ID de la obra: 144

Lejos de tus ideales.

Mezcla
NC-21
En progreso
10
Promocionada! 0
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planificada Maxi, escritos 1.040 páginas, 491.653 palabras, 47 capítulos
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Capitulo XXXX.La ultima estrategia parte I.

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⚠️Advertencias⚠️ 🐈‍⬛Este capitulo tiene temas delicados, proceder con precaucion. 🐈‍⬛ Capitulo Corto. 🐈⬛Esta historia es para el público adulto, por lo tanto, si eres menor de edad, te pido de la mejor manera que salgas de la historia, pero aun así si decides ignorar mis advertencias, entonces solo me queda advertirte que estas bajo tu propio riesgo, esta historia encontraras temas moralmente cuestionables, turbios, gore, abusos de todo tipo, altamente toxicidad, sinceramente esta historia hará que te revuelva el estómago. Por lo tanto, estas bajo tu propio riesgo, no quiero saber que después de esto quieras quejarte o que tus padres vengan a quejarse porque serás bloqueado de inmediato. Eso sería todo para aquellos menores de edad. 🐈⬛Si llego a enterarme que uno de mis lectores es menor de edad, sera bloqueado de inmediato sin aviso alguno, Por favor entiendan que no es contenido para su edad. Sobre aviso no hay engaño. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ El aire en la celda era tan espeso que se sentía como una tela húmeda pegada al rostro. O tal vez era la propia vergüenza de Dogday, esa que manaba en oleadas de su cuerpo herido, mezclándose con el hedor acre de la sangre y el sudor. Kickin, que hasta entonces se había mantenido atrás de Poppy, llevó ambas manos a la boca. Sus grandes ojos brillaron con sorpresa y comenzaron allanarse de lágrimas tan densas que resbalaron sin contención. —Dogday... —musitó el ave, con un temblor que le deformó el tono—. Por Dios... ¿qué te hicieron...?—Kickin no podía creer lo que veía, su gran líder, estaba reducido a esto, ni siquiera podía pronunciar las palabras que tenían en la mente, pare describir lo que le habían hecho a su mejor amigo. El shock se apoderó de su cuerpo y la ira comenzó a brotar al entender lo que Elliot le hizo. Baba dio un paso atrás, su rostro de oveja ennegrecida crispado en una mueca que no era desprecio, sino un asco profundo por la brutalidad de los humanos. Sus pupilas se movían de Dogday a su cuerpo manchado y maltratado. —Maldito Elliot... —Masculló con la voz quebrada, un susurro cargado de furia contenida y una tristeza que le hundía el estómago, porque por mucho que nunca se hubieran llevado bien, jamás le habría deseado algo tan repulsivo, jamás habría permitido que la sombra de un abuso tan cruel tocara siquiera a uno de los suyos, y verlo así, vulnerable, destrozado, le abrió en el pecho una herida vieja, esa que nunca terminó de cerrar, esa que sabía exactamente cómo se sentía cuando te arrebatan todo sin permiso ni piedad, y que ahora ardía con más fuerza al verlo en los ojos del hijo de la muñeca. Poppy se quedó inmóvil en el umbral, como si el mundo hubiese sido arrancado de golpe de debajo de sus pies. No escuchaba voces, no sentía el aire, no recordaba cómo respirar. Solo veía a su hijo. Todo en su mundo se redujo a esos ojos que aún la buscaban, el temblor de su mano apenas visible mientras contenía el impulso de derrumbarse. Nunca había pensado que volvería a ver ese mismo horror que sufrió ella en su hijo que amaba. Una oleada fría le recorrió el pecho, seguida de un ardor que dolía como si le abrieran el corazón desde adentro. Su mente se negaba a entenderlo, pero su corazón ya sabía la verdad, la misma verdad que juró que jamás volvería a repetirse en nadie a quien amara. Y sin embargo ahí estaba, encarnada en el cuerpo de su propio hijo. Elliot lo había hecho de nuevo, había convertido un cuerpo inocente en un receptáculo de su enfermedad. Sintió que algo dentro de ella se quebraba con un sonido que nadie más oyó, como si una pieza de su alma se desprendiera al contemplar lo que le habían hecho a Dogday. Y por un instante, solo un instante, el mundo entero tembló con ella. Dogday alzó la cabeza con un esfuerzo que parecía sobrehumano. Su carita estaba salpicada por las lágrimas. Cuando enfocó su única mirada entreabierta en Poppy, fue como si algo se rompiera en silencio. — P...po...Poppy... —murmuró, con la voz reducida a un hilo gastado por los gritos que le habían arrancado—. ¿Eres... eres tú...? Ella dio un paso adelante. Sus piernas parecían espaguetis, a punto de quebrarse bajo el peso de la impotencia, ella llego a la cama que como pudo se trepo, para correr hacia la cabeza de su hijo, mirando con mas a detalle todo el daño que ese infeliz le había hecho a Dogday, con cada cicatriz o herida solo aumentaba su rabia y su odio a si misma por no poder evitar que lastimaran al can. —Soy yo, mi solecito —susurró, intentando que su voz no temblara. Fracasó, había llegado tarde. Elliot había dañado a su niño, ella llego a lado de su carita y con su mano fría acaricio su pómulo hinchado, pero para Dogday fue un alivio sentir su toque, tanto que se recargo en la palma de la mano de su madre—. Perdóname... perdóname por llegar tarde. Dogday cerró los ojos, un sollozo quebrado que apenas rompía la quietud repulsiva del cuarto. Cada respiro le estremecía las costillas, manchadas de moretones violáceos que palpitaban al ritmo de su miedo. —Por favor... no dejes que me toque otra vez... —gimió—. No quiero... no quiero que me vuelva a... Sus palabras se apagaron en un gemido que se hundió en la penumbra. Y entonces Poppy ya no pudo sostener su entereza. Ella lloro de nuevo, sintiendo que iba a morirse, no podía explicar con palabras la agonía que sentía al ver a su hijo que había sido violado por el hombre quien los creo, no podía llamarlo padre, no merecía ese título, ni siquiera abuelo, no merecía nada. El mismo que abuso de ella, el mismo que le desgracio su vida cuando la secuestro y la convirtió en esa muñeca. Ahora pagaba el precio por no actuar rápido, por no hacer más como madre, por no matar a Elliot de una vez por todas. Pero lo que, si sabía, es que ya nunca más cometería el mismo error. —Nadie volverá a hacerte daño —prometió con un tono tan bajo que parecía más un juramento sellado con su propia alma—. Nadie. Fue entonces que Poppy se separó volviendo a recuperar su compostura, no tenían mucho tiempo, probablemente ya estarían mandando a todo su personal de seguridad para contener al Prototipo, así que de inmediato se subió en la cabecera de la cama para ver las cadenas. —Kickin, Baba, rápido, necesito que los arranquen. —Ordenó Poppy, su voz más afilada que nunca, mientras tanteaba las argollas de metal que mantenían a Dogday prisionero. Kickin se apresuró a trepar al borde de la cama, temblando mientras buscaba el primer anclaje. Baba, más reacia, se plantó del otro lado y examinó la cerradura con una mueca de repulsión. —Están selladas con remaches industriales —murmuró Baba, con la voz baja—. Nos tomará un minuto... —Entonces no pierdan el tiempo. —La mirada de Poppy era un filo incandescente—. Hazlo. Dogday apenas levantó la cabeza, su único ojo visible anegado de un terror tan absoluto que parecía imposible de describir. Cada respiración suya era un sollozo. Cada espasmo un recordatorio de lo que Elliot le había hecho. —Poppy... no... no quiero volver a verlo... —balbuceó, con un hilo