Capitulo XXXVIII. Cuando todo se derrumba parte I.
23 de noviembre de 2025, 14:39
⚠️Advertencias⚠️
🐈⬛Este capitulo tiene temas delicados, proceder con precaucion.
🐈⬛ Capitulo largo.
🐈⬛Esta historia es para el público adulto, por lo tanto, si eres menor de edad, te pido de la mejor manera que salgas de la historia, pero aun así si decides ignorar mis advertencias, entonces solo me queda advertirte que estas bajo tu propio riesgo, esta historia encontraras temas moralmente cuestionables, turbios, gore, abusos de todo tipo, altamente toxicidad, sinceramente esta historia hará que te revuelva el estómago. Por lo tanto, estas bajo tu propio riesgo, no quiero saber que después de esto quieras quejarte o que tus padres vengan a quejarse porque serás bloqueado de inmediato. Eso sería todo para aquellos menores de edad.
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Poppy estaba paralizada, no podía reaccionar del todo, era como si no estuviera presente en esa realidad. Su corazón latía tan rápido que apenas distinguía si era el miedo o la furia lo que la impulsaba a cometer una locura, además de poseer una mirada bastante amenazante, era como si sus ojos azules hubieran desaparecido aquella calidez que siempre la caracterizo.
Aun podía recordar cuando se enteró de lo que Elliot hizo, a tan solo unos minutos ella estaba en sweet home, dentro de aquella casa que servía para el refugio de los niños huérfanos y para los Smalling Critters, que sirvieron como sus protectores.
Aun podía sentir el colchón debajo de su cuerpo, mientras escuchaba con atención como Bobby y Kissy narraban los hechos, como Crafty lloraba en silencio, mientras Kickin estaba acostado en el otro sillón, siendo cuidado por la unicornio quien solo acariciaba el rostro de su pareja, que seguía dormido por aquellos malditos dardos tranquilizantes.
—L-lo siento no pude salvarlo... p-perdóname Poppy. —Hablo Kissy entre sollozos mientras estaba arrodillada en el suelo mirando hacia abajo, apretando sus manos, se sentía bastante culpable de no haber llegado a tiempo, pero realmente busco por todos lados a Dogday, pero fue muy tarde.
Los Smalling solo se quedaban callados por aquella situación, Hoppy y Bobby se encontraban sentadas en otro lado con las miradas perdidas, ellas habían rogado para que no se llevaran a Kissy y de milagro la perdonaron, pero no pudieron hacer nada por Catnap y Dogday. Bubba por su parte solo estaba recargado en una pared con los brazos cruzados, de todos parecía el más tranquilo, pero el realmente sabia disimular su dolor y sobre todo parecía saber más cosas de lo que aparentaba.
Poppy solo estaba sentada en ese sillón con la mirada vacía, como si le hubieran arrancado un pedazo de su alma, aun se veía con las marcas de su agravio que le hizo Elliot, pero parecía que no le importaba el dolor, por lo contrario, solo quería encontrar a sus hijos y sacarlos de donde sea que se los hayan llevado.
—No te culpes...—Por fin hablo la muñeca mientras levantaba la mirada con esa frialdad que poseía en esos momentos, el brillo de sus ojos se fue y Kissy solo lloro más. —Hiciste lo que pudiste... y no puedes culparte por las acciones de Elliot.
—Al menos... lograste que Picky escapara. —Explico Poppy mientras se levantaba del sofá y miraba por la ventana de la sala, observando el exterior de la Playcore. —Nos diste una ventaja.
—¡¿VENTAJA?! —Grito Crafty realmente exasperada. Mientras gruñía y apretaba sus dientes observando a Poppy y a los demás. —¡ELLA SE FUE CUANDO MAS LA NECESITAMOS!, ¡¿QUE CLASE DE VENTAJA NOS DARA ESA INUTIL CERDA?! —Exigió saber la unicornio irritándole saber que Picky estaba lejos de nuevo de otra confrontación y, pero aun, cuando la necesitaban para ayudar a los heridos, ella se había largado.
Eso hizo que la envidia y el odio aumentara más en la Smalling.
—Porque ella ya debió avisarle al Prototipo Crafty. —Esta vez fue Bubba quien la interrumpió. Él miro a su amiga que parecía descolocada por aquella respuesta. —Ella tiene comunicación con los Nightmares... y por ende ellos tienen acceso directo al prototipo... por eso Kissy abrió una apertura para que ella escapara y le diera aviso a nuestro señor... ¿ahora lo entiendes?
Crafty se quedó callada al igual que los demás que estaban muy sorprendidos. Estaban con la boca abierta porque significaba que nada bueno saldría de esto, Poppy solo miraba el exterior como si buscara una respuesta.
—¡¿Pero que pasara ahora?!, ¡¿Porque tuvieron que recurrí a él?!, ¡De todas las personas!, ¡¿Por qué a él?! —Esta vez fue Bobby quien se agito realmente le aterraba el Prototipo, le daba tanto miedo pensar que hiciera algo realmente cruel y lo peor era capaz de hacer algo drástico por su ideología.
—Fue lo único que... pensé —confesó al fin, con un susurro ronco—. Pensé que podría ser la decisión correcta, fue el plan de emergencia que Poppy planeo...—Confeso Kissy mientras sollozaba en silencio.
Bobby parpadeó, con la respiración trémula. Volvió lentamente la mirada hacia Poppy, que permanecía sentada en el suelo, inmóvil. No parpadeaba. No lloraba. Simplemente... estaba ausente.
—¿Eso es cierto? —preguntó Bobby con un hilo de voz incrédulo. Pero no obtuvo respuestas.
—¡Poppy! —insistió la osa, su tono subiendo a un grito crispado—. ¡Tú sabes lo que el Prototipo nos hará! ¡Lo que les hará a todos! ¡Cómo pudiste siquiera pensar en eso!
Pero la muñeca ni siquiera la observo solo miraba el exterior con frialdad. Como si la hubieran vaciado por dentro.
—¡Claro que lo sabe! —espetó de pronto Hoppy, su pelaje verde erizado, la voz encendida por un pánico feroz—. ¡Claro que lo sabe! ¿Y tú también, Kissy? ¿Crees que este "plan de emergencia" justifica condenarnos a todos? ¿Que valía la pena provocar un genocidio?
Crafty, que había estado observando en silencio, alzó la cabeza con lentitud, ella parecía ya harta de todo mientras su mano sujetaba el pecho de su pareja. Su voz surgió tranquila, demasiado tranquila e inquietante.
—¿Y qué tiene de malo que lo haga?
Aquellas palabras cayeron como un disparo, provocando que las hembras miraran a su amiga con horror. Bobby se llevó una mano a la boca. Hoppy giró hacia Crafty con los ojos desorbitados, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Incluso Kissy, destrozada como estaba, pareció despertar de su llanto y mirarla con incredulidad.
—¿Qué...? —musitó Hoppy, la voz quebrada—. ¿Qué estás diciendo?
Crafty no bajó la mirada, solo la mantenía y miraba a sus amigas con seriedad.
