Capitulo XXX. Caminando hacia algo nuevo parte II.
28 de septiembre de 2025, 15:21
Notas:
⚠️Advertencias⚠️
🐈Este capitulo es corto
🐈Esta historia es para el público adulto, por lo tanto, si eres menor de edad, te pido de la mejor manera que salgas de la historia, pero aun así si decides ignorar mis advertencias, entonces solo me queda advertirte que estas bajo tu propio riesgo, esta historia encontraras temas moralmente cuestionables, turbios, gore, abusos de todo tipo, altamente toxicidad, sinceramente esta historia hará que te revuelva el estómago. Por lo tanto, estas bajo tu propio riesgo, no quiero saber que después de esto quieras quejarte o que tus padres vengan a quejarse porque serás bloqueado de inmediato. Eso sería todo para aquellos menores de edad.
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La tarde había caído con una pereza serena sobre la fábrica, y por primera vez en semanas, el aire no olía a tensión, a sangre vieja ni a desesperanza… sino a rutina. Las cosas, poco a poco, habían vuelto a su cauce. Los pasillos zumbaban con el eco lejano de pasos apresurados, de las risas de los juguetes, los parloteos de los trabajadores, papeles que se traspapelaban, mecanismos que volvían a funcionar. Como si el mundo se negara a detenerse, incluso después del infierno.
En una oficina elevada la cual se veía pequeña, pero para la dueña seria lo más cómodo a pesar de los muebles tan altos, pero aun así existían mecanismos para que ella pudiera subir cuando quiera al escritorio que poseía, Poppy se encontraba sola. Sentada en el mueble, con el ceño levemente fruncido, firmaba documentos con una pluma de tinta negra, al mismo tiempo que estaba sentada en una almohada para su comodidad. Su letra, pulcra y elegante, contrastaba con las marcas de café secas sobre los márgenes.
Estaba tan absorta que apenas notó cuando un sonido interrumpió la calma. Era leve, casi imperceptible… pero no común. Un teléfono, ella levanto su cabeza sorprendida que él llamara tan temprano, eso era bastante extraño, pero trato de no pensar en nada mas ya que no quería preocuparse.
Así que sin dudarlo se aseguró que la puerta estuviera cerrada y que se encontrara sola, Se acercó al cajón con paso decidido. No era un cajón cualquiera. Ella misma había diseñado su modificación y ordenado que le colocaran una falsa base sellada con un seguro magnético. Sacó una pequeña palanca con forma de regla, tan discreta como elegante, e hizo presión con destreza. Un leve clic sonó, seco y satisfactorio.
La base falsa cedió.
Debajo, entre papeles aparentemente sin importancia y formularios vetustos, yacía un pequeño teléfono antiguo, de carcasa negra y botones ya algo desgastados. Lo tomó con cuidado, casi con ternura. Como si fuera un objeto sagrado, después de todo solo así podía comunicarse con su ahora pareja.
Ella solo apretó aquel botón para contestar, y con una voz un tanto seria pero preocupada, contesto.
—Por favor dime que no me estas llamando porque haya pasado algo malo. —Dijo la muñeca mostrando su evidente preocupación. Era un temor que no podía ocultar, uno que conocía demasiado bien. Poppy sabía que, si los humanos descubrían que el Prototipo tenía contacto desde el exterior, las consecuencias serían catastróficas.
Él era un arma con mente propia, una inteligencia superior que hasta pensaba que tenía una mente de una inteligencia Artificial, pero el origen de su creación, era algo que hasta ella misma desconocía, y eso era algo que Poppy se seguía sorprendiendo a pesar de saber mucho de él. Hablar directamente con los juguetes... o con los humanos... era una línea que no podía cruzarse sin encender todas las alarmas.
Porque 1006 no era simplemente persuasivo. Era extremadamente manipulador, calculador hasta en sus pausas, y, sin duda, un peligro inminente si no se le mantenía bajo estricto control.
Poppy cerró los ojos por un segundo. El temor persistía, sí… pero también lo hacía otra emoción, más oscura y contradictoria.
Río, suavemente, casi para sí misma.
Porque han pasado tantas décadas y él ya tenía a sus seguidores, trabajo desde las sombras y ganando simpatía como si nada. Realmente la muñeca sabía que es un adversario digno para ella, ni siquiera Harley se había dado cuenta de sus movimientos.
Y eso hizo que la muñeca sonriera con orgullo y malicia.
Después de todo… ¿cómo no iba a sentirse orgullosa de él?
Su adversario. Su igual. Su compañero. Su pareja.
Poppy suspiró, aún con esa media sonrisa en los labios, dejando que la calidez de ese pensamiento la envolviera. Sí, fue una guerra entre ellos. Sí, se odiaron, se destruyeron, se estudiaron como depredadores en un mismo terreno. Pero ahora… ahora lo miraba con otros ojos.
Lo amaba tanto que dolía.
—Es gracioso que creas, que rompería mi silencio solo para anunciar el desastre. —Respondió el Prototipo, con su tono usualmente frío y calculador, pero ahora teñido de algo más suave, casi como un juego de poder oculto bajo la superficie. La manipulación aún estaba ahí, intacta, pero con una capa más profunda de paciencia. Estaba acostumbrado a que sus palabras tuvieran más peso, más impacto cuando las pronunciaba. Sin embargo, con ella… con ella se permitía matices que no mostraba a nadie más
Poppy sonrió un poco sintiendo tranquilidad en su corazón al saber que todo estaba bien, pero aun así tenía bastante curiosidad como había logrado comunicarse con ella cuando, a estas horas del día, los científicos lo vigilaban y lo analizaban hasta que terminara la jornada, por lo que en esas horas 1006 no se quedaba solo en absoluto a menos que sea en casos especiales.
—¿Cómo es que puedes llamarme?, ¿Qué paso con los científicos? —Poppy fue directa, queriendo saber la verdad, mientras volvía a su almohada y se acostaba mientras tenía el teléfono en su oreja para escuchar al Prototipo.
—De alguna forma en la que no puedo explicar, uno de los científicos tuvo un fatídico accidente, mientras experimentaba conmigo— Respondió él al fin, con esa serenidad que se volvía más siniestra cuanto más tranquilo hablaba.
Poppy parpadeó, sintiendo un escalofrío recorrerle los brazos. Pero no interrumpió. No todavía.
—Los demás… —continuó él, con una lentitud siniestra—. Bueno, uno perdió una mano. Otro quedó ciego temporalmente. El último está en shock, murmurando rezos sin sentido.
Su voz se volvió un susurro, profundo y vibrante, como si disfrutara cada sílaba.
—Ahora tengo… espacio.
