es para el público adulto, por lo tanto, si eres menor de edad, te pido de la mejor manera que salgas de la historia, pero aun así si decides ignorar mis advertencias, entonces solo me queda advertirte que estas bajo tu propio riesgo, esta historia encontraras temas moralmente cuestionables, turbios, gore, abusos de todo tipo, altamente toxicidad, sinceramente esta historia hará que te revuelva el estómago. Por lo tanto, estas bajo tu propio riesgo, no quiero saber que después de esto quieras quejarte o que tus padres vengan a quejarse porque serás bloqueado de inmediato. Eso sería todo para aquellos menores de edad.
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Los pasos de Poppy resonaban suavemente en el pasillo, un sonido ligero pero decidido. A pesar de su pequeño tamaño y de la advertencia de que aún debía descansar, insistió en caminar por su cuenta.
Poppy poseía un conjunto mucho más cómodo, en vez de un vestido ya que sería bastante incómodo para ella cuando aún sentía dolor en su cuerpo, su cabello ese hermoso pelirrojo recogido en un moño, Dogday la observaba de reojo, incapaz de ocultar su preocupación. Apenas le estaban dando el alta y ya se forzaba a moverse como si nada, el perrito estaba muy ansioso tanto que su cola lo delataba.
—¿Segura que no prefieres que te cargue, Poppy? —preguntó Dogday bastante preocupado como ella estaba enfrente de ellos, caminaban detrás de ella para vigilarla, aunque en su mirada había un destello de inquietud.
—Estoy bien cariño, no tienes que preocuparte Dogday —respondió Poppy con tranquilidad, llevándose otra galleta a la boca. Masticó con calma y sonrió satisfecha—. Debo agradecer bastante a Picky por estas ricas galletas jeje.
Dogday suspiró, cruzándose de brazos, a veces Poppy podía ser terca y Kissy no ayudaba a darle la razón, pues el juguete rosado también estaba disfrutando de aquellas deliciosas galletas. Ambas hembras parecían estar en su mundo del sabor, haciendo que Dogday se rindiera.
—Además, yo no soy la única que debe descansar... después de todo, esos golpes que te diste con Poe. No son algo a tomar a la ligera. — Su tono serio y frío cortó el aire como un cuchillo. Poppy se detuvo y giró ligeramente su cabeza, mirándolo de reojo con esa expresión de autoridad que Dogday conocía demasiado bien. Como una madre que acaba de descubrir a su cachorro haciendo travesuras.
El perrito sintió cómo se le erizaba el lomo. Un escalofrío recorrió su espalda y su cola, que antes se movía con energía, cayó entre sus piernas. Se quedó rígido en su lugar, su hocico se arrugó con nerviosismo, y el calor de la vergüenza se extendió por sus mejillas hasta la punta de sus orejas.
Ella lo sabía.
Dogday desvió la mirada, sintiéndose como un cachorro atrapado en plena travesura. Su instinto le decía que se justificara, que encontrara una excusa, pero su voz se quedó atrapada en su garganta.
¿Qué había hecho?
Como líder, no debía haberse rebajado a los golpes. No era solo la pelea, era lo que significaba, pero tampoco iba a permitir que Poe seguía hostigándolo y denigrara a Catnap. Había fallado en controlar su temperamento, había traicionado los valores que Poppy le enseñó, la paciencia, la estrategia, la compostura. Él era un líder, no un peleador callejero.
Poppy debía estar decepcionada.
La culpa lo golpeó con más fuerza que los puños de Poe.
Bajó su mirada y apretó los dientes, tragándose cualquier intento de explicación. Si ella iba a regañarlo, lo aceptaría. Lo merecía.
—Y-yo lo sien... —El perrito estaba a punto de disculparse, pero en vez de eso lo que dijo Poppy lo dejo callado.
En lugar de un sermón, escuchó algo que no esperaba.
—Bien hecho.
Dogday parpadeó, aturdido. Mientras Kissy solo comía y lo miraba al mismo tiempo que le guiñaba un ojo, con esa acción era como si le dejara en claro que no estaba en problemas.
Poppy sonreía con orgullo, su expresión relajada mientras seguía disfrutando de su galleta.
—A veces mis hijos necesitan ser disciplinados, en especial a los que estaban actuando mal, merecían esas consecuencias. —Dijo con un tono tranquilo, como si fuera lo más obvio del mundo.
Dogday sintió que su cerebro se apagaba por un momento.
—¿Q-qué...? —Su voz salió entrecortada, incrédulo.
Poppy lo miró divertida antes de darle otro mordisco a su galleta.
—Dije que hiciste bien, Dogday. No te sientas culpable.
Dogday parpadeó, desconcertado. Su mente tardó en procesar las palabras de Poppy, como si se negaran a encajar con la culpa que aún pesaba sobre sus hombros. Su corazón martilleaba con fuerza, pero esta vez, no solo por la vergüenza.
Había esperado decepción, quizás incluso reprimendas, pero en su lugar encontró algo completamente distinto.
Aprobación.
El orgullo cálido en la voz de Poppy se filtró lentamente en su pecho, disipando parte de la carga que llevaba encima. Su rostro seguía ardiendo de sonrojo, pero ya no solo por la vergüenza, sino por una sensación extraña y reconfortante.
Por primera vez desde la pelea, Dogday sintió que tal vez... solo tal vez... no había arruinado todo.
Aún algo aturdido, tragó saliva y asintió débilmente, sin encontrar palabras para responder.
Aunque la duda persistía, ¿Cómo es que Poppy supo de eso?, realmente le parecía curioso y más porque parece que Poppy siempre sabía lo que pasaba a a su alrededor, admitía que le daba miedo esa habilidad suya. Pero al menos el perrito sentía mucho alivio que la muñeca no le llamara la atención, así que a pesar sonrojado continúo caminando detrás de ella, pues la llevaría a su oficina, ya que la muñeca había incestado porque necesita hacer algo con urgencia.
—¿y cómo es que te enteraste? —Pregunto tímidamente el perrito.
Poppy suspiró suavemente, terminando la última de sus galletas. No podía evitarlo, simplemente adoraba el dulzor del azúcar derritiéndose en su boca. Pero a pesar del placer momentáneo, su pecho se oprimió con una inquietud que no podía ignorar.
—Los rumores corren Dogday y digamos que tuve varios testigos. —Explico la muñeca dando una verdad a medias. Con eso Dogday entendió que jamás podría ocultarle nada a Poppy, cosa que solo asintió mientras bajaba su mirada aun avergonzada a pesar de que ella le digiera que había hecho bien.
Mientras Poppy también tenía su propia inquietud.
¿Cómo iba a decírselo a Dogday? ¿Cómo reaccionaría su querido hijo al enterarse de que había vuelto con el Prototipo?
Pero por ahora prefería concentrarse mas en la pelea de su hijo.
Al principio, Poppy no pudo ocultar su sorpresa. Su rayito de sol, su dulce y radiante Dogday, había reaccionado con una fiereza que jamás habría imaginado. Pero, más allá del impacto inicial, un sentimiento más fuerte se abrió paso en su interior, orgullo.
Saber que Dogday podía defenderse, que no era solo un líder carismático sino alguien capaz de plantar cara cuando era necesario, la llenó de satisfacción. Y, al mismo tiempo, la ira ardió en su pecho al recordar a esos juguetes que habían provocado la pelea. No podía permitir que algo así pasara sin consecuencias.
No era solo el hecho de haber retomado su relación con él, sino también los encuentros nocturnos que habían compartido en la enfermería. Noches en las que el Prototipo la visitaba, envuelto en sombras, murmurando palabras que aún hacían que su piel se erizara al recordarlas. Habían llegado a un acuerdo... un acuerdo que iba más allá de lo personal.
Porque, después de todo, los Nightmares Critters no podían quedar impunes.
Dogday y Catnap habían sido humillados, era obvio que su hijo protegería el honor suyo y el de su pareja, no negaría que está muy orgullosa de él y sonreía al pensar que Dogday pueda dar un buen derechazo, probablemente sea genético y eso le causaba una sonrisa. Su querido hijo, su sucesor, había sido arrastrado a una pelea absurda por la arrogancia de Poe y ni hablar de Rabie Baby. Eso no podía quedar sin castigo.
Poppy sabía que el Prototipo nunca impartía justicia sin un precio. Y ella lo había pagado.
Solo pensar en los términos de su acuerdo hacía que su corazón latiera con fuerza y que un leve sonrojo tiñera sus mejillas. Afortunadamente, ni Kissy ni Dogday parecían notarlo. No podía negar que ceder ante el Prototipo había sido peligroso... pero al mismo tiempo, era la única forma de asegurarse de que recibirían su merecido.
Y como si todo eso no fuera suficiente, el Prototipo tenía ojos en todas partes. Su ejército de pequeñas criaturas le permitía enterarse de todo lo que ocurría en la fábrica. Y, por si eso no bastara, Catnap lo había confirmado al justificar su comportamiento, mencionando la amenaza que había lanzado contra sus propios compañeros y los Nightmares Critters.
Poppy tragó saliva, desviando la mirada con una expresión impenetrable. Tarde o temprano, tendría que enfrentarse a sus amigos y contarles la verdad. Pero, por ahora, no tenía idea de cómo lo haría.
Solo tenía en mente que debía terminar de hacer hacer unas tareas muy importantes, en especial cuando una de ella involucraba al bastardo del fundador.
Elliot Ludwig.
—Poppy... ¿realmente fue correcto haberlo resuelto con violencia? —preguntó Dogday, su voz teñida de incertidumbre.
Aunque tenía la aprobación de Poppy, una parte de él seguía sintiéndose intranquila. No podía evitarlo. La culpa se sintió en su pecho.