—Dije que no veo qué tiene de malo —repitió con frialdad—. ¿Qué importa si extermina a quienes nos hicieron esto? ¿A quiénes se creen con derecho de rompernos y usarnos como herramientas?, ¿A los que lastimaron a mi esposo y me arrebataron a mi hijo?, ¿O es que tú piensas que merecen compasión?
—¡¿ESTÁS ESCUCHÁNDOTE?! —chilló Hoppy, dando un paso adelante—. ¡¿Cómo puedes siquiera pensar que matar a todos resolvería algo?! ¡¿Qué clase de monstruo te vuelves cuando hablas así?!
—¡UN MONSTRUO QUE YA SE CANSÓ DE TEMERLES! —rugió Crafty levantándose de golpe mientras confrontaba a sus "amigas", alzando el mentón—. Un monstruo que prefiere verlos pagar, antes que seguir agachando la cabeza, mientras nos quitan todo lo que amamos.
—¡ESO NO NOS HACE DIFERENTES DE ELLOS! —le devolvió Hoppy con un chillido, la voz desgarrada por la rabia—. ¡Si tú piensas que está bien matarlos a todos, entonces eres igual de cruel!
—¡Cállate! —bufó Crafty, con un brillo de desprecio en los ojos—. ¿Por qué siempre defiendes a los humanos?
—¡PORQUE NO TODOS SON MALOS! —gimió Hoppy, con la voz rota de pura impotencia—. ¡¿Qué hay de tus estudiantes?!, ¡¿De los niños?!
Mientras la discusión estallaba en gritos que rebotaban en las paredes, Bubba permanecía de pie, en silencio, observando con tranquilidad, porque el de todos ya sabía cómo terminarían las cosas, simplemente ya lo había aceptado y cualquier camino ya le daba igual. Y Poppy... Poppy seguía igual, con la mente atrofiada por sus propias emociones y pensamiento.
Dogday ya no estaba allí.
Y nada volvería a ser igual.
—Aún hay una oportunidad para evitar ese futuro... —dijo Poppy con voz controlada, como si midiera cada palabra con una frialdad espeluznante—. Solo una. Pero es peligrosa. Involucra a los Nightmares y al Prototipo.
Todos quedaron en silencio, las miradas se posaron en ella, esperando ese destello de esperanza. Pero en sus ojos no había emoción, sino una oscuridad enfermiza que parecía desear destruir a Elliot.
—Así que... escuchen con atención. —Ella se volteo para observar a los Smalling mientas recuperaba su compostura recta, ellos solo la miraron y escucharon su plan, sin rechistar ya que sabían que la vida de sus amigos dependía de ello.
Ella solo recordó aquella escena y sabía que todos ya estaban en sus posiciones, todo dependía esta vez de las elecciones del mismo Elliot.
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La enfermería apareció al final del corredor, con sus puertas metálicas abiertas y un hedor a desinfectante que se mezclaba con la sangre. Al cruzar el umbral, su mirada se encontró de frente con Elliot, que estaba sentado en una camilla con una enfermera a su lado. Él estaba allí de pie, con el brazo vendado, rodeado de médicos y guardias, observando con esa calma odiosa que hervía la sangre.
Poppy no se detuvo.
Solo alzó la voz con todo el veneno que le nacía del corazón.
—Devuélvemelos —Ella murmuro con rabia, lo que hizo que Elliot solo girara su cabeza sin comprender.
—¿Qué? —Elliot no entendió en absoluto lo que la muñeca le decía. Además, que estaba sorprendido que ella hubiera logrado salir.
—¡DIJE QUE ME DEVUÉLVAS A MIS HIJOS! —Grito Poppy con tanta rabia y asco que solo apretaba sus puños con fuerza, dejando en claro que no bromeaba.
Los médicos se apartaron no querían meterse entre la pelea de padre e hija, quienes solían ser bastante explosivas. Elliot giró apenas la cabeza, y su expresión, por un instante, dejó entrever un cansancio casi humano antes de desfigurarse en desprecio puro.
—Ya basta... —murmuró él con voz baja y envenenada—. ¿Es que no sabes cuándo callar?
—¿Y me lo dice la persona que hace un berrinche cuando no sale algo como quiere? —Ella escupió con tanto asco mientras lo miraba con desafío. —Te daré una solo oportunidad Elliot para parar esta locura y me devuelvas a mis hijos o si no...
—¡¿O si no qué?! —espetó el hombre, su voz rompiéndose en un bramido de rabia mientras se incorporaba de la camilla. Tuvo que salir de la cama cada movimiento era un desafío, mostrándole su frialdad y crueldad, pero no iba a permitir que Poppy saliera ilesa de esta.
—¿Qué vas a hacer tú, Poppy? —continuó con un desprecio tan espeso que parecía un veneno. Ladeó la cabeza, estudiando su cuerpo pequeño y herido con una sonrisa torcida que no tocaba sus ojos—. ¿Llorar otra vez? ¿Gritar? ¿Golpearme con tus manitas de muñeca?
Poppy no se movió. Aunque por dentro sentía un frío brutal devorarle el estómago, sus manos no temblaron. Levantó la barbilla con un gesto de determinación incandescente, sus ojos rojos encendidos de una furia limpia y total.
—Tú... —dijo con voz baja, tan peligrosa como un cuchillo envuelto en terciopelo—. No tienes la menor idea de lo que acabas de desatar.
Elliot inclinó la cabeza hacia un lado, divertido, como si escuchara el balbuceo de un niño.
—¿Ah, ¿sí? ¿Y que se supone que vas hacer?, ¡No tienes nada Poppy!, ¡NADA! —La sonrisa torcida le cruzó el rostro, un gesto tan cruel que helaba la sangre. —Si no fuera por mi tu jamás existirías, eres la creación perfecta, pudimos liderar esta fábrica, ¡JUNTOS! —Contesto Elliot con rabia mientras señalaba a Poppy. — ¡Pero decidiste tratar de quitarme por todo lo que construí! —Este explico con desprecio mientras miraba a la muñeca que solo estaba callada y lo observaba con frialdad y desprecio.
—¿Sabes qué eres, Poppy? —siseó Elliot, inclinándose hacia ella con los labios tensos en una mueca de asco—. Una maldita hipócrita.
Su voz era tan baja que parecía brotar directamente de su garganta, en un susurro que dolía más que un grito.
—Te llenas la boca diciendo que proteges a todos, que eres su salvadora... —continuó, su mirada tan afilada que podría haberle abierto la piel—. Pero la verdad es que no te importa nadie más que tus hijos favoritos. —Escupió aquella última palabra como si quemara—. Cuando se trata de esos juguetes que tanto presumes querer, entonces sí, te vistes de mártir y juegas a ser la santa madre.
Se acercó otro paso, tan cerca que Poppy que cubrió con su sombra su pequeña figura, pudo oler la sangre seca en su vendaje.
—Pero todos sabemos lo que eres —gruñó—. Solo un asco de madre.