Estaba claro que él no había tenido la intención de causar tal caos, pero su naturaleza calculadora siempre encontraba la manera de aprovechar cualquier debilidad, cualquier rendija en la estructura. Y eso, para él, era un juego de reglas propias.
—Supongo que ahora voy a provechar este tiempo libre que tienes. —Expreso Poppy con un toque de picardía y broma, como si la noticia de que algunos científicos casi mueren, cosa que para ella le importa muy poco, ya que desde hace años quería exterminar esa área para siempre. Los detestaba compartiendo ese sentimiento con 1006.
—Sabes, estaba terminando los informes que hablamos hace unos días. Pronto nuestros hijos, serás más que libres. —Contesto Poppy con una sonrisa, sintiendo que sus esperanzas se renovaban y este sueño se volvía cada día más real.
Él no respondió de inmediato, pero su silencio parecía disfrutar del pequeño roce de confianza.
—¿Estás lista para mañana en la noche?
La pregunta llegó con un tono suave pero firme, como si escondiera algo más debajo de su superficie metálica. Poppy guardó silencio por un instante, permitiéndose repasar mentalmente los planes que habían discutido en aquellas largas noches de conversación clandestina.
Recordaba que estaban planeando organizar un evento. Una especie de celebración para sus hijos. Un gesto que marcara el fin de una era y el inicio de algo completamente distinto. La fábrica había cambiado. El aire mismo se sentía diferente. Las viejas reglas habían muerto, y las nuevas... las nuevas serían dictadas por ellos.
Todo había sido meticulosamente preparado: los espacios redecorados, los sistemas reajustados, los protocolos destruidos y reemplazados por algo más humano, más cálido... o al menos, eso era lo que Poppy deseaba ofrecerles a sus hijos. Esta noche se anunciaría públicamente su alianza con el Prototipo, como un símbolo del nuevo orden. Como una promesa de que, incluso después del horror, aún podía existir la esperanza.
Poppy soltó una risita y pensó.
Mi pequeño solecito me contagio su energía.
La muñeca pensó en Dogday, su hijo, y una calidez indescriptible le recorrió el pecho. Él había transformado su vida de una manera tan profunda y luminosa, que ni siquiera encontraba palabras suficientes para expresar la felicidad que le provocaba. Cada pensamiento sobre él iluminaba su corazón con una calidez indescriptible.
Definitivamente, esta noche sería algo que ningún juguete, ni siquiera los más antiguos había presenciado antes.
—Sí, estoy lista. Será una noche inolvidable, para ellos… y para nosotros.
Pero del otro lado, el Prototipo sonrió con una sombra más profunda, porque sabía que ella no había entendido del todo. No se refería a la reunión, ni a los festejos, ni a la ilusión de sus hijos. Su pregunta iba más allá. Se refería al trato entre ellos, a ese pacto silencioso y prohibido que solo ellos conocían, un acuerdo que cambiaría sus destinos para siempre.
Aquel trato en donde Poppy se había enterado finalmente de lo sucedido con Dogday y su pelea, y llego a un acuerdo con 1006 para que castigara los Nightmares Critters, a cambio de algo que solo ella podría dar.
—Veo que aún no lo recuerdas —dijo con voz baja, grave, arrastrando las palabras con la misma cadencia de un manipulador, pero El Prototipo parecía tener algo oscuro en su mente para Poppy.
Poppy parpadeó, confundida por un momento. Había algo en ese tono… algo que le removió el pecho, pero no fue incomodidad si no más bien una emoción bastante emocionante.
Excitante.
—¿Recordar qué?
—El trato —susurró él— Aquel que hicimos aquella noche, cuando refunfuñabas y te quejabas de lo que mis hijos hicieron al tuyo.
Un escalofrío le recorrió la columna, encendiendo una corriente de memoria que había querido enterrar. Por un instante… por un pequeño instante, lo había olvidado. Había estado tan centrada en los preparativos, en la ilusión de la noche, en sus hijos… que no se dio cuenta de la verdadera intensión detrás de esa llamada.
Y ahora, con solo una frase, él la había llevado de vuelta a ese momento emocionante.
Poppy se sorprendió a sí misma conteniendo la respiración, mientras el rubor le subía por las mejillas, cálido, avergonzado… y tal vez, en lo más profundo, expectante.
Sabía que El Prototipo nunca faltaba a su palabra, eso lo dejo en claro hace décadas cuando se conocieron, cumpliría su parte… como siempre lo hacía.
Ahora él había venido a cobrar.
Fue entonces que ella recordó aquella noche donde ambos habían llegado a un acuerdo.
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La enfermería estaba tranquila esa tarde. La luz blanca de los tubos fluorescentes zumbaba levemente, un sonido casi imperceptible que se mezclaba con el crujido suave de los envoltorios de caramelo. Poppy, sentada sobre la camilla con las piernas cruzadas, masticaba lentamente un dulce de fresa, dejándose llevar por su sabor sintético, dulce y reconfortante.
Había recibido algunas visitas en la mañana. Sus amigos, sus hijos. Palabras cálidas, miradas preocupadas… como siempre, pequeños regalos. Entre ellos, una caja con caramelos que ahora sostenía entre sus manos.
Pero sobre todo se enteró de la situación con Dogday, no iba a negar que le costó todo su autocontrol para no explotar y salir de la camilla, para buscar a los Nightmares Critters y gritarles hasta de lo que se iban arrepentir, todo porque habían lastimado a su querido hijo.
Se supone que como madre no debía tomar favoritos, pero el simple hecho de que ni siquiera había establecido una relación de madre e hijos con la mayoría de los juguetes, otros por supuesto ni siquiera la miraban como una madre, solo una “donante” de óvulos.
Otros solo la admiraban y la tenían como una salvadora, y muy pocos realmente como una madre, ella ya se había establecido con Dogday ese tipo de relación, meses habían fortalecido aquel vinculo que jamás pensaron en tener.
Dejando tan bella amistad, Dogday realmente veía a Poppy como su madre y ella como el pequeño que siempre deseo tener. La familia que ambos necesitaban en sus corazones, por ello la muñeca se veía bastante molesta y furiosa porque lastimaran a Dogday por algo tan atroz, como divulgar la intimidad de otro de sus niños.
Para ella, esos juguetes eran los hijos de 1006 y solo eso, ni siquiera podía mirarlos como aliados o respeto. Era algo que jamás admitiría en voz alta. Solo el sabor podía calmarla en esos pensamientos tan caóticos sobre qué haría con los Nightmares.
Hasta que escuchó como la ventilación crujía.
No necesitaba mirar para saber quién era.