Siempre había creído en la paz, en resolver los problemas con palabras antes que con los puños. Esa era la esencia de quien había sido... ¿pero seguía siéndolo?
Porque en el calor del momento, cuando sus nudillos se habían estrellado contra Poe, cuando la adrenalina había recorrido su cuerpo como un incendio... algo dentro de él había cambiado.
No podía negar que, por un instante, había sentido satisfacción.
Y eso lo aterraba.
Se suponía que él no era así. No era alguien que recurría a la violencia, no era alguien que se dejaba llevar por la rabia. Y, sin embargo, allí estaba... dudando de sus propios ideales. sintiendo que una parte de él se deslizaba hacia un camino que jamás creyó recorrer, era como si por cada acontecimiento que pasara hacía que se añejara aún mas de sus ideales.
Poppy se detuvo y miró a Dogday con seriedad, sus ojos azules reflejaban una comprensión que solo los años de sufrimiento podían dar. Ella más que nadie en el mundo podía comprender, después de todo ella a diferencia de su precioso hijo se había corrompido.
Y haría lo posible para que Dogday jamás se corrompiera como ella.
—Dogday... a veces, la realidad nos obliga a hacer cosas que jamás creímos necesarias. —Su voz no era dura, pero tampoco dulce. Era firme, como si tratara de hacerle entender una verdad inevitable—. Sé que no eres alguien violento, sé que esto va en contra de lo que crees... pero también sé que hay momentos en los que hablar no es suficiente. —Ella aprendió a las malas.
El perrito apretó los puños, sintiendo la batalla interna que libraba en su corazón. Poppy suspiró y dio un paso más cerca de él, colocando una mano en su pierna porque es lo único que podía alcanzar, con ternura.
—No se trata de ser cruel o perder quién eres, cariño. —Su tono se suavizó levemente, mientras miraba a Dogday y el perrito le regresaba la mirada—. Pero hay monstruos que solo entienden el lenguaje de la fuerza... y cuando ese momento llega, no puedes dudar o te comerán...
Dogday tragó saliva, aún sin convencerse del todo, pero sintió el peso de sus palabras en su interior.
—¿Eso significa que me estoy volviendo como ellos? —preguntó en un susurro, casi temeroso de la respuesta.
Poppy negó con la cabeza.
—No, Dogday. Significa que aprendiste a defenderte. —Ella hizo una señal para que él pudiera tomarla, cosa que el perrito hizo tomando a la muñeca con sus manos mientras la ponía enfrente de su cabeza. Al mismo tiempo que Kissy solo miraba la escena con algo de pesar ya que también entendía lo que pasaba Dogday. — Y a veces, eso es lo único que nos mantiene con vida, en especial en esta fábrica tan hostil. Como líder no solo debes protegerlos con palabras, a veces uno tiene que utilizar su fuerza para proteger...—Dicho esto, tomó el rostro del perrito entre sus pequeñas manos, acariciando su mejilla con ternura. Dogday no se resistió, al contrario, se dejó abrazar, hundiendo el rostro en el cuerpo de su madre para sentir su calidez. Su cola, que antes pendía baja por la culpa, comenzó a moverse de nuevo, lenta pero constante.
Sintiendo que al fin su pecho comenzaba a quitar ese peso de culpa, tal vez había cambiado bastante y tal vez eso no significaba que sea malo. Dogday no iba a negar que se sintió ansioso de pensar que se volvía toxico, pero al ver como Poppy lo alentaba y aconsejaba, comprendía una cosa y es que si Poppy lo decía significaba que ella también paso por lo mismo y nunca en su vida, hubiera imaginado a Poppy atacando a alguien, pero debió ser algo horrible como para que aquella muñeca le digiera que defenderse y proteger a veces necesitaba de esa violencia.
Dogday solo rezaba que no volviera a recurrir a ese tipo de actos para volver a proteger a alguien o defenderse.
Y eso estaba bien.
Antes de que se dieran cuenta, ya habían llegado a la oficina de Poppy. La puerta se abrió con un suave crujido, y el ambiente dentro era ordenado y acogedor, como siempre. Gracias a la luz artificial ayudo a iluminar los documentos que descansaban sobre la mesa, aquellos papeles que se acumularon y Kissy como Dogday poco a poco habían bajado la carga de trabajo, pero aun así en esos días se volvieron a juntar. Poppy se dirigió de inmediato hacia su escritorio, donde ya tenía una serie de papeles esperando ser organizados y firmados. Dogday y Kissy la siguieron de cerca, sabiendo que su tarea era asistir a Poppy para asegurar que todo estuviera listo para sus próximas responsabilidades.
—"Aquí están los informes de la semana, Poppy"—comentó Kissy con su típico lenguaje de señas, con una sonrisa, mientras se acomodaba en una silla cercana y comenzaba a repasar algunos de los documentos.
Poppy al escuchar eso asintió, pero antes de que pudiera proceder sonrió con una idea que tenía.
Dogday, al ver la cantidad de trabajo que tenía delante, comenzó a sentirse un poco abrumado, pero se centró en su tarea. Poppy no parecía tener tiempo para más que los papeles. No estaba tan tranquila como de costumbre, y Dogday notó que sus dedos se movían más rápido de lo normal, como si estuviera tratando de terminar lo más rápido posible.
Poppy, por su parte, no podía evitar mirar con frecuencia el reloj. Sus pensamientos se dispersaban, su mente centrada en lo que tendría que hacer después de este trabajo. Había algo que le inquietaba, y aunque estaba con Dogday y Kissy, había una sensación de urgencia en el aire.
—Bueno efectivamente el trabajo se ha juntado, pero no se preocupen lo haremos poco a poco. —Su voz sonaba con calidez, pero la muñeca a pesar de mantenerse tranquila para que sus seres queridos no se preocuparan, ella se sintió ansiosa internamente, las ganas de desgarrar al fundador se volvían más fuerte de lo normal.
Poppy se obligó a centrarse en el trabajo mientras el reloj avanzaba. Había algo mucho más importante en su mente, algo que no podía compartir aún con ellos. Su reunión con Elliot, el fundador, estaba cerca, y tenía que asegurarse de que todo estuviera en orden antes de enfrentarse a él. Había mucho que decirle, en especial después de enterarse de lo que él había intentado hacer con Dogday.
Además, que El Prototipo había sido bastante honesto con ella sobre lo descontrolado que podía ser Elliot.
A pesar que deseaba con todas sus fuerzas poder disfrutar del momento con Kissy y Dogday, su corazón aún seguía manteniendo esa furia concentrada, que solo la hacía escupir veneno.
—"Elliot se ha vuelto cada vez más descuidado... si tan solo pudiera hacer que me tema más..."— Pensó Poppy, su cuerpo tenso al recordar los detalles de lo sucedido. La sola conversación que tuvo con Dogday hacia que se estremeciera de coraje, tanto que sus manos al estar en el escritorio comenzaron a temblar, ni Kissy ni Dogday lo notaron al estar concentrados leyendo los documentos, hasta que la muñeca sintió algo duro y frio.
Notando que a su lado estaba el cuchillo que utilizaba para abrir las cartas, aquel cuchillo dorado que hace ya décadas Elliot le regalo, solo lo tomo con curiosidad, a pesar de ser grande para una persona normal, Poppy podía tomarlo con facilidad, observo su reflejo en el metal y fue entonces que la muñeca sonrió.
Sintiendo como su idea comenzaba a gobernar su mente, el cuchillo es bastante filoso y una muy buena arma.
Demasiado bueno, tanto que sus dedos hormigueaban con la sola idea de cortar un poco de carne.
—¿Poppy?, ¿Todo bien? —Fue el perrito que llamo la atención de la muñeca que se había perdido en sus propios pensamientos, mientras miraba aquel cuchillo. Estaba preocupado, desde que le conto sobre Elliot había notado que estaba bastante tensa, algo que el perrito se alarmo muchísimo.
La nimbada solo levanto su mirada, bajando aquel objeto mientras por inercia la muñeca tomaba una carta y con un fluido casi natural, abrió la carta con aquel cuchillo. —Por supuesto cariño, solo estaba pensando que tendremos mucho trabajo jeje. —Menciono burlona, mostrándole a Dogday que nada podía desestabilizarla, haciendo que el perrito sonriera y moviera su cola con emoción.
Poppy respiró hondo, tratando de calmarse, mientras seguía dictando instrucciones a Dogday y Kissy. Tenía que asegurarse de que todo estuviera en orden, para que ellos pudieran irse lo antes posible. Una vez que estuvieran lejos, sería su oportunidad para enfrentar a Elliot. Pero no podía dejar que Dogday o Kissy se enteraran de sus planes. No esta vez.
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La puerta de la oficina se cerró con un clic seco.
Poppy exhaló despacio, sintiendo el peso de la soledad por primera vez desde que había llegado. Kissy y Dogday ya se habían ido, siguiendo sus indicaciones sin sospechar que su apresurado deseo de terminar el trabajo solo era una estrategia para dejarlos fuera de lo que estaba a punto de suceder.
Se llevó una mano al abdomen, sintiendo la presión de los vendajes bajo su ropa. Su cuerpo aún dolía, recordándole que todavía no estaba completamente recuperada, pero eso no importaba. Nada importaba más que lo que estaba por ocurrir.
Porque dentro de poco, él llegaría.
Sobre el escritorio, el cuchillo dorado brillaba con la tenue luz del despacho. Sus dedos se deslizaron sobre el mango con familiaridad. Lo había tenido en sus manos tantas veces antes... pero nunca con un propósito como este.
Un leve golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. Era él.
Y como si su pensamiento lo hubiera invocado, el sonido de pasos pesados resonó en el pasillo.
