Capitulo XXIX. Caminando hacia algo nuevo parte I.
22 de septiembre de 2025, 1:47
⚠️Advertencias⚠️
🐈⬛Este capitulo es largo.
🐈⬛ Contenido sexual muy detallado.
🐈⬛ Palabras denigrantes y un poco transfobicas, aquí les pido mucho respeto ya que es parte de la historia, no se está normalizando y jamás lo será, solo es parte de la historia.
🐈⬛ Dirty Talk.
🐈⬛Este capítulo estará censurado en wattpad, por lo que mis lectores de Wattpad si quieren verlo sin censura tendrán que ir a Ao3. Están bajo su propio riesgo.
🐈⬛Esta historia es para el público adulto, por lo tanto, si eres menor de edad, te pido de la mejor manera que salgas de la historia, pero aun así si decides ignorar mis advertencias, entonces solo me queda advertirte que estas bajo tu propio riesgo, esta historia encontraras temas moralmente cuestionables, turbios, gore, abusos de todo tipo, altamente toxicidad, sinceramente esta historia hará que te revuelva el estómago. Por lo tanto, estas bajo tu propio riesgo, no quiero saber que después de esto quieras quejarte o que tus padres vengan a quejarse porque serás bloqueado de inmediato. Eso sería todo para aquellos menores de edad.
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Chapter Text
Había sido un día muy interesante. A pesar de todo lo ocurrido, el ambiente parecía respirar un poco más tranquilo... como si incluso las paredes susurraran que, por fin, era momento de sanar.
Poppy se encontraba en su oficina, descansando mientras bebía una taza de café con crema bastante deliciosa, aún estaba reposando ya que ese dolor corporal no desaparecería por semanas. Sus cicatrices seguían marcando su rostro como recuerdos visibles de ese día tan horrible, pero en su mirada no había rencor ni dolor, sino una suave determinación.
Agradecía infinitivamente que después de provocarle un susto de muerte a Elliot este no había vuelto a la fábrica, dejándole de nuevo todo el liderazgo a Poppy mostrando que se tomaría unas vacaciones. A la muñeca no le importo estaba muy contenta, ahora tenía todo el poder para ella y realmente se aseguraría que todos se dieran cuenta que ella es la que mandaba.
Pero en especial que ahora podía hacer que sus hijos estuvieran más tranquilos.
—"Estás de mejor humor hoy" —comentó Kissy Missy con ese lenguaje de señas sentándose al borde de la cama, mientras Dogday acomodaba una bandeja con flores y fruta fresca en la mesita.
El perrito estaba super feliz, moviendo su cola mientras miraba de reojo a su querida madre que le regresaba la sonrisa, pues los tres estaban teniendo un descanso después de revisar muchos documentos.
—Es porque ya me dejaron caminar un poco —bromeó Poppy con una mueca—. Y también... porque estoy planeando algo.
Los ojos de Kissy y Dogday se alzaron con curiosidad. Poppy entrelazó sus dedos sobre el regazo y bajó la mirada por un momento antes de soltarlo:
—¿En qué piensas Poppy? —Pregunto el perrito solar, bastante curioso al mismo tiempo que se sentaba en uno de los asientos para estar más cómodo.
—Me siento más recuperada y creo que ya es hora que vuelva a tomar mi liderazgo. Aunque primero debo hacer una reunión enorme para todos los juguetes, necesito decirles que habrá muchos cambios importantes. —Explico la muñeca mientras miraba su café, reflexionando lo que haría. — 1006 es un idiota que me dejo mucho trabajo...—Rápidamente tomo un sorbo de su café, mientras sus mejillas se sonrojaban al pensar que ahora ese ser volvía a ser suyo.
—"¿Cambios importantes?" —señaló Kissy lentamente con una ceja arqueada, sus dedos se movían con precisión mientras sus ojos se entrecerraban, como si pudiera olfatear un secreto desde kilómetros. Había algo en el tono de voz de Poppy que simplemente no cuadraba.
—Bueno... no es algo que decidí sola. 1006 y yo estuvimos hablando mucho sobre lo que haríamos a continuación. —Poppy lo dijo sin pensarlo, con la mente aún distraída entre la dulzura del café y las ideas de la reunión, pero apenas las palabras abandonaron sus labios, se dio cuenta del error.
Su cuerpo se tensó, sus ojos se abrieron apenas más de lo normal y su mano tembló lo suficiente para que la taza de café casi se le cayera.
Kissy la miraba con una sonrisa helada, esa clase de gesto que no decía "estoy feliz" sino "me acabas de confirmar mis sospechas".
Dogday frunció el ceño, parpadeando confundido.
—¿Eh? ¿Tú y el Prototipo? ¿Cuándo pasó eso? ¿Cuándo hablaron? —preguntó Dogday con una mezcla de preocupación y genuina sorpresa, ladeando un poco su cabeza como un cachorro curioso.
—Eso mismo me pregunto yo —agregó Kissy, usando ahora las manos con más lentitud, más firmeza—. "¿Y cómo es que tuvieron tiempo de hablar tanto?".
Hizo una pausa, como si le diera una oportunidad a su amiga para decir la verdad. —"Casi siempre estás conmigo. Apenas y te dejamos ir sola al baño..."
Poppy bajó la mirada. Un rubor empezó a subirle por las mejillas, lento pero innegable. Tragó saliva. Se quedó en silencio por un segundo eterno. La vergüenza se le notaba incluso en la forma en que apretaba las manos contra su regazo, retorciendo sus propios dedos.
—Él... él ha estado viniendo a verme por las noches —susurró finalmente, con una voz tan baja que apenas la oyeron.
Dogday abrió los ojos como platos.
—¿¿Que??—el perrito estaba completamente desconcertado, a pesar de haberlo conocido, de saber que Catnap lo quería como un padre. Dogday no podía evitar sentirse alerta a lado de ese ser, no iba a negar que le molestaba sea actitud, el representaba todo lo que él no creía, en especial cuando revelo una verdad cruel que hizo que algunos juguetes se suicidaran—. ¡Eso es peligrosísimo, Poppy!
La muñeca solo suspiro, entendiendo por que Dogday desconfiaba del Prototipo, en especial cuando ella lo amaba tanto pero no iba a ignorar que hacía cosas que no apoyaba. —Cálmate Dogday—. respondió ella rápidamente, manteniendo la calma a pesar de sus mejillas mostraban otra cosa.
—Él no me ha hecho daño, por lo contrario, aprovechamos para hablar de muchas cosas...—Explico Poppy mientras alzaba sus manos buscando calmar a su pequeño, que la miraba con ojos cristalinos.
Kissy la miraba en completo silencio. Solo su cuerpo hablaba ahora: los brazos cruzados, el ceño fruncido, los labios apretados.
—"¿Y por qué me lo ocultaste?" —señó lentamente, y su expresión no era de enfado... sino de decepción. Una herida invisible que solo las mejores amigas saben infligir sin decir una sola palabra más.
Poppy se sintió como si algo se le hubiera roto por dentro. Su voz salió temblorosa.
—Porque sabía que reaccionarían así, si supieran que el me visita o nos comunicamos seguido. —Expreso mientras acariciaba su nuca. —Además.... Ha pasado otra cosa. —Poppy sabía que tenía que decirles, porque al final tarde o temprano revelarían aquella verdad, la muñeca estaba lista, no sería fácil más porque Kissy sabia su pasado con él.
Los dos juguetes miraron a la nunca en silencio esperando una respuesta.
—"¿Y bien?" —Expreso Kissy.
—Nos reconciliamos y acabamos de iniciar una relación romántica. —Soltó sin más la muñeca sabiendo que sus amigos se sorprenderían enormemente, en especial Kissy que no confiaba en él en absoluto. Por el simple hecho de que el Prototipo había provocado una paranoia llevando a unos juguetes al suicidio, además de que era demasiado manipulador y podría ser cruel en el proceso, ni hablar de ser el líder de una jodida secta que él mismo creo.
Definitivamente Kissy no confiaba en él.
—¡¿QUÉ?! —gritaron Dogday y Kissy Missy al unísono, sus voces resonando como un trueno que rompió el silencio del cuarto.
Dogday prácticamente se cayó de la silla, con las orejas rígidas y la boca abierta como si acabara de ver a alguien resucitar. Su expresión era la viva imagen del horror. Kissy, por su parte, se puso de pie de golpe, con las manos temblando, los ojos muy abiertos y el ceño fruncido con una furia contenida que parecía a punto de estallar, ella golpeo con sus manos el escritorio de su amiga.
—¡¿Por qué con él?!, ¡Después de lo que hizo! —Pregunto Kissy sin hablar en su lenguaje de señas, por lo contrario, ella estaba furiosa tanto que su voz de niña no podía ocultarlo.
—Él es malo... —Dijo el perrito bastante angustiado, mientras se recomponía al mismo tiempo que miraba a su madre con esos ojos preocupados.
—¡Suficiente! —Sentención Poppy mientras se levantaba, por supuesto sabía que ellos reaccionarían de esa forma y lo comprendía, pero tampoco iba a seguir molesta con 1006, cuando ella misma había aceptado su plan de contingencia, por supuesto que estaba furiosa con él por provocar que algunos de sus hijos hubieran tomado una decisión tan drástica por haber escuchado algo tan horrible sobre de donde venían.
Pero al mismo tiempo estaba siendo lo más sensata posible, si algo le pasaba sabía que El Prototipo podía protegerlos, ella ya estuvo al borde la muerte 2 veces y no sabía si una tercera sobreviviría, además de que no era del todo su culpa por que al final la decisión de terminar con la vida fueron sus propios hijos que lo hicieron, sabía que Dogday o incluso Kissy si supiera la verdad se enojaría aún más, en especial cuando ella apoyo aquella idea después de enterarse. Aun así, ella aun lo seguía amando con todo su corazón, él siempre la trato tan bien y como si fuera una maravilla del mundo, cuando estaban juntos, en especial cuando después de volver a reencontrarse a pesar de ser bastante cruel con ella la primera vez, después de que él se enteró de la verdad 1006 no dudo en volver a tratarla como si fuera su ser más preciado.
