ID de la obra: 144

Lejos de tus ideales.

Mezcla
NC-21
Finalizada
10
Promocionada! 1
Fandom:
Tamaño:
1.121 páginas, 530.177 palabras, 51 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capitulo 48. La hora del Juicio Parte I.

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Notas:
Capitulo. La hora del Juicio Parte I. El despertar fue una punzada de dolor en cada fibra de su cuerpo. Dogday abrió lentamente los ojos, jadeando, como si el simple hecho de volver a respirar doliera. Su pecho ardía, sus brazos temblaban y un peso extraño lo mantenía inmóvil, pero lo que realmente sintió, fue la suavidad del colchón debajo de él, además de sentir el calor de las sábanas limpias, poco a poco abrió sus ojos, pero la luz lo cegaba un poco, constándole acostumbrarse a eso. Un murmullo infantil lo rodeaba: risas bajas, voces susurrando su nombre, pequeños pasos acercándose. Cuando recupero su vista, lo primero que encontró fueron los ojos brillantes de varios niños, quienes lo miraban con una mezcla de preocupación y alivio. —¡Dogday! —Grito uno mientras no pudo evitar llorar y abrazarlo, cosa que cuando quiso abrazarlo, unas manos la detuvieron- —Ten cuidado Emily… Dogday está herido, no puedes abrazarlo por ahora. —Regaño Honey, aquel osito que también había evitado esa masacre, refugiándose en ese lugar junto con los demás juguetes que, como él, habían decidido resguardar a los niños. Cuidaban de ellos como podían, intentando mantenerlos en la ignorancia, alejados del peso del horror, y al mismo tiempo aferrándose al efímero respiro de paz que les quedaba. además de que querían disfrutar del poco momento de esa tranquilidad, por lo que solo deseaban alejarse de esa horrible masacre y estar con los niños, que eran cuidados y manteniéndolos en ignorancia. Honey tomó a la niña en brazos y acarició su cabeza con ternura, antes de acercarse a donde Dogday reposaba sobre un colchón improvisado en el suelo. El olor tenue a medicinas y a vendas húmedas impregnaba el aire. —Dogday… ¿cómo te sientes, amigo? —preguntó Honey, acomodándose a su lado, su voz cargada de preocupación sincera. El perro intentó incorporarse, apoyando los codos, pero un espasmo lo obligó a soltar un quejido ronco. Sus manos temblaron al sujetar las sábanas, al mirar hacia abajo, se dio cuenta que estaba envuelto en vendas que sujetaban heridas aún frescas, además de que poseía ropa, una camisa blanca que las hembras le pusieron para evitar que se ensuciara las vendas de su torso y un short que también cubría ciertas cosas, pero también recordándole que ya no era el mismo de antes, Dogday solo sintió un suave dolor punzante en las paredes vaginales, pero también sentía alivio de alguna forma, porque podía sentir como las pomadas y la medicina que Picky le había puesto, estaba haciendo efecto. —N-no entiendo… ¿Qué hago aquí? —El perrito comenzaba a sonar bastante temeroso, hace tan solo poco había sido rescatado de esa horrible habitación, donde Elliot lo había torturado de una forma tan cruda, que el pobre perrito no sabía cómo es que seguía vivo y ahora estaba en Sweet home, como si nada hubiera pasado, viendo de reojo a los niños que estaban preocupados y otros llorando al ver que Dogday no reaccionaba a ellos. Juguetes de todos los tamaños, aunque la mayoría pequeños, que estaban con los niños o en un rincón de la habitación. Fue entonces que comenzó a recordar, mientras Honey trataba de pensar que decirle, pero Dogday se adelantó cuando comenzó a recordar lo que había pasado. Recordando a Catnap y fue entonces que su corazón latino con fuerza y pánico, al darse cuenta de que no estaba a su lado. —¡¿Dónde está Catnap?! —Pregunto bastante alterado. Honey, que estaba junto a él, contuvo la respiración. Sus ojitos se llenaron de nervios, pues sabía perfectamente que el gato había partido hace tan solo unas horas, El Prototipo lo había llamado y si el dios lo llamaba, nadie podía pararlo, muchos intuían lo que venía, pero Catnap había hablado con las hembras Critters para encargarles el bienestar de Dogday. Solo se había ido entrando de nuevo en esos pasillos infernales, pero tampoco tenía intención de hablarle sobre la masacre que teñía el exterior, mucho menos en ese estado de vulnerabilidad. Su instinto fue calmarlo, aunque cada palabra se sintiera como caminar sobre vidrios. —Dogday, tranquilízate, por favor… —le pidió con voz suave, posando su mano acolchada sobre la de perrito—. Ahora lo importante es que estás aquí, con nosotros. Catnap… él está bien, pronto te vera. Dogday lo miró con el pecho agitado, sus ojos empañados por lágrimas contenidas. Quería verlo, necesitaba estar con su felino lunar, quería, pero el vacío a su lado era insoportable. Se encogió sobre el colchón, temblando como si su cuerpo aún recordara cada golpe, cada herida y el trauma cuando fue invadido sin su consentimiento por alguien más que no sea su pareja. En ese instante, un chillido agudo y acelerado resonó desde la entrada. —¡Dogday! —ArcoRabbit apareció corriendo con lágrimas corriendo por su carita, y sin pensarlo se lanzó sobre el perrito, abrazándolo con fuerza. Su pequeño cuerpo se estremecía mientras enterraba su rostro en el pelaje de Dogday, sollozando como un niño perdido. Dogday quedó sorprendido