Poppy no se movió de su lugar cuando la puerta se abrió sin un solo golpe de advertencia. Elliot Ludwig con la expresión endurecida y su mirada afilada como navajas. Se quedó en el umbral, su mirada recorriendo la habitación con frialdad antes de posar sus ojos sobre ella. No había rastro de ternura en su expresión. Ni siquiera un atisbo de nostalgia. Solo resentimiento, profundo y enraizado.
El resentimiento en sus ojos lo decía todo.
Algo que Poppy estaba de acuerdo, el amor que alguna vez fue de padre e hija, se había extinguido ya hace bastante tiempo.
Solo quedaba el odio y el resentimiento por igual.
—Qué bueno que viniste, Elliot. —Su voz fue suave, pero firme, con un matiz de burla apenas perceptible.
Elliot entrecerró los ojos, cruzándose de brazos mientras la observaba con el desprecio que ya se había vuelto costumbre en él. Después de lo que esa maldita desquiciada hizo, casi arruinar su imperio, sacar a sus "mejores" peones, ya no tenía más por ofrecer, además que probablemente Poppy tenía pruebas que podían arruinarle más la vida, por un momento vino un pensamiento realmente horrible que Elliot no supo si sintió culpa o felicidad.
Ojalá la hubiera dejado morir.
—No tenía opción —respondió con sequedad—. Me aseguraste que era importante. Más te vale que lo sea.
Poppy en cambio, se inclinó ligeramente hacia adelante, entrelazando sus dedos sobre la mesa mientras sus ojos azules se clavaban en su padre con una intensidad que pocas veces había mostrado.
—Oh, créeme, lo es.
El aire en la habitación se volvió más denso. La verdadera conversación apenas iba a comenzar.
Elliot exhaló con impaciencia y dio un par de pasos dentro de la oficina. El ambiente era sofocante, y no precisamente por el aire viciado del despacho, sino por la forma en que Poppy lo observaba. Había algo en ella, en su mirada gélida, que lo hizo sentirse incómodo.
Pero no lo demostraría.
—Deja los rodeos, Poppy. No tengo tiempo para tus juegos —gruñó con desdén, acercándose hasta quedar frente al escritorio.
Poppy ladeó la cabeza, su sonrisa apenas perceptible. Sus pequeños dedos tamborilearon sobre la superficie de madera, como si estuviera meditando algo. Como si no representara ningún tipo de ataque, además el cuchillo dorado había desaparecido, como si nunca hubiera existido.
Un engaño deliberado.
—¿Sabes, Elliot? He estado reflexionando mucho últimamente —comenzó con voz melosa, levantando la vista hacia él con una expresión serena, casi dócil—. Sobre el pasado. Sobre la familia... sobre lo que significa... ser padre. Después de todo no es como si tu fueras uno muy bueno, ¿o sí?
Elliot resopló con fastidio.
—¿A qué demonios quieres llegar?
Poppy se levantó de su asiento con elegancia, caminando aun en ese escritorio donde estaba, por supuesto al estar tan pequeña solo así podía estar cómoda. Su estatura diminuta no parecía una desventaja en lo absoluto. De hecho, usaba su tamaño a su favor, obligando a Elliot a sentarse en una de las sillas enfrente del escritorio, estaba cansado de estar parado y además a si podría escuchar mejor a Poppy.
—Quiero que hablemos sobre Dogday —susurró finalmente, su tono impregnado de un veneno apenas contenido.
Elliot se tensó. Realmente se sintió incomodo al hablar el tema con Poppy, sabía que de alguna manera la muñeca había tenido un tipo de favoritismo con ese juguete, aunque no lo culpaba Elliot se sintió igual de atraído por ese perrito solar.
Pero la diferencia es que Poppy realmente amaba a Dogday como su hijo, a diferencia de Elliot de lo que le hizo a Poppy.
Un total enfermo.
Poppy notó aquella incomodidad de Elliot, y eso solo avivó el fuego en su interior.
—No sé de qué hablas —masculló él, pero su mandíbula se endureció.
Poppy dejó escapar una risita ligera, como si estuviera divirtiéndose con la patética mentira. Realmente estaba ansiosa por darle una lección a ese bastardo enfermo, se había metido con algo sangrado para ella. A diferencia de él, ella si cumpliría su deber como madre y no permitiría que nadie lastimara a sus hijos.
—Oh, Elliot... ¿realmente crees que no lo sé? —murmuró, inclinándose hacia él con fingida dulzura—. Sé exactamente lo que intentaste hacerle a mi hijo.
El silencio cayó como un martillo. Elliot sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Ja ja... ¿celosa?, vamos Poppy sabes perfectamente que, como hombre, tengo mis necesidades... solo es cues—
—Shh... —Poppy lo interrumpió, haciéndolo callar, sintiendo que su ira incrementaba, ese hombre enfermo a veces podía decir tantas estupideces. Realmente deseaba asesinarlo, pero si lo hacía no sería suficiente ya que aún no estaba segura de los documentos, ya que si él Moria, ¿Quién le entregaría la fábrica?
—¿De verdad crees tu misma mierda? —Pregunto Poppy en burla, mirándolo con esa superioridad, dejando en claro que Elliot sabía que estaba mal lo que hacía o decía, solo se tensó y gruño con rabia, porque no le gustaba que Poppy le digiera lo contrario.
Elliot frunció el ceño. No iba a permitir que esa pequeña muñeca jugara con él de esa manera.
—Estás exagerando —gruñó—. Solo lo puse en su lugar, es lo que hago cuando me faltan al respeto.
Poppy sonrió, pero no era una sonrisa amable. Era una sonrisa depredadora, era como si escuchar las excusas patéticas no le afectaran, pero el hombre no sabía lo que ella iba hacerle.
—¿Ah, ¿sí? —murmuró con un susurro encantador—. ¿Exagero Elliot?, Entonces, acércate, Elliot. Vamos, dime eso de nuevo... de cerca.
La forma en que lo dijo fue un anzuelo bien colocado.
Elliot no pudo evitarlo. Tal vez por orgullo, tal vez por instinto, o tal vez porque en el fondo aún la veía como una simple muñeca incapaz de hacerle daño.
Dio un paso al frente.
Poppy esperó pacientemente. Sus ojos centellearon en un brillo anticipado cuando él estuvo lo suficientemente cerca.
—Te dije que...—Y en un solo movimiento, rápido como un parpadeo, su manita se deslizó hacia su vestido y sacó aquel cuchillo dorado oculto entre los pliegues de la tela.
El filo relució por un instante antes de hundirse en la piel de Elliot, Poppy con un tajo directo corto a Elliot hasta hacerlo sangrar, mientras poseía esa mirada tan calmada y sonreía por fin devolverle un golpe.
El grito desgarrador del hombre resonó en la habitación cuando la hoja se deslizó desde la parte inferior de su ojo hasta su pómulo, dejando un surco profundo por el que la sangre brotó de inmediato. Elliot se tambaleó hacia atrás, llevándose una mano al rostro mientras la ardiente punzada de dolor lo atravesaba.
El suelo comenzó a llenarse de manchas de sangre debajo de su peso.
—¡TÚ... MALDITA...! —rugió, sus rodillas doblándose por la agonía.
Pero Poppy no le dio tregua. Aprovechando su desconcierto, rápidamente corrió sobre el escritorio aun entiendo ese cuchillo, para dar un salto grande, hasta aterrizar en el cuerpo de Elliot. Al mismo tiempo que se sujetaba de la ropa, poniendo el cuchillo en su boca, para sujetarlo luego comenzó a trepar ágilmente sobre su torso, usando su dolor en su contra. Sus pequeños dedos se aferraron a la tela de su camisa, escalando con destreza hasta alcanzar su hombro.
Antes de que Elliot pudiera reaccionar, sintió el helado filo del cuchillo presionarse contra su garganta. Su cuerpo se tensó al instante, cada músculo rígido como si el acero hubiera drenado hasta la última gota de su fuerza. La herida fresca en su rostro ardía, la sangre caliente resbalaba por su mejilla y se mezclaba con el sudor frío que comenzaba a formarse en su piel.
Pero nada de eso se comparaba con el pavor que lo paralizó cuando escuchó su voz.
—No te muevas —susurró Poppy.
Ya no había dulzura en ella, ni rastros de la niña risueña que alguna vez le llamó "padre". Su tono era seco, vacío de emoción... pero justo por eso, aterrador.
Ya no era su pequeña, ahora solo es una desconocida que no temía lastimarlo, como él mismo lo había hecho.
Elliot tragó saliva con dificultad, sintiendo la presión del cuchillo sobre su tráquea. La hoja era lo suficientemente afilada como para cortar con solo un leve movimiento en falso. Su pulso martilleaba con fuerza bajo el filo, su respiración errática y temblorosa. El dolor de su ojo se intensificó, punzante, pero ni siquiera se atrevió a llevar una mano a la herida.
Porque si se movía un solo centímetro, ella lo degollaría sin dudarlo.
—Escúchame bien, Elliot —siseó Poppy, su aliento frío contra su oído—. No volverás a ponerle un solo dedo encima a mi hijo... ni a nadie más.
El mundo se encogió hasta reducirse al sonido de su propia respiración entrecortada. Elliot sintió cómo un escalofrío lo recorría de pies a cabeza, y el pánico visceral que trataba de suprimir se mezclaba con una rabia impotente.
—Si lo haces... —Poppy inclinó la cabeza, y con un movimiento lento, letal, presionó el cuchillo un poco más contra su piel.
Un ardor punzante se extendió por su cuello. Un aviso de lo que podría hacerle si se atrevía a desafiarla.
