ID de la obra: 144

Lejos de tus ideales.

Mezcla
NC-21
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10
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planificada Maxi, escritos 1.040 páginas, 491.653 palabras, 47 capítulos
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Capitulo XXXIX. Cuando todo se derrumba parte II final.

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El silencio de aquella celda era tan absoluto que parecía un sepulcro. Ni siquiera el zumbido de los sistemas de ventilación rompía esa quietud. Poppy estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared metálica, Llevaba horas, las manos cruzadas sobre el regazo y los ojos abiertos, fijos en la puerta que la separaba del resto del mundo. Cualquiera que la mirara desde fuera creería que estaba dormida o en un estado de letargo profundo, pero no podía estar más despierta. Por dentro, todo ardía. La rabia era un animal que le respiraba en la nuca, clavándole las garras en la columna cada vez que recordaba el rostro de Elliot. El miedo era otro monstruo, más silencioso, que se deslizaba por su garganta cada vez que pensaba en Dogday. Y en medio de esos dos extremos, latía una certeza única y venenosa, en la que esta noche sería la última en que permitiría que la subestimaran. Un golpe sordo resonó al otro lado del pasillo, como si algo pesado se hubiera caído o probablemente también sea los ruidos de la ventilación o el eco de estas, ya que los juguetes pequeños habían captado la orden del Pro tipo para buscar con desesperación a Dogday, por lo que se podían escuchar los ruidos de estos al moverse por los ductos. El plan ya estaba en marcha. Sabía que, en algún punto de la fábrica, los Nightmares y los Smalling Critters se preparaban, ella ya había planeado un plan de contingencia, el prototipo se lo advirtió y ella escucho. Nunca pensó que tendría que utilizarlo y ahora se aseguraría que todo ardiera, aunque en lo más profundo de su interior deseaba que Elliot recapacitara y dejara ir a su hijo, para evitar la hora de la alegría Pero sabiendo las cosas eso sería imposible. Sabía que el Prototipo estaba esperando una señal para comenzar. Su única función era aguardar el momento, hasta que escucharan la noticia de Dogday, por ahora Catnap estaba a salvo y eso es lo que contaba. Cuando llegara, se pondría de pie y caminaría hasta donde retuvieran a su hijo, aunque tuviera que incendiar cada pasillo a su paso. Una gota de sudor le recorrió la mejilla. Solo cerró los ojos un instante, respiró hondo, y cuando volvió a abrirlos, ya no quedaba ni un asomo de temblor en su mirada. Fuera de aquellas paredes, todo estaba a punto de estallar. Poppy inspiró hondo, llenando sus pulmones con aquel aire estancado que olía a óxido y a suciedad. Cerró los puños hasta que sintió la piel de sus nudillos tensarse, casi quebrarse. —Un poco más... —murmuró, su voz apenas un soplo—. Un poco más, Dogday. Espérame. Aquella pequeña madre solo esperaba con impaciencia la noticia del paradero de su hijo, aquel sol que la rescato del abismo. ☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* La puerta metálica se abrió con un quejido largo que hizo a Catnap tensar cada músculo. Durante un instante, pensó que eran los guardias que venían a llevárselo por fin a esa cirugía de la que tanto susurraban. La luz blanca del pasillo se coló en la celda, dibujando la silueta de Jane. La doctora cargaba una bandeja de acero, donde se veía un bol con papilla tibia. Humeaba junto a una pequeña botella de agua. Jane le sonrió con suavidad, aunque la fatiga se le notaba en los párpados. Llevaba el cabello recogido en un moño que empezaba a deshacerse. —No es mucho —dijo en voz baja. — Pero te dará algo de fuerza. Necesitas comer, Catnap. Por un instante, él no respondió. Simplemente la miró, con la desconfianza grabada en sus pupilas amarillas. Pero al final asintió despacio. Jane era... distinta. Entre todos aquellos humanos que le habían hecho daño, ella era de las pocas a las que podía mirar sin odiar del todo. Después de todo ella ayudo mucho en su causa, haciendo que Poppy pudiera deshacerse de las científicas que lo violaban. —Gracias —murmuró con un hilo de voz. Se incorporó un poco mientras Jane le ayudaba, sosteniendo el recipiente para que pudiera tragar, a lo que Catnap lo tomo con una de sus patas. El alimento le quemó la garganta de lo débil que estaba, pero aun así siguió comiendo en silencio. Cuando terminó, respiraba con dificultad, exhausto. Jane bajó el cuenco y le pasó un paño por la comisura de la boca, como si fuera un niño enfermo. Luego revisó con cuidado las heridas de su costado, después de todo ella seguía siendo su doctora y era su deber como profesional, asegurarse que su paciente estuviera bien. —Están buscándolo —le dijo en un susurro mientras evitaba mirarlo de frente, por si alguien observaba por las cámaras—. Dogday. Ya se están moviendo para encontrarlo. Y... —hizo una pausa para tragar saliva—. Si algo sale mal, quiero que estés listo. ¿Me oyes? Si escuchas que la alarma suena, si todo se vuelve un caos... ese será el momento. Catnap abrió los ojos con un destello de esperanza que se apagó enseguida. —¿Y si llegan tarde? —preguntó en un hilo de voz ronco. —Si algo sale mal —repuso Jane, mirándolo de frente— Tienes que estar preparado. Mantente alerta. Yo... haré todo lo que pueda para protegerte. Catnap permaneció en silencio, tan sorprendido que por un instante olvidó el dolor que le punzaba cada fibra. No entendía por qué Jane se arriesgaba de aquella manera. Por qué mentía, se interponía, ponía en juego su vida y su posición... todo por proteger a un puñado de juguetes que, al final, no podían darle nada a cambio. —¿Por qué sigues estando de nuestro lado?, aun sabiendo que no hemos hecho nada por ti. —Pregunto el felino realmente curioso y triste al pensar que ella lo hacía solo por conveniencia, tal vez sea porque realmente es la única humana que lo ha tratado con dignidad al igual que los niños, que tanto protegía. La miró con esos ojos grandes, marcados por el cansancio y el miedo. Buscó alguna señal de duda en su rostro, alguna sombra de arrepentimiento, pero no encontró nada. Solo la misma serenidad firme que siempre la rodeaba. Jane notó su mirada y sonrió. Fue una sonrisa tan cálida, tan humana, que por un momento hizo que su pecho oprimido se aflojara. Como si, en medio de aquel infierno, alguien aún recordara lo que era la compasión. Pero aun así ella solo le dedico una sonrisa cálida, porque para ella era muy fácil esa pregunta. —Catnap soy su doctora, de todos ustedes los juguetes. Mi deber es cuidarlos y protegerlos. —Explico como si fuera lo más normal en el mundo, mientras aun revisaba el cuerpo del felino que permitía que ella lo tocara. Jane terminó de revisar la última herida y le acomodó con delicadeza la manta sobre las piernas, como si temiera que cualquier roce brusco pudiera hacerlo quebrarse del todo. Catnap la observó en silencio, con la garganta hecha un nudo que no sabía cómo desatar. —Tendrás que comer algo más tarde —le advirtió con su voz baja y profesional, aunque sus ojos delataban cierta ternura—. Si van a intentar cualquier locura ahí fuera... necesitas fuerzas. Catnap asintió apenas. Su mirada se perdió en la puerta de metal que lo mantenía prisionero, y el recuerdo de Dogday, solo y sin saber qué le harían, le clavó un puñal en el pecho. No podía permitirse el lujo de derrumbarse todavía. Jane pareció adivinar cada pensamiento. Sin añadir nada más, dejó sobre el piso la botella de agua y una pastilla contra el dolor. Se giró hacia la puerta justo cuando esta se abrió con un quejido metálico y un par de batas blancas asomaron en el umbral. Jane se volvió hacia la puerta justo cuando otros dos científicos aparecían en el umbral. Uno de ellos sostenía un portapapeles que revisaba con el ceño fruncido. —Doctora Jane —dijo el primero—. Tenemos la orden de iniciar la intervención en Catnap en cuanto se confirme su estabilización. Prepare todo. El corazón de Catnap se hundió en el estómago, no quería saber qué clase de cirugía le esperaba, lo que sea este como pudo se levantó a pesar de estar tambaleante, comenzando a erizarse y a gruñirles. Jane, sin embargo, no perdió la compostura. Se incorporó con gesto neutral y sostuvo la mirada de los recién llegados, poniéndose enfrente de Catnap dejando en claro que no harían nada. —No pueden proceder con la cirugía todavía —declaró con voz profesional, segura, como si recitara un protocolo irrefutable—. Sus niveles de cortisol y norepinefrina están peligrosamente elevados. Si lo someten a anestesia ahora, hay un alto riesgo de paro cardíaco. Los científicos se miraron entre sí, visiblemente contrariados. —Eso no estaba en el informe de hace horas—protestó el segundo. —Porque se actualizó hace menos de una hora —replicó Jane con calma implacable—. Revisen la base de datos si quieren, pero no pienso autorizar ninguna intervención. El primero frunció el ceño y alzó la radio, dispuesto a comunicarse con Elliot. —Quizá deberíamos consultarlo con el fundador. La garganta de Jane se tensó, pero no lo mostró. Dio un paso adelante, cortándoles el paso hacia la salida. —No es necesario molestarlo —afirmó con tono tajante—. El fundador está ocupado con otros asuntos prioritarios. De hecho, él mismo pidió que nadie lo interrumpiera salvo que fuera una emergencia de seguridad. ¿Acaso quieren cargar con la responsabilidad de desafiar sus indicaciones directas? Hubo un silencio espeso. Los dos hombres se quedaron mirándola, como si midieran la veracidad de cada palabra. Por un instante, Catnap pensó que iban a discutir... pero al final, el más alto resopló y bajó la mirada a su dispositivo. —De acuerdo. Pero dejaremos constancia de su decisión en el registro. —Perfecto —respondió Jane, con una sonrisa cortés que no les llegaba a los ojos—. Hagan lo que tengan que hacer. Los científicos