Poppy le sostuvo la mirada observándolo desde abajo, tenía que levantar su cabeza para mirarlo directamente, el corazón martillando con fuerza en su pecho. Y en ese momento, solo quiso asesinarlo de una vez.
—No tienes idea —respondió, su voz firme, terrible en su calma. — Del infierno que te estas metiendo Elliot.
Elliot abrió la boca para replicar, pero la forma en que ella lo interrumpió, un destello de algo parecido a la inquietud cruzándole la mirada.
—Esta es tu última oportunidad Elliot Ludwig, deja en paz a mis hijos y aléjate de ellos—continuó ella, su voz bajando a un susurro—. O si no tendrás que enfrentarte a algo que jamás podrás controlar.
Por un instante, el silencio se hizo tan espeso que pareció tragar el aire de la enfermería. Elliot abrió la boca, con el ceño crispado y el pecho subiendo y bajando con violencia, como si aquella diminuta muñeca frente a él hubiese tenido el poder de desestabilizar su aplomo.
Pero luego su expresión se cerró de golpe. La ira, el desprecio y algo turbio que nunca se permitía mostrar se anudaron en su semblante.
—¿Terminaste con tus delirios de grandeza? —masculló, su voz baja, seca—. ¿Eso es todo lo que vas a escupir antes de que vuelva a recordarte tu lugar?
Poppy no dijo nada. No tenía que hacerlo. Porque el silencio, cargado de la amenaza que Elliot era demasiado ciego para comprender, hablaba por ella.
El fundador chasqueó la lengua con fastidio, alisándose con un gesto mecánico el vendaje empapado de sangre en su brazo. Su mirada recorrió el rostro diminuto de Poppy, como si buscara algo, algún resto de debilidad. No encontró ninguno.
—¿Sabes? —dijo al fin, y su voz se tiñó de esa falsa calma que usaba cuando estaba a punto de explotar—. Esto es exactamente de lo que hablaba. Tu inestabilidad. —Se enderezó con lentitud. — Mira cómo te comportas. Amenazas, delirios... obsesión por unas criaturas que ni siquiera merecen tu compasión.
—¡SON MIS HIJOS IMBECIL! —Poppy exploto por culpa de esa última frase, ella realmente se enfureció, ¿Cómo se atrevía a hablar así de sus hijos?, definitivamente odiaba a Elliot lo despreciaba con cada célula de su cuerpo.
Hizo un gesto vago con la mano, como si la desechara.
—Ya no voy a tolerar este espectáculo —continuó, en tono casi suave—. Te has convertido en un riesgo. Para mí, para la fábrica... y para ti misma.
Poppy sintió cómo el corazón le palpitaba en la garganta. Sus manos se crisparon contra su propia camisa, pero no desvió los ojos ni un segundo.
Elliot dio un paso atrás y alzó la voz, sin molestarse en mirarla de nuevo.
—Llévensela.
Dos guardias avanzaron desde la puerta. Poppy contuvo un temblor de repulsión cuando sus manos enguantadas se cerraron sobre su diminuto cuerpo.
—A partir de este momento, quedas bajo confinamiento —declaró Elliot, mientras se giraba hacia la camilla, con un brillo agrio en la mirada—. Hasta que recuerdes cómo comportarte. Hasta que vuelvas a ser útil.
Su voz descendió un tono, casi como si se hablara a sí mismo.
—Y sobre todo... hasta que aprendas a respetar mi autoridad.
Poppy no luchó. No gritó. Solo lo miró mientras la arrastraban hacia la salida, con una expresión tan calmada que era peor que cualquier amenaza.
Porque, aunque Elliot se creyera dueño de todo...
...él no sabía que estaba provocando su propia muerte.
—¡Elliot Ludwig! —Poppy llamo antes que se la llevaran haciendo que todos los demás se quedaron en silencio,
Los trabajadores se quedaron petrificados, sintiendo un estremecimiento bajarles por la columna.
No era su voz habitual. No era el timbre agudo y tembloroso de la muñeca de porcelana que todos conocían. Era un tono más grave, más denso, con la firmeza de una mujer adulta, cargada de algo tan oscuro que helaba el estómago.
Elliot giró sobre sus talones, como si un hilo invisible le hubiese tirado de la nuca. Su expresión de fastidio se borró al instante, reemplazada por un desconcierto que no se molestó en disimular.
Poppy lo miraba fijamente.
Sus ojos... algo no estaba bien en ellos. La pupila izquierda estaba velada por un enrojecimiento extraño, como un derrame interno que se extendía en finas venas rojizas por la esclerótica. El otro ojo, aunque conservaba su claridad, parecía apagado, sin brillo. Y, sin embargo, aquel azulado que tanto amo en el pasado parecía estar manchado de rojo en su iris, era extraño y paralizante a la vez.
Era como contemplar algo que ya no pertenecía del todo a este mundo.
Cuando habló de nuevo, su voz se deslizó por las paredes, fría como una cuchilla.
—Esta es la última advertencia que te daré.
El silencio fue absoluto.
—Si tocas a mi hijo... —continuó, y su iris izquierdo pareció oscilar con un reflejo carmesí, sutil — Si le haces daño... si te atreves a lastimarlo una vez más...
Se inclinó ligeramente hacia adelante, como si se alimentara del propio terror que estaba despertando.
—Voy a hacer que el infierno... —una pausa, breve, cargada de un odio tan puro que dolía escucharlo— Sea un lugar amable comparado con lo que te voy a hacer a ti y a tus trabajadores.
Los guardias intercambiaron miradas, realmente sorprendidos por como Poppy actuaba. Elliot se quedó inmóvil, con los labios entreabiertos, y por primera vez, algo parecido a la duda enturbiando su arrogancia.
Y luego, sin esperar respuesta, Poppy dejó caer el silencio de nuevo, mientras la llevaban por el pasillo.
—Señor, ¿está bien? —preguntó una de las enfermeras, su voz apenas un susurro tembloroso. Observaba a Elliot con el ceño fruncido; el fundador se había quedado allí, plantado en mitad del pasillo, quien permanecía inmóvil.
Durante un instante no respondió. Solo un escalofrío recorrió su espalda, crispándole los hombros, mientras su mirada permanecía fija en el lugar donde momentos antes habían arrastrado a Poppy.
Entonces parpadeó, y su semblante recuperó aquella máscara pulida de control. Inspiró hondo, soltando un suspiro que tembló de forma casi imperceptible.
—No importa —dijo con voz baja y desdeñosa, su sonrisa torciéndose de manera extraña—. Poppy... sólo habla estupideces.
Se dio media vuelta despacio, como si el movimiento le costara, y empezó a alejarse con paso resuelto, aun y dolía su brazo, pero no le importaba.
—Tengo cosas que hacer... —añadió mientras se dirigía a la puerta. La mano le tembló apenas un segundo sobre el marco—. Estaré muy ocupado. No quiero que nadie me moleste.
Mientras se marchaba, su sonrisa se ensanchó hasta deformarse en una mueca extasiada, tanto que sus mejillas se encendieron de un rubor malsano.