—Siempre tan predecible… —murmuró sin voltear, de alguna manera sabría que vendría y no perdería el tiempo en hablar del caso del perrito solar.
—Y tú siempre tan distraída —respondió una voz metálica y profunda Un instante después, la figura del Prototipo emergió entre sombras y polvo, como un dios que no necesitaba permiso para irrumpir en un templo ajeno.
Poppy bufó al ver la entrada dramática de su pareja, rodando los ojos con fingida exasperación. A veces simplemente no podía evitarlo. Él se comportaba como una deidad maquiavélica, como si el mundo debiera arrodillarse ante su paso… y aunque parte de ella entendía por qué, otra parte más testaruda, más suya se rehusaba a darle ese gusto.
Para ella, 1006 no era ningún dios.
Era un necio arrogante, un ser con delirios de grandeza que se ocultaba detrás de una habilidad de manipulador tan perfecto, con voces que podía hacerlo parecer tan realistas.
Y, sin embargo, lo amaba.
Y lo peor de todo… sabía que él también la amaba. A su manera. Distorsionada, peligrosa, obsesiva.
Antes de que ella pudiera soltar su comentario mordaz, el Prototipo dejó caer algo a su lado. Un teléfono el mismo que utilizaban para comunicarse. El golpe seco contra la camilla resonó más fuerte de lo necesario.
—Los juguetes son bastantes parlanchines, ¿Sabes? —añadió, con un toque burlón que solo mostraba con ella.
Poppy chasqueo la lengua, mientras se sentaba en su cama para prestarle atención al Prototipo. Ya que justamente quería hablar con él, sobre ese tema en específico.
—Eso es obvio, el chisme para ellos es uno de los pocos entretenimientos que tienen. —Explico la muñeca mientras suspiraba y miraba a su pareja posarse a lado de su cama para estar lo más cerca de ella, no era raro por lo contrario desde que habían formalizado, era como si ambos buscaran estar lo más cerca del uno del otro físicamente. —Me entere de muchas cosas mi querido Prototipo y en especial como tu hijo… suelen “jugar” tan rudamente, como para lastimar al mío. —Sentencio Poppy mientras miraba aquella mano de hueso, carne y metal.
Queriendo una respuesta y seria, pero sobre todo quería justicia.
El Prototipo solo soltó una suave risa, por lo hilarante que sonaba lo que Poppy decía. —Lo tengo enterado, mis hijos pensaron que sería buena idea bromear con ciertos temas con el tuyo. —Explico como si realmente no le importara, pero la cruda verdad es que Poppy noto un tono que a pesar que parecía sereno, realmente estaba molesto.
La muñeca lo conocía muy bien. Él estaba enojado, no porque molestaran a Dogday si no porque se atrevieron a meterse con su hijo Catnap.
No tenía conocimiento de aquella información y no iba a negar, que se sentía bastante decepcionado de su discípulo por tener esa fama entre los demás. Aunque tampoco podía reclamarle nada cuando en cierto caso estaba en su derecho de experimentar cuanto quiera.
—¿Y lo permitiste?
—Jamás permito que mis discípulos peleen contra ellos. Está prohibido. —Respondió con frialdad. 1006 siempre era estricto ante sus reglas y esto no sería una excepción.
—¿Entonces vas a hacer algo al respecto, o solo me das una excusa para hacerme la ciega? —Poppy pregunto con sarcasmo, queriendo saber si por momento pondría orden o tendría que hacerlo ella.
Al otro lado de la línea, el Prototipo guardó silencio. Pero no era un mutismo vacío; Poppy podía sentir cómo aquella mente colosal calculaba, sopesaba.
En su núcleo palpitaba una contradicción, el ansia de dominio esa pulsión de marionetista que lo había guiado durante décadas chocaba contra un atisbo nuevo, ese hilo rojo que lo unía a ella. Gobernar, sí… pero también complacerla. ¿Dónde terminaba la estrategia y empezaba la devoción? Ni él mismo lo distinguía con claridad, y la duda lo irritaba tanto como lo fascinaba.
Al fin habló. Su voz llegó más baja, aterciopelada, exclusiva para sus oídos; un murmullo que vibraba con corrientes eléctricas y un cariz casi… íntimo.
—¿Qué… quieres… que haga? —pronunció cada palabra con deliciosa lentitud, tanteando el terreno como un depredador que prueba la resistencia de la presa antes de hincar los colmillos.
Sabía perfectamente la respuesta. Sabía que ella quería disciplina, justicia, un castigo ejemplar para sus criaturas indómitas. Pero el Prototipo jamás se movía sin la balanza bien inclinada a su favor. Y bajo ese tono sedoso se escondía la misma pregunta de siempre, ¿Qué recibo a cambio? Un tributo, un secreto, un dulce prohibido, cualquier cosa que alimentara su inagotable hambre de control… o su creciente adicción a ella.
—Quiero que los castigues. —Ella ordeno, no iba a permitir que esto quedara impune, firme y clara.
Al pronunciarla, Poppy sintió ese vértigo familiar: el cosquilleo de estar al borde de un abismo que, al mismo tiempo, la atraía con fuerza magnética. Pedirle a 1006 que actuara era, lo sabía, meter la cabeza en la boca del lobo… y rozar sus colmillos con los dedos. Pero, en algún rincón oscuro de su mente, aquella exposición también era una confesión silenciosa.
Esta era la única manera de acercarse a él, de tender una mano en aquella danza de poder y vulnerabilidad.
El Prototipo percibió la doble capa de la petición y su sonrisa creció, invisible pero palpable en el silencio.
—¿Qué me darás a cambio? —ronroneó el Prototipo, cada sílaba vibrando en el auricular con esa mezcla de voces, eligiendo aquellas con el tono más atractivo para que Poppy siguiera cayendo. Se relamía por dentro: la había conducido exactamente hasta allí. Lo que no esperaba era lo rápido que ella, voluntaria o no, se había dejado llevar.
Poppy apretó los labios. Con 1006 nada era gratuito; cada favor tenía un precio medido al gramo. Pero no pensaba mostrarse débil. Dejó que un leve bufido de burla escapara de su garganta.
—¿Qué más necesitas de mí?, ¿Acaso tengo que entregar también mi alma? —Pregunto ella volteando sus ojos.
El Prototipo soltó un breve sonido, no era carcajada, ni tampoco un gruñido. Más bien un chasquido satisfecho, la nota exacta de un cazador que ya huele la sangre.
—Tu alma, muñeca, ya la tengo entre mis dedos desde hace décadas. —Su voz bajó un tono, cargado de una intimidad peligrosa—. Ahora quiero aquello que me arrebataste. Lo único que aún puede saciarme.