—Te cortaré —continuó, su voz impregnada de veneno—. Te arruinaré. Y me aseguraré de que el mismísimo infierno sea un castigo misericordioso comparado con lo que te haré.
Elliot apretó los dientes, su orgullo hirviendo tanto como la sangre que se derramaba de su ojo, la cual sobresalía de su mano que cubría parte de su cara. Nunca, en toda su vida, había sentido a Poppy tan cerca, tan peligrosa... tan monstruosa.
Y lo peor de todo era que sabía que no mentía.
El silencio entre ellos se alargó, pesado y sofocante. Elliot sintió cada segundo como una eternidad, atrapado entre el filo del cuchillo y la mirada helada de Poppy.
—Dime, Elliot... —Poppy ladeó la cabeza, su voz impregnada de una dulzura fingida—. ¿Vale la pena?
El fundador cerró los ojos por un instante, su mandíbula tensa. Su mente bullía con mil respuestas llenas de veneno, de insultos, de odio... pero todas murieron en su garganta. Porque la verdad era cruel. No, no valía la pena. No cuando su vida pendía de un hilo en manos de esa muñeca.
—No me acercaré a él —murmuró al fin, su voz grave y carente de emoción—. Ni a nadie más.
Poppy entrecerró los ojos, buscando alguna mentira en su rostro. Elliot no era un hombre fácil de doblegar, pero incluso él sabía cuándo no tenía escapatoria.
—Bien. —La presión del cuchillo se redujo lentamente hasta desaparecer.
Elliot no se movió de inmediato. Sintió el ardor en su cuello, la fina línea de sangre caliente corriendo por su piel, como un recordatorio de lo cerca que había estado de morir.
Poppy saltó ágilmente de su hombro, aterrizando sobre el escritorio con una ligereza inquietante. Desde su posición, lo miró con una expresión que mezclaba triunfo y una advertencia silenciosa.
Elliot exhaló despacio, controlando el temblor en su cuerpo.
—Bueno supongo que terminamos nuestra reunión. —dijo, su tono ligero, casi indiferente—. Por cierto... te dejare unos documentos sobre los nuevos proyectos, espero que puedas aprobarlos. —Dijo la muñeca como si no pasara nada, ni siquiera le importo que Elliot siguiera sangrando.
El hombre solo se levantó de golpe y salió corriendo lejos de ese lugar, necesitaba tratarse aquella herida y probablemente no estaría por unos días, mientras que la muñeca solo sonreía con triunfo. La puerta se cerró con un golpe seco, y el eco del sonido retumbó en sus oídos.
En el silencio que siguió, ella permaneció inmóvil, sus ojos fijos en el cuchillo dorado sobre su mano, aún marcado por la sangre del hombre que llamo padre alguna vez.
La presión en su pecho se aligeró, pero una sensación extraña la invadió. No era alivio. No era satisfacción. Era vacío. La batalla emocional que acababa de librar había dejado una marca en su alma, tan profunda como la que le había dejado su padre cuando la lastimo la primera vez.
Poppy respiró hondo, su cuerpo aun vibrando por la adrenalina. Finalmente, dejó caer el cuchillo sobre el escritorio con un leve suspiro. Observó el filo, la pequeña mancha de sangre, y por un momento, vio su reflejo en él. La imagen de la muñeca destelló ante ella, pero no era la misma que solía ser.
Ya no era la misma.
Y eso la destruyo, porque efectivamente a veces la violencia era una solución, para los monstruos como Elliot.
Inspiró profundamente y soltó el cuchillo con cuidado. Lo tomó con un pañuelo y limpió la hoja con calma antes de guardarlo en su sitio. Luego, se acomodó en su asiento y comenzó a reorganizar los documentos en su escritorio, como si nada hubiera sucedido.
No podía permitir que Dogday ni Kissy sospecharan lo que había hecho. No todavía.
Después de todo, esto no había terminado.
Aún faltaban cosas que cambiar en esa fábrica maldita.
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La noche cayó sobre la fábrica, envolviéndola en su manto de sombras. Con la partida de los últimos trabajadores, el silencio humano dio paso a la verdadera vida del lugar. Ahora, con los nuevos cambios instaurados, la noche pertenecía a los juguetes. Un paraíso en el que podían moverse libremente, disfrutar de su tiempo sin la presencia de aquellos que alguna vez los dominaron.
Sin embargo, a pesar de todos los cambios, algo permanecía inmutable.
En lo más profundo de la fábrica, donde la luz apenas se filtraba, un murmullo reverberaba en la oscuridad. Un culto, nacido del miedo y la devoción, seguía reuniéndose fielmente cada cierto tiempo en la noche. Las palabras del Prototipo resonaban entre ellos, plegarias mecánicas que servían como consuelo para muchos. Algunos lo escuchaban por lealtad, otros por que necesitaban venerar a alguien... y unos cuantos, simplemente porque no conocían otra verdad.
A pesar de que aquella religión seguía arraigada entre los juguetes, los hechos eran innegables: la fábrica nunca había sido tan libre. La opresión y la desesperación que los humanos habían impuesto sobre ellos habían desaparecido, y en su lugar, la alegría y la tranquilidad florecían. Poppy y Dogday habían logrado lo impensable, transformando la fábrica en un refugio para los suyos, incluso después de todas las dificultades que enfrentaron... en especial, después de lo que ocurrió con Poppy.
Harley había desaparecido sin dejar rastro, y el Prototipo, en sus plegarias nocturnas, aseguró a todos que jamás volvería. Sus palabras trajeron alivio y júbilo a muchos, pero una sombra de inquietud aún se cernía sobre algunos.
Porque a pesar que a Poppy se le dio de alta, ella aun no daba respuestas ante sus preguntas, seguía estando débil, por lo que Dogday y Kissy continuaban con sus tareas, encargándose de lo que ella no podía, mientras la muñeca se tomaba su tiempo para recuperarse y descansar.
Probablemente para la mayoría habían sido cambios positivos, pero para Picky Piggy parecía se volvía peor.
La cerdita se encontraba sentada en su propia cama mientras se tapaba con sus mantas, abrazándose a sí misma en busca de un calor que nunca parecía suficiente. Sus orejas temblaban con cada suspiro que dejaba escapar, y sus grandes ojos brillaban con la humedad de unas lágrimas que a ese punto estaba cansada de llorar.
Todos a su alrededor seguían adelante. La fábrica prosperaba, sus amigos reían, trabajaban, amaban... y ella seguía ahí, atrapada en un vacío insoportable.
Bubba la había dejado claro: nunca la amó. Aquello había sido un golpe tan profundo que aún sentía su eco en cada rincón de su mente. Por más que intentara convencerse de que no importaba, que su amor no correspondido no debía definirla, no podía evitar sentir el agujero que había dejado en su corazón.
Tenía amigos, sí, pero... ¿de qué servía si al final del día se sentía sola? Les estaba agradecida, siempre le hacían sentir útil, pero ningún gesto podía llenar la necesidad de amor que ardía en su interior. Un amor diferente al que le ofrecían los niños con su cariño inocente. No, Picky Piggy ansiaba algo más, algo romántico, alguien con quien compartir sus sentimientos, alguien que la mirara como sus amigos miraban a sus parejas con devoción y ternura.
Para empeorar las cosas, su amistad con Crafty había llegado a un punto muerto. Se habían marginado mutuamente, como si la otra no existiera. Antes, su mejor amiga había sido su refugio, su confidente, pero ahora... ni siquiera podían dirigirse una palabra sin que la tensión se sintiera en el aire.
Picky Piggy se abrazó a sí misma, sintiendo cómo la tristeza la consumía poco a poco. Se odiaba por sentirse así. No quería ser tan dependiente del amor de alguien más... pero su corazón solitario anhelaba desesperadamente ser amado.
Sabía que era querida. Lo sabía. Pero... ¿por qué no era suficiente?
Y lo peor de todo era que, sin importar cuánto lo deseara, parecía que jamás lo encontraría.
Picky Piggy escondió su rostro entre sus manos, dejando que su cuerpo se sacudiera con un sollozo silencioso. Estaba cansada de ser fuerte, de fingir que todo estaba bien cuando su corazón dolía con cada latido.
No tenía a nadie.
Nadie que la mirara con ternura, que quisiera sostener su mano solo porque sí, que le susurrara palabras bonitas sin que ella tuviera que pedirlas.
Tal vez... tal vez estaba destinada a estar sola.
Unos golpes suaves en la puerta la sacaron de su ensimismamiento. Picky Piggy parpadeó, sintiendo sus ojos pesados por el cansancio emocional, pero ignoró el sonido al principio, esperando que quien fuera simplemente se marchara.
Pero los golpes volvieron, esta vez con más insistencia.
Suspirando con pesadez, se removió entre sus mantas antes de finalmente levantarse, sintiendo su cuerpo pesado, como si la tristeza misma la estuviera arrastrando. Caminó hasta la puerta con pasos lentos y la abrió solo un poco, lo suficiente para asomar su rostro.
—¡Ah, por fin abres, dormilona! —exclamó Hoppy con una sonrisa traviesa, apoyando una mano en el marco de la puerta—. Pensé que te habías convertido en parte de la cama.
Picky apenas reaccionó al intento de broma, simplemente suspiró y apoyó la cabeza contra la puerta.
—Hola Hoppy, ¿Qué pasa? —Pregunto la cerdita a pesar de su cansancio trato de darle una sonrisa a pesar de ser fingida.
—Nada del otro mundo, solo vine a sacarte de aquí —dijo con tono animado—. Vamos, algunos amigos y yo vamos a pasar el rato. Nos vendría bien alguien como tú para animar la noche.
Picky Piggy la miró con fatiga, como si la sola idea de salir le resultara agotadora. Su corazón dolía demasiado como para fingir que quería socializar.