Y aunque se obligó a caminar con aparente dignidad, su respiración agitada y la forma en que bajó la mirada delataban un secreto más turbio, la repulsiva excitación que se enroscaba en lo más bajo de su ser.
Sin volver a mirar atrás, Elliot desapareció en el corredor.
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A unos pasillos de distancia, Rabie Baby permanecía inmóvil, apoyada con el hombro en la pared desconchada. Sus largas orejas de murciélago vibraban imperceptiblemente, recogiendo cada sílaba que se filtraba desde la enfermería.
Sus pupilas parpadearon con desdén.
Hizo una mueca lenta, molesta, mientras entrelazaba los brazos sobre el pecho. La conversación había sido tan predecible y, a la vez, tan estúpida que una parte de ella se preguntaba si Elliot no estaba sencillamente buscando su propia ruina.
— "Qué imbécil" —pensó. Había tenido su última oportunidad.
Un crujido suave, húmedo, resonó arriba de su cabeza. No se sobresaltó. Estaba demasiado cansada para gestos innecesarios.
Entre la penumbra del techo, Icky Lucky se deslizaba con una facilidad viscosa, apoyando sus dedos palmeados hacia el techo. La rana descendió con un movimiento elegante, como si la gravedad apenas le importara. Sus grandes ojos parpadearon hacia Rabie con curiosidad.
—¿Y bien? —preguntó Icky, su voz era grave y hueca, como un croar amortiguado—. ¿Qué ha decidido el viejo bastardo esta vez?
Rabie Baby chasqueó la lengua, su expresión crispada de irritación.
—Lo de siempre —masculló—. Arruinar todo por la perra de Catnap —Inclinó la cabeza, sus orejas recogiendo cualquier resto de sonido antes de dar su veredicto—. Elliot... desperdició su última oportunidad de vivir.
Icky ladeó su ancha cabeza, inquieto.
—¿Crees que...?
—Sí. —Rabie se incorporó de la pared con un solo impulso. Su voz, baja y fría, no admitía discusión, aunque una parte de ella estaba feliz por el resulto, después de todo ella estaba más que feliz por lo que vendría—. Es momento de que nuestro dios se entere.
Sus pupilas centellearon con un brillo acerado.
—Ve a darle el aviso al Prototipo. —Se permitió una sonrisa pequeña, carente de calidez—. Dile que la orden de Poppy es proceder con el plan.
Icky respiró hondo, pero al mismo tiempo sonrió de emoción, porque sabía que era lo que los seguidores del 1006 querían y esperaban con tanta ansiedad, que por un momento pensaba que nunca lo obtendría, aunque el camino de Poppy no era del todo malo, pero aun así estaban tan cansados de la mierda de los humanos, que solo querían ser libres.
—Al fin... —susurró, casi en un siseo—. Pensé que nunca llegaría este momento.
—Pues llegó —murmuró Rabie Baby, sin apartar la mirada del pasillo vacío donde se había perdido la figura de Elliot. Su expresión era un lienzo de desprecio y un fervor frío—. Ella quiso hacer las cosas a su manera, con toda esa paciencia... pero ya ves. Les das la mano, y te arrancan el brazo.
Icky se irguió, su delgado cuerpo temblando de anticipación.
—Qué podemos esperar de esos demonios, ¡Ja!, seres despreciables. Supongo que ya es hora de por fin cobremos venganza. —Exclamo con felicidad retorcida.
Rabie rodo los ojos. — Solo apresúrate.
Icky solo a sitio. La represalia que los más fieles esperaban con un fervor casi religioso.
—Lo que tu digas, jefa—se rio la rana, mientras daba un salto pegándose de nuevo en el techo y comenzó a retirarse rápidamente, dejando a Rabie sola—. Se enterará de todo.
El murciélago solo miraba a la nada y ella sonrió en silencio. —Supongo que mi señor tenía razón, cuando nos pidió que presionáramos más al compartir su palabra. —Expreso el juguete blanco con rosa, mientras comenzaba a retirarse también.
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Catnap despertó con un espasmo, un gemido gutural que le nació desde la garganta reseca. La luz mortecina del foco en el techo le golpeó los ojos dilatados, obligándolo a parpadear una y otra vez mientras sentía que la cabeza le palpitaba con cada latido del corazón. Todo su cuerpo estaba pesado, como si su sangre hubiera sido reemplazada por plomo. El sabor químico de la droga le llenaba la lengua.
Tardó un instante en registrar dónde estaba. Una habitación amplia, pero estéril, con paredes blancas sin una grieta, y una puerta de metal que se alzaba sólida, sin cerradura visible. Era una celda. Una hecha a su escala, pensada para contener a juguetes como él.
Intentó incorporarse, pero las patas le flaquearon, obligándolo a apoyarse en un costado mientras respiraba con dificultad. La memoria llegó de golpe, como un zarpazo, la imagen de Elliot asustado mientras se lanzaba hacia él para asesinarlo y luego solo estaba en el suelo mientras miraba a la distancia a su lindo perrito que estaba en shock y en una extrema preocupación.
—Dogday... —murmuró, su voz ronca, irreconocible.
Un temblor le recorrió el lomo, la ansiedad despertando con la violencia de un animal enjaulado. ¿Dónde estaba? ¿Qué le habían hecho?
Catnap alzó la cabeza y, al no encontrar respuesta, algo se quebró dentro de su pecho. Un rugido furioso se ahogó en su garganta cuando se lanzó contra la pared. Su garra estalló en un estrépito seco sobre la superficie dura, dejando cuatro surcos profundos en la pintura. No le importó. Arañó otra vez, buscando librarse de esa prisión.
—¡SAQUENME DE AQUÍ! —bramó, su voz resonando como un trueno contenido, rebotando en las paredes—. ¡¿DÓNDE ESTÁ?! ¡¿DÓNDE ESTÁ DOGDAY?!
La puerta permaneció inmóvil. El silencio, peor que cualquier respuesta. Golpeó con todo su cuerpo, arañó hasta que las garras se tiñeron de rojo, su respiración se volvió un jadeo afónico.
—¡Hijos de perra! —gimió, dejando caer su frente contra la puerta metálica—. Por favor... por favor...
Fue entonces que un susurro, suave como un roce de aire, llegó desde lo alto, necesita salir estaba muy asustado, no sabía que le habían hecho a su solecito.
—Catnap...
El felino alzó la cabeza de golpe, sus orejas comenzaron a buscar de nuevo la voz de ese alguien llamándole. Sus pupilas dilatadas encontraron un punto oscuro en el ducto de ventilación, justo donde una rejilla cerca del piso, que hizo que el felino aun tambaleante se levantara y caminara hacia el lugar.
—¿Quién eres? —gruñó, exigiendo una respuesta.
Una figura pequeña, del tamaño de un peluche infantil, emergió con cautela. Tenía un cuerpo regordete, cubierto por retazos de tela parchada, y dos ojos como los de un conejito.
—No grites —pidió con voz fina, casi temblorosa—. Soy amigo. Me enviaron para avisarte.