intercambiaron un último vistazo antes de abandonar la habitación, dejando tras de sí un aire de tensión apenas contenida. Jane cerró la puerta con suavidad, el clic resonando como un latido en la quietud. Se volvió hacia Catnap, que la observaba con una mezcla de gratitud y duda. —No te dejaré solo —susurró Jane, inclinándose para posarle una mano firme sobre el hombro del pequeño felino—. Haré todo lo que esté en mi poder para protegerte. Pero debes estar preparado. Las cosas están empeorando y no sabemos cuánto tiempo más podremos ganar. Catnap asintió, sintiendo cómo el miedo y la esperanza se entrelazaban en su pecho. En ese momento, comprendió que su lucha apenas comenzaba, y que la oscuridad que se avecinaba no perdonaría a nadie. ☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* No podía respirar. Sentía que su pecho se presionaba. Como su cuerpo se contraía y el dolor aumentaba. Como si su cerebro recordara la horrible sensación cuando Elliot lo tocaba. Quería vomitar y gritar. Pero en vez de eso, parecía que iba a sufrir un ataque de pánico tan horrible, que no podía parar de llorar y sollozar en silencio, mientras miraba a su captor entrar por esa puerta metálica, acompañada por aquellos guardias que se posaron a lado de la puerta vigilándolo, como si Dogday fuera el verdadero peligro, que lo miraban con indiferencia además de estar ahí para proteger al Fundador, cosa que el perrito solar solo le provocaba más pavor, al punto en donde comenzaba a pensar que prefería estar muerto antes de volver a ser tocado por Elliot. La única claridad provenía de la lámpara de seguridad en el techo, que parpadeaba con un zumbido eléctrico. Su luz, débil y blanca, dibujaba sombras temblorosas en el suelo de concreto, retorciendo la figura de Elliot hasta volverla casi inhumana. Dogday se quedó inmóvil ya había retrocedido lo suficiente como para que su espalda pegara a la pared y el corazón le latiera tan rápido que cada pulsación dolía. No se atrevía a incorporarse por completo. Tenía la respiración rota, el rostro húmedo de lágrimas recientes. El pánico le subía por la garganta como bilis, una náusea fría que lo mantenía en vilo, lo odiaba y le asqueaba con todo su ser. Los pasos de Elliot fueron lentos, deliberados, como si quisiera alargar la pesadilla de su aproximación. A cada zancada, el eco en las paredes le recordaba que no tenía a dónde huir, hasta que quedo a unos cm de su espacio personal. Ni siquiera se atrevía a pensar en Catnap, su mente se negaba a conjurar esa imagen, por miedo a que Elliot pronunciara su nombre, a pesar de haberle causado una herida horrible en su brazo, el terror que le tenía a ese hombre era mucho más que su valentía, además que probablemente los guardias ya tenían controles para electrocutarlo si lo lastimaba de nuevo, Elliot parecía estar más vivo que nunca, solo tenía el brazo vendado y colgando, para recuperarse. Pero lo que más lo perturbaba lo que verdaderamente lo enfermaba hasta lo más profundo de su ser era cómo el pantalón de Elliot marcaba con grotesca claridad aquella erección, hasta el punto que comenzaba a remarcarse un tipo de mancha en donde estaba posicionado la punta del pene de aquel enfermo, que le había arruinado su vida desde que lo creo. El asco lo golpeó de inmediato, tan brutal y visceral. Una oleada de náuseas le trepó por la garganta como ácido, quemando, atragantándolo, haciéndolo tambalear apenas sobre sus patas. Cada paso que daba el fundador Hacia que quisiera vomitar en ese mismo instante, además de su pánico aumentaba con cada paso que daba. El simple pensamiento de lo que podría ocurrir le heló la sangre. —Mírate —murmuró el hombre, inclinando apenas la cabeza mientras sus ojos recorrían el cuerpo herido de Dogday, desde su cuello, hasta su pecho, hasta terminar en esas caderas curvilíneas, era algo que Dogday tenía ventaja al poseer un útero—. Tan vulnerable. Tan... perfecto. —y la voz se le volvió un ronroneo de una lujuria insidiosa, algo que no tenía nada de humano. Era la voz de un depredador que hubiera esperado toda una vida para probar su presa. Pronto ese perrito seria suyo, para marcar, para deseas y follar hasta desfallecer. —No... —gimió Dogday con la voz hecha trizas, mientras su garganta se cerraba en un jadeo aterrado. El miedo lo empujó a alzar el labio en un gruñido entrecortado, más un intento de mantenerse firme que de verdadera amenaza. Pero a Elliot no pareció intimidarle en absoluto. Alzó la mano y con un ademán casi afectuoso le acaricio su cabeza, como antes hacía, pero esta vez el tacto se sintió brusco y muy incómodo, como si quisiera controlarlo de nuevo en ese toque. Dogday se estremeció con un sollozo que apenas logró contener, como si el simple roce le arrancara la poca dignidad que le quedaba y al mismo tiempo lo asqueaba. Lo odiaba con cada pizca de su ser. —¡NO ME TOQUES! —Grito Dogday y en un arranque de pánico y dignidad herida, alzó ambas manos y empujó con toda la fuerza que aún le quedaba. El impacto fue lo bastante violento para que Elliot trastabillara unos pasos hacia atrás, sorprendido por el ímpetu de aquel cuerpo al que creía quebrado. por la fuerza del líder de los Smalling. Lo que provoco que los guardias vieran esta agresión y estos de inmediato sacaron un control, antes de que Dogday pudiera replegarse, el dolor estalló en sus nervios. Un latigazo eléctrico recorrió su espina dorsal, arrancándole un grito desgarrado. —¡AHHHHHHHHHHH! —El perrito volvió a gritar de agonía al sentir que lo electrocutaban, cada músculo se contrajo con un espasmo cruel, sus garras arañaron el suelo en un intento vano de anclar su conciencia en medio de la tormenta de agonía. El tormento se prolongó apenas unos segundos, cuando al fin cesó, Dogday se desplomó sobre el suelo, jadeando como un animal herido. Las lágrimas se mezclaron con los temblores que sacudían su pecho, un sollozo seco brotó de su garganta, tan quebrado que apenas sonó. EL fundador se rio suavemente ante el patético intento del perrito de evitar lo inevitable, por lo que solo se sacudió como si nada y volvió a caminar hasta estar enfrente de Dogday. —¿Sabes cuánto he esperado este momento? —continuó Elliot con un hilo de voz sedosa, cargada de un fervor enfermizo que arañaba la conciencia y combinación de un obsesivo—. ¿Cuántas noches imaginé tenerte aquí, sin nadie que viniera a interrumpirnos? A sus espaldas, los guardias permanecían en un silencio pétreo, observando con un desapego casi peor que la crueldad. Era como si este horror fuera parte de la rutina. Dogday inspiró un tembloroso sorbo de aire. Sus labios se movieron en un intento de articular una súplica, pero la voz se le quebró en un gemido doloroso por las descargas recibidas, ni siquiera se atrevía a pararse, le dolía absolutamente todo. Elliot sonrió, inclinándose hasta ponerse de rodillas y quedar tan cerca del Smalling. El olor metálico de su ropa mezclado con un perfume penetrante le llenó la nariz y lo hizo encogerse más. —Tranquilo perrito, si cooperas no te hare daño. —susurró, con un falso consuelo que se sentía como veneno—. Prometo que recordarás esta noche el resto de tu vida. Apenas Elliot terminó de pronunciar aquellas palabras, hizo un leve gesto con la mano, como si diera una orden trivial. —Átenlo. —La palabra cayó en la celda con el peso de una sentencia. Dogday apretó los párpados, con la respiración disparada y rota. Un sollozo escapó de su garganta, como un cristal que se rompe. Pero cuando sintió que unas manos se acercaban, algo estalló dentro de él, un reflejo feroz, desesperado, no iba a permitir que siguieran lastimándolo, pero sobre todo que contaminaran algo que solo le pertenecía a Catnap y a él mismo. Con un rugido ahogado, se irguió de golpe, los colmillos al descubierto, y se lanzó hacia el primer guardia que tuvo al alcance, a pesar de su cansancio y su dolor. Su mandíbula se cerró con un chasquido contra el brazo cubierto de uniforme, mientras su garra arañaba con furia ciega. El hombre soltó un insulto y lo golpeó con el codo en la sien. Todo sucedió en un parpadeo. El segundo guardia accionó el control eléctrico, y un nuevo estallido de dolor devoró el mundo de Dogday. —¡AAAHHHHH! —Dogday gritó de nuevo con la voz rota mientras su espalda se arqueaba y sus músculos se tensaban hasta un límite inhumano. Sus garras se cerraron en un intento de aferrarse a algo, pero solo perforaron su propia piel de sus manos. Su cuerpo se contrajo con un espasmo tan violento que por un instante se creyó morirse. El sabor a cobre le llenó la boca mientras un alarido gutural le rompía la garganta. Cuando el pulso eléctrico cesó, este volvió a desplomarse en aquel suelo frio, su respiración convertida en un jadeo húmedo y entrecortado. Las lágrimas caían sin que pudiera detenerlas, mientras un estremecimiento de puro pánico le recorría las extremidades que ya apenas sentía. Aprovechando su debilidad, los guardias lo inmovilizaron, para arrastrarlo hasta el colchón y comenzar a atarlo de las muñecas contra los extremos de la cama. Las cadenas crujieron mientras se las ajustaban con deliberada lentitud. Dogday sollozó, un sonido ahogado, ni siquiera podía pararse o defenderse por el dolor de su propio cuerpo al sometido, a esa agonía. Elliot no apartó la mirada ni un segundo. Observaba con ese deleite enfermo que le helaba la sangre, inclinado hacia él como un devoto ante un altar profano. —Así está mucho mejor —susurró, su voz impregnada de una suavidad escalofriante—. Ahora podemos... hablar sin interrupciones. —El hombre solo miro a sus guardias que se alejaban del perrito, que estaba atado en esa cama que solo sollozaba y rogaba entre murmullos que lo dejaran en paz. —Bueno déjenos solos. —Ordeno el fundador, lo que hizo que los guardias no digieran nada más y solo se retiraran fuera del cuarto, ya que esperarían a fuera de la puerta, por si Elliot los necesitaba. Elliot no se apresuró a acercarse. Se