de voz. —Lo sé —susurró ella—. Pero ya no podrá tocarte. Lo juro. Kickin hundió los dedos entre los eslabones con un gruñido, mientras Baba arrancaba el primero de los remaches. El metal chirrió en un alarido que parecía desgarrar el aire. Poppy se giró hacia la puerta, con un presentimiento helado atenazándole la nuca. Y entonces lo sintió. Un cambio en la atmósfera. Como si toda la presión de aquel lugar se concentrara en el pasillo que conducía a la celda. —Date prisa —dijo Poppy sin apartar la vista de la entrada. Kickin jadeaba, cada músculo de su cuerpo temblando de esfuerzo mientras tiraba de las cadenas que se negaban a ceder. Baba gruñó, apretando los dientes con furia mientras forzaba uno de los anclajes con la brutalidad de la desesperación. El tiempo se volvió viscoso. Cada segundo era un golpe en el pecho, cada tic-tac una cuenta regresiva hacia el desastre. Y entonces, lo escucharon. Un clic. La cerradura del otro lado de la puerta había cedido. Dogday gimió, un sonido sordo, como si el miedo le hubiera paralizado hasta el alma. Sus hombros se contrajeron con un espasmo involuntario. Su respiración, antes entrecortada, se volvió agónica. Baba alzó la cabeza. Su rostro, tan acostumbrado al desprecio y la frialdad, se tornó blanco. Devastado. Lo sabía. Poppy se bajó de la cama de un salto, el impacto seco de sus pies resonando como un tambor en la celda. Su pecho ardía, el corazón convertido en un puño cerrado de fuego, rabia y un miedo que no se atrevía a pronunciar. El seguro de la puerta giró una última vez. La puerta se abrió con un chillido que se clavó como un alfiler en la base del cráneo de todos los presentes. El aire se volvió denso, casi imposible de respirar. Elliot apareció en el umbral. La luz roja de alarma pintaba su figura de un color enfermo, haciéndolo parecer una aparición salida de alguna pesadilla olvidada. La sonrisa que torcía sus labios no era humana. Era un gesto demasiado amplio, demasiado frío, como si la carne de su cara no pudiera contener el odio y la satisfacción que exudaba. Durante un instante, nadie pudo moverse. Dogday se estremeció, soltando un quejido quebrado. Baba contuvo un grito y dio un paso atrás, mientras Kickin, pese a su tamaño, sintió un temblor subirle por la espalda. Elliot paseó la mirada sobre cada uno de ellos. Despacio. Como un depredador que degusta la impotencia de su presa antes de devorarla. —Pero que conmovedora escena—dijo por fin, su voz tan suave que era peor que un rugido—. Realmente es gracioso que trates de venir aquí. Se detuvo a un metro de ellos. Su mirada descendió hacia Dogday, y la forma en que le recorrió el cuerpo destrozado fue tan obscena que Baba tuvo que apartar la vista. Kickin hizo una arcada silenciosa. —Y pensar que un desecho como tú, Poppy... —prosiguió con ese tono aterciopelado y nauseabundo—. Creíste ser especial. Única. Pero mírate ahora: ni siquiera pudiste conservar tu lugar. Él te lo arrebató sin esfuerzo. Hizo un gesto con la cabeza hacia el cachorro herido, como si lo presentara en un macabro espectáculo. La muñeca se quedó delante de la cama, los puños apretados hasta que las juntas de sus manos de porcelana crujieron, ese maldito enfermo utilizaba su trauma para lastimarla, pero lejos de ponerla deprimida, solo la enfurecía tanto que aun podía sentir como su corazón quemaba tanto que comenzaba a doler. Pero Elliot no había terminado. —De verdad... —siguió con aquella calma perversa mientras avanzaba un paso dentro de la celda—. ¿Crees que vas a sacarlo de aquí? ¿Qué voy a permitir que arruines todo por lo que he trabajado? Su mirada descendió hacia Dogday, destrozado, manchado de su asquerosa semilla. —Elliot... fui bastante clara que nunca, ¡EN TU PUTA VIDA TOCARAS A MI HIJO! —Rugió Poppy destrozando sus cuerdas vocales, con un gruñido con una mueca deformada por la misma ira, sentía que la adrenalina se apoderaba de ella, nadie podía reconocer a Poppy en esos momentos. —¡Ja!, ¿Y qué vas hacer Poppy? —Pregunto retador el fundador riéndose del hecho. Estaba feliz de haber regresado, algo le decía que debía volver independientemente si el Prototipo estaba haciendo un desastre. —¿Vas a rogarme que lo deje?, ¿Suplicar?, ¿Pegarme con tus manitas? —Cada pregunta salía de una forma tan venenosa que la muñeca solo gruñía y su mirada cambiaba a una siniestra. —Electrocutadlos. —su orden fue un filo de acero frío. Bastante cansado de todo. Dogday se asustó miro a sus compañeros sabiendo lo que les pasaría, y de repente Baba y Kickin gritaron, sus músculos se contrajeron violentamente. Kickin chilló, un sonido agudo y desesperado, mientras Baba apenas logró contener un grito sofocado. Sus cuerpos se sacudían y su piel se quemaba desde adentro. —¡Basta! —explotó Poppy, su voz cortando el aire como una daga, mirando como sus hijos los torturaban, tenía que parar esa locura, solo iban a salvar a Dogday no lastimar a los otros—. ¡¡ERES UNA ABERRACIÓN, ELLIOT!! ¡UN MONSTRUO QUE NO TOLERA LA FELICIDAD DE OTROS!! Sus palabras se alzaron, llenando la habitación con un eco de odio y desesperación, ella nunca le pasaría nada no poseía el chip interno que los hacia obedecer. La ira que emanaba de ella era palpable, un torrente salvaje que parecía quemar todo a su alrededor. Su rostro, antes dulce y delicado, ahora estaba marcado por una furia primitiva, una máscara de rabia que dejaba claro que no había nada que temer más que su venganza. —¡MONSTRUO MISERABLE!, ¡ME HAS VIOLADO POR AÑOS!, ¡Y AHORA HAS VIOLADO A MI HIJO! —Rugió con tanta rabia que sus ojos se transformaron, como si la sangre manchara su iris, estos comenzaron a tonarse carmesí, aquel hermoso color azulado había desaparecido por completo, ahora solo quedaba la sangre en sus iris que miraban con asco y odio puro al creador, al padre que destruyo su vida y la de sus hijos, ahora debía pagarlo caro, solo se acercó a Elliot con pasos firmes y desafiantes—. ¡Pero ya no mas Elliot Ludwig!, ¡PERDISTE TU ULTIMA OPORTUNIDAD DE SALIRTE CON LA TUYA! Elliot ladeó la cabeza curioso, comenzando a sentir terror por esa mirada espectral, maquiavélica como si no estuviera viendo a su Poppy, era bastante extraño, hace años que no miraba ese color en sus ojos, por lo que algo dentro de él supo qué algo peligroso se acercaba sabiendo que Poppy podía hacer algo, pero al mismo tiempo le resultaba divertido, excitante amaba cuando ella lo desafiaba, como si escuchara el ruido de una tormenta que estaba a punto de desatarse pero que aún no le preocupaba. —Eres hermosa cuando estás furiosa —dijo con una sonrisa torcida, enfureciéndola mas. — ¿Qué vas hacerme Poppy?, ¡JAJAJ NO ERES NADIE SIN MI POPPY LUDWING! —Grito de regreso, mientras Kickin y Baba caían al suelo adoloridos y desmayados por las fuertes descargas, haciendo que los guardias entraran de golpe y comenzaran a esposarlos y llevárselos a una nueva celda. Ignorando a Poppy que solo se acercaba. —¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! —Poppy exploto, ya no podía contenerse más, lo odiaba a muerte, quería que se muriera en ese mismo instando. Deseaba matarlo con sus manos. Su pequeña silueta tembló al borde del colapso. Todo su cuerpo se sacudía con espasmos de rabia mientras las lágrimas le resbalaban por el rostro y se mezclaban con un temblor que no era debilidad, sino la tensión de una bestia acorralada lista para matar. —¡Te odio! ¡TE ODIO, MALDITO