—Quiero tu néctar. —La palabra salió de la garganta de 1006 con una posesión casi animal, profunda, voraz, como si lamiera cada sílaba. No era una súplica, era un derecho que él reclamaba, una deuda que exigía cobrarse.
El tiempo se quebró entre ellos. Poppy sintió el eco de aquella primera vez: el placer convertido en blasfemia. Un estremecimiento le recorrió el cuerpo de porcelana, partiéndola entre el pavor y la punzada cruda de un anhelo que nunca había querido admitir.
Poppy sintió cómo el calor le subía al rostro, esa mezcla de vergüenza, deseo y enojo que solo él sabía provocar. No había negado que lo extrañaba. Que había noches en las que pensaba en esa entrega… en ese placer tan retorcidamente íntimo. ¿Hace cuanto que no lo había hecho? Realmente no podía recordarlo, y pensar en otro juguete de esa forma, se le hacía tan aberrante y asqueroso, que simplemente la hacía vomitar.
Siendo el único compatible para ella aquel ser diabólico.
—¿Eres consciente de lo patético que suena eso? — murmuró, las mejillas ardientes, la voz apenas un soplo.
—Tan consciente —replicó él, con una serenidad cruel— como tú de que vas a aceptar.
Y lo peor era que tenía razón. Odiaba la forma en que 1006 retorcía la situación a su favor, pero odiaba aún más la chispa de anhelo que le fulguraba bajo la piel cuando él hablaba así.
Bajó la mirada, apartándose del roce de aquella mano híbrida. El rubor se extendió hasta la nuca; sentía el corazón martillarle el pecho al punto de doler.
—…Está bien. —Concedió al fin, su voz suave, un suspiro disfrazado de resignación que rezumbaba deseo.
El Prototipo se tensó satisfecho, como un rey que había conseguido si atributo. Pero ahora ese rey necesitaba que su reina lo cuidara.
—Sera en el festejo, después de eso vendrás a mi aposento.
Ni una palabra más. Se deslizo de nuevo hacia la penumbra, engullido por las rendijas de ventilación, como una sombra obediente a su propia ley, y la dejo sola con un zumbido, el corazón desbocado… y el sabor dulzón del caramelo aun pegado a su lengua.
Y ahora, más que cualquier dulce, anhelaba aquel sabor prohibido, blasfemo que llevaba décadas sin probar.
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Poppy comenzaba a sentirse nerviosa y un poco mareada, al mismo tiempo que sus mejillas se tornaban rojas, por supuesto que recordaba aquella noche donde hablaron de ello, pero no podía evitar sonrojarse y sentir vergüenza.
—1006…—Ella murmuro pidiendo un poco de calma, pero 1006 no iba a dárselo por supuesto, cuando algo quería era un hecho que lo obtendría.
Y eso Poppy lo sabía de ante mano.
—Tú me pediste que interviniera —continuó, imperturbable, como si estuviera recitando una oración oscura—. Que los castigara por lo que hicieron. Me diste vía libre para actuar sin restricción. Y a cambio… aceptaste darme algo que solo tú podías ofrecerme.
Poppy se quedó en silencio, el corazón latiéndole fuerte. Claro que lo recordaba. Esa noche, enojada exigiéndole a 1006 que los hiciera pagar o ella lo haría y eso provocaría una disputa entre ambos, por ello llegaron a un trato, Y él había aceptado… pero no por compasión.
—¿Entonces…? —murmuró ella, apenas encontrando su voz.
—Entonces esa noche no solo celebraremos un nuevo comienzo para ellos —dijo él con la calma de quien ya lo ha decidido todo—. También sellaremos el nuestro. Quiero lo que me ofreciste, Poppy. Y lo quiero esa noche.
La muñeca tragó saliva, con el teléfono aún contra su oído. Ella sonrió realmente había olvidado que tan posesivo e impaciente podía ser 1006, podía sentir nostalgia en sus palabras y una fuerte emoción que hacía que su cuerpo temblara, sus hombros, su nuca y hasta su cara tornaban rojizos por la sola idea de lo que llegaron.
Él quería volver a probar el dulce néctar de la miel, que alguna vez ella le ofreció.
Y Ella se lo daría.
El Prototipo no olvidaba. Él no perdonaba. Y sobre todo… siempre cobraba lo que le pertenecía.
Poppy quería responder, pero de repente escucho un toque en la puerta, provocando que su corazón se infartara ya que no esperaba a nadie y se supone que es un secreto que ella siguiera teniendo comunicación con 1006. Por lo que ella sin despedirse cuelga la llamada sin esperar una contestación a cambio. Con ello termino su conversación y como pudo volvió a poner el teléfono en su lugar, al mismo tiempo que cerro el cajón.
—A-adelante…—Ella hablo entre cortado sintiendo como su corazón se iba a su garganta.
La puerta se abrió lentamente, revelando a Catnap. El felino asomó primero la cabeza, tímido, eso provoco que Poppy se preocupara de sobre manera, Catnap jamás actuaria así, siempre tan indiferente y terco, compartiendo esa egolatría de su padre.
¿Pero ver a ese felino entrar con la cabeza gacha?
¿Nervioso?
¿Qué había pasado para ver el felino de esa forma?
—¿Estás ocupada…? —preguntó en voz baja, mientras sus orejas estaban escondidas hacia tras, mostrando un tierno gatito.
Poppy alzó una ceja, estaba sorprendida, por lo que asintió mostrando una sonrisa maternal y bastante dulce. Por supuesto que no iba a rechazarlo seguía siendo su hijo y aunque él no la viera como madre.
—No más que de costumbre. ¿Pasa algo, cariño? —preguntó dulcemente, aquella muñeca.
Catnap entró, moviendo su cola con bastante nerviosismo, sin saber dónde posar la mirada, ni mucho menos que decir a lo que tenía planeado.
—Yo… quería hablar contigo. Es algo importante. —Dio un par de pasos, y cuando Poppy le ofreció asiento, se sentó enfrente de ella de aquel escritorio—. Quería pedirte… permiso. Y consejo. Para algo serio.
Poppy lo observó con más atención, inclinando la cabeza con una mezcla de sorpresa y ternura. Analizando al felino que parecía estar sonrojado, se podía escuchar su corazón y la muñeca bastante perspicaz intuyo que tenía que ver con un tema de Dogday.
Tal vez sea que su instinto maternal volvía el control en su agudeza al detectar este tipo de situaciones.
—¿Permiso? ¿Estas planeando una travesura? —Pregunto ella mientras lo miraba de forma afilada, queriendo evitar que Catnap hiciera algo contra de las reglas, aun mas de todas las veces que ya las había roto.