—No puedo, me siento enferma —respondió en voz baja—. Además... no tengo ánimos para salir.
Hoppy la observó con curiosidad, notando el cansancio en su expresión y la tristeza oculta en su voz. No insistió demasiado, se preocupó y asintió.
—Si necesitas hablar, ya sabes dónde encontrarme —dijo finalmente.
Picky asintió apenas, sintiendo que la conversación se alargaba más de lo que podía soportar.
—Por cierto... ¿puedes cubrirme unos días? Solo hasta que me sienta mejor.
Hoppy suspiró, pero finalmente asintió con una sonrisa aceptando de inmediato.
—Está bien, recupérate pronto Piggy. —Menciono la coneja para luego caminar lejos de su cuarto.
Picky Piggy logró esbozar una pequeña sonrisa, aunque efímera, antes de ver a Hoppy marcharse.
Antes de que la coneja desapareciera en la distancia, donde la esperaban un grupo de juguetes, Picky escuchó cómo alguien mencionaba que pronto habría una reunión para escuchar las plegarias del Prototipo.
Hoppy bufó y agitó una mano con desinterés.
—No gracias, paso de esas cosas.
Picky Piggy, en cambio, se quedó en la puerta, viendo cómo algunos juguetes comenzaban a dirigirse al punto de reunión.
Se abrazó a sí misma, sintiendo el peso de su propia soledad aún más fuerte.
Tal vez... tal vez si iba, encontraría algo de consuelo.
Sin pensarlo demasiado, cerró la puerta de su habitación y se preparó para salir.
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La tela gruesa de la túnica le cubría por completo, arrastrándose ligeramente con cada paso nervioso que daba por los pasillos de la fábrica. Picky Piggy mantenía la cabeza gacha, con las orejas ocultas bajo la capucha, asegurándose de que nadie pudiera reconocerla con facilidad.
En sus manos temblorosas, sostenía una bolsa de papel, el aroma dulce de sus tanquecitos escapando entre las pequeñas aberturas. No era mucho, pero comerlos la ayudaría a calmar sus nervios.
El eco de sus pasos resonaba en el pasillo, mezclándose con el murmullo lejano de otros juguetes que aún transitaban por ahí. Algunos se detenían a mirarla con curiosidad, como si su mera presencia en ese sector fuera fuera de lugar. Picky decidió ignorarlos y apresuró el paso.
Solo tenía que llegar a la sala de reunión. Nada más importaba.
Pero, en su prisa y distracción, no notó la silueta frente a ella hasta que chocó de lleno contra un pecho firme.
—¡Ah! —soltó un quejido de sorpresa y dio un par de pasos hacia atrás, sujetando con fuerza su bolsa para evitar que cayera al suelo, pero el choque hizo que su capucha se cayera revelando su rostro—. L-Lo siento...
Se enderezó rápidamente, dispuesta a seguir caminando, pero entonces vio a quién había golpeado.
Maggie Maco.
El Nightmares Critters la observó desde su altura imponente, sus ojos afilados y brillantes como cuchillas, con una ceja arqueada que le daba un aire de superioridad. Su expresión oscilaba entre la burla y la sorpresa, como si encontrarla ahí fuera un juego que lo divertía más de lo que debería. Su figura, grande y esbelta, recordaba la de un tiburón humanoide, emanando una presencia inquietante que parecía rozar lo sobrenatural.
La sonrisa que curvaba sus labios era divertida, pero maliciosa, un destello de peligrosidad latente. Su cola, de movimientos tranquilos pero imponentes, se balanceaba lentamente, mientras sus cicatrices, algunas nuevas y otras antiguas, daban testimonio de su naturaleza salvaje. El collar que llevaba, con una pieza que claramente imitaba un diente de tiburón, colgaba con pesadez alrededor de su cuello, como un recordatorio de su origen y sus hábitos.
Maco cruzó los brazos sobre su pecho, haciendo que sus músculos se tensaran, mostrando su fuerza con una calma que contrastaba con la tensión palpable en el aire.
Picky sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Pero miren a quién tenemos aquí... —la voz de Maggie era grave, con un tinte burlón—. La adorable Picky Piggy, toda cubierta como si fuera un monje...
La cerdita sintió cómo sus mejillas se encendían de la vergüenza, al escuchar cómo se burlaba de ella, de todos los juguetes jamás pensó ver a un Nightmares Critters y menos ahora después de lo que paso con su grupo.
—N-No es nada... Solo iba de paso... —murmuró, intentando alejarse.
Pero Maggie no la dejó escapar tan fácil. Dio un paso al frente, inclinándose un poco para verla mejor, después de todo tenían una diferencia de altura considerable, su sonrisa afilada revelando sus colmillos.
—¿De paso?, parece que tu ibas a otro lugar, ¿Acaso ibas al rezo de hoy? —su tono se tornó aún más divertido—. Vaya, esto sí que es interesante. ¿Acaso otro Smalling Critters se volvió seguidor de mi señor?
Picky apretó la bolsa en sus manos, incómoda. Era cierto que los Smalling Critters y los Nightmares Critters rara vez se llevaban bien. Siempre habían estado en extremos opuestos en cuanto a ideologías, pero en esos momentos no quería pelear, estaba bastante agotada y agobiada para decir algo.
—Solo... solo quiero escuchar —respondió al fin, sin querer darle más explicaciones.
Maggie soltó una carcajada baja, divirtiéndose con esa situación.
—Oh, claro, claro. "Solo escuchar" —repitió con sorna—. ¿Y qué, planeas convertirte en una de esas almas desesperadas que buscan el consuelo de las palabras del Prototipo? ¿O solo buscas algo más que rezos?
Picky sintió un nudo en la garganta. No quería discutir con él, no tenía fuerzas para enfrentarse a sus burlas. Solo quería llegar a la reunión y ver si, de alguna manera, podía llenar un poco el vacío dentro de ella.
—Déjame pasar, Maggie —dijo en voz baja, intentando sonar firme.
El gruñido proveniente del estómago de Mako rompió el silencio por un breve instante, lo suficiente para que Piggy parpadeara con sorpresa y su expresión de incertidumbre se suavizara. No importaba cuán diferentes fueran, cuán burlón o intimidante él pudiera parecer, al final, el hambre era algo que todos compartían.
El Nightmares Critters chasqueó la lengua con fastidio, desviando la mirada con evidente incomodidad.
—Tsk... qué molesto —murmuró, cruzándose de brazos con más fuerza, como si eso pudiera acallar su propio cuerpo.
Piggy, en cambio, sintió algo cálido brotar dentro de ella, una sensación que le era familiar, su instinto natural de cuidar y compartir. Con timidez, metió la mano en la bolsa de papel que sostenía contra su pecho y, con delicadeza, sacó un panque recién horneado. El dulce aroma a vainilla y mantequilla se esparció en el aire, creando un pequeño oasis de dulzura en medio de la fría tensión del pasillo.
Extendió su brazo con suavidad, ofreciéndole el panquecito con una pequeña sonrisa amable.
—Toma —dijo con dulzura—. Debes de estar hambriento.
Mako parpadeó, visiblemente sorprendido por el gesto. Sus ojos, que antes brillaban con burla, ahora reflejaban una confusión genuina. Observó primero el panquecito y luego a Piggy, como si no terminara de comprender por qué alguien como ella, alguien que pertenecía a un grupo que históricamente no se llevaba con el suyo, le ofrecía algo sin esperar nada a cambio.
—¿Me estás dando esto... a mí? —preguntó, su tono incrédulo.
Piggy asintió con suavidad, sin apartar la mano.
—No puedo ignorar a alguien que tiene hambre —dijo simplemente.
Por un instante, Mako no supo qué responder. Parte de él quería rechazarlo por orgullo, seguir con su actitud desinteresada, pero su estómago rugió otra vez y su cuerpo tomó la decisión antes que su mente. Con una mueca que mezclaba resignación y algo que no alcanzaba a nombrar, estiró la mano y tomó el panquecito, con más delicadeza de la que él mismo esperaba.
El pasillo quedó en silencio mientras Mako observaba el panquecito en su mano, como si fuera algo completamente ajeno a él. Luego, sin decir una palabra más, le dio un mordisco.
Y el sabor dulce y esponjoso lo tomó completamente por sorpresa.
—Es...esta delicioso. —Murmuro sorprendido por el sabor, siempre había probado los sabores rancios de la cafetería, pero esto sabia tan bien que no quería terminárselo y antes de que se diera cuenta su panquecito ya había desaparecido y lo masticaba con sus dientes.
Mako chasqueó la lengua con fastidio, lamiéndose los colmillos como si intentara aferrarse al sabor que aún quedaba en su boca. No quería admitirlo, pero ese panquecito había sido lo mejor que había probado en semanas.
—Tst... —Chasqueo los dientes y desvió la mirada—. No creas que esto significa algo.
Piggy sonrió suavemente. No esperaba que él lo admitiera, y tampoco lo necesitaba. Saber que había disfrutado su comida era suficiente para ella.
—No lo hago por eso —dijo con dulzura—. Solo quería compartir.
Mako la miró de reojo, frunciendo el ceño como si no supiera qué hacer con una actitud tan genuina. La mayoría de los juguetes del grupo de Piggy evitaban a los Nightmares Critters o, en el mejor de los casos, los toleraban con indiferencia. Pero ella... ella no parecía tener miedo, ni desprecio.
Soltó un resoplido y sacudió la cabeza.
—Mmmm... Entonces, ¿vas a seguir parada aquí como una estatua o qué?
Piggy parpadeó, confundida.
—¿Qué?