SEAS! —rugió con la voz rota, cada palabra le desgarraba la garganta. Y entonces, sin pensarlo, sin medir consecuencias, se abalanzó sobre él. Su diminuto cuerpo impactó contra la pierna de Elliot con una fuerza que Elliot ni siquiera sintió, solo se rio. Comenzó a golpearlo con ambas manos, una y otra vez, como si sus puños pudieran arrancar de cuajo toda la maldad que él había derramado en su existencia. Los golpes no tenían coordinación. No eran más que una sucesión de manotazos frenéticos, patéticos en apariencia, pero que encerraban toda la furia y todo el dolor acumulado en años de humillación. —¡TU HAS ARRUINADO TODO! —sollozó entre cada puñetazo—. ¡NOS ARREBATASTE LA VIDA! ¡ARRUINASTE A MI HIJO! ¡OJALÁ TE PUDRAS! ¡OJALÁ TE MUERAS AQUÍ MISMO! Sus gritos se quebraban mientras seguía golpeando, incapaz de parar, como si solo así pudiera vaciar la podredumbre que le estaba consumiendo el corazón. Por un segundo, a pesar de su tamaño, Poppy no fue una muñeca diminuta. Fue un monstruo de ira pura, un vendaval ciego que ni siquiera la burla de Elliot podía detener. Pero Elliot no reaccionó como ella ansiaba. No retrocedió ni siquiera gimió de dolor. Solo la miraba con esa sonrisa torcida que parecía tallada en un cadáver. Sus ojos, dos brasas enfermas, chispeaban de diversión mientras ella se desgarraba ante su presencia. Porque Poppy no poseía esa fuerza brutal, como sus hijos o el mismo 1006 que tenían que utilizar cadenas y armas para contenerlo, ella solo era una simple muñeca patética. —¿Eso es todo? —preguntó con una suavidad que resultaba mucho peor que un grito—. ¿Ese es tu gran poder, Poppy? —Soltó una risita corta, seca, como el chasquido de un hueso quebrándose—. Patético. El hombre alzó una pierna con deliberación y le propinó un empujón. Fue casi un gesto perezoso, despreocupado, pero bastó para que el pequeño cuerpo de Poppy ya débil se precipitara de espaldas sobre el suelo manchado. El golpe hizo un ruido seco cuando su nuca rebotó en las baldosas. Por un instante, vio chispas de luz bailar sobre su visión borrosa. Las lágrimas se mezclaron con el dolor punzante en su cráneo. Aun así, se reincorporó con un temblor furioso, buscando la fuerza que su cuerpo destrozado ya no tenía. —Llévensela —ordenó, su voz de pronto tan neutra que helaba la sangre—. Devuélvanla a su jaula con el resto de su patético séquito. Mientras las manos enguantadas la alzaban de nuevo, Poppy se sostuvo con el último vestigio de orgullo que le quedaba. Su respiración era un espasmo irregular, los ojos enrojecidos por las lágrimas y el odio. Aun así, alzó la barbilla con un esfuerzo sobrehumano. —No... —su voz era un hilo, ronco y roto, pero cargado de una furia tan densa que parecía que la celda entera contenía la respiración—. ¡No! —volvió a tragar saliva, mientras un hilo de sangre resbalaba por su labio partido—. ¡Elliot Ludwig!, ¡JURO POR MI VIDA QUE TE VOY HACER SUFRIR!, ¡MONSTRUO! El rugido de Poppy resonó con bastante fuerza, mientras forcejeaba aun en las manos de los hombres, Elliot la contempló con esa sonrisa burlona, un destello de triunfo brillando en sus pupilas enfermizas. Incluso pareció sostener la mirada un poco más de lo necesario, como si algo en ese juramento hubiera arañado la coraza de su egolatría. —Ah... ¿sí? —replicó en un murmullo complacido—. ¡QUIERO VERTE INTENTARLO! Poppy arqueó la espalda, su cuerpo temblando con un espasmo de rabia que la recorrió de pies a cabeza. —¡NO! —la voz de Dogday se quebró en un grito agónico. Su cuerpo se arqueó en la cama mientras forcejeaba contra las cadenas que le laceraban las muñecas y piernas—. ¡Poppy! ¡NO TE VAYAS, POR FAVOR! ¡NO ME DEJES AQUÍ! —¡Dogday! —rugió ella de vuelta, mientras la arrastraban fuera—. ¡Dogday, mírame! ¡Tienes que ser fuerte! ¡Tienes que aguantar! ¡Voy a volver por ti, te lo prometo! ¡VOY A VOLVER! —¡POPPY! —El chillido del cachorro se hizo un alarido desgarrado, mezclado con un sollozo de puro terror. Sus grilletes repiquetearon mientras sus piernas temblaban y un hilo de sangre volvía a gotear entre ellas. La puerta se cerró con un golpe atronador, separándolos. El eco de sus voces se fue apagando en un pasillo iluminado por luces rojas que parpadeaban como los ojos de un monstruo. En ese silencio que siguió, quedaba la certeza intolerable, por esa noche, Elliot había ganado. Y Dogday... seguiría siendo su presa. Y el monstruo lo tomaría como premio otra vez. ☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* El felino ni siquiera podía conciliar el sueño, no podía desgarrar o tumbar la puerta de metal que lo encerraba y lo alejaba de su compañero de vida, al mismo tiempo que evitaba que asesinara al hombre que le arrebato su preciado sol. Lo único que podía hacer era acostarse y esperar la señal que aquel juguete y Jane le habían comentado, no había de otra más que esperar. A pesar que trato de tomarse una siesta, lo que sea para no pensar en la situación, el miedo y la angustia de no saber de Dogday comenzaba a matarlo, ni siquiera el dolor físico le ayudo a calmar esa frustración corriendo. Solo sabía que quería irse, que necesitaba buscar a Dogday a como diera lugar, su compañero probablemente estaba sufriendo sin él y eso lo estaba carcomiendo por dentro. Hasta que de repente escucho la alarma. Alerta máxima. Contención comprometida. Contención de emergencia. La voz automática sonaba distante, casi fantasmal, como un presagio. Un segundo después, escuchó pasos acelerados retumbar más allá de la puerta blindada. Gritos. Órdenes que se perdían en el estruendo de las sirenas. Algo había ocurrido. Algo que por fin rompía la calma asfixiante de aquel encierro. Se levantó con torpeza, tambaleándose sobre sus patas entumecidas. Una punzada de dolor le recorrió la espalda, pero no le importó. Se acercó hasta la puerta y miro el metal con una mirada afilada, apretando los dientes. Si aquello era la señal, si por fin llegaba la oportunidad, no iba a dudar. La puerta se abrió por completo. Jane envuelta en una bata blanca que se agitaba con los temblores de su respiración. Jane tenía la cara perlada de sudor, ella había movido sus hilos para que esto también sucediera. —¡Catnap! —susurró con impaciencia que era casi un sollozo—. ¡Rápido! Tenemos que irnos, ahora. El felino no se lo pensó. Cruzó la puerta de un salto, un gruñido contenido vibrando en su garganta. Su mirada, enrojecida y febril, se clavó en Jane agradeciendo y al mismo tiempo cauteloso, fue entonces que miro los pasillos y comenzó avanzar sin decirle nada. —¿A dónde vas? —Pregunto Jane aletargada mientras se ponía enfrente de él, no sabía que pasaba por la mente del gato, pero no era momento para que pensara para sí mismo. —Tengo buscar a Dogday —Contesto mientras miraba a la doctora con recelo por interponerse en su camino. Jane le sostuvo la mirada con un estremecimiento que no pudo disimular. Su silencio dijo más que cualquier palabra. —¡Por supuesto que no! —Dijo evitando que se fuera, haciendo que Catnap bajara sus orejas y cambiaba a un semblante serio. —¡Lo único que vas a provocar al buscarlo sin rumbo es que arruines todos los planes! —Volvió a contestar. —¡Apártate! —rugió—. Si no vas a ayudarme, no me estorbes. —¡Lo único que vas a provocar al buscarlo sin rumbo es que arruines todos los planes! —replicó ella con un grito que hizo retumbar el pasillo. Sus manos, manchadas de sudor y polvo, temblaban cuando