Catnap soltó una risa corta y nerviosa.
—Quiero pedirle matrimonio a Dogday.
La frase quedó flotando en el aire. Poppy parpadeó, la boca entreabierta, como si el tiempo se hubiera detenido a su alrededor. Un latido, dos… y entonces la calidez le llenó el pecho de golpe. Sus ojos, ya grandes de por sí, se abrieron aún más hasta brillar como cristal pulido; enseguida, la sorpresa dio paso a una alegría tan pura que casi la desbordó.
Realmente se alegró tanto que sus pequeños dieran ese siguiente paso. Sus ojos se agrandaron con asombro, y luego una sonrisa suave, emocionada, iluminó su rostro. Ella realmente quería explotar de emoción, tanto que en sus ojos se reflejaron aquellas lágrimas de alegría, al menos su hijo Dogday podía ser feliz en ese maldito infierno.
—¿H-hablas en serio? —Poppy apenas podía creer lo que escuchaba. Sus ojos se abrieron con asombro y su voz tembló entre la incredulidad y la emoción.
Sus dos niños darían ese gran paso… uno que ella jamás imaginó posible en un lugar como aquel. Y haría lo que fuera necesario para asegurarse de que tuvieran ese momento.
Uno puro. Uno que los hiciera sentir humanos, libres… completos.
Uno verdadero, darles lo que ella nunca tuvo.
Sus hijos merecían toda la felicidad del mundo.
—Sí —asintió él—. Sé que suena raro. Pero tú eres… eres como su madre, Poppy. Eres la persona más importante para él. Y honestamente. ahora también en la mía. Solo quería… pedir tu bendición. Y tal vez un poco de ayuda, porque honestamente, no tengo ni idea de cómo se organiza algo así.
Y entonces Poppy soltó una risa suave, cálida, de esas que nacen desde el fondo del pecho y se sienten como un abrazo. Se llevó una mano al corazón, conmovida hasta los huesos, y lo miró con un brillo profundo en los ojos: orgullo, ternura, y un amor casi maternal que la desbordaba por completo.
—Ay, Catnap… —murmuró—. No sabes lo feliz que me hace saber que quieras dar ese paso con Dogday. ¿Mi bendición? La tienes desde el primer día en que iniciaron su relación. —añadió, mientras se levantaba y colocaba sus pequeñas manos en una de las garras del felino que tenía una de sus patas en el escritorio—. Vamos a hacer que este momento sea perfecto. Como ustedes merecen.
Su voz tembló un poco al final, y por dentro, su corazón de juguete se hinchó de emoción. En medio del caos, en medio de tantas pérdidas… al menos, sus hijos habían encontrado la felicidad. Y eso, para ella, lo valía todo.
Catnap por su parte no pudo creer lo que Poppy le dijo, pero aun así se sintió emocionado, porque eso le dio valor en contárselo a su padre, sus orejas temblaron levemente y su cola se agitó con nerviosismo, mientras una sonrisa pequeña casi avergonzada comenzaba a formarse en su rostro.
El gato estaba muy feliz, quería tener una vida con Dogday y ese tonto juego infantil se lo había hecho saber.
—G-gracias, Poppy… —dijo con la voz apenas audible, tragando saliva—. Realmente quiero hacer feliz a Dogday, lo amo… y probablemente mi señor también lo apruebe.
Poppy al escuchar eso ultimo no pudo evitar soltar una risa un poco seca. Porque hace poco estaba hablando con El Prototipo y sinceramente ella sabía de ante mano, que ese ser bestial podía ser más manso con su hijo.
—Entiendo que a veces tu señor, puede ser bastante idiota a la hora de expresar como él se siente. —Poppy menciono con una media sonrisa, cruzándose de brazos mientras lo miraba con complicidad.
Hablaba desde la experiencia, claro. Si alguien conocía a 1006, era ella. Para otros, el Prototipo era un ser calculador, pero ella sabía la verdad: su forma de decir “te amo” era amenazar con apresarla para que jamás lo abandone. Su afecto era una tormenta disfrazada de posesión, un amor tan salvaje como incomprendido.
Y aunque no había presenciado personalmente cómo trataba a Catnap, había escuchado lo suficiente de sus centinelas. Y más aún, lo había visto reflejado en esos raros momentos de calma en los que 1006 hablaba de él… con una extraña calidez escondida entre la frialdad de su voz.
—Pero… él realmente le importas—Dijo Poppy con voz suave, eligiendo cada palabra con cuidado—. Y sé que, a su manera retorcida y complicada, estará feliz de verte feliz junto a Dogday. Aunque no lo diga… aunque no lo sepa demostrar como los demás.
Catnap parpadeo, de alguna manera escuchar esas palabras hicieron que desde la punta de sus dedos hasta su corazón se sintiera bastante cálido, EL Prototipo no solo era su señor, para Catnap es su padre, esa figura paterna que podía confiar y sentirse seguro, lo fue antes de que se convirtiera en Catnap y lo es ahora en su vida. Temía que una parte de él no lo aceptara por juntarse con Dogday, pero saber que Poppy le daba su aprobación y al conocer a 1006 más que él afirmando que lo aceptaría, eso le dio felicidad.
—Gracias, Poppy. —Murmuro el felino esperanzado, sintiendo que su corazón se iba a desbocar por lo dichoso que se sentía. Pero de repente un pensamiento surgió, y eso provoco que un miedo se llenara en su ser, al punto que el iris de sus ojos desapareció mostrando esa oscuridad.
Al punto que el felino bajo la cabeza y sus orejas las doblo hacia atrás, haciendo que la muñeca notara este cambio. Pero antes de que ella preguntara lo que pasara el pregunto con una voz rota.
—¿Cómo… cómo podemos casarnos sin que los humanos lo descubran? —su voz temblaba, casi como un susurro en medio de un derrumbe—. ¿Cómo lo haremos sin que Elliot se entere?
El nombre de aquel humano maldito pesó en el aire como plomo fundido. La dulzura se desvaneció, reemplazada por una ansiedad tan espesa que parecía comprimir el pecho de Catnap.
—Él ya dejó claro lo que quiere de Dogday… —añadió con un hilo de voz, apretando sus colmillos, ya que la rabia comenzaba a descender por sus venas—. No quiero ni imaginar qué haría si descubre que Dogday tiene su propia vida.
Su pelaje comenzó a erizarse y de su boca comenzó a salir humo rojo, dejando en claro que el pensamiento le aterraba y lo odiaba —No puedo permitir que lo toque otra vez, Poppy… no puedo…
Al mismo tiempo que Catnap levantaba su cabeza, fue entonces que miro a la muñeca que ya hacía con una postura frívola, y por una fracción de segundos pudo notar que el aura de Poppy.