—El rezo. A eso ibas, ¿no? —Mako se estiró, flexionando los brazos perezosamente—. Supongo que puedo escoltarte. No quiero que te pierdas y termines llorando por ahí.
Piggy lo miró con sorpresa. No esperaba que él la acompañara, y mucho menos que lo hiciera bajo la excusa de que la estaba "escoltando". Suponía que era su forma rara de ser amable sin admitirlo.
—Oh... está bien —dijo, bajando un poco la mirada, pero con una pequeña sonrisa en los labios—. Gracias, Maggie.
El Nightmares Critters se detuvo en seco.
—¡No me llames así! —gruñó, su aleta en la cabeza temblando con irritación.
Piggy soltó una risita, cubriéndose la boca con la manga de su túnica.
—Lo siento, lo siento.
Mako bufó y comenzó a caminar sin esperarla.
—Vamos ya antes de que cambie de opinión.
Piggy lo siguió, sintiéndose un poco menos sola en ese momento.
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El ambiente en la sala era solemne, iluminado únicamente por la tenue luz de unas cuantas luces. Los juguetes congregados en el lugar murmuraban entre ellos, sus voces resonando en susurros que se entrelazaban con el sonido de la ventilación. Todos estaban reunidos cerca de una pared donde un ducto de ventilación dominaba la escena, esperando ansiosos a que el juguete que transmitía la voz del Prototipo apareciera.
Piggy tragó saliva, sintiendo un ligero temblor en sus manos. Sujeta a la tela de su túnica, trataba de encontrar valor para dar los siguientes pasos. Sin embargo, antes de que pudiera dudar, Mako la guio con un simple gesto de la cabeza, avanzando entre los seguidores como si el lugar le perteneciera.
—Vamos —dijo sin mirarla directamente, manteniendo su postura indiferente.
Ella asintió sin decir palabra, siguiéndolo con pasos inseguros. No estaba acostumbrada a esta clase de reuniones, pero su necesidad de encontrar respuestas la mantenía firme.
Justo cuando Piggy estaba por hablar, un grupo de figuras notaron la presencia de ellos. Altos, esbeltos y con una presencia amenazante, los demás Nightmares Critters se acercaron a Mako con expresiones que oscilaban entre la burla y la curiosidad. Eran un grupo que se mantenía unido por su propia visión del mundo, y Piggy sabía que los Smalling Critters como ella no eran bienvenidos en sus círculos.
Lo sabía de primera mano cuando ellos se pelearon con su líder.
Uno de ellos, una criatura con aspecto de reptil un cocodrilo que al igual que Mako, poseía unas escamas en vez de felpa y ojos resplandecientes, se cruzó de brazos mientras inspeccionaba a Piggy con una mirada escéptica.
—Vaya, vaya, Mako —dijo Allister Gator con un tono burlesco—. No pensé que llegarías temprano, pero lo que realmente me sorprende es tu... compañía.
Otro Nightmares Critters, de complexión más robusta y con cuernos curvados en la cabeza, ese dragón rojo con esa mirada llena de ambición miro de reojo a su amigo con la cerdita tímida a lado, soltó una carcajada baja.
—¿Desde cuándo te juntas con cosas tan... blandas? —agregó Simón Smoke con una sonrisa burlona, sus ojos fijos en Piggy como si la desafiara solo con su presencia.
—Mmmm vaya vaya... pero si es la cerdita asustadiza de esa vez—Esta vez fue Rabie Baby, quien hablo plagado de veneno mientras se acercaba y se ponía a lado de Simón, quienes parecían estar en un tipo de relación por su cercanía.
—Jajaja, mírenla tan sola y asustada, ¿Acaso quieres llorar cerda? —Touille hablo con burla provocando que Piggy retrocediera, mostrando su incomodidad y su miedo, por supuesto no es fuerte como sus amigos, es más ni siquiera podía pelear como Hoppy, si decidieran atacarla ella seria casi inútil, después de todo su cuerpo semi gordito no dañaría a esas criaturas que parecían disfrutar de la violencia.
—¿Por qué la trajiste Maggie? —Pregunto Poe aquel cuervo mientras alternaba entre mirar a Mako y a Piggy.
Piggy sintió su piel erizarse. Aunque ya estaba acostumbrada a los comentarios mordaces, la sensación de estar rodeada por ellos le resultaba abrumadora. Se aferró un poco más a la bolsa de tanquecitos que aún sostenía, intentando encontrar un poco de seguridad en ese simple objeto.
Antes de que pudiera responder, Mako soltó un resoplido y dio un paso adelante, interponiéndose sutilmente entre Piggy y los otros Nightmares Critters. Su cola se movió con calma, pero sus ojos destellaban con advertencia.
—Oh, vamos. ¿Desde cuándo se ponen tan nerviosos por una simple invitada? —La voz de Mako era despreocupada, pero con un filo peligroso—. ¿O acaso le tienen miedo a una Smalling Critters?
Los otros Nightmares Critters intercambiaron miradas, algunos con fastidio, otros con recelo.
—Claro que no —bufó Simón, cruzándose de brazos con molestia.
—Entonces, cálmense. —Mako se giró apenas, lanzándole a Piggy una mirada de soslayo antes de inclinarse hacia su grupo. Con su tono más bajo, susurró algo que Piggy no alcanzó a escuchar.
Lo que sí vio fue cómo sus expresiones cambiaban de inmediato. Alistar, que había estado con el ceño fruncido, relajó la mandíbula. Simón soltó un resoplido de resignación y desvió la mirada como si el tema ya no le interesara. Rabie Baby ladeó la cabeza y se encogió de hombros, mientras que Poe, con su mirada oscura y penetrante, solo asintió con un leve movimiento y por último Touille solo se rio suavemente como si estuviera confabulado con lo que estaban tramando.
—Mmm. Bueno, haz lo que quieras —dijo finalmente Allister, desviando la mirada con aparente desinterés—. Mientras no moleste, me da igual.
Piggy parpadeó sorprendida. Su corazón latía con fuerza dentro de su pequeño pecho. ¿Qué les había dicho Mako para que de repente bajaran la guardia? Era raro ver a un Nightmares Critters interceder por alguien como ella, en especial siendo una Smalling y más cuando su líder había golpeado a algunos de sus miembros.
El grupo solo se retiró para tomar su asiento, al mismo tiempo que Allister la miro con curiosidad, pero solo le dio la espalda sin más mientras se retiraba con su grupo.
El Nightmares Critters se enderezó con aire triunfal, sus escamas brillando bajo la tenue luz de la sala. Una sonrisa ladeada se dibujó en su rostro cuando notó la confusión en el rostro de la cerdita.
—¿Ves? No fue tan difícil —comentó con burla, mirándola de reojo.
Piggy dudó un momento, pero luego bajó la cabeza en señal de gratitud.
—Gracias... por defenderme. —Su voz fue un susurro, pero lo suficientemente clara para que Mako la escuchara.
Él dejó escapar una risa entre dientes y se inclinó hacia ella, su cola meneándose con aire despreocupado.
—¿Defenderte? —repitió con fingida sorpresa—. No fue gratis.
Antes de que Piggy pudiera preguntar qué quería decir, Mako extendió una garra y golpeó suavemente la bolsa de papel en sus manos. Sus garras afiladas apenas rozaron el papel, pero la intención era clara.
—Los panquecitos, Piglet. —Se burlo el tiburón feriándose a una caricatura para burlarse de Piggy.
La cerdita lo miró con sorpresa antes de soltar una risita suave, entendiendo esa referencia. Era cierto, después de todo él no hacía nada sin un motivo.
—Jaja supongo que no hay de otra. —Con una sonrisa resignada, sacó el resto de los panques y los puso en sus manos.
Mako sonrió con satisfacción, llevándose uno a la boca mientras los demás Nightmares Critters los observaban con cierta curiosidad, su mirada aún cargada de desconfianza, pero ya sin la hostilidad de antes.
El aroma dulce se mezcló con el aire pesado de la sala, un contraste casi surrealista.
Pero antes de que pudieran hacer más comentarios, el murmullo de los juguetes reunidos comenzó a apagarse poco a poco, como una marea que retrocedía.
El juguete encargado de transmitir la voz del Prototipo había llegado.
Todos se giraron hacia el centro de la sala, donde una figura emergió de entre las sombras, avanzando lentamente hacia la pared donde se encontraba el ducto de ventilación. Sus movimientos eran precisos, casi ceremoniales, y su presencia impuso un silencio solemne entre los seguidores. La luz tenue proyectaba sombras alargadas en las paredes, intensificando la atmósfera mística de la reunión.
Piggy tragó saliva, sintiendo el peso de la atmósfera. Su corazón latía con más fuerza de lo normal. Ahora que estaba ahí, se preguntaba si realmente había sido una buena idea venir.
Pero ya no podía echarse atrás.
Y con un último mordisco a su panquecito, Mako se acomodó a su lado, observando la escena con un brillo indescifrable en sus ojos.
La voz del Prototipo estaba por resonar.
Piggy sintió un nudo en el estómago. Las palabras del Prototipo calaron hondo en su ser, como un eco de sus propios pensamientos. Había estado luchando contra esa sensación durante tanto tiempo. Las cosas ya no eran las mismas para ella. Se sentía... perdida, vacía, como si todo hubiera cambiado, pero para peor. Los días anteriores, su vida, su propósito, todo parecía haberse desmoronado.
Miró al suelo, sin atreverse a mirar a los demás, sintiendo que las palabras resonaban con una verdad que no podía ignorar.
—Algunos... se han perdido en el proceso —continuó el Prototipo—. Y la fábrica sigue adelante, con sus nuevos rostros y sus antiguos fantasmas.