quedó un momento de pie junto a la cama, contemplándolo como si fuera un trofeo recién capturado. Sus pupilas brillaban con un deleite tan denso y hambriento que Dogday no pudo sostenerle la mirada, la desvió, apretando los párpados con un gemido, le resultaba tan repulsivo que Elliot lo mirara de esa forma, y por una vez se preguntó seriamente, si Poppy se sintió igual que él. —Mírame. —La orden fue un murmullo, pero se sintió como un latigazo. Dogday negó con la cabeza, sin atreverse a pronunciar palabra. Sus manos temblaban contra las cadenas. La vergüenza, el pánico y un odio impotente le revolvían el estómago en un espasmo nauseabundo. —Mírame —repitió Elliot con calma venenosa. Al ver que Dogday no obedecía, alzó la mano sana y le sujetó la mandíbula con fuerza, obligándolo a mirarlo. Sus dedos se hundieron en la piel herida con una crueldad deliberada. Dogday sabía que si volvía a morderle tendría que soportar más golpes y electroshock que debilitaban su cuerpo, lo que provocaba que solo quería morirse en ese momento. —Eso es... —murmuró, inclinándose sobre él hasta que su sombra lo cubrió. Hasta hacer que su cara quedara a cm de su cara. —Por años... he estado esperando por este momento único, realmente estoy ansioso de poder probarte... Su pulgar recorrió con lentitud la línea de su mejilla, como si lo acariciara. Pero ese contacto era todo menos un gesto de ternura: era la afirmación de un dominio absoluto. LO que hizo que el perrito solar solo lo mirara con asco y rabia. —¡No! —Exclamo el perrito moviendo con fuerza su cabeza para que lo soltara. —¡Me das asco!, ¡Elliot eres la persona más repulsiva que he conocido en toda mi vida!, ¡Y eso que vivo en el mismísimo infierno en donde ustedes les hacían horribles cosas a mis compañeros! —Grito el perrito aun adolorido y débil por todo lo que estaba pasando, estaba harto de que Elliot de las personas que se creían superiores a ellos, la desigualdad, las torturas y abusos, todo estaba podrido hasta los huesos de esa asquerosa fabrica. — ¡DEBISTE MATARNOS A TODOS NOSOTROS EN VEZ DE DARNOS LA VIDA PARA TORTURARNOS! —Expreso el perrito cansado y resentido con su creador, mientras sus lágrimas bajaban por sus mejillas y su garganta quemaba con cada palabra. —Dios Dogday... de verdad eres un exagerado. —Minimizo Elliot mientras se reía por la reacción del contrario. —Yo les he dado el mejor regalo que han podido tener, una nueva oportunidad de vivir y sobre todo en cuerpos tan fuertes y únicos. —Explico el creador, Dogday se quedó inmóvil, respirando a bocanadas, mientras una oleada de repulsión le subía por la garganta. Elliot deslizó la mano hasta posarla sobre su abdomen, como si fuera un gesto de afecto. Pero en cuanto sus dedos lo rozaron, Dogday sintió un estremecimiento que le recorrió la columna entera, un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío. Era puro asco, una náusea que se mezclaba con la humillación. EL perrito se mordió el labio con tanta fuerza que sintió el sabor metálico de la sangre, intentando ahogar el sollozo que amenazaba con romperle la garganta. Pero no sirvió de nada. La náusea y el terror ya lo habían tomado por completo. —Deja de decir tonterías y enfócate en lo nuestro. —Dijo Elliot bastante ansioso y divertido, esta vez levantándose para comenzar a quitarse los zapatos y se subió a la cama con la lentitud calculada de un depredador, colocándose entre sus piernas atadas. Sus rodillas hundieron el colchón con un crujido sordo. Dogday notó el peso del hombre sobre él haciendo que entrara aún más en pánico—Sabes... Poppy era muy buena, demasiado como para negarlo. —Pero ahora... —Elliot inclinó el rostro hasta quedar apenas a un palmo del suyo, su aliento tibio impregnado de perfume y algo más ácido, casi rancio—. Ahora tengo la duda. —Sus dedos rozaron la cara del perrito, llena de sudor y lágrimas—. ¿Podrás superarla? —murmuró con una suavidad que era peor que cualquier grito—. ¿Serás mejor que ella? —Supongo que vamos averiguarlo. —Con esa sentencia, Dogday supo que no podría librarse de ese maldito enfermo mental, solo rezo y rogo que por favor lo sacaran de esta pesadilla. Elliot no perdió tiempo ya que sabía que Dogday evitaría a cualquier costa que lo tocara, así que este comenzó a acariciar sus preciosas piernas, muslos hasta caderas admirando la belleza del perrito solar que él había ordenado crear, por supuesto al introducirle un útero en vez de testículos, Dogday comenzaba a tener un cuerpo bastante curvilíneo de las caderas con forme los años pasaban, era de esperarse de los estrógenos que dominaban su cuerpo. Aunque probablemente ya se quedaría con esa figura casi femenina, por el resto de su vida. La mejor decisión que había tomado aquel bastardo que admiraba su creación, al menos agradecía que Dogday al ser más alto sería mucho mejor en tocar, a diferencia de Poppy por su pequeño tamaño que fue mucho más sencillo de mancillar. Dogday comenzaba a alterarse y a agitarse, moviendo su cuerpo como podía, pero las cadenas que lo tenían atado le impedían que se moviera del todo. Lo que provocaba que se desesperara aún más. —¡NO!, ¡NO ME TOQUES! —Gritaba el perrito agitado mientras gruñía y forzaba las cadenas que ni siquiera ayudaban a moverse, solo lo mantenían inmóvil. —¡CERDO REPUGNANTE! —Nunca en su vida pensó gritar tales insultos, pero a estas alturas, ya nada le importaba mas que escapar. Rogaba que Catnap lo rescatara o que Poppy volviera, y la forma en la que Elliot se refería a ella era tan repugnante que ahora se sentía como una miseria al saber que tendría el mismo destino de su madre. Él no quería tener los cachorros de Elliot, no quería estar con Elliot. Quería que se muriera y los dejara en paz a todos. Elliot por su parte solo se reía como un degenerado que era, mientras apretaba con fuerza uno de los muslos de Dogday para lastimarlo, hasta hacer que las marcas de sus dedos quedaran impregnadas en la piel del perrito, aunque claro por su pelaje eso sería difícil de ver. El fundador solo respiraba con emoción y sentía que su erección aumentaba y se volvía doloroso de mantener. —Eres tan tentador perrito~...—Murmuro para sí mismo mientras veía la figura de Dogday debajo de él mientras se agitaba y gruñía improperios. Haciendo que Elliot se extasiara aún más, desesperado por romper ese precioso coño que había hecho a Harley hacer para su propio gusto. Aunque estaba furioso de que alguien más disfrutara lo que le había costado hacer. Fue entonces que solo comenzó a explorar de ese cuerpo atado, su mano llego hasta el pecho de Dogday, que comenzaba a sentirse más enfermo y repulsivo. Fue entonces que Elliot comenzó a rebuscar entre el pelaje del perrito hasta encontrar el pezón de Dogday, rosadito y erecto, precioso para ser chupado. —Dime algo Dogday, ¿Acaso Catnap realmente te sabia follar? —Pregunto Elliot con una sonrisa burlona y depredadora, mientras sus dedos tomaban el botón de Dogday y comenzaba a pellizcarlo como a jalarlo, para estimularlo, provocando que Dogday se agitara y una nueva sensación repulsiva invadiera su estómago. —¡No!, ¡No!, ¡POR FAVOR DEJAME EN PAZ! —Exigió exasperado mientras sus lágrimas lo gobernaban y sus mocos salían sin que nadie los detuviera, manchando su hermosa carita de cachorro herido, era asqueroso como Elliot pellizcaba su pezón y luego el otro, se supone que debía ser Catnap el que debía darle ese placer no Elliot, aquel hombre que alguna vez quiso como un padre. —Jajaja eso me da entender que ni siquiera sabía dónde tocar, que vulgar juguete de mierda e inútil. Ni siquiera sabía complacer a mi preciosa perrita. —Se rio el fundador mientras seguía estimulando los pezones de Dogday, como solo tenía una mano alternaba por estimular uno y luego otro, pellizcándolos y jalándolos o hasta acariciarlos con sus dedos, jugando con ellos, para después apretarlos como si fueran botones de gomita. Con su pulgar se encargaba de girarlo en círculos para provocarle más placer a Dogday. Pero Dogday estaba asustado, lleno de pánico y con el asco a su máximo tope. El asco le subía por la garganta como un veneno, quemándole por dentro. Cada roce, cada mínimo estremecimiento involuntario de su cuerpo, lo llenaba de una repulsión tan pura que le daban arcadas. Aquella sensación que debería ser un reflejo de placer era, para él, un recordatorio de su humillación. Lo odiaba. Lo odiaba con cada fibra. Odiaba que fuera Elliot quien se lo provocara. —¡DEJAME EN PAZ!, ¡YA SUELTAME! —chilló, la voz desbordada de desesperación, mientras buscaba agitarse, pero antes de que pudiera insultarlo sintió como un dolor tan punzante y cruel, explotara en una de sus mejillas, provocando que Dogday gimiera y la sangre comenzara a salir de su labio partido. Porque Elliot le había dado un puñetazo en su mejilla. —¡YA CALLATE DE UNA PUTA VEZ! —Grito exasperado el creador, su rostro se retorció en una mueca de odio puro mientras cerraba la mano en un puño que temblaba por la rabia contenida. Dogday ahogó un sollozo y trató de apartar la mirada, pero el pánico lo paralizó. Sus muñecas forcejearon contra las correas, inútiles, mientras un sudor helado le corría por la espalda. El corazón le golpeaba el pecho como si quisiera romperle las costillas para huir. —¡Sabes que Dogday! —Elliot escupió su nombre con un desprecio tan corrosivo que parecía un ácido. —¡Quería hacer esto de una manera... que incluso pudieras disfrutarlo! Se inclinó sobre él, tan cerca que Dogday pudo sentir su aliento caliente y oler ese perfume dulzón que ahora le producía náuseas. —¡Pero sabes qué! —continuó Elliot, con la voz hecha un rugido tan cargado de odio que parecía inhumano—. ¡A LA MIERDA! ¡ERES IGUAL QUE POPPY! Sus venas se marcaron en el cuello y en las sienes, hinchadas por la furia, mientras su rostro se teñía de un rojo malsano. —¡AHORA LO TOMARÉ A LA FUERZA... COMO LO HICE CON ELLA! Dogday gimió, un sonido agudo, primitivo, de puro terror. Sus pupilas