al inicio, pero luego correspondió lentamente al abrazo, comenzando a despertar de su shock, posando su pata sobre la espalda del conejo, cerrando los ojos, aferrándose a su pequeño amigo. En ese instante, por primera vez desde que había despertado, sintió un respiro de calma. El miedo se disipó lo suficiente para que el calor de ese abrazo lo hiciera sentir seguro, como si alguien confirmara que no estaba solo, que no había sido abandonado. Devolviéndolo a la realidad donde Elliot no volverá a tocarlo, siendo Jason con esa calidez que le transmite. El llanto de ArcoRabbit, desgarrador y sincero, se mezclaba con su propio temblor, y Dogday, aún herido, acaricio la cabeza de su amigo. —¡Te extrañe! —Dijo el conejito mientras lloraba sobre el perrito que seguía abrazándolo. —¡Yo también te extrañé, pequeño!… —murmuró Dogday con voz entrecortada, su garganta ardiendo con cada palabra, pero sin soltarlo ni un instante. Lo apretó un poco más, buscando esa certeza de que estaba vivo, de que no todo había sido un sueño cruel. Honey observaba la escena en silencio, con una mezcla de alivio y dolor. No podía decirle la verdad, no aún. Dogday estaba demasiado frágil, tanto física como mentalmente, y soltarle la crudeza de lo que había pasado afuera sería hundirlo más. Así que respiró hondo, los niños se acercaron para poder hablar con Dogday y abrazarlo, mostrándole ese cariño que le tenían. Fue entonces cuando Bobby entró en la enorme habitación. Su andar era pesado, reflejando el cansancio acumulado en cada paso, pero al ver a Dogday despierto, su expresión se transformó por completo. El agotamiento se desvaneció como si nunca hubiera existido, reemplazado por una sonrisa radiante que se mezclaba con la emoción desbordante en su pecho. Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante, y sin poder contenerse, echó a correr hacia él con la voz quebrada por el llanto. —¡Dogday! —exclamó, llamándolo con toda la fuerza de su corazón. Bobby se arrojó a sus brazos sin pensarlo, rodeándolo con fuerza, como si en aquel abrazo intentara asegurarse de que era real, de que no volvería a desaparecer de su lado. Sus lágrimas caían sobre el pelaje del perrito, empapándolo, mientras su voz temblorosa repetía su nombre una y otra vez. Dogday, sorprendido por el ímpetu, dejó escapar un jadeo ahogado, pero pronto, aún con el dolor punzando en su cuerpo herido, levantó sus patas para corresponderle con la misma necesidad desesperada. El calor de Bobby, su llanto sincero, lo envolvieron como un bálsamo. Era imposible no dejarse arrastrar por esa emoción, por esa alegría rota que se mezclaba con la angustia de haberlo visto al borde de la muerte. Dogday apretó con suavidad a su amiga contra sí, cerrando los ojos, tratando de grabar en lo más profundo de su ser la certeza de que aún tenía a los suyos, que aún existía un hogar en esas personas que lo amaban. —Estoy tan feliz… —susurró con la voz entrecortada, apretándolo con fuerza—. Pensé que no volveríamos a verte, Dogday… pensé que no volveríamos a verte. Se apartó apenas un instante para mirarlo a los ojos, con esa expresión entre sollozos y sonrisa, como si su corazón estuviera estallando de alivio. —Pero estás aquí… con nosotros —continuó, dejando escapar un sollozo más, acariciando su mejilla con ternura—. Y eso es lo único que importa ahora. Dogday, conmovido, solo pudo mirarla con los ojos brillosos, el perrito no pudo evitar volver abrazar a su querida amiga, mostrando también su felicidad por volver a verla. —Ohh Bobby, estoy feliz de verte. —Menciono realmente agradecido de verla, mientras novia su cola a pesar del dolor que sentía. Se quedaron abrazados para luego separarse y por fin hablar un poco. —Bobby… por favor dime la verdad, ¿Qué es lo que está pasando?, ¿Dónde está Catnap? —Pregunto realmente inquieto quería salir de ahí y poder buscar a Catnap, estar a su lado, pero al mismo tiempo necesitaba respuestas. —Cálmate perrito. —pidió la osita tratando de tranquilizar a su querido amigo. —Primero ya estas a salvo… Él no te volverá hacer daño. —Contesto Bobby tomándolo de su hombro y dedicándole una mirada dejando en claro que ya sabía lo que había pasado. Bobby lo miró directo a los ojos, con una seriedad cargada de ternura y dolor, dejando claro que sabía lo que había pasado, aunque él no se lo hubiera dicho. Aquellas palabras, tan simples, pero tan ciertas, hicieron que el cuerpo de Dogday se tensara al instante, como si la sola mención de su torturador hubiera despertado un recuerdo enterrado demasiado profundo. —N-no… ¿Co- cómo? —Dogday comenzó a hiperventilarse mientras comenzaba a abrazarse y en su rostro se mostró con tanto pánico. Pero Bobby y Rabbit, rápidamente lo tomaron de sus manos para que se tranquilizara. —Nosotras… fuimos las que te curamos y limpiamos. —Explico sin dar explicaciones y realmente no quería hablar de ello, pero necesitaba asegurarle a Dogday que ya estaba a salvo. —¿Dónde está Catnap? —Murmuro el perrito mientras bajaba la mirada, a estas alturas solo estar con su amado era lo único que podía traerle consuelo. Bobby solo se quedó callada mientras Honey y Arco se miraban, fue entonces que ellos mejor se retiraron para dejar a los dos Smalling solos, además de llevarse a los