Un torbellino de emociones intensas y negativas giraba alrededor de ella, como una tormenta silenciosa y furiosa que amenazaba con desbordarse. La energía frenética que desprendía fue tan palpable que Catnap dio un paso atrás, inquieto y desconcertado.
Pero Poppy volvió en sí y cerro sus ojos que, por un segundo, miro como enrojecieron.
—Cariño… acompáñame, tengo que mostrarte algo. —Pidió la muñeca, mientras volvía a sonreír, mostrando como si no tuviera nada de qué preocuparse.
El Felino asintió mientras obedecía a la muñeca, bajando su cuerpo, para que ella pudiera subirse a su espalda, cuando al fin se acomodó ella dio una suave caricia, para que prestara atención. —Vamos a mi aposento. —Ella pidió a lo que el gato lunar asintió.
Fue entonces que Catnap emprendió su camino, saltando y corriendo, entre los pasillos esquivando a los trabajadores con esa agilidad felina que lo caracterizaba. Hasta llegar al área donde se hospedaban la mayoría de los juguetes, se veía más amplia y limpia, después de todo Poppy sí que había hecho varias remodelaciones en ese lugar.
Hasta que llegaron enfrente de aquella puerta, blanca y con pequeñas flores talladas en madera en sus esquinas. Catnap se detuvo suavemente, agachando el cuerpo para que Poppy pudiera bajar con gracia. La muñeca deslizó sus piernas con cuidado, hasta posar los pies en el suelo pulido. Se detuvo un momento frente a la entrada, respirando profundo. Aquella era su guarida, su nido, su refugio… y, en más de un sentido, también el escenario de antiguos recuerdos que aún ardían.
Esta puerta tenía dos picaportes uno grande para que Kissy pudiera abrirla y una pequeña a la altura de Poppy. Giró el picaporte con delicadeza y empujó la puerta, dejando que una tenue luz ámbar se filtrara hacia el pasillo. El interior del departamento era cálido y acogedor. Alfombras mullidas cubrían el suelo, y en los estantes, pequeñas figuras, libros y objetos artesanales decorativos.
Kissy no parecía estar en casa por el momento, lo cual fue un alivio para Poppy.
—Pasa —dijo con un susurro suave, casi reverente.
Catnap obedeció con cautela, como si temiera perturbar algo sagrado. Sus ojos se posaban curiosos en cada detalle, absorbiendo la calidez del lugar.
Entonces, Poppy caminó hacia su habitación pidiéndole a Catnap que esperara en la sala. El felino asintió mientras se sentaba en uno de los sofás hechos para su tamaño, espero unos minutos, hasta que Poppy volvió con una caja de cartón grande la cual ella arrastraba, por su evidente tamaño. Catnap estaba curioso por lo que habría adentro, pero este camino hacia a Poppy hasta acostarse para estar a su tamaño, para poder ver lo que había adentro y prestarle atención.
La muñeca solo respiro más relajada, ya que al ser pequeña estaba limitada en algunas cosas.
—Necesito que veas algo Catnap. —Pidió Poppy con una sonrisa, y un brillo en sus ojos como si realmente deseara poder mostrarle sus tesoros. Fue entonces que pidió que la ayudara abrir la caja, cosa que el felino lunar hizo.
Sorprendiéndose encontrar había cartas con la tinta desvaída por el tiempo, dibujos minuciosos de trazos mecánicos pero llenos de alma, y flores… docenas de flores hechas de materiales improbables: papel endurecido, retazos de tela quemada, cobre trenzado, y una en particular, hecha de aluminio, tan perfectamente pulida que reflejaba la luz como un diamante metálico.
—Esos son… ¿regalos? —Pregunto el felino curioso, entre sus patas, sostenía con cuidado la flor de aluminio, maravillado por su perfección. No tenía ni una sola imperfección. Era hermosa. Tristemente hermosa.
Poppy sonrió, y un leve rubor tiñó sus mejillas de porcelana. Se sentó junto a él, con la mirada perdida en los objetos que tantas veces había tocado y escondido de todos los demás, ella tomo una de las cartas para abrirla y solo ver en una caligrafía casi perfecta pero la hoja manchada, se veía un pequeño mensaje.
Te extraño mi flor.
—Son regalos de tu padre. —Respondió Poppy con un sonrojo suave, recordando su amor con el Prototipo hace décadas atrás. Cuando eran inocentes y su amor era tan puro, sin corrupción que no temían regalarse algo, no temían decirse cuanto se amaban o demostrar su afecto. —Antes de que ustedes nacieran, nosotros nos unimos… éramos tan diferentes aquellos años que te juro que si te platicara como era, no me creería en absoluto como era…—Contesto ella con una sonrisa mientras reía, al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaban.
El felino sonrió mientras miraba también dibujos bien hechos de Poppy, en varias posiciones, pero en su mayoría solo de ella sonriendo. Una sonrisa tan… pura. —Amy… ¿Cómo era él? —Pregunto Catnap, realmente tenía mucha curiosidad por saber un poco más de su padre, tal vez sea porque de alguna forma así podía acercarse más a su señor.
Poppy lo pensó unos segundos y contesto. —Era como Dogday. —Esas palabras hicieron que Catnap se le abrieran sus ojos de sorpresa, realmente no podía imaginarse al Prototipo actuar como Dogday, ni siquiera pensar como él.
Dogday, su precioso perrito solar, era exactamente eso: un sol viviente. Radiante, cálido, imposible de ignorar. Su sola presencia iluminaba los corazones más apagados, y su risa podía derretir hasta el hielo más cruel. Era un líder nato, no por imponer miedo, sino por inspirar esperanza. Caminaba con la luz en sus patas y la bondad en su mirada, guiando a los suyos con la ternura de quien protege, no domina.
El Prototipo, en cambio… era otro tipo de sol.
Un sol muerto. Una estrella extinguida que, en lugar de calentar, abrasaba. Su luz no nutría: devoraba. Y su autoridad no se ganaba con afecto, sino con temor. Su presencia era un eclipse que oscurecía todo lo que tocaba, y, aun así, lo seguían. No por amor, sino por reverencia. Como a un dios antiguo y temido, uno que podía aniquilar con una sola mirada si osabas acercarte demasiado.
No podían ser más distintos.
—¡¿QUÉ?! —Catnap grito realmente sorprendido, tanto que casi se levanta a lo que Poppy se rio.