Aun así, confiaba plenamente en 1006, no solo como pareja si no como un líder, aunque como padre aún estaba muy indecisa de que pensar.
Realmente se regañó por justificarlo, pero no tenia de otro, 1006 es su mejor aliado y el único que podía proteger a todos si ella faltara.
—Se que no confían en él ni en lo más mínimo y no voy que su último acto, trajo consecuencias graves. —Admitió la muñeca mientras miraba hacia abajo mientras sentía su cuerpo tensarse. — Pero necesito que confíen en mi...—Pidió la muñeca.
A lo que Kissy miro a su amiga observándola analizando cada gesto de ella, buscando duda, pero no lo había. Solo termino por suspirar. —Está bien... confió en ti...—Expreso Kissy, apoyando a su amiga. Después de todo probablemente se lo diría cuando Dogday se fuera.
Pero el perrito se quedó callado a pesar de que confiaba en Poppy no podía quitarse la ansiedad y la preocupación, aun así, al ver a la muñeca tan serena y feliz se dio cuenta que realmente estaba siendo bastante injusto con ella, por supuesto tenía sus dudas con 1006 y no entendía porque había revelado el secreto de Poppy. Pero si él hacia feliz a Poppy entonces Dogday la apoyaría, a pesar de sus dudas, hasta donde sabia 1006 jamás había lastimado a la muñeca y nunca lo haría, a palabras de Catnap cuando él le pregunto una vez sobre porque no solo desechaba a Poppy a pesar de la alianza, pero el Prototipo solo negó y dio entender que nunca lo haría, Dogday se enteró por su novio.
Ya que ambos tenían dudas respectos a sus padres y su extraña relación.
Así que el perrito solo sonrió mostrando que apoyaba a su madre. —¿Él te hace feliz Poppy? —Pregunto Dogday mostrando su curiosidad.
La pregunta cayó con suavidad en el aire, pero pesó como si hubiera sido tallada en piedra. Poppy lo miró, sorprendida por el cambio en su tono. Dogday ya no sonaba molesto ni temeroso... solo quería entender. Solo quería verla feliz.
La muñeca parpadeó, conmovida. Sintió un calor suave en el pecho, y sus mejillas se tiñeron de un leve rubor, ese que hacía tiempo no sentía frente a sus seres queridos.
—Sí... —respondió con un suspiro casi imperceptible, pero lleno de sinceridad—. Él me hace feliz.
Sus dedos se entrelazaron con los pliegues de su ropa mientras bajaba un poco la mirada, tímida, como si admitirlo en voz alta volviera todo más real. Pero al levantar la vista, había una chispa suave en sus ojos, un brillo que no llevaba desde hace mucho.
—Sé que suena extraño después de todo lo que ha pasado... —continuó—. Pero cuando estamos juntos, cuando no hay peligro, ni caos, ni miedo... él me mira como si fuera lo más hermoso que ha visto. Como si no fuera un error, sino algo... digno de amar. —Ella expreso porque eso es lo que justamente lo que hacía el Prototipo a pesar de su cruda personalidad, él seguía tratándolo como si fuera lo más valioso de su vida.
Dogday la observó en silencio, su corazón latiendo con fuerza. Verla así, tan vulnerable, pero al mismo tiempo tan segura, lo hizo tragar saliva con fuerza. No entendía al Prototipo, y quizás nunca lo haría... pero conocía a su madre, conocía sus miedos, sus heridas, y más que nadie sabía cuánto había sufrido. En especial cuando Kissy se veía más tranquila como si ya lo hubiera aceptado antes que él.
—Entonces... —murmuró el perrito, sonriendo con ternura mientras se acercaba y termino por abrazarla, haciendo que Poppy solo soltara una risita acariciando la cabeza de su niño que se hundía en su cuerpo, con esa calidez suya tan familiar—. Entonces me alegro por ti. Tú más que nadie mereces ser feliz, Poppy.
Poppy se agachó para rodearlo con los brazos, escondiendo por un momento el rostro en su suave pelaje. No dijo nada, solo dejó que el silencio hablara por ella. Un "gracias" susurrado entre emociones contenidas.
Kissy, que había permanecido en segundo plano con los brazos cruzados, pero aun así ella la acepto y sintió mucha felicidad por su amiga.
—Bueno, supongo que, si tú puedes con ese montón de chatarra romántica, es mejor para ti—bromeó con un guiño—. Pero en serio... me alegra verte así, Poppy. —Dijo Kissy mientras también se acercaba a su mejor amiga y la tomaba de su mano, mostrándole que estaba feliz por ella,
—Gracias... a los dos —murmuró la muñeca, separándose suavemente de Dogday—. Sé que no es fácil, pero... saber que me apoyan significa más de lo que puedo decir.
La tranquilidad volvió a instalarse por unos segundos, aunque era una calma frágil, como una tregua silenciosa antes de que el mundo volviera a moverse. Dogday intercambió una mirada breve con Kissy, quien asintió, como si confirmaran que al menos por ahora, todo estaba bien.
Pero en el fondo de sus corazones, ambos sabían que aún había preguntas sin responder. Que la paz que Poppy sentía podría no durar para siempre... y que el Prototipo, por mucho que la amara, seguía siendo un enigma.
Y, aun así, en ese momento, eso no importaba.
Porque ella era feliz.
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Unas horas más tarde, mientras la calma regresaba en Home Sweet aquel lugar donde los niños Vivian. Dogday y Catnap se encontraban rodeados de risas infantiles, juguetes dispersos y muchas, muchas preguntas imposibles de responder. Todo porque sus queridas amigas... habían decidido desaparecer.
Ambos juguetes se encontraban cuidando a los pequeños, para Dogday no era la gran cosa, ya que por mucho tiempo compartía esta responsabilidad con Hoppy y con Piggy, pero para el felino lunar era totalmente diferente, su trabajo era ayudar a dormirlos y ser un guardia de seguridad nocturno, no estaba hecho para tratar a los niños. No tenía la suficiente paciencia para eso, pero no iba a negarse a cuidarlos, en especial cuando Hoppy y Bobby se habían escapado para disfrutar de su día romántico.
Por supuesto que habían llegado a un acuerdo con Dogday días antes.
—¿Estás seguro que solo querían "descansar"? —preguntó Catnap mientras ayudaba a uno de los pequeños a construir una torre de bloques. El niño reía mientras miraba como el felino le costaba muchísimo poner un bloque con aquellas garras enormes.
—Lo dijo Bobby... y cuando Bobby dice escapada romántica... es encerrarse todo el día en la habitación —respondió Dogday, algo ruborizado—. No las veremos hasta mañana, probablemente con cara de "no dormimos nada". —El perrito bromeo al mismo tiempo que estaba super feliz por sus amigas, muchas cosas cambiaron y en caso de sus amigas, podían ser un poco más libres en demostrar su amor, aunque aún seguían manteniendo el perfil bajo con algunos humanos, ya que desconfiaban terriblemente porque aún estaba el miedo de ser castigados por estar en una relación romántica con otros juguetes.
—Mmmm suena que nos dejaron todo su trabajo mientras se divierten. —Menciono el felino suspirando mientras miraba como el niño seguía con sus bloques.
—¡Mira Catnap!, ¡lo construí más grande! —Pronuncio el pequeño divertido de jugar con el felino, a lo que el nombrado solo sonrió y le levanto su pulgar.
—Tú puedes Anto, yo creo en ti. —Contesto el felino lunar con palabras ensayadas, después de todo los niños siempre se emocionaban cuando los halagaban. A lo que el niño asintió mientras iba por más bloques.
—Jeje bueno... al menos así podrás convivir con los niños un poco más y no solo en la noche. —Explico Dogday mientras estaba sentado a lado de su novio, y en sus piernas tenia a una de las niñas que reía mientras Dogday la peinaba, ya que ayudaba decorar su lindo cabello con unas coletas.
Catnap solo bufo, volviendo a observar a los pequeños enfrente de ellos. Era hora del recreo, Piggy actualmente estaba en la cocina con unos ayudantes, para que los niños pudieran comer. Porque Catnap y Dogday estaban cuidándolos mientras tanto.
Los dos miraban a los pequeños energéticos disfrutando de sus juegos hasta que uno de ellos propuso otra cosa.
—¡Ya sé, ya sé! —gritó uno de los niños, emocionado—. ¡Juguemos a la casita!
—¡Sí! ¡La casita, la casita! —corearon varios niños a la vez, haciendo que Dogday y Catnap se miraran en silencio, como si sus cerebros necesitaran más tiempo para procesar lo que eso implicaba.
—¿Casita? —repitió Catnap con una ceja alzada, un poco desconcertado.
—¡Sí! ¡Ustedes pueden ser los papás! —respondió Anto, el mismo niño de los bloques, agitando los brazos con entusiasmo—. ¡Y pueden casarse y todo!
Dogday sintió cómo sus orejas se erizaban ligeramente del rubor. Tragó saliva y miró a Catnap, que no decía nada, pero su expresión de neutralidad apenas ocultaba el leve temblor en la comisura de sus labios. Estaba luchando entre reírse y escabullirse por la ventana más cercana, el pobre felino a veces no entendía que cosas se les ocurrían a los niños.
Pero la sola idea de casarse con Dogday hizo que el corazón del felino saltara de emoción, mientras que el perrito estaba tan sonrojado que no pensaba que sería buena idea hacer ese juego.
—Eh... bueno... —intentó decir Dogday, buscando una salida elegante, pero los niños ya estaban demasiado metidos en el juego como para permitir evasivas.
—¡Yo quiero ser la madrina! —gritó una niña.