niños. Cuando por fin les dieron esa poca privacidad, Bobby no pudo evitar decirle la verdad, Dogday tenía que saberlo. —Dogday… Catnap no está, él se fue hace unas horas, El Prototipo lo llamo…—Explico la osa mientras bajaba la mirada. —Desde que te fuiste, todo comenzó a torcerse… Poppy realmente cambio y el Prototipo tomo el control de todo. —Bobby ni siquiera sabía que pasaba a penas se daba cuenta de lo que ocurrió, todo había sido planeado de forma meticulosa y tampoco quería saber o involucrarse. —Dogday… escucha, si estás aquí es porque ya nada es igual. El Prototipo cumplió con su cometido y ahora mientras hablamos, la hora de alegría se está haciendo ahora mismo. —Comento mientras miraba la salida de esta habitación. Lo que hizo que el nombrado solo se quedara en blanco y a pesar de todo no podía sorprenderle, porque antes de que se desmayara aun así pudo alcanzar a ver algunas escenas. —Lose… cuando Catnap me rescato, lo vi… él me dijo que Poppy ayudo a crear esto. —Explico el perrito mientras comenzaba a sentir de nuevo deprimido sin poder entender como ella había participado en esta horrible situación. Bobby no supo que contestar, tal vez se daba una idea, pero no quería errar así que solo suspiro. —Eso lo tienes que hablar con ella… —¿En dónde está? —Pregunto Dogday mostrando que se veía serio esta vez, por supuesto necesitaba respuestas. Pero antes de que Bobby contestara, Hoppy entro a la habitación notándose nerviosa, para luego ver a Bobby y Dogday, al ver a su amigo que ya había despertado se sintió sorprendida, pero a pesar de que deseaba abrazar a su amigo, necesitaba pausarlo. —Bobby… Poppy ya está aquí. —anunció la coneja con voz suave, lo que hizo que la osa abriera los ojos con sorpresa. Pero antes de que pudiera reaccionar, Dogday se adelantó, intentando incorporarse con torpeza. Su cuerpo temblaba, sus músculos apenas respondían, y cada movimiento era un recordatorio del dolor y la agonía que lo atravesaban, aun así, la fuerza de su deseo por ver a su madre era más grande que cualquier cosa. —¡Dogday, espera! ¡No te levantes! —exclamó Bobby, extendiendo sus brazos hacia él con desesperación. —¡No!, ¡Necesito verla! —El perrito rogo mostrando su ansiedad de verla, realmente necesitaba confrontarla, Bobby se quedó paralizada, con el corazón apretado al verlo luchar contra su propio dolor. Sabía que detenerlo era inútil, que en ese momento ninguna palabra lograría apagar ese anhelo desesperado. Con un suspiro resignado, asintió suavemente. —Está bien… entonces no lo harás solo. Yo te ayudaré. —dijo la osita con ternura en la voz, secándose las lágrimas rápidamente para mostrarse fuerte. Se giró hacia atrás. —¡Hoppy, ven! Necesito tu ayuda. La conejita no tardó en acercarse, sus orejas temblando de la emoción contenida. Entre ambas lo sujetaron con cuidado, una a cada lado, sosteniendo su peso para que pudiera mantenerse en pie. Dogday jadeaba, sus patas apenas respondían, pero la determinación en su mirada lo mantenía avanzando. —Dogday… —susurró Hoppy mientras lo abrazaba con uno de sus bracitos para darle apoyo— estoy tan feliz de tenerte de vuelta… nunca dejamos de esperarte. —Su voz se quebró, y sus ojos se llenaron de lágrimas sinceras. EL nombra al escucharla no dudo en recargar su cabeza con la de su amiga, ambos se acariciaron mutuamente dejando en claro que compartían el mismo sentimiento. — Gracias Hoppy. —Comento el perrito hasta que lo llevaron con aquella matriarca. Con el apoyo de Bobby y Hoppy, Dogday logró avanzar hasta el pasillo que los guiaba a la sala principal. El murmullo de voces se hacía más fuerte a cada paso, un conjunto de tonos cargados de preocupación, reproche y angustia. Al cruzar la entrada, la escena se reveló ante él, varios juguetes estaban reunidos alrededor del sofá, donde Poppy reposaba, entre esos juguetes Picky se encontraba ahí, aunque parecía muy callada y distanciada, pero no había rastro de Crafty ni de Kickin, ni siquiera de Bubba. Sus rostros reflejaban la mezcla de cansancio extremo, pero eso no quitaba el hecho que aún seguía mostrando su serenidad, porque Dogday sabía que Poppy como líder como la matriarca, no podía mostrar inquietud cuando otros dependían de ella. —¿Qué pasará con nosotros? —preguntaba uno con insistencia. —¿Y los niños?, ¡dinos qué pasará con ellos! —otro exigía con desesperación. Algunos hablaban todos a la vez, otros simplemente observaban en silencio con miradas expectantes, pero Poppy permanecía callada. Sobre su mejilla podía verse aún el rastro seco de sangre, un recordatorio de todo lo que hizo, pero era un hecho que era lo menos importante. Dogday se quedó helado al verla, pero el peso de su necesidad fue más fuerte que cualquier dolor en su cuerpo. Su voz se alzó débil, pero cargada de un sentimiento tan profundo que hizo que todo lo demás se apagara. —Poppy… El murmullo cesó de golpe. Los juguetes se miraron entre sí sorprendidos y, en silencio, comenzaron a apartarse lentamente, Picky al escuchar a su amigo no pudo evitar voltearse y quiso ir con él para abrazarlo, pero algo la detuvo al notar que el perrito quería primero ver a su madre. Touille por su parte solo estaba apartado recargado en una pared, sin importarle lo demás, los juguetes se abrieron un