dilatadas se clavaron en aquel monstruo que avanzaba hacia él. Su cuerpo herido se estremeció, temblando con espasmos de pánico absoluto, en especial cuando Elliot desesperado comenzó a quitarse el cinturón de su pantalón, hasta quitarlo de inmediato haciendo que su pantalón se pusiera más flojo y con el mismo cinto lo ato alrededor del cuello de Dogday, para tener más control sobre él. —Esto es lo que va a pasar Dogday, si haces algo mal. Te estrangulare y te hare sufrir aún más, así que más te vale estar quieto y recibir mi pene como la puta que te vas a volver. —Soltó Elliot con una orden bastante repugnante. Dogday no Contesto solo sollozaba en silencio y cerraba sus parpados con fuerza. —Muy buen perrito. —Y con ello el fundador procedió a bajar su pantalón junto con sus calzones, hasta terminar por tirar su ropa en algún lugar de la habitación, no le importo solo quedarse con la camisa de botones y así liberar su erección, mostrando su pene humano con la punta húmeda por su pre-semen, además de que parecía torcido desde la punta. Haciendo que Dogday al mirarlo resultara bastante repugnante absolutamente todo, este comenzó a hiperventilarse y cuando iba a gritar. Elliot jalo de nuevo el cinturón haciendo que este se quedara sin aire y callara de inmediato, al mismo tiempo que sentía que el dolor aumentaba. —Prepárate mi perrita~... vamos a disfrutarlo muchísimo. —Dijo al mismo tiempo que se acercaba y se colocaba entre las piernas de Dogday, sujetado con su mano sana su propio pene, comenzando a masturbarlo para liberar más líquido seminal, Elliot estaba emocionado y muy sonrojado, mirando la entre pierna de Dogday. El fundador sabía que la vagina de Dogday siempre se ocultaba con el pelaje, por lo que no era fácil de ver, pero aun así soltó su miembro para comenzar a rebuscar entre la pelvis del perrito que al respirar mejor al sentir su toque comenzó a alborotarse. —¡NO!, ¡NO, DEJAME!, ¡NO ME TOQUES! —Volvió a gritar lleno de pánico, sintió la carne de sus muñecas y tobillos desgarrarse bajo la presión de los grilletes, la sangre humedeciendo las ataduras. Sin embargo, ese dolor punzante era un susurro comparado con el asco y el terror que lo consumieron cuando sintió las manos de Elliot deslizarse sobre su cuerpo. Elliot lo ignoro y ahí mismo lo vio, aquella preciosa vulva rosada de sus labios, con el clítoris visible, cerrada y apetitosa. Su magnífica obra, por supuesto que no iba a perder el tiempo en compararla, aunque admitía que la de Poppy se veía más apetitosa la de Dogday aun así se veía linda para mancillar. —Vaya, vaya... bien guardadita la tenías, solo mírala está bien cuidada. —Dijo Ludwig mientras le daba una palmada suave a la vagina de Dogday, que el golpe lo hizo saltar adolorido y asqueroso a pesar que su cuerpo reacciono con un poco de placer, ese mismo sentir solo lo hizo querer vomitar. EL fundador no perdió tiempo y se acostó hasta quedar arriba del cachorro traumado por esta situación, y con su pene lo guio hacia la entrada del perrito, con su mano tomo su miembro y lo guio para dar pequeños golpes en su vulva, provocando que Dogday no pudiera evitarlo, pero sintió que iba a tener que vomitar en ese instante. Sentía tanta repugnancia al sentir como aquel pene pegajoso pegaba a su clítoris y a sus labios vaginales. —¡NO!, ¡NO POR FAVOR NO ME HAGAS ESTO ELLIOT! —Decía entre suplicas y llanto el perrito asustado, en sus ojos se veía el pánico y el estrés, no había nada de amor ni siquiera placer, solo tanto asco consigo mismo por no hacer nada más para evitarlo, con su propio cuerpo y sus pensamientos antiguos volvieron a llenar su mente. Debí cortarme la vagina desde un principio. Debí matarme. Quiero morirme. Poppy, Catnap por favor sálvenme de este monstruo. Y con un empujón Elliot penetro con fuerza aquella vagina que fue violada por su polla, abriendo sus paredes esponjosas y bastantes estrechas, uniéndolos a ellos de una vez por todas. El fundador soltó un gemido alto mientras sentía como su pene, aunque admitía que Dogday tenía el coño seco y probablemente fue muy doloroso para él aquella intromisión, pero no le importo solo que se sintió bastante rico y delicioso que al fin su polla, estuviera en un coño que no sea de una prostituta. —¡Ahhh~!, ¡Ohh~ dios!, ¡Estas bien apretado Dogday! —Expreso el fundador entre jadeos ansiosos mientras sentía como el coño de Dogday se apretaba aún más, haciendo que el fundador volteara sus ojos hacia atrás por lo rico que se sintió eso. —¡¡¡AHHHHHHH!!! —Dogday grito de dolor y exasperación, mientras sentía que lo abrían sin preparación, fue desgarrador y cruel, sus labios vaginales como sus paredes ardieron a fuego vivo, mientras Elliot comenzaba a penetrar sin sentido su coño violado, el perrito comenzó a chillar con tanta fuerza que su garganta ardió, lloraba y se movía como loco quería que se saliera de él. Era tan repugnante esta sensación, le dolía, que lo abriera, que lo penetrara que sus testículos golpearan su trasero que hacía que enloqueciera y quisiera morirse en ese mismo instante. —¡AHHHHH!, ¡NOOO!, ¡AYUDENME!, ¡ALGUIEN AYUDAME POR FAVOR! —Grito Dogday entre sollozos y desesperación, rogando con fuerza que alguien lo rescatara, sintiendo como Elliot aumentaba las embestidas a su coño, dejando su pre-semen dentro de él, empapando sus paredes vaginales. Al mismo tiempo que el asqueroso hombre solo comenzaba follarlo como un salvaje. —¡Ahhh~!, ¡ahh~ ...ahh!, ¡Dios mío~♡! —Elliot Gemía emocionado y extasiado, haciendo que su pene se endureciera aún más, extendiendo la vagina del perrito que chillaba de dolor y humillación. No iba a negar que ver a Dogday como lloraba y se agitaba, le daba más placer a su mente desquiciada, haciendo que arremetiera aún más fuerte contra la pelvis del perrito, bombeando con fuerza, provocando bofetadas húmedas, lascivas y chupadoras mientras lo follaba con dureza. Su pene liberaba con cada entrada mas liquido preliminar, haciendo que las paredes de Dogday comenzaran a tener lubricación, además que podía sentir como el coño del perrito se humedeciera con su propia miel lo que hizo que Elliot sonriera, porque había tomado esa acción fisiológica del trauma como una buena señal. Siendo un mecanismo de defensa corporal que ocurre sin control consciente. —¡Ja ja!, ¿Ya estas cooperando ah~?, ¿Te gusta putita? —Pregunto Elliot emocionado, mientras sentía como la miel de Dogday comenzaba a empapar su falo, lo que hizo que Dogday no pudo aguantarlo y este tan asqueado por como reaccionaba su cuerpo, de forma natural por ese factor físico a la violación que está viviendo, por la fricción de la penetración. Eso no significaba que le gustara o este excitado, solo estaba asqueado y lleno de pánico mientras su cuerpo era violado sin descanso. Sentía como entraba a su vagina mancillada, y lo embestía con su asqueroso pene, que ni siquiera llegaba a su cerviz como el pene de su amado novio Catnap. Le causaba tanta aberración que Dogday no pudo soportarlo y se vomito ahí mismo, sacando lo poco de la comida que tenía combinado con su bilis, Provocando que Elliot se detuviera de golpe. Al mirar aquel desastre que mancho el pelaje de Dogday, su pecho y parte de la cama. —¡PERO QUE MIERDA DOGDAY! —Dijo asqueado el fundador molesto, mientras su pene ya hacia dentro del coño del perrito, para luego hacer una mueca de desagrado. —¡Eres un maldito puerco! —Expreso con rabia, pero aun así no iba dejarlo ir con facilidad. —Si crees que eso iba a detenerme, estas muy equivocado. —Explico con tanta rabia, mientras tomaba de nuevo el cinturón y lo jalo apretando el cuello de Dogday, haciendo que este se asfixiara y jadeara de mucho dolor. — Te enseñare a ser limpio. Dijo el fundador mientras aún seguía duro y extasiado, por lo que saco su pene del coño húmedo del cachorro, Entonces se retira por completo, su larga y gruesa polla palpita en el aire mientras la mueve, soltando el cinto del perrito que sujetaba su cuello. Su primera bocanada de aire, y todo se siente tan ligero de repente mientras sus ojos revolotean, respirando hondo solo mientras se inserta de nuevo en su coño estirado y desgarrado, embistiéndolo con fuerza. Dogday grita de nuevo, se siente imposible mientras él se abalanza sobre su coño, como un animal, su pelvis golpeándolo. El perrito no puede empujarlo, ni siquiera puede moverse, le dolía bastante sus manos y piernas, sentía que la sangre bajaba por su piel, dolía y su coño dolía, solo termino por aceptarlo débilmente mientras permanece inerte contra su violador. Podía escuchar el chapoteo de las pieles mojadas y empapadas por los fluidos de la miel de Dogday y el presemen de Elliot. Dogday lloraba y gemía con dolor estando bastante asqueado, hecho trizas, humillado y queriendo morir en ese momento. No quería a su madre que viviera este infierno una y otra vez, por días o meses o hasta años, siendo violada por su propio padre. Ahora el mismo hombre que había hecho mierda la vida de su madre, también lo violaba con tanta fuerza que el pobre perrito lloraba mientras pensaba en como matarse después de esto. —"¡Poppy!, ¡¿Dónde estás?!, ¡Me hacen daño!" —Pensó el perrito mientras soltó un gemido alto cuando Elliot le dio una bofetada al coño de Dogday, golpeando directo su clítoris para hacerlo estremecer de placer, pero a pesar de la reacción de su cuerpo aun así Dogday sintió más dolor que nunca, el único consuelo es que imaginaba a Catnap abofeteando su coño, penetrándolo hasta llegar a su cerviz y embestirlo como un verdadero animal, deseando preñarlo hasta llenarlo de su espeso semen. Pero ni siquiera eso le traía consuelo, porque el pene de Elliot es pequeño, porque no tenía las púas, y porque ahora mismo jadeaba como un maldito cerdo asqueroso mientras follaba su coño con éxtasis, además de que el maldito comenzaba a meter en su boca uno de los pezones de Dogday, para comenzar a chuparlo sin importarle si estaba sucio por el vómito del