—¡Yo haré los anillos! —añadió otro niño, usando un hilo de lana sonriendo mientras comenzaba a hilar con rapidez.
Catnap se encogió de hombros y susurró hacia Dogday, con un tono algo resignado pero afectuoso. —¿Qué te parece? ¿Jugamos a ser una familia por hoy?
Dogday lo miró con una mezcla de nerviosismo y afecto en los ojos. Conocía cada matiz de Catnap, y no le costaba ver lo que se escondía detrás de su expresión calmada: un leve temblor en la voz, apenas perceptible, pero suficiente para delatar la marea de emociones que lo recorría. Y entre esa calma fingida, Dogday pudo ver algo más... una chispa de ternura, de emoción genuina... quizás incluso un poco de deseo.
—Podría ser divertido —dijo el perrito con una sonrisa tímida pero sincera, mientras sus mejillas se teñían de rosa—. Después de todo... ya lo somos un poquito, ¿no?
Catnap lo miró de reojo, y como siempre que quería ocultar sus emociones, ladeó la cabeza con suavidad. Su sonrisa fue tranquila, casi imperceptible, pero en su mirada había un brillo nuevo, cálido y vibrante.
—Entonces que comience la boda —dijo el felino, con una mezcla de emoción y picardía que hizo latir más fuerte el corazón de Dogday.
Los niños no perdieron un segundo. Con torpeza encantadora, comenzaron a vestir a la improvisada pareja con lo que tuvieran a mano: sábanas viejas a modo de trajes, cintas de colores, flores de papel arrugadas y estrellas dibujadas en hojas sueltas. Dogday terminó con una corona de margaritas de papel en la cabeza, pero llena de amor, mientras Catnap lucía un gran moño rojo atado en el cuello que claramente había sido parte de una manualidad navideña.
Frente al improvisado altar —una caja grande cubierta con una manta floreada—los niños los colocaron uno frente al otro con la solemnidad de quien presencia un momento sagrado. Ante, el "sacerdote", sostenía un libro de cuentos como si fuera una biblia.
Los niños estaban sentados en el suelo emocionados, pues realmente se habían lucido en hacer esa boda falsa. Dogday estaba nervioso y en un susurro hablo con su novio. —Estos pequeños son tan creativos, ¿no crees Kitty? —Pregunto divertido.
Mientras Catnap se rio también, amaba estar tan cerca de su novio. —No voy a negarlo, te queda de maravilla tu atuendo Doggy. —Dijo el felino lunar con una sonrisa coqueta, amaba ver a Dogday vestido de blanco, en especial que tenía una sábana simulando un vestido.
Ese comentario hizo que el nombrado se sonrojara y su cola se moviera de emoción, ambos tomaron sus manos mientras Ante se preparaba para hablar.
Ante se aclaró la garganta con exageración, tratando de parecer serio mientras hojeaba las páginas del libro de cuentos, que no tenía ni una sola palabra relacionada con bodas, pero eso no parecía importarle.
—Estamos aquí reunidos para unir en matrimonio a Dogday y Catnap —declaró con voz ceremoniosa, mientras algunos niños contenían risitas emocionadas—. El amor es... es... —miró rápidamente el libro, sin saber qué más decir, y luego improvisó—... algo bonito que se siente en el corazón. Como cuando uno quiere compartir su merienda... o sus cobijas... o su peluche.
Un murmullo encantado se esparció entre los pequeños asistentes. Dogday soltó una risa bajita, mientras Catnap apretaba con suavidad su mano, mostrando una sonrisa como un tonto enamorado.
—Ahora es el momento de los votos —dijo Anto con un tono importante, mirando a la pareja como si estuvieran a punto de cambiar el mundo con sus palabras. Los niños se emocionaron muchísimo solo veían aquella boda como un tipo novela que a veces trasmitían en la tele, fue divertido verlos ahí tan nerviosos a pesar de ser un juego.
Dogday abrió la boca, sorprendido. No había preparado nada, ni siquiera pensó que llegarían tan lejos en el juego... pero cuando miró los ojos de Catnap, algo cálido le subió por el pecho, y simplemente habló con el corazón.
—Yo... un, bueno... Catnap... —tomó aire, mientras observaba al felino su hermoso novio que parecía más tímido que él—. Desde que nos conocimos, no he parado de sentirme feliz, has sido mi mejor amigo por muchos años y ahora... te has convertido en mi pareja. Lo que quiero decir... no tengo palabras para decirte que me haces tan feliz.
—Lo que quiero decir... —siguió, con un leve temblor en la voz, que no era de miedo, sino de emoción—. Es que... no sé si tengo las palabras para decir lo que significas para mí. Has hecho que cada momento valga la pena. Cada vez que siento que el mundo se pone difícil, tu solo presencia me da fuerzas para seguir.
Dogday sonrió ampliamente, su cola moviéndose de un lado a otro con fuerza, mientras observaba los ojos brillantes de Catnap, quien no podía evitar sonrojarse.
—Te amo tanto, Catnap... que siento que mi pecho arde como el sol más brillante del cielo. Eres mi luz, mi refugio, y mi motivación. Lo único que quiero es pasar mi vida contigo, en las buenas y en las malas. Te prometo estar a tu lado, siempre, porque no puedo imaginarme un futuro sin ti. —Sus ojos brillaban, y al mirarlo, Catnap pudo ver la sinceridad y el amor sin medida que Dogday le ofrecía.
Finalmente, Dogday susurró, con voz llena de emoción y ternura.
—Te amo, Catnap, y siempre lo haré.
Catnap sintió su corazón latir más fuerte, su pecho lleno de una mezcla de emoción y felicidad. Era como si todo lo que sentía por Dogday se hubiera condensado en esos simples, pero poderosos, votos. Los niños gritaron emocionados.
Cuando fue su turno, Catnap miró a Dogday, sus ojos reflejaban una admiración tan profunda que era difícil de describir.
—Dogday... —comenzó, su voz suave, pero llena de sinceridad—. Lo que dijiste... es todo lo que yo siento también. Desde que llegaste a mi vida, todo cambió para mejor. Antes de ti, yo estaba en un lugar oscuro, era como una oscuridad sin rumbo, frio y sin vida, pero tú me has mostrado lo que significa tener a alguien con quien compartirlo todo, por quien vivir. No solo me haces sentir amado, sino también entendido. Siempre sabes lo que necesito, incluso sin palabras. A pesar de haber pasado muchas cosas tantos buenas y muy malas... realmente siempre me des muestras que habrá esperanza.
Dogday dejó escapar una ligera risa nerviosa, mientras se sonrojaba aún más.
—Es difícil poner en palabras lo que siento... —admitió, mientras apretaba aún más la mano de Dogday—. Pero lo que quiero decir es que cada vez que estoy contigo, siento que todo es posible. Como si no hubiera barreras, como si no hubiera nada que no pudiéramos superar. Eres mi refugio, mi alegría, mi fuerza. Y nunca voy a dejarte, porque sin ti, no sé quién sería, me haces sentir seguro.
Catnap inspiró profundamente, su voz temblando levemente de emoción.
—Te amo, Dogday, más de lo que puedo decir. Y mi promesa para ti es que siempre estaré aquí, pase lo que pase. En cada paso, en cada desafío, en cada momento... estaré a tu lado. Porque tú eres mi hogar, y siempre lo serás. Si me permites... deseo ser tu luna, la que ahora te protegerá al final de mis días.
Los dos se quedaron inmóviles, perdidos en la mirada del otro, como si el mundo entero se hubiera desvanecido y solo quedaran ellos dos en esa pequeña burbuja de amor, risas infantiles y sentimientos sinceros. Las palabras aún vibraban en el aire entre ellos, como una melodía suave que sólo sus corazones podían oír.
Dogday sentía su pecho latiendo con una fuerza tan intensa que casi dolía. Ver los ojos de Catnap, tan llenos de ternura, timidez y devoción, le hacía arder el alma en una mezcla cálida de amor y esperanza. Todo lo que había dicho, todo lo que sentía, estaba ahí, reflejado en la mirada de su amado, y era como si por primera vez, sin miedos ni dudas, se vieran completamente.
Catnap, por su parte, no podía hablar. Su garganta se cerraba de emoción, y solo podía sostener esa mirada profunda, reconociendo en los ojos brillantes de Dogday todo lo que él también sentía, pero que muchas veces no sabía cómo expresar. Amor, gratitud, deseo... un futuro juntos.
En ese instante, uno de los niños, con toda la inocencia del mundo, gritó con entusiasmo.
—¡El beso! ¡El beso! ¡Ahora! —Fue entonces que los pequeños gritaron emocionados, mientras pedían que se besaran para completar la ceremonia.
—¡Beso!, ¡Beso!, ¡Beso! —Todos gritaban y aplaudían, haciendo que Catnap y Dogday se sonrojaran al mismo tiempo que se emocionaron de más, por un momento olvidaron que solo estaban jugando, pero en ese momento para ellos dos.
Esto no fue un juego, realmente lo que sentían era totalmente sincero, ambos se amaban con tanta fuerza que dolía pensar que se separarían.
Y entonces, como guiados por un hilo invisible hecho de confianza y cariño, Dogday se inclinó hacia adelante. No fue un movimiento pensado, ni planeado. Fue una necesidad, como respirar. Porque en ese instante, lo único que deseaba era sentir a Catnap más cerca, unir sus labios, sellar con un beso la promesa que acababan de hacerse sin importar que fuera un juego.
Catnap no se apartó. No podía. Su cuerpo se inclinó también, instintivamente, con los ojos entrecerrados y el corazón entregado.
No necesitaban palabras.
Solo estaban ellos dos.
Y eso era suficiente.
—¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO USTEDES DOS?! —gritó Piggy, con su tono de voz tan furioso como siempre, pero con una pizca de exasperación, observando desde otro lugar.
Los niños se apartaron rápidamente, algunos con caras de sorpresa, otros tapándose la boca para ocultar sus risas.