pasillo entre ellos. Todos hicieron a un lado su curiosidad y su exigencia, dándole espacio al recién llegado. Poppy ahora tenía el camino despejado para verlo. El silencio pesó en la sala cuando todos los juguetes se apartaron, dejando ese camino abierto. Poppy, que hasta entonces había permanecido inmóvil y callada, reaccionó de golpe. Sus ojos se abrieron con una mezcla de conmoción y dolor, el aire se le atascó en la garganta, como si de repente no pudiera respirar. Quería hablar, quería decir su nombre con firmeza, pero apenas un murmullo quebrado escapó de sus labios. —Dogday… Sus ojos se humedecieron de inmediato. El corazón se le desgarraba porque lo veía allí, frente a ella, arrastrando el mismo destino maldito que ella había cargado, hizo todo lo posible para evitarlo, no quería que ese bastardo repitiera lo miso que hizo con ella. Quería correr hacia él, abrazarlo, protegerlo, pero sus manos temblaban, incapaces de moverse. Solo podía mirarlo con lágrimas contenidas, rota por dentro porque no sabía qué decir, porque ninguna palabra podía borrar lo que habían sufrido, porque no pudo protegerlo. Porque había llegado tarde y no sabía ni siquiera como mirarle a la cara, cuando no pudo llegar a tiempo. Dogday, en cambio, no esperó más. Sus piernas, a pesar del dolor, se movieron por sí solas. Se adelantó dejando atrás el apoyo de Bobby y Hoppy, tambaleándose hasta perder el equilibrio. Cada paso era un suplicio, pero la necesidad de llegar hasta ella era más grande que cualquier era más grande que su dolor. No pudo evitarlo, se rompió, dejo que sus lágrimas lo gobernaran con cada paso, porque la extraño, porque no podía culparla ella no solo era su amiga, era su madre y Dogday no podía odiarla a pesar de haber fallado en protegerlo, sabía que debe a ver una explicación, Poppy en lo que pudo siempre lo protegido como dio lo mejor para que ele fuera feliz y con eso bastaba por desear verla de nuevo. Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro mientras se dejaba caer en el suelo, arrodillándose mientras sus manos en el borde del asiento, como si se aferrara a ella con desesperación. Su voz temblaba, quebrada, rota en mil pedazos. —Poppy…—sollozó, levantando apenas el rostro hacia ella— Lo siento… S-sé que mandaste a Kissy para advertirnos… pe-pero no pude… fa-falle… y-yo lo siento… Poppy ya no pudo contenerse. Su llanto brotó sin control, y bajó la cabeza mientras las lágrimas le resbalaban por sus mejillas y se llevaban aquella suciedad que manchaba su cara, sus manos taparon su cara llena de vergüenza, pero no pudo más se levantó y abrazo el rostro de su hijo y por ende Dogday correspondió con sus brazos, ambos profundizaron ese abrazo entre llantos, se necesitan, aquella madre por fin volvió a ver a su hijo y aquel hijo volvió a los brazos de su madre. No había duda, se amaban, hayan formado ese lazo ese amor, eran familia, ya no pueden separarse del uno del otro, era completamente madre e hijo. Ellan negó con fuerza, apretando los labios, y con un nudo en la garganta apenas pudo responder, estaba destrozada, su hijo había sufrido bastante, le dolía, su corazón ardía y deseaba morirse, se culpaba y se odiaba—¡No! ¡No digas eso, Dogday! ¡Perdóname tú a mí! ¡Por favor!… Todo esto… todo es culpa mía, yo… yo soy la mierda aquí… —Poppy se separó un poco mientras limpiaba sus lágrimas y trataba de calmarse, necesita volver a su compostura y los juguetes solo se quedaban callados mirando aquella escena. —Debi haber prevenido… nunca pensé que esto hubiera salido de mis manos, pensé que lo tenía todo controlado. —Explico Poppy mientras acariciaba a Dogday que para ese punto comenzó a levantar su cara. —Pero…—Ella estaba a punto de hablar, pero se calló al recordar esa maldita carta que aun la tenía guardada como una prueba para buscar al culpable. Aun no podía decirle la verdad a Dogday, necesitaba investigar un poco más. Pero por ahora necesitaba organizar todo. —Bueno… no importa ahora, lo importantes es que Elliot ya no volverá a lastimarte. —Luego ella miro a los demás juguetes y solo responde con firmeza. —A ninguno de nosotros, a nadie… el pagara por lo que hizo. —Sentencio aquella muñeca. Dogday, con los ojos rojos y la voz entrecortada, aun confundido por todo solo escucho a Poppy y los murmullos de los juguetes, al mismo tiempo que sentía mucho miedo por lo que pasaría. Aun así, no pudo evitar sentirse culpable, porque presenta que si no fuera porque hubiera huido a tiempo tal vez la hora de la alegría no se hubiera dado. —¿Fue por mi verdad? —Pregunto el perrito lastimado, haciendo que Poppy volviera a mirarlo, sin entender, a lo que Dogday también se separó un poco para sentarse mejor y poder observarla. — Fue porque Elliot me secuestro, ¿no es así?, ¿Por esto participaste en esto? —Dogday quería respuestas, necesitaba saber la verdad, los juguetes se quedaron fríos. EL ambiente se volvió muy tenso y pesado, nadie sabía dónde mirar y que hacer. Poppy se quedó callada, con el dolor de su pecho, porque el perrito tenía razón, no había otra explicación, fue por él que ella decidió actuar. Pero aun así lo volvería hacer una y otra vez, porque Dogday era su hijo y eso no estaba a discusión. —No te culpes… no lo hagas. —pidió la muñeca