lo señaló acusadoramente. Catnap mostró los dientes, con el pelaje erizado y la respiración en espasmos. Pero antes de que pudiera replicar, Jane dio un paso adelante y, con un chasquido seco, le propinó un manotazo en la cabeza. No era un golpe fuerte, era un recordatorio. Un límite. —¡Escúchame! —le gritó, su voz quebrada por la rabia y desesperación por sacarlo—. ¿Crees que eres el único que sufre?, ¡Todos estamos desesperados y preocupados por Dogday! El felino parpadeó, con los labios retraídos y el aliento convertido en jadeos, ese golpe lo descoloco, la mujer nunca lo había golpeado o lastimado, siempre lo trato con delicadeza y respeto, pero verla tan rota y enojada solo hizo que se quedara en shock. Jane respiró hondo, apretando los puños mientras se obligaba a sostenerle la mirada. —Si sales ahora —dijo en un murmullo cargado de hielo—...si corres por esos pasillos como un animal desorientado, Elliot te encontrará. Y ¿sabes qué hará contigo? —Sus ojos se velaron de un brillo oscuro, un recuerdo que la hizo estremecer—. Te va a conservar con vida el mayor tiempo posible, Catnap. Para torturarte. Catnap dejó caer los hombros, sabía que Elliot no le daría tregua. La tensión en su mandíbula se quebró en un estremecimiento sordo. Jane respiró con dificultad, obligándose a seguir. —Tienes que confiar en mí. Tienes que confiar en Poppy. ¿Crees que el Prototipo se está sacrificando, exponiéndose, para que tú actúes como un estúpido? —Levantó una mano temblorosa y le dio otro golpe, esta vez más suave, más desesperado, de alguna ella fue bastante maternal con ese regaño, por supuesto ella sabía todo el plan, Poppy le explico que el Prototipo estaba con ellos, algo que Jane se sorprendió, pero aun así decidió seguirla—. ¡Piensa! ¡Si te atrapan ahora todo habrá sido en vano! Por un momento, no hubo nada más que el zumbido de las sirenas y el silencio pesado que se abrió entre ellos. Catnap bajó la mirada, con un temblor que le sacudía el lomo de arriba abajo. Las garras se clavaron en las losas dejando marcas, incapaz de encontrar una respuesta. —Yo... —murmuró al fin, con un nudo en la garganta por la desesperación—. No puedo dejarlo allí... —Lo sé —susurró Jane, con un estremecimiento que le sacudió la voz—. Pero si caes ahora, él no tendrá a nadie que vuelva por él. Si caes, Elliot gana. Las luces de emergencia bañaban su rostro pálido, agotado por todas las horas sin dormir. Jane respiró con esfuerzo, dio un paso adelante y, con cautela, apoyó una mano en su brazo vendado. —Ven conmigo. Por favor. —Susurro en un ruego, quería rescatarlo ya no quería seguir perdiendo más juguetes. — Te juro que lo rescataremos. Pero primero... tenemos que sobrevivir. Por un instante, Catnap se quedó inmóvil. Luego su respiración se hizo más pausada, y aunque su mirada seguía siendo un pozo de tormento, tuvo que rendirse porque ahora no tenía más que confiar. — Vámonos...—Murmuro mientras bajaba la cabeza. Jane soltó un suspiro contenido, como si acabara de liberar un peso que llevaba días carcomiéndole el pecho. No dijo nada más. Catnap dejó que lo guiara. La oscuridad de los pasillos se tragó sus pasos. Las alarmas seguían sonando, pero entre los pasillos abundaba el caos entre guardias y científicos que corrían a una dirección concreta. Permitiendo que tanto Jane y Catnap pudieran abrirse camino haciendo lo posible para esconderse de ellos. Jane se pegaba a cada esquina antes de asomar el rostro. Su bata blanca se manchó de suciedad y polvo mientras reptaba junto a Catnap detrás de las paredes. Dos veces se detuvieron a contención de un respiro, con Catnap apretando la mandíbula para no lanzarse al primer descuido de un guardia. La tercera, un grupo pasó tan cerca que Jane tuvo que contener la respiración y apoyar una mano en el pecho del felino para que no saliera para matarlos. —Ya casi... —musitó en un hilo de voz que apenas pudo oírse entre las alarmas. Avanzaron. Las luces de emergencia empezaban a quedar atrás, reemplazadas por zonas de penumbra silenciosa y corredores menos transitados. Cuando por fin alcanzaron el último tramo, Catnap sintió que algo en su interior aflojaba, un cansancio tan profundo que casi hizo que las rodillas se le doblaran, aun no se recuperaba del todo de los golpes y la electricidad de su cuerpo. Frente a ellos se alzaba Sweet Home. La puerta de la casona estaba entreabierta, el umbral iluminado por la suave luz amarilla que escapaba de dentro. El felino alzó la vista, como si solo entonces se permitiera creer que habían llegado. En el umbral, Crafty aguardaba. El brillo de sus ojos llenos de seriedad, ella lo estaba esperando lista para esconderlo, haciendo que Catnap realmente se alegrara por ver a su amiga. Fue entonces que al asegurarse que nadie los siguiera, los dos corrieron hasta la casa, donde al entrar cerraron la puerta detrás de ellos. Ahí mismo Catnap se permitió respirar, dejándose caer en el suelo al mismo tiempo que Jane jadeaba por el cansancio. —Catnap. —Llamo Crafty mientras miraba a su amigo, ambos se miraron y no dudaron en permitirse abrazarse, mostrando el cariño que se tenían. —Por 1006, que alegría que lograste escapar. Crafty apenas pudo contener el temblor en su voz. Se apartó un poco para mirarlo de arriba abajo, evaluando sus vendajes, las quemaduras aún frescas en su pelaje, el modo en que su pecho subía y bajaba con un esfuerzo agotado. Pero cuando su mirada recorrió su cuerpo maltratado y luego la ausencia de otra silueta junto a él, un estremecimiento le tensó los hombros. —¿Y... Dogday? —preguntó con cautela, temiendo la respuesta. La hembra se aleteo porque pensaba que Catnap y Dogday vendrían juntos, ya que su pareja había ido por Dogday, cosa que hizo que Crafty se asustara. El efecto fue inmediato. Catnap alzó la cabeza de golpe, no entendía absolutamente nada, creía que al menos Dogday estaría aquí como Jane había dicho cuando lo liberaran, pero ahora se topaba que nadie sabía nada aún. —¡Espera!, ¿No se supone que iba a estar aquí con ustedes? —Pregunto también alterado buscando una respuesta en el unicornio que se notaba muy acomplejada con la situación. Mientras Jane solo miraba en silencio aun descansando. —Yo... no lose...—Crafty quería contestar, pero ni siquiera ella sabía lo que ocurría solo siguió el plan de Poppy. Antes de que Crafty pudiera darle una respuesta, un tropel de pasos retumbó desde el corredor. Bobby apareció primero, con los ojos abiertos como platos. Tras ella venían Hoppy, Bubba y Picky, todos sobresaltados por los gritos. —¡Catnap! —exclamó Bobby, y su voz se quebró en un sollozo mientras corría a su encuentro. Antes de que pudiera darse cuenta, el felino estaba rodeado de otras dos figuras femeninas. Hoppy y Picky lo abrazaron, hablando todas a la vez, sin poder contener las lágrimas. —¡Catnap, estábamos muy preocupadas por ti! —Dijo Hoppy entre sollozos sin dejar de abrazar al felino que por unos segundos se olvidó de su angustia, porque la calidez de sus amigas en su llegada había calmado un poco su corazón agonizante. —¡Pensé que habían hecho algo horrible! —Esta vez fue Picky mientras también se aferraba a su amigo y cuando se separó para darle espacio, noto las heridas. — Oh mi dios... Catnap estas herido, ve a la sala... iré por la medicina. —Pidió la cerdita sabiendo lo que tenía que hacer. Catnap estaba bastante confundido con sus emociones pasaban tantas cosas a