—Ja ja ja, lose, ¿imposible verdad? —Pregunto divertida la muñeca mientras se sentaba y se abrazaba a sí misma. —Él era muy cálido, muy diferente y muy ardiente. —Eso ultimo hizo que Catnap hiciera una mueca de asco, como un hijo al enterarse que sus padres se besaban, porque no quería imaginarse lo que aquella muñeca, pensaba con esa sonrisa y ese sonrojo.
—Nosotros…—Pero la voz de Poppy comenzó a apagarse, mientras comenzaba a suspirar. —También queríamos casarnos. —Explico la muñeca mientras se acercaba a la caja y comenzaba a buscar entre las cosas un objeto tan preciado para ella que estaba en una cajita pequeña de madera. Ella lo miro con ternura y nostalgia al mismo tiempo que se podía ver su dualidad en sentimientos.
Cuando abrió la caja, dejó al descubierto un collar exquisito. En el centro colgaba una gema negra de brillo profundo, como un fragmento de noche estrellada. Del interior de la piedra emergían sutiles vetas rojas, finos hilos que danzaban como fuego atrapado en cristal. Su apariencia recordaba al lapislázuli, pero teñido por negro y rojo.
El felino se sorprendió que Poppy y El Prototipo también hubieran tenido su propia boda, cosa que el felino se dio cuenta que esto parecía una tradición ocultar ese tipo de hitos entre juguetes, ya que Crafty y Kickin habían hecho lo mismo.
Algo bastante triste.
—Pero al igual que tú, no podíamos decirle a nadie ni mucho menos al fundador. —Poppy solo suspiro mientras abrazaba esa joya y la ponía cerca de su corazón.
Catnap bajo la cabeza, sintiéndose desesperanzado, porque se dio cuenta que ni siquiera ellos mismo pudieron salvarse de esa tiranía, no tenían ni siquiera la libertad para expresar su amor por el uno al otro.
El felino estaba completamente absorto en la historia que Poppy le contaba sobre su pasado con su padre. La miraba con una mezcla de admiración y tristeza, sonriendo con ternura, pero con el corazón cargado de miedo. Temía que él y Dogday pudieran enfrentarse al mismo destino, a esa misma imposibilidad de vivir un amor libre y reconocido.
Por un instante, Catnap sintió cómo las lágrimas amenazaban con brotar. La sola idea de no poder casarse con Dogday, de no compartir ese momento tan importante ni con su padre ni con sus amigos, lo llenaba de un terror profundo y paralizante.
—Así que en vez de eso… El Prototipo, me dio esto. —Mostro el collar que guardaba con mucho recelo, extendiendo su mano para que Catnap mirara más de cerca. —Con esto me juro su amor eterno, se podría decir que nos “casamos” en aquella sala donde lo tienen cautivo.
El felino lunar escuchó la voz de Poppy, firme y esperanzada, recordándole que, aunque las circunstancias fueran difíciles, todavía había espacio para la esperanza y para luchar por ese futuro donde el amor pudiera florecer sin cadenas.
Catnap contempló la gema con asombro genuino. Era hermosa, sí… pero no de una forma común. Brillaba con una oscuridad viva, como si algo latiera en su interior. Sin embargo, lo que realmente lo descolocó no fue su apariencia… sino su aroma.
Frunció el ceño ligeramente y acercó el hocico con curiosidad felina, olfateando con cuidado. Y entonces lo sintió: un olor denso, profundo, inconfundible. El aroma de su señor.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo de inmediato, como si una sombra helada se hubiera deslizado por su columna vertebral. Retrocedió apenas, con las pupilas dilatadas.
—Poppy… —murmuró con voz apenas audible—. ¿Por qué esta joya huele tanto a mi señor?
La aludida no respondió de inmediato, solo hizo una mueca inexpresiva, como si la preguntara le incomodara, solo desvió un poco la mirada tratando de mantener la compostura.
—Es porque está hecho de carne, metal… y sangre del Prototipo —explicó con voz baja, sabiendo que sus palabras no eran precisamente dulces. De hecho, resultaban perturbadoras, casi grotescas. Pero así era su historia… y así era él.
Catnap la miró con los ojos muy abiertos, sin atreverse a decir nada. Poppy prosiguió, su mirada fija en la joya que ahora no podía ver de la misma forma.
—Él se arrancó un trozo de su propia carne, drenó parte de su sangre y la fundió con metal de su cuerpo para crear esta piedra. No es una joya común. Es… él. —Acarició con delicadeza la gema negra con vetas rojas que pulsaba como si guardara una chispa de vida.
—Quería darme algo que ningún otro ser pudiera ofrecer. Su esencia. Su existencia. Su amor llevado al extremo más brutal… y sincero. —Sus ojos se humedecieron al recordar ese acto—. Me dijo que, aunque estuviéramos separados, con esto siempre tendría una parte de él conmigo. Que su presencia me protegería, que su amor nunca se iría.
Con manos temblorosas, llevó el collar a sus labios y le dio un beso suave, como si besara la piel misma de aquel monstruo que la amaba de forma tan visceral.
—¡¿ESO SIGNIFICA QUE TENGO QUE ARRANCARME LA PIEL PARA DARLE ALGO BONITO A DOGDAY?! —Pregunto en vol. alta Catnap alterado, provocando que la muñeca se asustara un poco por el repentino grito, Catnap puso sus patas en su cabeza, bastante ansioso, ya que admitía que no sabía cómo hacer algo con su carne, piel o sangre. Pensaba con el consejo de Crafty y Kickin sería suficiente para hacer una pulsera, pero su padre literalmente había hecho una joya con su carne y sangre, ¿Cómo podía comparar ese detalle con eso?, Si su padre pudo hacerlo, demostrando un amor apasionar, entonces en la mente de Catnap.
Él también podía.
Poppy al escuchar a su niño decir eso, se quedó en shock unos segundos. Pero de repente esta soltó una fuerte carcajada y llevarse una mano al estómago para contenerse. Las lágrimas le asomaban en los ojos de tanto reír.
—¡Jajaja! No, Catnap… ¡no tienes que hacer eso! —dijo entre risas, intentando recuperar el aliento. Sus mejillas se habían teñido de un sonrojo cálido, tanto por la risa como por la ternura de la situación. La idea de que su niño quisiera arrancarse parte del cuerpo como su padre para demostrar amor… era tan exagerada como conmovedora.
—Mira, ¿por qué no mejores haces algo tú mismo? —sugirió Poppy mientras limpiaba una lágrima de risa con el dedo—. ¿Tienes alguna idea?
Ya que, por obvias razones, el felino no tenía esa habilidad para fundir algo como el Prototipo hizo para crear aquella gema preciosa.