Dogday y Catnap estaban tan cerca de tocar sus labios, pero se separaron al instante, ambos tan avergonzados que estaban en shock que rompieran su burbuja. El felino miro de reojo a Piggy molesto por haber interrumpido algo tan lindo, pero bajo su mirada y orejas al notar que la cerdita tenía el peor gesto pues ella estaba furiosa, con las manos cruzadas al mismo tiempo que en una de sus manos tenía un cucharon de metal que amenazaba con golpearlos con eso. Definitivamente la cerdita iba a lastimarlos si intentaban hacer otra cosa.
Dogday por su parte estaba nervioso, sonrojado y con su corazón enloquecido como si lo hubieran cachado haciendo algo malo.
—¡¿Qué no aprendieron la última vez?! —Pregunto Picky mientras los miraba esperando una respuesta, los niños por su parte estaban confundidos. No sabía que pasaba y porque Piggy los regañaba.
—Piggy... no estábamos haciendo nada malo —intentó decir Dogday, con la voz bajita, pero Piggy ya estaba encendida.
—Oh no por supuesto que no. —Dijo ella con sarcasmo. —Primero empiezan con un beso y en segundos terminan por ensuciar mi cocina. —Explico la cerdita molesta tratando de no dar muchos detalles, al respecto ya que los niños no debían saber de esas cosas.
Tanto Dogday y Catnap se sonrojaron avergonzados mientras desviaban la mirada. Pues aún recordaban aquella noche bastante bochornosa para ellos.
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Piggy apenas podía dormir, por alguna razón no podía dejar de pensar en los Nightmares Critters, en especial en ese juguete de tiburón. Mako Maggie había robado bastante de sus pensamientos, últimamente se había juntado con él y la verdad hace tantos años no se sentía tan emocionada de conocer y divertirse con alguien más, Bubba ya no se encontraba en su mente, probablemente su resentimiento y odio hicieron que sea más fácil para ella continuar con su vida.
Después de todo sus palabras habían matado el amor que sentía por él.
Pero ella no pudo dormir, su corazón estaba alterado y sus mejillas estaban rojas, por pensar en Mako y en su sonrisa cuando la halagaba por sus postres, o cuando la abrazaba del hombro mientras se reía de sus travesuras junto con Piggy.
Definitivamente ella se sentía más feliz de lo que se sintió antes.
La cerdita se levantó un poco cansada, sería mejor que tomara leche y pudiera volver a dormir. Así que salió de su habitación yendo a su cocina para poder comer un poco, su estómago rugía. Ella salió para caminar y cuando estaba cruzando la sala, ella pudo escuchar ruidos bastantes extraños. Realmente sonaba bastante raro.
Piggy extrañada pensó que era un niño travieso que comía sin supervisión, así que con pasos lentos y sigilo llego a la entrada y como pudo miro en el interior de la cocina, pero lo que más le sorprendió fue ver una escena totalmente bochornosa que sus mejillas se calentaron con tanta fuerza que la cerdita se quedó muda.
Porque en la mesa se encontraba sentado Catnap mientas en sus piernas estaba Dogday, sujetando el cuello de su novio, mientras sus caderas comenzaban a moverse en un vaivén lento y duro, mostrando como Dogday gozaba al soltar suspiros y jadeos casi imperceptibles. Al mismo tiempo que sacaba su lengua y miraba a Catnap con tanto deseo y lujuria.
El felino por su parte solo sonrió mientras exhalaba un poco de humo rojo, sosteniendo los glúteos de su novio, abriendo mejor aquellas posaderas regordetas dejando ver como su pene empapado de fluidos, entraba y salía del coño de Dogday, haciendo sonar un chapoteo bastante vulgar y lascivo. Catnap por su parte lamia y chupaba del hombro hasta el cuello del perrito, mientras con sus brazos sujetaban la espalda y apretaba uno de los glúteos de Dogday. Ayudando a darle el ritmo para que se auto penetrara con su pene, al mismo tiempo que movía sus caderas de forma rítmica para aumentar el placer de ambos.
—¡Ah~♡ Catnap!, ¡me quiero correr! —Dijo el perrito ansioso mientras jadeaba tan cerca de la oreja de su novio, mientras sentía que el falo de contrario palpitaba tan deliciosamente, que lo enloqueció y se dejó caer con fuerza contra su pelvis, metiendo más profundo aquel miembro que volvió a follar su cerviz, provocando que el perrito mordiera con tanta fuerza sus labios para no gritar por lo increíble que se sintió, tanto que tuvo un micro orgasmo al dejar salir sus mieles en un chorro pequeño, mientras Catnap aprovechaba este momento para arremeter con fuerza contra ese delicioso coño goteando.
Enterrando su pene en que las paredes rosas, abriéndolas y estimularlas con sus puas, provocándole al perrito espasmos de placer, Canto solo lamia y chupaba aquel pelaje najaran ja ronroneando mientras sonreía al saber que Dogday solo tenía ojos para él, al mismo tiempo disfrutando de que ese cachorrito es suyo y solo suyo. También disfrutando de su placer, sintiendo como su pene era apretado tan deliciosamente que quería ya depositarle una carga de semen en el interior de su novio.
Después de todo no quedaría embarazado gracias al anticonceptivo, así que aprovecharía cada momento.
—Ah~ Doggy eres tan lindo~♡—Murmuro el felino tan dulce mientras daba otro beso en el cuello marcado de su novio, su mano que estaba en la espalda de Dogday, bajo rozando cada cm de piel hasta tomar el otro glúteo y apretarlo para retomar el ritmo un poco más rápido. —Córrete para mi Doggy~♡.
Piggy por su parte se había quedado oculta en la pared mientras tapaba su boca sorprendida y muy sonrojada, estaba demasiado avergonzada nunca pensó ver a sus amigos en ese estado, por supuesto que los habían escuchado, pero esto no se comparaba en absoluto. Pero cuando escucho eso último, no pudo evitarlo, ese par de cachondos estaban ensuciando su hermosa cocina.
Por lo que sintió que en vez de vergüenza se remplazó por enojo, pues ella no quería preparar su comida en un lugar en donde los fluidos de esos dos tocaran. Así que exploto.
—¡ESO SI QUE NO! —Grito la cerdita mientras estaba furiosa a la cocina, mostrando su furia en sus ojos. Apretando sus puños, interrumpiendo el momento íntimo de sus amigos.
Ambos quedaron en shock realmente lo habían arruinado en hacerlo en la cocina, el lugar sagrado para Picky Piggy.
Después de eso Piggy recordó que se e volvió un caos, aun recordaba esa noche en donde estaban Dogday y Catnap arrodillados en el suelo mientras de su cabeza sobresalía un chichón, producto de que Piggy los golpeara con su cuchara de madera. Además de que los demás Smalling Critters se levantaron por el escándalo provocado, dejando ver que Piggy les gritaba y regañaba por haber manchado su lugar.
Hoppy y Kickin se rieron con fuerza mientras se burlaban de ellos por no aguantar sus hormonas, Bobby y Crafty estaban avergonzados de enterarse de cómo sus amigos habían sido descubiertos. Bubba solo se fue a dormir de nuevo dejando en claro que le importaba poco esa situación.
Al final esos dos terminaron de limpiar el lugar donde estaban haciendo sus cosas y prometiendo que jamás volverían a hacerlo. Mas que nada fue Dogday el que rogo mucho ya que Catnap al ser tan descarado no le importo en absoluto.
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Volviendo al presente Dogday se sonrojo más, porque aún recordaba que le había comentado que todo comenzó por un beso y se volvió tan apasionado que no pudo evitar entregarse a Catnap, el perrito realmente estaba avergonzado y más porque Piggy tenía muchos motivos para estar enojada con ellos.
Piggy, por supuesto, tenía más que suficientes motivos para estar furiosa.
—¡Eso es suficiente! —Dijo Piggy con una mezcla de frustración y regaño, interrumpiendo el momento. Sus ojos estaban firmes, pero había una pizca de diversión en su mirada, como si todo eso fuera una repetición de una escena que ya había vivido demasiado. Se acercó rápidamente y separó a los dos, empujándolos ligeramente a cada lado—. ¡No quiero que los niños vean cómo rompen las reglas! —dijo con tono serio, aunque su voz era baja, para no alarmar a los pequeños que, por supuesto, ya estaban riendo y mirando la escena con curiosidad.
Los niños se tapaban la boca, tratando de ahogar sus carcajadas, pero no podían evitar disfrutar de ver a sus "adultos" tan avergonzados. Catnap y Dogday se quedaron allí, en silencio, sin saber qué hacer, mientras Piggy los miraba con el ceño fruncido, aunque sus labios delataban una ligera sonrisa.
—¡Ya basta! —insistió Piggy, su tono más suave pero aún autoritario. Hizo un gesto hacia los pequeños, que comenzaban a ponerse inquietos—. La comida está lista, así que vayan a comer.
Los niños, como si fueran uno solo, se levantaron de un salto y comenzaron a correr hacia la cocina, emocionados por la comida que Piggy había preparado. Dogday y Catnap permanecieron en su lugar, viendo cómo se retiraba.
Piggy echó una última mirada hacia ellos mientras se alejaba y, de repente, se detuvo en seco. Miró el reloj de la pared, sorprendida.
—¡Oh, demonios! —murmuró, mirando a los chicos—. Ya me estoy retrasando. ¡Tengo que irme! —Y, sin más, salió apresurada hacia la cocina, llevándose un bolso que ella había preparado, con ella la sonrisa que apenas había intentado esconder.
Piggy desde hace días había estado saliendo con otros juguetes, solo había mencionado que estaba conociendo nueva gente, pero nadie más sabia quiénes eran porque ella siempre evitaba el tema, después de todo no iban a cuestionarle después de que se enteraran como termino la "relación" de Bubba y Piggy.