perrito, solo chupaba y mordía con ganas, como si quería extraerle leche. Mientras sus caderas embestías y hasta sus nalgas temblaban, al meter su polla en aquel agujero hecho para follar. Su polla caliente y dura se deslizaba contra los pliegues de su coño, frotándose contra el perrito solar. —"¡Catnap por favor sálvame!, ¡Quien sea se los ruego!, ¡SALVENME!" —Su mente gritaba y el perrito solo jadeaba con tanto coraje y humillación, su coño se sentía asqueado y asqueroso, el "placer" que sentía era sumamente repugnante, y por supuesto culpable, sintió que le fallaba a Catnap, a sus valores y hasta a Poppy, odiaba sentirse así, odiaba su cuerpo por lubricarse, porque no entendía, le dolía y era aberrante, pero su cuerpo sentía otra cosa, pero no significaba que lo disfrutará, juraba cuando esto terminara se lo arrancaría, destruiría su vulva, para nunca más sentirse usado y asqueroso, solo pensaba que tener vagina es un pecado. —"¡POR FAVOR ALGUIEN!, ¡PROTOTIPO SALVAME!" —El perrito estaba tan roto que hasta rezo por aquel dios maquiavélico y ahora pensaba que su salvación era lo mejor de todo, nunca pensó en su vida rezar o rogar por el Prototipo, pero a estas alturas ya nada importaba, solo sentía como Elliot se lo follaba como un niño hormonal, a pesar de su edad se esforzaba por embestirlo hasta dejarle su semilla, preñarlo, cargarlo y llenarlo. Eso es lo que quería el fundador. —¡Ahhh~!, ahh ahh ah... Dogday, te quiero cargado con mi hijo. —Expreso Elliot sonriente mientras chupaba y lamia el pezón del perrito, lo había dejado rojizo por la irritación al morderlo. Su polla se estremecía pronto se correría, sentía que sus testículos se contraían. —¡TE ODIO ELLIOT! —Respondió Dogday con tanta repulsión y rabia. —¡Te juro que me arrancare el útero si llego enterarme que cargo a tu hijo! —Amenazo el perrito sollozante. —¿Y quién dijo que te lo permitiré? —Burló Elliot, con un tono venenoso mientras continuaba embistiéndolo lentamente al perrito, disfrutando de su vagina estrecha mientras daba aún más embestidas profundas, jamás alcanzaría su cerviz, pero se conformaba con lo demás. Sus manos se clavaron con fuerza sobre las caderas del perrito, obligándolo a sentir cada segundo de aquel ultraje. Dogday apretó los ojos con fuerza, esperando que el mundo se apagara, aunque fuera un instante. Pero entonces, algo cambió. Un chasquido metálico, muy leve, interrumpió la pesadilla. Entre el vaivén de su cuerpo, logró alzar apenas la vista. La rejilla de ventilación, en lo alto del muro, se había abierto unos centímetros. Y allí, asomada, una diminuta cara de felpa pálida lo miraba, una mini Hoppy, que lo miraba con sus ojos tan abiertos de horror que parecían a punto de salirse de su cabeza. —¡Ayúdame...! —Dogday apenas logró articular el grito, su garganta rota en un alarido desesperado, Elliot ni siquiera escucho mientras solo disfrutaba de su cuerpo—. ¡Por favor, ayúdame! ¡NO ME DEJES AQUÍ! ¡TE LO SUPLICO! El pequeño juguete tembló. Sus manitas se aferraron a la rejilla como si dudara un instante en lanzarse, en hacer algo. Pero su mirada se desvió hacia Elliot, que no se había detenido ni un momento. El monstruo humano solo jadeaba con satisfacción mientras su pelvis embestía el coño de Dogday. El juguete retrocedió con un chillido mudo y, en un parpadeo, desapareció por la rejilla, que se cerró con un leve chasquido metálico. —¡Ayúdame! —aulló Dogday con un terror que le cortó la respiración—. ¡POR FAVOR, POR FAVOR AYUDAME! ¡AYÚDAME! Dogday gimió, un sollozo quebrado que se perdió en la penumbra. No sabía que aquel pequeño testigo corría por los conductos con el corazón a punto de estallar, había sido mandado para revelar la ubicación a sus lideres. Pero en ese instante, para el perrito, todo lo que quedaba era la certeza de que estaba solo. Más solo que nunca. Elliot se rio mientras levantaba su cabeza separando su boca de su pezón, observándolo con lascivia. —¿A quién le gritas Dogday?, no ves que los guardias no van ayudarte. —Afirmo el degenerado pensando que Dogday les rogaba a los guardias que lo salvaran, pero ellos parecían importarle poco lo que le hicieran al perrito. —Nadie te salvara... al contrario, más te vale acostumbrarte a tu nueva vida. —Explico el fundador mientras se reía y paraba sus embestidas, observando su mejor obra al tener a Dogday debajo de él. Su mano se arrastró con descaro por la cadera de Dogday antes de retirarlas. La sensación le hizo hervir la piel de asco. El silencio que siguió fue peor que cualquier palabra. Dogday no gritó más. No tenía fuerzas. Sus muñecas ardían dentro de los grilletes, con la sangre seca pegándole al pelaje. Cada respiración era un esfuerzo que lo hacía preguntarse por qué seguía vivo. Quizá Elliot tenía razón. Quizá esa celda era su único futuro. Quizá nadie llegaría. Sus ojos vidriosos se quedaron fijos en el techo sucio. Y por primera vez, Dogday creyó de verdad que tal vez aquel sería su destino final: permanecer allí, reducido a nada. Un juguete roto, prisionero de un monstruo, sin otra certeza que la de su propia miseria. ☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* Poppy se había quedado sentada en el suelo frío, con la espalda apoyada en la pared de metal y las manos crispadas sobre las rodillas. Su mirada vacía se perdía en la penumbra de la celda. Llevaba horas así, atrapada entre la ansiedad y el rencor, incapaz de hacer nada más que esperar. Cada minuto se sentía como una condena. Cada silencio, como una cuerda invisible que se tensaba alrededor de su garganta. De pronto, un leve crujido la hizo alzar la cabeza. Un rechinar de metal suave, seguido por un soplo de aire más frío que el ambiente. La rejilla de ventilación tembló un instante antes de abrirse despacio. Una pequeña silueta se asomó entre las sombras del conducto: el mismo juguete que antes había partido en busca de Dogday, aquella conejita verde caminaba hacia Poppy. Poppy se irguió, la respiración contenida, mientras lo observaba con un brillo de urgencia en los ojos de porcelana. —¿Lo encontraste? —preguntó, su voz ronca por tantas horas de tensión. El pequeño juguete descendió al suelo con torpeza y se aproximó con pasos cautelosos, cargando algo envuelto en un trozo de tela sucia. Se lo ofreció con ambas manos temblorosas. —Si... lo encontré. Encontré a Dogday. —Su voz era un murmullo trémulo, cargado de un miedo que no se atrevía a explicar, el horror que vio con sus ojos, aun le causaba muchas nauseas. Poppy sintió que su pecho se encogía. —¿Dónde? —susurró, con un hilo de voz. —En la planta más profunda... los viejos laboratorios que ya no usan —respondió el juguete, evitando mirarla a los ojos—. Está allí... encerrado. Por un instante, Poppy no pudo hablar. Un temblor de pura ira le recorrió los brazos hasta la mandíbula, que se tensó con un crujido apenas audible. Cerró los párpados, conteniendo el temblor de sus dedos. Al abrirlos de nuevo, su mirada era como un cristal pulido por la furia. —Escúchame bien —dijo, su voz recobrando esa firmeza que hacía estremecer incluso a los más valientes—. No pierdas ni un solo segundo más. Ve con el Prototipo. Dile que la segunda fase del plan debe empezar ahora. El pequeño juguete asintió con un movimiento espasmódico, y aunque algo en sus pupilas delataba el horror de lo que había visto, no se atrevió a contarlo. —Sí... señora. —Su voz era un susurro quebrado. —Ve. —Poppy alzó la barbilla, el frío de la determinación endureciendo cada palabra—. Y asegúrate de que todo esté listo. Sin añadir nada más, el mensajero dio media vuelta y trepó de regreso a la rejilla. El metal chirrió mientras desaparecía dentro del conducto, dejando tras de sí un silencio denso. Poppy se levantó con una lentitud medida, como si cada articulación de su cuerpo de porcelana portara el peso de todas las decisiones que estaban a punto de cambiar el destino de la fábrica. Cuando estuvo frente al portón de acero, alzó la mano y apoyó sus nudillos contra él. No golpeó con fuerza. En su lugar, ejecutó una serie de toques breves, secos y precisos: uno largo, dos cortos, una pausa, tres más rápidos. Un patrón irregular, casi sin sentido para quien no supiera el código. Un mensaje cifrado. Uno que solo un aliado entendería. Durante un momento no pasó nada. Solo el eco de su toque muriendo en el silencio. Pero entonces, la pequeña rejilla incrustada en la parte alta de la puerta se deslizó con un leve chirrido metálico. Unos ojos humanos, ocultos tras unas gafas oscuras, asomaron por la rendija. Eran los ojos de alguien que llevaba demasiado tiempo esperando ese momento. —¿Es cierto? —preguntó el guardia en voz baja, apenas audible sobre el zumbido lejano de los generadores—. ¿Encontraron a tu hijo? Poppy asintió, la mandíbula apretada. —Lo encontraron—Su voz no temblaba. Ya no había espacio para emociones. Solo para la estrategia—. Dile a los demás que esperen la señal. Pronto empezará. El hombre tras la rejilla dejó escapar un suspiro contenido, como si llevara horas conteniendo la respiración. Luego asintió con una determinación que solo los leales pueden mostrar. —Entendido. Todos estamos listos, Poppy. —Su voz se tiñó de firmeza. Casi devoción. Poppy volvió sobre sus pasos con la misma calma helada con la que se había levantado. No necesitaba que las alarmas gritaran aún. Pronto lo harían por sí solas. Porque ahora el caos tenía dirección, y si Elliot le había hecho algo a su precioso hijito. Entonces ella haría que la hora de la alegría sea una realidad. ☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* El Prototipo yacía en la camilla de su celda de contención, con la mirada fija en el techo iluminado por lámparas quirúrgicas. Cada poca segunda, una descarga eléctrica recorría sus cables simulando sus venas, además que un realmente estaban hechas de carne, generando un hormigueo ardiente que se propagaba por su sistema nervioso artificial. Sentía cada descarga como un latido