volviendo a derramar unas cuantas lágrimas. —No había de otra Dogday… tenía que rescatarte, y aunque no hubiera pasado esto… aun así… la hora de la alegría iba terminar siendo el único camino que nos quedaba. —admitió Poppy sin poder creer que hubiera dicho algo como eso, sorprendiendo a Dogday y por ende a los demás. Poppy siempre se le conoció por ser una pacificadora que deseaba que todos fueran felices, como tener sus derechos validados. Una vida tranquila como prospera, siempre abogo por la libertad sin violencia, Dogday lo sabía, su madre lucho con uñas y carne por eso, a pesar de que a veces sus métodos eran bastante hipócritas, porque los que no seguían sus reglas, por alguna razón desaparecían y jamás volvían a verlos. Harley y sus compañeras fueron un ejemplo de ello, pero nunca pensó vivir el día para ver como su madre torcía sus propios ideales para poder llegar a esa libertad. Pero tampoco podía culparla, esta fábrica, ese hombre le habían roto sus límites y eso fue lo que Dogday hizo sentir miserable, porque no pudo proteger a su madre de convertirse en lo que ella deseaba evitar. Y de alguna manera un seguía sintiéndose culpable. Lo que hizo que llorara más fuerte. —¿De verdad no había otra forma? —Pregunto el perrito, porque a pesar de vivir en el infierno y sufrir por ello, su corazón no albergaba odio por otros, por supuesto odiaba a Elliot, le deseaba lo peor, pero no creía que hacer una masacre lo resolvería. Tal vez era un imbécil, tal vez era un iluso y aún seguía siendo un infantil, pero no podía evitar que su corazón siguiera manteniendo su nobleza sus ideologías y por primera vez comenzaba a dudar sobre sí mismo, porque también deseaba que Elliot pagara… solo que no sabía el costo que ello involucraba. Poppy solo negó con la cabeza volviendo acercarse, abrazar a su niño le traía consuelo. Entonces ella contesto en un susurro, no quería que nadie supiera lo que Elliot les había hecho. —Desde el momento que te encontré… supe que ese bastardo, ni nadie de sus seguidores. Merecen perdón, ni siquiera el derecho a la vida. —NO pudo evitar decir lo que su corazón pensaba, la muñeca estaba llena de odio, su rabia, su ira fueron provocados por aquel monstruo que llamo alguna vez padre. Él toco lo más sagrado para ella y ese fue el error del fundador, si tan solo nunca hubiera tocado a Dogday, él se hubiera largado y dejado en paz a todos. Pero cometió el error de meterse con uno de los hijos de Poppy, y peor aún el hijo que ella había elegido como sucesor. —déjame preguntarte Dogday, ¿Sabes cuál es la fuerza más poderosa del universo? —Pregunto Poppy alejándose un poco para que ambos se miraran a los ojos, el perrito no comprendo esa pregunta, estaba confundido y su madre no le daba una respuesta que lo tuviera satisfecho. A lo que este negó de inmediato. —El amor Dogday… y el amor de una madre es lo más poderoso que puedes encontrar, no hay nada lo que una madre no haría por sus hijos… —Con eso Poppy le había explicado absolutamente todo y la razón por la que tomó esa decisión. —SI llegas a formar una familia… espero y rezo que jamás tengas que tomar mis mismas decisiones, mi pequeño sol. —Continuo Poppy mientras una lagrima bajaba por su mejilla. Dogday bajó la mirada sin poder sostenerla, sus ojos se nublaron en lágrimas que caían una tras otra sin que intentara detenerlas. No había palabras que pudieran salir de su garganta, tan solo un sollozo quebrado escapó, cargado de impotencia, dolor y comprensión. Poppy, en su fragilidad, le había revelado más de lo que su corazón podía soportar, y, sin embargo, en lo más profundo de su ser, él entendía. Comprendía que ella había cargado con un peso inimaginable, que había hecho lo que creyó necesario, incluso si eso la convertía en su propio verdugo, tuvo que manchar sus manos para salvarlo y muy adentro de su ser le agradeció infinitamente que lo hiciera, por supuesto se sintió miserable que tomaran vidas que probablemente eran inocentes. Pero, aun así, gracias a ello Dogday por fin era libre y no solo él si no también todos los demás juguetes. Realmente no sabía que pensar o cómo actuar, tenía tanto en su cabeza que lo único que quería hacer era dormir y olvidarse de todo. Se sentía tan perdido como ella. Fue entonces que Picky, incapaz de soportar más la angustia en el aire, por fin dio un paso al frente. Avanzó despacio, con las manos temblorosas y el corazón latiendo con fuerza, dudando por un instante si debía o no acercarse. Pero al ver a su amigo derrumbado, sollozando en silencio bajo el peso de todo lo vivido y lo que acababa de descubrir, entendió que no podía quedarse quieta. Se sentó junto a él con suavidad y, sin pensarlo dos veces, lo rodeó con un abrazo cálido y firme. Dogday reaccionó de inmediato, casi de manera instintiva, hundiéndose en el hombro de su amiga como si ese gesto fuera lo único que lo mantenía de pie. Sus lágrimas empaparon el pelaje de Picky, pero ella no se apartó, al contrario, lo sostuvo con más fuerza, transmitiéndole el consuelo que tanto necesitaba. Para ambos, aquel contacto fue un alivio inesperado. No solo era el reencuentro tras la tormenta, era también la confirmación de cuánto se habían extrañado. El silencio apenas duró unos segundos antes de que una