la vez que no sabía cómo procesarlas. Quería contestar, pero sus amigos no lo dejaron, todos querían ayudarlo. —Vamos gatito haz caso a Picky, vamos a la sala. —Fue Bobby quien hablo mientras se acercaba a Catnap y lo ayudaba a levantarse con calma, sabiendo que estaba herido. Su amigo necesitaba un descanso, la osa se volteo hacia la científica que sonreía al ver a los juguetes ayudar al felino. —Gracias Jane. —Agradecido la osita a lo que la nombrada solo asintió. —Déjame ayudarte Bobby. —Bubba por fin llego saliendo de la cocina, quien al escuchar el ruido salió, alegrándose de ver a Catnap vivo. — Ja, que bueno que estas en una pieza amigo. —Menciono burlón mientras tomaba a Catnap para ayudar a Bobby y ambos lo ayudaron a recostarse en el sofá, acompañados por los demás. Catnap se dejó guiar sin oponer resistencia, aunque sus patas temblaban y su mente seguía atrapada en un remolino de dolor, miedo, confusión y rabia. Cada paso hacia el sofá era como arrastrar cadenas invisibles. Agradecía el contacto de sus amigos, sus manos suaves y temblorosas que lo sostenían como si temieran que se rompiera en cualquier momento. —Eso es, despacio... —murmuró Bobby con ternura, ayudándolo a tumbarse mientras acomodaban unas mantas raídas sobre su cuerpo vendado. Picky desapareció ya que tenía que ir por sus medicamentos y Hoppy la seguía para conseguir toallas limpias. Bobby y Crafty se quedaron a su lado mientras que Bubba se recostaba mostrándose más relajado, ya que al saber que su amigo estaba bien podía respirar tranquilo. Jane por su lado se permitió tener un respiro de paz. Por un instante, la paz del reencuentro llenó la sala como una brisa cálida. La luz tenue que se colaba por las ventanas sucias envolvía a los juguetes reunidos, como si Sweet Home hubiera sido un refugio verdadero y eterno. Catnap, aunque desbordado por las emociones, sintió por primera vez en días que tal vez... solo tal vez... aún no todo estaba perdido. Y entonces, el aire cambió. Porque comenzó a oler algo realmente repugnante viniendo por los pasillos, hasta hacer su entrada mostrando a tres seres que jamás pensó ver dentro de su territorio, tan cerca de sus amigos. Realmente los odiaba a mas no poder a esos juguetes. Pero lo más raro fue que ni Bobby, Crafty o Bubba reaccionaron, fue como si realmente sintieran que ellos ya pertenecían aquí desde ya hace tiempo. Lo que descoloco a Catnap. —¡Tch! —Simón fue el primero en hablar, apoyándose con desparpajo en el marco de la entrada a la sala, como si le perteneciera—. Qué escena tan conmovedora... A su lado, Allister ladeó la cabeza, los ojos apagados e indiferentes, aquel cocodrilo tan perezoso le importaba tan poco la escena, solo quería dormirse un rato más. Touille, de brazos cruzados, solo observaba la escena con una sonrisa ácida, como si ya hubiera visto todo mil veces y no le impresionara, aunque en su mirada miraba con indiferencia a Catnap. Catnap se incorporó con un quejido al instante, su mirada chispeando con una mezcla de odio y cansancio. Su cola golpeó el sofá en un espasmo de rabia, haciendo que las hembras se preocuparan. —Catnap, no espera... cálmate. —Bobby trato de tranquilizar a su amigo, pero pareció que fue en vano. Ni siquiera la dejo explicar cuando les contesto. —¿¡Qué hacen ustedes aquí!? —gruñó con la voz todavía áspera por la fatiga, los dientes apretados. Su cuerpo se tensó como una cuerda a punto de romperse, no tenía tiempo para lidiar con los Nightmares. Simón dio un paso más dentro, sin perder la sonrisa burlona, porque admitía disfrutar de la confusión del felino. —Pff... ¿Qué no te dijeron? —Pregunto el dragón sonriente lo que hizo que los Smalling solo los miraran de mala manera. —¡¿Decirme que?! —escupió Catnap con una furia creciente, solo miro a sus amigos que parecían que ellos ya habían aceptado la presencia de ellos. —Ellos nos estaña ayudando...—Trato de explicar Hoppy, aunque no era muy buena para explicar las cosas. —¡¿Ayudándonos?!, ¿A qué?, ¿A ser miserables como ellos? —Pregunto con sarcasmo el felino mientras gruñía a dirección de los Nightmares que solo fruncieron el ceño. —De verdad eres un maldito mal agradecido, Catnap—Contesto Picky en tono fastidiado, lo señalo con desprecio—. Porque si no lo sabias, nuestra líder está arriesgando su vida por rescatar a tu estúpido noviecito. —¡¿DE qué mierdas hablas?! —Exploto el felino sin entender nada, cosa que las hembras se quedaron calladas por la furia de su amigo, Bubba por lo contrario solo se quedó callado estaba demasiado cansada para meterse a impedir el enfrentamiento. —¡BASTA! —la voz de Jane retumbó desde el corredor, deteniendo la futura pelea que se aproximaba. Avanzó hacia el grupo con paso firme, con la bata abierta y el rostro enrojecido por el esfuerzo, estaba muy cansada y aun tenía trabajo que hacer—. ¡Esto no puede seguir así! El silencio fue inmediato. —¡Estamos todos al borde del colapso! —exclamó, con el rostro desencajado por el cansancio—. ¡Si el fundador se entera de todo esto!, ¡Estaremos acabados!, ¡Además de que los demás siguen aun a fuera! Simón alzó una ceja, claramente aburrido, pero no habló, por supuesto también estaba preocupado sus demás amigos que habían salido lo tenían angustiado, aunque no lo demostrara, en especial se sentía exasperado por no sabe nada de Rabie. Jane los miró a todos, con decepción. —Yo me voy. Tengo que borrar las huellas del escape. Si me retraso, vendrán aquí. Y si vienen... no abra otro lugar para ocultarlos. —Sus ojos se clavaron en Catnap al final—. Así que por favor... mantente a salvo. Por él. Catnap bajó la mirada, con un nudo espeso en la garganta. Asintió en silencio. Jane se acercó una última vez a él. Con gesto lento cálido le dio una suave caricia en su oreja, con los dedos temblorosos. —Los demás te explicaran lo que está pasando...—Después la doctora miro a los demás. —Cuídense mucho...—Siendo su última palabra ella se fue, cerrando la puerta de la casona detrás de ella, dejando a los Nightmares y Smalling solos. Un silencio pesado se quedó flotando en el aire cuando Jane salió dejando un silencio que parecía absorberlo todo, nadie habló de inmediato. Ni las alarmas ya que no los alcanzaban en su zona. Catnap se llevó una mano al rostro, presionando el puente de su hocico, sin atreverse a mirar a ninguno. No sabía cómo empezar a ordenar el caos que le hervía en la cabeza. Su respiración era un temblor. Y en el fondo, un único pensamiento se repetía con la obstinación de un mantra: Dogday. Fue entonces que de milagro Picky apareció con la medicina, pero para la desgracia del felino no estaba sola, porque detrás de ella, venia aquel tiburón que traía más cosas para ayudarla. Picky apenas entró en el salón, su mirada fue directa hacia Catnap. No hizo ningún comentario sobre su postura encogida, ni sobre el temblor que le agitaba los hombros. Simplemente se acercó con determinación, depositando la caja de medicina en la mesita más cercana. —Mako, pon eso allí —ordenó en voz baja, sin mirarlo tampoco. El tiburón obedeció, cargando otro par de mantas, un recipiente con agua tibia y vendas. Por un momento, nadie se atrevió a moverse. Era como si todos temieran que un simple gesto rompiera ese silencio cargado de ansiedad. —Catnap —dijo Picky finalmente, su voz suave pero firme—. Necesito que te sientes bien derecho. Tengo que revisarte las heridas. El felino alzó la vista, con