distorsionado, un recordatorio de que, pese a todo su poder, aún estaba atrapado bajo manos humanas. Y, sin embargo, nada de aquello lograba distraerlo de la ansiedad que se instalaba, fría y expansiva, en su conciencia. Mi hijo sigue en sus manos. La idea no lo dejaba respirar. Su mente era una red de circuitos enrojecidos por la rabia contenida, Elliot de nuevo le estaba arrebatando sus tesoros, aunque probablemente sabia el motivo del porque sucedió aquella situación, en donde todo se fue a la mierda, y tal vez él mismo sabía que tenía culpa en aquello, pero aun así no iba abandonar esta perfecta oportunidad para hacer que Poppy entraran razón y se uniera a él, en esa salvación que tanto deseaba desde el momento que supo que Elliot nunca lo haría por el lado bueno. Cada segundo perdido era una amenaza. Cada experimento, una humillación. Un científico, con el rostro parcialmente cubierto por una máscara de acrílico, se inclinó sobre su torso metálico, calibrando un instrumento con dedos de forma clínica. Sin saber lo que estaba a punto de suceder. Que el silencio absoluto del Prototipo no era resignación, sino la calma del depredador antes de lanzarse al cuello de su presa y lo pagaría caro por el simple hecho de estar ahí. Fue entonces cuando algo se movió en su campo de visión. A la distancia, en lo alto de la pared opuesta, la rejilla de un conducto de ventilación se desplazó apenas un par de centímetros. Un diminuto rostro de felpa se asomó, nervioso, al interior de la sala. El juguete no dijo palabra; solo hizo un gesto con sus manos diminutas: dos dedos alzados, luego un círculo con ambas manos. Confirmación. El Prototipo lo comprendió de inmediato. El cachorro de Poppy había sido localizado. Y con esa certeza, algo cambió en su interior. Una chispa oscura encendió el núcleo de su odio, propagándose con un ímpetu que ningún cable ni descarga podían contener, odiaba a estos humanos y ya no podía aguantar sus ganas por erradicarlos por completo. Su ojo único brilló con un rojo asesino mientras su voz emergía, cavernosa que crepitó bajo el esfuerzo. —Al fin... —susurró, tan bajo que el científico que manipulaba su tórax apenas tuvo tiempo de pestañear. En un solo movimiento, la garra mecánica del Prototipo se alzó. Y descendió con la fuerza de una prensa hidráulica, perforando la bata, la carne y el hueso con un crujido húmedo. —¡¿PERO QUE MIERDA?! —Grito un científico asustado mientras miraba como el Prototipo se salía de sus cadenas como si nada levantando el cuerpo sangrante del científico que escupía sangre y se quejaba del dolor. El cuerpo inerte que sostenía se agitaba débilmente en su garra, un hombre de bata blanca convertido en un muñeco sanguinolento que aún respiraba a trompicones. —Ay... —El científico alzó la mano temblorosa, con los ojos fuera de órbita—. Ayuden... me... Su pecho se hinchaba de manera antinatural, la tráquea rebosada de borbotones oscuros que le subían por la garganta y se escapaban entre los dientes. Cada nuevo sorbo de aire era un burbujeo espeso, un chapoteo interno que le arrancaba un chillido agónico. Sus pulmones parecían inflarse como globos a punto de reventar, ahogándolo en su propia sangre caliente. Los alaridos se estrellaban contra las paredes blancas, manchadas de gotas rojas que salpicaban como una lluvia grotesca. Otro técnico dio un traspié, jadeando mientras buscaba el botón rojo en la pared, con las manos embarradas de sudor y terror. Apenas logró presionarlo antes de vomitar sobre sus zapatos, el sonido de la alarma mezclándose con arcadas. —¡ALERTA MÁXIMA! —gritó la mujer de los monitores, mientras sus dedos aporreaban los paneles. Un guardia intentó correr hacia el Prototipo, pero el titán ya se estaba incorporando. Este soltó al hombre que atravesó, para poder observar a los demás amenazante sabiendo que ahora les tocaba a ellos ser destrozados. Su silueta ensanchándose bajo el parpadeo histérico de las luces de emergencia. Su ojo único fulguraba como un faro de odio antiguo, iluminando su cara esquelética llena de carne negruzca y cables conectados a su ojo rojizo, que parecía sonreír con una mueca de dientes afilados. El Prototipo dejó caer el cadáver con un golpe húmedo que resonó como un eco fúnebre. El cuerpo se retorció en un último espasmo reflejo antes de quedar inmóvil sobre el charco que se ensanchaba por el suelo. Durante un instante, nadie se atrevió a moverse. Solo se oían las sirenas, el chillido metálico de los ventiladores de emergencia y la respiración mecánica del monstruo, que llenaba la estancia con un siseo profundo, casi un rugido contenido. Un médico se apartó de la puerta, con la voz hecha un graznido —Q-Que alguien... que alguien llame a los refuerzos... Pero nadie parecía capaz de moverse. El miedo era un cemento frío que los fijaba al suelo. El Prototipo dio un paso adelante, pesado y deliberado. Su ojo nunca parpadeó. Nunca apartó esa mirada de depredador. Pero dentro de esa furia contenida, el Prototipo no buscaba la muerte sin sentido. Esta carnicería era solo el preludio, una trampa meticulosamente calculada para liberar a Catnap y a Dogday. Y mientras las alarmas aullaban, el monstruo planeaba su siguiente movimiento con la frialdad y la violencia que solo un ser creado para la destrucción podía tener. ☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* El ulular estridente de la alarma se propagó por los pasillos como un chillido de bestia herida. Poppy alzó el rostro, inmóvil en mitad de su celda, mientras la vibración de los altavoces hacía retumbar las paredes de metal. Alerta máxima. Contención comprometida. Contención de emergencia. La voz sintética se repetía una y otra vez, intercalada con órdenes confusas y los pasos frenéticos de docenas de botas que corrían de un lado a otro. Gritos lejanos se mezclaban con el repiqueteo de armas y las puertas de seguridad bajando con estrépito. Poppy se permitió cerrar un instante los ojos. Inspiró despacio, llenando sus pulmones de un aire viciado que olía a miedo y a electricidad quemada. —"Se había tardado". —pensó con una serenidad que no se correspondía con la locura que se desataba fuera. Un repique de metal la hizo girar la vista hacia la puerta. La pequeña mirilla se abrió con un chirrido y apareció un solo ojo humano, oscuro y nervioso. —Es la señal —susurró la voz de su aliado, cargada de urgencia—. Debe salir ahora, señora. El cerrojo se descorrió con un chasquido, y la puerta de acero cedió apenas lo suficiente para que pudiera pasar. Sin dudarlo, Poppy se deslizó al corredor. Las luces de emergencia bañaban el pasillo en un rojo pulsante que parecía salpicado de sombras vivas. El guardia había desaparecido tenía que seguir el plan, ella avanzaba con pasos firmes, conocía muy bien los caminos, ahora tenía que buscar a los otros que la esperaban. Sabía que cada minuto contaba. Más adelante, justo donde el corredor se bifurcaba, dos siluetas aguardaban. Kickin que la esperaba con ansiedad y Baba aquella oveja negra que solo se cruzaba de brazos, esperando más órdenes. Ellos al verla se dirigieron a ella, ya que estaban ocultos solo esperando su presencia. —Poppy, ya estamos aquí, ¿Qué pasara ahora? —Pregunto Kickin preocupado a lo que la muñeca solo miro hacia la dirección nueva. —Vamos por Dogday. —Explico de forma tan tranquila que hizo dudar a Baba. —¿Y luego que?, ¿piensas ocultarlo hasta entonces?, ¿Qué pasara con el fundador? —Cuestiono la oveja hembra mientras miraba con cautela a la muñeca, era un hecho que los Nightmares no seguían a Poppy, pero solo porque el Prototipo los ordeno no tenían más otra opción. —Luego solo obedeces. —La voz de Poppy fue un filo envuelto en terciopelo. Por un instante, Baba se quedó inmóvil, la mandíbula tensa, como si fuera a replicar. Pero algo en los ojos de porcelana de la muñeca ese brillo frío que no admitía réplicas, la obligó a bajar la vista. Durante un instante, el pasillo quedó en un silencio expectante, poblado solo por el ulular remoto de las alarmas y las vibraciones sordas de algo o alguien que se agitaba en los niveles superiores. El aire olía a ozono y a sudor frío. —Si el Prototipo empezó la distracción, ya no tenemos margen para discutir —continuó Poppy, mientras avanzaba con paso firme por el corredor—. Cada segundo que perdemos es un segundo que Elliot puede lastimar a Dogday. Kickin asintió, tragando saliva. Incluso él, con su habitual optimismo, se notaba tenso. —¿Sabes en qué parte exacta lo tienen? —En los niveles inferiores. —La muñeca no aminoró el paso, su voz era un murmullo calculado—. Un sector de confinamiento que Elliot mantenía fuera de los registros. No confía en nadie, ni siquiera en su propio personal. —Sus ojos se encendieron un instante con un brillo de odio puro. —¿Y si... si Elliot lo lastima? —se atrevió a preguntar Kickin con cautela. Poppy se detuvo, girando despacio hacia ellos. La luz roja de emergencia se deslizaba por su cara de porcelana, pintándola de sombras espectrales. Los tres se quedaron en un silencio bastante tenso. —Entonces deseara nunca haber nacido. —Murmuro mientras en sus ojos comenzaban a cambiar de una manera bastante extraña, cosa que Baba fu la única en notar. Poppy soltó es amenaza latente y sabía que no habría ningún dios en el cielo o en el infierno que lo ayudara, a su destino si tocaba a su hijo. —Andando no hay tiempo que perder. —Dijo mientras hacia la señal a Kickin y este se arrodillaba para levantar a Poppy y los tres corrieron por los pasillos guiados por ella, hacía donde estaba Dogday. ☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* El silencio que siguió fue peor que cualquier insulto. Elliot lo contemplaba desde el borde de la cama con un desdén que se sentía más cortante que sus golpes. Dogday apenas podía sostenerle la mirada, su ojo izquierdo estaba tan inflamado que apenas era una rendija amoratada, la mejilla hinchada de un color violáceo, además que uno de sus pezones