—Cuídate mucho Piggy. —Dijo el perrito a pesar de todo mientras su amiga iba a la salida.
—Si, gracias Dogday...—Pero antes que la cerdita se fuera ella los miro con seriedad. —Mas le vale no mostrarles nada más a los niños. —Dicho esto la cerdita se fue, dejando a esos dos solos en la sala y unos niños en el comedor que ya disfrutaban de la comida.
Catnap y Dogday se quedaron quietos unos momentos, viendo cómo su amiga se alejaba, con una sensación de alivio y vergüenza en el aire. Pero luego, en el silencio que quedó, ambos se miraron. La atmósfera, de alguna manera, había cambiado. Algo en ese juego... algo en esa boda improvisada... había transformado su conexión.
El momento se había vuelto tan real, tan visceral, que ambos sintieron que el amor entre ellos había crecido de una manera que no podían describir, pero sabían que algo nuevo había nacido en ellos, más allá de cualquier juego infantil.
Dogday, sonrojado, no pudo evitar recordar las palabras de Piggy, que en algún momento había comentado que todo comenzó con un beso, que luego se volvió más apasionado... y que terminó siendo mucho más. El perrito no podía evitar sentirse avergonzado. La intensidad de la conexión que compartían había hecho que su corazón palpitara con más fuerza, y a pesar de la diversión, esa emoción seguía vibrando dentro de él. No era solo un juego, se dio cuenta. Era un nuevo nivel de cercanía, un nuevo nivel de amor.
—¿Te sientes... igual que yo? —preguntó Catnap suavemente, bajando la mirada hacia sus manos entrelazadas, como si aún no pudiera creer lo que acababa de suceder.
Dogday sonrió tímidamente, sin poder evitarlo. Era como si esas palabras hubieran sido las que había estado esperando escuchar. La sensación de estar juntos, más allá de los miedos y las dudas, parecía tan natural ahora.
—Sí —respondió Dogday con una sonrisa, sin una sola duda en su voz—. Quiero decir... no me molestaría que nos pudiéramos casarnos de verdad. —Dijo el perrito feliz mientras movía su cola emocionada, mientras jugaba con sus dedos, pero Catnap volvió a tomar sus manos.
—¿Y porque no hacerlo realidad? —Pregunto el felino tiernamente mientras le daba un beso en la mejilla, haciendo que el perrito sacara la punta de su lengua feliz y muy mimado.
Dogday estaba a punto de decirle algo, pero uno de los niños los interrumpió. —¡Dogday!, ¡Catnap! —El niño llamo su atención. —Taylor está aventando a la comida otra vez. —Se quejo el pequeño lo que hizo que el perrito solo rio nerviosamente y Catnap bajo sus orejas cansado.
A veces los niños podían ser pequeños agentes del caos.
—Vamos Kitty, tenemos mucho trabajo que hacer. —Menciono el perrito mientras caminaba al comedor mientras Catnap lo seguía.
Poniéndole pausa a su conversación, pero ambos tenían en mente que sus corazones deseaban tanto poder vivir un matrimonio real.
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Piggy tenía las mejillas encendidas y un leve temblor en sus orejas, ese que solo le salía cuando estaba nerviosa y emocionada a la vez. Sujetaba entre sus manos su bolsa, donde tenía la comida que había preparado especialmente para su amigo. Tenía el día libre e iba a disfrutarlo muchísimo.
Estaba en una de las salas enormes del distrito central, donde humanos y juguetes convivían por igual. Era una cafetería amplia y colorida, con sillones acolchonados, lámparas colgantes con forma de tazas de té. Todo estaba vivo de sonidos, pero Piggy sólo buscaba una cara entre la multitud.
—Me pregunto dónde estará...—murmuró para sí, alzando un poco su cuerpo sobre las puntas de sus pies, tratando de asomar la cabeza por encima de una mesa repleta de juguetes y humanos riendo entre sí.
Y entonces lo vio.
—¡Piaget! —exclamó una voz conocida, y de entre las filas de mesas, una figura azul con aire tranquilo y confiado se acercaba a ella con una sonrisa.
—¡Mako! —exclamó Piggy, su rostro encendiéndose más. El corazón se le aceleró de inmediato, aunque ella lo disimuló como pudo, abrazando la bolsa contra su pecho.
Ambos se encontraron a mitad del salón Piggy lo saludo torpemente, mientras Mako lo hacía con bastante confianza al darle una palmada en su hombro de forma amistosa. Mako se agachó un poco para estar a su altura, mirándola con esos ojos tranquilos que siempre parecían saber más de lo que decía.
—Te estaba buscando —confesó él con una sonrisa llena de picardía y malicia, ya que hoy harían más travesuras, algo que Piggy no le importaba participar. — Hoy termine temprano mi trabajo, vamos a la estación de juegos, vamos a divertirnos un rato. —Pero este comenzó a olfatear el aire hasta mirar de reojo la bolsa que tenía la cerdita.
Mako alzó una ceja, divertido. —¿Trajiste comida?
—Sí... bueno, hice unos bocaditos... y chocolates... y algunas cosas más... —empezó a decir—. Pensé que podríamos comer juntos, si querías. Como la otra vez.
—Por supuesto que quiero —respondió él, sin pensarlo un segundo. No iba a negar que siempre que Piggy traía algo de comer, enloquecía por el sabor tan delicioso. —Vamos conozco un lugar bastante tranquilo donde comer. —Pronuncio el tiburón mientras abrazaba el hombro de la cerdita mientras sonreía, mostrando sus colmillos tan peligrosos.
Realmente iba a disfrutar de este día.
Mientras caminaban, hablaban como lo habían hecho durante los últimos días. De cosas simples, debatían a veces de forma que ayudaban a conocerse mejor o hasta hablar de ellos mismos, algo que Picky noto que Mako realmente la escuchaba, a diferencia de Bubba que cuando ella trataba de contarle algo parecía indiferente, pero ese tiburón la miraba y respondía a lo que ella decía. Luego él contaba cosas de su trabajo, mostrándole alguna foto o hablando de los Nightmares, y ella escuchaba con fascinación.
A veces, cuando Mako la llevaba a conocer su mundo, Piggy se sorprendía de cuánto podía aprender. De lo interesante que eran las cosas más allá del orfanato o de la cocina, de cómo se sentía valorada cuando él la presentaba como una nueva amiga frente a los demás.
Y en esos paseos, en esas conversaciones, en los silencios cómodos entre uno y otro... Piggy empezó a sentir algo. No era solo cariño. Era algo que crecía, que palpitaba. Algo que no quería nombrar todavía, pero que estaba allí, latiendo fuerte en su pecho.
Ese día, mientras caminaban juntos mientras hablaban de lo que sea y lo veía sonreír tan tranquilo, lo supo con claridad.
Había tomado una decisión. Y aunque aún no se la decía a nadie... y probablemente no lo haría en un largo tiempo. Porque por primera vez en mucho tiempo, se sentía feliz.
Feliz de verdad.
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Catnap, sentado en un sillón cerca de una de las ventanas, no dejaba de dar vueltas a sus pensamientos. Aunque la tarde había sido tranquila, después de haber jugado con los niños, sentía que algo más estaba naciendo en su interior. Una inquietud que no lograba deshacerse.
Observó cómo Dogday reía con algunos de los pequeños mientras les ayudaba a ordenar sus juguetes en una esquina del salón. La vista de su novio, tan lleno de vida y entusiasmo, hacía que el corazón de Catnap se acelerara. A pesar de la calma que parecía reinar, dentro de él había un torbellino de emociones que no podía ignorar.
—¿Por qué tengo que estar tan nervioso? —pensó Catnap, intentando calmarse. Cada vez que pensaba en el futuro, en lo que realmente deseaba, un calor suave y reconfortante llenaba su pecho.
Lo que sentía por Dogday ya no era solo amor; era algo mucho más profundo. Algo que lo conectaba con la idea de un futuro juntos. ¿Y si...? ¿Y si pudieran hacerlo realidad? Una familia. Un hogar. Casarse, de alguna forma, simbolizaría todo lo que querían ser el uno para el otro.
Pero las dudas seguían asaltándolo. ¿El me aceptara?, ¿No habrá problemas que lo hagamos?, muchas dudas comenzaron a surgir en su mente al punto que tal vez molestaría a sus amigos para pedir un consejo.
Su cola se agitaba nerviosa, como si su cuerpo no supiera cómo procesar la mezcla de emociones que tenía dentro. Porque después de todo lo que había sentido en ese juego, algo se había encendido en él... algo que no podía apagar. No quería apagar.
Catnap respiró hondo, y por primera vez en mucho tiempo, aceptó la idea con total claridad.
—Quiero casarme con él... —susurró, como si decirlo en voz alta lo hiciera más real—. Quiero tener una vida con Dogday... y si pudiera... hasta una familia.
Dogday por su parte ni siquiera miraba a su novio ya que literalmente estaba tan concentrado en recoger con los poquitos niños que quedaban. No podía ver a Catnap, no cuando su corazón latía como un loco borracho, estaba hecho un desastre emocional, no podía superar aquel juego. Imaginarse que de verdad se casaba con Catnap hacía que su pecho se hinchara de emoción... y miedo.
Porque no era un juego. Ya no lo sentía así. Había algo tan real en esa falsa ceremonia, algo que lo había dejado marcado, algo que seguía vibrando en su interior como una melodía suave pero persistente.
Mientras doblaba una sábana, su mente no dejaba de recordarlo: el peso de las palabras, la dulzura de los votos, la forma en que Catnap lo miraba. Se había sentido tan... completo.
—¿Y si... y si de verdad...? —pensó, deteniéndose un segundo, apretando la tela entre sus patas—. ¿Y si quiero casarme con él?
Solo pensar en ello lo hacía temblar. Pero no de miedo, no realmente. Era esa mezcla de anhelo y nerviosismo que se siente antes de un salto importante. El tipo de salto que da sentido a la vida.