los ojos vidriosos. El solo hecho de oír su nombre en ese tono tan normal, tan familiar, hizo que le temblara el labio. Quiso protestar, decir que estaba bien, que había cosas más importantes. Pero su cuerpo dolía como una llaga abierta. Y, sobre todo, sabía que Picky no se movería de allí hasta atenderlo. Era gracioso que ella era más terca que él. Sin decir palabra, dejó que Mako y Hoppy lo ayudaran a incorporarse. Cada movimiento le arrancaba un jadeo ahogado, como un crujido interno que se propagaba desde el pecho. —Respira profundo —pidió la cerdita, tanteándole con dedos meticulosos la zona de las costillas, ya que notaba bastantes heridas—. Si sientes punzadas muy fuertes me avisas. Catnap obedeció. Cada respiración era una punzada de fuego que le subía hasta la garganta. Mientras Picky se concentraba en limpiarle las heridas y Mako sostenía una lámpara para iluminarle el costado, Crafty se acercó despacio y se agachó frente a él, buscando su mirada. Sus pestañas temblaban, y en su mirada se mezclaba la preocupación con el agotamiento. —Catnap... —Su voz era baja, pero firme—. Escúchame bien, porque necesito que entiendas todo antes de volver a gritar. Él alzó la vista, con expresión derrotada. Ni siquiera los Nightmares hablaban, todos estaban del mismo bando hasta donde sabia. Bobby por su parte al notar que estaba más calmada la zona, ella se retiró ya que tenía que asegurarse que los niños estuvieran bien. —Poppy nos reunió a todos —empezó Crafty despacio—. A los Smalling... y también a los Nightmares. Catnap frunció el ceño, pero esta vez no replicó. Se quedó inmóvil, escuchando. Pensando seriamente que realmente todo se había convertido un caos como para que los Nightmares incluyendo su padre participaran en eso y de alguna manera sentía que nada de esto saldría bien. —Kickin, Baba y Poppy se encargaron de infiltrarse en el nivel inferior. —Crafty tragó saliva—. El objetivo era sacar a Dogday de esa celda antes de que el fundador se moviera. Simón desvió la mirada, hastiado, pero no interrumpió. Por primera vez, su semblante dejaba ver un atisbo de preocupación. —Rabie Baby... —siguió Crafty—. Esta afuera como nuestra oyente, si algo pasa nos hablara de inmediato mientras Kissy está haciendo cosas administrativas que Poppy le pidió, no sé qué planeo Poppy, pero a todos nos dio una misión... —Explico el unicornio mientras se abrazaba ya que aún no sabía nada de Kickin. Catnap sintió un escalofrío. Una parte de él quería correr en ese momento y unirse a ellos. Otra parte, más rota y agotada, comprendía que su cuerpo no lo soportaría, necesitaba un descanso, había sido dañado bastante. —¿Y los Nightmares? —preguntó al fin, con un hilo de voz. Pero lejos de explicar con amabilidad, fue Poe quien contestó de forma indiferente, entrando a la sala con calma mientras cargaba en sus manos a uno de los niños quien dormía en su pecho. Después de todos los niños habían sido cuidados y alimentados, evitando que se entrometieran en esa horrible situación. —Fuimos traídos para cuidar a los niños y también protegerlos, eso incluye a ustedes también Smalling. —Contesto el ave mientras caminaba hacia Catnap que se mantenía quieto y a la defensiva, pero al ver que uno de los pequeños dormía en los brazos de Poe se relajó, sabiendo que los niños confiaban en ellos, ya que por algo permitían que los cuidaran. El silencio volvió a caer sobre ellos, como una losa. Picky solo se limitó a limpiar las heridas de Catnap al mismo tiempo que Mako preparaba el remedio, como le enseño la cerdita mientras que daba instrucciones en un susurro. El tiburón a pesar de su torpeza hacia lo que podía, para ayudar a la cerdita. —¿Así está bien Picky? —Murmuro Mako, a lo que la nombrada asintió. —Si esta perfecto, moliste muy bien esas hiervas...—Contesto la cerdita tomando el pure de hiervas que hizo Mako para aplicársela en las heridas limpias de Catnap, haciendo que el felino solo gruñera por un poco de dolor. El ungüento de hierbas tocó una de las heridas abiertas del costado de Catnap, provocándole un estremecimiento involuntario y un gruñido bajo. Sus orejas se agitaron por el ardor punzante que recorrió su piel, como si cada terminación nerviosa despertara de golpe solo para recordarle lo que había soportado. —Tranquilo... —susurró Picky, limpiando con cuidado—. Ya casi termino. Catnap no respondió. Sus ojos se mantenían clavados en el suelo, y aunque su cuerpo permanecía quieto, su cola se enroscaba con ansiedad, delatando el hervidero de pensamientos que lo consumía. Crafty respiró hondo antes de añadir. —Aquí...—Se detuvo un momento, permitiendo que Picky hablara, en esos momentos las dos solo se apoyaban solo porque la situación lo ameritaba—. Es el único escondite donde pueden ocultarlos. A ti... y a Dogday. Poppy pensó en todo. Incluso si el fundador sospecha, tenemos el escondite secreto... hasta que todo se resuelva. —Es un sitio perfecto —dijo Bubba con gravedad, el elefante estaba quieto no había ayudado mucho más que cuidar a los niños, ya que sabía que ahora sería más difícil la situación—. Solo tenemos que resistir... hasta que Poppy regrese con Dogday. Catnap se llevó la mano al pecho, sintiendo el retumbar frenético de su corazón, porque aún se sentía bastante inquietud por todo, tenía un pánico enorme al pensar que Elliot le haría daño a su perrito. El felino solo se regañó a sí mismo, por no abrazar y besar aún más a Dogday si tan solo supiera que se lo quitarían. —¿Cuándo llegaran? —Pregunto el felino desesperado Pero Crafty solo negó con la cabeza, ella al igual que todos estaban sin respuestas. —No lo sabemos...—Dijo el unicornio con tristeza. —Sea lo que pase, Rabie nos lo dirá de inmediato. —Contesto Touille mientras caminaba a uno de los sofás para sentarse agobiado por todo. Simón, que hasta entonces se había limitado a observar con los brazos cruzados, soltó un bufido bajo. Sus ojos afilados, realmente no confiaba en nada en los Smalling, pero el Prototipo había sido muy claro en ordenarles en mantenerlos a salvo y a los niños hasta que terminara esta locura. Aunque detestaba la idea de separarse de Rabie por tanto tiempo, sabiendo que ahora Elliot se había vuelto bastante inestable y temía por la seguridad de su pareja. Además, que también estaba angustiado que su mejor amiga hubiera salido con la otra líder, era un plan bastante arriesgado, pero no había de otra. Nadie podía culparlo cuando los juguetes después de la noticia de lo ocurrido con Dogday y Catnap, ya no querían salir de sus lugares seguros. —Como sea... tenemos una misión encomendada por nuestro dios. A pesar que te odiemos gato de mierda, eso no significa que seamos enemigos. —Explico Simón mientras cruzaba sus brazos y gruñía bajamente, realmente no tenía interés en seguir hablando con el felino. Solo había dejado en claro su objetivo y eso era solo estaban ahí porque el prototipo lo ordenaba. —Listo ya he terminado. —Dijo la cerdita mientras terminaba de vendar las heridas de Catnap, mientras Mako recogía las cosas de la cerdita. —Realmente espero que lleguen pronto. —Murmuro el tiburón levantándose se notaba preocupado a pesar de su personalidad ególatra. Lo que hizo que Picky solo bajara la mirada, ella también estaba preocupada por sus amigos y estaban en la misma posición, pero no podía hacer nada más que apoyar a los demás. —Pronto volverán...