El felino bajo la cabeza mientras se sonrojaba por la vergüenza, porque tenía razón aquella muñeca era mejor hacerle algo a Dogday. Por lo que este lo pensó un poco y recordó a su amiga Crafty que podía ayudarle en crear algo único y precioso para su sol.
—Mis amigos también se casaron en secreto como tu con mi señor, me dijeron que le hiciera una manualidad a Dogday como un símbolo de amor. —Explico el felino aun abochornado.
Poppy asintió ante esa idea. —Suena perfecto, entonces hazlo Catnap. Dijo la muñeca apoyando a su niño.
—Sabes Poppy… yo realmente quiero tener una boda de verdad. —Dijo Catnap realmente honesto, dejando que su corazón lo dominara.
Aquel juego con los niños había hecho que el felino se decidiera por ello, estar con Dogday, que alguien los casara y que su familia estuviera ahí misma, festejando su amor. Sabía que más que nadie Dogday valoría mucho eso, ya que él siempre ha sido de compartir sus hitos con sus seres queridos. Realmente no quería ocultarse en absoluto, pero al mismo tiempo temía por la vida de Dogday si Elliot se enteraba.
Poppy se quedó callada sintiendo que su corazón se apretaba y la joya de su mano solo se hizo más fría, probablemente sea porque Poppy realmente sintió bastante tristeza y pena, que sus hijos vivieran con ese miedo. Justificado sabiendo que vivir en ese lugar haría que cualquiera se deprimiera, a ella se le quito su derecho de casarse con quien deseara, por ello lo hizo en privado y así fue con varios juguetes.
Muchos lo hacían en secreto, ocultos en susurros y sombras, por miedo a romper las reglas impuestas por el sistema. El amor se volvió clandestino, un acto casi prohibido… Y, sin embargo, a esas alturas, aquella pequeña madre ya no estaba dispuesta a seguir acatando esa injusticia.
Ella haría lo que sea para que sus hijos pudieran demostrar su amor libre y sin cadenas.
—No dejaré que lo que nos pasó a nosotros dos… les pase también a ustedes. —Explico Poppy esta vez con una determinación en sus ojos, ya que estaba harta de vivir esa maldita vida bajo el yugo de Elliot Ludwig y ahora no permitiría que sus hijos tomaran el mismo camino que ella y el prototipo tomaron.
Poppy solo se acercó al felino que seguía teniendo sus orejas bajas, hasta que sintió el toque gentil casi maternal, solo para mirar hacia abajo y encontrarse con la mirada de Poppy.
—Por ahora solo concéntrate en planificar como le pedirás a Dogday. —Pidió la muñeca dulcemente, Catnap no pudo evitar sentir dicha ante aquellas palabras, sintió esperanza y una emoción tan fuerte que su corazón casi exploto por el amor que tenía por Dogday. Tanto que bajo un poco su cuerpo para que Poppy pudiera acariciar su mejilla, mostrando que confiaba en ella.
Desoques de toda aquella muñeca realmente había demostrado confiar en sus acciones, ella le había salvado la vida y ni hablar de todas las veces que hizo los cambios en la fábrica, y ahora estaba creando la oportunidad perfecta para que él junto con Dogday puedan comenzar una nueva etapa de sus vidas.
En ese momento pensó en como entendía porque su Padre se había enamorado de ella.
Después de todo aquella luna les traía consuelo y seguridad.
☆*゚゜゚*☆*゚゜Comentario de la escritora☆*゚゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚
¡Hola mis queridos lectores, les traigo otro capitulo mas!
Ufff ya llego el domingo mas rápido de lo que pensé jeje, la verdad he estado disfrutando bastante mi tiempo libre, comencé a leer los libres que tenia pendiente y entre esos libros uno que se llama 1984, dios mio me dio un chingo de ideas para mis futuros fanfics, muy cabron este libro sobre que habla como un tipo de critica social al comunismo y facismo, surgemiendote en un país donde existe una autoridad controladora llamada “el gran hermano”, dios tremendo libro.
Se los recomiendo.
Bueno ahora si pasemos a mi opinión sobre este capitulo.
Sinceramente se vienen capítulos bien suavecitos, asi que disfrútenlos, personalmente a pesar que es un capitulo corto me gusto escribirlo, porque habla un poco mas del pasado del Poppy y 1006, además de que como es ahora su relacion y ni hablar de como Catnap, ya esta planeando pedirle matrimonio a Dogday.
Aquí quiero demostrar como es que tanto Catnap y Dogday se llevan con sus respectivos padres, que cada uno realmente sabe que tan importante son en la vida del uno del otro, demostrando que van a terminar siendo una familia. Porque Dogday también quiere casarse con Catnap y el felino ya esta planeando como hacerlo y que mejor manera con ayuda de Poppy la mas cercana a Dogday, además que se muestra como es que realmente quieren cambiar el sistema para que ellos puedan estar juntos sin ningún problema.
Me gusto este capitulo mas que nada porque quiso hacerlo muy confortante y cómico, para que ustedes se sintieran a gusto sin tanto desmadre o tantas emociones fuertes. Solo vainilla y algo ligero, espero que lo haya logrado uwu.
Por ultimo, estaba viendo con el soporte de Fanfictionero para poder subir también bitchday completo sin censura, pero aun no me han dado solución, para contexto. BItchDay va a ser uno de mis trabajos mas fuertes y pesados, obviamente con advertencia Dead Dove, por lo que he decidido que solo podrán leerlo completo en Ao3 los que tengan una cuenta, porque en wattpad al subirlo lo subiré con extrema censura, básicamente estaré avisando que estaré cortando partes y avisare cuando tenga censura o de plano, solo cortare el capitulo.
Por lo mismo no quiero tener problemas con la gente que ni siquiera sabe leer advertencias, o de plano me quieran atacar por escribir algo que claramente estoy afirmando que no estoy romantizando, ni normalizando que solo es por una critica social. Porque ya me ha pasado que aquí en lejos de tus ideales, me he topado con lectores que de plano no ven mis advertencias y se espantan o les desagrada que Dogday sea Pussyboy.
Cuando claramente en las advertencias se dijo que tiene pussyboy, además de otra que se ofendio porque Dogday va a sufrir mucho y solo quería que sufriera a manos de Catnap, no por otras personas. Dios mio de verdad me sorprende bastante estos comentarios.
Por eso les aviso con antelación si quieren leer bitchday deben tener su cuenta de ao3 porque estará bajo candado el fanfic completo, a menos que fanfictionero me de una solución para también ponerlo completo y este bajo candado ahí o si no tendre que subirlo igual censurado.
Eso seria todo de mi parte mis queridos lectores uwu.
Los amo y hasta el siguiente domingo.