El perrito suspiró y sonrió levemente, aunque su cola se movía de un lado a otro con una energía incontrolable. No quería espantar a Catnap, no quería parecer precipitado, pero había una parte de él, una parte muy profunda, que ya había tomado una decisión.
—Quiero compartir mi vida con él... —pensó, bajito, como si al admitirlo rompiera un hechizo. Y entonces, sin darse cuenta, se le formó un nudo en la garganta—. ¿Y si él también lo quiere? ¿Y si lo arruino?
Ese pensamiento lo sacudió, pero no lo detuvo. Porque incluso con todas sus dudas, el amor que sentía por Catnap era más fuerte que cualquier temor.
—No puedo dejar que mis miedos me controlen... —se dijo a sí mismo en voz baja, mientras miraba a Catnap de reojo. Él parecía estar en sus propios pensamientos también, pero de alguna manera, eso lo hacía sentirse más unido a él. No podía ignorar lo que sentía, ni podía dejar de imaginarse el futuro juntos.
Catnap, por su parte, no podía dejar de pensar en cómo había cambiado todo desde aquel juego, aquella pequeña "boda" improvisada. Algo en él se había despertado, una chispa que había permanecido dormida hasta entonces. Sentía que, de alguna forma, su relación con Dogday estaba lista para dar el siguiente paso. Y quería que fuera real, no solo un juego. Quería comprometerse con él, para siempre. Pero las dudas seguían atormentándolo: ¿y si Dogday no sentía lo mismo? ¿Y si, de alguna forma, todo se complicaba más de lo que parecía?
Ambos continuaban recogiendo, pero la atmósfera estaba cargada de algo más profundo. Un silencio cargado de preguntas no respondidas, de emociones que aún no se habían compartido. Finalmente, después de un largo rato, las tareas terminaron y, aunque sus cuerpos continuaban en movimiento, algo los hizo detenerse al mismo tiempo.
Una vez que terminaron de limpiar, los pocos niños fueron guiados hacia su cuarto a dormir. Dogday y Catnap se miraron por fin, apenas unos segundos, una de esas miradas suaves, largas, llenas de algo que ninguno de los dos se atrevía aún a nombrar.
—Kitty... jeje olvide unas cositas, no me tardo —dijo Dogday con una sonrisa nerviosa, rascándose la mejilla mientras evitaba el contacto visual por demasiado tiempo.
—Oh, sí... y yo... iré a ver a Crafty. Me dijo que necesitaba ayuda con... algo —mintió Catnap, casi con la misma torpeza.
Ambos sabían que estaban inventando excusas. Lo sabían, y, aun así, no dijeron nada. Porque también sabían que necesitaban ayuda. Que, si iban a dar un paso tan importante, querían hacerlo bien. Querían hacerlo con el corazón claro y los pies firmes.
Ambos se besaron con ternura en sus labios, por supuesto no duro mucho porque se conocían y no se soltarían hasta terminar.
Y así, mientras se alejaban en direcciones opuestas, ambos sintieron cómo su amor, en lugar de apagarse al separarse, se intensificaba. Como si aquella breve distancia les diera aún más certeza de lo que querían.
Porque ya no era solo una idea. Ya no era solo un juego.
Era un deseo verdadero.
Y ahora... necesitaban un poco de orientación para convertirlo en realidad.
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Dogday caminaba por el pasillo, sintiendo que sus pasos resonaban más de lo normal. Su corazón latía con fuerza, casi como si quisiera salirse de su pecho, y sus orejas temblaban ligeramente por los nervios. La sonrisa que había intentado mantener frente a Catnap ya se había desvanecido, dejándolo con el rostro confundido, vulnerable.
Se detuvo frente a la puerta de la habitación de Bobby y Hoppy. Dudó por un momento. No sabía si era buena idea hablar de esto, en especial con ellas cuando estaban disfrutando de su día juntas y no quería interrumpirlas. ¿Y si sonaba tonto? ¿Y si sus dudas hacían parecer que no estaba seguro de lo que sentía? ¡Pero sí lo estaba! Lo amaba. Amaba a Catnap con cada fibra de su ser, solo que... tenía miedo, probablemente sus propias inseguridades hablaban por él.
Finalmente, se armó de valor y tocó suavemente la puerta.
—¿Quién es? —preguntó Bobby desde dentro, con su voz risueña.
—Soy yo... Dogday —dijo, un poco más bajo de lo que pretendía.
La puerta se abrió de inmediato y Hoppy apareció con una sonrisa amable.
—¿Dogday? —dijo la coneja curiosa de ver a su amigo ahí, pero aun así estuvo feliz de verlo.
Dogday entró y se sentó en una esquinita de la cama, nervioso. El miro el interior y se dio cuenta que el cuarto de Hoppy y Bobby habían decorado el cuarto con velas y flores, al mismo tiempo que Bobby estaba acostada con la cama tapada con la cobija, pero al ver a su amigo, no dudo en levantarse y correr para abrazar a su amigo. El perrito no pudo evitar olfatear un poco, notando que ambas tenían el aroma de una de la otra.
—¡Dogday! —Llamo con emoción la osita para separarse. Notando que a pesar que el perrito estuviera feliz, parecía que estar angustiado por algo.
—¿Todo bien? Te ves como si hubieras visto un fantasma... o te hubieras comido tus propias palabras —bromeó con dulzura.
El perrito soltó una risa nerviosa, pero luego bajó la mirada.
—No... no es eso. —Dijo el perrito aun tímido, por lo que, al estar adentro y mirar a sus amigas tan felices, tuvo el valor de respirar y poder decir la verdad. —Es solo que... quería un consejo de ustedes chicas. —Menciono mientras jugaba con sus dedos.
Hoppy parpadeó y Bobby ladeó la cabeza, pero ninguna dijo nada. Terminaron por mirarse una de la otra curiosa, pero al final no dudaron en ir a su lado, para guiarlo a la cama en donde se sentaron los tres para poder charlas y que Dogday estuviera seguro.
—¿Qué es lo que pasa perrito? —Pregunto Bobby con una sonrisa buscando que Dogday se abriera.
Entonces fue cuando Dogday les conto todo, el juego que los niños les pidieron participar y como se sentía al respecto, dejando en claro que estaba asustado si se llegaran a enterar los demás sabiendo que existía la regla que los juguetes tenían prohibido tener pareja.
Bobby y Hoppy lo escucharon en completo silencio, sin interrumpir ni una sola vez. La voz de Dogday temblaba por momentos, pero lograba seguir, y cada palabra que salía de su boca parecía liberar algo dentro de él: la angustia, la confusión, la esperanza, el deseo tan intenso de imaginar un futuro con Catnap... uno real, más allá de las reglas, del miedo, más allá del "está prohibido".
—...y entonces me vi ahí, de pie, frente a él, diciendo los votos... y no se sentía como un juego. Se sentía real. Se sentía como lo que más he deseado en toda mi vida. —Tragó saliva, temiendo que sus emociones fueran demasiado—. Y ahora tengo miedo... porque sé que lo amo, lo amo tanto que a veces me cuesta respirar. Pero también sé que no está permitido. Que podríamos meternos en problemas. Que tal vez no sea posible. Y si lo arruinamos... si lo perdemos todo...
Su voz se quebró un poco, pero no lloró. Solo se encogió ligeramente, como si su cuerpo quisiera volverse más pequeño para no sentir tanto.
Hoppy lo abrazó sin decir nada, simplemente pasando los brazos alrededor de su espalda con ese calor silencioso que solo tienen los abrazos sinceros. Bobby, por su parte, acarició con suavidad la oreja caída del perrito.
—¿Ustedes no tienen miedo? —Pregunto Dogday al ver a sus amigas que también compartían una relación.
—Lo hacemos. —Dijo Hoppy mientras bajaba la mirada bastante triste ante confesarle la verdad. —Cada día... que pasaba tengo miedo que los humanos sepan lo de Bobby y yo... tengo tanto miedo que nos castiguen...
—Que nos pase lo mismo que aquella Miss Delight que alguna vez salvaste Dogday. —Contesto Bobby completando aquella frase, la osa solo suspiro dándole una mirada a Hoppy pidiendo permiso de continuar desde aquí. — Dogday yo también quiero casarme con Hoppy... pero hay que ser realistas. Mientras sigamos viviendo en esta fábrica, no podremos demostrar nuestro amor sin temor a las represarías...
—Esa regla es inhumana, también merecemos mostrar nuestro amor. Pero... supongo que no nos queda de otra más que ocultarlo. —Explico la coneja mientras se mostraba frustrada y triste por su situación, por cómo es injusto todo.
Dogday los escuchó con el corazón encogido. La forma en que Hoppy apretaba las manos sobre sus piernas, con los ojos humedecidos por una rabia silenciosa, y cómo Bobby intentaba mantener la compostura para no derrumbarse frente a él... le rompía el alma. Sabía que sus amigas se amaban con la misma intensidad con la que él amaba a Catnap. Y, aun así, vivían ocultas. Asustadas. Encerradas en una estructura que las trataba como si sentir fuera un error.
—No es justo... —susurró Dogday, tragando saliva, con la voz temblorosa—. No es justo que tengamos que escondernos para amar.
Bobby bajó la mirada un instante, pero luego volvió a alzarla, con un brillo diferente en los ojos. Uno que no era resignación... sino algo más fuerte. Algo parecido a esperanza.
—Pero ¿y si no tuviéramos que esconderlo... del todo? —dijo, con una pequeña sonrisa surcando sus labios—. ¿Y si... en lugar de esperar que el mundo nos dé permiso... simplemente hiciéramos algo nuestro?
Hoppy parpadeó, girando el rostro para mirarla.
—¿A qué te refieres?