—Ella contesto mientras hablaba para todos, miro a su amigo Catnap, así que le dedico una sonrisa, dándole un poco de esperanza sabiendo que pronto llegarían con Dogday o eso quería creer. Los Nightmares restantes solo se quedaron callados, ya que no tenían mas nada que decir, Hoppy, Bubba y Crafty solo sonrieron compartiendo la misma esperanza. Aunque Crafty era la que más fuerte creía, ya que no quería perder a su compañero de vida. Por último, Mako solo le dedico una pequeña sonrisa cansada, pero aun así Picky no se detuvo solo se acercó al tiburón y tomo su mano. —Es cuestión de esperarlos. —Volvió repetir, dejando en claro porque pertenecía al grupo de los Smalling Critters. —Gracias...—Murmuro el felino siendo lo último que quedaba un agradecimiento. El silencio fue tan denso que incluso Poe alzó la mirada. Sostenía al niño contra su pecho, meciéndolo con un cuidado reverencial, como si su sola presencia bastara para calmar algo en su propio interior, a pesar de ser un Nightmare eso no significaba que era malo con los niños, de hecho, Poe admitía que era bastante relajante verlos dormir. Cuando Bobby entró por el pasillo después de supervisar a los niños, había escuchado una parte de la conversación, pero tampoco iba a meterse, todo se había dicho, sus pasos hicieron que el ave alzara la vista. —Se ha quedado dormido —informó Poe, con su tono neutro, entregando el pequeño bultito a la osa—. Si despierta, avísame. —Claro —murmuró Bobby con un suspiro—. Gracias... —Acarició suavemente el lomo del niño mientras se lo llevaba con pasos silenciosos, ella tenía que cuidarlos ahora, alguien debía protegerlos si algo horrible pasaba, dejando la sala un poco más vacía. Pero ni la ausencia de voces, las alarmas nunca alcanzaban ese lugar así que no sabían si ya se habían detenido o seguían sonando. Catnap sentía la presión en su garganta como un grillete. No soportaba la idea de tener que convivir con sus enemigos y de no saber si Dogday seguía respirando. Cada vez que recordaba la última vez que lo vio, un espasmo de rabia y angustia le sacudía las entrañas. Pero el sonido de alguien tocando la puerta hizo que todos alzaran la vista al mismo tiempo. El picaporte se giró y la madera se abrió con un chirrido bajo, permitiendo que una figura femenina entrara a la casona, solo para caminar hacia la sala donde los demás estaban. Rabie Baby apareció en el umbral. Su silueta era apenas un borrón encorvado contra la luz de la entrada. Sus manos, normalmente inquietas, colgaban a los costados, entumecidas. Cuando dio un paso dentro, se hizo evidente que sus hombros temblaban. Tenía la mirada vacía, hundida en un pozo tan oscuro que Simón sintió su corazón hundirse. —Rabie... —Simón la llamo alertado con voz trémula, sus amigos se aliviaron de verla, pero por su expresión sabían que no era nada bueno.—. ¿Qué ocurrió? Pero el murciélago no contestó enseguida. Simón quien primero se acercó, casi corriendo hacia ella para tomarla de los hombros, revisarla de arriba abajo asegurándose que no estuviera herida, y luego Touille, que por un instante dejó de cruzar sus manos, para ir con ella buscando de una respuesta. Incluso Picky se incorporó, con los ojos muy abiertos, cuando vio el temblor en la mandíbula de su compañera. Mako por su parte se sintió un poco alterado, pero aun así no se separo de Picky, sabiendo que Simon podía reconfortar a la murciélago. Picky por su parte sintió un mal estar en su corazón, que provoco que por intento apretara mas fuerte la mano de Mako, buscando consuelo. Los Smalling Critters se quedaron sorprendidos de verla, pero al mismo tiempo aliados de tenerla porque al menos tendrían noticias. Rabie alzó la vista. Su respiración era dispareja, como si acabara de correr una distancia imposible. —La misión... —Su voz se quebró en la primera sílaba. Tragó saliva y lo intentó de nuevo, más bajo—. La misión fracasó. Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. —¿Qué... qué quieres decir? —susurró Crafty, con los labios pálidos. Sintiendo como su corazón latía con fuerza que en sus oídos podía escuchar estática, no quería imaginarse absolutamente nada, solo quería ver a Kickin. Rabie tragó saliva otra vez, y por primera vez, ella parecía dudar de contar la noticia, como si las palabras no querían salir de su garganta. Parecía bastante atormentada con lo que sea que haya visto. —Se llevaron a Poppy —dijo en un jadeo—. A Kickin... y a Baba. Los capturaron antes de que pudieran sacar a Dogday. Por un segundo, nadie respiró. Ni un solo ruido rompió la quietud, salvo el temblor del aire entre todos ellos. Crafty no pudo más. El suelo bajo sus pies dejó de sostenerla y se desplomó con un golpe sordo, dejando que su cuerpo se hundiera como si algo dentro de ella se hubiera roto de nuevo. Sus rodillas temblaban, sus manos apenas atinaban a cubrirse la boca, pero ni siquiera eso bastaba para contener el temblor. Sus lágrimas comenzaron a deslizarse sin control, silenciosas al principio, pero cargadas de un dolor tan antiguo como la pérdida que la había dejado marcada años atrás. La sola idea de perder a Kickin, de volver a ser despojada de alguien que amaba, de que el mundo volviera a arrebatarle lo poco que aún sostenía su alma... la sumió en una niebla. Todo se volvía distante, amortiguado. Su mente se vació de pensamientos lógicos, solo un eco constante y desquiciado. No otra vez... no otra vez... no otra vez.... Catnap apenas podía mantenerse sentado. Las palabras de Rabie parecían caer como cristales rotos sobre su espalda, clavándose una a una. Cada sonido que nombraba a Dogday, cada alusión a lo que no pudieron hacer, era una cuchillada directa a lo más vulnerable de su pecho. El aire se volvía espeso. Ni siquiera sabía si lo estaba respirando correctamente. Había sentido miedo, sí... pero nunca esta clase de terror. El de la incertidumbre. El de no saber si volvería a ver a su pareja. Si aún estaría vivo. Si lo volvería a escuchar reír, regañarlo, abrazarlo. El caos en su pecho crecía hasta asfixiarlo, y solo el dolor de las heridas aún frescas lo mantenía amarrado a la realidad. Hoppy se cubrió la boca con ambas manos, sus ojitos húmedos y dilatados por la angustia. No sabía a dónde mirar, no sabía si debía gritar, correr o simplemente colapsar. Bubba, detrás de ella, se quedó de pie, rígido, como una estatua. Su expresión vacía, como si su cerebro hubiera dejado de procesar lo que sucedía. Él no lloraba, no hablaba, no se movía. Solo escuchaba los latidos de su corazón retumbar en su cráneo, tratando de entender, de aferrarse a algo que lo salvara del miedo. Los Nightmares, por su parte, no pudieron ocultar su desconcierto ni su devastación. Poe apretó los dientes, la mirada gélida, pero sus alas temblaban con violencia. Simón bajó la cabeza y murmuró algo entre dientes que nadie pudo oír, mientras Touille cerraba los ojos con fuerza, conteniendo una rabia que comenzaba a hervir desde lo más profundo de su estómago. Mako se quedó helado, pasmado, callado como si la noticia lo hubiera hecho trizas su mente y se desconectara de la misma realidad. Para ellos, Baba no era solo una líder. Era su hermana, su guía. La que había confiado en ellos cuando nadie más lo hizo. Saberla ahora en manos de sus enemigos era un puñal directo a sus pechos al arrebatarle su familiar. El ambiente era tan tenso que ni el aire se atrevía a moverse. Fue entonces, en medio del mar de dolor y desconcierto, que