Catnap solo suspiro aliviado, sabiendo que no estaba solo y ya su señor y probablemente Poppy ya estuvieron actuando al respecto por su situación, era lo más lógico que podía pensar.
—¿Avisarme qué? —espetó, las garras manchadas de sangre tensas sobre el suelo.
—El Prototipo lo sabe todo —explicó el pequeño juguete, su voz bajando aún más—. Sabe lo que hicieron contigo... y con Dogday. Esta noche habrá una reunión secreta. Todos los juguetes estaremos allí. Dirán qué pasará ahora.
Por un momento, Catnap no pudo procesar aquellas palabras. Todo lo que escuchaba era el propio corazón, golpeando con furia sorda en sus costillas.
—¿Dogday donde esta?, ¿Qué paso con él? —preguntó al fin, su voz rompiéndose en la última palabra, se alteró la sola idea de que lo lastimaran lo enfermaba.
—No lo sé. Solo dijeron que lo tienen apartado, no sabemos aún en que celda lo ocultaron —respondió el pequeño con tristeza—. Pero... no pierdas la esperanza. El Prototipo hará algo.
—¿Y qué hay de Poppy?, ¿Ella también sabe sobre esto? —El felino aun quería saber que había pasado con esa muñeca o como es que en su mente sentía que había permitido todo esto, se suponía que ella había dicho que Elliot no volvería a lastimarlos, entonces no entendía como es que ese enfermo de nuevo los torturaba.
EL juguete callo unos segundos y respondió. —También se la llevaron, al igual que a ti la pusieron en una celda. —Explico el juguete, mientras miraba con tristeza por la noticia, una de sus lideres habían sido atrapadas por lo que el padre de los juguetes ahora tenía el poder de tomar una decisión.
Catnap cerró los ojos con fuerza, sin poder creer como habían acabado las cosas, ni siquiera Poppy pudo detener la ira de aquel demonio infeliz, todo se había ido a la mierda en tan solo unas horas, y el solo recuerdo de aquella pequeña pulsera que iba a entregarle cuando todo acabara se volvió muy doloroso de soportar. Porque sería un signo de la libertad de ellos.
Sus garras se cerraron sobre el suelo. Respiró hondo, limpiándose la sangre de las patas con un gesto mecánico. Cuando habló, su voz era apenas un susurro cargado de un odio antiguo.
—Esperare las ordenes de mi señor. — Su mirada ardió, fija en el ducto—. Porque me asegurare de quemar todo a mi paso.
El pequeño juguete asintió en silencio antes de volver a internarse en la rejilla, dejando a Catnap solo. Solo con su furia, su miedo... y el amargo recuerdo de lo que estaba a punto de perder.
Hasta que escuchó que alguien comenzaba a abrir la rejilla de la puerta, haciendo que su instinto de defensa se encendiera de inmediato. Sus garras se alzaron, el lomo erizado, mientras un chillido bajo se acumulaba en su garganta.
La rejilla cedió despacio, con un chirrido metálico, y por el hueco asomó un rostro que Catnap reconoció al instante: Ojos esmeraldas enrojecidos por el cansancio, el cabello negro recogido en un moño desordenado. La bata blanca que siempre trataba de mantener limpia ahora ya hacia sucia.
Jane.
Por un instante, Catnap no supo qué sentir. El odio se mezcló con un alivio corrosivo, tan contradictorio que lo dejó casi mareado. Parte de él quería arrancarle la garganta por ser una humana. Pero al mismo tiempo fue la aliada más valiosa contra Elliot y Harley, una amiga en la que podía confiar, en especial cuando lo cuidaba mucho cuando acudía a ella para curarlo.
—Catnap... —jadeó ella, con voz urgente—. Gracias a Dios que sigues vivo.
Él no respondió, realmente estaba cansado para responder, pero admitía que estaba aliviado de alguna manera. Jane se inclinó más para que pudiera verla de lleno, sus manos crispadas alrededor del borde de la rejilla.
—Escúchame bien —continuó, bajando la voz—. No hay mucho tiempo. Me enviaron a decirte que Poppy... ella... me pidió que viniera a ayudarte.
—¿Ayudarme?, ¡No!, deberían estar ayudando a Dogday ahora mismo. —Exigió el felino mientras se acercaba a la rejilla y miraba con seriedad a la científica.
—Por dios Catnap, no seas necio. Tú no sabes en el peligro que estas. —Replico la mujer molesta que su paciente sea tan terco, mientras solo se jalaba el cabello con exasperación. —Escucha, Poppy quiere que sepas que están haciendo todo lo posible para encontrarte una salida... y protegerte, debes estar bien... porque debes proteger a Dogday.
Por un instante, Catnap sintió que el suelo se tambaleaba bajo sus patas.
—¿Y Dogday? —preguntó entonces, la voz quebrada de pura rabia—. ¿Qué sabes de él?
Jane bajó la mirada. Su silencio lo hizo sentir como si algo se rompiera dentro de su pecho.
—No lo sabemos —respondió con honestidad—. Fue Elliot quien ordenó que se lo llevaran. Nadie más... ni siquiera los demás científicos de nivel alto saben dónde. Solo él... y los guardias que participaron. He preguntado, he revisado los registros... no hay nada, aun sigo investigando.
Catnap gruñó con un odio que le subía por la garganta como bilis.
—Tienes que encontrarlo. —Pidió el felino casi como un ruego.
—Eso hare... —tragó saliva—. Tengo que hacerlo lo más pronto posible... no sé qué demonios podría hacer Elliot... ese maldito enfermo. —Gruño ella con odio.
El silencio se hizo pesado como plomo. Catnap cerró los ojos un instante. Imaginando que Dogday realmente la pasaba muy mal, ni siquiera podía pensar con claridad encerrado.
Sabía exactamente a qué se refería Jane con antes de que sea tarde.
—Si le pasa algo... —musitó, con un susurro tan bajo que ella apenas lo oyó—. No quedará nada en este lugar. Nada.
Jane asintió con un nudo en la garganta, porque sabía lo que pasaría. Poppy se lo conto todo, ella era la única humana que sabia y, aun así, estaba dispuesta a vender a los suyos, para saldar sus pecados.
—Lo sé. Y... —miró hacia el pasillo, con un sobresalto—. No tengo más tiempo. Vienen los guardias a hacer un chequeo.
Se apartó con un movimiento brusco, pero antes de que la rejilla se cerrara del todo, sus ojos se encontraron una última vez.
—Te lo prometo —dijo en voz baja—. Buscaré la forma de sacarte antes de que... antes de la cirugía. No te rindas.
Y entonces la rejilla volvió a encajarse en su lugar con un leve clic. La silueta de Jane desapareció, dejándolo otra vez solo.
Pero el silencio ahora era distinto.
Peor.
Más frío.
Y mientras Catnap volvía a apoyar la frente contra la puerta, con las garras pulsando de rabia y miedo, pensó en la caja que aún guardaba en su escondite secreto.