—A una boda secreta —explicó Bobby, tomando la mano de Hoppy entre las suyas con ternura—. No una pública, no frente a todos, no con humanos... sino una celebración pequeña, íntima. Con nuestros amigos, con los que nos conocen, nos apoyan, y nos aman. Nadie más necesita saberlo. Nadie más tiene por qué entenderlo. Solo nosotros.
Dogday alzó la cabeza con un sobresalto, como si le hubieran encendido una luz en medio de la oscuridad.
—¿Una... boda secreta?
Bobby asintió, con más firmeza esta vez.
—Sí. Algo simbólico, algo nuestro. Podríamos intercambiar palabras, promesas, anillos hechos por nosotros mismos. Podríamos bailar, reír, llorar si queremos... sin miedo. Sin reglas ajenas. Solo amor.
Los ojos de Hoppy se llenaron de lágrimas. Apretó la mano de Bobby con fuerza, sintiendo que por primera vez en mucho tiempo... podía imaginar algo más que miedo. Podía imaginar un "sí, acepto" sin cadenas.
Dogday se cubrió la boca con una mano, abrumado por la emoción. Esa posibilidad... ese destello de felicidad real... lo golpeó tan fuerte que le dieron ganas de salir corriendo a buscar a Catnap, abrazarlo, y pedirle matrimonio.
—Gracias... gracias, chicas —susurró con voz rota, levantándose con cuidado—. Tal vez... tal vez sí es posible después de todo. Tal vez no como soñábamos al principio... pero de una forma que sea nuestra.
Bobby le guiñó un ojo mientras se secaba las mejillas.
—Y cuando lo hagan, yo quiero ser la dama de honor —bromeó con dulzura.
—¡y yo quiero ser la conejita de las flores! —añadió Hoppy, haciendo reír al perrito por fin, entre lágrimas.
Dogday se despidió con abrazos fuertes y cálidos, y cuando se alejó de la habitación, sus pasos ya no eran tan pesados. Aún tenía miedo, sí... pero ahora ese miedo no era una pared, sino un puente. Uno que lo llevaba directo a él.
A Catnap.
Porque ahora sabía que, pase lo que pase, su amor tenía un lugar donde florecer.
Y nada ni nadie podría arrebatárselo.
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Catnap caminaba con pasos apresurados, aunque trataba de parecer casual. La cola, que normalmente se balanceaba con calma, se movía nerviosa de un lado a otro. Su mente no dejaba de repetir una y otra vez las imágenes del juego, de Dogday, de la sola idea de realmente casarse.
Tocó suavemente la puerta de la habitación donde sabía que estarían Crafty y Kickin. No podía escuchar casi nada y era difícil percibir un sonido cuando su corazón latía con tanta fuerza que se podía escuchar.
Fue entonces que alguien abrió la puerta siendo Kickin sorprendido de ver al gatito lunar.
—Oh, Catnap eres, ¿Esta todo bien? —Pregunto el ave preocupada al notar a su amigo que parecía ansioso.
—Amor, ¿Quién es? —Pregunto Crafty caminando hasta Kickin y al ver a su amigo también se sorprendió, pero rápidamente invito a Catnap a pasar. —Catnap, pasa pasa... no te quedes ahí.
Dijo el unicornio dejando en claro que estaba preocupada.
El gato lunar entró con una sonrisa tímida, frotándose el brazo con algo de vergüenza, porque sabía que sus amigos querían privacidad, al entrar miro la habitación de ellos hasta que el altar de la hija de ellos llamo su atención, era como Dogday se lo dijo, decorado con flores de papel, dulces velas y aquel dibujo que Crafty hizo con tanto amor.
Por un momento sintió un golpe agudo en su pecho, realmente no quería imaginarse el dolor de sus amigos de perder a un hijo y como sus amigos lo estaban sobrellevando. Pero al mismo tiempo sintió mucho pánico al pensar que probablemente ese sería su futuro, no podía pensar con claridad al ponerse en las pieles de sus amigos, ni siquiera tenía la valentía o el coraje de sobrevivir a un trauma tan severo y eso que él fue violentado en incontables veces.
Pero el dolor de perder a tu hijo, por mucho lo superaba.
—¿No se ve lindo? —Pregunto Crafty mientras veía como su amigo miraba el altar de su hija. A lo que Catnap solo asintió.
—Ella es muy hermosa... no dudo que sería una niña muy alegre teniéndolos como padres. —Menciono el felino observando a la pareja que sonrieron ante sus palabras.
Crafty hizo una señal a Kickin para que preparaba té para el invitado mientras ella se encargaba de hablar con él.
—Gracias gatito, realmente lo seria... si ella estuviera aquí, le daría todo mi amor y lo que sea por verla feliz. —Explico el unicornio sonriendo de forma cansada mientras sentía que lloraría de nuevo, pero se detuvo de hacerlo.
—¿Qué te trae por aquí Catnap? —Pregunto dulcemente la hembra mientras Kickin preparaba el agua, gracias a una parrilla eléctrica que tenían.
Catnap bajó un poco la mirada, sus orejas se agacharon levemente mientras se sentaba con cuidado, como si no quisiera perturbar la paz que había en aquel pequeño altar.
—No sé si tengo derecho a hablar de esto justo ahora... —murmuró, apretando las patas sobre sus rodillas—. Pero... necesitaba verlos. A ustedes dos. Porque hay algo que no puedo sacarme del pecho.
Crafty no respondió de inmediato, pero se sentó frente a él, cruzando las piernas con elegancia mientras sus ojos brillan Aban de curiosidad, aquel brillo que pensó que había perdido.
—Vamos amigo sácalo. —le aseguró Kickin.
El gato respiró hondo, como si estuviera tomando impulso antes de saltar a una verdad que daba miedo decir en voz alta.
—Hoy... los niños nos hicieron jugar a casarnos. A Dogday y a mí. —Dijo eso con una sonrisa tímida, pero que temblaba de emoción—. Y... fue divertido, claro, pero también... fue muy real. Para los dos. Y desde entonces no dejo de pensar... en si podríamos hacerlo de verdad. En si eso... podría ser posible. Casarme con él.
Crafty lo miró sin sorpresa, pero con mucha ternura. Kickin regresó justo a tiempo, con tres tazas de té humeante en una bandeja, Catnap tomo su taza para tomarlo buscando calmar sus nervios. No dijo nada al principio, pero sus ojos brillaron también con una mezcla de emoción y complicidad. Realmente escuchar eso viniendo de Catnap significaba muchísimo, algo que el ave estaba feliz por Dogday por haber hecho que ese gato idiota pudiera cambiar de alguna forma.
—¿Tú crees que sería posible? —preguntó Catnap con voz rota—. No sé si es estúpido o peligroso siquiera pensarlo, pero... lo deseo tanto. Lo deseo con cada fibra de mí.
Hubo un breve silencio, y entonces Crafty soltó una risa bajita, nostálgica. Kickin se sentó a lado de su pareja, ambos se miraron cómplices como si estuvieron de acuerdo en contarle la verdad. Crafty se inclinó hacia su muñeca dejó al descubierto una pulsera tejida con hilos amarillos y blancos, mientras era decorada con estrellas de metal preciosas.
—¿Ves esto? —le preguntó con voz suave—. Esta es mi alianza.
Catnap parpadeó, confundido.
Kickin sonrió y se sentó junto al unicornio, mientras la abrazaba de la cadera pegándola a su cuerpo, deseando sentir más de su calor, al mismo tiempo que alzaba su propia muñeca para mostrar una pulsera, con hilos azulados y morados decorado con una figura de un arcoíris.
—Nos casamos hace unos años —explicó Crafty—. Fue algo secreto, claro. Nadie más lo supo, nos aseguramos de eso... —Dijo la hembra mientras sonreía tímidamente, jugando un poco con su pulsera. —Fue aquí en nuestro cuarto, vimos una novela con los niños en ese entonces donde mostraba una boda, fue entonces que decidimos hacerlo realidad, hicimos estas pulseras juntos, arreglamos aquí y bueno... por fin intercambiamos votos. —Crafty se sonrojo bastante mientras se recostaba en el hombro de su amado.
—Son nuestras alianzas, pero también... nuestras pulseras de amistad, si alguien pregunta —añadió Kickin, guiñando un ojo. Por supuesto Kickin estaba orgulloso, lo habían hecho una realidad no iba a negar que a pesar de todo lo ocurrido aún se mantenían juntos—. Nadie sospecha.
Catnap sintió felicidad por ellos y tristeza que no lo hayan invitado. —Felicidades por casarse chicos... pero... ¿Por qué no nos invitaron?, saben que nosotros iríamos sin dudarlo y los apoyaríamos. —Explico el felino lunar bastante herido que su amiga no lo haya invitado a su boda.
Crafty lo miró con un gesto de decepción de sí misma. Pero aun así con una voz serena contesto.
—Claro que los teníamos en mente. —Ella guardo un silencio unos segundos. —Pero teníamos miedo, tú lo sabes Catnap... lo que les hacen a los juguetes que tienen estas relaciones. Por esa razón lo ocultamos porque a pesar que los queríamos ahí, no podía confiar en ustedes cuando un pequeño error y si los humanos se enteraran me separarían de Kickin...
—Pero no sirvió... porque al final se enteraron y nos arrebataron a nuestra hija. —Dijo Kickin con mucho resentimiento. A pesar de haber tenido justicia con Harley llegando su karma, ambos no se sentían satisfecho ni siquiera Crafty, que aun sufría demasiada ira en su corazón.
—Realmente lamento tanto lo que les paso... pero si de algo sirve... yo siempre los apoyare. —Menciono el felino dejando en claro su postura. A lo que sus amigos agradecieron infinitamente.
Crafty levantó la vista, su expresión suave pero llena de una tristeza melancólica. En su rostro, aún se leía el miedo de haber sido separada de su hija, de haber perdido algo que nunca pensó que se le arrebataría. Sin embargo, cuando miró a Catnap, sus ojos se suavizaron.