Piggy apretó los puños, un pensamiento oscuro cruzó por su mente, tal vez ella era uno de esos "rostros" que ya no encontraba su lugar en este nuevo mundo. Tal vez... había empeorado.
La sala cayó en un silencio profundo cuando el Prototipo comenzó a hablar, su voz resonando desde el ducto de ventilación, grave y casi etérea.
—Los cambios en la fábrica... han sido vastos. Algunos, buenos. Otros, malos —su tono se hizo más sombrío—. Y es doloroso ver cómo algunos de nosotros, en lugar de mejorar, hemos terminado... empeorando.
Piggy sintió un nudo en el estómago. Las palabras del Prototipo calaron hondo en su ser, como un eco de sus propios pensamientos. Había estado luchando contra esa sensación durante tanto tiempo. Las cosas ya no eran las mismas para ella. Se sentía... perdida, vacía, como si todo hubiera cambiado, pero para peor. Los días anteriores, su vida, su propósito, todo parecía haberse desmoronado.
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El murmullo en la sala se fue apagando lentamente, y Piggy permaneció allí, quieta, sin moverse. El juguete que había transmitido las plegarias del Prototipo ya se había ido, y la atmósfera, antes llena de solemnidad, se desvaneció en un aire espeso y pesado. Los demás juguetes seguían dispersándose lentamente, mientras algunos comenzaban a irse, murmurando entre sí sobre lo que acababan de escuchar.
Pero Piggy no podía moverse. El vacío dentro de ella parecía haberse extendido, profundizándose, un peso en su pecho que no la dejaba respirar. Quería llorar. Quería volver a encerrarse, a desaparecer de esa sala llena de palabras que no lograban llenar su alma.
Se sentía... perdida. Como uno de esos juguetes de los que había hablado el Prototipo, aquellos que, a pesar de los cambios, seguían sintiéndose vacíos, abandonados. Y lo peor era que ni siquiera sabía si algo podría salvarla. No podía dejar de pensar en cómo todo había empeorado, cómo, en lugar de encontrar un propósito, todo parecía haberse desmoronado.
De repente, una voz rompió el silencio en su mente, y Piggy dio un sobresalto.
—¿Qué piensas de todo esto? —preguntó Mako, su tono más serio de lo habitual, aunque su mirada mantenía ese toque de desprecio que siempre tenía hacia los demás.
Piggy levantó la vista, sorprendida por la pregunta.
—No lo sé —respondió Piggy con una voz apagada, su mirada vacía—. Siento que el prototipo tiene razón... aún hay juguetes que no sienten que han mejorado.
Mako la observó en silencio, su cola moviéndose lentamente de un lado a otro. Los demás Nightmares Critters, que aún permanecían cerca, se acercaron también, escuchando la conversación con cierto interés. Allister fue el primero en hablar, su voz profunda resonando en la sala.
—Eso es obvio... después de todo seguimos siendo esclavos. —Contesto el cocodrilo mientras hacia una mueca de desagrado.
—¿Esclavos? —Pregunto Piggy incrédula, sin comprender del todo.
—Sí, esclavos —dijo, con una mezcla de sarcasmo y frustración—Porque, aunque ya no hay violencia, seguimos siendo esclavos de un sistema. De un sistema que todavía existe, aunque ya no con los abusos. Hay... preferencia por unos sobre otros. Los que siguen a Poppy, los que son más cercanos a ella, tienen trabajos más fáciles, menos exigentes. Mientras que los demás... —Mako hizo un gesto con su mano—. A esos se les asignan las tareas más pesadas. Y al final, seguimos siendo tratados de forma diferente por los humanos, según quién esté en su favor.
—Y-yo... no sabía eso. —Dijo Piggy realmente sorprendía, ella jamás había escuchado algo así, pero no había duda que había juguetes que hacían trabajos muy pesados.
—Por supuesto que no lo sabes... después de todo... eres una consentida. —Contesto Rabie con recelo, mientras cruzaba sus brazos.
—Viviendo en el orfanato con los niños, teniendo tu propio cuarto, comiendo comidas deliciosas... ¿Qué vas a saber lo que pasamos? —Contesto el ratón quien solo bufaba y gruñía ante lo dicho. A diferencia de Poppy, ellos Vivian en cuartos pequeños y hasta tenían que compartir. Solo comían la comida de la cafetería que a veces ni era tan buena, pocas veces podían permitirse comprar en la tienda de los juguetes cosas buenas para ellos.
La cerdita se quedó callada de inmediato, sintiendo que cada día se enteraba de más cosas y se regañaba a sí misma por ser tan ignorante al enterarse de otras. Estaba a punto de hablar cuando Poe pronuncio algo que hizo que se callara y se quedara en shock.
—Nunca debió parar la hora de la alegría...—Menciono el cuervo bastante irritado, mostrando que estaba a favor de ese plan.
Fue entonces que el resto de sus amigos comenzaron a apoyar sus palabras. Era como si realmente los Nightmares Critters pensaran que es la solución más sensata.
Piggy sintió un escalofrío recorrer su cuerpo de tela. No podía creer lo que estaba escuchando.
—¿Cómo pueden decir eso...? —murmuró, su voz apenas un susurro.
Simón resopló con desdén, cruzándose de brazos.
—No te hagas la sorprendida, Picky—espetó con una sonrisa torcida—. Si la Hora de la Alegría hubiera continuado, no estaríamos atrapados en este sistema de favoritismos. Todos seríamos iguales. No habría juguetes privilegiados y otros condenados a cargar con el trabajo pesado.
—Seremos totalmente libres. —Esta vez fue Mako quien hablo mostrando que estaba a favor de ese hecho. —Solo piénsalo... seguimos estando bajo el yugo de los humanos, pero si ellos no estuvieran... podríamos hacer lo que deseáramos. No más trabajo, no más cambios o temor a que el fundador se desquisiera o que el nuevo jefe nos maltratara...
—Seriamos libres de poder amar... y demostrarlo sin temor a que nos castiguen. —Rabie hablo de forma que un hilo de voz la acompaño, dejando ver que a pesar de ser una Nightmares Critters y haber provocado un problema grande con sus chismes, ella parecía realmente que sufría mientras tomaba la mano de Simón y bajaba su cabeza.
Haciendo que Piggy entendiera la situación de inmediato.
Ellos dos estaban juntos.
La cerdita sintió un nudo en su garganta sorprendiéndose que hasta los Nightmares Critters tenían también sus respectivas parejas y sus propias vidas, mientras que ella seguía estando sola a pesar de estar rodeada de increíbles personas.
Alistar Gato asintió, apoyándose en la pared con los brazos cruzados.
—¿Qué prefieres? ¿Vivir en un mundo donde algunos son tratados como reyes mientras otros apenas sobreviven? —Su voz sonaba grave, casi acusatoria—. Poppy y sus seguidores tienen a los humanos de su lado. Los que no estamos con ella, estamos abajo en la cadena. Y lo peor es que incluso entre los juguetes, ya hay diferencias. ¿Eso te parece justo?
Piggy abrió la boca para responder, pero se quedó en silencio.
No podía negarlo. Había sentido la diferencia, aunque nunca la había entendido completamente hasta ahora. No era que la trataran mal... pero sí que era diferente. Siempre la habían cuidado, protegido, incluso cuando no lo pedía. ¿Era porque la veían como alguien "débil" o simplemente porque era parte del círculo de Poppy?
—No lo sé... —susurró, sintiéndose más confundida que nunca. —Yo nunca lo he vivido y no lo he visto para entenderlo.
—Eso es porque tienes un cargo importante...—Contesto el cuervo molesto, mientras la miraba con resentimiento como si estuviera celoso de su posición. —Hasta donde sabemos eres la chef y cuidadora personal de los huérfanos, fuiste de los pocos juguetes que tenían permitido salir de la fábrica para cocinar para los humanos. Por eso jamás viste otro lugar... al tener un trabajo importante es un hecho que te ven con otros ojos, pero mientras a otros que no sirven para nada... más que trabajo de mantenimiento o trabajos basura...—El ave desvió su mirada molesta y soltó un suspiro al final. —NI siquiera nos miran, no hay privilegios... solo nos dan comida, y un lugar donde dormir simplemente algo para no morirnos, pero aun seguimos siendo juzgados, y teniendo que seguir bajo unas reglas en donde no podemos hacer más cosas sin que nos tachen de ser rebeldes o que rompamos las reglas...
—Es un hecho que jamás lo entenderías. —Esta vez fue la murciélago quien termino la frase cruzando sus brazos. —Después de todo, ¿Qué vas saber que es vivir entre la basura?
La cerdita se quedó callada, realmente reflexionando sus palabras jamás en su vida pensó que había más cosas de lo que sus amigos y Poppy le contaron, nunca escucho quejas de otros juguetes o solo fue su propia mente que no quiso escuchar. Por primera vez en tanto tiempo Picky comprendido una cosa, y es que entendía como se sentían los Nightmares Critters.
Porque a pesar de que ella poseía privilegios el sentimiento que compartían, la hacía pensar que tal vez ellos podrían realmente comprenderla realmente.
Mako la observó con intensidad, entrecerrando sus ojos.
—Lo comprendo... yo también vivo en un tipo de jaula...—Confeso Piggy haciendo que los demás la miraran curiosos de lo que tenía que decir.
—Y-yo...y-yo... yo también deseo ser libre. —Contesto Piggy en voz alta alzando su mirada, mostrando en sus ojos su honestidad, porque ella también se sentía atrapada en esa maldita fabrica, destinada solo a dos trabajos o ser cuidadoras de niños o ser una chef, ella también quería experimentar más cosas, vivir más cosas poder demostrar su amor por alguien sin tener que temer a las represalias de los humanos.
Pero en especial un sentimiento oscuro surgió dentro de ella.