La pequeña pulsera de compromiso que nunca había llegado a poner en la pata de Dogday, realmente el felino quiso morir porque por poco podía pedirle matrimonio a su precioso sol. Solo deseaba vivir su vida con él.
Ahora no sabía que pasaría en ese maldito lugar.
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La celda era un cubo perfecto de metal blanquecino, iluminado por una luz fría que no parpadeaba nunca. Allí, sentada con las piernas cruzadas y las manos sobre las rodillas, Poppy parecía una figura de porcelana en quietud absoluta. Sus ojos, sin embargo, no estaban vacíos, quien la viera desde fuera habría pensado que meditaba, que dormía o que se había resignado. Pero detrás de esa calma glacial, su mente trabajaba con precisión. Calculaba rutas de escape, enumeraba aliados, repasaba las debilidades de Elliot Ludwig como si fueran salmos.
Porque si ese enfermo tocaba a su pequeño, ella lo mataría, se arrepintió de no haberle clavado el cuchillo en ese momento que lo amenazo. Pero ya no había hora de arrepentimientos, solo acciones y ella haría que él realmente se arrepienta.
Entonces, un sonido interrumpió ese silencio espeso, un leve golpeteo en la rejilla de ventilación, seguido de un chirrido metálico. Sus párpados se alzaron con lentitud mientras giraba la cabeza. La tapa de la rejilla se abrió un par de centímetros. Entre las sombras, un par de ojos vidriosos brillaron.
—¿Poppy? —susurró una voz aguda. Era un juguete pequeño, un esbirro del Prototipo. Un ratón de peluche adornando los moños en su cabeza. Llevaba algo aferrado contra el pecho: un teléfono viejo y pesado, de color negro.
Poppy no se levantó, pero su mirada adquirió un brillo distinto, un brillo peligroso.
—El señor quiere hablar contigo —dijo el conejito, metiendo el teléfono por la abertura con manos temblorosas.
Ella se levantó con calma caminando hacia la ventilación, estiró un brazo y lo tomó, llevándolo con cuidado a su regazo. Por un instante, se quedó inmóvil, como si el aparato pesara toneladas. Luego, con un pulso apenas perceptible, presionó el botón que encendía la línea.
Un silencio eléctrico llenó la celda.
Y entonces, llegó su voz.
Profunda, Metálica, Terrible.
Desquiciada.
Una voz que parecía venir de un pozo sin fondo.
—Poppy.
Aun después de tanto tiempo, ese timbre le provocaba algo que no podía nombrar, pero en ese momento estaba tan concentrada en su dolor y preocupación por Dogday, que ni el miedo o el amor la cegaron en su estado emocional.
—Prototipo. —Ella contesto con frialdad.
—He recibido informes de los Nightmares —continuó el Prototipo, cada palabra tan lenta y contenida que dolía escucharla—. He sido paciente. He tolerado tus planes. Pero ahora... —La voz se crispó en un siseo cargado de furia, alternaba en cambiar en constantes voces totalmente diferentes, estaba enojado, se notaba en su tono, la furia que sentía no podía ser calmada, ni siquiera por ella y lo peor... ella lo entendía y apoyaba—. Se lo llevaron.
—¿Acaso esto significa que rompiste tu trato? —Pregunto seriamente el Prototipo con esa furia que no sabía cómo calmar y siendo sinceras, su voz tan llena de furia contenida que por un momento se distorsionó en un eco de mil voces superpuestas—. ¿Que tu promesa de mantenerlos a salvo era solo otra ilusión inútil?
Poppy cerró los ojos. Podía casi sentir su presencia al otro lado de la línea, como si la sombra enorme de su figura mecánica la aplastara contra el suelo, odiaba que el prototipo la hiciera sentir así, estaba harta de sentir esas emociones. Sabía que, si estuvieran enfrente del uno del otro los resultados serian bastante impredecibles a lo que se harían mutuamente.
—No —respondió con frialdad y seriedad, ella no había hecho nada malo—. No he roto nada.
Un silencio pesado se extendió, roto solo por su respiración entrecortada.
—Entonces explícame —siseó él, con esa calma enfermiza que solo precedía al desgarro—. Explícame por qué mi hijo está en manos de esos humanos despreciables mientras tú... —la voz se quebró, un rugido profundo que se ahogó antes de explotar—... mientras tú sigues hablándome como si todo esto fuera parte de tu plan.
El temblor en su mano aumentó. Pero ella solo se rio suave, por la maldita ironía de ese ser maquiavélico.
—¿Te parece que mi plan es estar aquí encerrada? —escupió Poppy con una risa rota, amarga, que le arañó la garganta—. ¿En este maldito hoyo de mierda mientras mi hijo está probablemente con Elliot?
Su voz se quebró de nuevo, pero sus ojos ardían, fijos en la rejilla de ventilación por donde se filtraba un hilo de aire viciado.
—¡Entonces explícalo! —escupió él, de pronto rugiendo con una furia que crepitaba como un incendio al otro lado de la línea—. ¡¿POR QUÉ ELLIOT SABIA LO DE MI HIJO?!
—¡PORQUE TENEMOS UN TRAIDOR! —estalló Poppy, su voz atravesando la celda como una cuchilla—. ¡ALGUIEN NOS DELATÓ! ¡ALGUIEN LE DIJO LO QUE ESTABA PLANEADO!
EL prototipo se calló de inmediato, lo que hizo el lado de su línea se quedara en silencio sepulcral, su imponente figura permaneció inmóvil, como una estatua esculpida en furia contenida, ojo encendido con un fulgor de muerte, se clavaron en un punto fijo en la oscuridad, la garra metálica que sostenía el teléfono temblaba apenas, pero no por miedo: por el deseo asesino de encontrar al culpable.
—¿Cómo lo sabes? — Un eco siniestro de la suya propia, imitando a Poppy con una cadencia que no parecía humana.
La simple idea de un traidor... la posibilidad de que alguien dentro de su círculo, dentro de sus dominios, hubiera vendido a su hijo, violado su confianza, pisoteado el futuro que estaban construyendo... le hizo hervir la sangre. Sentía el impulso primitivo de desgarrar carne, de arrancar verdades entre chillidos. Su apetito se despertó, hambriento, no de alimento... sino de castigo.
En la celda, Poppy se llevó una mano temblorosa al rostro, limpiándose las lágrimas con dedos tensos. Trató de calmar la tormenta que sentía crecer dentro de su pecho, pero era imposible. Su respiración seguía entrecortada, su garganta apretada por la impotencia.
—Elliot me dio una carta, que le dejaron por debajo de su puerta. En ella relata lo que Dogday hacia con Catnap y como yo iba a traicionarlo, además de que le quitaría todo. —Explico con frustración de tan solo recordarlo. —Se hacía pasar por un trabajador... pero siendo sincera... no creo que haya sido un trabajador.
Poppy había leído esa carta tantas veces, escondida entre sus ropas, que ya había analizado cada palabra, cada detalle. La información contenida era demasiado precisa, demasiado exclusiva. Apenas unos pocos conocían esos secretos, y entre ellos no había lugar para ningún trabajador común. Había descartado todas las opciones posibles, y, aun así, el misterio seguía intacto: no tenía ni la más mínima idea de quién podría ser el traidor.