voz temblorosa rompiera el aire cargado de emociones. —Poppy… ¿a qué te refieres con que Elliot no volverá? —preguntó uno de los juguetes, un dinosaurio de aspecto desgastado, su tono cargado de incertidumbre y un dejo de miedo. La pequeña muñeca alzó lentamente la mirada hacia ellos, su respiración todavía entrecortada, pero su expresión ahora más serena, como si por fin hubiera encontrado la fuerza en medio de aquel caos. Limpió con el dorso de su mano la sangre seca de su mejilla y respondió con calma, aunque sus palabras resonaron firmes y definitivas. —Pronto… se hará el juicio de Elliot. —Murmuró con voz clara, dejando que cada sílaba pesara como un martillo. —Y allí pagará por todo lo que hizo… como creador de esta fábrica. Un murmullo de asombro y confusión se extendió entre los presentes, pero ninguno se atrevió a interrumpir más. Todos sabían que esas palabras significaban que un cambio estaba por llegar, otros estaban emocionados y otros asustados, nunca imaginaron que el fundador serio juzgado y que pagaría por sus pecados. Pero la tensión se quebró de pronto cuando, desde la entrada, se escucharon pasos apresurados y las voces conocidas de dos figuras que hacían su regreso. Maggie Mako y Rabie Baby entraron al salón, cubiertos de polvo y sangre, con el cansancio evidente en sus gestos, pero con la chispa de quienes habían sobrevivido una prueba más. Touille, que hasta entonces había permanecido recargado en una de las paredes, distante y en silencio, levantó de inmediato la cabeza al reconocerlos. Sus ojos se abrieron con una mezcla de incredulidad y alivio, y antes de poder contenerse, su cuerpo reaccionó. Se incorporó con rapidez y los llamó. —¡Mako! ¡Rabie! —exclamó, corriendo hacia ellos sin dudar. El primero en recibirlo fue Rabie Baby, ambos no dudaron en abrazarse lo que hizo que el murciélago riera un poco. —Ohh, ¿Me extrañaste mucho ratoncito? —Pregunto la hembra mientras se reía y acariciaba la cabeza de su amigo, que al separarse solo bufo y se sonrojo un poco, dejando en claro que se preocupaban y extrañaban mutuamente. —No para nada… es solo que, si algo les pasa, ¿A quién más molestare? —Dijo la rata un poco indiferente pero la realidad solo fingía, no iba a negar que se preocupaba por sus amigos. Después Touille volteo hacia Mako y con un gesto fraternal, le dio un suave golpe amistoso en el hombro, aunque la intensidad en su mirada dejaba claro que no era solo un saludo, también dejaba en claro que estaba aliviado de que volvieran a salvo. después Mako miro alrededor y se dio cuenta de algo. —¿Dónde está Baba? —Pregunto el tiburón, curioso ya que pensaba que su líder estaría ahí, aunque ya intuía en donde se encontraba, tal vez sea porque conocía a su amiga que probablemente estaría a fuera desquitándose con los humanos. —Poe regresó hace poco con Baba, y nos dijo que estaban bien. Se fueron otra vez porque Baba insistió en salir de caza… —agregó la rata, moviendo la cabeza con resignación, conociendo a su líder no iba a desperdiciar ese momento, ya que eso estaba pasando cuando Dogday estaba desmayado —Ya sabes cómo es. Las palabras de Touille parecían aliviar las tensiones, pero aún quedaba la ansiedad acumulada. Fue entonces que una voz conocida, cargada de emoción, interrumpió. —¡Mako! —gritó Picky, que al ver al tiburón llegar no pudo evitar emocionarse también verlo que llegaba, por supuesto después de consolar a su amigo ella se alejó prometiendo volver, para levantarse e ir hacia su amigo especial. Su rostro reflejaba el desahogo de quien había contenido el miedo por demasiado tiempo, y cuando por fin llegó hasta él, sus manos temblaban al aferrarse a su brazo. —¡No sabes lo preocupada que estaba! ¡Horas sin saber nada de ti! Mako apenas alcanzó a sonreír antes de envolverla en un abrazo amplio y cálido, levantándola del suelo con facilidad. La hizo girar en el aire como si fuera una pluma, su risa profunda resonando en contraste con el ambiente tenso que reinaba antes de su llegada. —Vaya así que tú también me extrañabas. —dijo con voz grave y pícaro, mirándola con ternura cuando la bajó despacio, mientras ella reía, no iba a negar a esa altura ya no podía separarse de esa linda cerdita. Ese cambio de ambiente hizo que muchos se relajaran y la tensión se dispersara, Dogday por su parte ya también se había calmado y solo limpiaba sus lágrimas, mientras Poppy miraba a los Nightmares, sabiendo que no solo habían venido a saludar, si no que probablemente tenían noticias, ya que la mayoría de ellos estaban más que emocionados por participar en aquella masacre. Pero fue Baby la que se acercó hacia Poppy, dejando en claro las sospechas de la muñeca. —Poppy. —Llamo el murciélago mientras cruzaba sus brazos y la miraba con desdén, no era secreto que Baby le desagradaba Poppy, ella siempre le seria leal al Prototipo y jamás miraría a esa muñeca ya sea como líder o como una madre, tal vez sea porque la odiaba por darles la vida.