Hoppy rompió el silencio con un hilo de voz cargado de miedo y lágrimas. —¿Y ahora qué...? —dijo, temblando—. ¿Qué pasará... ahora que nuestra líder fue capturada? —Pregunto Hoppy ya que Poppy no le había platicado su plan si salía mal, ella estaba esperanzada que la muñeca saliera triunfante como siempre lo hacía cuando supero la muerte. Todos volvieron sus ojos a Rabie, quien seguía allí, con los hombros caídos, el rostro sin color, los ojos fijos en el suelo como si todavía intentara entenderlo todo. Alzó lentamente el rostro, con dificultad, como si le pesara el cuello, y entonces, con un suspiro quebrado, respondió el plan B. —Ahora... el Prototipo tomará el control. Las palabras no fueron gritadas ni forzadas. Solo fue una verdad que la mayoría no quería aceptar en absoluto. Un escalofrío recorrió la sala. El nombre del Prototipo resonó e hizo estragos en la mente de todos, sin Poppy para frenarlo... nada volvería a ser igual, por lo contrario, ahora empezaba el verdadero infierno. Catnap sintió que algo dentro de su pecho se desgarraba con un chasquido. Un vértigo frío se le subió a la cabeza mientras sus garras se clavaban en el borde del sofá, porque significaba que le había fallado a Dogday, que su amado sufriría las consecuencias de su propia debilidad y solo el camino de su padre podía salvarlo, de lo que sea que Elliot le tenía preparado. El mundo se volvió un lugar demasiado pequeño para contener el odio, el miedo y la desesperación que se arremolinaban en su pecho. Y comprendió que, de algún modo, que la hora de la alegría se haría. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Cometario de la escritora☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* ¡HOLAAAAAA! ¡MIS AMADOS LECTORES! Aquí traigo otro domingo mas de este capitulo recién horneado y calientito uwu. ¿Qué les parecio este capitulo? La verdad fue muy suave a comparación con el anterior, solo muestro las secuelas que Elliot dejo en los demás y como a pesar que Dogday sufrió lo peor, aun asi los demás sufren por su ausencia y el miedo que le tienen mas al enterarse que Poppy también se la han llevado, pero lo que realmente da mucho que pensar es que todos saben que la hora de la alegría se acerca que ahora si ya no hay vuelta atrás. Elliot sobre paso todo lo que es sagrado para los tres personajes mas cabrones de este fanfic, A Poppy porque ella ama a Dogday como su hijo y siente ese vinculo fuerte con él, a Catnap porque lastimo a su amado perrito solar su compañero de vida, a 1006 porque lastimo a Poppy y a Catnap no solo a torturalos porque también los lastimo al lastimar a Dogday y por ende no permitirá que les haga daño, futuramente desarrollare mejor la relación de Dogday y 1006 tendran como yerno y suegro, aunque también algo de padrastro por ser hijo de Poppy , la neta si esta raro el asunto jajajaja XD. Es un hecho que 1006 ya no se andara con mamadas 7w7r jeje, bueno a partir de aquí empieza los capítulos "ligeros", lo digo de esta forma porque mas que nada se va a ver un desmadre de estrategia, psicología y ahora si gore como acción, solo un capitulo tendrá lo ultimo de vainilla lo demás ya es mas pesado emocional. A si que mucha suerte mis queridos lectores, no sentirse drenados por lo que viene uwu. Bueno me quede pensando en algo, ¿Cómo se encuentran?, ¿ya se sienten mejor después del capitulo anterior?, es que note que ese capitulo fue el que menos se comento, por lo mismo si fue un capitulo muy fuerte y pesado de leer, por lo que es entendible que se hayan sentido mal por lo que leyeron, en especial aquellos que lo hicieron sin censura. Espero que ya se sientan mejor en ese aspecto uwu jeje, ya lo demás no será tan fuerte como lo que vieron. Por ciertooooo tengo mas cosas que decirles, primero que nada, ¿ya vieron el nuevo trailer que Mob saco de Poppy playtime capitulo? ¡Ohhhh dios mio pero que epicooooo!, ¡Joder! Osea vimos a Poppy directamente huir de 1006 y este maniaco como comienza a decirle de forma aterradora que la atraparía, sinceramente tengo una teoría interesante. Veran he notado que muchos fans han satanizado a Poppy y se me hace de los mas injusto del mundo, porque dios mio Poppy tiene muchos motivos porque reacciono de esa manera tan cobarde y aquí viene mi teoría. Es que siento que 1006 le hizo algo mas que solo encerrarla, es que al ver la reacción de Poppy, tan aterrada, llena de pánico, de un terror puro que se le veía a sus ojos al pensar que 1006 la atraparía, cosa que me dio entender que 1006 realmente le hizo otra cosa, que le provoco un puto miedo irracional a su persona, es que no me explico como Poppy puede reaccionar asi por él, ósea entiendo que a lo mejor le de miedo las cajas y tenga claustofobia, pero ya para que reaccione de una manera tan psicótica da mucho que pensar. Y es como lo que hable con mi amiga verito (Verito es la escritora de los primeros fanfics de Poppy x 1006, la cual saco un nuevo fanfic muy muy bueno llamado el hijo del prototipo, vayan a leerlo si son fans de Angel/Player, se los recomiendo muchisimo), que a lo mejor supongamos que 1006 no la haya torturado físicamente, pero psicológicamente le hizo muchísimo daño, porque recordemos que este ser es un manipulador experto, un mentiroso maestro que puede imitar voces, que puede envolverte en sus palabras llenas de miel, que te hará creer que te aprecia o que te ama, y ¡PUM! Antes de que te lo esperes, te asesina porque ya no eres útil, o solo eres una simple pieza que hizo que tu muerte tuviera un propósito tan retorcido a su beneficio, cosa que hizo con Catnap. Osea weey casi casi, lo hizo creer que era un tipo de héroe o un padre que podía protegerlo y lo envolvió desde que era un niño, para que al final le hiciera algo tan jodido como asesinarlo sin una puta pizca de duda. Sabiendo como es él, entonces no dudo que psicológicamente le hizo un daño fuerte a Poppy para hacer que ella le temiera a muerte, o tal vez también utilizo una tortura física, pero sin dejar marca o quien sabe, realmente me la estoy fumando XD pero este trailer me ayudo a darme mas ideas para el fanfic de Obsesion en el abismo (Poppy x 1006), que es la continuación directa del capitulo 4. Entonces díganme, ¿Qué les parecio el trailer y cuales son sus teorías?, quiero leerlos y poder compartir mas de sus ideas como opiniones uwu. Ahora pasemos al siguiente tema, no tengo fecha aun, pero en este mes vy a comenzar a publicar los espacios de los tres fanfics, para que puedan guardarlos en su biblioteca y puedan tener la notificación cuando vaya a dar las fechas de estrenos uwu, ya estoy comenzando a pedir las portadas, la grandiosa editora digital la misma que me hizo mi precioso Gif, me esta apoyando con eso, la verdad es super talentosa, asi que por favor denle mucho apoyo a Clementine0315 de hecho ella me hizo la nueva portada que están viendo del fanfic, jeje, ¿No es increíble? No olviden seguirla y apoyarla uwu si es posible, realmente estoy muy feliz por esta portada, el gif y las futuras portadas que acepto hacerlas, estoy infinitamente agradecida por su apoyo TwT. Clemen si estas leyendo esto, ¡Gracias de todo corazón!, ¡Gracias! Bueno eso seria todo de mi parte, los veo el siguiente domingo mis queridos lectores, ¡Los amo! Bueno eso seria todo de mi parte, los veo el siguiente domingo mis queridos lectores, ¡Los amo!
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