La respiración de 1006 se volvió pesada resonando en la línea. Luego, con una voz que parecía teñida de una oscuridad enfermiza y fría, admitió. —Si esto es cierto... el traidor pagará un precio que ni siquiera imaginaría. Lo castigaré hasta que su alma ruegue por la muerte, y cada segundo de su agonía será un recordatorio de su traición. Porque mi hora de la alegría será su perdición....
Poppy suspiró, agotada y con el corazón apretado por la creciente marea de caos que los envolvía. La incertidumbre sobre Dogday la consumía por dentro, una herida abierta que parecía no cicatrizar. Se sentía miserable, atrapada en un tormento que parecía no tener fin.
El Prototipo, sin embargo, no dio tregua.
Un escalofrío recorrió el cuerpo entero de Poppy, helándole la espalda como una sentencia inminente. Pero, aun así, obligó a su mente a mantenerse clara, a no caer en el pánico. Sabía que no podía perder el control, no ahora. Había demasiado en juego... más de lo que el propio 1006 comprendía.
Él no lo sabía. Nadie lo sabía.
Solo ella... y quizás Jane.
—¡No! —Poppy contesto y negó de inmediato. Eso hizo que el Prototipo se enfureciera al otro lado de la línea, Ella no podía saberlo, pero en ese mismo instante, el Prototipo contenía su rabia de manera tan precaria que apenas parecía una criatura consciente. Bajo su enorme forma encorvada, la pata metálica seguía hundida en la cabeza del pequeño juguete mensajero que había osado acercarse, aplastándolo hasta convertirlo en una masa irreconocible de carne.
—¿Qué fue lo que dijiste? —Preguntó al fin, su voz deformada por un filo inhumano, como si hablara una entidad que apenas recordaba cómo se imitaba el habla de un hombre.
El resplandor en su único ojo rojizo se intensificó hasta teñir de luz la estancia. Su respiración se volvió un siseo áspero y mecánico, cargado de un odio tan absoluto que el aire alrededor de su chasis vibraba y ondulaba bajo un calor sofocante. Era evidente que su mente no alcanzaba a concebir que Poppy se atreviera siquiera a pronunciar aquella palabra, esa única negación que parecía escupir en su autoridad.
—¡Dije que aún no! —Ella repitió con severidad. — Tú, ni nadie en esta fábrica conoce lo que Elliot es capaz... yo soy la única que ha vivido el verdadero infierno con ese hombre. —Su rabia comenzaba aumentar y comenzaba a escupir ese veneno que la mataba por dentro, por cada maldita cicatriz que Elliot le dejo en su cuerpo y al igual que mental, porque ella estaba rota por culpa de su padre y el que creyó que fue su amigo Harley.
—¡Mi Dogday no tiene tu tiempo para planear tu salvación!, ¡mi Dogday debe salir ahora mismo del lugar donde lo tienen! —Ella siguió hablando liberando su angustia y su odio por Elliot, en especial su preocupación por su hijito. — ¡Porque si no lo encuentran a tiempo!, ¡MI HIJO SUFRIRA LO MISMO QUE YO SUFRI!, ¡ASI QUE NO PROTOTIPO!, ¡NO TENGO TIEMPO PARA TU HORA DE LA ALEGRIA! —Ella rugió bastante autoritaria y llena de bilis, ni siquiera le importaba pelearse con su pareja, solo quería a su hijo de regreso.
—¡¿Y TU CREES QUE MI HIJO TAMBIEN TIENE TIEMPO?! —Rugió el Prototipo al otro lado de la línea, su voz tan distorsionada por la furia que por un segundo pareció un coro de metales rotos. El pequeño juguete que estaba como espectador solo se estremeció, no era algo que debía saber.
Poppy se quedó helada. Sus labios temblaron. Él... estaba igual de herido que ella. Igual de aterrorizado.
—¡POR ESA MISMA RAZÓN TE DIGO QUE NO PUEDES HACERLO AHORA! —exclamó la muñeca, su voz temblaba entre la agitación y el desgarro, mientras sus ojos se inundaban de lágrimas que empezaban a rodar por sus mejillas encendidas, sollozando con dificultad. —Escucha... —pidió entrecortada—. Tu plan está bien pensado, demasiado detallado... podríamos organizarlo en un día, máximo dos... pero no puedo darte ese tiempo. Necesito que me ayudes a encontrar a Dogday... él no tiene un minuto que perder. A diferencia de Catnap, a quien envié a Jane, para que lo cuidara mientras tanto...
El silencio al otro lado de la línea fue tan pesado que por un instante creyó que el Prototipo había colgado. Poppy se llevó una mano al rostro, presionando su frente mientras su respiración se rompía en jadeos. El pequeño juguete que había traído el teléfono la miraba con un miedo reverencial, como si fuera testigo de algo que ningún otro debía ver.
—Te atreves... —exhaló, su tono bajo, casi un murmullo mecánico—. Te atreves a pedirme contención... ¿después de lo que esa basura humana hizo?
—¿Crees que no entiendo tu rabia? ¿Crees que no la comparto? ¡Yo también sufro porque se llevaron a Dogday, ¡yo también quiero arrancarles la garganta con mis propias manos! —Se inclinó hacia el auricular, como si pudiera acercarse más a él—. Pero si fallamos en este momento... si hacemos un movimiento precipitado... Elliot les hará algo tan horrible a ambos que no tengo palabras para describir como será.
Se hizo otro silencio, cargado de algo tan amargo que dolía respirar.
—Por eso te lo suplico... —susurró, su voz un temblor de derrota y determinación—. Ordena a tus seguidores que busquen a Dogday. Que rastreen a cada guardia, cada puerta, cada laboratorio si es necesario. Necesito protegerlo de ese enfermo... n-no quiero. —Ella comenzó a hiperventilarse, aun podía soñar con esas pesadillas de su pasado, al mismo tiempo que bajaba su mano hasta su vientre, donde se encontraba esa horrible cicatriz. —Que sufra el mismo destino que yo...
—Y Jane... —la voz del Prototipo se suavizó apenas, probablemente sea porque odiaba que Poppy llorara y no sea provocado por él, pero aún se mantenía amenazante porque la rabia de que se llevaran a Catnap aun persistía, como un cuchillo que vuelve a deslizarse en la herida—. ¿Puedes confiar en ella?
Poppy cerró los ojos, respirando hondo.
—Es de las pocas humanas que realmente ha sido nuestra aliada y lo sabes. Si alguien puede mantener a Catnap con vida y a salvo... es ella.
Durante un segundo, la línea quedó sumida en un silencio tan denso que ni siquiera se oía el zumbido eléctrico de su respiración artificial. El Prototipo no emitía un solo sonido, como si toda su maquinaria se hubiera congelado al borde de algo irreparable. Hasta que, al fin, su voz regresó, más baja, tan extrañamente humana que costaba reconocerla.