— Ya es hora. Poppy asintió despacio, aunque su gesto fue más grave que solemne. Antes de que pudiera moverse, Dogday arqueó las orejas y levantó la mirada. —¿A qué se refiere con eso? —preguntó intuyendo la respuesta. —Ya está comenzando el juicio de Elliot. — Mako fue quien respondió, lo que hizo que la cerdita que estaba en sus brazos y varios juguetes se sorprendieran y soltaran jadeos llenos de sorpresa. —así que es verdad. —¿Eso significa que no volveremos a tener miedo? —Por fin, los humanos nos dejaran en paz. —¿Ahora que pasara con nosotros? Los murmullos comenzaban a escucharse cada vez más fuerte, recorrió a los presentes, como un escalofrío colectivo. Se escuchaban las voces de los juguetes, Dogday solo bajo su mirada, pensando seriamente en lo dicho, mientras que Bobby y Hoppy solo juntaron sus manos, tratando de mantenerse tranquilas en ese ambiente tan incomodo. Poppy, al ver la inquietud que esas palabras sembraban, se adelantó para calmar a los suyos. —Pronto tendrán más respuestas… —su voz sonó firme, aunque había un dejo de compasión en sus ojos—. Pero ahora deben seguir refugiándose en Sweet Home. Aquí estarán a salvo hasta que esto termine. Gracias a las palabras de la muñeca, los juguetes comenzaron a calmarse, pero para el perrito no fue suficiente, ni cuando su madre le dio una última caricia murmurando que después se verían para hablar, es entonces que Dogday la detiene tomándola de su mano con sus dedos, buscando que no se fuera y lo escuchara. —Poppy… por favor, déjame ir contigo. —Su voz se quebró entre súplica y determinación, lo bastante fuerte como para que todos lo escucharan, provocando que sus amigos se quedaran fríos ante esa petición. La muñeca se detuvo en seco, girando lentamente hacia él, sus ojos abiertos en un gesto de sorpresa genuina. No esperaba que Dogday, después de lo que sufrió, el perrito que no le gustaba la violencia aun así quisiera ir para ver el juicio de Elliot. Poppy no supo que responder eso la había descolocado por completo, incluso Kissy tapo su boca con enorme sorpresa. Nadie lo esperaba ni mucho menos viniendo de él. —Cariño… ¿Qué dijiste? —Pregunto Poppy tratando de comprender sus palabras. Dogday respiró hondo, como si le costara sacar la voz y sus manos temblando mientras apretaba el sofá para sostenerse. Sus ojos seguían húmedos, enrojecidos, pero necesitaba un cierre, quería ver a Elliot por última vez, ver cómo es que pagaría caro, lo odiaba, le deseaba lo peor, nunca podría perdonarle haberle arruinado su vida, lo odiaba con cada fibra de su ser, lo despreciaba al punto de que desearle lo peor le parecía insuficiente. Para Dogday no había en el mundo alguien más vil, más monstruoso que Elliot, el único merecedor de toda su rabia. Por eso necesitaba estar allí, verlo caer, gritarle en la cara y escupirle el veneno acumulado en su alma antes de que la justicia lo alcanzara. Necesitaba ese cierre en su vida. —Dije… —tragó saliva, sintiendo la garganta cerrarse. —Que quiero ir… necesito ir. Un silencio pesado cayó sobre la sala, como si hasta las paredes escucharan. Kissy bajó la mano que cubría su boca, todavía con los ojos abiertos de par en par. Poppy dio un paso hacia él, con el corazón encogido. Y algo en su interior entiende su sentimiento, pero su corazón dolió al saber que el cachorro tenía que pasar por esto. Realmente la tristeza en su mirada se reflejó al entender que Dogday había cambiado aquel cachorro que prefería cargar con el dolor antes que desear venganza. Lo miraba, intentando encontrar en su rostro al perrito dulce que conocía, pero lo que veía era otra cosa, una herida tan profunda que lo había empujado a buscar justicia, incluso si eso lo quebraba más. Esta fábrica torcía los ideales de todos, hasta incluso de los más inocentes. Fue una verdad atroz y cruel. —Dogday… —susurró, tratando de mantenerse calmada. — No sabes lo que estás pidiendo. Ese juicio no será fácil de presenciar. No será justo, ni misericordioso… —Cerró los ojos con fuerza y negó con la cabeza—. Yo no quiero que te rompas más. —Es mejor que te quedes, ten la certeza que él pagara. —Comento la muñeca dulcemente, mientras acareaba parte de su mejilla, mostrando su preocupación maternal de alejarlo de su abusador y de la crueldad que sería castigado. —Poppy… no entiendes… —murmuró, sus dedos apretando con más fuerza el sofá—. No se trata solo de verlo pagar… se trata de mí. Necesito verlo con mis propios ojos, necesito saber que ese monstruo nunca más volverá a lastimarme… ni a mí, ni a nadie. Solo entonces podré descansar. Solo así podré respirar sin ese miedo constante de pensar que volverá a buscarme. La muñeca sintió un vuelco en el pecho. Pero entiendo a su hijo y su ansiedad por ver a su verdugo pagar sus crímenes, no iba a negarle eso y sinceramente ella en algún momento también lo deseo con todas sus fuerzas, pero ahora ambos podían cumplir ese anhelo. —Está bien… —dijo con voz baja, comprendiendo los sentimientos de su hijo. — Si es lo que necesitas, entonces vamos, si eso te da paz. Dogday solo se quedó callado, tener la aprobación de Poppy le dio valor suficiente para poder ir y poder ver el fin de aquel hombre que lo destrozo. Los juguetes miraban la escena con curiosidad, al mismo tiempo unos cuantos se sentían incomodos, no entendían del todo lo poco que sabían que Elliot torturo a Dogday, pero no sabían a qué gravedad. —Les deseo suerte… —dijo Hoppy con un hilo de voz, forzando una sonrisa leve que no escondía el vacío en sus ojos. Probablemente por lo agotada y angustiada que todos esos