—Agradezco mucho que lo digas, Catnap. Esos momentos fueron complicados, y aunque al principio me dolía pensar que el miedo nos había apartado de aquellos a quienes más queríamos cerca, ahora sé que... —se detuvo por un momento, buscando las palabras correctas—. Que el amor que tenemos entre nosotros, y la familia que formamos a pesar de todo, sigue siendo lo que más nos importa. Y con todo lo que ha pasado, siempre contarás con nosotros.
Kickin asintió, un gesto silencioso pero firme que no necesitaba palabras. Con una mano libre, tomó la de Crafty y la apretó ligeramente, el contacto con ella siendo su ancla en un mar de emociones.
Catnap asintió, sintiendo una mezcla de admiración y tristeza por la fortaleza de sus amigos. Pero también sentía algo más: una chispa de esperanza. Ellos habían hecho lo imposible por mantener su amor a salvo, por formar un pequeño mundo que los protegiera de la crueldad de los demás.
—Lo sé... —dijo el felino con determinación, mirándolos a ambos—. Si algún día me decido a dar el paso con Dogday, quiero que sea como ustedes. Quiero que podamos hacer de nuestro amor algo real, aunque no sea visto por los demás. Aunque tengamos que hacerlo en secreto, lo haré.
Crafty le sonrió, y esta vez no hubo tristeza en sus ojos, solo la calma que viene con la aceptación.
—Hazlo, Catnap. No dejes que el miedo te controle. Si Dogday es lo que realmente quieres, entonces ese paso, aunque sea pequeño, será suficiente. Y, como dijo Kickin, no importa lo que el mundo piense. Lo importante es lo que tú sientas.
Kickin asintió y, de alguna manera, su mirada se volvió más suave, reconociendo en los ojos de Catnap el mismo dolor y esperanza que él mismo había tenido cuando su relación con Crafty comenzó.
—Si ustedes se aman, ya están más allá de todo lo que cualquier regla pueda decirles.
Catnap asintió nuevamente, sintiendo que, al menos por un momento, el peso de sus preocupaciones se aligeraba. Aunque el futuro aún era incierto y lleno de retos, sabía que el amor que compartía con Dogday era lo suficientemente fuerte como para enfrentarlos.
—Gracias... por darme tanto coraje —murmuró.
—No necesitas agradecerlo —respondió Crafty, sonriendo con ternura—. Para eso estamos los amigos...—A pesar de toda la tragedia que había pasado, Crafty aún se mantenía fuerte.
El felino respiró hondo, sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, el miedo no lo estaba paralizando. Al contrario, algo dentro de él se encendió con una claridad que nunca antes había experimentado. Estaba listo. Si realmente quería darle ese paso a Dogday, no importaba lo que los demás pensaran. Ya había dado el primer paso.
Y lo que siguiera, lo enfrentaría con todo lo que tenía.
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La noche envolvía la fábrica en su habitual silencio, ese que solo era interrumpido por el zumbido lejano de las máquinas apagándose poco a poco y el suave murmullo del viento colándose por alguna rendija. En su habitación, iluminada apenas por la luz tenue de una lamparita de noche, Catnap y Dogday yacían en su cama, abrazados bajo las sábanas remendadas con cariño, el felino acicalaba a su novio con su lengua, lamiendo su mejilla y una de sus orejas.
Haciendo que el perrito gimiera feliz y moviera su cola ante su emoción, no podían evitarlo se amaban demasiado y no querían separarse mucho menos después de ese juego.
Pero a pesar de todo el perrito solar estaba distraído con sus propios pensamiento, no había hablado mucho en todo el tiempo que había llegado hace poco, Catnap solo lo había acostado y no había parado de lamerlo, como siempre hacia antes de dormir, como si fuera su ahora rutina en donde el felino quería limpiarlo y calmarlo, mientras Dogday hacia lo mismo pero siempre que lo intentaba Catnap se calentaba de más y terminaba con un beso muy apasionado, lo que provoca que vuelvan a romper las reglas.
Por ello el perrito trata de no hacerlo sabiendo que su novio es todo un pervertido que le encanta eso.
—Estás muy callado, Doggy... —murmuró el gato, apenas un susurro —. ¿Todo bien?
Dogday soltó un suspiro que le tembló un poco en el pecho. Se removió apenas, buscando acomodarse más cerca de su pareja, como si esconderse en su calor pudiera aliviarle el corazón.
—Sí... bueno, no. No sé —respondió con voz baja—. Solo he estado pensando... en muchas cosas. En nosotros. En lo que va a pasar después.
Catnap lo miró con ternura, sin interrumpirlo.
—A veces siento que... estoy soñando —continuó Dogday, con una sonrisa triste—. Que esto que tenemos tú y yo no debería ser real. Que, si me duermo, todo desaparecerá. ¿Qué va a pasar con nosotros, Catnap? ¿Y si un día se enteran? ¿Si nos separan? ¿Si... si todo esto se acaba?
El gato no respondió de inmediato. Solo lo abrazó más fuerte, pasando una pierna por encima de la suya, entrelazando sus cuerpos como si con eso pudiera calmar sus miedos.
—No lo sé... —admitió al fin, acariciándole una oreja caída—. Pero sé lo que quiero.
Dogday lo miró, sus ojos brillando apenas en la penumbra.
—¿Qué quieres?
Catnap sonrió, esa sonrisa suave que solo usaba con él.
—Quiero un futuro contigo. Uno que sea solo nuestro. Tal vez no podamos demostrarlo a otras personas, que jamás podremos tener una boda como en las novelas, como jamás podremos tener una familia. Pero sí podemos tener algo real, sincero... nuestro. Quiero estar contigo para siempre, Doggy. Me gustaría... algún día... casarme contigo.
El silencio que siguió fue casi sagrado. Dogday lo miró con los ojos muy abiertos, como si el aire se le hubiera ido del cuerpo. Su boquita tembló y, sin poder evitarlo, unas lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, silenciosas pero llenas de emoción.
—¿En serio? —preguntó con voz rota, casi temblando—. ¿Tú... tú quieres eso conmigo?
—Desde hace mucho —respondió Catnap con absoluta honestidad—. Pero quiero hacerlo bien. Y cuando tú estés listo.
Dogday no pudo hablar. Se lanzó a sus brazos, escondiendo su rostro en el pecho del felino mientras lo abrazaba con todas sus fuerzas. Lloró en silencio, pero no eran lágrimas de tristeza. Eran de alivio. De amor. De saber que no estaba solo, que sus sueños no eran imposibles.
—Yo también lo quiero... contigo. Solo contigo —logró decir, su voz apenas audible—. Eres todo lo que siempre quise, Catnap. Todo.
No hacía falta nada más.
Esa noche, se quedaron abrazados, besándose con dulzura, acariciando sus cuerpos con devoción, compartiendo el calor de un amor que ya no tenían miedo. No hablaron de lo que cada uno había conversado con sus amigos. No aún. Porque sabían que aún había tiempo. Que no todo tenía que resolverse de inmediato.
Lo importante era que se tenían. Que se amaban.
Y en medio del silencio roto solo por sus respiraciones acompasadas, ambos durmieron por fin. Amándose.
Soñando con un "sí, quiero" que, aunque aún no dicho en voz alta, ya era una promesa sellada en sus corazones.
☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Comentario de la escritora☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*
¡HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!
¡QUE HAY DE NUEVO MIS AMADOS LECTORES!
Jajaja otro domingo mas con un buen capitulo de esta novela llena de pinche tragedia y destrucción XD jajajaja
La neta ,la neta, perdonen el retraso del capitulo es que desde que me fui de vacaciones con los fanfics he estado procrastinando un chingo, mirando animes, leyendo libros, dormir, viendo nuevas series, ráscarme la panza... que apenas me acorde que debia subir un nuevo capitulo jajaja una disculpa.
En fin aquí les traigo otro capitulo, super vainillita y bien pinche tierno que eso que te derriten el corazon TwT, ame escribirlo esa vez, porque dios mio esque Dogday y Catnap merecen mucho amor y paz, además de que a partir de ahora se vienen muchos capítulos vainilla y románticos, la neta les doy un consejo.
Disfruten mucho de esos capítulos, porque después se va a ir a la mierda todo este ambiente romántico, pero no se preocupe yo les aviso cuando eso pase, para que se vayan preparando emocionalmente y mentalmente.
Ya que ya estamos en la recta final uwu.
¿Qué les parecio el capitulo de hoy?, me gustaría saber sus opiniones jeje.
Por cierto les traigo noticias mis queridos lectores, estoy comenzando a crear un proyecto nuevo. Gracias a unas amigas que les comunique de este caso, me abrieron la mente para hacer que mas personas vean mis fanfics y tal vez solo ¡tal vez!, los inspire a crear sus propios fanfics o fanarts de los ships que me gustan como Catnap x Dogday o Poppy x 1006 TwT
Y este nuevo proyecto es abrir un tiktok y subir dibujos contando como tipo historias, no se si me explico, pero esto me inspire a una historia que salio de tiktok de MLP con la temática de zombies, en donde a los ponis se les infecto con unos gusanos que te comían la carne y te transformaban en un zombie, la creadora subia imágenes y hasta ponía música contando la historia de esto.
Y me dije, ¿y si hago lo mismo?, obviamente subiría mis propios dibujos, pero no como un comic dios eso seria bastante difícil y el que tenia lo abandone, porque estaba pensando en re hacerlo de nuevo.
Por supuesto no tengo un dibujo actual mio, porque soy una floja que estab disfrutando de la procrastinación jeje que para la siguiente semana les comparto uno de mis propios dibujos actuales.
Pero si puedo compartirles la primera tira de comic que estaba haciendo uwu para que vean maso o menos mi arte, esto lo hice hace años asi que he mejorado bastante, claro no soy una artista solo dibujo por hobbit y eso aveces jaja.
En fin eso seria todos mis amado lectores, los amo, cuídense mucho y los veo el siguiente domingo!