—Muy bien —murmuró, con un cansancio antiguo que se filtraba entre cada sílaba. Era evidente que no sabía manejar aquellas emociones, que toda esa rabia y ese miedo lo desgastaban más que cualquier batalla—. No tienes idea de lo que me cuesta... pero confiaré en tu juicio, aunque me cueste la cordura. —Hizo una pausa, como si reuniera las últimas migas de control—. Que comience la búsqueda.
Y Poppy, al oírlo, permitió que su cuerpo se desplomara de rodillas, mientras el teléfono temblaba en su mano. La adrenalina que la había sostenido hasta ese instante se disipó de golpe, dejándola con el corazón palpitando y la garganta abrasada.
—La carta... —murmuró entonces el Prototipo, su voz un poco más firme, aunque seguía filtrándose aquella vibración metálica que delataba su esfuerzo por contenerse—. Quiero verla con mis propios ojos.
Poppy respiró hondo, obligando a sus manos a obedecer. Se inclinó hacia el pequeño juguete mensajero, que esperaba con un respeto casi reverente, y deslizó la carta doblada con cuidado junto al teléfono, sus dedos temblando por el peso de todo lo que significaba ese papel.
—Aquí tienes —susurró, sin fuerzas ya para alzar la voz—. Entrégasela.
El juguete asintió en silencio. Poppy mantuvo la mirada en su diminuta figura, como si en ella depositara las últimas hebras de esperanza que le quedaban.
Antes de que la conexión se cortara, Poppy susurró, con la voz quebrada pero decidida. —Sigue el plan. No podemos fallar.
Un último destello de esperanza brilló en sus ojos antes de que la línea se volviera muda, y Poppy quedó sola en la penumbra, con la incertidumbre apretando su pecho.
Ella solo miro la puerta de metal esperando su oportunidad para salir y salvar a sus hijos, y tal vez poder recuperar el control.
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Dogday despertó con un espasmo doloroso que le recorrió la columna entera. Un gemido se le escapó al notar la punzada aguda en su costado y la garganta tan seca que apenas podía tragar. Su cuerpo estaba sucio con manchas de sangre seca que se adherían a su pelaje revuelto.
Tardó varios segundos en reunir el valor de abrir los ojos. La penumbra de la celda lo recibió con un silencio tan opresivo que sintió deseos de gritar. A diferencia de otras salas de confinamiento que conocía, ésta contaba con una colchoneta estrecha, algo más mullida que el suelo de concreto, y una manta doblada con una pulcritud casi burlona. Todo parecía preparado para que permaneciera allí mucho tiempo.
—¿Dónde...? —su voz salió rota, apenas un susurro.
Un temblor le sacudió las extremidades mientras se incorporaba con esfuerzo. El mareo era tan intenso que por un instante creyó que volvería a desmayar. Cuando sus recuerdos regresaron, llegaron todos de golpe: el forcejeo con los guardias, la mirada aterrada de Elliot, su propia voz gritando hasta quedarse sin aire... y luego aquel dolor insoportable que le incendió los huesos antes de sumirlo en la nada.
Dogday alzó las manos temblorosas y se cubrió el rostro, mientras las lágrimas comenzaron a deslizarse por su hocico.
—No... Catnap... —jadeó—. Necesito buscarlo...
Sollozó con la frente apoyada en las rodillas, encogiéndose en un intento inútil de hallar consuelo. El silencio, sin embargo, no tardó en quebrarse.
Un sonido mecánico se activó en el cerrojo de la puerta. El metal rechinó al deslizarse, y una línea de luz blanquecina se filtró en la celda. Dogday alzó la vista, con el pecho sacudido por un pánico instintivo.
La puerta se abrió con lentitud, como si el momento fuera planeado con un sadismo deliberado. Y entonces, una figura llenó el umbral: alta, erguida, con su típica vestimenta de traje aún salpicada de manchas oscuras.
Elliot estaba allí.
Sus ojos parecían dos brasas fijas en Dogday. Y en su rostro se dibujaba una sonrisa torcida, de una devoción enfermiza que helaba la sangre, además que no estaba solo pues un par de guardias lo acompañaban.
—Vaya... —susurró con un deleite que no necesitaba elevar la voz—. Qué suerte que por fin despertaste...
La puerta se cerró tras él con un golpe que pareció sellar la condena.
☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Comentario de la escritora☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*
¡Holaaaaaaaaaaaaaa!, ¡Mis queridos lectores!
Otro capitulo mas uwu en este bonito domingo, uff bueno les dejo el capitulo para que puedan leerlo temprano, mientras tanto voy estar haciendo que hacer en mi casa uwu.
Ultimamente me he dado cuenta que estos capítulos son lentos en la historia, y lo lamento pero como saben soy de preparar el tablero antes de meter algo dramático o explosivo como lo he hecho antes. Este cap es uno de estos, que primero empieza lento se prepara todo y pum antes de que te des cuenta ya se fue todo a la mierda.
Porque si todo se esta llendo a la mierda, capturaron a los hijos de Poppy y 1006, y no sabemos que pasa con Dogday mas que esta en una celda que Elliot le puso TwT, demasiada intriga y miedo se puede sentir en el aire en este fanfic.
Sobre todo la conversación de los lideres de como Poppy sabe el infierno que pasara Dogday si no lo rescatan a tiempo y como 1006 esta desesperado por hacer realidad su salvación, todo esta mal en ambos lados, y ni hablemos de los pobre juguetes la incertidumbre de que pasara.
Asi... que ¿Qué les parecio este cpaitulo? Jejej, para mi se esta llendo muy rápido la semana, en especial porque ya pronto se acerca diciembre!!!!, personalmente es un martirio para mi, porque tengo que dar una clase para ejecutivos en mi trabajo el 3 de diciembre y es una mierda!!!, porque aun no termino la presentación y las actividades, pero es que no quiero hacerlo!!!
TwT me aburre de sobre manera dar clases, por algo me anote como programadora no como maestra XD jajaja pero a si son los trabajos, todos mierdas y solo estas por el dinero jajaja.
En fin, también estaba pensando en abrir un nuevo especio, pero exclusivamente mio donde suba todos mis dibujos e ideas, como futuras noticias de todos los fanfics y de todos los fandoms que pertenezco, o abrir una pagina en Facebook y ahí dar mas actualizaciones de todo.
Pero aun estoy pensándolo, además de que ya debo a ponerme a dibujar xd para dar mas contenido, pero de plano o no tengo energía o trabajo y el poco tiempo que tengo me la paso escribiendo o viendo mis animes TwT.
Ahg deseo tener mas tiempo personal y energía, asi que disfruten de sus tiempos personales como sus hobbits porque luego cuando trabajas TwT todo se va a la mierda pipipi. En fin bueno hasta el siguiente domingo mis lectores uwu los estaré leyendo y no duden en dejar sus comentarios con sus opiniones uwu.
Los amo!!
psd:Voy a cambiar la numeracion de los capitulos porque me di cuenta que hay muchos errores de forma numerica TwT, asi que no se preocupen solo organizare todo esta semana.