sentimientos, la habían drenado emocionalmente por completo. —¿Tú… no vendrás? —Preguntó Dogday, aunque no del todo sorprendido, después de todo lo que han vivido. Hoppy negó con la cabeza y se abrazó a sí misma, su pelaje verde temblando bajo la tensión. Ya no quería ver más crueldad, además de que su deber con los niños era más superior que cualquier otra cosa, tenía que protegerlos, y no iba a dejar su puesto, por ver el juicio de aquel hombre que más merece la tortura. —No… los niños nos necesitan Dogday, además…—La coneja sintió como alguien tomaba su mano siendo Bobby, quien le daba una mirada llena de todo ese apoyo como una amiga y pareja podía dar. —Prefiero saber que van a hacerlo pagar que ver como lo hacen. —Yo me quedo también —Continuo Bobby dejando en claro que tampoco iría—. Ya estoy cansada de la violencia y la verdad… no pienso arruinar mi sanidad mental, por ver como a Elliot lo masacran. —Explico la osita mostrando que sabía lo que le pasaría a ese hombre desdichado, era algo que las dos hembras no querían presenciar. Ambas estaban fastidiadas de tanta violencia. El perrito solar solo asintió y tampoco las culparía si no querían, jamás lo haría, si eso les traía paz mental entonces lo respetaría. Pero de alguna manera una parte de él deseaba lo mismo, pero su otra parte donde quería enfrentarlo era más fuerte que su moral. —Lo entiendo… entonces las veo en un rato chicas. —respondió Dogday dedicándoles una sonrisa, mostrándoles que no había problema y que no se preocuparan. Fue entonces que Picky aquella cerdita que miraba la escena, un poco incomoda por todo lo sucedido se separó de Mako, dándole una señal que volvería, ella camino hasta quedar a lado de Dogday, la cual provecho para tocar su hombro, llamando la atención de su amigo. —Quiero acompañarlos —Contesto Picky decidida. Todos giraron hacia Picky, quien se mantenía serena y nerviosa. La cerdita sostuvo la mirada de Poppy y luego la de Dogday, sin pestañear. —Yo sí quiero ver cómo se hace justicia. No hubo más palabras. Nadie tenía derecho a decir nada, los juguetes ya habían decidido unos por supuesto se quedarían y otros irían, no tenían que discutir ni juzgar, a estas alturas nadie se materia con las decisiones de otros. Picky ayudo a Dogday a ponerse en pie, sosteniéndolo con cuidado mientras él apoyaba parte de su peso sobre ella, estaba débil y aun tambaleante, pero su amiga lo sostiene. —Supongo que ya no queda más que discutir. —respondió la muñeca, sin que nadie la contradijera, todos tomaron sus decisiones y se respetaría. Ya no hubo más respuestas, los juguetes comenzaron a avanzar, saliendo de Sweet home, Dogday estaba siendo ayudado pro Picky y por Mako que ayudaba a su amiga especia, para que no se le dificultara el peso del perrito solar, Tile también los acompaño, él no le gustaba participar en esa masacre, pero también quería ver como el fundador fundirse en la tragedia, Rabie solo camino en silencio junto con otros juguetes que deciden ir. Poppy encabezó el grupo, con Kissy cargándola como era costumbre. Los que se quedaron permanecieron en la entrada, observando en silencio. Hoppy sostenía las manos juntas contra su pecho, con los ojos cargados de angustia, Bobby mantenía la mirada baja, con el ceño fruncido, como si se negara a aceptar lo que ocurría. Nadie los detuvo, nadie les rogó que se quedaran. Al contrario, reinaba un respeto solemne. Cada elección había sido tomada sin ninguna manipulación y nadie tenía derecho a contradecirla. Nadie dijo adiós. Solo se quedaron ahí, en silencio, observando cómo las siluetas de sus amigos y compañeros se alejaban poco a poco hasta desaparecer. Todos supieron lo mismo, sin importar cómo terminara ese juicio, ya nada sería igual. ☆*゚゜゚*☆*゚゜Cometario de la escritora☆*゚゜゚*☆*゚゜゚*☆* ¡Holaaaa! Mis queridos lectores, aquí les traigo un capitulo mas uwu. ¿Qué les pareció este capitulo?, ya faltan 3 capitulos para terminar este fanfic, por lo que disfruten muchísimo estos últimos capítulos uwu. Estaba pensando que cuando terminara liberare datos curiosos de este fanfic uwu, además que solo subiré a veces fan arts y eso pero ya terminaría hasta nuevo aviso. Por lo que les pido que sigan pendientes con los nuevos fanfics que he publicado, para nuevas noticias, aunque seriamente voy a publicar un espacio personal mio, para subir noticias y dibujos de lo que queira xd, pero eso seria ya noticias en general de todo lo que voy a subir a futuro uwu. Ademas de que ahí estaría contestando preguntas y asi. Pero mas que nada es para seguir manteniendo actualizaciones para futuros fanfics. Pero ya vere. Ahora si les agradezco mucho sus palabras de apoyo y sus buenos deseos, la verdad los amo y agradezco infinitamente. AL mismo tiempo les comparto las nuevas noticias, por fin encontré mi USB!!!!!!, por lo que ya no tengo que hacer nada de cero, pero si estoy editando las cronologías porque las estoy mejorando para comenzar a crear sus cuerpos. Jejeje estoy tan feliz!!! Y emocionada. De verdad les agradezco por sus ánimos y sus apoyos TWT no saben lo feliz que me hacen. Bueno eso seria todo de mi parte, los quiero mucho mis lectores. Sigan disfrutando de estos últimos capítulos uwu.
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