Y ese fue que ella en lo más profundo de su corazón, deseaba alejarse de su grupo de amigos. De su familia de los Smalling Critters, ya no podía seguir conviviendo con ellos sin sentirse miserable, solo ser una espectadora de como ellos hacían sus vidas con sus respectivas parejas, dejándola atrás.
Olvidándola sin tomarla en cuenta en sus decisiones, todo por la simple excusa de protegerla.
Y Picky Piggy ya está harta de esa vida.
Quería ser libre de esa mierda.
Mako sonrió con algo parecido a la comprensión.
—Entonces ya entiendes de qué hablamos —dijo, inclinándose un poco hacia ella—. No se trata solo de la fábrica. No se trata solo de los humanos. Es el hecho de que, aunque todo supuestamente mejoró, algunos seguimos igual o incluso peor.
Los otros Nightmares Critters asintieron.
—El Prototipo vio esto desde el principio —murmuró Poe—. Y por eso quería que la Hora de la Alegría no se detuviera. Porque al menos con él, todos habríamos sido iguales.
—Pero Poppy decidió meterse... ahora no sabemos que nos esperara en el futuro. —Respondió Allister cansado.
—Pero... ¿y si cambia las cosas?, ¿y si Poppy logra cambiar lo que dicen? —Piggy deseaba tener esperanzas, lo que fuera para evitar algo tan horrible. Deseaba creen en Poppy, en su amigo Dogday.
Solo quería aferrarse a algo de sus amigos.
—¿Y si no lo logra? —Esta vez fue Baba aquella oveja negra, quien miraba a Piggy casi en todo ese tiempo se había mantenido callada, después de todo es conocida por ser bastante reservada. —¿Entonces que pasara con nosotros si no lo logra?, ¿seguiremos viviendo de esta forma?, ¿olvidados?, ¿Cómo si no fuéramos nada?, ¿Nos seguirían pasando por encima como si no fuéramos sus iguales? —Baba seguía soltando preguntas tras preguntas, ella no estaba dispuesta a seguir con esa vida, ella también estaba harta.
La cerdita comprendía a la oveja negra, porque cada día de su vida se sintió así para ella.
Piggy sintió un nudo en el estómago, quedándose callada porque esta vez no supo que contestar y solo bajo su mirada poniendo una mano en su pecho. Todo lo que había creído hasta ahora, todo lo que había pensado sobre la Hora de la Alegría... ¿estaba realmente equivocado?
Se abrazó a sí misma, sintiéndose más sola que nunca.
—Ya es hora de irnos... fue suficiente charla por hoy. —Contesto Baba mientras suspiraba y le daba la espalda a Piggy dejando en claro que ya no seguiría hablando de lo mismo. Los demás Nightmares asintieron, también querían retirarse y descansar.
La líder de los Nightmares antes de retirarse miro a Picky por última vez, preguntándose seriamente sobre lo que le dijo el Prototipo días antes, nada tenía sentido para Baba, pero al menos había cumplido con su orden, hacer dudar a otros juguetes en especial a unos en su lista.
—Supongo que ahora no somos tan diferentes... Smalling Critters. —Murmuro el murciélago, mientras miraba de reojo a Piggy que se quedaba congelada sin decirles nada, al mismo tiempo que se retiraban como los demás juguetes.
Pero antes de que Piggy volviera a quedarse sola, el tiburón se acercó a la cerdita y tomo su hombro para llamar su atención. Haciendo que el juguete rosado levantara su mirada sorprendida mientras sus ojos se volvían cristalinos, curiosa de lo que tenía que decir.
—Deberíamos seguir hablando después... realmente fue interesante dialogar contigo Piglet. —Se rio Mako mostrándole una sonrisa a pesar de mostrar su orgullo, realmente se vea esa honestidad dejando en claro que había disfrutado de la plática. —Por cierto... a la próxima trae más panquecitos. —Dijo el tiburón despidiéndose con una mano y se retiraba dándole la espalda.
Piggy se quedó anonadada con la boca abierta, sintiendo que su corazón latía con fuerza.
Por primera vez en tanto tiempo... sintió algo diferente.
A pesar de que los Nightmares Critters eran considerados sus enemigos, ellos la habían tratado de una forma que ni siquiera sus propios amigos en el orfanato habían hecho en años. No la habían excluido, no habían bajado la voz o cambiado de tema por su presencia. No la habían tratado como si fuera frágil, ni como si sus opiniones fueran irrelevantes.
Simplemente... la incluyeron.
La hicieron sentirse tan bien consigo misma, que ni siquiera los Smalling Critters lo habían hecho en años.
Se sintió como si la trataran como una persona y no un estorbo.
Fue entonces que la cerdita junto sus manos en sus pechos y con un sonrojo en sus mejillas realmente sonrió, después de todo lo ocurrido, fue genuino y dulce. Sintiendo que volvía a recobrar esa calidez de su ser.
Pero al mismo tiempo la incertidumbre que ellos le dejaron con esa charla la dejo mucho en que pensar.
Quien pensaría que Los Nightmares Critters serian más cálidos que los Smalling Critters.
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Mas tarde en esa misma noche, los juguetes ya estaban dormidos, a excepción los que hacían guardia, pero a pesar de todos los acontecimientos que habían pasado, la mayoría de los juguetes por fin podían dormir en paz sin pensar en el futuro donde solo había incertidumbre sobre lo que pasaría con ellos.
Solo se podía disfrutar de esa paz sin necesidad de pensar en otra cosa.
Solo los juguetes que hacían guardia se encontraban rondando la fábrica, como trabajadores nocturnos.
—¿Escuchaste eso? —Pregunto un juguete quien estaba haciendo guardia en uno de los pasillos, su compañero por su parte solo levanto su cabeza y olfateo el ambiente y solo negó.
—No es nada... solo son esos juguetes pequeños, andando. —Dijo el otro juguete mientras caminaba para seguir con su rutina de trabajo.
El juguete que miraba con desconfianza en un punto fijo solo bufo y se terminó retirando.
Lo que hizo que alguien saliera de su escondite, siendo una forma humanoide totalmente negra, que solo parecía cubrirse. Este ser rápidamente avanzo evitando que los guardias se dieran cuenta de su presencia, hasta llegar finalmente a la oficina del mismísimo Elliot Ludwig, aquella persona solo deslizo una carta debajo de la puerta.
Sin que nadie lo notara, tan pronto entrego la carta, se retiró de inmediato para evitar que alguien lo viera.
Solo desapareció sin dejar rastro solo dejando su mensaje atrás.
En donde Elliot sería el único en verlo.
☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Comentario de la escritora☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*
¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, mis queridos lectores!
¡Aquí les traigo un capitulo mas, como siempre cada domingo jeje!
Por cierto ya solucine el problema de likes de wattpad, por lo que ya pueden dar likes a mis comentarios sin que me genere spam uwu, hasta bajo les dejo una guia para que ustedes puedan hacerlo ejjeje.
¿Qué les parecio el nuevo capitulo? Uwu, espero que les haya gustado, me gustaría saber sus opiniones.
Personalmente me gusto mucho escribirlo, porque primera le di un pequeño castigo a Elliot, ¿A que no se esperaban que Poppy lo atacara?7w7r, para que aprendiera a respetar al perrito días, pero se que no es suficiente aun faltan mas cosas que se tienen que ver jeje, mas caos y mas desarrollos de personaje.
Y hablando de desarrollo de personaje, ¿Qué les parecio el desarrollo de Picky?, quiero decir es uno de los personajes secundarios que mas me ha esta gustando, porque se podría decir que de todos ellos, ella es la mas normal y aun asi tiene sus propios problemas, como sentirse desplazada o alejada y ni hablar de la cagada que Bubba hizo con ella, que la neta no se merecía.
Pero como dije y uno de mis lectores menciono, no todos tienen un final feliz, todos sufren incluso los mas buenos, porque asi es la jodida realidad. No sabes de donde viene el golpe.
Pero en fin espero que Picky pueda conseguir su final feliz, jeje y también como dije a partir de aquí los Nightmares van a tener un poco mas de relevancia uwu.
Ahora si pasemos a las siguientes notas uwu.
Mis queridos lectores vengo a compartirles algo precioso!!
Unos dibujitos y unos tiktoks que mis lectores hicieron de mi fanfic >///////<, es que carajo están hermosos y preciosos, no puedo evitar emocionarme y quiero compartírselos, para que vean los talentosos que son estas personas:
Primero que nada les presento los dibujos de una amiga mia caneladoll99
Quien me hizo estos precisoso dibujos 0////0
Pero para los que leen en fanfictionero, tienen que ir si o si en ao3 o en wattpad para poder ver las imagenes, ya que esta plataforma no tiene para subir imagenes, por cierto no olviden que para ir a mis perfiles mas rapido, en mi perfil esta el link de mi pagina para que ustedes puedan ver wattpad y ao3 uwu.
AHora pasemos a Tiktok, traido por ustedes por la talentosa Antonella-8102 que hizo estos videos de mi fanfic jajaj vayan a verlo son preciosos.
En wattpad les estare dejando los links en los comantarios, porque wattpad se ponen de mamones que no compartamos links, ay dios mamones le dicen!!!
En ao3 y en fanfictionero les dejare los links directos.
1. Video
2. Video
3. Video
4. Imagenes (esta es una de mis favoritas)
Jejeje eso seria todo de mi parte uwu, en el siguiente domingo les estare trayendo mas noticias jeje de futuros proyectos.
Los amo mis queridos lectores, pronto me ire de vacaciones solo estoy preparando unas cosas, antes de tomar un descanso a la escritura.
Jejeje cuidense mucho y los veo el siguiente domingo!!
Los amo!!!