sangraba por la mordida que Elliot le había dado, pero nada se comparaba al ardor lacerante que le quemaba entre las caderas. Sentía su coño humillado, caliente y punzante, por como ese enfermo lo había violado, dejando su asquerosa semilla llenándolo hasta desbordarlo, con los labios vaginales hinchados por los azotes y ni hablar de su pobre clítoris hinchadito por los pellizcos crueles, ahora inflamado hasta un tono rojizo que casi parecía púrpura. Era una imagen tan grotesca que Dogday no sabía si temblaba de miedo, de asco o de pura agonía. No quedaba nada de la dignidad que había tratado de defender. Tenía la cara mojada de lágrimas y sangre, el hocico entreabierto para sollozar un poco de aire que calmara su pecho. Elliot entrecerró los ojos y se inclinó sobre él, con esa expresión de asco y superioridad que le helaba la piel. —¿Sabes lo patético que eres? —musitó, mientras su mano rozaba la mandíbula herida, forzándolo a mirarlo—. No puedes soportar ni una noche conmigo sin convertirte en un maldito animal tembloroso. —Bajó la vista, con un deje de desprecio—. Te has meado encima, Dogday. ¿Eso es todo lo que eres? ¿Un trozo de carne inútil que ni siquiera puede mantener la dignidad? El perrito no respondió. Su garganta era un nudo espeso de llanto, era tanto el terror y el dolor que sufría el cachorro que no pudo evitarse orinarse ahí mismo en medio del acto. La orina se filtró sobre la cama en un charco tibio, impregnando el aire con un olor agrio y ácido que lo hizo sollozar de pura humillación. Solo un sollozo seco escapó cuando Elliot se apartó con un resoplido. Se incorporó y empezó a recoger su ropa, abrochando con parsimonia los botones de la camisa como si nada hubiera ocurrido. —Tendré que educarte mejor —prosiguió con un tono casi aburrido—. Pero tranquilo. Tenemos tiempo... —¡N-no!, ¡Por favor ya no más! —Rogo el perrito solar realmente jodido en todo aspecto de la palabra, ya no quería ser tocado por ese hombre enfermo y desquiciado que había dañado su flor y su dignidad. El chirrido estridente de una alarma interrumpió sus palabras. Una sirena aguda comenzó a retumbar por todo el pasillo, tan fuerte que las paredes vibraron. Luces rojas se encendieron en la celda. Dogday gimió y giró la cabeza con un sobresalto reflejo. —¿Qué diablos...? —Elliot se giró hacia la puerta justo cuando se abría con brusquedad. Dos guardias entraron casi tropezando entre sí, sudorosos y con el miedo pintado en la cara. —¡Señor Elliot! —balbuceó uno, llevándose un dedo al auricular de su oído—. ¡El experimento 1006...! Se ha soltado... está masacrando al personal en el ala de contención. Por un segundo, el rostro de Elliot quedó petrificado. Una mueca de pura incredulidad le torció la boca antes de desvanecerse en una sonrisa breve y sin humor. —Por supuesto —murmuró, más para sí que para ellos—. Todo al mismo tiempo... Se pasó la mano por el cabello y exhaló con fastidio. Luego, lanzó una última mirada al cuerpo atado de Dogday, que seguía temblando y sollozando en el colchón empapado. —No creas que esto ha terminado —advirtió, su voz cargada de un odio tranquilo y absoluto—. Me perteneces. Lo recordarás cada segundo que respires. Dicho eso, salió de la celda. La puerta se cerró tras él con un zumbido de pestillos magnéticos, dejando a Dogday solo bajo el parpadeo sangriento de la luz de alarma. Por un instante, todo pareció detenerse. El silencio volvió, pesado y absoluto, solo roto por los sollozos roncos del perrito encadenado, que se preguntaba si aquel sería el último momento en que conservaría su conciencia intacta. ☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* Poppy solo sentía su corazón taladrar y su respiración reducida a un hilo apenas audible. Kickin la sostenía y Baba se mantenía atrás vigilando que nadie los vigilara, pegando la espalda a los muros metálicos cada vez que un haz de luz o un retumbar de botas recorría los pasillos. Aquel nivel era un laberinto subterráneo, pero sentía como si cada paso que daba, era más pesado de lo normal. Algo que la Nightmare comenzaba a ponerse nerviosa y eso le molestaba, ella jamás se ponía nerviosa cuando se trataba de hacer una emisión de su dios. De vez en cuando, se detenían tras un panel sobresaliente o una columna de tuberías oxidadas para dejar pasar a un grupo de técnicos armados que corrían en dirección contraria, probablemente convocados por las alarmas que seguían resonando con un ulular intermitente. Cuando doblaron un recodo, Poppy alzó una mano para hacerles señas de detenerse. El eco de un nuevo grupo de guardias se acercaba... y, un instante después, apareció Elliot. Caminaba con la compostura gélida de quien cree tener el mundo sujeto en un puño. Un científico trotaba tras él, cargando una libreta, mientras otro guardia se adelantaba con un comunicador presionado al oído. —La... contención del Prototipo es prioridad absoluta —decía Elliot con voz cortante, apenas modulada por el esfuerzo de no perder la paciencia—. Quiero cada ala sellada y revisada, ¿me oyen? Nadie sale de este maldito complejo sin mi autorización. —Señor, la seguridad de las cámaras. —¡Ya escucharon mis órdenes! —bramó, haciendo que el científico se encogiera. Los tres se quedaron inmóviles en su escondite tras un soporte de tuberías, conteniendo incluso la respiración mientras Elliot se alejaba acompañado de su escolta. Solo cuando sus pasos y su voz se perdieron en la lejanía, Poppy se permitió volver a moverse. —¿Ese era Elliot? —murmuró Baba, su voz un susurro apenas perceptible. —Sí —respondió la muñeca, sin mirarla—. Y si ya va camino al ala norte, tenemos una oportunidad. Retomaron la marcha con bastante sigilo por la dirección que Elliot había salido, un laberinto metálico iluminado por luces de emergencia parpadeantes. Finalmente, llegaron ante una puerta reforzada que se distinguía de las demás solo tenía un dispositivo que se podía abrir por una tarjeta, salpicado de sangre seca. —¿Aquí es? —Pregunto Kickin a lo que Poppy asintió mientras le daba la orden para que la posara enfrente del aparato. —Baba, ¿trajiste la tarjeta que te pedí? —Pregunto la muñeca, así que la nombrada solo asintió y de su melena saco una tarjeta que le dio a Poppy. La cual procedió a deslizarla por la tarjeta, provocando que la puerta se abriera. La cerradura emitió un pitido agónico, un chasquido metálico que reverberó en el pasillo antes de que la puerta comenzara a abrirse con un lento gemido. Apenas se separaron los paneles, Poppy no esperó a que terminara de abrirse del todo. Con un impulso súbito, se soltó de las manos de Kickin, al aterrizar con esa gracia que siempre la caracterizaba se echó a correr al interior de la celda, su corazón retumbando en sus sienes, quería ver a su hijo. Su pequeño sol. —¡Dogday! —gritó con un hilo de voz roto por el miedo y la urgencia—. ¡Dogday, soy yo! Pero el paso siguiente la hizo detenerse de golpe. El hedor la golpeó primero, un olor acre de sudor, sangre y otros fluidos que reconoció de inmediato, porque durante años lo había respirado en su propia prisión. Su mirada se clavó en el cuerpo que yacía sobre la cama de sujeción. Y todo el aire se le atascó en la garganta. El pelaje, empapado de un rojo oscuro ya reseco en algunas zonas, se le pegaba a la piel como un sudario grotesco. Bajo esa maraña de heridas, su vientre se alzaba y descendía en jadeos rotos, espasmódicos, mientras un sollozo que apenas era un hilo de voz se mezclaba con su respiración, haciéndola silbar como un animal herido. Dogday estaba inmóvil, apenas un temblor le recorría los brazos encadenados. Su pelaje, manchado de rojo oscuro, se adhería a la piel como un sudario grotesco. Su vientre se movía en jadeos espasmódicos, mientras un sollozo apenas perceptible se enredaba con su respiración. Su cara estaba tan hinchada que por un instante Poppy creyó que no podría reconocerlo. Pero fue su mirada ese único ojo entreabierto, anegado de lágrimas lo que le desgarró el alma. —P....Po...Poppy... —su nombre salió como un gemido ahogado, un sonido tan pequeño que pareció diluirse en la penumbra. Dogday levantó apenas el rostro, como un cachorro a punto de desvanecerse. Su mirada se enfocó a medias en su madre, y entre el llanto y el dolor se abrió paso un terror aún más profundo. Todo a su alrededor las alarmas ululando, las luces estroboscópicas, el retumbar de pasos en los corredores se volvió un eco lejano. Lo único real era esa imagen: Dogday reducido a un despojo, marcado por la misma crueldad que a ella la había mutilado en cuerpo y mente. Poppy llevó una mano temblorosa a su boca, un gemido roto escapó de sus labios de porcelana. No hacía falta que nadie explicara lo que había sucedido allí. Lo comprendía con la certeza visceral de quien ya conocía ese infierno. Y en ese instante, comprendió también que no había vuelta atrás. Elliot le había hecho a su hijo lo mismo que una vez le hizo a ella. La certeza cayó sobre su conciencia como un hierro candente, incinerando todo pensamiento. Durante un instante, no hubo nada más que el sonido estrépito de su propia sangre en los oídos y el peso insoportable de esa imagen. Y por primera vez en mucho tiempo, Poppy sintió que su corazón de muñeca ardía con un odio tan absoluto que escucho que un vidrio se hacía trizas, no sabía si fue algo ajeno o su propia mente que tomo años contener. Fue el despertar de una furia implacable, una promesa silenciosa y letal. Sabía, con una certeza helada y mortal, que Elliot pagaría por cada cicatriz, por cada lágrima, por cada pedazo de su hijo que le había arrancado. Y que esa deuda sería cobrada en vida, con una justicia que haría temblar hasta los huesos al hombre que creía haberlos destruido para siempre. Su corazón martillaba en sus sienes, un estruendo que se confundía con el eco de la alarma. Y mientras contemplaba a su pequeño sol reducido a nada, comprendió con un frío absoluto que:

La hora de la alegría se haría.

☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Comentario de la escritora☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* ¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Mis queridos lectores! Uuy por fin pude actualizar, una disculpa por tardar tanto tuve un dia bastante ocupado TwT y aun no hago algo que me gustaría hacer, como ver mis animes, dibujar un poco y eso. En fin tengo mucho que hablar con ustedes sinceramente, pero iremos paso a paso. La primera, ¿Qué les parecio este capitulo? Uwu, espero que no hayan llorado mucho y conociéndolo un poco a ustedes mis lectores, se que habrá un porcentaje menor que lo leyeron con censura porque no querrían ver como Elliot Violo a Dogday, una escena visceral, cruda y realista. ¿Los hice llorar mucho? Pero tampoco los culparía por habersela saltado, porque sinceramente hasta yo siendo la escritora me dio mucho asco y estrés escribirla, porque sinceramente me tuve que meter a inestigar los caso de violación, para saber que sintieron, que pensaron y como sobrevivieron el trauma. No fue fácil para mi tratar este tema, porque es muy delicado porque confieso que en mi infancia fui acosada sexualmente, por un compañero de trabajo de mi madre. Por lo que tuve que poner mis propios sentimientos en estas partes, pero por supuesto un acoso no es lo mismo que un abuso, por lo que también tuve que investigar el tema de la lubricación, los orgasmos en una violación, porque si mis queridos lectores es todo un tema muy jodido de leer y de tocar, espero que no hayan pensado que Dogday sea una puta o una zorra por sentir "placer" o que se haya lubricado, porque neta es una puta mierda el tema traumatico y como el cuerpo reacciona ante la violación, porque en la información que encontré y como relate en el texto, esto sucede por la reacción del propio cuerpo porque La lubricación vaginal durante una violación es una respuesta corporal fisiológica e involuntaria que no implica consentimiento ni excitación psicológica/deseo sexual. El cuerpo lubrica como un mecanismo de defensa biológico para intentar proteger los tejidos vaginales de lesiones y desgarros durante la penetración forzada. Además tuve que investigar también la propia psicología de esto, como el caso de victimas han relatado sus testimonios y como se sintieron confundidas y culpables por sentir "placer", algo que también hice todo lo posible por reflejar en Dogday, porque quiero dar un mensaje para aquellas victimas que lo han sufrido. Porque como dije quiero ser realistas con estos temas, tocarlos y entiendan que esta mierda no se romantiza, ni se normaliza, como entre otros fanfics que si lo han hecho. Y ni hablar de los poscast que me tuve que escuchar sobre este tema, dios mio... necesito un descanso de todo estos temas TwT y mas cuando vaya a escribir el de Bitchday que es mucho peor aun sobre los temas que toca. Para los que lo leyeron sin censura, la neta :v me gustaría saber sus opiniones de como me quedo la escena, y por favor quiero saber sus criticas, que tan bien lo hice para hacerlos sentir el dolor de Dogday. De mi parte escribir este capitulo fue de las cosas mas pesadas, por el tema de la violación, en especial por toda la información que tuve que investigar y el peso que conllevaba querer hacerlo lo mas realista, miren para mis lectores que han sufrido de esto quiero que sepan que no están solos... que busquen ayuda profesional o busquen un familiar y si un familiar no los ayuden, sigan buscando ayuda, yo se que tienen personas que los apoyaran o acudir con las autoridades, no se queden callados mis amados lectores. Nunca lo hagan, griten y aquel que les hizo daño que la pague con cárcel. Se que es difícil y pensaran que están solos, pero no lo están, existen centros de ayuda, tienen familia, tienen amigos, hasta las autoridades, porque siempre habrá personas buenas que querrán ayudarlos... se los digo por experiencia. Eso seria todo de mi parte de este tema, hasta futuros comentarios jeje. Bueno cambiando de tema, necesito hablar con ustedes mis lectores, exclusivamente con aquellos menores de edad. Miren, yo se que no puedo obligarlos a dejar que leean mi contenido, en especial porque no es contenido para ustedes, porque como vieron yo toco temas muy crudos y fuertes, no me voy a contener ni mucho menos en este plataforma ni en ninguna otra. Porque soy una persona que le gusta tocar temas realistas y dar mensajes positivos y que aprendan de los personajes, de forma positiva o negativa de lo que han los personajes. Por lo tanto me he sorprendido bastante que a pesar que fui en clara con las advertencia, vengan menores a presumir que lean mi contenido y como si no fuera nada, hasta presumen su edad sin saber el riesgo en el que me meten, porque ustedes no saben que si sus padres o los grupos Antis radicales llegan a enterarse, es muy probable que me quieran tirar la historia mas que nada en wattpad porque por desgracia, Wattpad tiene filtros de la mierda, donde no ocultas historias fuertes y las pone para todo publico a pesar que tengan la advertencia de maduro, aun asi pueden encontrarlo cualquiera. Y eso mismo es lo que me pone en riesgo, a pesar de poner muchas advertencias y como trato los temas. Porque ya he visto con artistas nsfw y escritores que ellos si son mas fuertes en tocar los temas, que los han llegado acosar, funar, solo por dibujar ciertos ships o escribir ciertos temas, a pesar que son dirigidos por el publico adulto y los Antis se agarran que todos pueden verlos. O hasta el caso de una artista que compartio las capturas de un padre de familia que le exigio que borrara su cuenta porque su hijo veía su contenida. Hágame el chingado favor jajaja xd. Asi que para evitarme esos pedos, porque ya a este punto no me voy a ser responsable de que si se pueden traumar o no, a partir de ahora si me llego a enterar que uno es menor de edad lo voy a bloquear en automatico. Asi que esta es la ultima advertencia que voy a dar, ya estuvo suavicrema, porque la ultima gota que derramo el vaso para mi fue la ultima que llego a mis comentarios a presumirme que hasta leia cosas peores y yo me quede como en la cara de pikachu asi todo en shock. Osea eso no es justificación la verdad, pero en fin ese seria lo que quería hablar con ustedes menores. Por ultimo Estare publicando los fanfics de Bitchday , obsesion en el abismo y el otro que es de otro fandom, en el 2026 por lo mismo después del 3 de diciembre ya voy a comer a escribir los cuerpos de los tres, pero voy a publicar los espacios para la siguiente semana, con la sipnosis, la portada y una nota de próximamente, para que los vayan guardando y ahí puedan recibir las noticias cuando ya publique la fecha de estreno uwu. Estoy muy emocionada por los fanfics a futuro TwT porque dios mio me orgasmeo que por fin sacare mas contenido y expandire mi habilidad de escritora. Ando bien happy happy, nada mas que termine de dar el curso de mi trabajo porque pinche curso me tiene hasta la verga de cansada!!!! Ademas que porfin escribire un fanfic exclusivamente de Poppy x 1006 7w7r que por cierto para los fans de la pareja les recomiendo esta historia: Es porno del bueno 7/////7r jijiji de ellos dos. La escritora es muy buena uwu asi que vayan a darle mucho amor, para los que les gusta esta pareja. Bueno eso es todo de mi parte los amo mis lectores, ¡Hasta el siguiente domingo!
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